Noam Chomsky
Las esperanzas y perspectivas para la paz no estaban bien fundadas ni de lejos. La tarea consiste en afinarlas. Presumiblemente fuera ése el intento de la comisión del Premio Nobel de la Paz al elegir al presidente Barack Obama. El premio “parecía una suerte de plegaria e impulso de la comisión del Nobel a un liderazgo estadounidense más consensuado”, tal y como escribieron Steven Erlanger y Cerril Gay Stolberg en The New York Times. La naturaleza de la transición Bush-Obama radica directamente en la probabilidad de que las plegarias y los ánimos puedan implicar algún progreso.
Las preocupaciones de la comisión del Nobel eran válidas. Escogían la retórica de Obama en punto a la reducción del armamento nuclear. Precisamente ahora las pretensiones nucleares de Irán dominan los titulares. Las advertencias son que Irán puede estar ocultando algo a la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA) y violando la Resolución 1887 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada el mes pasado y jaleada como una victoria de los esfuerzos de Obama por contener a Irán. Significativamente, el debate sigue sobre si la reciente decisión de Obama de reconfigurar los sistemas de defensa de misiles en Europa es una capitulación ante los rusos o un pragmático paso adelante en la defensa de Occidente ante un ataque nuclear iraní.
El silencio es a menudo más elocuente que el más atronador de los clamores, de modo que atendamos a aquello que permanece implícito.
En pleno furor sobre la doblez iraní, la IAEA aprobó una resolución en que exhortaba a Israel a suscribir el Tratado de no proliferación nuclear (NPT) y abrir sus instalaciones nucleares a su inspección. Los Estados Unidos y Europa intentaron bloquear la resolución, pero ésta salió adelante de todos modos. Los medios de comunicación obviaron en la práctica el acontecimiento. Los Estados Unidos aseguraron a Israel su apoyo al rechazo de la resolución, reiterando un acuerdo secreto que ha permitido a Israel mantener su arsenal nuclear a resguardo de las inspecciones internacionales, según funcionarios habituados a esos arreglos. De nuevo los medios de comunicación permanecieron en silencio.
Los funcionarios indios saludaron la Resolución 1887 de la ONU con el anuncio de que la India “puede construir ahora armas nucleares del mismo poder destructivo que los arsenales con mayor poder nuclear del mundo”, según informó Financial Times. Tanto la India como Pakistán están aumentando sus programas de armamento nuclear. Han estado por dos veces cerca de la guerra nuclear, y los problemas que a punto han estado de encender la catástrofe permanecen vivos en gran medida.
Obama saludó la Resolución 1887 de modo distinto. El día antes de que se le concediera el premio Nobel por su compromiso con el estímulo de la paz, el Pentágono anunciaba que estaba acelerando la distribución de las más letales armas no nucleares en su arsenal: 13 toneladas de bombas para bombarderos sigilosos B-2 y B-52, diseñadas para destruir búnkeres ocultos en profundidades y protegidos por 10.000 libras de hormigón. No es ningún secreto que esos cazadores de búnkeres podrían emplearse contra Irán. Los planes por tales “destructores de artillería masiva” empezaron en los años de Bush, pero languidecieron hasta que Obama hizo un llamamiento a desarrollarlos más rápidamente cuando llegó al poder.
Unánimemente aprobada, la Resolución 1887 exhorta a poner fin a las amenazas de fuerza y a la firma por todos los países del NPT, como hiciera Irán hace años. Quienes no lo han firmado son la India, Israel y Pakistán y todos ellos han desarrollado armas nucleares con la ayuda de los EEUU, violando el NPT. A diferencia de los Estados Unidos, Israel y la India (que ocupa brutalmente Cachemira), Irán no ha invadido a ningún otro país desde hace centenares de años. La amenaza de Irán es minúscula. Si tuviera armas nucleares y sistemas de transporte para utilizarlos, el país sería desintegrado. El analista estratégico Leonard Weiss apunta que creer que Irán vaya a utilizar armamento nuclear para atacar a Israel o a cualquier otro “es tanto como asumir que los líderes iraníes están locos” y que están deseando ser reducidos a “polvo radioactivo”, y añade que los submarinos portamisiles de Israel son “prácticamente impermeables a los ataques militares preventivos”, por no hablar del inmenso arsenal estadounidense.
En sus maniobras navales de julio, Israel envió sus submarinos Dolphin, capaces de transportar misiles nucleares al mar rojo a través del Canal de Suez, a veces acompañados de buques de guerra, a una posición desde donde podrían atacar a Irán, ya que tienen el “derecho de soberanía” para hacerlo, según el vicepresidente de los EEUU, Joe Biden.
No es la primera vez que se cubre con un velo de silencio lo que aparecería en titulares de portada en sociedades que valoraran su libertad y se preocuparan por el destino del mundo. El régimen iraní es duro y represivo y persona humana alguna quiere que Irán o cualquier otro disponga de armamento nuclear. Pero un mínimo de honestidad no haría daño al tratar estos problemas. Al Premio Nobel de la Paz, huelga decirlo, no le interesa sólo la reducción de la amenaza de una guerra nuclear terminal, sino más bien la guerra en general y la preparación para ésta. En lo tocante a esto, la selección de Obama produce sorpresa, no menor en Irán, rodeado de ejércitos de ocupación estadounidenses.
En las fronteras de Afganistán y Pakistán, Obama ha intensificado la guerra de Bush y es probable que prosiga ese camino, quizás con dureza. Obama ha dejado claro que los Estados Unidos proyectan a largo plazo un despliegue mayor en la región. Lo indica suficientemente esa enorme ciudad dentro de la ciudad llamada la embajada de Bagdad, distinta de cualquier otra embajada del mundo. Obama ha anunciado la construcción de macroembajadas en Islamabad y Kabul y consulados enormes en Peshawar y en todas partes.
Informes independientes sobre presupuestos y controles de seguridad para el ejecutivo sostienen que la demanda de la “administración de 538.000 millones de dólares para el Departamento de Defensa en el año fiscal 2010 y su acreditada intención de mantener un nivel alto de financiación en los próximos años colocan al presidente en el camino de gastar más en defensa, en dólares reales, que cualquier otro presidente en un solo mandato desde la Segunda Guerra Mundial”. “Y no se contabilizan los 130.000 millones adicionales que la administración ha solicitado para financiar las guerras de Iraq y Afganistán durante el próximo año, lo que supondrá un gasto militar previsto para los próximos años aun mayor.”
La comisión del Premio Nobel de la Paz bien podría haber elegido opciones verdaderamente dignas, entre las que destaca la excepcional activista afgana Malalai Joya. Esta valiente mujer sobrevivió a los rusos y después a los islamistas radicales, cuya brutalidad fue tan extrema que la población dio la bienvenida a los talibanes. Joya ha resistido también a los talibanes y ahora al retorno de los señores de la guerra bajo el gobierno de Karzai. Durante todo este tiempo, Joya ha trabajado concienzudamente por los derechos humanos, especialmente por los de las mujeres; ha sido elegida al parlamento y posteriormente expulsada por seguir denunciando las atrocidades de los señores de la guerra. Actualmente vive bajo gran protección, pero prosigue el combate, de palabra y de hecho. Mediante acciones así, repetidas en todas partes lo mejor que podamos, las expectativas de paz se acercan lentamente a las esperanzas.
Noam Chomsky, el intelectual vivo más citado y figura emblemática de la resistencia antiimperialista mundial, es profesor emérito de lingüística en el Instituto de Tecnología de Massachussets en Cambridge y autor del libro Imperial Ambitions: Conversations on the Post-9/11 World.
Traducción para www.sinpermiso.info: Daniel Escribano
Fuente: http://www.inthesetimes.com/article/5134/war_peace_and_obamas_nobel/
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lunes, 16 de noviembre de 2009
martes, 11 de agosto de 2009
Cómo el capitalismo se salva a sí mismo durante las crisis
Manuel Freytas
IAR Noticias, Rebelion
De una forma brutal (y todavía sin resistencia social) el sistema capitalista (Estado y empresas privadas) descarga el costo del colapso recesivo económico (la crisis) sobre el sector asalariado (fuerza laboral masiva) y la masa más desprotegida y mayoritaria de la sociedad (población pobre con limitados recursos de supervivencia), por medio de los despidos laborales y la reducción del gasto social ("ajustes"), que incrementan los niveles sociales de precariedad económica y de exclusión masiva del mercado laboral.
En este proceso de "sobreexplotación capitalista" (que retrocede las conquistas sociales y sindicales a estadios inferiores) se explica el mantenimiento de la rentabilidad empresarial (ganancias capitalistas) mientras la economía mundial se desploma por efectos de la crisis recesiva global.
La crisis hipotecaria en EEUU, primero, la irradiación de la crisis a los mercados financieros globales, después, la baja de exportaciones e importaciones con caída del consumo y despidos laborales, luego, terminaron de configurar un proceso económico-recesivo que amenaza con arrasar los cimientos del modelo de explotación capitalista vigente a escala global.
Desde que estallara el colapso bancario y bursátil en septiembre de 2008, el sistema nunca pudo recuperarse, y finalmente la crisis de la "economía de papel" terminó impactando en la "economía real", primero en las metrópolis imperiales de EEUU y Europa, extendiéndose luego por toda la periferia "subdesarrollada" y "emergente" de Asia, África y América Latina.
No obstante las "señales optimistas" que lanzan Obama y las autoridades europeas, los propios datos oficiales prevén que, con los mercados de crédito paralizados, en los próximos meses más empresas ingresen en un proceso de bancarrota y anuncien nuevos despidos (sumados a los ya existentes), y los consumidores se ajusten aún más el cinturón, a medida que la ausencia de crédito afecta su capacidad de endeudamiento.
Pero la llamada "crisis" tiene claramente dos lecturas paralelas: Por un lado, los pulpos financieros de Wall Street y las bolsas mundiales, reciclan una nueva "burbuja" ganancial, no ya con dinero especulativo proveniente del sector privado, sino con fondos públicos (de los impuestos pagados por toda la sociedad), puestos compulsivamente al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista con la crisis.
Mientras el proceso inflacionario-recesivo desatado desde las economías centrales (EEUU y Europa) ya genera hambre, pobreza y devaluación acentuada del poder adquisitivo de las mayorías a escala planetaria, un selecto grupo de mega-empresas y multimillonarios multiplican a escala sideral sus activos empresariales y sus fortunas personales.
Simultáneamente, la economía real del Imperio y de las potencias centrales colapsa en todas sus variables, y los sectores más desprotegidos ya sufren los "ajustes" mientras una crisis social, todavía de efectos imprevisibles, asoma de la mano de los despidos masivos en Europa y EEUU.
Está claro entonces que lo que es "crisis" para unos (los despedidos y los sectores más desprotegidos de la sociedad), resulta "burbuja ganancial" para otros (el capitalismo financiero que desató la crisis con la economía del apalancamiento especulativo).
Los que se benefician con la crisis
El actual proceso económico recesivo prueba nuevamente que durante las crisis los consorcios directrices del sistema capitalista descargan ( y trasladan) sus "pérdidas" al conjunto de la sociedad mientras concentran ganancias privadas dentro de un nuevo ciclo económico.
Desde el desenlace de la crisis financiera, septiembre de 2008, el sistema capitalista central (EEUU-potencias del euro) ensayó tres formas combinadas para "trasladar" la crisis al conjunto de la sociedad:
A) El capitalismo financiero, con el argumento de la "catástrofe económica" utiliza dinero público (de toda la sociedad) para salvar al capitalismo privado y generar un nuevo ciclo financiero de rentabilidad del capital. En este proceso, el peso del costo lo llevan los sectores sociales menos "diversificados" que pagan impuestos a través de sus ingresos y salarios.
B) El capitalismo industrial o comercial, con el argumento de la "catástrofe económica" reduce "costo laboral" despidiendo empleados, reduciendo salarios y suprimiendo beneficios sociales, y "sobreexplotación" de la fuerza que queda ocupada. Achican otros gastos (e inversiones) de la producción para ganar lo mismo produciendo y vendiendo menos, lo que agudiza la recesión y genera más baja del consumo y despidos laborales.
C) Los Estados capitalistas bajan "costo social" por medio de la reducción del gasto público (salud, vivienda, educación, etc) para compensar la merma de la recaudación durante la crisis.
Se trata, en suma, de una "socialización de las pérdidas" para subsidiar un "nuevo ciclo de ganancias privadas" con el Estado como herramienta de ejecución, mediante el cual los megaconsorcios más fuertes (los ganadores de la crisis) se degluten a los más débiles generando un nuevo proceso de reestructuración y concentración del sistema capitalista".
De esta manera, el sistema capitalista (por medio de los Estados y las empresas) descarga el peso de la crisis sobre el sector más débil de la sociedad: Los pobres y los sectores más desprotegidos (que siguen sumando población sobrante) y los asalariados (la fuerza laboral masiva) que sirven como variable de ajuste para la preservación de la rentabilidad capitalista durante la crisis recesiva.
Como contrapartida de los "ajustes salvajes" (con módulo experimental en California) que se avecinan, el Estado USA (con dinero de los impuestos pagados por toda la sociedad) ya utilizó US$ 4 billones destinados al rescate de las entidades y bancos quebrados por la crisis financiera recesiva.
En octubre de 2008, mediante los fondos estatales de "rescate financiero" lanzados por Bush (hoy continuados por Obama), los Estados imperiales USA-UE reciclaron una nueva "burbuja" ganancial no ya con dinero especulativo proveniente del sector privado, sino que ponen compulsivamente los recursos públicos al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista al margen de una ascendente crisis de la economía real que marcha por vía paralela.
Los gigantescos paquetes de estímulo lanzados por los gobiernos han ido a parar a los mercados financieros creando una "burbuja" especulativa que está haciendo subir las bolsas desde hace tres meses, mientras el resto de la economía, principalmente en EEUU y Europa, se desploma.
Los que pagan la crisis
La primer ley histórica del capitalismo es la preservación de la rentabilidad (base de la concentración de riqueza en pocas manos), aún durante las crisis.
De manera tal que, cuando estallan las crisis de "sobreproducción" (por recesión y achicamiento de demanda) el sistema aplica su clásica fórmula para preservar la rentabilidad vendiendo y produciendo menos: Achicamiento de costos.
En esa receta de "achicar costos" sobresalen claramente, en primera línea, los laborales (de las empresas) y los sociales (del Estado) para compensar la falta de ventas y de recaudación fiscal.
En consecuencia (y como ya está probado históricamente): Las empresas mantienen sus rentabilidades, sube la recesión, sube la desocupación, cae el consumo, y se expande la pobreza y la exclusión social.
De acuerdo a la OIT, en 2009 unas 50 millones de personas en todo el mundo podrían perder sus trabajos debido a la crisis económica. Multiplicado por una "familia tipo" (cuatro personas por despedido) esto implica que alrededor de 200 millones de personas serían afectadas por la desocupación en el curso de este año.
Hay una estimación -alimentada por números oficiales- que expresa que la presente crisis recesiva global va a arrojar (como consecuencia de los despidos y del achicamiento del consumo) a más de 1000 millones de personas a la pobreza y a la marginalidad.
Los analistas y periodistas del sistema se preocupan por las pérdidas empresariales y por los efectos de la crisis en los países centrales, obviando que la crisis más aguda del consumo y de la desocupación, tanto en EEUU como en Europa, la sufren los empleados y obreros de baja calificación que están conformando un peligroso bolsón masivo de protestas y conflictos sociales.
Las masas asalariadas (la fuerza laboral mayoritaria) y los sectores más desposeídos de la sociedad (los pobres estructurales) pagan el grueso de la crisis capitalista por medio de los ajustes sociales, despidos, suspensiones, reducción de salarios, supresión de beneficios sociales, abolición de indemnización por despidos, reducción de aportes patronales, etc.
En este escenario, hay un "costo laboral" y un "costo social" de la crisis capitalista que pagan los asalariados y las mayorías más desposeídas.
Refiriéndose al "costo laboral", señala Jorge Altamira: "La resultante (de la crisis) ha sido una fenomenal intensificación del trabajo del personal que siguió ocupado. Otro aspecto es la reducción directa de los salarios, o la reducción de la jornada laboral acompañada por una reducción mayor de los sueldos".
"La cifra oficial de desempleo en EEUU -añade Altamira- es de 9,5% de la población activa, unos veinte millones de trabajadores, pero cuando se añade a las personas que han dejado de buscar trabajo, a las que están obligadas a trabajar menos (6%) y a la población carcelaria -el porcentaje se eleva a los veinte puntos, o sea a cuarenta millones de desempleados".
"Otro elemento fundamental es el recorte en los aportes patronales a la cobertura de salud, que forma parte del llamado "costo laboral", el número de personas sin protección médica ha crecido en forma impresionante", concluye.
Pero, al "costo laboral" que señala Altamira, hay que agregar el "costo social" que pagan los asalariados y pobres s.3a través de las quitas impositivas al salario y a los impuestos que gravan el consumo de alimentos y productos esenciales para la supervivencia.
Las masa más desprotegida y los asalariados "cautivos" pagan la crisis de dos maneras:
1) A través de las cargas fiscales a los salarios (que se le descuentan compulsivamente de su sueldo),
2) a través de los impuestos al consumo (que paga en el momento que compra alimentos o productos gravados para el consumidor).
En este contexto, la masa asalariada (mayoritaria y peor paga) y los pobres, son los mayores perjudicados por la utilización fraudulenta (estafa con el Estado capitalista) de fondos de impuestos públicos para salvar a empresas privadas, ya que no cuentan con los recursos (ahorros y medios capitalistas de supervivencia) de las clases altas o medias altas.
En este cuadro, los ocupados pagan la crisis con su salario y con lo que consumen, mientras que los desocupados y marginados sociales lo hacen a través de los pocos productos que puedan puedan adquirir para su supervivencia inmediata.
IAR Noticias, Rebelion
De una forma brutal (y todavía sin resistencia social) el sistema capitalista (Estado y empresas privadas) descarga el costo del colapso recesivo económico (la crisis) sobre el sector asalariado (fuerza laboral masiva) y la masa más desprotegida y mayoritaria de la sociedad (población pobre con limitados recursos de supervivencia), por medio de los despidos laborales y la reducción del gasto social ("ajustes"), que incrementan los niveles sociales de precariedad económica y de exclusión masiva del mercado laboral.
En este proceso de "sobreexplotación capitalista" (que retrocede las conquistas sociales y sindicales a estadios inferiores) se explica el mantenimiento de la rentabilidad empresarial (ganancias capitalistas) mientras la economía mundial se desploma por efectos de la crisis recesiva global.
La crisis hipotecaria en EEUU, primero, la irradiación de la crisis a los mercados financieros globales, después, la baja de exportaciones e importaciones con caída del consumo y despidos laborales, luego, terminaron de configurar un proceso económico-recesivo que amenaza con arrasar los cimientos del modelo de explotación capitalista vigente a escala global.
Desde que estallara el colapso bancario y bursátil en septiembre de 2008, el sistema nunca pudo recuperarse, y finalmente la crisis de la "economía de papel" terminó impactando en la "economía real", primero en las metrópolis imperiales de EEUU y Europa, extendiéndose luego por toda la periferia "subdesarrollada" y "emergente" de Asia, África y América Latina.
No obstante las "señales optimistas" que lanzan Obama y las autoridades europeas, los propios datos oficiales prevén que, con los mercados de crédito paralizados, en los próximos meses más empresas ingresen en un proceso de bancarrota y anuncien nuevos despidos (sumados a los ya existentes), y los consumidores se ajusten aún más el cinturón, a medida que la ausencia de crédito afecta su capacidad de endeudamiento.
Pero la llamada "crisis" tiene claramente dos lecturas paralelas: Por un lado, los pulpos financieros de Wall Street y las bolsas mundiales, reciclan una nueva "burbuja" ganancial, no ya con dinero especulativo proveniente del sector privado, sino con fondos públicos (de los impuestos pagados por toda la sociedad), puestos compulsivamente al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista con la crisis.
Mientras el proceso inflacionario-recesivo desatado desde las economías centrales (EEUU y Europa) ya genera hambre, pobreza y devaluación acentuada del poder adquisitivo de las mayorías a escala planetaria, un selecto grupo de mega-empresas y multimillonarios multiplican a escala sideral sus activos empresariales y sus fortunas personales.
Simultáneamente, la economía real del Imperio y de las potencias centrales colapsa en todas sus variables, y los sectores más desprotegidos ya sufren los "ajustes" mientras una crisis social, todavía de efectos imprevisibles, asoma de la mano de los despidos masivos en Europa y EEUU.
Está claro entonces que lo que es "crisis" para unos (los despedidos y los sectores más desprotegidos de la sociedad), resulta "burbuja ganancial" para otros (el capitalismo financiero que desató la crisis con la economía del apalancamiento especulativo).
Los que se benefician con la crisis
El actual proceso económico recesivo prueba nuevamente que durante las crisis los consorcios directrices del sistema capitalista descargan ( y trasladan) sus "pérdidas" al conjunto de la sociedad mientras concentran ganancias privadas dentro de un nuevo ciclo económico.
Desde el desenlace de la crisis financiera, septiembre de 2008, el sistema capitalista central (EEUU-potencias del euro) ensayó tres formas combinadas para "trasladar" la crisis al conjunto de la sociedad:
A) El capitalismo financiero, con el argumento de la "catástrofe económica" utiliza dinero público (de toda la sociedad) para salvar al capitalismo privado y generar un nuevo ciclo financiero de rentabilidad del capital. En este proceso, el peso del costo lo llevan los sectores sociales menos "diversificados" que pagan impuestos a través de sus ingresos y salarios.
B) El capitalismo industrial o comercial, con el argumento de la "catástrofe económica" reduce "costo laboral" despidiendo empleados, reduciendo salarios y suprimiendo beneficios sociales, y "sobreexplotación" de la fuerza que queda ocupada. Achican otros gastos (e inversiones) de la producción para ganar lo mismo produciendo y vendiendo menos, lo que agudiza la recesión y genera más baja del consumo y despidos laborales.
C) Los Estados capitalistas bajan "costo social" por medio de la reducción del gasto público (salud, vivienda, educación, etc) para compensar la merma de la recaudación durante la crisis.
Se trata, en suma, de una "socialización de las pérdidas" para subsidiar un "nuevo ciclo de ganancias privadas" con el Estado como herramienta de ejecución, mediante el cual los megaconsorcios más fuertes (los ganadores de la crisis) se degluten a los más débiles generando un nuevo proceso de reestructuración y concentración del sistema capitalista".
De esta manera, el sistema capitalista (por medio de los Estados y las empresas) descarga el peso de la crisis sobre el sector más débil de la sociedad: Los pobres y los sectores más desprotegidos (que siguen sumando población sobrante) y los asalariados (la fuerza laboral masiva) que sirven como variable de ajuste para la preservación de la rentabilidad capitalista durante la crisis recesiva.
Como contrapartida de los "ajustes salvajes" (con módulo experimental en California) que se avecinan, el Estado USA (con dinero de los impuestos pagados por toda la sociedad) ya utilizó US$ 4 billones destinados al rescate de las entidades y bancos quebrados por la crisis financiera recesiva.
