Orlando Caputo Leiva
Rebelión
El capitalismo neoliberal chileno tan recomendado como modelo a seguir en América Latina, es uno de los países más afectado por la actual crisis de la economía mundial.
Las AFP, -Fondos de Pensiones de los Trabajadores-, que en gran parte están invertidos en instituciones financieras de los países desarrollados, han perdido aproximadamente 25 mil millones de dólares. Por otra parte, las pérdidas de ingreso por exportaciones de cobre a los precios actuales, en el período de un año, también pueden significar cerca de 25 mil millones de dólares.
Los 50 mil millones de dólares estimados como pérdidas, equivalen al 40% del PIB chileno anual al tipo de cambio reciente. Estas grandes pérdidas equivalen también a dos años del presupuesto total del Estado chileno y a diez años del presupuesto del Ministerio de Salud. Internacionalmente, equivalen a cinco años al PIB anual de Bolivia y a siete años del PIB de Paraguay. Estas pérdidas no consideran los impactos en los precios e ingresos de otros productos de exportación, así como el impacto de sectores que producen para el mercado interno y el impacto sobre el empleo.
Es un crimen sacar cuentas alegres como las que realizan diferentes autoridades de gobierno y no actuar para disminuir o evitar que las pérdidas sean mayores.
Chile fue el país más afectado a nivel mundial en la Depresión de los años 30. Así queda confirmado en estudios de organismos internacionales y citados en varios documentos de académicos chilenos, - destacan-, Aníbal Pinto, “Chile. Un Caso de Desarrollo Frustrado”, Editorial Universitaria, 1962 y Patricio Meller, “Un Siglo de Economía Política Chilena”, Editorial Andrés Bello, 1996.
Chile según estudios de la CEPAL, fue el país de América Latina más afectado en la crisis de inicios de los años 80. El PIB cayó en 14%, la producción industrial en 23% y la desocupación, según CIEPLAN, alcanzó el 30%. Esta crisis ha sido caracterizada como ‘el colapso económico y financiero de 1982 y 1983’ por académicos chilenos.
Chile fue el más afectado en las dos crisis señaladas, porque al igual que ahora, era una de las economías más abiertas al comercio exterior y al capital extranjero.
El gobierno y el ministro de Hacienda deben responder de las pérdidas de las AFP. CENDA y los economistas Hugo Fazio y Manuel Riesco, desde hace muchos meses han planteado que el gobierno debía evitar las pérdidas de las AFP. Las pérdidas informadas ayer, 10 de noviembre, por la Superintendencia de las AFP, confirman las pérdidas calculadas por el CENDA, pérdidas que se actualizan en la página www.generacion80.cl .
La crisis actual de las AFP y las cuantiosas pérdidas, son más graves que el conocido corralito en Argentina, porque el corralito era transitorio y los dueños de los recursos, en un período de años podían, aunque con pérdidas retirar sus ahorros.
Por nuestra parte, en marzo de este año, publicamos una investigación “La Crisis Inmobiliaria en Estados Unidos. La Eventual Séptima Crisis Cíclica de la Economía Mundial”, y en varios documentos sobre el cobre, hemos alertado sobre la posibilidad de una nueva sobreproducción mundial de cobre, que finalmente se ha producido por una disminución de la demanda mundial de cobre y la rigidez en la producción de cobre para adaptarse a esas disminuciones de demanda. Chile debe y puede promover el ajuste de la producción de cobre a las condiciones de la demanda mundial, considerando también la formación de un stock regulador.
La crisis inmobiliaria en Estados Unidos, en los últimos meses se ha transformado en crisis de la economía mundial. Esta crisis es mucho más grave que las seis crisis anteriores. Estamos en su primera etapa. La crisis puede ser profunda y prolongada. Ningún rescate, aunque tan masivo como los de Estados Unidos, de Europa y el más reciente de China, han logrado restablecer la confianza de los empresarios y de los consumidores.
Ver los otros textos de Orlando Caputo Leiva: Aqui
Orlando Caputo Leiva: Economista de la Universidad de Chile. Miembro del Grupo de Trabajo de Economía Mundial de CLACSO y de la Red de Economía Mundial, REDEM.
Enlace a texto en Rebelión
viernes, 14 de noviembre de 2008
viernes, 7 de noviembre de 2008
Ojalá
Eduardo Galeano
Página 12
¿Obama probará, desde el gobierno, que sus amenazas guerreras contra Irán y Pakistán fueron no más que palabras, proclamadas para seducir oídos difíciles durante la campaña electoral?
Ojalá. Y ojalá no caiga ni por un momento en la tentación de repetir las hazañas de George W. Bush. Al fin y al cabo, Obama tuvo la dignidad de votar contra la guerra de Irak, mientras el Partido Demócrata y el Partido Republicano ovacionaban el anuncio de esa carnicería.
Durante su campaña, la palabra leadership fue la más repetida en los discursos de Obama. Durante su gobierno, ¿continuará creyendo que su país ha sido elegido para salvar el mundo, tóxica idea que comparte con casi todos sus colegas? ¿Seguirá insistiendo en el liderazgo mundial de los Estados Unidos y su mesiánica misión de mando?
Ojalá esta crisis actual, que está sacudiendo los cimientos imperiales, sirva al menos para dar un baño de realismo y de humildad a este gobierno que comienza.
¿Obama aceptará que el racismo sea normal cuando se ejerce contra los países que su país invade? ¿No es racismo contar uno por uno los muertos invasores en Irak y olímpicamente ignorar los muchísimos muertos en la población invadida? ¿No es racista este mundo donde hay ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría, y muertos de primera, segunda y tercera?
La victoria de Obama fue universalmente celebrada como una batalla ganada contra el racismo. Ojalá él asuma, desde sus actos de gobierno, esa hermosa responsabilidad.
¿El gobierno de Obama confirmará, una vez más, que el Partido Demócrata y el Partido Republicano son dos nombres de un mismo partido?
Ojalá la voluntad de cambio, que estas elecciones han consagrado, sea más que una promesa y más que una esperanza. Ojalá el nuevo gobierno tenga el coraje de romper con esa tradición del partido único, disfrazado de dos que a la hora de la verdad hacen más o menos lo mismo aunque simulen que se pelean.
¿Obama cumplirá su promesa de cerrar la siniestra cárcel de Guantánamo?
Ojalá, y ojalá acabe con el siniestro bloqueo de Cuba.
¿Obama seguirá creyendo que está muy bien que un muro evite que los mexicanos atraviesen la frontera, mientras el dinero pasa sin que nadie le pida pasaporte?
Durante la campaña electoral, Obama nunca enfrentó con franqueza el tema de la inmigración. Ojalá a partir de ahora, cuando ya no corre el peligro de espantar votos, pueda y quiera acabar con ese muro, mucho más largo y bochornoso que el Muro de Berlín, y con todos los muros que violan el derecho a la libre circulación de las personas.
¿Obama, que con tanto entusiasmo apoyó el reciente regalito de setecientos cincuenta mil millones de dólares a los banqueros, gobernará, como es costumbre, para socializar las pérdidas y para privatizar las ganancias?
Me temo que sí, pero ojalá que no.
¿Obama firmará y cumplirá el compromiso de Kyoto, o seguirá otorgando el privilegio de la impunidad a la nación más envenenadora del planeta? ¿Gobernará para los autos o para la gente? ¿Podrá cambiar el rumbo asesino de un modo de vida de pocos que se rifan el destino de todos?
Me temo que no, pero ojalá que sí.
¿Obama, primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, llevará a la práctica el sueño de Martin Luther King o la pesadilla de Condoleezza Rice?
Esta Casa Blanca, que ahora es su casa, fue construida por esclavos negros. Ojalá no lo olvide, nunca.
Permalink: Pagina 12/13-114566-2008-11-06.html
Página 12
¿Obama probará, desde el gobierno, que sus amenazas guerreras contra Irán y Pakistán fueron no más que palabras, proclamadas para seducir oídos difíciles durante la campaña electoral?
Ojalá. Y ojalá no caiga ni por un momento en la tentación de repetir las hazañas de George W. Bush. Al fin y al cabo, Obama tuvo la dignidad de votar contra la guerra de Irak, mientras el Partido Demócrata y el Partido Republicano ovacionaban el anuncio de esa carnicería.
Durante su campaña, la palabra leadership fue la más repetida en los discursos de Obama. Durante su gobierno, ¿continuará creyendo que su país ha sido elegido para salvar el mundo, tóxica idea que comparte con casi todos sus colegas? ¿Seguirá insistiendo en el liderazgo mundial de los Estados Unidos y su mesiánica misión de mando?
Ojalá esta crisis actual, que está sacudiendo los cimientos imperiales, sirva al menos para dar un baño de realismo y de humildad a este gobierno que comienza.
¿Obama aceptará que el racismo sea normal cuando se ejerce contra los países que su país invade? ¿No es racismo contar uno por uno los muertos invasores en Irak y olímpicamente ignorar los muchísimos muertos en la población invadida? ¿No es racista este mundo donde hay ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría, y muertos de primera, segunda y tercera?
La victoria de Obama fue universalmente celebrada como una batalla ganada contra el racismo. Ojalá él asuma, desde sus actos de gobierno, esa hermosa responsabilidad.
¿El gobierno de Obama confirmará, una vez más, que el Partido Demócrata y el Partido Republicano son dos nombres de un mismo partido?
Ojalá la voluntad de cambio, que estas elecciones han consagrado, sea más que una promesa y más que una esperanza. Ojalá el nuevo gobierno tenga el coraje de romper con esa tradición del partido único, disfrazado de dos que a la hora de la verdad hacen más o menos lo mismo aunque simulen que se pelean.
¿Obama cumplirá su promesa de cerrar la siniestra cárcel de Guantánamo?
Ojalá, y ojalá acabe con el siniestro bloqueo de Cuba.
¿Obama seguirá creyendo que está muy bien que un muro evite que los mexicanos atraviesen la frontera, mientras el dinero pasa sin que nadie le pida pasaporte?
Durante la campaña electoral, Obama nunca enfrentó con franqueza el tema de la inmigración. Ojalá a partir de ahora, cuando ya no corre el peligro de espantar votos, pueda y quiera acabar con ese muro, mucho más largo y bochornoso que el Muro de Berlín, y con todos los muros que violan el derecho a la libre circulación de las personas.
¿Obama, que con tanto entusiasmo apoyó el reciente regalito de setecientos cincuenta mil millones de dólares a los banqueros, gobernará, como es costumbre, para socializar las pérdidas y para privatizar las ganancias?
Me temo que sí, pero ojalá que no.
¿Obama firmará y cumplirá el compromiso de Kyoto, o seguirá otorgando el privilegio de la impunidad a la nación más envenenadora del planeta? ¿Gobernará para los autos o para la gente? ¿Podrá cambiar el rumbo asesino de un modo de vida de pocos que se rifan el destino de todos?
Me temo que no, pero ojalá que sí.
¿Obama, primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, llevará a la práctica el sueño de Martin Luther King o la pesadilla de Condoleezza Rice?
Esta Casa Blanca, que ahora es su casa, fue construida por esclavos negros. Ojalá no lo olvide, nunca.
Permalink: Pagina 12/13-114566-2008-11-06.html
Etiquetas:
Crisis Económica,
Eduardo Galeano,
Elecciones USA
martes, 4 de noviembre de 2008
Chomsky: "La crisis financiera marca el fin de un modelo cultural cuya doctrina es el fundamentalismo del libre mercado"
La crisis financiera actual representa también la crisis de un modelo cultural que tiene como principal doctrina al fundamentalismo del libre mercado, aseguró en entrevista Noam Chomsky (Philadelphia, 1928), calificado como el intelectual más influyente del planeta por las revistas Foreign Policy y Prospect Magazine en 2005.
"Donde la liberación financiera ha tenido lugar, a menudo resulta ser desastrosa, un hecho que debe ser suficientemente familiar en América Latina", dijo el lingüista y profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts.
"Este modelo intelectual ha sufrido un duro golpe. Ha sido modificado radicalmente por la intervención del Estado, el mismo tipo de intervención que ha sido prohibida para los países pobres. El modelo será objeto de nuevas modificaciones de acuerdo a los intereses de los centros de poder económico que en gran medida controlan la política estatal".
Estados Unidos (EU) ha destinado 700 mil millones de dólares para salvar a los bancos, el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan dijo que cometió un error al confiar en el libre mercado, el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz comparó la caída del sistema financiero con la caída del Muro de Berlín, a diario pierden las bolsas de valores y se dice que lo peor está por llegar.
-¿Cuál es la magnitud de la actual crisis económica?
Nadie sabe qué tan grave será. Y no es una sola crisis: hay varias. Una es la crisis financiera que se encuentra en las primeras páginas. Otra es la recesión en la economía real, es decir, la economía productiva. Una tercera, en EU, es la inminente crisis del ineficiente y costoso sistema privado de atención a la salud, que socavará el presupuesto federal a menos que se aborde en serio. Estos interactúan de manera compleja.
No veo ninguna utilidad en compararla con el Muro de Berlín. Ese fue un paso crucial para la caída de la URSS. No hay indicios de que las instituciones del Estado capitalista estén enfrentando un destino similar, excepto sectores como los bancos de inversión y algunas otras en el sector financiero, y por muy diferentes razones, sectores industriales como el automotriz en EU.
-¿Cuáles son las lecciones de esta crisis?
La más inmediata es que el fundamentalismo de mercado fue un desastre, lo cual no debería sorprender a los latinoamericanos o a otros sometidos a esta disciplina. Más específicamente, la liberalización financiera conduce al desastre. También, que la liberalización es un serio golpe c ontra la democracia. Otra lección subraya la sensible observación del principal filósofo social estadounidense del siglo 20, John Dewey: la política es "la sombra que las grandes empresas proyectan sobre la sociedad".
-¿Será el ocaso del poder de los Estados Unidos y el inicio de la hegemonía de China o la India?
Es muy poco probable, a pesar de que la crisis puede llevar adelante el proceso de diversificación de la economía mundial. Los EU tienen enormes ventajas, aparte de su abrumador poderío militar. Europa tiene una economía de escala comparable, pero es heterogénea, y ha sido renuente a dar un paso adelante en los asuntos mundiales, prefiere permanecer bajo la sombra de EU. China y la India han estado creciendo, al igual que otros países de Asia que desafían la ortodoxia neoliberal, pero tienen enormes problemas internos. Un indicador está dado por el Índice de Desarrollo Humano de la ONU: China ocupa el lugar 81; India, el 128 (apenas por encima de Laos y Camboya). Y eso es sólo la superficie.
-¿Es la crisis de las finanzas o la crisis de un modelo cultural?