En octubre de 2008, mediante los fondos estatales de "rescate financiero" lanzados por Bush (hoy continuados por Obama), los Estados imperiales USA-UE reciclaron una nueva "burbuja" ganancial no ya con dinero especulativo proveniente del sector privado, sino que ponen compulsivamente los recursos públicos al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista al margen de una ascendente crisis de la economía real que marcha por vía paralela.
Los gigantescos paquetes de estímulo lanzados por los gobiernos han ido a parar a los mercados financieros creando una "burbuja" especulativa que está haciendo subir las bolsas desde hace tres meses, mientras el resto de la economía, principalmente en EEUU y Europa, se desploma.
Los que pagan la crisis
La primer ley histórica del capitalismo es la preservación de la rentabilidad (base de la concentración de riqueza en pocas manos), aún durante las crisis.
De manera tal que, cuando estallan las crisis de "sobreproducción" (por recesión y achicamiento de demanda) el sistema aplica su clásica fórmula para preservar la rentabilidad vendiendo y produciendo menos: Achicamiento de costos.
En esa receta de "achicar costos" sobresalen claramente, en primera línea, los laborales (de las empresas) y los sociales (del Estado) para compensar la falta de ventas y de recaudación fiscal.
En consecuencia (y como ya está probado históricamente): Las empresas mantienen sus rentabilidades, sube la recesión, sube la desocupación, cae el consumo, y se expande la pobreza y la exclusión social.
De acuerdo a la OIT, en 2009 unas 50 millones de personas en todo el mundo podrían perder sus trabajos debido a la crisis económica. Multiplicado por una "familia tipo" (cuatro personas por despedido) esto implica que alrededor de 200 millones de personas serían afectadas por la desocupación en el curso de este año.
Hay una estimación -alimentada por números oficiales- que expresa que la presente crisis recesiva global va a arrojar (como consecuencia de los despidos y del achicamiento del consumo) a más de 1000 millones de personas a la pobreza y a la marginalidad.
Los analistas y periodistas del sistema se preocupan por las pérdidas empresariales y por los efectos de la crisis en los países centrales, obviando que la crisis más aguda del consumo y de la desocupación, tanto en EEUU como en Europa, la sufren los empleados y obreros de baja calificación que están conformando un peligroso bolsón masivo de protestas y conflictos sociales.
Las masas asalariadas (la fuerza laboral mayoritaria) y los sectores más desposeídos de la sociedad (los pobres estructurales) pagan el grueso de la crisis capitalista por medio de los ajustes sociales, despidos, suspensiones, reducción de salarios, supresión de beneficios sociales, abolición de indemnización por despidos, reducción de aportes patronales, etc.
En este escenario, hay un "costo laboral" y un "costo social" de la crisis capitalista que pagan los asalariados y las mayorías más desposeídas.
Refiriéndose al "costo laboral", señala Jorge Altamira: "La resultante (de la crisis) ha sido una fenomenal intensificación del trabajo del personal que siguió ocupado. Otro aspecto es la reducción directa de los salarios, o la reducción de la jornada laboral acompañada por una reducción mayor de los sueldos".
"La cifra oficial de desempleo en EEUU -añade Altamira- es de 9,5% de la población activa, unos veinte millones de trabajadores, pero cuando se añade a las personas que han dejado de buscar trabajo, a las que están obligadas a trabajar menos (6%) y a la población carcelaria -el porcentaje se eleva a los veinte puntos, o sea a cuarenta millones de desempleados".
"Otro elemento fundamental es el recorte en los aportes patronales a la cobertura de salud, que forma parte del llamado "costo laboral", el número de personas sin protección médica ha crecido en forma impresionante", concluye.
Pero, al "costo laboral" que señala Altamira, hay que agregar el "costo social" que pagan los asalariados y pobres s.3a través de las quitas impositivas al salario y a los impuestos que gravan el consumo de alimentos y productos esenciales para la supervivencia.
Las masa más desprotegida y los asalariados "cautivos" pagan la crisis de dos maneras:
1) A través de las cargas fiscales a los salarios (que se le descuentan compulsivamente de su sueldo),
2) a través de los impuestos al consumo (que paga en el momento que compra alimentos o productos gravados para el consumidor).
En este contexto, la masa asalariada (mayoritaria y peor paga) y los pobres, son los mayores perjudicados por la utilización fraudulenta (estafa con el Estado capitalista) de fondos de impuestos públicos para salvar a empresas privadas, ya que no cuentan con los recursos (ahorros y medios capitalistas de supervivencia) de las clases altas o medias altas.
En este cuadro, los ocupados pagan la crisis con su salario y con lo que consumen, mientras que los desocupados y marginados sociales lo hacen a través de los pocos productos que puedan puedan adquirir para su supervivencia inmediata.
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Crisis Capitalismo,
Hegemonía y Dominación
lunes, 10 de agosto de 2009
EEUU "ajusta" a los pobres y Goldman Sach gana USA 100 millones diarios
Manuel Freytas
IAR Noticias, Rebelion
Las noticias van por vía paralela (y no se tocan entre sí): Por un lado, Goldman Sach, los pulpos financieros de Wall Street y las bolsas mundiales, reciclan una nueva "burbuja" ganancial, no ya con dinero especulativo proveniente del sector privado, sino con fondos públicos (de los impuestos pagados por toda la sociedad), puestos compulsivamente al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista con la crisis. Simultáneamente, la economía real del Imperio y de las potencias centrales colapsa en todas sus variables, y los sectores más desprotegidos ya sufren los "ajustes" mientras una crisis social, todavía de efectos imprevisibles, asoma de la mano de los despidos masivos en Europa y EEUU.
Las dos noticias generalmente se sitúan en las antípodas: Por un lado, los datos oficiales y privados indican que las principales variables de la economía estadounidense siguen debilitadas y sin atisbo inmediato de recuperación, y por otro, y desde hace más de tres meses, los grandes pulpos financieros y las bolsas no dejan de acumular ganancias.
De acuerdo con el último informe de la Reserva Federal (Fed), del 31 de julio pasado, aunque el ritmo de descenso económico parece haberse "desacelerado", el mercado laboral continúa debilitándose, los mercados financieros permanecen bajo tensión y las condiciones crediticias siguen siendo inferiores a lo normal.
La tasa de desempleo -según un documento de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER)- se está acercando al pico registrado en la recesión de 1981-82 y la magnitud de la pérdida de trabajos es la peor desde la recesión de 1948-49.
La tasa de desempleo -según el documento- se está acercando al pico registrado en la recesión de 1981-82 y la magnitud de la pérdida de trabajos es la peor desde la recesión de 1948-49.
La caída en el Producto Interno Bruto es la más profunda desde la crisis de 1957-58 y los estadounidenses no han visto sus ahorros personales evaporarse tanto desde la Gran Depresión.
En este escenario de "crisis estructural", no obstante, las bolsas mundiales con Wall Street a la cabeza (y con el dinero estatal de los fondos de rescate), registran ganancias siderales, y los grandes bancos y entidades financieras (los súper pulpos de la especulación financiera que han sobrevivido como los "ganadores" de la crisis) cosechan dividendos multimillonarios.
Así, mientras en el Estado de California la crisis recesiva con desempleo masivo ya obligó a realizar un "ajuste salvaje" que amenaza con extenderse al resto de los Estados colapsados, otra información consigna que la mayoría de los grandes bancos estadounidenses ( Morgan Stanley, Bank of América, Goldman Sach, JPMorgan Chase, etc) han cosechado ganancias siderales pese a la crisis económica recesiva que derrumba a la economía real.
Todas estas instituciones madres del sionismo financiero USA, reportaron ingresos exorbitantes en el segundo trimestre, y se configuraron como las "grandes ganadoras" entre los que hacen negocios con la crisis recesiva en la primera potencia imperial.
Por supuesto que, entre ambas noticias (la crisis estructural y la burbuja bursátil), no se consigna (como detalle) que una porción significativa de los ingresos bancarios del segundo trimestre provienen de la especulación financiera con el petróleo y las materias primas en los "mercados a futuro" que vuelve a impactar como suba en el precio de los alimentos y de la energía mundial.
Un caso emblemático es el del gigante financiero Goldman Sach, uno de los mayores beneficiados con los fondos públicos de los "rescates financieros", que anunció ganancias récord en el segundo trimestre del año.
Según informó Goldman Sachs, el jueves 5 de agosto, los operadores de la entidad ganaron más de US$ 100 millones (69,42 millones de euros) de ingresos durante cada uno de los cuarenta y seis días del segundo trimestre, registrando pérdidas en tan sólo dos jornadas, lo que -según el Financial Times- pone de manifiesto la "solidez de sus operaciones".
El mes pasado, Goldman dio a conocer los resultados del segundo trimestre, con unos beneficios de US$ 2.700 millones y unos ingresos récord de US$ 6.800 millones de operaciones derivadas de renta fija, materias primas y divisas, y tipos de interés (léase negocios con la especulación financiera en los mercados de las materias y el petróleo).
Los conocidos como ingresos FICC se incrementaron frente al anterior récord de US$ 6.600 millones del primer trimestre. Expertos de Goldam Sach atribuyen estos resultados, presentados ante la Comisión del Mercado de Valores de EEUU (SEC), a un boom en las operaciones de renta fija y renta variable (léase especulación finaciera).
Los resultados del segundo trimestre de Goldman también reflejan que la entidad ha seguido ganando elevadas comisiones por sus operaciones (de especulación financiera), en parte por la menor competencia a la que se enfrenta, apunta el Financial Times.
En opinión de Brad Hintz, analista de Sanford Bernstein citado por el Financial, las condiciones favorables se mantendrán. "Los mercados tienen más liquidez y el volumen de las operaciones va en aumento, dos noticias positivas para las grandes operadoras de bonos de Wall Street,” explica Hintz en su último informe.
Y mientras Goldman Sach vive la "alegría" ganancial con la burbuja especulativa ¿Como le va a la economía real de EEUU?
"La economía de EEUU sigue en situación precaria, con uno de cada seis trabajadores en paro o subempleado. Aun así, Goldman Sachs acaba de anunciar beneficios trimestrales históricos, y se prepara para repartir enormes primas, comparables a las que pagaba antes de la crisis", señala el premio Nóbel de economía Paul Krugman en un artículo titulado: La alegría de Goldman Sachs.
Para Krugman las elevadas ganancias de Goldman Sach demuestran en primer lugar que "los malos hábitos de Wall Street (sobre todo, el sistema de compensación que contribuyó a generar la crisis financiera) no han desaparecido. Segundo, demuestra que, al rescatar el sistema financiero sin reformarlo, Washington no ha hecho nada para protegernos de una nueva crisis y, además, ha hecho que sea más probable que se vuelva a producir".
"Las enormes primas que Goldman pronto repartirá -apunta el economista- ponen de manifiesto que las empresas de altos vuelos del sector financiero siguen funcionando según el sistema de que si sale cara ellas ganan y si sale cruz otros pierden".
Refiriéndose al sector donde Goldman gana dinero, señala Krugman: "Durante la generación anterior (desde la liberalización de la banca de los años de Reagan), la economía estadounidense ha estado financiarizada. La importancia del negocio de mover el dinero, de rebanar, trocear y reenvasar activos financieros, ha subido vertiginosamente en comparación con la de la producción real de cosas útiles. Eso que se ha dado en llamar oficialmente sector de "seguros, contratos de mercancías e inversiones" ha crecido muy deprisa, desde sólo un 0,3% del PIB a finales de los años setenta hasta el 1,7% en 2007.
Hay que destacar, en ese sentido, que, según analistas especializados de Wall Street, un 60% del precio del petróleo crudo y de las materias primas alimentarias tiene como causal a la especulación en futuros no regulada, de fondos precisamente autodenominados "especulativos", bancos y grupos financieros que utilizan las bolsas de futuros ICE de Londres y NYMEX de Nueva York y el comercio inter-bancos.
En este tercer frente del negocio agro-energético financiero (productor directo de la hambruna y la inflación mundial) se encuentran en primera línea Goldman Sach y Morgan Stanley, súper-gigantes de la especulación financiera en alta escala del capitalismo trasnacional sionista con asiento en Wall Street.
En este escenario, los precios no se fijan sólo por la demanda del consumo, sino básicamente por las necesidades comerciales y la demanda especulativa en los mercados financieros agro-energéticos.
De este accionar monopólico y de la acción especulativa en los principales mercados de materias primas, entre cuyas herramientas financieras se encuentra el ICE [Intercontinental Exchange] de Londres y las bolsas mercantiles de Nueva York y Chicago, provienen principalmente las ganancias siderales del mega-consorcio financiero Goldman Sach.
En consecuencia, controlados por las corporaciones trasnacionales, y despojados de su condición de "bien social", el petróleo y los alimentos se convierten en mercancía capitalista con un valor fijado por la especulación financiera, convirtiéndose en la causa principal de las hambrunas y conflictos sociales que ya empiezan a desarrollarse por todo el planeta, y que ya despunta una crisis social en Europa y en la primera potencia imperial.
Forzado por la debacle económica y un déficit fiscal histórico, el Imperio USA se ve obligado a aplicar sus propias recetas en casa para afrontar una crisis que ya ha derivado en crisis social de la mano de la desocupación y de los despidos laborales en masa que se suceden por todo el territorio estadounidense.
Del mismo modo que la crisis financiera obligó a romper con el "libre mercado" (haciendo intervenir al Estado en el salvataje del capital privado), el colapso recesivo y el estallido del déficit fiscal obliga a la primera potencia a aplicar recortes en el gasto social de su propia población, que ya padece en carne propia el costo social del derrumbe de la economía.
El mismo Imperio que ya puso US$ 4 billones de los fondos del Estado (que hoy impulsan las ganacias siderales de los pulpos financieros como Goldman Sach) al servicio del salvataje de los bancos y empresas privadas quebradas por la crisis, en California, el primer Estado de la Unión ,ya empezó a reducir los gastos destinados a los sectores más pobres y desprotegidos de la población.
En resumen, las noticias van por vía paralela:
Por un lado, Goldman Sach y los pulpos financieros de Wall Street y las bolsas mundiales reciclan una nueva "burbuja" ganancial, no ya con dinero especulativo proveniente del sector privado, sino con fondos públicos (de los impuestos pagados por toda la sociedad) puestos compulsivamente al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista con la crisis.
Simultáneamente, la economía real del Imperio y de las potencias centrales colapsan en todas sus variables, los sectores más desprotegidos ya sufren los "ajustes" y una crisis social, todavía de efectos imprevisibles, asoma de la mano de los despidos masivos en Europa y EEUU.
IAR Noticias, Rebelion
Las noticias van por vía paralela (y no se tocan entre sí): Por un lado, Goldman Sach, los pulpos financieros de Wall Street y las bolsas mundiales, reciclan una nueva "burbuja" ganancial, no ya con dinero especulativo proveniente del sector privado, sino con fondos públicos (de los impuestos pagados por toda la sociedad), puestos compulsivamente al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista con la crisis. Simultáneamente, la economía real del Imperio y de las potencias centrales colapsa en todas sus variables, y los sectores más desprotegidos ya sufren los "ajustes" mientras una crisis social, todavía de efectos imprevisibles, asoma de la mano de los despidos masivos en Europa y EEUU.
Las dos noticias generalmente se sitúan en las antípodas: Por un lado, los datos oficiales y privados indican que las principales variables de la economía estadounidense siguen debilitadas y sin atisbo inmediato de recuperación, y por otro, y desde hace más de tres meses, los grandes pulpos financieros y las bolsas no dejan de acumular ganancias.
De acuerdo con el último informe de la Reserva Federal (Fed), del 31 de julio pasado, aunque el ritmo de descenso económico parece haberse "desacelerado", el mercado laboral continúa debilitándose, los mercados financieros permanecen bajo tensión y las condiciones crediticias siguen siendo inferiores a lo normal.
La tasa de desempleo -según un documento de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER)- se está acercando al pico registrado en la recesión de 1981-82 y la magnitud de la pérdida de trabajos es la peor desde la recesión de 1948-49.
La tasa de desempleo -según el documento- se está acercando al pico registrado en la recesión de 1981-82 y la magnitud de la pérdida de trabajos es la peor desde la recesión de 1948-49.
La caída en el Producto Interno Bruto es la más profunda desde la crisis de 1957-58 y los estadounidenses no han visto sus ahorros personales evaporarse tanto desde la Gran Depresión.
En este escenario de "crisis estructural", no obstante, las bolsas mundiales con Wall Street a la cabeza (y con el dinero estatal de los fondos de rescate), registran ganancias siderales, y los grandes bancos y entidades financieras (los súper pulpos de la especulación financiera que han sobrevivido como los "ganadores" de la crisis) cosechan dividendos multimillonarios.
Así, mientras en el Estado de California la crisis recesiva con desempleo masivo ya obligó a realizar un "ajuste salvaje" que amenaza con extenderse al resto de los Estados colapsados, otra información consigna que la mayoría de los grandes bancos estadounidenses ( Morgan Stanley, Bank of América, Goldman Sach, JPMorgan Chase, etc) han cosechado ganancias siderales pese a la crisis económica recesiva que derrumba a la economía real.
Todas estas instituciones madres del sionismo financiero USA, reportaron ingresos exorbitantes en el segundo trimestre, y se configuraron como las "grandes ganadoras" entre los que hacen negocios con la crisis recesiva en la primera potencia imperial.
Por supuesto que, entre ambas noticias (la crisis estructural y la burbuja bursátil), no se consigna (como detalle) que una porción significativa de los ingresos bancarios del segundo trimestre provienen de la especulación financiera con el petróleo y las materias primas en los "mercados a futuro" que vuelve a impactar como suba en el precio de los alimentos y de la energía mundial.
Un caso emblemático es el del gigante financiero Goldman Sach, uno de los mayores beneficiados con los fondos públicos de los "rescates financieros", que anunció ganancias récord en el segundo trimestre del año.
Según informó Goldman Sachs, el jueves 5 de agosto, los operadores de la entidad ganaron más de US$ 100 millones (69,42 millones de euros) de ingresos durante cada uno de los cuarenta y seis días del segundo trimestre, registrando pérdidas en tan sólo dos jornadas, lo que -según el Financial Times- pone de manifiesto la "solidez de sus operaciones".
El mes pasado, Goldman dio a conocer los resultados del segundo trimestre, con unos beneficios de US$ 2.700 millones y unos ingresos récord de US$ 6.800 millones de operaciones derivadas de renta fija, materias primas y divisas, y tipos de interés (léase negocios con la especulación financiera en los mercados de las materias y el petróleo).
Los conocidos como ingresos FICC se incrementaron frente al anterior récord de US$ 6.600 millones del primer trimestre. Expertos de Goldam Sach atribuyen estos resultados, presentados ante la Comisión del Mercado de Valores de EEUU (SEC), a un boom en las operaciones de renta fija y renta variable (léase especulación finaciera).
Los resultados del segundo trimestre de Goldman también reflejan que la entidad ha seguido ganando elevadas comisiones por sus operaciones (de especulación financiera), en parte por la menor competencia a la que se enfrenta, apunta el Financial Times.
En opinión de Brad Hintz, analista de Sanford Bernstein citado por el Financial, las condiciones favorables se mantendrán. "Los mercados tienen más liquidez y el volumen de las operaciones va en aumento, dos noticias positivas para las grandes operadoras de bonos de Wall Street,” explica Hintz en su último informe.
Y mientras Goldman Sach vive la "alegría" ganancial con la burbuja especulativa ¿Como le va a la economía real de EEUU?
"La economía de EEUU sigue en situación precaria, con uno de cada seis trabajadores en paro o subempleado. Aun así, Goldman Sachs acaba de anunciar beneficios trimestrales históricos, y se prepara para repartir enormes primas, comparables a las que pagaba antes de la crisis", señala el premio Nóbel de economía Paul Krugman en un artículo titulado: La alegría de Goldman Sachs.
Para Krugman las elevadas ganancias de Goldman Sach demuestran en primer lugar que "los malos hábitos de Wall Street (sobre todo, el sistema de compensación que contribuyó a generar la crisis financiera) no han desaparecido. Segundo, demuestra que, al rescatar el sistema financiero sin reformarlo, Washington no ha hecho nada para protegernos de una nueva crisis y, además, ha hecho que sea más probable que se vuelva a producir".
"Las enormes primas que Goldman pronto repartirá -apunta el economista- ponen de manifiesto que las empresas de altos vuelos del sector financiero siguen funcionando según el sistema de que si sale cara ellas ganan y si sale cruz otros pierden".
Refiriéndose al sector donde Goldman gana dinero, señala Krugman: "Durante la generación anterior (desde la liberalización de la banca de los años de Reagan), la economía estadounidense ha estado financiarizada. La importancia del negocio de mover el dinero, de rebanar, trocear y reenvasar activos financieros, ha subido vertiginosamente en comparación con la de la producción real de cosas útiles. Eso que se ha dado en llamar oficialmente sector de "seguros, contratos de mercancías e inversiones" ha crecido muy deprisa, desde sólo un 0,3% del PIB a finales de los años setenta hasta el 1,7% en 2007.
Hay que destacar, en ese sentido, que, según analistas especializados de Wall Street, un 60% del precio del petróleo crudo y de las materias primas alimentarias tiene como causal a la especulación en futuros no regulada, de fondos precisamente autodenominados "especulativos", bancos y grupos financieros que utilizan las bolsas de futuros ICE de Londres y NYMEX de Nueva York y el comercio inter-bancos.
En este tercer frente del negocio agro-energético financiero (productor directo de la hambruna y la inflación mundial) se encuentran en primera línea Goldman Sach y Morgan Stanley, súper-gigantes de la especulación financiera en alta escala del capitalismo trasnacional sionista con asiento en Wall Street.
En este escenario, los precios no se fijan sólo por la demanda del consumo, sino básicamente por las necesidades comerciales y la demanda especulativa en los mercados financieros agro-energéticos.
De este accionar monopólico y de la acción especulativa en los principales mercados de materias primas, entre cuyas herramientas financieras se encuentra el ICE [Intercontinental Exchange] de Londres y las bolsas mercantiles de Nueva York y Chicago, provienen principalmente las ganancias siderales del mega-consorcio financiero Goldman Sach.
En consecuencia, controlados por las corporaciones trasnacionales, y despojados de su condición de "bien social", el petróleo y los alimentos se convierten en mercancía capitalista con un valor fijado por la especulación financiera, convirtiéndose en la causa principal de las hambrunas y conflictos sociales que ya empiezan a desarrollarse por todo el planeta, y que ya despunta una crisis social en Europa y en la primera potencia imperial.
Forzado por la debacle económica y un déficit fiscal histórico, el Imperio USA se ve obligado a aplicar sus propias recetas en casa para afrontar una crisis que ya ha derivado en crisis social de la mano de la desocupación y de los despidos laborales en masa que se suceden por todo el territorio estadounidense.
Del mismo modo que la crisis financiera obligó a romper con el "libre mercado" (haciendo intervenir al Estado en el salvataje del capital privado), el colapso recesivo y el estallido del déficit fiscal obliga a la primera potencia a aplicar recortes en el gasto social de su propia población, que ya padece en carne propia el costo social del derrumbe de la economía.
El mismo Imperio que ya puso US$ 4 billones de los fondos del Estado (que hoy impulsan las ganacias siderales de los pulpos financieros como Goldman Sach) al servicio del salvataje de los bancos y empresas privadas quebradas por la crisis, en California, el primer Estado de la Unión ,ya empezó a reducir los gastos destinados a los sectores más pobres y desprotegidos de la población.
En resumen, las noticias van por vía paralela:
Por un lado, Goldman Sach y los pulpos financieros de Wall Street y las bolsas mundiales reciclan una nueva "burbuja" ganancial, no ya con dinero especulativo proveniente del sector privado, sino con fondos públicos (de los impuestos pagados por toda la sociedad) puestos compulsivamente al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista con la crisis.
Simultáneamente, la economía real del Imperio y de las potencias centrales colapsan en todas sus variables, los sectores más desprotegidos ya sufren los "ajustes" y una crisis social, todavía de efectos imprevisibles, asoma de la mano de los despidos masivos en Europa y EEUU.
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viernes, 7 de agosto de 2009
Mexicanos comen menos por la crisis
Alberto Nájar
BBC Mundo
Desde hace varios meses Emerenciana Martínez dejó de comer un día a la semana porque el dinero no le alcanza para comprar todos sus alimentos.
No es la única que lo hace, pues la mayoría de sus vecinos del barrio Alfareros en Chimalhuacán, un municipio marginado al oriente de la capital mexicana, quitó la carne de res de su dieta cotidiana.
"Aquí no hay persona que no tenga hambre, ves a los niños cada vez más flacos", dijo Martínez en conversación con BBC Mundo.
Es una nueva cara de la crisis económica en México, donde cifras oficiales revelaron que por lo menos 2,6 millones de familias dejaron de comer un día a la semana por falta de recursos.
Esta cifra representa el 9,9% del total de hogares mexicanos.
Analistas advirtieron el riesgo de que aumente la desnutrición y las enfermedades degenerativas por esta causa.
"Es un síntoma de que cada vez hay más sectores de la población que caen en la pobreza", le dijo a BBC Mundo Julio Boltvinik, investigador del Colegio de México.
Actualmente el 47% de la población, unos 50,6 millones de personas, se considera viven en situación de pobreza patrimonial, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Secretaría de Desarrollo Social.
Menos comida
Según la más reciente encuesta del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 6,5 millones de hogares mexicanos cambiaron su dieta por la crisis económica.
Los datos del Módulo de Acceso a Alimentación del sondeo indicaron que el 24,5% de los entrevistados reconoció que come menos de lo que esperaba.
Los más afectados son los niños. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto en los Hogares, el 31% de los menores de edad tuvieron una dieta con poca variedad en los alimentos.
Además, en por lo menos un millón de hogares los niños se van a la cama con el estómago vacío, reveló el sondeo.
Un dato adicional es que las familias mexicanas compran cada vez menos carne de res o verduras, y las sustituyen con alimentos ricos en calorías y pocos nutrientes.
Riesgo de obesidad
Esto significa que la calidad de la dieta de los mexicanos se ha deteriorado en los últimos años, y que incidirá en el aumento de la obesidad en la población, dijeron los analistas.
"Son datos dramáticos, le dan una nueva cara a la imagen de la pobreza. Es algo que ya sabíamos pero que no se había podido medir", dijo Boltvinik.
Esta es la primera vez que el gobierno mexicano mide la cantidad de alimentos que consumen los habitantes del país.
La situación podría agravarse ante el anuncio de las autoridades de que a partir de 2010 aumentará el precio de la gasolina y la energía eléctrica.
BBC Mundo
Desde hace varios meses Emerenciana Martínez dejó de comer un día a la semana porque el dinero no le alcanza para comprar todos sus alimentos.
No es la única que lo hace, pues la mayoría de sus vecinos del barrio Alfareros en Chimalhuacán, un municipio marginado al oriente de la capital mexicana, quitó la carne de res de su dieta cotidiana.
"Aquí no hay persona que no tenga hambre, ves a los niños cada vez más flacos", dijo Martínez en conversación con BBC Mundo.
Es una nueva cara de la crisis económica en México, donde cifras oficiales revelaron que por lo menos 2,6 millones de familias dejaron de comer un día a la semana por falta de recursos.
Esta cifra representa el 9,9% del total de hogares mexicanos.
Analistas advirtieron el riesgo de que aumente la desnutrición y las enfermedades degenerativas por esta causa.
"Es un síntoma de que cada vez hay más sectores de la población que caen en la pobreza", le dijo a BBC Mundo Julio Boltvinik, investigador del Colegio de México.
Actualmente el 47% de la población, unos 50,6 millones de personas, se considera viven en situación de pobreza patrimonial, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Secretaría de Desarrollo Social.
Menos comida
Según la más reciente encuesta del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 6,5 millones de hogares mexicanos cambiaron su dieta por la crisis económica.
Los datos del Módulo de Acceso a Alimentación del sondeo indicaron que el 24,5% de los entrevistados reconoció que come menos de lo que esperaba.
Los más afectados son los niños. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto en los Hogares, el 31% de los menores de edad tuvieron una dieta con poca variedad en los alimentos.
Además, en por lo menos un millón de hogares los niños se van a la cama con el estómago vacío, reveló el sondeo.
Un dato adicional es que las familias mexicanas compran cada vez menos carne de res o verduras, y las sustituyen con alimentos ricos en calorías y pocos nutrientes.
Riesgo de obesidad
Esto significa que la calidad de la dieta de los mexicanos se ha deteriorado en los últimos años, y que incidirá en el aumento de la obesidad en la población, dijeron los analistas.
"Son datos dramáticos, le dan una nueva cara a la imagen de la pobreza. Es algo que ya sabíamos pero que no se había podido medir", dijo Boltvinik.
Esta es la primera vez que el gobierno mexicano mide la cantidad de alimentos que consumen los habitantes del país.
La situación podría agravarse ante el anuncio de las autoridades de que a partir de 2010 aumentará el precio de la gasolina y la energía eléctrica.
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sábado, 25 de julio de 2009
Goldman Sachs, vampiro del Capitalismo
S. McCoy
cotizalia.com
Ha sido la sensación bloguera en Estados Unidos la semana pasada. En su edición del mes de julio, la revista Rolling Stone recoge una pieza absolutamente demoledora acerca del papel jugado por Goldman Sachs en la formación y posterior estallido de las distintas burbujas que se han producido en los mercados a lo largo del último siglo, desde la Gran Depresión a nuestros días. Y no sólo eso. El artículo, firmado por Matt Taibbi y que se ha filtrado antes de su publicación, constata el poder acumulado con el paso del tiempo por los distintos banqueros de la Casa, estratégicamente situados hoy día en puestos de influencia financiera alrededor del Planeta; ahonda en el aprovechamiento en interés propio de los sucesivos fenómenos de pánico y euforia, a cuya gestación el banco de inversión habría decididamente contribuido; y alimenta las sospechas acerca del protagonismo que está jugando la entidad en la gestación del siguiente gran descalabro… para todos menos para ella.
El documento es extraordinario y no deja lugar a dudas de su posicionamiento desde el primer párrafo, donde califica a la firma de vampiro que clava sus colmillos allá donde hay un dólar que ganar. Se extiende a lo largo de doce páginas, que no tienen desperdicio. Así, el autor no duda en afirmar que mientras América da vueltas alrededor del sumidero, Goldman Sachs ha encontrado el camino para ser él mismo ese sumidero: un desafortunado agujero en el sistema capitalista democrático occidental que nunca imaginó que, en una sociedad pasivamente gobernada por la libertad de mercado y de elección, la ambición organizada siempre prevalece sobre la democracia desorganizada. Un análisis interesante que pudiera parecer reduccionista, toda vez que carga las tintas sobre la desmedida avaricia de los banqueros y se olvida de otros responsables de la situación actual como políticos, reguladores, agencias de rating, banqueros centrales e, incluso, los propios ciudadanos. No es de extrañar cuando se considera a gran parte de tales actores como parte del universo Goldman.
Su crítica no queda ahí, sino que aterriza desde lo genérico en lo específico: todo el dinero que usted pierde va a algún sitio y, tanto en sentido literal como figurativo, se puede decir que el destinatario es Goldman. El banco se ha convertido en una gigantesca y sofisticada máquina de convertir la riqueza de la sociedad en beneficio para sus arcas (…) La fórmula es relativamente simple: el banco de inversión se posiciona en mitad de una burbuja especulativa, y vende productos que sabe que son basura. Con la ayuda de una Administración adecuadamente engrasada con sus donativos, consigue cantidades ingentes de dinero de los incautos inversores. Cuando estalla la situación se presenta como aquel benefactor que puede aliviar la difícil situación de los sufridos ciudadanos. Quizá esta es la parte más lírica y menos justificada del argumentario. De ahí que sea relevante lo que viene a continuación.
Así, Taibbi enumera hasta cinco ocasiones en las que la actuación de Goldman habría sido, cuando menos, cuestionable… para lucro de sus directivos y/o empleados. Hoy nos centraremos en las cuatro primeras y dejaremos para mañana la más reciente de ellas (¿más todavía?) y la que, a juicio del comentarista, está por llegar. En primer lugar, el reportero habla de la participación de Goldman en los Investment Trust que tan de moda estuvieron en los felices años 20 y cuyo colapso acentuó la caída bursátil de finales de la década. 475.000 millones de agujero a valor de hoy. Tras un impasse de cerca de 70 años, en los que la entidad adopta un modelo de banca a largo plazo, es con la llegada de su empleado Robert Rubin a la Casa Blanca, y con el cambio que impulsa de las reglas que hasta entonces regían los mercados financieros, que Goldman vuelve a orientarse hacia el pan para hoy, con independencia de lo que traiga el mañana. Una tarea a la que contribuyeron otros reputados miembros de la firma, citados adecuadamente a lo largo del texto.
A partir de ese momento el banco vive sus momentos de mayor esplendor, según el autor (que imagino tendrá buena cobertura legal): manipulando valoraciones y precios en las OPVs de los años dorados de las compañías de Internet (cinco billones de dólares de riqueza evaporada sólo en el Nasdaq), gracias a la violación de la norma no escrita que limitaba las salidas a bolsa a empresas rentables; fomentando la titulización y aseguramiento de hipotecas de baja calidad con el despegue del mercado inmobiliario, a la vez que apostaba por su hundimiento hasta el punto de ser de las pocas sociedades que se beneficiaron con su caída mediante la utilización de instrumentos derivados; alentando la inversión financiera en materias primas como el petróleo -cuyo precio se disparó hasta cerca de los 150 dólares gracias a que un barril se negociaba en 2008 hasta 27 veces, de media, antes de que fuera entregado y consumido- que tomaban como referencia índices creados por la propia Goldman, actividad que explotó igualmente gracias a un cambio normativo.
Una panoplia de actuaciones que pondrían de manifiesto el poder oculto de Goldman y su influencia en la construcción de la peor cara del capitalismo financiero, rostro sobre el que ahora se quiere verter una pesada capa de maquillaje de carácter social y de adecuación a su fundamento originario que es la economía productiva. Grave responsabilidad que, sin embargo, no le ha hecho perder ni un ápice de su relevancia. Mañana desarrollaremos con Taibbi lo relativo tanto al lugar que Goldman ha ocupado dentro del Plan de Rescate auspiciado por la Administración norteamericana, por una parte, como a la renovada apuesta de la entidad por el siguiente negocio susceptible de convertirse en burbuja: el cambio climático y los derechos de emisión de CO2, donde ya ha tomado posiciones. Casi nada. Con todo esto, ¿a alguien le extraña la inversión de Buffett en la compañía? Es fácil comprender, a la luz de esta lectura, de qué va este negocio, condición primera y principal impuesta por el Oráculo de Omaha para cometer cualquier inversión. Y en finanzas, Goldman es y ¿será? la apuesta ganadora.
II
Nos hacíamos eco ayer de la repercusión que está teniendo, en el mundo financiero estadounidense, el artículo que Matt Taibbi firma en la edición de Rolling Stone del mes de julio bajo el aparatoso titular de The Great American Bubble Machine o La Gran Fábrica Americana de Burbujas, que es la forma en que el autor bautiza al banco de inversión Goldman Sachs. Un alegato demoledor que pone en tela de juicio las prácticas llevadas a cabo por la entidad a lo largo del último siglo de actividad financiera y que cuestiona el enorme poder acumulado por la firma con el paso del tiempo y, en especial, desde la incorporación de su directivo Robert Rubin a la Administración Clinton en la década de los 90. Se trata de un documento extraordinario que se desarrolla a lo largo de doce páginas, de fácil lectura, y que, para su exposición, hemos dividido en dos grandes partes: el cuestionable papel desempeñado por el banco de inversión en el pasado, que fue el grueso principal de nuestro Valor Añadido de hace 24 horas, y la importancia actual de Goldman en la gestión de la crisis y en la, a juicio de Taibbi, siguiente burbuja que está por llegar y que ya se está gestando. Un modo de actuación que define de modo brillante Simon Johnson, al que cita Taibbi, en The Atlantic como El Golpe de Estado Silencioso, análisis éste de imprescindible lectura.
En efecto, señala el reportero que, tras crear y beneficiarse del esplendor y el colapso tanto de los Investment Trust en la década de los 30, como de las acciones de Internet, las hipotecas basura y el precio del crudo a finales de siglo XX y principios del XXI, Goldman ha alcanzado el cénit de su influencia de la mano del que fuera su presidente Hank Paulson, a la sazón Secretario de Tesoro norteamericano hasta el desembarco de Tim Geithner como parte del equipo de Obama. Tras el colapso financiero, el dinero parecía haberse evaporado. La cacería de Goldman necesitaba nuevas piezas que abatir. Y sólo las podía encontrar allá donde seguro había capital del que alimentarse: las arcas públicas. Es en el mayor rescate de la Historia donde la entidad va a hacer patente su influencia. De hecho, no sólo consiguió posicionar a uno de sus chicos en la gestión del Fondo de Rescate sino que se benefició de una serie de decisiones que le han permitido salir casi de rositas de la coyuntura actual. Como entendió perfectamente en su momento Warren Buffett, verdaderamente Goldman is too big to fail. No es de extrañar que haya sido su principal apuesta bancaria en la crisis.
Maquillaje de resultados gracias al aparcamiento de pérdidas en meses fantasma, por cambio de calendario de publicación, como diciembre de 2008; conversión en banca comercial que les permite recalar bajo la supervisión de otro ex Goldman, Stephen Friedman; beneficios extra derivados del rescate de AIG que evita que tenga que provisionar sus contrapartidas, mientras que se deja morir a un competidor directo como Lehman; sospechas de información privilegiada en relación con los stress tests; uso de tasas impositivas sorprendentemente bajas, etcétera, son la pléyade de acusaciones documentadas que el texto recoge y que evocan, a juicio de distintos agentes del mercado consultados por Taibbi, que se ha perdido el pudor y se ha pasado de una ayuda implícita comúnmente aceptada, y derivada de la incorporación del talento creado en el seno de la entidad a las finanzas públicas, a otra explícita que tiene por objeto consolidar la posición del banco de inversión y conservar su capacidad de maniobra.
Pero Goldman no duerme. No puede hacerlo, concluye el autor. Así, sus empleados se convirtieron en los principales donantes privados de la campaña electoral a la presidencia de Estados Unidos de Obama con cerca de un millón de dólares. Tras haber atravesado el campo de minas del rescate bancario de manera exitosa, Goldman ha vuelto una vez más a sus viejos hábitos y trata de colocar a sus peones dentro de la Administración a fin de beneficiarse de los agujeros que, en la renovada actividad pública, se puedan vislumbrar (…) Y la nueva apuesta de la entidad se llama derechos de emisión o carbon credits, un mercado de un billón de dólares que apenas existe a día de hoy pero que forma parte principal de la Ley Energética aprobada por el Congreso el pasado viernes. Con una particularidad, señala: el hecho de que el límite de derechos a subastar fijado por el Gobierno caiga anualmente implica que Goldman ni siquiera se va a tener que pringar en hacer que los precios suban.
De momento, de acuerdo con Taibbi, la firma financiera habría ido engrasando la maquinaria con las oportunas contribuciones a los diferentes lobbies, la inversión directa en compañías productoras de energías renovables, la adquisición del 10% del Mercado de Chicago en el que los derechos se van a negociar, la compra de un pequeño trader que se dedica ya a tal actividad y así sucesivamente. Cualquiera podría afirmar que se trata de un ejercicio de buena gestión, de anticipación de cara al futuro, como probaría el dramático alegato de Krugman de esta semana, pero a estas alturas de la película el autor ya no concede a la entidad el beneficio de la duda. Puede incluso que al final la actividad real, como ocurre en Europa, sea mucho menos que la inicialmente predicada y que los precios se mantengan bajo mínimos. No importa, de lo que se trata es de denunciar el papel del banco y añadir argumentos a su condena. Su conclusión, de hecho, no admite dudas: Así es como funcionan las cosas. Este es el mundo en que vivimos, donde algunos tenemos que respetar las reglas mientras que otros no sólo se ven excusados de ajustarse a ellas sino que reciben dinero por hacerlo. Un esquema mafioso en el que uno no se puede fiar de los precios y donde hay peajes ocultos en cada dólar de impuestos que pagas. Quizá no podamos pararlo pero, al menos, tenemos la obligación de denunciarlo.
http://www.cotizalia.com/cache/2009/07/01/opinion_96_goldman_sachs_vampiro_capitalismo.html
cotizalia.com
Ha sido la sensación bloguera en Estados Unidos la semana pasada. En su edición del mes de julio, la revista Rolling Stone recoge una pieza absolutamente demoledora acerca del papel jugado por Goldman Sachs en la formación y posterior estallido de las distintas burbujas que se han producido en los mercados a lo largo del último siglo, desde la Gran Depresión a nuestros días. Y no sólo eso. El artículo, firmado por Matt Taibbi y que se ha filtrado antes de su publicación, constata el poder acumulado con el paso del tiempo por los distintos banqueros de la Casa, estratégicamente situados hoy día en puestos de influencia financiera alrededor del Planeta; ahonda en el aprovechamiento en interés propio de los sucesivos fenómenos de pánico y euforia, a cuya gestación el banco de inversión habría decididamente contribuido; y alimenta las sospechas acerca del protagonismo que está jugando la entidad en la gestación del siguiente gran descalabro… para todos menos para ella.
El documento es extraordinario y no deja lugar a dudas de su posicionamiento desde el primer párrafo, donde califica a la firma de vampiro que clava sus colmillos allá donde hay un dólar que ganar. Se extiende a lo largo de doce páginas, que no tienen desperdicio. Así, el autor no duda en afirmar que mientras América da vueltas alrededor del sumidero, Goldman Sachs ha encontrado el camino para ser él mismo ese sumidero: un desafortunado agujero en el sistema capitalista democrático occidental que nunca imaginó que, en una sociedad pasivamente gobernada por la libertad de mercado y de elección, la ambición organizada siempre prevalece sobre la democracia desorganizada. Un análisis interesante que pudiera parecer reduccionista, toda vez que carga las tintas sobre la desmedida avaricia de los banqueros y se olvida de otros responsables de la situación actual como políticos, reguladores, agencias de rating, banqueros centrales e, incluso, los propios ciudadanos. No es de extrañar cuando se considera a gran parte de tales actores como parte del universo Goldman.
Su crítica no queda ahí, sino que aterriza desde lo genérico en lo específico: todo el dinero que usted pierde va a algún sitio y, tanto en sentido literal como figurativo, se puede decir que el destinatario es Goldman. El banco se ha convertido en una gigantesca y sofisticada máquina de convertir la riqueza de la sociedad en beneficio para sus arcas (…) La fórmula es relativamente simple: el banco de inversión se posiciona en mitad de una burbuja especulativa, y vende productos que sabe que son basura. Con la ayuda de una Administración adecuadamente engrasada con sus donativos, consigue cantidades ingentes de dinero de los incautos inversores. Cuando estalla la situación se presenta como aquel benefactor que puede aliviar la difícil situación de los sufridos ciudadanos. Quizá esta es la parte más lírica y menos justificada del argumentario. De ahí que sea relevante lo que viene a continuación.
Así, Taibbi enumera hasta cinco ocasiones en las que la actuación de Goldman habría sido, cuando menos, cuestionable… para lucro de sus directivos y/o empleados. Hoy nos centraremos en las cuatro primeras y dejaremos para mañana la más reciente de ellas (¿más todavía?) y la que, a juicio del comentarista, está por llegar. En primer lugar, el reportero habla de la participación de Goldman en los Investment Trust que tan de moda estuvieron en los felices años 20 y cuyo colapso acentuó la caída bursátil de finales de la década. 475.000 millones de agujero a valor de hoy. Tras un impasse de cerca de 70 años, en los que la entidad adopta un modelo de banca a largo plazo, es con la llegada de su empleado Robert Rubin a la Casa Blanca, y con el cambio que impulsa de las reglas que hasta entonces regían los mercados financieros, que Goldman vuelve a orientarse hacia el pan para hoy, con independencia de lo que traiga el mañana. Una tarea a la que contribuyeron otros reputados miembros de la firma, citados adecuadamente a lo largo del texto.
A partir de ese momento el banco vive sus momentos de mayor esplendor, según el autor (que imagino tendrá buena cobertura legal): manipulando valoraciones y precios en las OPVs de los años dorados de las compañías de Internet (cinco billones de dólares de riqueza evaporada sólo en el Nasdaq), gracias a la violación de la norma no escrita que limitaba las salidas a bolsa a empresas rentables; fomentando la titulización y aseguramiento de hipotecas de baja calidad con el despegue del mercado inmobiliario, a la vez que apostaba por su hundimiento hasta el punto de ser de las pocas sociedades que se beneficiaron con su caída mediante la utilización de instrumentos derivados; alentando la inversión financiera en materias primas como el petróleo -cuyo precio se disparó hasta cerca de los 150 dólares gracias a que un barril se negociaba en 2008 hasta 27 veces, de media, antes de que fuera entregado y consumido- que tomaban como referencia índices creados por la propia Goldman, actividad que explotó igualmente gracias a un cambio normativo.
Una panoplia de actuaciones que pondrían de manifiesto el poder oculto de Goldman y su influencia en la construcción de la peor cara del capitalismo financiero, rostro sobre el que ahora se quiere verter una pesada capa de maquillaje de carácter social y de adecuación a su fundamento originario que es la economía productiva. Grave responsabilidad que, sin embargo, no le ha hecho perder ni un ápice de su relevancia. Mañana desarrollaremos con Taibbi lo relativo tanto al lugar que Goldman ha ocupado dentro del Plan de Rescate auspiciado por la Administración norteamericana, por una parte, como a la renovada apuesta de la entidad por el siguiente negocio susceptible de convertirse en burbuja: el cambio climático y los derechos de emisión de CO2, donde ya ha tomado posiciones. Casi nada. Con todo esto, ¿a alguien le extraña la inversión de Buffett en la compañía? Es fácil comprender, a la luz de esta lectura, de qué va este negocio, condición primera y principal impuesta por el Oráculo de Omaha para cometer cualquier inversión. Y en finanzas, Goldman es y ¿será? la apuesta ganadora.