Es la crisis de un "modelo cultural" si por esto nos referimos a un sistema doctrinal: el fundamentalismo del libre mercado. Pero, a pesar de las pretensiones, esa doctrina nunca fue aceptada por los mismos centros de poder occidentales, pese a que fueron felices en predicarlo a los demás. Esto es un patrón histórico que se remonta por siglos, y es un importante factor en la creación del Tercer Mundo en las regiones colonizadas.
Autor de "Hegemonía o supervivencia. La estrategia imperialista de EU", Chomsky menciona que Ronald Reagan, quien es reconocido como el "sumo sacerdote de los libres mercados", incrementó el tamaño del gobierno, rescató el Continental Illinois Bank y fundó el consorcio Sematech para salvar a la industria de semiconductores estadounidense, entre otras acciones.
La crisis económica también ha evidenciado el "desmantelamiento" que sufre la democracia a causa del sistema del libre mercado, consideró Chomsky, quien se ubicó en la onceava posición de la lista de junio pasado sobre los intelectuales más influyentes del mundo. En la lista elaborada por Foreign Policy, editada por el Fondo Carnegie para la Paz Internacional, los primeros 10 fueron musulmanes. "En una democracia, las organizaciones populares, sindicatos, partidos políticos y otros, podrían estar formulando soluciones y presionando a los representantes políticos para ponerlas en práctica y no hay ninguna señal de eso", sostuvo.
Es sorprendente, agregó el icono de la izquierda internacional, que los principales medios de comunicación estadounidenses insistan en invertir recursos públicos para salvar a los bancos, sin ningún tipo de control público, mientras que condenan el rescate de la industria automotriz.
Los empleados de la industria del auto ganan 56 mil 650 dólares al año, casi lo que gana en un día Robert Rubin, actual presidente del Comité Ejecutivo de Citigroup, y uno de los responsables del actual desastre económico, en su calidad de ex Secretario del Tesoro de Bill Clinton, apuntó.
-¿Qué puede esperar el mundo y Estados Unidos si Barak Obama gana las elecciones?
Las bases de Obama parecen ser las de un demócrata centralista, tal vez no como Clinton. Un análisis más detallado tendría que considerar caso por caso.
-¿Qué representa el que un afroamericano pueda llegar a ser presidente de EU?
Es bastante significativo, como el hecho de que en las elecciones del partido Demócrata los candidatos fueron una mujer y un negro. Hace 40 años habría sido prácticamente inconcebible. Este es uno de los muchos indicios de la militancia popular de la década de 1960 y sus secuelas.
-¿Cuáles serán las consecuencias de la crisis económica en el ámbito cultural?
Eso es impredecible. Las crisis económicas a menudo se han visto acompañadas por la aparición del gran arte.
Enlace a Rebelión
"Donde la liberación financiera ha tenido lugar, a menudo resulta ser desastrosa, un hecho que debe ser suficientemente familiar en América Latina", dijo el lingüista y profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts.
"Este modelo intelectual ha sufrido un duro golpe. Ha sido modificado radicalmente por la intervención del Estado, el mismo tipo de intervención que ha sido prohibida para los países pobres. El modelo será objeto de nuevas modificaciones de acuerdo a los intereses de los centros de poder económico que en gran medida controlan la política estatal".
Estados Unidos (EU) ha destinado 700 mil millones de dólares para salvar a los bancos, el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan dijo que cometió un error al confiar en el libre mercado, el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz comparó la caída del sistema financiero con la caída del Muro de Berlín, a diario pierden las bolsas de valores y se dice que lo peor está por llegar.
-¿Cuál es la magnitud de la actual crisis económica?
Nadie sabe qué tan grave será. Y no es una sola crisis: hay varias. Una es la crisis financiera que se encuentra en las primeras páginas. Otra es la recesión en la economía real, es decir, la economía productiva. Una tercera, en EU, es la inminente crisis del ineficiente y costoso sistema privado de atención a la salud, que socavará el presupuesto federal a menos que se aborde en serio. Estos interactúan de manera compleja.
No veo ninguna utilidad en compararla con el Muro de Berlín. Ese fue un paso crucial para la caída de la URSS. No hay indicios de que las instituciones del Estado capitalista estén enfrentando un destino similar, excepto sectores como los bancos de inversión y algunas otras en el sector financiero, y por muy diferentes razones, sectores industriales como el automotriz en EU.
-¿Cuáles son las lecciones de esta crisis?
La más inmediata es que el fundamentalismo de mercado fue un desastre, lo cual no debería sorprender a los latinoamericanos o a otros sometidos a esta disciplina. Más específicamente, la liberalización financiera conduce al desastre. También, que la liberalización es un serio golpe c ontra la democracia. Otra lección subraya la sensible observación del principal filósofo social estadounidense del siglo 20, John Dewey: la política es "la sombra que las grandes empresas proyectan sobre la sociedad".
-¿Será el ocaso del poder de los Estados Unidos y el inicio de la hegemonía de China o la India?
Es muy poco probable, a pesar de que la crisis puede llevar adelante el proceso de diversificación de la economía mundial. Los EU tienen enormes ventajas, aparte de su abrumador poderío militar. Europa tiene una economía de escala comparable, pero es heterogénea, y ha sido renuente a dar un paso adelante en los asuntos mundiales, prefiere permanecer bajo la sombra de EU. China y la India han estado creciendo, al igual que otros países de Asia que desafían la ortodoxia neoliberal, pero tienen enormes problemas internos. Un indicador está dado por el Índice de Desarrollo Humano de la ONU: China ocupa el lugar 81; India, el 128 (apenas por encima de Laos y Camboya). Y eso es sólo la superficie.
-¿Es la crisis de las finanzas o la crisis de un modelo cultural?
Es la crisis de un "modelo cultural" si por esto nos referimos a un sistema doctrinal: el fundamentalismo del libre mercado. Pero, a pesar de las pretensiones, esa doctrina nunca fue aceptada por los mismos centros de poder occidentales, pese a que fueron felices en predicarlo a los demás. Esto es un patrón histórico que se remonta por siglos, y es un importante factor en la creación del Tercer Mundo en las regiones colonizadas.
Autor de "Hegemonía o supervivencia. La estrategia imperialista de EU", Chomsky menciona que Ronald Reagan, quien es reconocido como el "sumo sacerdote de los libres mercados", incrementó el tamaño del gobierno, rescató el Continental Illinois Bank y fundó el consorcio Sematech para salvar a la industria de semiconductores estadounidense, entre otras acciones.
La crisis económica también ha evidenciado el "desmantelamiento" que sufre la democracia a causa del sistema del libre mercado, consideró Chomsky, quien se ubicó en la onceava posición de la lista de junio pasado sobre los intelectuales más influyentes del mundo. En la lista elaborada por Foreign Policy, editada por el Fondo Carnegie para la Paz Internacional, los primeros 10 fueron musulmanes. "En una democracia, las organizaciones populares, sindicatos, partidos políticos y otros, podrían estar formulando soluciones y presionando a los representantes políticos para ponerlas en práctica y no hay ninguna señal de eso", sostuvo.
Es sorprendente, agregó el icono de la izquierda internacional, que los principales medios de comunicación estadounidenses insistan en invertir recursos públicos para salvar a los bancos, sin ningún tipo de control público, mientras que condenan el rescate de la industria automotriz.
Los empleados de la industria del auto ganan 56 mil 650 dólares al año, casi lo que gana en un día Robert Rubin, actual presidente del Comité Ejecutivo de Citigroup, y uno de los responsables del actual desastre económico, en su calidad de ex Secretario del Tesoro de Bill Clinton, apuntó.
-¿Qué puede esperar el mundo y Estados Unidos si Barak Obama gana las elecciones?
Las bases de Obama parecen ser las de un demócrata centralista, tal vez no como Clinton. Un análisis más detallado tendría que considerar caso por caso.
-¿Qué representa el que un afroamericano pueda llegar a ser presidente de EU?
Es bastante significativo, como el hecho de que en las elecciones del partido Demócrata los candidatos fueron una mujer y un negro. Hace 40 años habría sido prácticamente inconcebible. Este es uno de los muchos indicios de la militancia popular de la década de 1960 y sus secuelas.
-¿Cuáles serán las consecuencias de la crisis económica en el ámbito cultural?
Eso es impredecible. Las crisis económicas a menudo se han visto acompañadas por la aparición del gran arte.
Enlace a Rebelión
Etiquetas:
Crisis Financiera,
Noam Chomsky,
Rebelión
domingo, 2 de noviembre de 2008
El rescate, saqueo final de Bush
Naomi Klein
En los días finales de la campaña presidencial, muchos republicanos parecen haberse dado por vencidos. Pero eso no significa que estén descansando. Si quieren ver verdadero trabajo duro republicano, vean la energía que le pusieron a sacar por la puerta grandes porciones del rescate de 700 mil millones de dólares. En una reciente sesión de la comisión bancaria del Senado, el republicano Bob Corker estaba obsesionado con esta tarea y con una clara fecha límite en mente: la toma de posesión presidencial. “¿Cuánto crees que pueda gastarse de aquí al 20 de enero o algo así?” Le preguntó Corker a Neel Kashkari, el ex banquero de 35 años encargado del rescate.
Cuando los colonizadores europeos se dieron cuenta de que no tenían de otra más que entregar el poder a la población originaria del lugar, muchas veces se enfocaron en despojar a la tesorería local de su oro y llevarse el valioso ganado. Si eran realmente desagradables, como los portugueses en Mozambique a mediados de los años 70, vertían concreto por los huecos de los elevadores. La pandilla de Bush prefiere instrumentos burocráticos: subastas de “activos en riesgo” y el “programa de adquisición de acciones”. Pero no se vayan con la finta: la meta es la misma que la de los derrotados portugueses: un último frenético saqueo de la riqueza pública antes de entregar las llaves de la caja fuerte.
¿De qué otra manera serían lógicas las bizarras decisiones que han dominado la asignación del dinero del rescate? Cuando la administración de Bush anunció que inyectaría 250 mil millones de dólares a los bancos estadunidenses a cambio de acciones, el plan fue descrito por muchos como “nacionalización parcial”: una medida radical que se necesitaba para que los bancos comenzaran de nuevo a prestar dinero. De hecho, no ha habido ninguna nacionalización, parcial o no. Los contribuyentes no han adquirido un control significativo, razón por la cual los bancos pueden gastarse su inesperada ganancia como quieran (en bonificaciones, fusiones, ahorros…) y el gobierno no puede hacer otra cosa que rogar que utilicen una parte en préstamos.
Entonces, ¿cuál es el verdadero propósito del rescate? Me temo que es algo mucho más ambicioso que un regalo que se da una sola vez a los grandes negocios: este rescate está diseñado para seguir saqueando al Departamento del Tesoro durante años. Recuerden, la preocupación principal entre los grandes jugadores en el mercado, en específico los bancos, no es la falta de crédito sino los maltrechos precios de sus acciones. Los inversionistas han perdido la confianza en la honestidad de los bancos, y con razón. Aquí es donde el capital del Departamento del Tesoro rinde frutos.
Al comprar acciones en estas instituciones, el Departamento del Tesoro lanza el mensaje al mercado de que son una apuesta segura. ¿Por qué segura? Porque el gobierno no puede darse el lujo de que fracase. Si estas compañías se meten en problemas, los inversionistas pueden suponer que el gobierno seguirá encontrando más dinero, ya que permitir que se derrumben significaría perder sus primeras inversiones de capital (nomás miren a AIG). Esa atadura del interés público a las compañías privadas es el verdadero propósito del plan de rescate: el secretario del Tesoro Henry Paulson le está entregando a todas las compañías que son admitidas en el programa –que podrían ser miles– una implícita garantía del Departamento de Tesoro. Para inversionistas asustadizos en busca de lugares seguros para meter su dinero, estos acuerdos de capital serán aún más reconfortantes que una calificación Triple A de Moody’s.
Un seguro como ese no tiene precio. Pero para los bancos, la mejor parte es que el gobierno les paga –en algunos casos miles de millones de dólares– por aceptar su aprobación. Para los contribuyentes, en cambio, todo el plan es muy riesgoso, y podría costarle significativamente más que la idea original de Paulson de comprar 700 mil millones de dólares en deuda tóxica. Ahora los contribuyentes no solamente están enganchados por las deudas sino, podría decirse, por el destino de cada empresa que les vende capital.
Resulta interesante que tanto Fannie Mae y Freddie Mac disfrutaron de este tipo de garantía tácita. Durante décadas el mercado comprendió que, debido a que estos jugadores privados estaban enredados con el gobierno, el Tío Sam siempre saldría al rescate. Era el peor de todos los mundos. No sólo se privatizaban las ganancias mientras los riesgos se socializaban, sino que además el respaldo gubernamental implícito creaba poderosos incentivos para hacer imprudentes inversiones.
Ahora, con el nuevo programa de adquisición de acciones, Paulson tomó el desacreditado modelo de Fannie y Freddie y lo aplicó a una enorme franja de la industria bancaria privada. Y una vez más, no hay razón alguna para rehuir de apuestas riesgosas: sobre todo ya que el Departamento del Tesoro no le ha exigido a los bancos que dejen los instrumentos financieros de alto riesgo a cambio de los dólares de los contribuyentes.
Para documentar nuestro optimismo, el gobierno federal también reveló ilimitadas garantías públicas para muchas cuentas de depósito bancarias. Ah, y por si esto no fuera suficiente, el Departamento del Tesoro promueve que los bancos se fusionen entre sí, asegurándose así de que las únicas instituciones que queden en pie sean “demasiado grandes como para fracasar”. Se le está diciendo, de tres maneras distintas, al mercado fuerte y claro que Washington no permitirá que las instituciones financieras del país se responsabilicen de las consecuencias de su comportamiento. Puede ser que ésta sea la innovación más creativa de Bush: el capitalismo sin riesgos.
Hay un atisbo de esperanza. En respuesta a la pregunta del senador Corker, al Departamento del Tesoro se le dificulta distribuir los fondos del rescate. Pidió cerca de 350 mil millones de los 700 mil millones de dólares, pero la mayor parte de éstos todavía no sale por la puerta. Mientras tanto, cada día queda más claro que el rescate fue promovido de manera fraudulenta. Nunca consistió en conseguir que los préstamos fluyeran. Siempre en convertir el Estado en una gigantesca compañía de seguros para Wall Street: una red de seguridad para la gente que menos lo necesita, subsidiado por la gente que más lo necesita.
Esta grotesca duplicidad es una oportunidad. Quien sea que gane la elección del 4 de noviembre tendrá una enorme autoridad moral. Puede ser utilizada para hacer un llamado a frenar la distribución de los fondos del rescate, no después de la toma de posesión sino ahora mismo. Todas las acuerdos deben ser renegociados inmediatamente, y que esta vez sea el pueblo el que obtenga las garantías.