II
Nos hacíamos eco ayer de la repercusión que está teniendo, en el mundo financiero estadounidense, el artículo que Matt Taibbi firma en la edición de Rolling Stone del mes de julio bajo el aparatoso titular de The Great American Bubble Machine o La Gran Fábrica Americana de Burbujas, que es la forma en que el autor bautiza al banco de inversión Goldman Sachs. Un alegato demoledor que pone en tela de juicio las prácticas llevadas a cabo por la entidad a lo largo del último siglo de actividad financiera y que cuestiona el enorme poder acumulado por la firma con el paso del tiempo y, en especial, desde la incorporación de su directivo Robert Rubin a la Administración Clinton en la década de los 90. Se trata de un documento extraordinario que se desarrolla a lo largo de doce páginas, de fácil lectura, y que, para su exposición, hemos dividido en dos grandes partes: el cuestionable papel desempeñado por el banco de inversión en el pasado, que fue el grueso principal de nuestro Valor Añadido de hace 24 horas, y la importancia actual de Goldman en la gestión de la crisis y en la, a juicio de Taibbi, siguiente burbuja que está por llegar y que ya se está gestando. Un modo de actuación que define de modo brillante Simon Johnson, al que cita Taibbi, en The Atlantic como El Golpe de Estado Silencioso, análisis éste de imprescindible lectura.
En efecto, señala el reportero que, tras crear y beneficiarse del esplendor y el colapso tanto de los Investment Trust en la década de los 30, como de las acciones de Internet, las hipotecas basura y el precio del crudo a finales de siglo XX y principios del XXI, Goldman ha alcanzado el cénit de su influencia de la mano del que fuera su presidente Hank Paulson, a la sazón Secretario de Tesoro norteamericano hasta el desembarco de Tim Geithner como parte del equipo de Obama. Tras el colapso financiero, el dinero parecía haberse evaporado. La cacería de Goldman necesitaba nuevas piezas que abatir. Y sólo las podía encontrar allá donde seguro había capital del que alimentarse: las arcas públicas. Es en el mayor rescate de la Historia donde la entidad va a hacer patente su influencia. De hecho, no sólo consiguió posicionar a uno de sus chicos en la gestión del Fondo de Rescate sino que se benefició de una serie de decisiones que le han permitido salir casi de rositas de la coyuntura actual. Como entendió perfectamente en su momento Warren Buffett, verdaderamente Goldman is too big to fail. No es de extrañar que haya sido su principal apuesta bancaria en la crisis.
Maquillaje de resultados gracias al aparcamiento de pérdidas en meses fantasma, por cambio de calendario de publicación, como diciembre de 2008; conversión en banca comercial que les permite recalar bajo la supervisión de otro ex Goldman, Stephen Friedman; beneficios extra derivados del rescate de AIG que evita que tenga que provisionar sus contrapartidas, mientras que se deja morir a un competidor directo como Lehman; sospechas de información privilegiada en relación con los stress tests; uso de tasas impositivas sorprendentemente bajas, etcétera, son la pléyade de acusaciones documentadas que el texto recoge y que evocan, a juicio de distintos agentes del mercado consultados por Taibbi, que se ha perdido el pudor y se ha pasado de una ayuda implícita comúnmente aceptada, y derivada de la incorporación del talento creado en el seno de la entidad a las finanzas públicas, a otra explícita que tiene por objeto consolidar la posición del banco de inversión y conservar su capacidad de maniobra.
Pero Goldman no duerme. No puede hacerlo, concluye el autor. Así, sus empleados se convirtieron en los principales donantes privados de la campaña electoral a la presidencia de Estados Unidos de Obama con cerca de un millón de dólares. Tras haber atravesado el campo de minas del rescate bancario de manera exitosa, Goldman ha vuelto una vez más a sus viejos hábitos y trata de colocar a sus peones dentro de la Administración a fin de beneficiarse de los agujeros que, en la renovada actividad pública, se puedan vislumbrar (…) Y la nueva apuesta de la entidad se llama derechos de emisión o carbon credits, un mercado de un billón de dólares que apenas existe a día de hoy pero que forma parte principal de la Ley Energética aprobada por el Congreso el pasado viernes. Con una particularidad, señala: el hecho de que el límite de derechos a subastar fijado por el Gobierno caiga anualmente implica que Goldman ni siquiera se va a tener que pringar en hacer que los precios suban.
De momento, de acuerdo con Taibbi, la firma financiera habría ido engrasando la maquinaria con las oportunas contribuciones a los diferentes lobbies, la inversión directa en compañías productoras de energías renovables, la adquisición del 10% del Mercado de Chicago en el que los derechos se van a negociar, la compra de un pequeño trader que se dedica ya a tal actividad y así sucesivamente. Cualquiera podría afirmar que se trata de un ejercicio de buena gestión, de anticipación de cara al futuro, como probaría el dramático alegato de Krugman de esta semana, pero a estas alturas de la película el autor ya no concede a la entidad el beneficio de la duda. Puede incluso que al final la actividad real, como ocurre en Europa, sea mucho menos que la inicialmente predicada y que los precios se mantengan bajo mínimos. No importa, de lo que se trata es de denunciar el papel del banco y añadir argumentos a su condena. Su conclusión, de hecho, no admite dudas: Así es como funcionan las cosas. Este es el mundo en que vivimos, donde algunos tenemos que respetar las reglas mientras que otros no sólo se ven excusados de ajustarse a ellas sino que reciben dinero por hacerlo. Un esquema mafioso en el que uno no se puede fiar de los precios y donde hay peajes ocultos en cada dólar de impuestos que pagas. Quizá no podamos pararlo pero, al menos, tenemos la obligación de denunciarlo.
http://www.cotizalia.com/cache/2009/07/01/opinion_96_goldman_sachs_vampiro_capitalismo.html
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Crisis Capitalismo,
Hegemonía y Dominación
miércoles, 15 de julio de 2009
Para los más ricos la crisis es sólo un insignificante traspié
Sam Pizzigati
Too Much
El colapso económico mundial no afecta a las principales fortunas del mundo que siguen tan intensamente concentradas como siempre; así lo revela el primer estudio en profundidad realizado sobre grandes patrimonios desde el pasado septiembre.
Hace trece años, dos de las empresas encargadas de administrar las fortunas de los más ricos del mundo, la sede de Merryl Lynch en Nueva York y la filial parisina de Capgemini, empezaron a publicar un informe anual que enumera a los más ricos de nuestro planeta y las fortunas de que disponen al servicio de futuras inversiones.
Año tras año, nos han informado de cómo los ricos acumulaban más y más billones. En el Informe sobre la Riqueza Mundial publicado el año pasado, los "individuos con alto patrimonio neto" disponían en el 2007 de una combinación de 40,7 billones de dólares; un total que no incluye el valor de sus hogares, ni el arte que cuelgan en sus paredes o las joyas que esconden en sus cajas fuertes.
La semana pasada, las buenas noticias se acabaron. El pasado miércoles, Merrill Lynch y Capgemini, informaron al mundo que durante el 2008 la población mundial con altos patrimonios netos, personas con un mínimo de 1 millón de dólares en activos de inversión, se ha contraído en un 14,9 por ciento. La combinación de la riqueza de estos individuos se ha reducido de forma aún más acusada, cayendo un 19,5 por ciento.
A los súper ricos les fue todavía peor. El número de individuos con "súper" alto patrimonio neto, personas con un mínimo de 30 millones de dólares, se ha contraído en aproximadamente un 25 por ciento. En conjunto, los “súper ricos” han perdido casi un 24 por ciento de su riqueza financiera.
El nuevo Informe sobre la Riqueza Mundial de Merrill Lynch y Capgemini presenta estas pérdidas como una reducción “sin precedentes" y los medios de comunicación se han hecho eco de este mensaje por todo el mundo. "La crisis del crédito pasa peaje a los súper-ricos", titulaba la pasada semana un diario internacional de negocios. "La lista de ricos se encoge", rezaba otro.
Pero el nuevo Informe y los titulares no mencionan la parte más fascinante de la historia de los grandes patrimonios mundiales. Ciertamente, el colapso del sistema financiero global del año pasado afectó a las grandes fortunas. Sin embargo, a pesar de que estamos viviendo el mayor colapso económico desde 1930, los propietarios de las grandes fortunas del mundo siguen siendo increíblemente afortunados.
La caída de la riqueza de las personas con altos patrimonios netos les ha dejado con un patrimonio combinado a finales del 2008 de 32,8 billones de dólares, no muchos menos de los 33,4 billones de que disponían a finales del 2005. En otras palabras, la mayor crisis de la historia reciente les ha costado a los ricos el perder sus ganancias acumuladas a lo largo del 2006 y 2007; y nada más.
Estos ricos, especialmente los que componen la categoría de "súper" altos patrimonios netos, siguen disponiendo de un porcentaje extremadamente elevado de las riquezas del mundo.
En el mundo viven un total de 80.000 personas que el informe califica de “súper ricas”. Estos individuos, que representan aproximadamente un 0,001 por ciento de la población mundial, poseen, tras el colapso económico del 2008, el 10 por ciento del total de riqueza de nuestro planeta.
Estos ricos han optado por "reducir" algunos de sus gastos personales a lo largo del 2008. El Informe sobre la Riqueza Mundial, nos advierte que en los Estados Unidos, donde viven el 28,7 por ciento de las personas con alto patrimonio neto, las ventas en subastas de obras de arte movieron en el 2008 un total de 2.900 millones de dólares, "1.000 millones menos que en el 2007" y las ventas de Lamborghini de lujo se redujo en un 21 por ciento el año pasado.
Pero a pesar de la crisis, la cantidad de dinero en los bolsillos de los ricos sigue siendo enorme. El Informe menciona que en diciembre de 2008 un diamante histórico se vendió en Londres por 24,3 millones de dólares, "el precio más alto jamás pagado por una joya o diamante en una subasta."
Los analistas y gestores de fortunas de Merrill Lynch y Capgemini a pesar de las malas noticias, han querido aportar algo de optimismo. Nos recuerdan que cuando estalló la burbuja de las empresas de tecnología e Internet en el 2001, resultó sólo un freno temporal en la concentración de la riqueza mundial. Entre el 2002 y el 2007 la riqueza combinada de las personas con alto patrimonio neto creció a un ritmo de un 9 por ciento anual.
Los redactores del Informe sobre la Riqueza Mundial, no creen que haya ningún motivo de preocupación respecto a la posibilidad de que los líderes políticos mundiales tomen alguna decisión que no permita que ese crecimiento vuelva a repetirse. Capgemini y Merrill Lynch, consideran que “se espera que la recuperación de los altos patrimonios netos sea igualmente sólida esta vez”.
Sin embargo, en sus informes anteriores, estos analistas fallaron a la hora de anticipar el colapso financiero global. Es probable que si estuviese en camino un movimiento global para distribuir más equitativamente la riqueza del mundo, probablemente también serían los últimos en enterarse.
Sam Pizzigati dirige Too Much, publicación semanal digital sobre excesos y desigualdades.
Traducción para www.sinpermiso.info: Luca Gervasoni
Too Much
El colapso económico mundial no afecta a las principales fortunas del mundo que siguen tan intensamente concentradas como siempre; así lo revela el primer estudio en profundidad realizado sobre grandes patrimonios desde el pasado septiembre.
Hace trece años, dos de las empresas encargadas de administrar las fortunas de los más ricos del mundo, la sede de Merryl Lynch en Nueva York y la filial parisina de Capgemini, empezaron a publicar un informe anual que enumera a los más ricos de nuestro planeta y las fortunas de que disponen al servicio de futuras inversiones.
Año tras año, nos han informado de cómo los ricos acumulaban más y más billones. En el Informe sobre la Riqueza Mundial publicado el año pasado, los "individuos con alto patrimonio neto" disponían en el 2007 de una combinación de 40,7 billones de dólares; un total que no incluye el valor de sus hogares, ni el arte que cuelgan en sus paredes o las joyas que esconden en sus cajas fuertes.
La semana pasada, las buenas noticias se acabaron. El pasado miércoles, Merrill Lynch y Capgemini, informaron al mundo que durante el 2008 la población mundial con altos patrimonios netos, personas con un mínimo de 1 millón de dólares en activos de inversión, se ha contraído en un 14,9 por ciento. La combinación de la riqueza de estos individuos se ha reducido de forma aún más acusada, cayendo un 19,5 por ciento.
A los súper ricos les fue todavía peor. El número de individuos con "súper" alto patrimonio neto, personas con un mínimo de 30 millones de dólares, se ha contraído en aproximadamente un 25 por ciento. En conjunto, los “súper ricos” han perdido casi un 24 por ciento de su riqueza financiera.
El nuevo Informe sobre la Riqueza Mundial de Merrill Lynch y Capgemini presenta estas pérdidas como una reducción “sin precedentes" y los medios de comunicación se han hecho eco de este mensaje por todo el mundo. "La crisis del crédito pasa peaje a los súper-ricos", titulaba la pasada semana un diario internacional de negocios. "La lista de ricos se encoge", rezaba otro.
Pero el nuevo Informe y los titulares no mencionan la parte más fascinante de la historia de los grandes patrimonios mundiales. Ciertamente, el colapso del sistema financiero global del año pasado afectó a las grandes fortunas. Sin embargo, a pesar de que estamos viviendo el mayor colapso económico desde 1930, los propietarios de las grandes fortunas del mundo siguen siendo increíblemente afortunados.
La caída de la riqueza de las personas con altos patrimonios netos les ha dejado con un patrimonio combinado a finales del 2008 de 32,8 billones de dólares, no muchos menos de los 33,4 billones de que disponían a finales del 2005. En otras palabras, la mayor crisis de la historia reciente les ha costado a los ricos el perder sus ganancias acumuladas a lo largo del 2006 y 2007; y nada más.
Estos ricos, especialmente los que componen la categoría de "súper" altos patrimonios netos, siguen disponiendo de un porcentaje extremadamente elevado de las riquezas del mundo.
En el mundo viven un total de 80.000 personas que el informe califica de “súper ricas”. Estos individuos, que representan aproximadamente un 0,001 por ciento de la población mundial, poseen, tras el colapso económico del 2008, el 10 por ciento del total de riqueza de nuestro planeta.
Estos ricos han optado por "reducir" algunos de sus gastos personales a lo largo del 2008. El Informe sobre la Riqueza Mundial, nos advierte que en los Estados Unidos, donde viven el 28,7 por ciento de las personas con alto patrimonio neto, las ventas en subastas de obras de arte movieron en el 2008 un total de 2.900 millones de dólares, "1.000 millones menos que en el 2007" y las ventas de Lamborghini de lujo se redujo en un 21 por ciento el año pasado.
Pero a pesar de la crisis, la cantidad de dinero en los bolsillos de los ricos sigue siendo enorme. El Informe menciona que en diciembre de 2008 un diamante histórico se vendió en Londres por 24,3 millones de dólares, "el precio más alto jamás pagado por una joya o diamante en una subasta."
Los analistas y gestores de fortunas de Merrill Lynch y Capgemini a pesar de las malas noticias, han querido aportar algo de optimismo. Nos recuerdan que cuando estalló la burbuja de las empresas de tecnología e Internet en el 2001, resultó sólo un freno temporal en la concentración de la riqueza mundial. Entre el 2002 y el 2007 la riqueza combinada de las personas con alto patrimonio neto creció a un ritmo de un 9 por ciento anual.
Los redactores del Informe sobre la Riqueza Mundial, no creen que haya ningún motivo de preocupación respecto a la posibilidad de que los líderes políticos mundiales tomen alguna decisión que no permita que ese crecimiento vuelva a repetirse. Capgemini y Merrill Lynch, consideran que “se espera que la recuperación de los altos patrimonios netos sea igualmente sólida esta vez”.
Sin embargo, en sus informes anteriores, estos analistas fallaron a la hora de anticipar el colapso financiero global. Es probable que si estuviese en camino un movimiento global para distribuir más equitativamente la riqueza del mundo, probablemente también serían los últimos en enterarse.
Sam Pizzigati dirige Too Much, publicación semanal digital sobre excesos y desigualdades.
Traducción para www.sinpermiso.info: Luca Gervasoni
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Crisis Capitalismo,
Crisis Financiera
martes, 7 de julio de 2009
California
León Bendesky
La Jornada
El estado de California, en Estados Unidos, es, por el valor de su producción, la octava economía del mundo, con 1.7 billones de dólares (trillones según se mide allá). Está apenas por debajo de Italia y es más grande que España y Canadá, que le siguen. El PIB de México es del orden de 1.08 billones, según datos del Banco Mundial para 2008.
Da cuenta de 12 por ciento del producto interno bruto total generado en ese país, y tiene una población de 38.3 millones de habitantes, es decir, uno de cada ocho personas vive ahí.
California tiene hoy un déficit fiscal de 24 mil millones de dólares y no los puede pagar su deuda. Esta es otra manifestación de la crisis económica y financiera, y se agrega a las cargas fiscales y a los programas federales de estímulo que tiene que aplicar el gobierno de Obama.
La tasa de desempleo general de aquel país supera ya 9 por ciento, mientras en California alcanza 11.5 por ciento. Se prevé que en los siguientes dos años se perderá un millón adicional de empleos y que la tasa de desocupación llegará a 12.5 por ciento.
En 2008 cayó el ingreso personal en el estado por vez primera desde la década de 1930. Con ello se redujo también el ingreso público derivado de los impuestos en una tercera parte sólo entre enero y mayo de este año.
En California está el mayor mercado de autos del país, y hasta ahora se ha desplomado 40 por ciento respecto del año pasado, a lo que hay que añadir el problema de las deudas hipotecarias y la pérdida de valor de las propiedades inmuebles.
Hace más de 30 años entró en vigor una disposición fiscal conocida como Propuesta 13, que limitó fuertemente la capacidad de reacción presupuestaria en el estado. Se fijó un techo a los impuestos sobre las propiedades y se estableció una protección contra el revaluación de las mismas, incluso cuando aumentaba fuertemente su valor catastral. Así se dependía en mayor parte de los impuestos sobre la renta. Hoy, esa combinación es letal para el fisco estatal.
En el gobierno de Schwarzenegger la deuda pública se ha duplicado. La situación es más grave, ya que esa misma Propuesta 13 dificulta elevar los impuestos en caso de emergencias si no se cuenta con una mayoría de dos tercios en la Legislatura local, lo que complica aún más el entorno político prevaleciente. En noviembre de 2003, cuando tomó posesión del gobierno estatal, enfrentó también una fuerte crisis fiscal.
Agréguese a esto que ahora hay un movimiento en Estados Unidos de los propietarios de casas para reducir el pago de impuestos por inmuebles, precisamente en función de la pérdida de valor luego de la especulación con los bienes raíces.
Esta es ya una manifestación del problema distributivo y del conflicto entre la necesidad de captar recursos de los gobiernos locales y los déficits financieros que enfrentan.
Conforme a las leyes fiscales, los gobiernos estatales, a diferencia del federal, deben mantener presupuestos balanceados. Ante la caída de ingresos tendrán que aplicar fuertes recortes del gasto, que repercuten de manera muy desigual sobre la población, afectando especialmente a quienes reciben ayudas y dependen de los servicios públicos.
Esto redundará en una mayor caída de la demanda agregada restringiendo el estímulo necesario para salir de la recesión. Mientras se llega a un acuerdo político sobre el presupuesto, el gobierno emite pagarés para cumplir con la devolución de impuestos a comerciantes y contribuyentes en general y pagará una tasa de interés de 3.5 por ciento.
Los acreedores, incluyendo los bancos, no se podrán negar a aceptarlos. La deuda cubierta es del orden de 4.8 billones de dólares hasta agosto, y si no hay arreglo puede llegar a 53.3 billones.
La crisis fiscal de California puede ser el inicio de una tendencia similar en otros estados y significará una complicación adicional para el gobierno de Obama. Se sumará al salvamento de los bancos y otras instituciones financieras, de las empresas automotrices y de los deudores hipotecarios, igual que al mayor pago de seguro de desempleo.
El rescate de los gobiernos locales no estaba contemplado en el marco de la crisis, y la cuestión es que en este caso no hay opciones más que hacerlo. California no puede quebrar.
La repercusión general en términos fiscales sería enorme y también sobre el valor del dólar. Pero hay que tener en cuenta la situación financiera internacional, que establece una especie de disuasión similar a la que existió en la guerra fría en términos nucleares.
Los bancos centrales del mundo no tienen mucho margen de maniobra más que colocar sus excedentes en dólares. Esto es bastante claro en el caso de China, el mayor acreedor del Tesoro. Salirse de las tenencias de dólares es precipitar una crisis fiscal más general y devaluar las tenencias en esa moneda.
El dólar sigue siendo el dinero mundial de referencia y se usará ese poder disuasivo tanto en materia financiera y económica como en términos políticos, cuando menos durante un buen tiempo. Si es necesario, la inflación será un mecanismo para liquidar parte de la deuda en términos reales en el mediano plazo. La crisis significa, pues, el rescate del dólar y la forma en que se restructuren la producción, las finanzas y el mercado laboral a escala mundial.
Enlace a Rebelion
La Jornada
El estado de California, en Estados Unidos, es, por el valor de su producción, la octava economía del mundo, con 1.7 billones de dólares (trillones según se mide allá). Está apenas por debajo de Italia y es más grande que España y Canadá, que le siguen. El PIB de México es del orden de 1.08 billones, según datos del Banco Mundial para 2008.
Da cuenta de 12 por ciento del producto interno bruto total generado en ese país, y tiene una población de 38.3 millones de habitantes, es decir, uno de cada ocho personas vive ahí.
California tiene hoy un déficit fiscal de 24 mil millones de dólares y no los puede pagar su deuda. Esta es otra manifestación de la crisis económica y financiera, y se agrega a las cargas fiscales y a los programas federales de estímulo que tiene que aplicar el gobierno de Obama.
La tasa de desempleo general de aquel país supera ya 9 por ciento, mientras en California alcanza 11.5 por ciento. Se prevé que en los siguientes dos años se perderá un millón adicional de empleos y que la tasa de desocupación llegará a 12.5 por ciento.
En 2008 cayó el ingreso personal en el estado por vez primera desde la década de 1930. Con ello se redujo también el ingreso público derivado de los impuestos en una tercera parte sólo entre enero y mayo de este año.
En California está el mayor mercado de autos del país, y hasta ahora se ha desplomado 40 por ciento respecto del año pasado, a lo que hay que añadir el problema de las deudas hipotecarias y la pérdida de valor de las propiedades inmuebles.
Hace más de 30 años entró en vigor una disposición fiscal conocida como Propuesta 13, que limitó fuertemente la capacidad de reacción presupuestaria en el estado. Se fijó un techo a los impuestos sobre las propiedades y se estableció una protección contra el revaluación de las mismas, incluso cuando aumentaba fuertemente su valor catastral. Así se dependía en mayor parte de los impuestos sobre la renta. Hoy, esa combinación es letal para el fisco estatal.
En el gobierno de Schwarzenegger la deuda pública se ha duplicado. La situación es más grave, ya que esa misma Propuesta 13 dificulta elevar los impuestos en caso de emergencias si no se cuenta con una mayoría de dos tercios en la Legislatura local, lo que complica aún más el entorno político prevaleciente. En noviembre de 2003, cuando tomó posesión del gobierno estatal, enfrentó también una fuerte crisis fiscal.
Agréguese a esto que ahora hay un movimiento en Estados Unidos de los propietarios de casas para reducir el pago de impuestos por inmuebles, precisamente en función de la pérdida de valor luego de la especulación con los bienes raíces.
Esta es ya una manifestación del problema distributivo y del conflicto entre la necesidad de captar recursos de los gobiernos locales y los déficits financieros que enfrentan.
Conforme a las leyes fiscales, los gobiernos estatales, a diferencia del federal, deben mantener presupuestos balanceados. Ante la caída de ingresos tendrán que aplicar fuertes recortes del gasto, que repercuten de manera muy desigual sobre la población, afectando especialmente a quienes reciben ayudas y dependen de los servicios públicos.
Esto redundará en una mayor caída de la demanda agregada restringiendo el estímulo necesario para salir de la recesión. Mientras se llega a un acuerdo político sobre el presupuesto, el gobierno emite pagarés para cumplir con la devolución de impuestos a comerciantes y contribuyentes en general y pagará una tasa de interés de 3.5 por ciento.
Los acreedores, incluyendo los bancos, no se podrán negar a aceptarlos. La deuda cubierta es del orden de 4.8 billones de dólares hasta agosto, y si no hay arreglo puede llegar a 53.3 billones.
La crisis fiscal de California puede ser el inicio de una tendencia similar en otros estados y significará una complicación adicional para el gobierno de Obama. Se sumará al salvamento de los bancos y otras instituciones financieras, de las empresas automotrices y de los deudores hipotecarios, igual que al mayor pago de seguro de desempleo.
El rescate de los gobiernos locales no estaba contemplado en el marco de la crisis, y la cuestión es que en este caso no hay opciones más que hacerlo. California no puede quebrar.
La repercusión general en términos fiscales sería enorme y también sobre el valor del dólar. Pero hay que tener en cuenta la situación financiera internacional, que establece una especie de disuasión similar a la que existió en la guerra fría en términos nucleares.
Los bancos centrales del mundo no tienen mucho margen de maniobra más que colocar sus excedentes en dólares. Esto es bastante claro en el caso de China, el mayor acreedor del Tesoro. Salirse de las tenencias de dólares es precipitar una crisis fiscal más general y devaluar las tenencias en esa moneda.
El dólar sigue siendo el dinero mundial de referencia y se usará ese poder disuasivo tanto en materia financiera y económica como en términos políticos, cuando menos durante un buen tiempo. Si es necesario, la inflación será un mecanismo para liquidar parte de la deuda en términos reales en el mediano plazo. La crisis significa, pues, el rescate del dólar y la forma en que se restructuren la producción, las finanzas y el mercado laboral a escala mundial.
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¿Hacia el fin del régimen del dólar?
Michael R. Krätke
Freitag
Brasil, Rusia, India y China [BRIC] quieren anunciar un nuevo orden económico mundial. Como Estados BRIC, buscan el espaldarazo en la Cumbre de Yekaterinburgo.
Las grandes crisis son tiempos de grandes cambios y ajustes. En el sistema mundial capitalista los equilibrios están alterándose a toda velocidad, y no juega en ello una parte menor la actuación de los Estados BRIC. Tal parece como si de una figura artística creada en otro tiempo por Goldman Sachs surgiera ahora una magnitud global capaz de competir ocn los EEUU y la UE: China, la potencia mundial venidera, y Rusia, la decadente, han sido las primeras en entenderse; Brasil y la India les han seguido. Desde hace un año, vienen sosteniendo reuniones informales como Estados BRIC. Esta semana se realiza la primera cumbre oficial de países BRIC en la ciudad rusa de Yekaterinburgo.
Brasil, Rusia, India y China representan casi el 46% de la población mundial, y son potencias económicas de nivel mundial como exportadoras de materias primas y productos agrícolas, como taller del mundo, fábrica de ideas y centro de prestación de servicios. De consuno, disponen del mayor volumen de reservas monetarias: 2,9 billones de dólares. Sus economías nacionales crecen, aun si, ahora, a un ritmo claramente menor. No les queda otra opción, sin o la de quitarse de encima lo antes posible la mordaza de la recesión. Y tienen posibilidades de lograrlo, porque sus gobiernos no se limitan a una política de gestión de la crisis, como el gobierno norteamericano y la UE, sino que están resueltos a inducir cambios. De conseguirlo, en unos pocos años alcanzarían o aun superarían económicamente a los Estados el G-7. Porque entonces estarían más imbricados entre sí que nunca antes, y va de suyo que eso podrá constatarse objetivamente en el momento en que China desplace a los EEUU como socio comercial principal del Brasil.
El FMI puede estar contento
Lo que en la cumbre de Yekaterinburgo anda en juego es, ni más ni menos, que una alianza estratégica en la política económica de alcance planetario, a fin de ejercer de contrapeso al “modelo” del capitalismo euronorteamericano de los mercados financieros. Quien quiera superar la presente crisis sin sentar las bases para un próximo desplome financiero, no puede limitarse a rescates billonarios de bancos y a regular los mercados financieros, escribe el ministro brasileño de estrategia Roberto Mangabeira Unger, autor de varios libros en los que ha abogado por la importación a la América latina del socialismo democrático de impronta europea.
¿A dónde llevan esas maniobras de cambios de los Estados BRIC? Ya antes de su cumbre, chinos, brasileños y rusos han venido abogando por el final del régimen del dólar y por una nueva divisa mundial. Los bancos centrales de estos tres países que, junto con el de la India, han experimentado, en las últimas cuatro semanas, un incremento de 60 mil millones en sus reservas de dólares, están resueltos a fragmentar y diversificar. Ya han anunciado su intención de adquirir bonos de empréstito del FMI y, al propio tiempo, vender bonos del Tesoro norteamericano por un valor de 100 mil millones de dólares. Los títulos del FMI serán emitidos como derechos especiales de giro, es decir, que se tratará de dinero fiduciario internacional, fundado en una cesta monetaria compuesta de dólares, euros, libras esterlinas, yenes y francos suizos. Estará contento el FMI, porque su planeada emisión de bonos de empréstito se convertirá así en un negocio seguro, aunque no admirable. En contrapartida, los Estados BRIC pueden endurecer sus exigencias de igualdad en las deliberaciones del FMI.
En la batahola de las acciones de los Estados por rescatar empresas en el espacio de la UE, se ha puesto sordina a algunas de las crisis que habrán de resultar decisivas para el transcurso de la presente Gran Depresión del año 2009 (la cuarta del capitalismo moderno): la crisis de hambrunas, la crisis agrícola, la crisis energética, la crisis de materias primas y las amenazantes consecuencias de la catástrofe medioambiental.
Del BRIC al BRIICSS
Los Estados BRIC no pueden dejar de ver que todas esas crisis mundiales no sólo llaman a la puerta de su casa, sino que irrumpen en el seno mismo de sus países. Así que fácilmente podrían los Estados BRIC reconvertirse en un grupo de Estados BRIICSS, si Indonesia, Corea del Sur y Suráfrica se incorporaran. Entonces podría hablarse con propiedad de un contra poder de alcance económico mundial. La Unión Europea, ahora en situación de espera, tendrá que decidir con quién quiere ir de la mano: si hacia el abismo con los EEUU, o con los países BRIC, hacia un nuevo orden económico mundial.
Michael R. Krätke, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es profesor de política económica y derecho fiscal en la Universidad de Ámsterdam, investigador asociado al Instituto Internacional de Historia Social de esa misma ciudad y catedrático de economía política y director del Instituto de Estudios Superiores de la Universidad de Lancaster en el Reino Unido.
Traducción para www.sinpermiso.info: Amaranta Süss
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Freitag
Brasil, Rusia, India y China [BRIC] quieren anunciar un nuevo orden económico mundial. Como Estados BRIC, buscan el espaldarazo en la Cumbre de Yekaterinburgo.
Las grandes crisis son tiempos de grandes cambios y ajustes. En el sistema mundial capitalista los equilibrios están alterándose a toda velocidad, y no juega en ello una parte menor la actuación de los Estados BRIC. Tal parece como si de una figura artística creada en otro tiempo por Goldman Sachs surgiera ahora una magnitud global capaz de competir ocn los EEUU y la UE: China, la potencia mundial venidera, y Rusia, la decadente, han sido las primeras en entenderse; Brasil y la India les han seguido. Desde hace un año, vienen sosteniendo reuniones informales como Estados BRIC. Esta semana se realiza la primera cumbre oficial de países BRIC en la ciudad rusa de Yekaterinburgo.
Brasil, Rusia, India y China representan casi el 46% de la población mundial, y son potencias económicas de nivel mundial como exportadoras de materias primas y productos agrícolas, como taller del mundo, fábrica de ideas y centro de prestación de servicios. De consuno, disponen del mayor volumen de reservas monetarias: 2,9 billones de dólares. Sus economías nacionales crecen, aun si, ahora, a un ritmo claramente menor. No les queda otra opción, sin o la de quitarse de encima lo antes posible la mordaza de la recesión. Y tienen posibilidades de lograrlo, porque sus gobiernos no se limitan a una política de gestión de la crisis, como el gobierno norteamericano y la UE, sino que están resueltos a inducir cambios. De conseguirlo, en unos pocos años alcanzarían o aun superarían económicamente a los Estados el G-7. Porque entonces estarían más imbricados entre sí que nunca antes, y va de suyo que eso podrá constatarse objetivamente en el momento en que China desplace a los EEUU como socio comercial principal del Brasil.
El FMI puede estar contento
Lo que en la cumbre de Yekaterinburgo anda en juego es, ni más ni menos, que una alianza estratégica en la política económica de alcance planetario, a fin de ejercer de contrapeso al “modelo” del capitalismo euronorteamericano de los mercados financieros. Quien quiera superar la presente crisis sin sentar las bases para un próximo desplome financiero, no puede limitarse a rescates billonarios de bancos y a regular los mercados financieros, escribe el ministro brasileño de estrategia Roberto Mangabeira Unger, autor de varios libros en los que ha abogado por la importación a la América latina del socialismo democrático de impronta europea.
¿A dónde llevan esas maniobras de cambios de los Estados BRIC? Ya antes de su cumbre, chinos, brasileños y rusos han venido abogando por el final del régimen del dólar y por una nueva divisa mundial. Los bancos centrales de estos tres países que, junto con el de la India, han experimentado, en las últimas cuatro semanas, un incremento de 60 mil millones en sus reservas de dólares, están resueltos a fragmentar y diversificar. Ya han anunciado su intención de adquirir bonos de empréstito del FMI y, al propio tiempo, vender bonos del Tesoro norteamericano por un valor de 100 mil millones de dólares. Los títulos del FMI serán emitidos como derechos especiales de giro, es decir, que se tratará de dinero fiduciario internacional, fundado en una cesta monetaria compuesta de dólares, euros, libras esterlinas, yenes y francos suizos. Estará contento el FMI, porque su planeada emisión de bonos de empréstito se convertirá así en un negocio seguro, aunque no admirable. En contrapartida, los Estados BRIC pueden endurecer sus exigencias de igualdad en las deliberaciones del FMI.
En la batahola de las acciones de los Estados por rescatar empresas en el espacio de la UE, se ha puesto sordina a algunas de las crisis que habrán de resultar decisivas para el transcurso de la presente Gran Depresión del año 2009 (la cuarta del capitalismo moderno): la crisis de hambrunas, la crisis agrícola, la crisis energética, la crisis de materias primas y las amenazantes consecuencias de la catástrofe medioambiental.
Del BRIC al BRIICSS
Los Estados BRIC no pueden dejar de ver que todas esas crisis mundiales no sólo llaman a la puerta de su casa, sino que irrumpen en el seno mismo de sus países. Así que fácilmente podrían los Estados BRIC reconvertirse en un grupo de Estados BRIICSS, si Indonesia, Corea del Sur y Suráfrica se incorporaran. Entonces podría hablarse con propiedad de un contra poder de alcance económico mundial. La Unión Europea, ahora en situación de espera, tendrá que decidir con quién quiere ir de la mano: si hacia el abismo con los EEUU, o con los países BRIC, hacia un nuevo orden económico mundial.
Michael R. Krätke, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es profesor de política económica y derecho fiscal en la Universidad de Ámsterdam, investigador asociado al Instituto Internacional de Historia Social de esa misma ciudad y catedrático de economía política y director del Instituto de Estudios Superiores de la Universidad de Lancaster en el Reino Unido.
Traducción para www.sinpermiso.info: Amaranta Süss
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Los culpables de la crisis retoman Wall Street
Pere Rusiñol
Público
Los bancos y los fondos de riesgo regresan a los beneficios en EEUU y se blindan para aguar los intentos de mayor regulación
Alan Schwartz, uno de los principales responsables del hundimiento del banco de inversiones Bear Stearns, vuelve este mes a la trinchera como principal ejecutivo de Guggenheim Partners LLC. Los hedge funds, cuya opacidad ha sido señalada como una de las causas del tsunami financiero, tuvieron un mayo magnífico ganancias del 5,23%, según Hedge Funds Research, uno de los mejores meses de la historia y los ejecutivos de grandes bancos de EEUU JP Morgan, Goldman Sachs, Morgan Stanley se preparan para repartirse de nuevo sus bonus tras liberarse del yugo del Gobierno.
Bernard Madoff está entre rejas, sí, pero casi todas las demás estrellas de Wall Street que llevaron el mundo a la ruina están de vuelta. Como si nada hubiera pasado. Y dispuestos a dar la batalla en el Congreso para evitar que la Administración de Obama les imponga una regulación más estricta.
"Hay un sentimiento palpable [en Wall Street] de que la tormenta ha pasado", ha escrito Paul Krugman, columnista de The New York Times y premio Nobel de Economía. Y añade: "Los banqueros parecen creer que el regreso al business as usual está a la vuelta de la esquina. Creen que pronto podrán volver a jugar a los mismos juegos de antes."
El Dow Jones ha subido 2.000 puntos desde marzo y la mayoría de los grandes bancos estadounidenses regresaron a los beneficios multimillonarios en el primer trimestre de 2009. Gracias a los tests de estrés, 10 de ellos han anunciado incluso su intención de devolver el dinero público, con lo que se liberarán de las cortapisas de la Administración, tanto en la retribución de los directivos como en las operaciones de riesgo.
Jonathan Weil, analista de Bloomberg, lo ha dicho sin tapujos: "Esconda su cartera. Los grandes bancos están devolviendo el dinero público y ya sabe lo que esto significa: vuelve la fiesta a Wall Street".
Tests de estrés
Muchos economistas llevan semanas advirtiendo de que los tests de estrés eran una fórmula demasiado laxa, que en la práctica servía para evitar reformas importantes. No sólo lo avisaron los académicos de izquierdas, sino también muchos economistas liberales, como Martin Wolf, del Financial Times: "El objetivo de los tests de estrés es simplemente volver a poner en marcha el show", ha dicho.
Joseph Stiglitz, también Nobel de Economía, sostiene además que los beneficios de los grandes bancos se han conseguido gracias a las técnicas que alimentaron la burbuja. "Algunos de los bancos registraron ganancias basadas principalmente en trucos contables y especulación", ha señalado el Nobel. "Se recompensa a los mismos que causaron la crisis", remacha.
Ejecutivos que contribuyeron al crash ya están recolocados
Los hedge funds no sólo han vuelto a los beneficios, sino que se están blindando: su patronal Managed Funds Association acaba de contratar a uno de los más rutilantes lobbyistas de Washington Brownstein Hyatt Farber Schreck para garantizar que todo siga igual. Y uno de los productos especulativos más jugosos el carry trade: comprar y vender divisas en función de los tipos de interés vuelve a ser "tentador", según The Wall Street Journal.
Al economista José Luis Sampedro, que a sus 92 años conserva intacta su lucidez, no le sorprende que la fiesta vuelva a Wall Street: "Los causantes financieros [de la crisis] pueden irse fácilmente de rositas e incluso ser felicitados, pues lo que hacen está inspirado en los principios del sistema, incluso aplaudido por los antirreguladores y demás fundamentalistas del mercado", explica a Público.
"Si hubiera que buscar líderes que desempeñaron un rol en acelerar esta crisis, podrían encontrarse en la misma Administración de Obama", recalca John Bellamy Foster, director de Montlhy Review, histórica publicación alternativa de Nueva York.
Bellamy Foster se refiere a asesores o altos cargos como Robert Rubin, que fichó por Citigroup tras acelerar desde el Tesoro la desregularización del sector bancario; Larry Summers, que también desde el Tesoro se opuso a cualquier regulación de los productos derivados "armas financieras de destrucción masiva", según Warren Buffet, y Tim Geithner, el actual secretario del Tesoro reclutado desde la Reserva Federal de Nueva York.
Cuando trascendió la composición del equipo económico de Obama, el economista Dean Baker, del Center for Economic and Policy Research, estalló: "¡Es como pedir ayuda a Bin Laden para la guerra contra el terror!".
Y sin embargo, Obama acaba de lanzar un plan para regular el sector financiero presentado como el más ambicioso desde la Gran Depresión. Pese a la grandilocuencia de las palabras, el Financial Times y The Wall Street Journal los dos periódicos financieros más influyentes coincidieron en que la propuesta ha sido recibida en Wall Street con "alivio".
Ambos periódicos comparten el análisis: las medidas no son tan duras y, además, Wall Street confía en aguarlas en el Congreso gracias al trabajo de los mejores lobbies.
Nada para las víctimas
Muchos de los ejecutivos destronados por la crisis viven en realidad un momento estupendo: o disfrutan de su jubilación de oro como Fred Goodwin, ex director del Royal Bank of Scotland, con pensión anual de 1,2 millones de dólares o ya han sido contratados de nuevo, a menudo en empresas de alto riesgo. "Si quiere seguridad, fiche a un ladrón", ironizó el semanario británico The Economist al comentar la tendencia.
Los que crearon la crisis ya están dejándola atrás, pero para el resto se agudiza. "Se han dedicado fondos masivos a los bancos, que son los principales responsables de la crisis, y en cambio, nada a las víctimas", lamenta el economista Albert Recio, de la Universidad Autónoma de Barcelona.
http://www.publico.es/dinero/233674/culpables/crisis/vuelvena/alto/wall/str
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Público
Los bancos y los fondos de riesgo regresan a los beneficios en EEUU y se blindan para aguar los intentos de mayor regulación
Alan Schwartz, uno de los principales responsables del hundimiento del banco de inversiones Bear Stearns, vuelve este mes a la trinchera como principal ejecutivo de Guggenheim Partners LLC. Los hedge funds, cuya opacidad ha sido señalada como una de las causas del tsunami financiero, tuvieron un mayo magnífico ganancias del 5,23%, según Hedge Funds Research, uno de los mejores meses de la historia y los ejecutivos de grandes bancos de EEUU JP Morgan, Goldman Sachs, Morgan Stanley se preparan para repartirse de nuevo sus bonus tras liberarse del yugo del Gobierno.
Bernard Madoff está entre rejas, sí, pero casi todas las demás estrellas de Wall Street que llevaron el mundo a la ruina están de vuelta. Como si nada hubiera pasado. Y dispuestos a dar la batalla en el Congreso para evitar que la Administración de Obama les imponga una regulación más estricta.
"Hay un sentimiento palpable [en Wall Street] de que la tormenta ha pasado", ha escrito Paul Krugman, columnista de The New York Times y premio Nobel de Economía. Y añade: "Los banqueros parecen creer que el regreso al business as usual está a la vuelta de la esquina. Creen que pronto podrán volver a jugar a los mismos juegos de antes."
El Dow Jones ha subido 2.000 puntos desde marzo y la mayoría de los grandes bancos estadounidenses regresaron a los beneficios multimillonarios en el primer trimestre de 2009. Gracias a los tests de estrés, 10 de ellos han anunciado incluso su intención de devolver el dinero público, con lo que se liberarán de las cortapisas de la Administración, tanto en la retribución de los directivos como en las operaciones de riesgo.
Jonathan Weil, analista de Bloomberg, lo ha dicho sin tapujos: "Esconda su cartera. Los grandes bancos están devolviendo el dinero público y ya sabe lo que esto significa: vuelve la fiesta a Wall Street".
Tests de estrés
Muchos economistas llevan semanas advirtiendo de que los tests de estrés eran una fórmula demasiado laxa, que en la práctica servía para evitar reformas importantes. No sólo lo avisaron los académicos de izquierdas, sino también muchos economistas liberales, como Martin Wolf, del Financial Times: "El objetivo de los tests de estrés es simplemente volver a poner en marcha el show", ha dicho.
Joseph Stiglitz, también Nobel de Economía, sostiene además que los beneficios de los grandes bancos se han conseguido gracias a las técnicas que alimentaron la burbuja. "Algunos de los bancos registraron ganancias basadas principalmente en trucos contables y especulación", ha señalado el Nobel. "Se recompensa a los mismos que causaron la crisis", remacha.
Ejecutivos que contribuyeron al crash ya están recolocados
Los hedge funds no sólo han vuelto a los beneficios, sino que se están blindando: su patronal Managed Funds Association acaba de contratar a uno de los más rutilantes lobbyistas de Washington Brownstein Hyatt Farber Schreck para garantizar que todo siga igual. Y uno de los productos especulativos más jugosos el carry trade: comprar y vender divisas en función de los tipos de interés vuelve a ser "tentador", según The Wall Street Journal.
Al economista José Luis Sampedro, que a sus 92 años conserva intacta su lucidez, no le sorprende que la fiesta vuelva a Wall Street: "Los causantes financieros [de la crisis] pueden irse fácilmente de rositas e incluso ser felicitados, pues lo que hacen está inspirado en los principios del sistema, incluso aplaudido por los antirreguladores y demás fundamentalistas del mercado", explica a Público.
"Si hubiera que buscar líderes que desempeñaron un rol en acelerar esta crisis, podrían encontrarse en la misma Administración de Obama", recalca John Bellamy Foster, director de Montlhy Review, histórica publicación alternativa de Nueva York.
Bellamy Foster se refiere a asesores o altos cargos como Robert Rubin, que fichó por Citigroup tras acelerar desde el Tesoro la desregularización del sector bancario; Larry Summers, que también desde el Tesoro se opuso a cualquier regulación de los productos derivados "armas financieras de destrucción masiva", según Warren Buffet, y Tim Geithner, el actual secretario del Tesoro reclutado desde la Reserva Federal de Nueva York.