Es riesgoso, claro, interrumpir el rescate. Al mercado no lo gustará. Nada podría ser más riesgoso, sin embargo, que permitir que la pandilla de Bush le dé este regalo de despedida a los grandes negocios, el regalo del que continuaría tomando.
* Naomi Klein es autora de La doctrina del shock. www.naomiklein.org.
Copyright 2008 Naomi Klein. Este texto fue publicado en The Nation.
Traducción: Tania Molina Ramírez.
Enlace a La Jornada
En los días finales de la campaña presidencial, muchos republicanos parecen haberse dado por vencidos. Pero eso no significa que estén descansando. Si quieren ver verdadero trabajo duro republicano, vean la energía que le pusieron a sacar por la puerta grandes porciones del rescate de 700 mil millones de dólares. En una reciente sesión de la comisión bancaria del Senado, el republicano Bob Corker estaba obsesionado con esta tarea y con una clara fecha límite en mente: la toma de posesión presidencial. “¿Cuánto crees que pueda gastarse de aquí al 20 de enero o algo así?” Le preguntó Corker a Neel Kashkari, el ex banquero de 35 años encargado del rescate.
Cuando los colonizadores europeos se dieron cuenta de que no tenían de otra más que entregar el poder a la población originaria del lugar, muchas veces se enfocaron en despojar a la tesorería local de su oro y llevarse el valioso ganado. Si eran realmente desagradables, como los portugueses en Mozambique a mediados de los años 70, vertían concreto por los huecos de los elevadores. La pandilla de Bush prefiere instrumentos burocráticos: subastas de “activos en riesgo” y el “programa de adquisición de acciones”. Pero no se vayan con la finta: la meta es la misma que la de los derrotados portugueses: un último frenético saqueo de la riqueza pública antes de entregar las llaves de la caja fuerte.
¿De qué otra manera serían lógicas las bizarras decisiones que han dominado la asignación del dinero del rescate? Cuando la administración de Bush anunció que inyectaría 250 mil millones de dólares a los bancos estadunidenses a cambio de acciones, el plan fue descrito por muchos como “nacionalización parcial”: una medida radical que se necesitaba para que los bancos comenzaran de nuevo a prestar dinero. De hecho, no ha habido ninguna nacionalización, parcial o no. Los contribuyentes no han adquirido un control significativo, razón por la cual los bancos pueden gastarse su inesperada ganancia como quieran (en bonificaciones, fusiones, ahorros…) y el gobierno no puede hacer otra cosa que rogar que utilicen una parte en préstamos.
Entonces, ¿cuál es el verdadero propósito del rescate? Me temo que es algo mucho más ambicioso que un regalo que se da una sola vez a los grandes negocios: este rescate está diseñado para seguir saqueando al Departamento del Tesoro durante años. Recuerden, la preocupación principal entre los grandes jugadores en el mercado, en específico los bancos, no es la falta de crédito sino los maltrechos precios de sus acciones. Los inversionistas han perdido la confianza en la honestidad de los bancos, y con razón. Aquí es donde el capital del Departamento del Tesoro rinde frutos.
Al comprar acciones en estas instituciones, el Departamento del Tesoro lanza el mensaje al mercado de que son una apuesta segura. ¿Por qué segura? Porque el gobierno no puede darse el lujo de que fracase. Si estas compañías se meten en problemas, los inversionistas pueden suponer que el gobierno seguirá encontrando más dinero, ya que permitir que se derrumben significaría perder sus primeras inversiones de capital (nomás miren a AIG). Esa atadura del interés público a las compañías privadas es el verdadero propósito del plan de rescate: el secretario del Tesoro Henry Paulson le está entregando a todas las compañías que son admitidas en el programa –que podrían ser miles– una implícita garantía del Departamento de Tesoro. Para inversionistas asustadizos en busca de lugares seguros para meter su dinero, estos acuerdos de capital serán aún más reconfortantes que una calificación Triple A de Moody’s.
Un seguro como ese no tiene precio. Pero para los bancos, la mejor parte es que el gobierno les paga –en algunos casos miles de millones de dólares– por aceptar su aprobación. Para los contribuyentes, en cambio, todo el plan es muy riesgoso, y podría costarle significativamente más que la idea original de Paulson de comprar 700 mil millones de dólares en deuda tóxica. Ahora los contribuyentes no solamente están enganchados por las deudas sino, podría decirse, por el destino de cada empresa que les vende capital.
Resulta interesante que tanto Fannie Mae y Freddie Mac disfrutaron de este tipo de garantía tácita. Durante décadas el mercado comprendió que, debido a que estos jugadores privados estaban enredados con el gobierno, el Tío Sam siempre saldría al rescate. Era el peor de todos los mundos. No sólo se privatizaban las ganancias mientras los riesgos se socializaban, sino que además el respaldo gubernamental implícito creaba poderosos incentivos para hacer imprudentes inversiones.
Ahora, con el nuevo programa de adquisición de acciones, Paulson tomó el desacreditado modelo de Fannie y Freddie y lo aplicó a una enorme franja de la industria bancaria privada. Y una vez más, no hay razón alguna para rehuir de apuestas riesgosas: sobre todo ya que el Departamento del Tesoro no le ha exigido a los bancos que dejen los instrumentos financieros de alto riesgo a cambio de los dólares de los contribuyentes.
Para documentar nuestro optimismo, el gobierno federal también reveló ilimitadas garantías públicas para muchas cuentas de depósito bancarias. Ah, y por si esto no fuera suficiente, el Departamento del Tesoro promueve que los bancos se fusionen entre sí, asegurándose así de que las únicas instituciones que queden en pie sean “demasiado grandes como para fracasar”. Se le está diciendo, de tres maneras distintas, al mercado fuerte y claro que Washington no permitirá que las instituciones financieras del país se responsabilicen de las consecuencias de su comportamiento. Puede ser que ésta sea la innovación más creativa de Bush: el capitalismo sin riesgos.
Hay un atisbo de esperanza. En respuesta a la pregunta del senador Corker, al Departamento del Tesoro se le dificulta distribuir los fondos del rescate. Pidió cerca de 350 mil millones de los 700 mil millones de dólares, pero la mayor parte de éstos todavía no sale por la puerta. Mientras tanto, cada día queda más claro que el rescate fue promovido de manera fraudulenta. Nunca consistió en conseguir que los préstamos fluyeran. Siempre en convertir el Estado en una gigantesca compañía de seguros para Wall Street: una red de seguridad para la gente que menos lo necesita, subsidiado por la gente que más lo necesita.
Esta grotesca duplicidad es una oportunidad. Quien sea que gane la elección del 4 de noviembre tendrá una enorme autoridad moral. Puede ser utilizada para hacer un llamado a frenar la distribución de los fondos del rescate, no después de la toma de posesión sino ahora mismo. Todas las acuerdos deben ser renegociados inmediatamente, y que esta vez sea el pueblo el que obtenga las garantías.
Es riesgoso, claro, interrumpir el rescate. Al mercado no lo gustará. Nada podría ser más riesgoso, sin embargo, que permitir que la pandilla de Bush le dé este regalo de despedida a los grandes negocios, el regalo del que continuaría tomando.
* Naomi Klein es autora de La doctrina del shock. www.naomiklein.org.
Copyright 2008 Naomi Klein. Este texto fue publicado en The Nation.
Traducción: Tania Molina Ramírez.
Enlace a La Jornada
Marx defiende a Marx
El arzobispo de Munich, cardenal Reinhard Marx, publica "El capital, una defensa del hombre" donde afirma que Carlos Marx tenía razón
El Marx de la Iglesia es secretario de la Conferencia Episcopal alemana y un teólogo muy respetado por el Papa Benedicto XVI. El mundo está sacudido por una crisis económico-financiera que dará vida a otra época y a un nuevo capitalismo refundado en el mundo. Según el arzobispo de Munich "es una crítica al capitalismo, porque un capitalismo sin un cuadro ético es enemigo del género humano".
Parece increíble, pero los tiempos siguen cambiando rápidamente. El arzobispo de Munich, cardenal Reinhard Marx, 55 años, sostiene en una entrevista al más importante semanario alemán, "Der Spiegel" (El Espejo), que en su análisis del capitalismo su homónimo Carlos Marx tenía razón. El mundo está sacudido por una crisis económico-financiera que dará vida a otra época y a un nuevo capitalismo refundado en el mundo y la Iglesia enfrenta lo que viene con su Doctrina Social, que según el arzobispo de Munich "es una crítica al capitalismo, porque un capitalismo sin un cuadro ético es enemigo del género humano".
El Marx de la Iglesia es secretario de la Conferencia Episcopal alemana y un teólogo muy respetado por el Papa Benedicto XVI. En "Der Spiegel", cuenta que en pocos días las librerías pondrán en venta su libro "El capital, una defensa del hombre", que contiene al comienzo una carta suya dirigida al fundador del comunismo, Karl Marx, quien "no está muerto y al que hay que tomar en serio". A juicio del arzobispo de Munich "el capitalismo deshumanizado, insolidario e injusto no conoce moral ni tiene futuro", por lo que hay que acudir de nuevo a la obra de Karl Marx, "que nos ayuda a entender las teorías de la acumulación capitalista y el mercantilismo".
Pero Reinhard Marx es consciente de que son muchos los ciudadanos que se muestran críticos con el pensamiento marxista debido a la aplicación que se ha dado a las ideas de El Capital primigéneo en algunas partes del mundo a lo largo de la historia. Por ello el nuevo Marx sostiene que no hay que dejarse "arrastrar a las insensateces y atrocidades cometidas en su nombre en el siglo XX", sino que nuestro deber es interpretar de forma conveniente las ideas marxistas.
Según el arzobispo los principios que defiende en su libro, al que define como "concienzudamente trabajado", tienen un carácter social-ético, ya que Reinhard Marx considera que el catolicismo debe aportar una visión "ética y social" para una reforma "sensata" de los sistemas financieros. Por último Marx quiso recordar que "la especulación salvaje es pecado", y sostuvo que denunciar el capitalismo no significa dejar libre de culpa al populismo de izquierdas.
YVKE, El Clarín, La Sexta, Agencias
Via Rebelion
El Marx de la Iglesia es secretario de la Conferencia Episcopal alemana y un teólogo muy respetado por el Papa Benedicto XVI. El mundo está sacudido por una crisis económico-financiera que dará vida a otra época y a un nuevo capitalismo refundado en el mundo. Según el arzobispo de Munich "es una crítica al capitalismo, porque un capitalismo sin un cuadro ético es enemigo del género humano".
Parece increíble, pero los tiempos siguen cambiando rápidamente. El arzobispo de Munich, cardenal Reinhard Marx, 55 años, sostiene en una entrevista al más importante semanario alemán, "Der Spiegel" (El Espejo), que en su análisis del capitalismo su homónimo Carlos Marx tenía razón. El mundo está sacudido por una crisis económico-financiera que dará vida a otra época y a un nuevo capitalismo refundado en el mundo y la Iglesia enfrenta lo que viene con su Doctrina Social, que según el arzobispo de Munich "es una crítica al capitalismo, porque un capitalismo sin un cuadro ético es enemigo del género humano".
El Marx de la Iglesia es secretario de la Conferencia Episcopal alemana y un teólogo muy respetado por el Papa Benedicto XVI. En "Der Spiegel", cuenta que en pocos días las librerías pondrán en venta su libro "El capital, una defensa del hombre", que contiene al comienzo una carta suya dirigida al fundador del comunismo, Karl Marx, quien "no está muerto y al que hay que tomar en serio". A juicio del arzobispo de Munich "el capitalismo deshumanizado, insolidario e injusto no conoce moral ni tiene futuro", por lo que hay que acudir de nuevo a la obra de Karl Marx, "que nos ayuda a entender las teorías de la acumulación capitalista y el mercantilismo".
Pero Reinhard Marx es consciente de que son muchos los ciudadanos que se muestran críticos con el pensamiento marxista debido a la aplicación que se ha dado a las ideas de El Capital primigéneo en algunas partes del mundo a lo largo de la historia. Por ello el nuevo Marx sostiene que no hay que dejarse "arrastrar a las insensateces y atrocidades cometidas en su nombre en el siglo XX", sino que nuestro deber es interpretar de forma conveniente las ideas marxistas.
Según el arzobispo los principios que defiende en su libro, al que define como "concienzudamente trabajado", tienen un carácter social-ético, ya que Reinhard Marx considera que el catolicismo debe aportar una visión "ética y social" para una reforma "sensata" de los sistemas financieros. Por último Marx quiso recordar que "la especulación salvaje es pecado", y sostuvo que denunciar el capitalismo no significa dejar libre de culpa al populismo de izquierdas.
YVKE, El Clarín, La Sexta, Agencias
Via Rebelion
viernes, 31 de octubre de 2008
¿A dónde va a parar el dinero perdido con la crisis financiera?
Durante la crisis de los mercados financieros, el dinero no se evapora. Sólo pasa de unas manos a otras mediante un mecanismo de oferta y demanda (manejado por los súper grupos controladores del mercado) que primero desvaloriza el precio de las acciones para comprarlas y luego las revaloriza para venderlas.
Informe especial
Manuel Freytas (*)
manuefreytas@iarnoticias.com
En cuatro semanas continuadas de "crisis bursátil", de Wall Street hasta Tokio pasando por Londres, Frankfurt y París, los principales mercados de acciones internacionales muestran caídas vertiginosas, entre el 30% y el 50% en relación a su nivel un año atrás, señalan medios especializados.
Solamente en el curso de una semana, Wall Street llegó a perder USA 2.5 billones en valores de cotización en el mercado. No hay cifras precisas sobre las pérdidas que sufrieron las bolsas mundiales desde el agravamiento de la crisis financiera, pero hay quienes sostienen que los números superarían los US$ 20 billones, que se "perdieron" en valores accionarios (más adelante veremos que no es literalmente así).
Dinero "potencial"
Cuando se refieren a la baja de acciones bursátiles los analistas del sistema hablan de "pérdidas", dejando la sensación de una "evaporación del dinero" que en la realidad no existe.
Las acciones son "dinero de papel" (acciones de empresas o bancos) que adquieren su valor de mercado en la dinámica del sube y baja de las bolsas. De manera tal, que en las bolsas no se pierde dinero en forma directa, sino que se pierde valor de mercado de las acciones empresariales.
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, considera que "muchos miles de millones de dólares o de euros eran artificiales antes de la corrección" bursátil, los economistas relativizan las cantidades que se manejan y dicen que el dinero está aún ahí.
"Cuando decimos que miles de miles de millones se perdieron, se trata de un abuso de lenguaje. Lo que deberíamos decir es que el valor en el mercado accionario bajó varios miles de miles de millones de dólares, lo que es totalmente diferente", dijo el británico John Sloman, de la Universidad de Bristol citado por AFP.
Para los economistas los mercados bursátiles no tienen una valorización absoluta. "El valor de un activo depende siempre de la relación entre la oferta y la demanda. Es el precio que usted obtiene tal día, si usted decide vender, y sólo concierne las acciones negociadas, no las que siguen en cartera", subrayó John Sloman.
El norteamericano Robert Shiller, de la Universidad de Yale, hace el mismo análisis. "Imagínese que un día usted le pide a una agencia que le calcule el valor de su casa si quiere venderla. Al día siguiente va a otra agencia y ésta le da un valor inferior en 10 por ciento. ¿Perdió usted dinero? Pues no, usted tiene todavía los billetes en el bolsillo o en su cuenta de banco", explicó a la agencia Associated Press.
"Los Estados contabilizan el dinero disponible sumando billetes y piezas en circulación, así como los depósitos que la gente tiene en el banco. Esta medida no refleja para nada las fluctuaciones cotidianas de los mercados bursátiles", argumentó Robert Shiller, quien reconoce que es "difícil y controvertido" distinguir riqueza y valor del mercado.
Es parecido con las bolsas. Nadie pierde dinero en el sentido estricto del término. No hay misterio, el dinero está ahí todavía. Es el mercado el que pierde valor", agregó.
Robert Shiller lo resume así: la noción de que uno pierde un montón de dinero siempre que baja la bolsa es una "falacia". Aclara que el precio de una acción nunca ha sido lo mismo que el dinero. Es simplemente "la mejor presunción" de lo que vale la acción.
El problema empieza cuando piensa que ese dinero potencial es lo mismo que el dinero en su cartera o en su cuenta corriente. "Eso es un gran error", dijo el profesor de economía de la Universidad de Harvard Dale Jorgenson.
Esto da la razón al ex magnate norteamericano Robert Sarnoff, muerto en 1997, para quien las finanzas son sólo "el arte de pasar el dinero de mano en mano, hasta hacerlo desaparecer".
Nada se pierde, solo se recicla
En resumen, en las jornadas "negras" que vienen experimentando los mercados del dinero, billones de dólares no se evaporaron sino que solamente se pasaron de unas manos a otras (y siempre según el valor que determina el mercado, y no en forma directa) mediante el mecanismo de compra y venta de acciones.
El dinero (durante las "crisis" o las "burbujas" capitalistas) no desaparece, solo pasa de un bolsillo a otro, y se concentra cada vez más porque cada vez son menos los grupos ganadores que controlan todo el capital circulante.
¿Que quiere decir esto, extrapolado a la crisis financiera?
Que cuando las acciones de empresas o bancos se desvalorizan sus activos y carteras de clientes no desaparecen, solo pierde valor de cotización en el mercado por su desvalorización bursátil. Una vez que las compran a precio de remate, los súper grupos "recompran" sus acciones y le restituyen su valor perdido de mercado. De esta manera, en el sistema capitalista nada se pierde: Solo se recicla y cambia de dueño.
Es como si una vivienda cotizase sus acciones en bolsa: Su precio se desvaloriza o sube, pero la vivienda sigue estando. Lo que cambia y fluctúa es su valor de mercado conforme a la "capitalización" o "descapitalización" bursátil.
O sea que las empresa y bancos, con sus activos físicos y financieros, que cotizan en bolsa no desaparecen, solo cambian sus valores de mercado que pueden subir o bajar, conforme la compra o la venta de sus acciones.
Una "crisis financiera" como la que estamos viviendo, es antes que nada un reciclamiento de la rentabilidad capitalista: Lo que estaba en un casillero, se traslada a otro. Lo que estaba en Merrill Lynch se recicló en el tablero contable de Bank Of América que compró a la entidad semiquebrada.
Mediante el "rescate financiero", los Estados imperiales USA-UE reciclaron una nueva "burbuja" ganancial no ya con dinero especulativo proveniente del sector privado, sino que ponen compulsivamente los recursos públicos al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista al margen de una ascendente crisis de la economía real que marcha por vía paralela.
Mediante el juego del "sube y baja" en las bolsas, los grupos súper concentrados que controlan el mercado, primero "desvalorizan" el valor de mercado de empresas y bancos para comprarlos baratos, y luego los "revalorizan" para quedarse con la diferencia.
Es decir, los grupos súper concentrados que compran las acciones en baja, no pierden dinero con su precio devaluado, sino que las compran barato para luego venderlas caras.
Hay un sector pequeños inversores (los llamados "ahorristas" o especuladores privados menos diversificados) que sufren el embate de la desvalorización con menor paraguas de contención que los grandes grupos de especuladores que controlan el mercado, a los que la descapitalización les afecta como una devaluación de su dinero con menos capacidad para recuperarse.
Cuando se habla de una pérdida teórica de US$ 8,300 billones en base a las cifras del Indice Compuesto Wilshire 5000 de Dow Jones (que observa las acciones de unas 5,000 empresas estadounidenses), o en las bolsas europeas o asiáticas, hay que tener en cuenta que más del 80% de las operaciones de las plazas globalizadas de especulación financiera están concentradas por los super-grupos que se degluten entre sí desvalorizando las acciones, comprando barato, y luego uno de ellos absorbe al otro.
La falacia de la "oferta" y la "demanda"
Según la teoría oficial, las acciones en los mercados bursátiles bajan o suben, según la dinámica de la "oferta" y la "demanda". Y, de acuerdo con esa teoría, los términos del inter-juego entre "oferta" y "demanda" son "libres", como corresponde a las reglas funcionales del "libre mercado".
Pero, en realidad esto es falso por una razón principal: La "oferta" y la "demanda" está manejada por grupos financieros súper concentrados que manejan los mercados bursátiles por medio de la "compra" o la "venta masiva" de acciones: Cuando "compran" masivamente las acciones suben, y cuando venden masivamente las acciones bajan.
Los mercados bursátiles se manejan como las casas de remate público: Sólo un pequeño grupo hegemónico (que se disputa las compras) controla la totalidad de las "ofertas" y establece sus bases, actuando como un cartel formador del precio de las acciones.
La dinámica del "sube y baja" de las bolsas está determinada y regulada por una relación matemática entre la masa de capital que "compra" (sube) y la masa de capital que "vende" (baja) , por lo cual el proceso está controlado por los grupos con mayor capacidad financiera que concentran la mayoría de las operaciones bursátiles en Wall Street y el resto de las bolsas mundiales.
Las bolsas, son una "superestructura" (por fuera de la economía real) de competencia ínter capitalista entre grupos súper concentrados que se disputan una masa circulante de acciones bursátiles cuyo precio está fijado por la ley de la "oferta" (compra de acciones) y la "demanda" (venta de acciones).
En conclusión, la dinámica del "sube y baja" de las bolsas no está regulada por la ley de la "oferta" y la "demanda" sino por la masa de concentración capitalista-financiera que compra o vende acciones, direccionando las bajas o las subas en los mercados.
Los mercados bursátiles no son "libres" (como establece el mito del "libre comercio") sino instituciones mercantiles que funcionan sujetas a la ley de la oferta y la demanda manejada por los grupos que hegemonizan el control y la información sobre su funcionamiento.
En consecuencia, en las bolsas solo se "oferta" (se vende) o se "demanda" (se compra) aquello que los grupos hegemónicos y controladores quieren.
Las bolsas (y las acciones) suben o bajan atendiendo a una dinámica marcada por los intereses de los controladores del mercado financiero.
La dinámica de la "compra" y "venta"
Por lo tanto, los mercados bursátiles no son regulados por la oferta y la demanda, sino por la competencia capitalista entre los súper grupos que hegemonizan la compra y venta de acciones en Wall Street (que concentra la mayoría de las operaciones mundiales y marca tendencia) y en los mercados bursátiles. Para dar un ejemplo: En Wall Street se cotizan acciones por un monto superior al conjunto de las bolsas europeas.
Su objetivo es preciso y determinado: Generar un proceso de quiebras y, consecuentemente una crisis del sistema financiero, que posibilite la depreciación a niveles límites de los activos y acciones empresariales que luego los grupos más súper concentrados (los operadores de la "crisis") comprarán a precio de remate.
En consecuencia, si que hay quebrar a Lehman Brothers o a Merrill Lynch para concentrar súper activos en Bank Of América o Morgan Chase, se hacen bajar (mediante rumores e información manipulada) las acciones de estos dos gigantes, y luego de su quiebra (como consecuencia de la depreciación de sus acciones) serán comprados a precio de remate o se fusionarán en otra sigla.
La dinámica de los mercados bursátiles, las "pérdidas" y las "ganancias" se rigen por dos movimientos esenciales:
El dinero desvalorizado de las acciones de Merrill Linch, cuando las mismas se revaloricen, pasarán a los bolsillos de Bank Of América. De manera tal, que las pérdidas de capitalización por baja de acciones en el marcado accionario, duran el tiempo que dura la baja y se reanuda la tendencia alcista (manipulada por los que también manipulan las bajas).
Las acciones empresariales y bancarias se compran desvalorizadas y luego se las revaloriza, mediante el mismo mecanismo (de manipulación bursátil) con que se las desvalorizó.
O sea que, durante la crisis de los mercados financieros, el dinero no se evapora. Solo pasa de unas manos a otras mediante un mecanismo de oferta y demanda (manejado por los súper grupos controladores del mercado) que desvaloriza el precio de las acciones para comprarla y luego las revaloriza para venderlas.
Pero en esta dinámica nada se pierde, sino que se recicla. En otras palabras, cambian las denominaciones pero los accionistas y los gerenciadores (que son "anónimos") continúan con una mayor concentración de acciones en sus bolsillos.
En primer lugar, y como concepto central: La llamada "crisis financiera", es una crisis activada y controlada en todos sus resortes esenciales por medio del "rumor" y la información manipulada que hacen subir o bajar las acciones en Wall Street y las principales plazas financieras del Imperio.
La quiebra en cadena de bancos o de instituciones financieras es inducida, manipulada y estratégicamente operada para producir un reciclamiento de la rentabilidad financiera (en crisis con el colapso subprime) y una reconversión del sistema financiero que centralice el control y el funcionamiento del sistema capitalista mediante una mayor concentración de la riqueza (ley darwiniana del capitalismo).
O sea que el dinero no se perdió en descapitalización de mercado, solamente pasó de unas manos a otras.
Las acciones empresariales y bancarias se compran desvalorizadas y luego se las revaloriza, mediante el mismo mecanismo (de manipulación bursátil) con que se las desvalorizó.
Es decir que, durante la crisis de los mercados financieros, el dinero no se evapora. Solo pasa de unas manos a otras mediante un mecanismo de oferta y demanda (manejado por los súper grupos controladores del mercado) que desvaloriza el precio de las acciones para comprarla y luego las revaloriza para venderlas.
De esta manera se cumple el axioma número uno del sionismo financiero que controla Wall Street: Comprar barato y vender caro.
******
(*) Manuel Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
Ver sus trabajos en Google
Enlace a texto en IAR Noticias
Informe especial
Manuel Freytas (*)
manuefreytas@iarnoticias.com
En cuatro semanas continuadas de "crisis bursátil", de Wall Street hasta Tokio pasando por Londres, Frankfurt y París, los principales mercados de acciones internacionales muestran caídas vertiginosas, entre el 30% y el 50% en relación a su nivel un año atrás, señalan medios especializados.
Solamente en el curso de una semana, Wall Street llegó a perder USA 2.5 billones en valores de cotización en el mercado. No hay cifras precisas sobre las pérdidas que sufrieron las bolsas mundiales desde el agravamiento de la crisis financiera, pero hay quienes sostienen que los números superarían los US$ 20 billones, que se "perdieron" en valores accionarios (más adelante veremos que no es literalmente así).
Dinero "potencial"
Cuando se refieren a la baja de acciones bursátiles los analistas del sistema hablan de "pérdidas", dejando la sensación de una "evaporación del dinero" que en la realidad no existe.
Las acciones son "dinero de papel" (acciones de empresas o bancos) que adquieren su valor de mercado en la dinámica del sube y baja de las bolsas. De manera tal, que en las bolsas no se pierde dinero en forma directa, sino que se pierde valor de mercado de las acciones empresariales.
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, considera que "muchos miles de millones de dólares o de euros eran artificiales antes de la corrección" bursátil, los economistas relativizan las cantidades que se manejan y dicen que el dinero está aún ahí.
"Cuando decimos que miles de miles de millones se perdieron, se trata de un abuso de lenguaje. Lo que deberíamos decir es que el valor en el mercado accionario bajó varios miles de miles de millones de dólares, lo que es totalmente diferente", dijo el británico John Sloman, de la Universidad de Bristol citado por AFP.
Para los economistas los mercados bursátiles no tienen una valorización absoluta. "El valor de un activo depende siempre de la relación entre la oferta y la demanda. Es el precio que usted obtiene tal día, si usted decide vender, y sólo concierne las acciones negociadas, no las que siguen en cartera", subrayó John Sloman.
El norteamericano Robert Shiller, de la Universidad de Yale, hace el mismo análisis. "Imagínese que un día usted le pide a una agencia que le calcule el valor de su casa si quiere venderla. Al día siguiente va a otra agencia y ésta le da un valor inferior en 10 por ciento. ¿Perdió usted dinero? Pues no, usted tiene todavía los billetes en el bolsillo o en su cuenta de banco", explicó a la agencia Associated Press.
"Los Estados contabilizan el dinero disponible sumando billetes y piezas en circulación, así como los depósitos que la gente tiene en el banco. Esta medida no refleja para nada las fluctuaciones cotidianas de los mercados bursátiles", argumentó Robert Shiller, quien reconoce que es "difícil y controvertido" distinguir riqueza y valor del mercado.
Es parecido con las bolsas. Nadie pierde dinero en el sentido estricto del término. No hay misterio, el dinero está ahí todavía. Es el mercado el que pierde valor", agregó.
Robert Shiller lo resume así: la noción de que uno pierde un montón de dinero siempre que baja la bolsa es una "falacia". Aclara que el precio de una acción nunca ha sido lo mismo que el dinero. Es simplemente "la mejor presunción" de lo que vale la acción.
El problema empieza cuando piensa que ese dinero potencial es lo mismo que el dinero en su cartera o en su cuenta corriente. "Eso es un gran error", dijo el profesor de economía de la Universidad de Harvard Dale Jorgenson.
Esto da la razón al ex magnate norteamericano Robert Sarnoff, muerto en 1997, para quien las finanzas son sólo "el arte de pasar el dinero de mano en mano, hasta hacerlo desaparecer".
Nada se pierde, solo se recicla
En resumen, en las jornadas "negras" que vienen experimentando los mercados del dinero, billones de dólares no se evaporaron sino que solamente se pasaron de unas manos a otras (y siempre según el valor que determina el mercado, y no en forma directa) mediante el mecanismo de compra y venta de acciones.
El dinero (durante las "crisis" o las "burbujas" capitalistas) no desaparece, solo pasa de un bolsillo a otro, y se concentra cada vez más porque cada vez son menos los grupos ganadores que controlan todo el capital circulante.