Cuando trascendió la composición del equipo económico de Obama, el economista Dean Baker, del Center for Economic and Policy Research, estalló: "¡Es como pedir ayuda a Bin Laden para la guerra contra el terror!".
Y sin embargo, Obama acaba de lanzar un plan para regular el sector financiero presentado como el más ambicioso desde la Gran Depresión. Pese a la grandilocuencia de las palabras, el Financial Times y The Wall Street Journal los dos periódicos financieros más influyentes coincidieron en que la propuesta ha sido recibida en Wall Street con "alivio".
Ambos periódicos comparten el análisis: las medidas no son tan duras y, además, Wall Street confía en aguarlas en el Congreso gracias al trabajo de los mejores lobbies.
Nada para las víctimas
Muchos de los ejecutivos destronados por la crisis viven en realidad un momento estupendo: o disfrutan de su jubilación de oro como Fred Goodwin, ex director del Royal Bank of Scotland, con pensión anual de 1,2 millones de dólares o ya han sido contratados de nuevo, a menudo en empresas de alto riesgo. "Si quiere seguridad, fiche a un ladrón", ironizó el semanario británico The Economist al comentar la tendencia.
Los que crearon la crisis ya están dejándola atrás, pero para el resto se agudiza. "Se han dedicado fondos masivos a los bancos, que son los principales responsables de la crisis, y en cambio, nada a las víctimas", lamenta el economista Albert Recio, de la Universidad Autónoma de Barcelona.
http://www.publico.es/dinero/233674/culpables/crisis/vuelvena/alto/wall/str
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En la encrucijada de la crisis global
Arturo Guillén
ALAI AMLATINA
La crisis global es la crisis más importante experimentada por el capitalismo desde la gran crisis de los años treinta del siglo pasado. Se trata de una crisis de deuda-deflación de nuevo tipo, que señala los límites del régimen de acumulación con dominación financiera vigente desde la década de los ochenta, y que estaba caracterizado, entre otros elementos, por la bursatilización, es decir, por un régimen de financiamiento basado en la emisión de obligaciones y derivados.
En el tercer trimestre de 2008 la crisis inmobiliaria que comenzó a manifestarse en Estados Unidos a comienzos de 2007, se transformó en una crisis financiera de grandes proporciones con efectos sistémicos. A la fecha, a pesar de las enormes pérdidas registradas en los mercados financieros y del alto costo de los rescates y de las inyecciones de liquidez efectuadas por los bancos centrales y de los gobiernos, la inestabilidad financiera está lejos de haberse superado. Además, se inició una recesión de alcance global en el segundo trimestre de 2008.
La crisis económica y financiera es sólo uno de los cuatro procesos de crisis que enfrenta el mundo en la actualidad. Junto a ella se entrelazan otros procesos iguales o más importantes, como la crisis ecológica (donde destacan los problemas derivados del calentamiento del planeta); la crisis energética que señala los límites de un paradigma energético y de un modo de consumo basado en el uso y abuso de los combustibles fósiles; y la crisis alimentaria. Es, pues, una crisis inédita y multifacética. Se asiste, en muchos sentidos, a la crisis de lo que Braudel denominaba la “civilización occidental”.
Cuando la crisis financiera ya se manifestaba con fuerza en Estados Unidos durante el último trimestre de 2007, en algunos círculos existía la creencia errónea, el mito de que ciertos países podrían “desacoplarse” (decoupling) de los efectos de la misma. Se popularizó la idea de que aún en el caso de una recesión estadounidense, el ciclo de crecimiento de la economía mundial se mantendría y la Unión Europea, Asia, así como los países emergentes podrían seguir creciendo.
Pronto se evidenció que tal “desacoplamiento” no existe, mucho menos en una economía tan globalizada como la actual. En un trabajo anterior (Guillén, 2009) sostenía que la crisis se globalizaría por dos razones: primero, porque la “burbuja” de los bienes raíces no fue un fenómeno estadounidense, sino que abarcó a muchos países; y segundo, porque el involucramiento en la orgía de bursatilización y derivados incluyó también a bancos e intermediarios financieros europeos y asiáticos. Además, resulta difícil pensar en desacoplamiento en un mundo más integrado que nunca, por la vía del comercio exterior y de los flujos financieros. Tampoco resulta factible esperar desacoplamientos en el marco de una “arquitectura” financiera mundial donde los Estados Unidos actúan como “comprador de última instancia” mediante el financiamiento de sus déficit (presupuestal y de balanza de pagos) vía ahorro externo. En otras palabras, no es dable esperar que los vagones continúen su movimiento cuando la locomotora se detiene.
Es posible que algunas grandes economías como China o India, resistan mejor los embates de la crisis y logren mantener su crecimiento. Sin embargo, el aumento en sus productos internos será a una tasa mucho menor, y siempre y cuando logren reenfocar sus estrategias de desarrollo hacia sus mercados internos.
La mayoría de los países han entrado en recesión, o lo harán en los meses siguientes. Esta es generalizada y profunda. Se trata sin duda de la contracción más importante desde la posguerra. Abarca a los Estados Unidos, a la Unión Europea, a Japón, a los países de Asia del Este y a un buen número de los llamados países emergentes de la periferia. América Latina no es la excepción.
La crisis global golpeó a América Latina cuando esta región emergía de uno de los periodos de expansión económica más intensos de las últimas décadas. Según datos de la CEPAL, el PIB de la región creció a una tasa promedio del 5 por ciento anual entre 2003 y 2008, lo que significa un incremento medio superior al 3 por ciento en el producto por habitante, resultado no conseguido desde la época del modelo de sustitución de importaciones (CEPAL, 2008: 13). Algunos países como Argentina y Venezuela tuvieron una mejor trayectoria, con tasas de crecimiento de más del 8 por ciento por varios años consecutivos.
El buen desempeño económico de América Latina obedeció, en alguna medida, al mejoramiento sustancial de los términos de intercambio, al crecimiento del volumen de exportación y a los altos precios de los productos primarios durante el periodo de referencia, pero también en el caso de varios países, como los citados arriba y otros, al abandono de las recetas del Consenso de Washington, a la búsqueda de estrategias alternativas de desarrollo y a la aplicación de políticas monetarias, fiscales y salariales activas.
La recesión comenzó en América Latina durante el cuarto trimestre de 2008. A pesar de ello todavía en diciembre de 2008, la CEPAL preveía para 2009 un crecimiento del PIB del 1.9 por ciento. Sin embargo, en abril de 2009 el mismo organismo estimó una contracción del 0.3 por ciento (CEPAL, 2009a), y en junio la modificó a una mayor del -1.7% (El Financiero, 2009). El FMI y el Banco Mundial coinciden en que la región entrará en recesión y que esta afectará a economías tan importantes como Brasil, México, Argentina, Chile y Colombia. Durante el cuarto trimestre de 2008, México, Brasil, Argentina y Chile registraron decrecimientos anualizados del PIB del 10.3 por ciento, 13.6 por ciento, 8.3 por ciento y 1.2 por ciento respectivamente. En el primer trimestre de 2004, las caídas se moderaron en Brasil, Chile y Argentina, pero se profundizó en México al registrar un decrecimiento anualizado sin precedentes, del 21.5%.
En contra de lo que afirman diversos voceros, la crisis en América Latina no viene de fuera. Desde la crisis de la deuda externa de los ochenta, nuestros países se insertaron pasivamente en la globalización neoliberal, y fue dicha inserción la causante principal del estancamiento económico experimentado durante las últimas décadas. Ahora que la crisis global marca límites a la globalización, se evidencia la imposibilidad de mantener un patrón de acumulación liderado por las exportaciones y sostenido por políticas monetarias y fiscales restrictivas. La mejor constatación de la inoperancia del modelo neoliberal lo marca el hecho de que los países que lograron superar el estancamiento en el anterior periodo expansivo, fueron aquellos que se alejaron del Consenso de Washington y ensayaron estrategias alternativas de desarrollo. Otra cosa es que debido a la profundidad de la crisis, ésta afecta a todos los países de la región, con independencia del estilo de desarrollo adoptado.
Según la CEPAL (2008), los principales mecanismos de transmisión de la crisis han sido el deterioro de los términos de intercambio, la disminución de las remesas de los emigrantes y el retiro masivo de los flujos privados de capital de los mercados financieros. Este organismo multilateral (2008: 22) estima que los términos de intercambio de la región caerán un 15 por ciento durante 2009. Los precios de los productos primarios se desplomaron con la crisis. En febrero de 2009, estos precios habían caído respecto al pico de la expansión, de la siguiente manera: petróleo en 51 por ciento, alimentos en 18 por ciento, arroz en 50.6 por ciento, maíz en 47.9 por ciento, trigo en 41.9 por ciento, metales en 49 por ciento y cobre en 37.9 por ciento. En el caso de la caída de las remesas de migrantes, los países más afectados serán México, Bolivia, Ecuador y la mayor parte de Centroamérica y del Caribe.
Sin embargo, el factor que probablemente más ha afectado a las economías latinoamericanas, sobretodo a las más vinculadas a los circuitos financieros internacionales, es el retiro abrupto de los flujos externos de capital. El Instituto de Finanzas Internacionales, organismo dependiente del FMI, prevé que los ingresos de capital privado en los mercados emergentes descenderán a 165,000 millones de dólares en el 2009, una fuerte baja respecto a los 466,000 millones del 2008 y al récord histórico de 929,000 millones registrado en el 2007. La salida de recursos de los mercados de dinero y de capitales hacia instrumentos más seguros como los Bonos del Tesoro estadounidenses, no sólo han afectado los índices bursátiles y otras variables financieras de la región, sino que han provocado fuertes devaluaciones cambiarias. Es notable la devaluación de las monedas en los casos de México y Brasil, las dos mayores economías de la región. De julio de 2008 a febrero de 2009 la devaluación del real brasileño y del peso mexicano ante el dólar estadounidense fue 30.5 por ciento en ambos casos. Mientras en Chile y Argentina es de 15.2 y 14.9 por ciento respectivamente. Después, tanto en Brasil como en México se registró una recuperación relativa de sus monedas frente al dólar. En el caso de México vinculado al uso de la línea de crédito que le extendió la Reserva Federal estadounidense al Banco de México y a la contratación de una línea de crédito por 47 mil millones de dólares con el FMI.
La crisis global tiene todavía un largo camino por recorrer. El proceso de desvalorización de los capitales no ha concluido aún. Hasta ahora los países desarrollados han bajado hasta el límite la tasas de interés y han ejecutado agresivos programas fiscales de salvamento para estabilizar sus mercados financieros, romper la restricción crediticia y contener la recesión, sin que hayan logrado modificar sustancialmente el marco de incertidumbre en que se desenvuelve la economía mundial. Por el contrario, el panorama se nubla por el avance de la deflación y por su imbricación con la recesión. En esta ocasión no habrá salida exportadora para ningún país, lo que obligará a reestructurar los sistemas productivos y buscar la salida en los mercados internos y en espacios regionales de integración.
La situación de América Latina es sin duda compleja, con graves dificultades a encarar en el futuro inmediato. El camino de México, de Colombia y de los países más cercanos al Consenso de Washington parece definido: integrarse más con Estados Unidos, subordinarse a los organismos multilaterales y esperar a que pase el diluvio para reflotar el modelo neoliberal. Para algunos puede ser un escenario atractivo, pero los costos sociales serán inmensos. Sin duda se profundizarán la heterogeneidad estructural, la desigualdad social y la pobreza. Por otra parte, la ruta para los gobiernos autodefinidos como progresistas, que son la mayoría de la región, es difícil. Estos gobiernos deberían perseverar, en un contexto mundial convulso, en su unidad; en la profundización de sus procesos de transformación económica y política internos; en la búsqueda de estrategias y políticas alternativas; en la ampliación de sus relaciones con las potencias emergentes (China, Rusia, India, Irán, etc.); y en la concreción y fortalecimientos de esquemas de integración sur-sur.
BIBLIOGRAFÍA
CEPAL (2009). “Crecimiento de América Latina y el Caribe retrocedería a -0.3% en 2009, según la CEPAL”, 6 de abril, en: http://www.eclac.org
-------- (2008). Balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe, Comisión Económica para América Latina, Naciones Unidas, Santiago de Chile.
El Financiero (2009). “Estima Cepal caída de 1.7% del PIB en América Latina”. México 11 de junio.
Guillén A (2007). Mito y realidad de la globalización neoliberal. México, Miguel Ángel Porrúa editores –UAMI
- Dr. Arturo Guillén R. es Profesor-Investigador del Departamento de Economía
Coordinador del Posgrado en Estudios Sociales, Línea Economía Social
Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, México
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ALAI AMLATINA
La crisis global es la crisis más importante experimentada por el capitalismo desde la gran crisis de los años treinta del siglo pasado. Se trata de una crisis de deuda-deflación de nuevo tipo, que señala los límites del régimen de acumulación con dominación financiera vigente desde la década de los ochenta, y que estaba caracterizado, entre otros elementos, por la bursatilización, es decir, por un régimen de financiamiento basado en la emisión de obligaciones y derivados.
En el tercer trimestre de 2008 la crisis inmobiliaria que comenzó a manifestarse en Estados Unidos a comienzos de 2007, se transformó en una crisis financiera de grandes proporciones con efectos sistémicos. A la fecha, a pesar de las enormes pérdidas registradas en los mercados financieros y del alto costo de los rescates y de las inyecciones de liquidez efectuadas por los bancos centrales y de los gobiernos, la inestabilidad financiera está lejos de haberse superado. Además, se inició una recesión de alcance global en el segundo trimestre de 2008.
La crisis económica y financiera es sólo uno de los cuatro procesos de crisis que enfrenta el mundo en la actualidad. Junto a ella se entrelazan otros procesos iguales o más importantes, como la crisis ecológica (donde destacan los problemas derivados del calentamiento del planeta); la crisis energética que señala los límites de un paradigma energético y de un modo de consumo basado en el uso y abuso de los combustibles fósiles; y la crisis alimentaria. Es, pues, una crisis inédita y multifacética. Se asiste, en muchos sentidos, a la crisis de lo que Braudel denominaba la “civilización occidental”.
Cuando la crisis financiera ya se manifestaba con fuerza en Estados Unidos durante el último trimestre de 2007, en algunos círculos existía la creencia errónea, el mito de que ciertos países podrían “desacoplarse” (decoupling) de los efectos de la misma. Se popularizó la idea de que aún en el caso de una recesión estadounidense, el ciclo de crecimiento de la economía mundial se mantendría y la Unión Europea, Asia, así como los países emergentes podrían seguir creciendo.
Pronto se evidenció que tal “desacoplamiento” no existe, mucho menos en una economía tan globalizada como la actual. En un trabajo anterior (Guillén, 2009) sostenía que la crisis se globalizaría por dos razones: primero, porque la “burbuja” de los bienes raíces no fue un fenómeno estadounidense, sino que abarcó a muchos países; y segundo, porque el involucramiento en la orgía de bursatilización y derivados incluyó también a bancos e intermediarios financieros europeos y asiáticos. Además, resulta difícil pensar en desacoplamiento en un mundo más integrado que nunca, por la vía del comercio exterior y de los flujos financieros. Tampoco resulta factible esperar desacoplamientos en el marco de una “arquitectura” financiera mundial donde los Estados Unidos actúan como “comprador de última instancia” mediante el financiamiento de sus déficit (presupuestal y de balanza de pagos) vía ahorro externo. En otras palabras, no es dable esperar que los vagones continúen su movimiento cuando la locomotora se detiene.
Es posible que algunas grandes economías como China o India, resistan mejor los embates de la crisis y logren mantener su crecimiento. Sin embargo, el aumento en sus productos internos será a una tasa mucho menor, y siempre y cuando logren reenfocar sus estrategias de desarrollo hacia sus mercados internos.
La mayoría de los países han entrado en recesión, o lo harán en los meses siguientes. Esta es generalizada y profunda. Se trata sin duda de la contracción más importante desde la posguerra. Abarca a los Estados Unidos, a la Unión Europea, a Japón, a los países de Asia del Este y a un buen número de los llamados países emergentes de la periferia. América Latina no es la excepción.
La crisis global golpeó a América Latina cuando esta región emergía de uno de los periodos de expansión económica más intensos de las últimas décadas. Según datos de la CEPAL, el PIB de la región creció a una tasa promedio del 5 por ciento anual entre 2003 y 2008, lo que significa un incremento medio superior al 3 por ciento en el producto por habitante, resultado no conseguido desde la época del modelo de sustitución de importaciones (CEPAL, 2008: 13). Algunos países como Argentina y Venezuela tuvieron una mejor trayectoria, con tasas de crecimiento de más del 8 por ciento por varios años consecutivos.
El buen desempeño económico de América Latina obedeció, en alguna medida, al mejoramiento sustancial de los términos de intercambio, al crecimiento del volumen de exportación y a los altos precios de los productos primarios durante el periodo de referencia, pero también en el caso de varios países, como los citados arriba y otros, al abandono de las recetas del Consenso de Washington, a la búsqueda de estrategias alternativas de desarrollo y a la aplicación de políticas monetarias, fiscales y salariales activas.
La recesión comenzó en América Latina durante el cuarto trimestre de 2008. A pesar de ello todavía en diciembre de 2008, la CEPAL preveía para 2009 un crecimiento del PIB del 1.9 por ciento. Sin embargo, en abril de 2009 el mismo organismo estimó una contracción del 0.3 por ciento (CEPAL, 2009a), y en junio la modificó a una mayor del -1.7% (El Financiero, 2009). El FMI y el Banco Mundial coinciden en que la región entrará en recesión y que esta afectará a economías tan importantes como Brasil, México, Argentina, Chile y Colombia. Durante el cuarto trimestre de 2008, México, Brasil, Argentina y Chile registraron decrecimientos anualizados del PIB del 10.3 por ciento, 13.6 por ciento, 8.3 por ciento y 1.2 por ciento respectivamente. En el primer trimestre de 2004, las caídas se moderaron en Brasil, Chile y Argentina, pero se profundizó en México al registrar un decrecimiento anualizado sin precedentes, del 21.5%.
En contra de lo que afirman diversos voceros, la crisis en América Latina no viene de fuera. Desde la crisis de la deuda externa de los ochenta, nuestros países se insertaron pasivamente en la globalización neoliberal, y fue dicha inserción la causante principal del estancamiento económico experimentado durante las últimas décadas. Ahora que la crisis global marca límites a la globalización, se evidencia la imposibilidad de mantener un patrón de acumulación liderado por las exportaciones y sostenido por políticas monetarias y fiscales restrictivas. La mejor constatación de la inoperancia del modelo neoliberal lo marca el hecho de que los países que lograron superar el estancamiento en el anterior periodo expansivo, fueron aquellos que se alejaron del Consenso de Washington y ensayaron estrategias alternativas de desarrollo. Otra cosa es que debido a la profundidad de la crisis, ésta afecta a todos los países de la región, con independencia del estilo de desarrollo adoptado.
Según la CEPAL (2008), los principales mecanismos de transmisión de la crisis han sido el deterioro de los términos de intercambio, la disminución de las remesas de los emigrantes y el retiro masivo de los flujos privados de capital de los mercados financieros. Este organismo multilateral (2008: 22) estima que los términos de intercambio de la región caerán un 15 por ciento durante 2009. Los precios de los productos primarios se desplomaron con la crisis. En febrero de 2009, estos precios habían caído respecto al pico de la expansión, de la siguiente manera: petróleo en 51 por ciento, alimentos en 18 por ciento, arroz en 50.6 por ciento, maíz en 47.9 por ciento, trigo en 41.9 por ciento, metales en 49 por ciento y cobre en 37.9 por ciento. En el caso de la caída de las remesas de migrantes, los países más afectados serán México, Bolivia, Ecuador y la mayor parte de Centroamérica y del Caribe.
Sin embargo, el factor que probablemente más ha afectado a las economías latinoamericanas, sobretodo a las más vinculadas a los circuitos financieros internacionales, es el retiro abrupto de los flujos externos de capital. El Instituto de Finanzas Internacionales, organismo dependiente del FMI, prevé que los ingresos de capital privado en los mercados emergentes descenderán a 165,000 millones de dólares en el 2009, una fuerte baja respecto a los 466,000 millones del 2008 y al récord histórico de 929,000 millones registrado en el 2007. La salida de recursos de los mercados de dinero y de capitales hacia instrumentos más seguros como los Bonos del Tesoro estadounidenses, no sólo han afectado los índices bursátiles y otras variables financieras de la región, sino que han provocado fuertes devaluaciones cambiarias. Es notable la devaluación de las monedas en los casos de México y Brasil, las dos mayores economías de la región. De julio de 2008 a febrero de 2009 la devaluación del real brasileño y del peso mexicano ante el dólar estadounidense fue 30.5 por ciento en ambos casos. Mientras en Chile y Argentina es de 15.2 y 14.9 por ciento respectivamente. Después, tanto en Brasil como en México se registró una recuperación relativa de sus monedas frente al dólar. En el caso de México vinculado al uso de la línea de crédito que le extendió la Reserva Federal estadounidense al Banco de México y a la contratación de una línea de crédito por 47 mil millones de dólares con el FMI.
La crisis global tiene todavía un largo camino por recorrer. El proceso de desvalorización de los capitales no ha concluido aún. Hasta ahora los países desarrollados han bajado hasta el límite la tasas de interés y han ejecutado agresivos programas fiscales de salvamento para estabilizar sus mercados financieros, romper la restricción crediticia y contener la recesión, sin que hayan logrado modificar sustancialmente el marco de incertidumbre en que se desenvuelve la economía mundial. Por el contrario, el panorama se nubla por el avance de la deflación y por su imbricación con la recesión. En esta ocasión no habrá salida exportadora para ningún país, lo que obligará a reestructurar los sistemas productivos y buscar la salida en los mercados internos y en espacios regionales de integración.
La situación de América Latina es sin duda compleja, con graves dificultades a encarar en el futuro inmediato. El camino de México, de Colombia y de los países más cercanos al Consenso de Washington parece definido: integrarse más con Estados Unidos, subordinarse a los organismos multilaterales y esperar a que pase el diluvio para reflotar el modelo neoliberal. Para algunos puede ser un escenario atractivo, pero los costos sociales serán inmensos. Sin duda se profundizarán la heterogeneidad estructural, la desigualdad social y la pobreza. Por otra parte, la ruta para los gobiernos autodefinidos como progresistas, que son la mayoría de la región, es difícil. Estos gobiernos deberían perseverar, en un contexto mundial convulso, en su unidad; en la profundización de sus procesos de transformación económica y política internos; en la búsqueda de estrategias y políticas alternativas; en la ampliación de sus relaciones con las potencias emergentes (China, Rusia, India, Irán, etc.); y en la concreción y fortalecimientos de esquemas de integración sur-sur.
BIBLIOGRAFÍA
CEPAL (2009). “Crecimiento de América Latina y el Caribe retrocedería a -0.3% en 2009, según la CEPAL”, 6 de abril, en: http://www.eclac.org
-------- (2008). Balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe, Comisión Económica para América Latina, Naciones Unidas, Santiago de Chile.