¿Que quiere decir esto, extrapolado a la crisis financiera?
Que cuando las acciones de empresas o bancos se desvalorizan sus activos y carteras de clientes no desaparecen, solo pierde valor de cotización en el mercado por su desvalorización bursátil. Una vez que las compran a precio de remate, los súper grupos "recompran" sus acciones y le restituyen su valor perdido de mercado. De esta manera, en el sistema capitalista nada se pierde: Solo se recicla y cambia de dueño.
Es como si una vivienda cotizase sus acciones en bolsa: Su precio se desvaloriza o sube, pero la vivienda sigue estando. Lo que cambia y fluctúa es su valor de mercado conforme a la "capitalización" o "descapitalización" bursátil.
O sea que las empresa y bancos, con sus activos físicos y financieros, que cotizan en bolsa no desaparecen, solo cambian sus valores de mercado que pueden subir o bajar, conforme la compra o la venta de sus acciones.
Una "crisis financiera" como la que estamos viviendo, es antes que nada un reciclamiento de la rentabilidad capitalista: Lo que estaba en un casillero, se traslada a otro. Lo que estaba en Merrill Lynch se recicló en el tablero contable de Bank Of América que compró a la entidad semiquebrada.
Mediante el "rescate financiero", los Estados imperiales USA-UE reciclaron una nueva "burbuja" ganancial no ya con dinero especulativo proveniente del sector privado, sino que ponen compulsivamente los recursos públicos al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista al margen de una ascendente crisis de la economía real que marcha por vía paralela.
Mediante el juego del "sube y baja" en las bolsas, los grupos súper concentrados que controlan el mercado, primero "desvalorizan" el valor de mercado de empresas y bancos para comprarlos baratos, y luego los "revalorizan" para quedarse con la diferencia.
Es decir, los grupos súper concentrados que compran las acciones en baja, no pierden dinero con su precio devaluado, sino que las compran barato para luego venderlas caras.
Hay un sector pequeños inversores (los llamados "ahorristas" o especuladores privados menos diversificados) que sufren el embate de la desvalorización con menor paraguas de contención que los grandes grupos de especuladores que controlan el mercado, a los que la descapitalización les afecta como una devaluación de su dinero con menos capacidad para recuperarse.
Cuando se habla de una pérdida teórica de US$ 8,300 billones en base a las cifras del Indice Compuesto Wilshire 5000 de Dow Jones (que observa las acciones de unas 5,000 empresas estadounidenses), o en las bolsas europeas o asiáticas, hay que tener en cuenta que más del 80% de las operaciones de las plazas globalizadas de especulación financiera están concentradas por los super-grupos que se degluten entre sí desvalorizando las acciones, comprando barato, y luego uno de ellos absorbe al otro.
La falacia de la "oferta" y la "demanda"
Según la teoría oficial, las acciones en los mercados bursátiles bajan o suben, según la dinámica de la "oferta" y la "demanda". Y, de acuerdo con esa teoría, los términos del inter-juego entre "oferta" y "demanda" son "libres", como corresponde a las reglas funcionales del "libre mercado".
Pero, en realidad esto es falso por una razón principal: La "oferta" y la "demanda" está manejada por grupos financieros súper concentrados que manejan los mercados bursátiles por medio de la "compra" o la "venta masiva" de acciones: Cuando "compran" masivamente las acciones suben, y cuando venden masivamente las acciones bajan.
Los mercados bursátiles se manejan como las casas de remate público: Sólo un pequeño grupo hegemónico (que se disputa las compras) controla la totalidad de las "ofertas" y establece sus bases, actuando como un cartel formador del precio de las acciones.
La dinámica del "sube y baja" de las bolsas está determinada y regulada por una relación matemática entre la masa de capital que "compra" (sube) y la masa de capital que "vende" (baja) , por lo cual el proceso está controlado por los grupos con mayor capacidad financiera que concentran la mayoría de las operaciones bursátiles en Wall Street y el resto de las bolsas mundiales.
Las bolsas, son una "superestructura" (por fuera de la economía real) de competencia ínter capitalista entre grupos súper concentrados que se disputan una masa circulante de acciones bursátiles cuyo precio está fijado por la ley de la "oferta" (compra de acciones) y la "demanda" (venta de acciones).
En conclusión, la dinámica del "sube y baja" de las bolsas no está regulada por la ley de la "oferta" y la "demanda" sino por la masa de concentración capitalista-financiera que compra o vende acciones, direccionando las bajas o las subas en los mercados.
Los mercados bursátiles no son "libres" (como establece el mito del "libre comercio") sino instituciones mercantiles que funcionan sujetas a la ley de la oferta y la demanda manejada por los grupos que hegemonizan el control y la información sobre su funcionamiento.
En consecuencia, en las bolsas solo se "oferta" (se vende) o se "demanda" (se compra) aquello que los grupos hegemónicos y controladores quieren.
Las bolsas (y las acciones) suben o bajan atendiendo a una dinámica marcada por los intereses de los controladores del mercado financiero.
La dinámica de la "compra" y "venta"
Por lo tanto, los mercados bursátiles no son regulados por la oferta y la demanda, sino por la competencia capitalista entre los súper grupos que hegemonizan la compra y venta de acciones en Wall Street (que concentra la mayoría de las operaciones mundiales y marca tendencia) y en los mercados bursátiles. Para dar un ejemplo: En Wall Street se cotizan acciones por un monto superior al conjunto de las bolsas europeas.
Su objetivo es preciso y determinado: Generar un proceso de quiebras y, consecuentemente una crisis del sistema financiero, que posibilite la depreciación a niveles límites de los activos y acciones empresariales que luego los grupos más súper concentrados (los operadores de la "crisis") comprarán a precio de remate.
En consecuencia, si que hay quebrar a Lehman Brothers o a Merrill Lynch para concentrar súper activos en Bank Of América o Morgan Chase, se hacen bajar (mediante rumores e información manipulada) las acciones de estos dos gigantes, y luego de su quiebra (como consecuencia de la depreciación de sus acciones) serán comprados a precio de remate o se fusionarán en otra sigla.
La dinámica de los mercados bursátiles, las "pérdidas" y las "ganancias" se rigen por dos movimientos esenciales:
1) Desvalorización: Los grandes grupos "inversores" (especuladores institucionales) "desvalorizan" las acciones de empresas y bancos (y consecuentemente su precio en dinero) para compra sus activos financieros y físicos a precio de ganga.
2) Revalorización: Luego de deglutirse a los quebrados mediante fusiones o compras, los súper grupos "ganadores" (que manejan a través de rumores y de información manipulada, el "sube y baja" de los mercados) "revalorizan" las acciones de la empresa o el banco comprado, restituyendo y superando su valor de capitalización original.
El dinero desvalorizado de las acciones de Merrill Linch, cuando las mismas se revaloricen, pasarán a los bolsillos de Bank Of América. De manera tal, que las pérdidas de capitalización por baja de acciones en el marcado accionario, duran el tiempo que dura la baja y se reanuda la tendencia alcista (manipulada por los que también manipulan las bajas).
Las acciones empresariales y bancarias se compran desvalorizadas y luego se las revaloriza, mediante el mismo mecanismo (de manipulación bursátil) con que se las desvalorizó.
O sea que, durante la crisis de los mercados financieros, el dinero no se evapora. Solo pasa de unas manos a otras mediante un mecanismo de oferta y demanda (manejado por los súper grupos controladores del mercado) que desvaloriza el precio de las acciones para comprarla y luego las revaloriza para venderlas.
Pero en esta dinámica nada se pierde, sino que se recicla. En otras palabras, cambian las denominaciones pero los accionistas y los gerenciadores (que son "anónimos") continúan con una mayor concentración de acciones en sus bolsillos.
En primer lugar, y como concepto central: La llamada "crisis financiera", es una crisis activada y controlada en todos sus resortes esenciales por medio del "rumor" y la información manipulada que hacen subir o bajar las acciones en Wall Street y las principales plazas financieras del Imperio.
La quiebra en cadena de bancos o de instituciones financieras es inducida, manipulada y estratégicamente operada para producir un reciclamiento de la rentabilidad financiera (en crisis con el colapso subprime) y una reconversión del sistema financiero que centralice el control y el funcionamiento del sistema capitalista mediante una mayor concentración de la riqueza (ley darwiniana del capitalismo).
O sea que el dinero no se perdió en descapitalización de mercado, solamente pasó de unas manos a otras.
Las acciones empresariales y bancarias se compran desvalorizadas y luego se las revaloriza, mediante el mismo mecanismo (de manipulación bursátil) con que se las desvalorizó.
Es decir que, durante la crisis de los mercados financieros, el dinero no se evapora. Solo pasa de unas manos a otras mediante un mecanismo de oferta y demanda (manejado por los súper grupos controladores del mercado) que desvaloriza el precio de las acciones para comprarla y luego las revaloriza para venderlas.
De esta manera se cumple el axioma número uno del sionismo financiero que controla Wall Street: Comprar barato y vender caro.
******
(*) Manuel Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
Ver sus trabajos en Google
Enlace a texto en IAR Noticias
Etiquetas:
Crisis Económica,
Crisis Financiera,
Manuel Freytas
El mundo se cansa del dominio del dólar
Paul Craig Roberts
CounterPunch
¿Qué explica la paradoja de la fuerte subida del valor del dólar contra otras monedas (excepto el yen japonés) a pesar de la desproporcionada vulnerabilidad de EE.UU. a la peor crisis financiera desde la Gran Depresión?
La respuesta no yace en la mejora de los fundamentos de la economía de EE.UU. o en mejores perspectivas para que el dólar mantenga su papel de moneda de reserva. El aumento del valor de cambio del dólar se debe a dos factores:
Un factor es la huída tradicional hacia la moneda de reserva resultante del pánico. La gente hace simplemente lo que ha hecho siempre. Pam Martens predijo correctamente que la demanda de notas del Tesoro de EE.UU. provocada por el pánico fortalecería el dólar de EE.UU.
El otro factor es el desdoble del carry trade [financiarse en una divisa para invertir en otra]. El carry trade se originó en los tipos de interés extremadamente bajos en Japón. Inversionistas y especuladores pidieron prestados yenes japoneses a una tasa de interés de un medio por ciento, convirtieron los yenes en otras monedas, y compraron instrumentos de deuda de otros países que pagan tasas de interés mucho más elevadas. En efecto, estaban obteniendo fondos prácticamente gratuitos de Japón para prestarlos a otros que pagaban intereses más altos.
La crisis financiera ha revertido este proceso. Los tóxicos derivados estadounidenses fueron vendidos en todo el mundo por Wall Street. Han puesto en peligro los balances y la solvencia de instituciones financieras en todo el mundo, incluyendo a gobiernos nacionales como Islandia y Hungría. Bancos y gobiernos que invirtieron en los atribulados instrumentos financieros estadounidenses vieron que sus propios instrumentos de la deuda estaban en peligro.
Los que usaron préstamos en yen para comprar, por ejemplo, instrumentos de deuda de bancos europeos o bonos islandeses, enfrentaron pérdidas potencialmente catastróficas. Inversionistas y especuladores vendieron sus instrumentos financieros de mayor rendimiento en una lucha por conseguir dólares y yenes para pagar sus préstamos japoneses. Este hizo subir los valores del yen y del dólar de EE.UU., la moneda de reserva que puede ser utilizada para pagar deudas, e hizo bajar los valores de otras monedas.
La subida del dólar es temporal, y sus perspectivas son poco prometedoras. El déficit comercial de EE.UU. disminuirá por los menores gastos de los consumidores durante la recesión, pero seguirá siendo el mayor del mundo y EE.UU. no lo puede reducir exportando más.
La manera como se financia el déficit comercial de EE.UU. es que extranjeros compran más activos en dólares, que ya pesan demasiado en sus portafolios. El déficit presupuestario de EE.UU. es grande y crece, agregando cientos de miles de millones de dólares más a una deuda nacional que ya es muy grande. Ya que los inversionistas huyen de las acciones hacia notas del gobierno de EE.UU., el mercado de bonos del Tesoro de EE.UU. dependerá temporalmente menos de gobiernos extranjeros. No obstante, la carga sobre los extranjeros y sobre los ahorros del mundo de tener que financiar el consumo estadounidense, las guerras del gobierno de EE.UU. y su presupuesto militar, y el rescate financiero de EE.UU. es resentida cada vez más.
Este resentimiento, combinado con el daño hecho a la reputación de EE.UU. por la crisis financiera, ha llevado a numerosos llamados a favor de un nuevo orden financiero en el que EE.UU. juegue un papel de importancia sustancialmente menor. “Superar la crisis financiera” son las palabras clave para el resto de la intención del mundo de derrocar la hegemonía financiera de EE.UU. Brasil, Rusia, India y China han formado un nuevo grupo (BRIC) para coordinar sus intereses en la cumbre financiera de noviembre en Washington, D.C.
El 28 de octubre, RIA Novosti informó que el primer ministro ruso, Vladimir Putin, sugirió a China que los dos países utilicen sus propias divisas en su comercio bilateral, evitando así el uso del dólar. El primer ministro de China, Wen Jiabao, respondió que el fortalecimiento de las relaciones bilaterales es estratégico.
Europa también ha notificado que se propone ejercer un nuevo papel de liderazgo. Cuatro miembros del Grupo de Siete naciones industriales: Francia, Gran Bretaña, Alemania e Italia, utilizaron la crisis financiera para pedir reformas globales del sistema financiero mundial. Jose Manual Barroso, presidente de la Comisión Europea, dijo que un nuevo sistema financiero mundial es posible sólo “si Europa tiene un rol de liderazgo.”
El presidente ruso, Dmitry Medvedev, dijo que el “egoísmo económico” de la “visión unipolar del mundo” de EE.UU. es una “política sin porvenir.” Las masivas reservas de divisas extranjeras de China y su fuerte posición en la manufactura han dado a China el papel dirigente en Asia. El primer ministro adjunto de Tailandia, llamó recientemente al yuan chino “la legítima y ungida moneda convertible del mundo.”
Normalmente, los chinos se muestran muy circunspectos en lo que dicen, pero el 24 de octubre, Reuters informó que el People’s Daily, el periódico oficial del gobierno, en un comentario en primera plana, acusó a EE.UU. de saquear “la riqueza global mediante la explotación de la dominación del dólar.” Para corregir esta situación inaceptable, el comentario llamaba a que los países asiáticos y europeos “proscribieran el dólar de sus relaciones comerciales directas, basándose sólo en sus propias monedas.” Y este paso, dijo el comentario, es sólo un primer paso para el derrocamiento de la dominación del dólar.
Los chinos están expresando otros pensamientos que merecerían la atención de un gobierno estadounidense menos iluso y arrogante. Zhou Jiangong, editor de la publicación en línea, Chinastates.com, preguntó recientemente: “¿Por qué debiera China ayudar interminablemente a EE.UU. a hacer deudas en la creencia de que el crédito nacional de EE.UU. puede expandir sin límite?” La solución de Zhou Jiangong para los excesos estadounidenses es que China se haga cargo de Wall Street.
China tiene el dinero para hacerlo, y los prudentes chinos harían un mejor trabajo que la multitud de ladrones que han destruido la reputación financiera de EE.UU. mientras explotaban al mundo a la busca de bonificaciones multimillonarias en dólares.
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
_____________________________________________
Paul Craig Roberts fue secretario adjunto del Tesoro en el gobierno de Ronald Reagan. Asimismo, fue redactor jefe asociado del Wall Street Journal, en su sección de editoriales, durante 16 años columnista de Business Week, y columnista de Scripps Howard News Service and Creator’s Syndicate en Los Angeles. Ha ocupado numerosas cátedras universitarias, incluyendo la Cátedra William E. Simon Chair en Economía Política, Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, Universidad de Georgetown e Investigador Invitado Sénior, Hoover Institution, Universidad Stanford. Fue condecorado con la Legión de Honor por el Presidente de Francia y con la Medalla de Plata del Tesoro de EE.UU. por “sobresalientes contribuciones a la formulación de la política económica de EE.UU.” Es co-autor de “The Tyranny of Good Intentions.”
Para contactos, escriba a: PaulCraigRoberts@yahoo.com
http://www.counterpunch.org/roberts10302008.html
Enlace a Rebelión
CounterPunch
¿Qué explica la paradoja de la fuerte subida del valor del dólar contra otras monedas (excepto el yen japonés) a pesar de la desproporcionada vulnerabilidad de EE.UU. a la peor crisis financiera desde la Gran Depresión?
La respuesta no yace en la mejora de los fundamentos de la economía de EE.UU. o en mejores perspectivas para que el dólar mantenga su papel de moneda de reserva. El aumento del valor de cambio del dólar se debe a dos factores:
Un factor es la huída tradicional hacia la moneda de reserva resultante del pánico. La gente hace simplemente lo que ha hecho siempre. Pam Martens predijo correctamente que la demanda de notas del Tesoro de EE.UU. provocada por el pánico fortalecería el dólar de EE.UU.
El otro factor es el desdoble del carry trade [financiarse en una divisa para invertir en otra]. El carry trade se originó en los tipos de interés extremadamente bajos en Japón. Inversionistas y especuladores pidieron prestados yenes japoneses a una tasa de interés de un medio por ciento, convirtieron los yenes en otras monedas, y compraron instrumentos de deuda de otros países que pagan tasas de interés mucho más elevadas. En efecto, estaban obteniendo fondos prácticamente gratuitos de Japón para prestarlos a otros que pagaban intereses más altos.
La crisis financiera ha revertido este proceso. Los tóxicos derivados estadounidenses fueron vendidos en todo el mundo por Wall Street. Han puesto en peligro los balances y la solvencia de instituciones financieras en todo el mundo, incluyendo a gobiernos nacionales como Islandia y Hungría. Bancos y gobiernos que invirtieron en los atribulados instrumentos financieros estadounidenses vieron que sus propios instrumentos de la deuda estaban en peligro.
Los que usaron préstamos en yen para comprar, por ejemplo, instrumentos de deuda de bancos europeos o bonos islandeses, enfrentaron pérdidas potencialmente catastróficas. Inversionistas y especuladores vendieron sus instrumentos financieros de mayor rendimiento en una lucha por conseguir dólares y yenes para pagar sus préstamos japoneses. Este hizo subir los valores del yen y del dólar de EE.UU., la moneda de reserva que puede ser utilizada para pagar deudas, e hizo bajar los valores de otras monedas.
La subida del dólar es temporal, y sus perspectivas son poco prometedoras. El déficit comercial de EE.UU. disminuirá por los menores gastos de los consumidores durante la recesión, pero seguirá siendo el mayor del mundo y EE.UU. no lo puede reducir exportando más.
La manera como se financia el déficit comercial de EE.UU. es que extranjeros compran más activos en dólares, que ya pesan demasiado en sus portafolios. El déficit presupuestario de EE.UU. es grande y crece, agregando cientos de miles de millones de dólares más a una deuda nacional que ya es muy grande. Ya que los inversionistas huyen de las acciones hacia notas del gobierno de EE.UU., el mercado de bonos del Tesoro de EE.UU. dependerá temporalmente menos de gobiernos extranjeros. No obstante, la carga sobre los extranjeros y sobre los ahorros del mundo de tener que financiar el consumo estadounidense, las guerras del gobierno de EE.UU. y su presupuesto militar, y el rescate financiero de EE.UU. es resentida cada vez más.
Este resentimiento, combinado con el daño hecho a la reputación de EE.UU. por la crisis financiera, ha llevado a numerosos llamados a favor de un nuevo orden financiero en el que EE.UU. juegue un papel de importancia sustancialmente menor. “Superar la crisis financiera” son las palabras clave para el resto de la intención del mundo de derrocar la hegemonía financiera de EE.UU. Brasil, Rusia, India y China han formado un nuevo grupo (BRIC) para coordinar sus intereses en la cumbre financiera de noviembre en Washington, D.C.
El 28 de octubre, RIA Novosti informó que el primer ministro ruso, Vladimir Putin, sugirió a China que los dos países utilicen sus propias divisas en su comercio bilateral, evitando así el uso del dólar. El primer ministro de China, Wen Jiabao, respondió que el fortalecimiento de las relaciones bilaterales es estratégico.
Europa también ha notificado que se propone ejercer un nuevo papel de liderazgo. Cuatro miembros del Grupo de Siete naciones industriales: Francia, Gran Bretaña, Alemania e Italia, utilizaron la crisis financiera para pedir reformas globales del sistema financiero mundial. Jose Manual Barroso, presidente de la Comisión Europea, dijo que un nuevo sistema financiero mundial es posible sólo “si Europa tiene un rol de liderazgo.”
El presidente ruso, Dmitry Medvedev, dijo que el “egoísmo económico” de la “visión unipolar del mundo” de EE.UU. es una “política sin porvenir.” Las masivas reservas de divisas extranjeras de China y su fuerte posición en la manufactura han dado a China el papel dirigente en Asia. El primer ministro adjunto de Tailandia, llamó recientemente al yuan chino “la legítima y ungida moneda convertible del mundo.”
Normalmente, los chinos se muestran muy circunspectos en lo que dicen, pero el 24 de octubre, Reuters informó que el People’s Daily, el periódico oficial del gobierno, en un comentario en primera plana, acusó a EE.UU. de saquear “la riqueza global mediante la explotación de la dominación del dólar.” Para corregir esta situación inaceptable, el comentario llamaba a que los países asiáticos y europeos “proscribieran el dólar de sus relaciones comerciales directas, basándose sólo en sus propias monedas.” Y este paso, dijo el comentario, es sólo un primer paso para el derrocamiento de la dominación del dólar.
Los chinos están expresando otros pensamientos que merecerían la atención de un gobierno estadounidense menos iluso y arrogante. Zhou Jiangong, editor de la publicación en línea, Chinastates.com, preguntó recientemente: “¿Por qué debiera China ayudar interminablemente a EE.UU. a hacer deudas en la creencia de que el crédito nacional de EE.UU. puede expandir sin límite?” La solución de Zhou Jiangong para los excesos estadounidenses es que China se haga cargo de Wall Street.
China tiene el dinero para hacerlo, y los prudentes chinos harían un mejor trabajo que la multitud de ladrones que han destruido la reputación financiera de EE.UU. mientras explotaban al mundo a la busca de bonificaciones multimillonarias en dólares.
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
_____________________________________________
Paul Craig Roberts fue secretario adjunto del Tesoro en el gobierno de Ronald Reagan. Asimismo, fue redactor jefe asociado del Wall Street Journal, en su sección de editoriales, durante 16 años columnista de Business Week, y columnista de Scripps Howard News Service and Creator’s Syndicate en Los Angeles. Ha ocupado numerosas cátedras universitarias, incluyendo la Cátedra William E. Simon Chair en Economía Política, Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, Universidad de Georgetown e Investigador Invitado Sénior, Hoover Institution, Universidad Stanford. Fue condecorado con la Legión de Honor por el Presidente de Francia y con la Medalla de Plata del Tesoro de EE.UU. por “sobresalientes contribuciones a la formulación de la política económica de EE.UU.” Es co-autor de “The Tyranny of Good Intentions.”
Para contactos, escriba a: PaulCraigRoberts@yahoo.com
http://www.counterpunch.org/roberts10302008.html
Enlace a Rebelión
Etiquetas:
Hegemonía y Dominación,
Neoliberalismo,
Paul Craig Roberts
Académicos piden a Obama un “cambio fundamental” en la política con América Latina
En carta enviada al candidato demócrata Barack Obama, casi 400 académicos dedicados a las relaciones interamericanas demandaron un “cambio fundamental” en la política de Estados Unidos hacia América Latina.
A continuación, el texto, suscrito entre otros por Eric Hershberg, presidente de la Asociación de Estudios Latinoamericanos; Ariel Dorfman, de la Universidad Duke; Jean Franco, de la Universidad de Columbia; Arturo Arias, de la Universidad de Texas; Carmen Diana Deere, de la Universidad de Florida; Arturo Escobar, de la Universidad de Carolina del Norte; Mark Weisbrot, codirector del Centro para el Estudio Economía y Políticas, Emma Zapata Martelo, del Colegio de Posgraduados de México, y Magdalena Barros Nock, profesora investigadora del CIESAS de México.
“Senador Obama: Nos dirigimos a usted para felicitarlo por su campaña y para expresar nuestra esperanza de que, como próximo presidente de Estados Unidos, aprovechará una oportunidad histórica para mejorar las relaciones con América Latina. Como académicos enfocados en la región, también queremos comunicarle nuestro análisis del proceso de cambio que se da actualmente allá.
“Así como el pueblo estadunidense ha empezado a debatir cuestiones básicas en relación al tipo de sociedad que desea –gracias, en parte, a su propia candidatura, aunque también debido a la magnitud de la actual crisis financiera– así, también, lo están haciendo los pueblos latinoamericanos.
“De hecho, el debate sobre una sociedad justa se ha dado en Latinoamérica a lo largo de más de una década y la mayoría opta, como usted y muchos de nosotros en Estados Unidos, por la esperanza y el cambio. Como académicos con un compromiso personal y profesional con el desarrollo y la democracia en Latinoamérica, tenemos la esperanza de que en su presidencia Estados Unidos se pueda convertir en un aliado, y no en un adversario, de los cambios positivos que ya se están llevando a cabo en el hemisferio.
“El actual ímpetu en favor del cambio en Latinoamérica es un rechazo al modelo de crecimiento económico que se ha impuesto en la mayoría de países desde principios de los años 80; un modelo que ha resultado en la concentración de la riqueza, que ha confiado, sin éxito, en las fuerzas del mercado, sin restricción alguna para resolver los profundos problemas sociales, y que ha socavado el bienestar humano. El actual rechazo de este modelo cuenta con una base amplia y democrática. De hecho, los movimientos contemporáneos para el cambio en América Latina reflejan una participación significativamente mayor de trabajadores y campesinos, mujeres, afrodescendientes y pueblos indígenas; en dos palabras, movimientos de base.
“Esos movimientos están llegando al poder, uno detrás de otro. No son ni títeres, ni están cegados por el fanatismo y la ideología, como los pintan las caricaturescas descripciones de algunos expertos. Al contrario, estos movimientos merecen nuestro respeto, amistad y apoyo.
“Los latinoamericanos con frecuencia han visto a Estados Unidos no como un amigo, sino más bien como un opresor; el garante de un sistema económico internacional que funciona en contra, y no en favor de ellos, la verdadera antítesis de la esperanza y el cambio. El gobierno de Bush ha empeorado la situación y el prestigio de Estados Unidos en la región se encuentra a niveles históricamente bajos. La tendencia de Washington de luchar en contra de la esperanza y el cambio ha sido especialmente prominente en las recientes respuestas de Estados Unidos a los gobiernos democráticamente electos de Venezuela y Bolivia. Los sentimientos antiestadunidenses son fuertes, pero la historia demuestra que dichos sentimientos pueden cambiar. En los años 30, luego de dos décadas de conflicto en la región, Estados Unidos juró no intervenir y adoptó una Política del Buen Vecino. No por coincidencia, esa fue la época de mayor armonía en la historia de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. En los años 40, casi todos los países de la región se convirtieron en nuestros aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Esto puede suceder una vez más.
“Existen muchos otros retos también. Colombia, el principal foco de la política del gobierno de Bush, es actualmente el escenario de la segunda crisis humanitaria más notable en el mundo, con 4 millones de personas desterradas internamente. Su gobierno, el cual criminaliza hasta las protestas pacíficas, busca una extensión de las políticas de comercio libre, en contra de las cuales gran parte del hemisferio está reaccionando ya. Cuba ha iniciado un proceso de transición que debería ser apoyado de manera positiva, como, por ejemplo, a través del dialogo por el cual usted aboga. Decenas de miles de mexicanos y centroamericanos migran para buscar trabajo en Estados Unidos, donde su poder laboral es de gran necesidad, pero su presencia es denigrada por un público que se ha opuesto siempre, desde que comenzó el desarrollo de las encuestas de opinión en los años 30, a la inmigración desde cualquier parte del mundo.
Rechazo a construir muros
“La forma de abordar el tema de la inmigración no es construyendo un gigantesco muro, sino más bien, Estados Unidos debería apoyar un desarrollo con mayor equidad en México y Centroamérica y, de hecho, a lo largo de toda la región. Además, Estados Unidos debe reconsiderar su política de control de drogas, que simplemente no ha funcionado y ha sido parte del problema de violencia política, especialmente en México, Colombia y Perú. Estados Unidos también debe renovar su apoyo activo en favor de los derechos humanos en la región. Desafortunadamente, en los ojos de muchos latinoamericanos, Estados Unidos ha llegado a mostrar su apoyo hacia regímenes de desigualdad.
“Finalmente, le imploramos que su gobierno se comprometa al firme apoyo de los derechos constitucionales, incluyendo la libertad académica e intelectual. La mayoría de nosotros es miembro de la Asociación de Estudios Latinoamericanos, la asociación profesional de expertos más grande de la región, y hemos vivido personalmente cómo los intentos del gobierno de Bush por restringir el intercambio académico con Cuba han resultado contraproducentes. Esperamos poder tener una pronta oportunidad para discutir éstos y otros temas relacionados con América Latina en su gobierno.
“Nuestra esperanza es que usted tome la oportunidad de inaugurar un nuevo periodo de entendimiento y colaboración para el bienestar del hemisferio. Lo que nosotros solicitamos es cambio, y no sólo en Estados Unidos”.