El Financiero (2009). “Estima Cepal caída de 1.7% del PIB en América Latina”. México 11 de junio.
Guillén A (2007). Mito y realidad de la globalización neoliberal. México, Miguel Ángel Porrúa editores –UAMI
- Dr. Arturo Guillén R. es Profesor-Investigador del Departamento de Economía
Coordinador del Posgrado en Estudios Sociales, Línea Economía Social
Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, México
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Crisis Capitalismo,
Hegemonía y Dominación
El origen de la crisis es subterráneo, negro y viscoso
Chris Arsenault
IPS Noticias
Sentado en el restaurante del hotel Fairount Waterfront de Vancouver, Jeff Rubin, ex economista jefe de uno de los bancos más grandes de Canadá, no parece el típico cultor de teorías apocalípticas.
Pero en su nuevo libro, titulado Why Your World is About to Get a Whole Lot Smaller ("Por qué tu mundo está por volverse mucho más chico"), Rubin argumenta que el proceso de globalización, que engordó con el petróleo barato, está acabado.
Para él, la actual crisis económica mundial es consecuencia del aumento del precio de la energía, más que de la debacle hipotecaria en Estados Unidos.
Rubin pronostica que el barril de 169 litros de petróleo costará 225 dólares para 2012. El diario conservador National Post, que solía contarlo entre sus expertos de cabecera cuando trabajaba en la firma financiera CIBC World Markets, lo acusa ahora de "antimaterialismo" y "paranoia petrolera".
Sus antiguos admiradores olvidan que en 2000 Rubin estimó que cinco años después el barril de crudo costaría 50 dólares y que en 2005 dijo que aumentaría a 100 dólares para 2007. Olvidan, también, que ganó esas dos apuestas.
IPS: Si la situación de la seguridad en Iraq mejora y el petróleo barato vuelve a estar disponible para la exportación, ¿su pronóstico para 2012 perdería validez?
JEFF RUBIN: Ni un poco. Tampoco otra predicción mía: que las ventas de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en lugar de crecer, caerán a entre un millón y 1,5 millones de barriles diarios en los próximos cuatro a cinco años.
No se trata sólo del agotamiento de las reservas de la OPEP, fenómeno que, de todos modos, tiene un rol clave. Lo determinante es el aumento explosivo del consumo de energía en los propios países de la OPEP. Por eso las exportaciones de los miembros del grupo no crecieron en los últimos cinco años. Las están canibalizando.
IPS: Si la economía mundial puede funcionar con el crudo a 140 dólares por barril, ¿no podría hacerlo echando mano a las enormes reservas de petróleo no convencional, como las del esquisto bituminoso de Utah, Estados Unidos, el crudo pesado del Orinoco venezolano y los yacimientos submarinos?
JEFF RUBIN: ¿Qué le sucedió a la economía mundial cuando el crudo alcanzó los 140 dólares? ¿La recesión más profunda de posguerra se debe, realmente, al colapso de las hipotecas en Estados Unidos? ¿O al barril a 140 dólares? Me inclino por lo segundo.
¿Qué golpeó los ingresos de Jeff Rubin el año pasado? La crisis inmobiliaria en Cleveland, Estados Unidos. Pero la caída de los ingresos de Jeff Rubin y la caída de la producción mundial son dos cosas muy, muy distintas.
IPS: ¿Hasta qué punto puede ser sostenible la globalización actual, conducida por el comercio internacional, con un petróleo caro?
JEFF RUBIN: El modelo tal como lo conocemos llegó al máximo en 2007, si medimos la globalización según el porcentaje que representa el comercio exterior en la producción mundial.
Ahora veremos cada vez menos y menos buques cargueros. Todos esos contenedores eran "el arca de los salarios" Al mover tu fábrica de un país donde debías pagar a los trabajadores 30 dólares por hora a otro donde debes pagarles 30 dólares semanales es buenísimo, al menos si sólo se trata de salarios.
Pero lo que mueve esos buques es el petróleo. Con un barril a entre 150 y 200 dólares, preocuparte por los salarios equivale a prestarle atención a los centavos mientras los dólares se te escurren con la factura del combustible.
IPS: Algunos analistas calculan que 25 por ciento de los hidrocarburos del mundo se encuentran en el Ártico, y que la región se abrirá pronto a su explotación, paradójicamente, a causa del recalentamiento planetario.
JEFF RUBIN: Lo del Ártico es una gota en la fuente. Estás perdiendo de vista lo que Exxon y Cambridge Energy Research Associates no te dirán. Porque convocan conferencias de prensa para informarte sobre las nuevas reservas que descubren, pero no sobre las que se agotan. Y por esa razón se pierden cuatro millones de barriles diarios de producción.
En los próximos cinco años, deberíamos descubrir reservas para extraer 20 millones de barriles diarios si queremos mantener el consumo actual.
IPS: Tal vez sus pronósticos sobre el suministro y el precio sean correctos. Pero, ¿un aumento en la eficiencia en el uso de la energía no podría compensar la caída de la producción?
JEFF RUBIN: La eficiencia lleva a la conservación. Pero la historia demuestra que eso no es lo que sucede.
Los motores promedio actuales son 30 por ciento más eficientes que los que funcionaban antes del shock petrolero de los años 70. Pero el vehículo norteamericano promedio consume lo mismo que antes cada año.
En esos tiempos, los norteamericanos conducíamos nuestros vehículos unos 14.500 kilómetros anuales. Hoy, son 19.300. Y por aquellos años no estábamos viviendo en suburbios alejados. Avanzamos en eficiencia, pero terminamos consumiendo más y más combustible.
IPS: ¿Qué ve como una amenaza mayor, el encarecimiento del petróleo o el del agua?
JEFF RUBIN: Ése es un juego totalmente distinto. Hay un lugar donde ambos se cruzan: en las arenas bituminosas de Canadá. Para producir un barril de petróleo sintético, deben quemarse 1.100 metros cúbicos de gas natural, trasladarse dos toneladas de arena y contaminar casi 1.000 litros de agua.
Al igual que las emisiones de carbono, el agua es gratis. Si eres un extractor de petróleo de arenas bituminosas y tienes 1.000 litros de agua, trabajarás sin costo.
Enlace a Rebelion
Artículo relacionado: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=86860
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Sentado en el restaurante del hotel Fairount Waterfront de Vancouver, Jeff Rubin, ex economista jefe de uno de los bancos más grandes de Canadá, no parece el típico cultor de teorías apocalípticas.
Pero en su nuevo libro, titulado Why Your World is About to Get a Whole Lot Smaller ("Por qué tu mundo está por volverse mucho más chico"), Rubin argumenta que el proceso de globalización, que engordó con el petróleo barato, está acabado.
Para él, la actual crisis económica mundial es consecuencia del aumento del precio de la energía, más que de la debacle hipotecaria en Estados Unidos.
Rubin pronostica que el barril de 169 litros de petróleo costará 225 dólares para 2012. El diario conservador National Post, que solía contarlo entre sus expertos de cabecera cuando trabajaba en la firma financiera CIBC World Markets, lo acusa ahora de "antimaterialismo" y "paranoia petrolera".
Sus antiguos admiradores olvidan que en 2000 Rubin estimó que cinco años después el barril de crudo costaría 50 dólares y que en 2005 dijo que aumentaría a 100 dólares para 2007. Olvidan, también, que ganó esas dos apuestas.
IPS: Si la situación de la seguridad en Iraq mejora y el petróleo barato vuelve a estar disponible para la exportación, ¿su pronóstico para 2012 perdería validez?
JEFF RUBIN: Ni un poco. Tampoco otra predicción mía: que las ventas de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en lugar de crecer, caerán a entre un millón y 1,5 millones de barriles diarios en los próximos cuatro a cinco años.
No se trata sólo del agotamiento de las reservas de la OPEP, fenómeno que, de todos modos, tiene un rol clave. Lo determinante es el aumento explosivo del consumo de energía en los propios países de la OPEP. Por eso las exportaciones de los miembros del grupo no crecieron en los últimos cinco años. Las están canibalizando.
IPS: Si la economía mundial puede funcionar con el crudo a 140 dólares por barril, ¿no podría hacerlo echando mano a las enormes reservas de petróleo no convencional, como las del esquisto bituminoso de Utah, Estados Unidos, el crudo pesado del Orinoco venezolano y los yacimientos submarinos?
JEFF RUBIN: ¿Qué le sucedió a la economía mundial cuando el crudo alcanzó los 140 dólares? ¿La recesión más profunda de posguerra se debe, realmente, al colapso de las hipotecas en Estados Unidos? ¿O al barril a 140 dólares? Me inclino por lo segundo.
¿Qué golpeó los ingresos de Jeff Rubin el año pasado? La crisis inmobiliaria en Cleveland, Estados Unidos. Pero la caída de los ingresos de Jeff Rubin y la caída de la producción mundial son dos cosas muy, muy distintas.
IPS: ¿Hasta qué punto puede ser sostenible la globalización actual, conducida por el comercio internacional, con un petróleo caro?
JEFF RUBIN: El modelo tal como lo conocemos llegó al máximo en 2007, si medimos la globalización según el porcentaje que representa el comercio exterior en la producción mundial.
Ahora veremos cada vez menos y menos buques cargueros. Todos esos contenedores eran "el arca de los salarios" Al mover tu fábrica de un país donde debías pagar a los trabajadores 30 dólares por hora a otro donde debes pagarles 30 dólares semanales es buenísimo, al menos si sólo se trata de salarios.
Pero lo que mueve esos buques es el petróleo. Con un barril a entre 150 y 200 dólares, preocuparte por los salarios equivale a prestarle atención a los centavos mientras los dólares se te escurren con la factura del combustible.
IPS: Algunos analistas calculan que 25 por ciento de los hidrocarburos del mundo se encuentran en el Ártico, y que la región se abrirá pronto a su explotación, paradójicamente, a causa del recalentamiento planetario.
JEFF RUBIN: Lo del Ártico es una gota en la fuente. Estás perdiendo de vista lo que Exxon y Cambridge Energy Research Associates no te dirán. Porque convocan conferencias de prensa para informarte sobre las nuevas reservas que descubren, pero no sobre las que se agotan. Y por esa razón se pierden cuatro millones de barriles diarios de producción.
En los próximos cinco años, deberíamos descubrir reservas para extraer 20 millones de barriles diarios si queremos mantener el consumo actual.
IPS: Tal vez sus pronósticos sobre el suministro y el precio sean correctos. Pero, ¿un aumento en la eficiencia en el uso de la energía no podría compensar la caída de la producción?
JEFF RUBIN: La eficiencia lleva a la conservación. Pero la historia demuestra que eso no es lo que sucede.
Los motores promedio actuales son 30 por ciento más eficientes que los que funcionaban antes del shock petrolero de los años 70. Pero el vehículo norteamericano promedio consume lo mismo que antes cada año.
En esos tiempos, los norteamericanos conducíamos nuestros vehículos unos 14.500 kilómetros anuales. Hoy, son 19.300. Y por aquellos años no estábamos viviendo en suburbios alejados. Avanzamos en eficiencia, pero terminamos consumiendo más y más combustible.
IPS: ¿Qué ve como una amenaza mayor, el encarecimiento del petróleo o el del agua?
JEFF RUBIN: Ése es un juego totalmente distinto. Hay un lugar donde ambos se cruzan: en las arenas bituminosas de Canadá. Para producir un barril de petróleo sintético, deben quemarse 1.100 metros cúbicos de gas natural, trasladarse dos toneladas de arena y contaminar casi 1.000 litros de agua.
Al igual que las emisiones de carbono, el agua es gratis. Si eres un extractor de petróleo de arenas bituminosas y tienes 1.000 litros de agua, trabajarás sin costo.
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Artículo relacionado: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=86860
miércoles, 1 de julio de 2009
La OIT calcula que harán falta 300 millones de empleos para recuperar el nivel anterior a la crisis
Europa Press
Se necesitarán de cinco a seis años para que el mercado laboral mundial vuelva al punto en que se encontraba antes de la crisis
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que hará falta crear 300 millones de puestos de trabajo en los próximos cinco años para que la economía mundial recupere el nivel de empleo anterior a la crisis.
Así lo puso de manifiesto el director de la OIT en España, Juan Felipe Hunt, durante una rueda de prensa para explicar el Pacto Mundial para el Empleo alcanzado la semana pasada en Ginebra durante la 98 Conferencia Internacional de la OIT.
La OIT estima que, incluso después de la reactivación del crecimiento económico, la recuperación del empleo a niveles existentes antes de la crisis no se producirá hasta cinco o seis años después, debido a que siguen diferentes "tempos", explicó Hunt.
Las estimaciones de esta organización, de la que forman parte 183 países, son desoladoras. A finales de 2009, la OIT prevé que el número de parados a nivel mundial se sitúe entre 210 y 239 millones, el equivalente a una tasa de desempleo de entre el 6,5% y el 7,4%.
Asimismo, advierte de que 200 millones de trabajadores están en riesgo de entrar en la pobreza (vivir con menos de dos dólares al día) y de que el paro juvenil podría incrementarse a finales de este año en más de 11 millones de personas, hasta una tasa cercana al 15%, superior por tanto a la tasa de desempleo general.
Además, estima que 45 millones de personas tratarán de acceder al mercado laboral este año y también en ejercicios posteriores, no pudiendo cubrirse tal demanda, pues el crecimiento mundial del empleo será, como máximo, del 0,1%.
"ESPAÑA NO SERÁ UNA EXCEPCIÓN".
Aunque las previsiones de la OIT son a nivel mundial, Hunt afirmó que España no será una excepción en cuanto al tiempo que le llevará recuperarse de la crisis de empleo, y ello pese a las señales y "los primeros brotes" de reactivación a los que parecen apuntar diferentes indicadores. "Pero la fuerza de la recuperación tiene todavía incertidumbres", añadió.
Uno de estos indicadores que han mejorado su evolución es el paro registrado del Inem, que lleva dos meses descendiendo, aunque Hunt insistió en que habrá que esperar a los próximos meses para saber si se trata de algo coyuntural, por efecto del 'Plan E', o de la consolidación de una tendencia.
En todo caso, Hunt recordó que la crisis ha tenido en España un impacto más acusado por sus propias características, pues la recesión llegó en un momento en el que los españoles presentaban un elevado endeudamiento y un excesivo déficit exterior, entre otros elementos diferenciales. Ello se ha notado en los esfuerzos que ha realizado España para paliar la situación económica. Mientras que otros países están invirtiendo entre el 1,5% y el 2% de su PIB a medidas anticrisis, España está dedicando entre el 3% y el 3,4%.
Junto a las medidas adoptadas por el Gobierno, el proceso de diálogo entre éste y los agentes sociales continúa abierto, a la espera de un acuerdo que se espera para antes del mes de agosto.
Hunt, que consideró "legítimas" tanto la postura empresarial de reclamar una reforma laboral como la posición sindical de oponerse a rebajas en el coste del despido, insistió en que el diálogo social "no está muerto" y se mostró convencido de que ambas partes serán capaces de cerrar un acuerdo y avanzar en el modelo de 'flexiseguridad' que preside actualmente las tendencias internacionales.
PACTO MUNDIAL PARA EL EMPLEO.
El director de la OIT en España advirtió de que el mundo se enfrenta a una crisis "persistente" de empleo a menos que se lleve a cabo una acción coordinada y mundial para impulsar y mantener los puestos de trabajo.
En este sentido, el Pacto Mundial para el Empleo alcanzado la semana pasada en Ginebra pretende ofrecer orientaciones a las políticas económicas nacionales e internacionales para estimular la creación de empleo decente y el crecimiento económico, proteger a los parados y a los más desfavorecidos, y sentar las bases de un nuevo modelo económico "más justo, más equilibrado y más verde".
Hunt, que definió este pacto como la "respuesta más urgente y amplia" adoptada por la OIT en sus 90 años de historia, señaló que se trata de un compromiso de los gobiernos, los empleadores y los trabajadores (las tres partes que conforman la OIT) para trabajar unidos frente a la crisis.
En él, dijo, caben todos los países, tanto los ricos como los más pobres y, entre sus puntos más significativos se encuentran la necesidad de situar el pleno empleo y el trabajo decente en el centro de las respuestas a la crisis, establecer salarios mínimos mediante norma o convenio, evitar las espirales salariales deflacionistas, reforzar el diálogo social y la negociación colectiva, y establecer un régimen básico de protección social ("piso social") que incluya asistencia sanitaria y otras prestaciones básicas.
Se necesitarán de cinco a seis años para que el mercado laboral mundial vuelva al punto en que se encontraba antes de la crisis
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que hará falta crear 300 millones de puestos de trabajo en los próximos cinco años para que la economía mundial recupere el nivel de empleo anterior a la crisis.
Así lo puso de manifiesto el director de la OIT en España, Juan Felipe Hunt, durante una rueda de prensa para explicar el Pacto Mundial para el Empleo alcanzado la semana pasada en Ginebra durante la 98 Conferencia Internacional de la OIT.
La OIT estima que, incluso después de la reactivación del crecimiento económico, la recuperación del empleo a niveles existentes antes de la crisis no se producirá hasta cinco o seis años después, debido a que siguen diferentes "tempos", explicó Hunt.
Las estimaciones de esta organización, de la que forman parte 183 países, son desoladoras. A finales de 2009, la OIT prevé que el número de parados a nivel mundial se sitúe entre 210 y 239 millones, el equivalente a una tasa de desempleo de entre el 6,5% y el 7,4%.
Asimismo, advierte de que 200 millones de trabajadores están en riesgo de entrar en la pobreza (vivir con menos de dos dólares al día) y de que el paro juvenil podría incrementarse a finales de este año en más de 11 millones de personas, hasta una tasa cercana al 15%, superior por tanto a la tasa de desempleo general.
Además, estima que 45 millones de personas tratarán de acceder al mercado laboral este año y también en ejercicios posteriores, no pudiendo cubrirse tal demanda, pues el crecimiento mundial del empleo será, como máximo, del 0,1%.
"ESPAÑA NO SERÁ UNA EXCEPCIÓN".
Aunque las previsiones de la OIT son a nivel mundial, Hunt afirmó que España no será una excepción en cuanto al tiempo que le llevará recuperarse de la crisis de empleo, y ello pese a las señales y "los primeros brotes" de reactivación a los que parecen apuntar diferentes indicadores. "Pero la fuerza de la recuperación tiene todavía incertidumbres", añadió.
Uno de estos indicadores que han mejorado su evolución es el paro registrado del Inem, que lleva dos meses descendiendo, aunque Hunt insistió en que habrá que esperar a los próximos meses para saber si se trata de algo coyuntural, por efecto del 'Plan E', o de la consolidación de una tendencia.
En todo caso, Hunt recordó que la crisis ha tenido en España un impacto más acusado por sus propias características, pues la recesión llegó en un momento en el que los españoles presentaban un elevado endeudamiento y un excesivo déficit exterior, entre otros elementos diferenciales. Ello se ha notado en los esfuerzos que ha realizado España para paliar la situación económica. Mientras que otros países están invirtiendo entre el 1,5% y el 2% de su PIB a medidas anticrisis, España está dedicando entre el 3% y el 3,4%.
Junto a las medidas adoptadas por el Gobierno, el proceso de diálogo entre éste y los agentes sociales continúa abierto, a la espera de un acuerdo que se espera para antes del mes de agosto.
Hunt, que consideró "legítimas" tanto la postura empresarial de reclamar una reforma laboral como la posición sindical de oponerse a rebajas en el coste del despido, insistió en que el diálogo social "no está muerto" y se mostró convencido de que ambas partes serán capaces de cerrar un acuerdo y avanzar en el modelo de 'flexiseguridad' que preside actualmente las tendencias internacionales.
PACTO MUNDIAL PARA EL EMPLEO.
El director de la OIT en España advirtió de que el mundo se enfrenta a una crisis "persistente" de empleo a menos que se lleve a cabo una acción coordinada y mundial para impulsar y mantener los puestos de trabajo.
En este sentido, el Pacto Mundial para el Empleo alcanzado la semana pasada en Ginebra pretende ofrecer orientaciones a las políticas económicas nacionales e internacionales para estimular la creación de empleo decente y el crecimiento económico, proteger a los parados y a los más desfavorecidos, y sentar las bases de un nuevo modelo económico "más justo, más equilibrado y más verde".
Hunt, que definió este pacto como la "respuesta más urgente y amplia" adoptada por la OIT en sus 90 años de historia, señaló que se trata de un compromiso de los gobiernos, los empleadores y los trabajadores (las tres partes que conforman la OIT) para trabajar unidos frente a la crisis.
En él, dijo, caben todos los países, tanto los ricos como los más pobres y, entre sus puntos más significativos se encuentran la necesidad de situar el pleno empleo y el trabajo decente en el centro de las respuestas a la crisis, establecer salarios mínimos mediante norma o convenio, evitar las espirales salariales deflacionistas, reforzar el diálogo social y la negociación colectiva, y establecer un régimen básico de protección social ("piso social") que incluya asistencia sanitaria y otras prestaciones básicas.
martes, 9 de junio de 2009
Los nietos de Keynes
GONZALO PONTÓN El País
Pues bien, ahora los nietos de Keynes ya saben cuáles son esas posibilidades: más de lo mismo. Tras centenares, miles, de artículos y bastantes libros sobre la actual crisis económica, parece haber un consenso general sobre la sintomatología de la enfermedad: estenosis aguda de los mercados financieros, severa arritmia de los equilibrios globales, trombosis en las vías arteriales del dinero por la toxicidad de la deuda, colapso del empleo y metástasis generalizada.
No hay, en cambio, unanimidad sobre la patogenia: unos dicen que las tercianas del ciclo económico no habían sido erradicadas, otros, que las "expectativas económicas racionales" han sufrido un ictus, otros, aun, apuntan a una inmunodeficiencia adquirida del mercado.
Y mucho menos hay consenso sobre la terapéutica: antitérmicos para los tipos de interés o hipotensores para los impuestos, transfusiones de dinero directamente en vena o por vía parenteral, vitamina B12 para la demanda agregada o prozac para estimular la serotonina del consumidor...
Pero, desde luego, lo que no se ha visto es una asunción pública de responsabilidades por parte de los facultativos de guardia, que no advirtieron las primeras manifestaciones del desorden celular, ni de los internistas, que causaron daños yatrogénicos, ni de los especialistas, que favorecieron los intereses de la dirección del centro.
Los filósofos morales nos han mostrado el camino hacia la "vida buena" sin ocultar los males del recorrido. En términos económicos, se trataría de pasar del estadio de la necesidad al estadio de la "estabilización" (Keynes), o del estadio de la desigualdad al estadio del "comunismo" (Marx). Para llegar a puerto habría que sufrir una transición en la que se perderían libertades individuales: según Keynes, durante la etapa capitalista; según Marx, durante la dictadura del proletariado.