Atentamente
Para ver el listado:
Ver listado completo
Enlace a Rebelión
A continuación, el texto, suscrito entre otros por Eric Hershberg, presidente de la Asociación de Estudios Latinoamericanos; Ariel Dorfman, de la Universidad Duke; Jean Franco, de la Universidad de Columbia; Arturo Arias, de la Universidad de Texas; Carmen Diana Deere, de la Universidad de Florida; Arturo Escobar, de la Universidad de Carolina del Norte; Mark Weisbrot, codirector del Centro para el Estudio Economía y Políticas, Emma Zapata Martelo, del Colegio de Posgraduados de México, y Magdalena Barros Nock, profesora investigadora del CIESAS de México.
“Senador Obama: Nos dirigimos a usted para felicitarlo por su campaña y para expresar nuestra esperanza de que, como próximo presidente de Estados Unidos, aprovechará una oportunidad histórica para mejorar las relaciones con América Latina. Como académicos enfocados en la región, también queremos comunicarle nuestro análisis del proceso de cambio que se da actualmente allá.
“Así como el pueblo estadunidense ha empezado a debatir cuestiones básicas en relación al tipo de sociedad que desea –gracias, en parte, a su propia candidatura, aunque también debido a la magnitud de la actual crisis financiera– así, también, lo están haciendo los pueblos latinoamericanos.
“De hecho, el debate sobre una sociedad justa se ha dado en Latinoamérica a lo largo de más de una década y la mayoría opta, como usted y muchos de nosotros en Estados Unidos, por la esperanza y el cambio. Como académicos con un compromiso personal y profesional con el desarrollo y la democracia en Latinoamérica, tenemos la esperanza de que en su presidencia Estados Unidos se pueda convertir en un aliado, y no en un adversario, de los cambios positivos que ya se están llevando a cabo en el hemisferio.
“El actual ímpetu en favor del cambio en Latinoamérica es un rechazo al modelo de crecimiento económico que se ha impuesto en la mayoría de países desde principios de los años 80; un modelo que ha resultado en la concentración de la riqueza, que ha confiado, sin éxito, en las fuerzas del mercado, sin restricción alguna para resolver los profundos problemas sociales, y que ha socavado el bienestar humano. El actual rechazo de este modelo cuenta con una base amplia y democrática. De hecho, los movimientos contemporáneos para el cambio en América Latina reflejan una participación significativamente mayor de trabajadores y campesinos, mujeres, afrodescendientes y pueblos indígenas; en dos palabras, movimientos de base.
“Esos movimientos están llegando al poder, uno detrás de otro. No son ni títeres, ni están cegados por el fanatismo y la ideología, como los pintan las caricaturescas descripciones de algunos expertos. Al contrario, estos movimientos merecen nuestro respeto, amistad y apoyo.
“Los latinoamericanos con frecuencia han visto a Estados Unidos no como un amigo, sino más bien como un opresor; el garante de un sistema económico internacional que funciona en contra, y no en favor de ellos, la verdadera antítesis de la esperanza y el cambio. El gobierno de Bush ha empeorado la situación y el prestigio de Estados Unidos en la región se encuentra a niveles históricamente bajos. La tendencia de Washington de luchar en contra de la esperanza y el cambio ha sido especialmente prominente en las recientes respuestas de Estados Unidos a los gobiernos democráticamente electos de Venezuela y Bolivia. Los sentimientos antiestadunidenses son fuertes, pero la historia demuestra que dichos sentimientos pueden cambiar. En los años 30, luego de dos décadas de conflicto en la región, Estados Unidos juró no intervenir y adoptó una Política del Buen Vecino. No por coincidencia, esa fue la época de mayor armonía en la historia de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. En los años 40, casi todos los países de la región se convirtieron en nuestros aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Esto puede suceder una vez más.
“Existen muchos otros retos también. Colombia, el principal foco de la política del gobierno de Bush, es actualmente el escenario de la segunda crisis humanitaria más notable en el mundo, con 4 millones de personas desterradas internamente. Su gobierno, el cual criminaliza hasta las protestas pacíficas, busca una extensión de las políticas de comercio libre, en contra de las cuales gran parte del hemisferio está reaccionando ya. Cuba ha iniciado un proceso de transición que debería ser apoyado de manera positiva, como, por ejemplo, a través del dialogo por el cual usted aboga. Decenas de miles de mexicanos y centroamericanos migran para buscar trabajo en Estados Unidos, donde su poder laboral es de gran necesidad, pero su presencia es denigrada por un público que se ha opuesto siempre, desde que comenzó el desarrollo de las encuestas de opinión en los años 30, a la inmigración desde cualquier parte del mundo.
Rechazo a construir muros
“La forma de abordar el tema de la inmigración no es construyendo un gigantesco muro, sino más bien, Estados Unidos debería apoyar un desarrollo con mayor equidad en México y Centroamérica y, de hecho, a lo largo de toda la región. Además, Estados Unidos debe reconsiderar su política de control de drogas, que simplemente no ha funcionado y ha sido parte del problema de violencia política, especialmente en México, Colombia y Perú. Estados Unidos también debe renovar su apoyo activo en favor de los derechos humanos en la región. Desafortunadamente, en los ojos de muchos latinoamericanos, Estados Unidos ha llegado a mostrar su apoyo hacia regímenes de desigualdad.
“Finalmente, le imploramos que su gobierno se comprometa al firme apoyo de los derechos constitucionales, incluyendo la libertad académica e intelectual. La mayoría de nosotros es miembro de la Asociación de Estudios Latinoamericanos, la asociación profesional de expertos más grande de la región, y hemos vivido personalmente cómo los intentos del gobierno de Bush por restringir el intercambio académico con Cuba han resultado contraproducentes. Esperamos poder tener una pronta oportunidad para discutir éstos y otros temas relacionados con América Latina en su gobierno.
“Nuestra esperanza es que usted tome la oportunidad de inaugurar un nuevo periodo de entendimiento y colaboración para el bienestar del hemisferio. Lo que nosotros solicitamos es cambio, y no sólo en Estados Unidos”.
Atentamente
Para ver el listado:
Ver listado completo
Enlace a Rebelión
Cumbre Iberoamericana declaró las "exequias del neoliberalismo"
Claudia Herrera Beltrán
Muchas veces responsabilizados de las crisis económicas por no seguir la ortodoxia financiera, presidentes reunidos en la Cumbre Iberoamericana esta vez alzaron la voz para declarar las “exequias” del neoliberalismo y exigir su participación en el diseño de la nueva arquitectura económica y de sus instituciones. En la primera discusión plenaria que se prolongó hasta la tarde por el interés mostrado por los mandatarios respecto de este problema, destacaron dos visiones. Una mayoría que con matices planteó reformar el sistema actual, que encabezó Rafael Correa, quien demandó poner “en el cesto de la basura las instituciones que no sirven” y puso sobre la mesa la propuesta de crear un banco y una moneda regional única para dejar de pagar “tributo señorial” en dólares.
Con la presencia de 19 de los 22 presidentes de Iberoamérica en el Centro Internacional de Ferias y Convenciones, cita a la que finalmente no llegó el venezolano, Hugo Chavez, el tema dominante volvió a ser la depresión financiera internacional. Esta vez no hubo tiempo para polémicas del tipo “por qué no te callas” del año pasado.
El espectro de posturas fue amplio. De un lado el presidente de México, Felipe Calderón, rechazó el “proteccionismo comercial” y del otro, el mandatario de Bolivia, Evo Morales, pidió no salvar el capitalismo a costa de los pobres.
Pero todos coincidieron en demandar un vuelco en el sistema económico. De hecho, en la edición 18 de la cumbre, el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, marcó la pauta de la reunión al responsabilizar a los países desarrollados de la crisis financiera, y advirtió que las naciones pobres “son víctimas y no culpables”, razón por la cual deben participar en este proceso.
Planteó a sus homólogos la necesidad de “recuperar el papel del Estado, marginado por las tesis del Consenso de Washington” y pidió responder a la crisis con más integración, más comercio justo y menos subsidios.
Tras aclarar que prefería llamar las cosas por su nombre, la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, fue la primera en declarar el fracaso del modelo neoliberal “que se creía indestructible”, y luego el dominicano Leonel Fernández, se adhirió a esta postura al hablar de las “exequias” del neoliberalismo.
La presidenta argentina coincidió con su “amigo” Lula. “Ya no es el efecto tequila, o el caipiriña, es el jazz. Tiene su origen en el mismo centro de construcción. Lo menos que podemos exigir es que se asuma ese fracaso para generar la formación de instrumentos alternativos” que permitan el flujo de créditos, agregó Fernández, al señalar que su creencia en “el papel insustituible del Estado” no es ideológica “sino pragmática”.
La política argentina aprovechó el foro para defender su decisión de estatizar el sistema de pensiones, que le ha significado severas críticas, incluida la del presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero –presente en la cumbre– debido al impacto que tendrá para empresas financieras y bancos españoles.
A diferencia de los presidentes de México y de Brasil –que no aludieron a la futura reunión en Washington a la que fueron invitados por George W. Bush– la mandataria anunció que acudirá al “ojo del huracán de la tormenta” para abogar por instituciones financieras internacionales más democráticas y gobernables.
Antes, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, y el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, apuraron a reformar el Fondo Monetario Internacional; la chilena pidió democratizarlo, porque están subrepresentados países como Brasil, China y Rusia.
En la sesión vespertina, Correa resumió las intervenciones de los mandatarios en dos visiones: la que busca mantener o “parchar” el sistema y la que se propone crear uno nuevo y “mientras más rápido podamos tirar aquello mejor”.
Para ello propuso crear un Banco de Desarrollo del Sur análogo al Banco Mundial y un fondo de reserva común en América Latina para dejar de financiar al Primer Mundo, que cuando da préstamos “pone de rodillas” a los países subdesarrollados.
Precisamente en El Salvador, donde se sustituyó la moneda local por el dólar, llamó a dejar de hacer transacciones en dólares y pidió a los países que tengan “cuidado con la desesperación”, porque algunos ya han despreciado su moneda.
La cumbre tuvo su toque mexicano. Además de las canciones de Granada y El Carbonero que interpretó el cantante Alejandro Fernández en la inauguración y que hicieron cantar a algunos presidentes, el gobierno mexicano aportó –según la prensa salvadoreña– algunos escáners que reforzaron el fuerte dispositivo de seguridad policial y militar que protege a los mandatarios.
El País
Muchas veces responsabilizados de las crisis económicas por no seguir la ortodoxia financiera, presidentes reunidos en la Cumbre Iberoamericana esta vez alzaron la voz para declarar las “exequias” del neoliberalismo y exigir su participación en el diseño de la nueva arquitectura económica y de sus instituciones. En la primera discusión plenaria que se prolongó hasta la tarde por el interés mostrado por los mandatarios respecto de este problema, destacaron dos visiones. Una mayoría que con matices planteó reformar el sistema actual, que encabezó Rafael Correa, quien demandó poner “en el cesto de la basura las instituciones que no sirven” y puso sobre la mesa la propuesta de crear un banco y una moneda regional única para dejar de pagar “tributo señorial” en dólares.
Con la presencia de 19 de los 22 presidentes de Iberoamérica en el Centro Internacional de Ferias y Convenciones, cita a la que finalmente no llegó el venezolano, Hugo Chavez, el tema dominante volvió a ser la depresión financiera internacional. Esta vez no hubo tiempo para polémicas del tipo “por qué no te callas” del año pasado.
El espectro de posturas fue amplio. De un lado el presidente de México, Felipe Calderón, rechazó el “proteccionismo comercial” y del otro, el mandatario de Bolivia, Evo Morales, pidió no salvar el capitalismo a costa de los pobres.
Pero todos coincidieron en demandar un vuelco en el sistema económico. De hecho, en la edición 18 de la cumbre, el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, marcó la pauta de la reunión al responsabilizar a los países desarrollados de la crisis financiera, y advirtió que las naciones pobres “son víctimas y no culpables”, razón por la cual deben participar en este proceso.
Planteó a sus homólogos la necesidad de “recuperar el papel del Estado, marginado por las tesis del Consenso de Washington” y pidió responder a la crisis con más integración, más comercio justo y menos subsidios.
Tras aclarar que prefería llamar las cosas por su nombre, la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, fue la primera en declarar el fracaso del modelo neoliberal “que se creía indestructible”, y luego el dominicano Leonel Fernández, se adhirió a esta postura al hablar de las “exequias” del neoliberalismo.
La presidenta argentina coincidió con su “amigo” Lula. “Ya no es el efecto tequila, o el caipiriña, es el jazz. Tiene su origen en el mismo centro de construcción. Lo menos que podemos exigir es que se asuma ese fracaso para generar la formación de instrumentos alternativos” que permitan el flujo de créditos, agregó Fernández, al señalar que su creencia en “el papel insustituible del Estado” no es ideológica “sino pragmática”.
La política argentina aprovechó el foro para defender su decisión de estatizar el sistema de pensiones, que le ha significado severas críticas, incluida la del presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero –presente en la cumbre– debido al impacto que tendrá para empresas financieras y bancos españoles.
A diferencia de los presidentes de México y de Brasil –que no aludieron a la futura reunión en Washington a la que fueron invitados por George W. Bush– la mandataria anunció que acudirá al “ojo del huracán de la tormenta” para abogar por instituciones financieras internacionales más democráticas y gobernables.
Antes, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, y el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, apuraron a reformar el Fondo Monetario Internacional; la chilena pidió democratizarlo, porque están subrepresentados países como Brasil, China y Rusia.
En la sesión vespertina, Correa resumió las intervenciones de los mandatarios en dos visiones: la que busca mantener o “parchar” el sistema y la que se propone crear uno nuevo y “mientras más rápido podamos tirar aquello mejor”.
Para ello propuso crear un Banco de Desarrollo del Sur análogo al Banco Mundial y un fondo de reserva común en América Latina para dejar de financiar al Primer Mundo, que cuando da préstamos “pone de rodillas” a los países subdesarrollados.
Precisamente en El Salvador, donde se sustituyó la moneda local por el dólar, llamó a dejar de hacer transacciones en dólares y pidió a los países que tengan “cuidado con la desesperación”, porque algunos ya han despreciado su moneda.
La cumbre tuvo su toque mexicano. Además de las canciones de Granada y El Carbonero que interpretó el cantante Alejandro Fernández en la inauguración y que hicieron cantar a algunos presidentes, el gobierno mexicano aportó –según la prensa salvadoreña– algunos escáners que reforzaron el fuerte dispositivo de seguridad policial y militar que protege a los mandatarios.
El País
Etiquetas:
Capitalismo del desastre,
Neoliberalismo
sábado, 25 de octubre de 2008
Crisis y fin del "Libertarianismo"
El crack financiero demuestra que su ideología carece de sentido
Jacob Weisber
Slate Magazine
Una forma de diversión liviana en plena carnicería financiera ha sido ver cómo los ultraliberales, fundamentalistas del mercado, o neocon [llamados en el texto original 'liberales libertarios' y "Libertiaranism"] se apresuran a explicar que la crisis financiera global se debe a una excesiva intervención gubernamental, en lugar de insuficiente. Uno de los argumentos consiste en culpar a la Community Reinvestment Act [Ley de Reinversión Comunitaria], que impide a los bancos poner 'en la lista negra' a los barrios de minorías, negándoles el crédito. Otra teoría acusa a Fannie Mae y Freddie Mac de haber provocado la situación al haber subsidiado y garantizado hipotecas con un aval implícito del Gobierno. Una tesis alternativa sostiene que los anteriores rescates financieros animaron a los inversores a actuar temerariamente, contando con un ulterior rescate pagado por los contribuyentes.
Existen diversas réplicas a estas afirmaciones, y también contrarréplicas. Pero, resumiendo, los apologistas del ultraliberalismo están muy lejos de proporcionar una explicación convincente sobre qué ha fallado. Toda su argumentación recuerda a los cansinos debates de colegio mayor que proliferaron hacia 1989 acerca de si la caída de la Unión Soviética demostraba el fracaso del comunismo. Los marxistas académicos no estaban dispuestos a admitir que lo que sucedía en el mundo real pudiese invalidar su sistema de creencias. Utópicos de derechas, fundamentalistas del mercado están igualmente convencidos de que sus ideas todavía no se han puesto en práctica, y que funcionarían maravillosamente si la Historia de la Humanidad pudiese comenzar de nuevo. Como todos los auténticos ideólogos, siempre encuentran el modo de interpretar las crecientes evidencias de su error como pruebas de que llevaban toda la razón.
Ante esto, los demás sólo podemos responder: "¿Es que no habéis causado ya bastante daño?" Hemos escapado a duras penas a una depresión global y, felizmente, sólo nos encaminamos a la peor recesión en mucho tiempo. Y ello gracias a la debacle financiera global provocada por las ideas ultraliberales. Me falta paciencia para rebatir la noción de que averiguar cómo nos hemos metido en este lío es de algún modo intolerablemente perverso y fútil —que es la postura de Sarah Palin respecto al calentamiento global—. Cualquier investigación competente de la policía científica debería situar la teoría de los ultras de los mercados financieros autorregulados en la escena del crimen.
Más concretamente: en 1997 y 1998, la economía global se vio azotada por una serie de crisis financieras en cascada en Asia, América Latina y Rusia. El momento más alarmante fue tal vez la quiebra de un fondo de cobertura de riesgo llamado Long-Term Capital Management (LTMC), que amenazó la solvencia de las instituciones financieras que funcionaban como contrapartida para sus contratos de derivados, muy al estilo de Bear Stearns o Lehman Brothers este año. Tras el colapso de LTCM, se hizo del todo evidente, para cualquiera que prestase atención a esta cuestión por desgracia esotérica, que la desregulación de los derivados del mercado crediticio constituía un riesgo para el sistema financiero global, y que la supervisión y el establecimiento de algún tipo de límites eran medidas aconsejables. Se trataba de un problema muy preocupante y muy aburrido, una combinación peligrosa.
Como sucediera con los errores gubernamentales que hicieron posible el 11-S, la incapacidad para prevenir el crack de 2008 ha sido un pecado de omisión —debido menos a la desregulación en sí que a una falta de creencia en la regulación financiera como mecanismo legítimo—. En cualquier momento desde 1998 en adelante, Bill Clinton, George W. Bush, diversos miembros de sus Administraciones y una serie de líderes del Congreso con autoridad para la supervisión podrían haber alzado la voz para decir: "Oye, creo que corremos peligro y necesitamos unas cuantas reglas adicionales". El Washington Post ha sacado un excelente artículo esta semana sobre cómo se desbarató un intento de regular los derivados crediticios. Si los defensores de una regulación prudente hubieran sido más eficaces, se habría aprovechado una excelente oportunidad para evitar que la debacle de las hipotecas subprime [de alto riesgo] se convirtiese en un infierno financiero galopante.
Utópicos de derechas, los neocon están igualmente convencidos de que sus ideas todavía no se han puesto en práctica, y que funcionarían maravillosamente si la Historia empezara de nuevo
Hay mucha culpa que repartir, pero no se trató simplemente de un fallo colectivo. Tres altos cargos gubernamentales, más que ningún otro, son responsables de haber evitado una política eficaz de regulación durante un periodo de varios años. Alan Greenspan, el oráculo y ex presidente de la Reserva Federal; Phil Gramm, el despiadado ex presidente de la comisión de banca del Senado; y Christopher Cox, el presidente de la Comisión de Intercambio de Valores (CIV), que no ha pedido disculpas. Cúlpese a Greenspan por argumentar que el explosivo comercio con derivados era una forma benigna de protección frente al riesgo. Cúlpese a Gramm por asegurarse de que los derivados quedasen excluidos de la Ley de Modernización de Productos a Futuro, que él mismo sacó adelante en el Congreso en el año 2000. Cúlpese a Cox de abogar por la política de Bush de regulación 'voluntaria' de bancos de inversión en la CIV.
A Cox y a Gramm, en particular, se les acusa a menudo de estar en manos de la industria del comercio de valores. Eso no es del todo justo: ellos adoptaron posturas contrarias al intervencionismo por su filosofía política, que sostiene que los mercados siempre llevan razón y los Gobiernos siempre hacen mal en inmiscuirse. Comparten con Greenspan, el único miembro del trío en definirse abiertamente como ultraliberal, una profunda aversión por toda vulneración del derecho a comprar y vender. Esta creencia, que George Soros denomina 'fundamentalismo de mercado', es la mejor explicación de cómo la tendencia natural a volvernos permisivos con la normativa de regulación crediticia en un momento de prosperidad ha generado una calamidad global que se ha propagado tanto y tan rápidamente.
Lo mejor que se puede decir de estos fundamentalistas es que, como sus opiniones derivan de una teoría abstracta, tienden a ser gente de principios y rigurosa en su lógica. Los que están fuera del Gobierno, en sitios como el Cato Institute y la revista Reason, son tan coherentes en su oposición a los rescates gubernamentales como en su idea del tipo de regulación que habría evitado que ésta sea ahora necesaria. 'Dejad que quiebren los bancos en quiebra' es la fórmula de los puristas. Este punto de vista constituiría una estupenda lección de responsabilidad personal, creando miles de nuevos puestos de trabajo en las empresas proveedoras de alimentación benéfica y asistencial.
Lo peor que puede decirse de los ultraliberales es que son intelectualmente inmaduros, que están anclados a una visión del mundo que muchos de ellos sacaron de la lectura en sus años de instituto de las novelas de Ayn Rand. Como otros ideólogos, reaccionan al hecho de que el mundo no responda a su modelo preguntándose en qué punto se extravió la marcha del mundo. Su concepción heroica del capitalismo hace que les resulte difícil aceptar que los mercados pueden ser irracionales, malinterpretar los riesgos y asignar ineficazmente los recursos, o que los sistemas financieros, sin una enérgica supervisión gubernamental y una capacidad de intervención pragmática, constituyen una receta para el desastre. Están en bancarrota y, esta vez, no habrá rescate.
(Traducción: NGA)
Enlace a texto original
Vía Rebelión
Jacob Weisber
Slate Magazine
Una forma de diversión liviana en plena carnicería financiera ha sido ver cómo los ultraliberales, fundamentalistas del mercado, o neocon [llamados en el texto original 'liberales libertarios' y "Libertiaranism"] se apresuran a explicar que la crisis financiera global se debe a una excesiva intervención gubernamental, en lugar de insuficiente. Uno de los argumentos consiste en culpar a la Community Reinvestment Act [Ley de Reinversión Comunitaria], que impide a los bancos poner 'en la lista negra' a los barrios de minorías, negándoles el crédito. Otra teoría acusa a Fannie Mae y Freddie Mac de haber provocado la situación al haber subsidiado y garantizado hipotecas con un aval implícito del Gobierno. Una tesis alternativa sostiene que los anteriores rescates financieros animaron a los inversores a actuar temerariamente, contando con un ulterior rescate pagado por los contribuyentes.
Existen diversas réplicas a estas afirmaciones, y también contrarréplicas. Pero, resumiendo, los apologistas del ultraliberalismo están muy lejos de proporcionar una explicación convincente sobre qué ha fallado. Toda su argumentación recuerda a los cansinos debates de colegio mayor que proliferaron hacia 1989 acerca de si la caída de la Unión Soviética demostraba el fracaso del comunismo. Los marxistas académicos no estaban dispuestos a admitir que lo que sucedía en el mundo real pudiese invalidar su sistema de creencias. Utópicos de derechas, fundamentalistas del mercado están igualmente convencidos de que sus ideas todavía no se han puesto en práctica, y que funcionarían maravillosamente si la Historia de la Humanidad pudiese comenzar de nuevo. Como todos los auténticos ideólogos, siempre encuentran el modo de interpretar las crecientes evidencias de su error como pruebas de que llevaban toda la razón.
Ante esto, los demás sólo podemos responder: "¿Es que no habéis causado ya bastante daño?" Hemos escapado a duras penas a una depresión global y, felizmente, sólo nos encaminamos a la peor recesión en mucho tiempo. Y ello gracias a la debacle financiera global provocada por las ideas ultraliberales. Me falta paciencia para rebatir la noción de que averiguar cómo nos hemos metido en este lío es de algún modo intolerablemente perverso y fútil —que es la postura de Sarah Palin respecto al calentamiento global—. Cualquier investigación competente de la policía científica debería situar la teoría de los ultras de los mercados financieros autorregulados en la escena del crimen.
Más concretamente: en 1997 y 1998, la economía global se vio azotada por una serie de crisis financieras en cascada en Asia, América Latina y Rusia. El momento más alarmante fue tal vez la quiebra de un fondo de cobertura de riesgo llamado Long-Term Capital Management (LTMC), que amenazó la solvencia de las instituciones financieras que funcionaban como contrapartida para sus contratos de derivados, muy al estilo de Bear Stearns o Lehman Brothers este año. Tras el colapso de LTCM, se hizo del todo evidente, para cualquiera que prestase atención a esta cuestión por desgracia esotérica, que la desregulación de los derivados del mercado crediticio constituía un riesgo para el sistema financiero global, y que la supervisión y el establecimiento de algún tipo de límites eran medidas aconsejables. Se trataba de un problema muy preocupante y muy aburrido, una combinación peligrosa.
Como sucediera con los errores gubernamentales que hicieron posible el 11-S, la incapacidad para prevenir el crack de 2008 ha sido un pecado de omisión —debido menos a la desregulación en sí que a una falta de creencia en la regulación financiera como mecanismo legítimo—. En cualquier momento desde 1998 en adelante, Bill Clinton, George W. Bush, diversos miembros de sus Administraciones y una serie de líderes del Congreso con autoridad para la supervisión podrían haber alzado la voz para decir: "Oye, creo que corremos peligro y necesitamos unas cuantas reglas adicionales". El Washington Post ha sacado un excelente artículo esta semana sobre cómo se desbarató un intento de regular los derivados crediticios. Si los defensores de una regulación prudente hubieran sido más eficaces, se habría aprovechado una excelente oportunidad para evitar que la debacle de las hipotecas subprime [de alto riesgo] se convirtiese en un infierno financiero galopante.
Utópicos de derechas, los neocon están igualmente convencidos de que sus ideas todavía no se han puesto en práctica, y que funcionarían maravillosamente si la Historia empezara de nuevo
Hay mucha culpa que repartir, pero no se trató simplemente de un fallo colectivo. Tres altos cargos gubernamentales, más que ningún otro, son responsables de haber evitado una política eficaz de regulación durante un periodo de varios años. Alan Greenspan, el oráculo y ex presidente de la Reserva Federal; Phil Gramm, el despiadado ex presidente de la comisión de banca del Senado; y Christopher Cox, el presidente de la Comisión de Intercambio de Valores (CIV), que no ha pedido disculpas. Cúlpese a Greenspan por argumentar que el explosivo comercio con derivados era una forma benigna de protección frente al riesgo. Cúlpese a Gramm por asegurarse de que los derivados quedasen excluidos de la Ley de Modernización de Productos a Futuro, que él mismo sacó adelante en el Congreso en el año 2000. Cúlpese a Cox de abogar por la política de Bush de regulación 'voluntaria' de bancos de inversión en la CIV.
A Cox y a Gramm, en particular, se les acusa a menudo de estar en manos de la industria del comercio de valores. Eso no es del todo justo: ellos adoptaron posturas contrarias al intervencionismo por su filosofía política, que sostiene que los mercados siempre llevan razón y los Gobiernos siempre hacen mal en inmiscuirse. Comparten con Greenspan, el único miembro del trío en definirse abiertamente como ultraliberal, una profunda aversión por toda vulneración del derecho a comprar y vender. Esta creencia, que George Soros denomina 'fundamentalismo de mercado', es la mejor explicación de cómo la tendencia natural a volvernos permisivos con la normativa de regulación crediticia en un momento de prosperidad ha generado una calamidad global que se ha propagado tanto y tan rápidamente.
Lo mejor que se puede decir de estos fundamentalistas es que, como sus opiniones derivan de una teoría abstracta, tienden a ser gente de principios y rigurosa en su lógica. Los que están fuera del Gobierno, en sitios como el Cato Institute y la revista Reason, son tan coherentes en su oposición a los rescates gubernamentales como en su idea del tipo de regulación que habría evitado que ésta sea ahora necesaria. 'Dejad que quiebren los bancos en quiebra' es la fórmula de los puristas. Este punto de vista constituiría una estupenda lección de responsabilidad personal, creando miles de nuevos puestos de trabajo en las empresas proveedoras de alimentación benéfica y asistencial.
Lo peor que puede decirse de los ultraliberales es que son intelectualmente inmaduros, que están anclados a una visión del mundo que muchos de ellos sacaron de la lectura en sus años de instituto de las novelas de Ayn Rand. Como otros ideólogos, reaccionan al hecho de que el mundo no responda a su modelo preguntándose en qué punto se extravió la marcha del mundo. Su concepción heroica del capitalismo hace que les resulte difícil aceptar que los mercados pueden ser irracionales, malinterpretar los riesgos y asignar ineficazmente los recursos, o que los sistemas financieros, sin una enérgica supervisión gubernamental y una capacidad de intervención pragmática, constituyen una receta para el desastre. Están en bancarrota y, esta vez, no habrá rescate.
(Traducción: NGA)
Enlace a texto original
Vía Rebelión
Etiquetas:
Capitalismo del desastre,
Crisis Financiera
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)