Ahora ya sabemos, por experiencia histórica, que la "dictadura del proletariado" nunca se produjo, pero sí la pérdida casi absoluta de las libertades individuales a manos de los dirigentes, burócratas y aparatchikis del régimen soviético.Dado el estadio evolutivo de la especie humana en que nos encontramos, parece que no estamos en condiciones de concebir otra transición posible hacia la "vida buena" que el capitalismo. Sea, pero no aceptemos que sus dirigentes, sus burócratas y sus aparatchikis impidan o prostituyan el estadio de transición. Me estoy refiriendo a los macroeconomistas, sobre todo a los de la escuela neoclásica, que son los que tienen más poder en los gobiernos, los bancos centrales, las entidades de crédito, los mercados de valores o las agencias de calificación del riesgo.
La "verdadera interpretación de los hechos" de estos mandarines de la economía es que lo que ha pasado "era imposible que sucediera". ¿Por qué? Por dos razones fundamentales: primera, porque el mercado es eficiente, se autorregula y, más pronto o más tarde, corrige sus fallos; segunda, porque es imposible que los mercados financieros valoren mal los activos, y por eso apenas requieren regulación. No crean que éstos son postulados exclusivos de los economistas neoclásicos, o "de agua dulce" (los de Chicago); también los neokeynesianos se tragaron en buena parte lo de las "expectativas económicas racionales". Éstas se deducen de modelos econométricos capaces en teoría de prever todas las contingencias futuras, incluido el riesgo, las variables aleatorias y los factores estocásticos. Sin embargo, Alan Greenspan, gurú de los economistas "de agua dulce", para tratar de explicar este inmenso fallo del mercado, ha dicho que "los modelos de gestión del riesgo son aún demasiado simples para capturar la entera dimensión de las variables críticas que gobiernan la realidad económica", y ha reconocido que la gestión monetaria de la Reserva Federal "se había basado en una imperfection" (la regulación innecesaria). Así, pues, ¿toda la tesis del mercado eficiente se basaba en una impostura intelectual? Apaga y vámonos.
En cuanto a la falta de regulación de las entidades financieras ("lo que está sucediendo bajo la superficie") se sorprenden de que un "caballero" como Bernie Madoff resultara ser un chorizo. ¿De veras no habían oído hablar nunca de John Law, de John Blunt, de Necker o de Cabarrús? ¿Ni tampoco de Charles Ponzi, Bernard Cornfeld, Drexel Burnham o Michael Milken? Dicen que es algo que no se va a repetir: "¡Ay, Federico García, llama a la Guardia Civil!".
Ante tanta impostura ¿cómo es que la sociedad no dirige su indignación hacia estos popes? No toleramos los errores médicos garrafales que causan un mal. Y nos hubiéramos enfurecido con las autoridades sanitarias si no hubieran reaccionado preventivamente ante una amenaza tóxica como la gripe H1N1. ¿Por qué no lo hacemos con quienes no tomaron medidas para prevenir la deuda tóxica?
El profesor Robert Skidelsky, gran biógrafo de Keynes, está ultimando un libro sobre The Return of the Master en el que sostiene que el fracaso intelectual de esta crisis es responsabilidad de los economistas. Para él la economía es hoy una disciplina regresiva envuelta en el cartón piedra de las matemáticas y sugiere que se separen en distintas facultades los estudios de macro y de microeconomía.
Es un hecho que muchos macroeconomistas engreídos han abusado de la fiabilidad de sus modelos. En realidad, la carne de los modelos econométricos la pone la estadística, y la guarnición, un aparato matemático que no deja de ser una taquigrafía para escribir menos páginas y que, muchas veces, no es más que una tramposa deturpación de las matemáticas como ha denunciado en su libro L'illusion économique el profesor Bernard Guerrien. Eso sí, las pocas páginas que deja libres de ecuaciones están escritas en una jerga pretendidamente segregacionista que, a estas alturas, resulta tan casposa como insultante.
No cabe la menor duda de que los economistas tienen un gran papel que desempeñar junto al resto de científicos sociales para mejorar el mundo, pero deberían dejar atrás su obsesión, un tanto infantil, de querer parecer científicos naturales, porque esa pretensión, después de Kurt Gödel, resulta irrisoria, cuando no patética. Deberían entender su ciencia como la concibe el profesor Alfredo Pastor en su libro La ciencia humilde, porque siempre hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que caben en nuestra filosofía.
Quizás así algún día podrían ser tan útiles para la sociedad como los dentistas, máximo honor al que aspiraba para sus colegas aquel burgués británico, culto, refinado y extraordinariamente inteligente que se llamó John Maynard Keynes.
Gonzalo Pontón es el fundador de editorial Crítica.
Enlace a El País
"La depresión mundial reinante, la enorme anomalía del desempleo en un mundo lleno de necesidades, los desastrosos errores cometidos... nos ciegan para ver lo que está sucediendo bajo la superficie y nos impiden alcanzar la verdadera interpretación de los hechos". No, la cita no es de Paul Krugman, ni tampoco de Joe Stiglitz, ni se refiere a la neoplasia que padece ahora la economía global. Quien así se expresa es Keynes, en una conferencia pronunciada en Madrid en junio de 1930 titulada Las posibilidades económicas de nuestros nietos.
Pues bien, ahora los nietos de Keynes ya saben cuáles son esas posibilidades: más de lo mismo. Tras centenares, miles, de artículos y bastantes libros sobre la actual crisis económica, parece haber un consenso general sobre la sintomatología de la enfermedad: estenosis aguda de los mercados financieros, severa arritmia de los equilibrios globales, trombosis en las vías arteriales del dinero por la toxicidad de la deuda, colapso del empleo y metástasis generalizada.
No hay, en cambio, unanimidad sobre la patogenia: unos dicen que las tercianas del ciclo económico no habían sido erradicadas, otros, que las "expectativas económicas racionales" han sufrido un ictus, otros, aun, apuntan a una inmunodeficiencia adquirida del mercado.
Y mucho menos hay consenso sobre la terapéutica: antitérmicos para los tipos de interés o hipotensores para los impuestos, transfusiones de dinero directamente en vena o por vía parenteral, vitamina B12 para la demanda agregada o prozac para estimular la serotonina del consumidor...
Pero, desde luego, lo que no se ha visto es una asunción pública de responsabilidades por parte de los facultativos de guardia, que no advirtieron las primeras manifestaciones del desorden celular, ni de los internistas, que causaron daños yatrogénicos, ni de los especialistas, que favorecieron los intereses de la dirección del centro.
Los filósofos morales nos han mostrado el camino hacia la "vida buena" sin ocultar los males del recorrido. En términos económicos, se trataría de pasar del estadio de la necesidad al estadio de la "estabilización" (Keynes), o del estadio de la desigualdad al estadio del "comunismo" (Marx). Para llegar a puerto habría que sufrir una transición en la que se perderían libertades individuales: según Keynes, durante la etapa capitalista; según Marx, durante la dictadura del proletariado.
Ahora ya sabemos, por experiencia histórica, que la "dictadura del proletariado" nunca se produjo, pero sí la pérdida casi absoluta de las libertades individuales a manos de los dirigentes, burócratas y aparatchikis del régimen soviético.Dado el estadio evolutivo de la especie humana en que nos encontramos, parece que no estamos en condiciones de concebir otra transición posible hacia la "vida buena" que el capitalismo. Sea, pero no aceptemos que sus dirigentes, sus burócratas y sus aparatchikis impidan o prostituyan el estadio de transición. Me estoy refiriendo a los macroeconomistas, sobre todo a los de la escuela neoclásica, que son los que tienen más poder en los gobiernos, los bancos centrales, las entidades de crédito, los mercados de valores o las agencias de calificación del riesgo.
La "verdadera interpretación de los hechos" de estos mandarines de la economía es que lo que ha pasado "era imposible que sucediera". ¿Por qué? Por dos razones fundamentales: primera, porque el mercado es eficiente, se autorregula y, más pronto o más tarde, corrige sus fallos; segunda, porque es imposible que los mercados financieros valoren mal los activos, y por eso apenas requieren regulación. No crean que éstos son postulados exclusivos de los economistas neoclásicos, o "de agua dulce" (los de Chicago); también los neokeynesianos se tragaron en buena parte lo de las "expectativas económicas racionales". Éstas se deducen de modelos econométricos capaces en teoría de prever todas las contingencias futuras, incluido el riesgo, las variables aleatorias y los factores estocásticos. Sin embargo, Alan Greenspan, gurú de los economistas "de agua dulce", para tratar de explicar este inmenso fallo del mercado, ha dicho que "los modelos de gestión del riesgo son aún demasiado simples para capturar la entera dimensión de las variables críticas que gobiernan la realidad económica", y ha reconocido que la gestión monetaria de la Reserva Federal "se había basado en una imperfection" (la regulación innecesaria). Así, pues, ¿toda la tesis del mercado eficiente se basaba en una impostura intelectual? Apaga y vámonos.
En cuanto a la falta de regulación de las entidades financieras ("lo que está sucediendo bajo la superficie") se sorprenden de que un "caballero" como Bernie Madoff resultara ser un chorizo. ¿De veras no habían oído hablar nunca de John Law, de John Blunt, de Necker o de Cabarrús? ¿Ni tampoco de Charles Ponzi, Bernard Cornfeld, Drexel Burnham o Michael Milken? Dicen que es algo que no se va a repetir: "¡Ay, Federico García, llama a la Guardia Civil!".
Ante tanta impostura ¿cómo es que la sociedad no dirige su indignación hacia estos popes? No toleramos los errores médicos garrafales que causan un mal. Y nos hubiéramos enfurecido con las autoridades sanitarias si no hubieran reaccionado preventivamente ante una amenaza tóxica como la gripe H1N1. ¿Por qué no lo hacemos con quienes no tomaron medidas para prevenir la deuda tóxica?
El profesor Robert Skidelsky, gran biógrafo de Keynes, está ultimando un libro sobre The Return of the Master en el que sostiene que el fracaso intelectual de esta crisis es responsabilidad de los economistas. Para él la economía es hoy una disciplina regresiva envuelta en el cartón piedra de las matemáticas y sugiere que se separen en distintas facultades los estudios de macro y de microeconomía.
Es un hecho que muchos macroeconomistas engreídos han abusado de la fiabilidad de sus modelos. En realidad, la carne de los modelos econométricos la pone la estadística, y la guarnición, un aparato matemático que no deja de ser una taquigrafía para escribir menos páginas y que, muchas veces, no es más que una tramposa deturpación de las matemáticas como ha denunciado en su libro L'illusion économique el profesor Bernard Guerrien. Eso sí, las pocas páginas que deja libres de ecuaciones están escritas en una jerga pretendidamente segregacionista que, a estas alturas, resulta tan casposa como insultante.
No cabe la menor duda de que los economistas tienen un gran papel que desempeñar junto al resto de científicos sociales para mejorar el mundo, pero deberían dejar atrás su obsesión, un tanto infantil, de querer parecer científicos naturales, porque esa pretensión, después de Kurt Gödel, resulta irrisoria, cuando no patética. Deberían entender su ciencia como la concibe el profesor Alfredo Pastor en su libro La ciencia humilde, porque siempre hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que caben en nuestra filosofía.
Quizás así algún día podrían ser tan útiles para la sociedad como los dentistas, máximo honor al que aspiraba para sus colegas aquel burgués británico, culto, refinado y extraordinariamente inteligente que se llamó John Maynard Keynes.
Gonzalo Pontón es el fundador de editorial Crítica.
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lunes, 1 de junio de 2009
¿La hiperinflación de Weimar? ¿Podría volver a ocurrir?
Ellen Brown
Global Research/ webofdebt.com
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Algunos comentaristas preocupados predicen una masiva hiperinflación como la sufrida por la Alemania de Weimar en 1923, cuando una carretilla llena de papel moneda apenas alcanzaba para comprar un pedazo de pan. En un editorial del 29 de abril del San Francisco Examiner advirtió:
“Con un déficit sin precedente que se acerca a 2 billones de dólares, el presupuesto [del presidente para 2010] es una receta infalible para la hiperinflación. De modo que cada senador y representante que vote por ese monstruoso presupuesto de 3,6 billones de dólares estará aprobando un derroche de dinero que podría convertir a EE.UU. en la próxima República de Weimar.” [1]
En un boletín para inversionistas llamado Money Morning del 9 de abril, Martin Hutchinson, señaló inquietantes paralelos entre la actual política monetaria del gobierno y la de Alemania durante Weimar, cuando un 50% de los gastos del gobierno era financiado mediante señoreaje – simplemente imprimiendo dinero. [2] Sin embargo, hay algo críptico en sus datos. Indica que el gobierno británico ya financia una mayor parte de su presupuesto mediante señoreaje que la que la Alemania de Weimar financió en el clímax de su masiva hiperinflación; sin embargo la libra sigue sustentándose por sus propios medios, bajo circunstancias de las que se dice que causaron la destrucción total del marco alemán. Algo más debe haber sido responsable por el colapso del marco aparte de la impresión de papel moneda para enfrentar el presupuesto del gobierno, ¿pero qué? ¿nos enfrentamos al mismo riesgo actualmente? Lancemos una mirada más de cerca a los datos.
La historia se repite - ¿o no?
En su bien investigado artículo, Hutchinson señala que la Alemania de Weimar había estado padeciendo inflación desde comienzos de la Primera Guerra Mundial; pero que fue en el período de dos años entre 1921 y 1923 cuando ocurrió la verdadera “hiperinflación de Weimar.” Para cuando había terminado en noviembre de 1923, el marco valía sólo un billonésimo de su valor en 1914. Hutchinson sigue diciendo:
Y es el punto en el cual los datos se embrollan. Si Gran Bretaña ya cubre un mayor porcentaje de su déficit presupuestario mediante señoreaje de lo que hizo Alemania en el clímax de su hiperinflación, ¿por qué la libra vale ahora aproximadamente lo mismo en los mercados de cambios de divisas como hace nueve años, bajo circunstancias de las que se dice impulsaron al marco a un billonésimo de su valor anterior en el mismo período, y la mayor parte en sólo dos años? Mientras tanto, el dólar de EE.UU. se ha efectivamente fortalecido en relación a otras divisas desde que se iniciara la política el año pasado de masivo “aligeramiento cuantitativo” (el eufemismo actual para señoreaje). [3] Ahora son los bancos centrales los que imprimen, en lugar de los gobiernos, pero el efecto sobre el suministro del dinero debiera ser el mismo que en los antiguos proyectos de impresión de dinero por los gobiernos. La deuda gubernamental comprada por los bancos centrales nunca es pagada efectivamente, sino que simplemente es continuamente refinanciada de año en año; y una vez que el nuevo dinero está en el suministro de dinero, se queda allí diluyendo el valor de la moneda. ¿Por qué entonces no han colapsado nuestras monedas a un billonésimo de su antiguo valor, como sucedió en la Alemania de Weimar? Por cierto, si fuera un simple asunto de oferta y demanda, un gobierno tendría que imprimir un billón de veces su anterior suministro de dinero para bajar su moneda en un factor de un billón; y ni siquiera se acusa al gobierno alemán de haberlo hecho. Algo más tuvo que haber ocurrido en la República de Weimar, ¿pero qué fue?
Schacht revela el secreto
Escritos posteriores de Hjalmar Schacht, comisionado monetario de la República de Weimar, arrojan luz sobre este misterio. Los hechos son explorados ampliamente en “The Lost Science of Money” de Stephen Zarlenga, quien escribe que en el libro de Schacht “The Magic of Money,” él “reveló, escribiendo en alemán, con algunas admisiones verdaderamente notables que destrozan la “sabiduría aceptada” que la comunidad financiera ha promulgado sobre la hiperinflación alemana. “Lo que realmente impulsó la inflación de tiempos de guerra hacia una hiperinflación, dijo Schacht, fue la especulación por inversionistas extranjeros, quienes apostaron a la disminución del valor del marco vendiéndolo al descubierto.
La venta al descubierto es una técnica utilizada por inversionistas para tratar de beneficiarse del precio descendiente de un activo. Involucra pedir prestado el activo y venderlo, en el entendimiento de que el activo tendrá que ser vuelto a comprar más adelante y devuelto al dueño original. El especulador apuesta a que el precio habrá caído mientras tanto y que se podrá embolsar la diferencia. La venta al descubierto del marco alemán fue posibilitada porque los bancos privados pusieron a disposición cantidades masivas de dinero para prestarlo, marcos que fueron creados a pedido y prestados a los inversionistas, resultando en un interés lucrativo para los bancos.
Primero, la especulación fue alimentada por el Reichsbank (el banco central alemán) que había sido recientemente privatizado. Pero cuando el Reichsbank ya no pudo satisfacer la voraz demanda de marcos, se permitió que otros bancos privados los crearan de la nada y también los prestaran con intereses. [4]
Una historia con un giro irónico
Si se ha de creer a Schacht, no sólo el gobierno no causó la hiperinflación, sino el gobierno fue el que logró controlar la situación. El Reichsbank fue colocado bajo una estricta regulación, y se adoptaron rápidas medidas correctivas para eliminar la especulación extranjera eliminando el fácil acceso a préstamos de dinero creado por los bancos.
Más interesante es una secuela poco conocida de esta historia. Lo que permitió que Alemania volviera a ponerse sobre sus pies en los años treinta fue precisamente lo que los comentaristas actuales culpan de haberla derrumbado en los años veinte – el dinero emitido por señoreaje por el gobierno. El economista Henry C. K. Liu llama esta forma de financiamiento “crédito soberano.” Escribe sobre la notable transformación de Alemania:
Aunque Hitler evidentemente merece el oprobio acumulado sobre su persona por sus atrocidades posteriores, fue enormemente popular con su propio pueblo, por lo menos por un cierto tiempo. Fue obviamente porque rescató a Alemania de la angustia de una depresión mundial – y lo hizo con un plan de obras públicas pagado con dinero generado por el propio gobierno. Primero asignaron proyectos para ser financiados, incluyendo el control de inundaciones, la reparación de edificios públicos y residencias privas, la construcción de edificios nuevos, carreteras, puentes, canales e instalaciones portuarias. El coste proyectado de los diversos programas fue fijado en 1.000 millones de unidades de la moneda nacional. Mil millones de letras de cambio no-inflacionarias llamadas Certificados del Tesoro de Trabajo fueron luego emitidas contra ese coste. Millones de personas fueron puestas a trabajar en esos proyectos, y los trabajadores fueron pagados con Certificados del Tesoro. Los trabajadores luego gastaron los certificados en bienes y servicios, creando más puestos de trabajo para más gente. Esos certificados en realidad no eran libres de deuda pero fueron emitidos como bonos, y el gobierno pagó intereses por ellos a los poseedores. Pero los certificados circularon como dinero y eran renovables indefinidamente, convirtiéndolos en una moneda de facto; y evitaron la necesidad de pedir prestado a prestamistas internacionales o de pagar deudas internacionales. [6] Los Certificados del Tesoro no eran negociables en los mercados de divisas extranjeras, por lo tanto estaban fuera del alcance de los especuladores en divisas. No podían ser vendidos al descubierto porque no había nadie a quien venderlos, de modo que conservaron su valor.
Dentro de dos años se solucionó el problema del desempleo de Alemania y el país volvió a ponerse de pie. Tenía una moneda sólida, estable, y ninguna inflación, en días en los que millones de personas en EE.UU. y en otros países occidentales todavía carecían de trabajo y vivían de la asistencia social. Alemania incluso logró restaurar su comercio exterior, a pesar de que se le negaba créditos en el extranjero y que enfrentaba un boicot económico en el exterior. Lo hizo utilizando un sistema de trueque: equipamientos y materias primas eran intercambiados directamente con otros países, soslayando a los bancos internacionales. Este sistema de trueque directo ocurrió sin deuda y sin déficits comerciales. Aunque el experimento económico alemán duró poco, dejó algunos monumentos duraderos de su éxito, incluyendo las famosas Autobahnen [autopistas] las primeras amplias súper carreteras. [7]
Las lecciones de la historia: no son siempre lo que parecen ser
El plan alemán para escapar a su agobiadora deuda y revigorizar una economía débil fue brillante, pero en realidad no fue originario de los alemanes. La noción de que un gobierno pudiera financiarse imprimiendo y entregando recibos de papel por bienes y servicios recibidos fue inventada primero por colonos estadounidenses.
Benjamin Franklin atribuyó el notable crecimiento y abundancia en las colonias, en circunstancias en las que trabajadores ingleses sufrían las condiciones empobrecidas de la Revolución Industrial, al sistema particular de los colonos de dinero emitido por el gobierno. En el Siglo XIX, el senador Clay, lo llamó el “sistema estadounidense” distinguiéndolo del “sistema británico” de billetes emitidos privadamente. Después de la Revolución Estadounidense, el sistema estadounidense fue reemplazado en EE.UU. por dinero creado por los banqueros, pero el dinero emitido por el gobierno fue resucitado durante la Guerra Civil, cuando Abraham Lincoln financió su gobierno con billetes de EE.UU. o “dólares” emitidos por el Tesoro.
La dramática diferencia en los resultados de los dos experimentos con la impresión de moneda de Alemania fue un resultado directo de la manera como se utilizó el dinero. La inflación de precios resulta cuando la “oferta” (dinero) aumenta más que la “demanda” (bienes y servicios), aumentando los precios; y en el experimento de los años treinta, el dinero nuevo fue creado para financiar la productividad, de modo que la oferta y la demanda crecieron juntas y los precios se mantuvieron estables. Hitler dijo: “Por cada marco emitido, requeríamos el equivalente de un marco en trabajo hecho, o de bienes producidos.” En el desastre hiperinflacionario de 1923, por otra parte, se imprimió dinero sólo para pagar a especuladores, haciendo que la demanda subiera repentinamente, mientras la oferta seguía fija. El resultado fue no sólo inflación, sino hiperinflación, ya que la especulación se descontroló, provocando una manía rampante estilo burbuja y pánico.
Lo mismo sucedió en Zimbabue, un dramático ejemplo contemporáneo de inflación descontrolada. La crisis comenzó en 2001, cuando Zimbabue incumplió el pago de sus préstamos y el FMI se negó a hacer los ajustes usuales, incluyendo el refinanciamiento y la renuncia a la deuda. Aparentemente, la intención del FMI fue castigar al país por decisiones políticas que desaprobaba, incluyendo medidas de reforma agraria que involucraba la recuperación de tierras de acaudalados terratenientes. El crédito de Zimbabue fue arruinado y no pudo obtener préstamos en otros sitios, de modo que el gobierno recurrió a emitir su propia moneda nacional y a utilizar el dinero para comprar dólares de EE.UU. en los mercados extranjeros de divisas. Esos dólares fueron entonces utilizados para pagar al FMI y recuperar la calificación crediticia. [8] Según una declaración del banco central de Zimbabue, la hiperinflación fue causada por especuladores que manipularon el mercado de divisas extranjeras, cobrando tasas exorbitantes por dólares de EE.UU., causando una drástica devaluación de la moneda de Zimbabue.
El verdadero error del gobierno, sin embargo, puede haber sido que haya hecho el juego del FMI. En lugar de utilizar su moneda nacional para comprar moneda de curso forzoso para pagar a prestamistas extranjeros, podría haber seguido el ejemplo de Abraham Lincoln y de los colonos estadounidenses y emitido su propia moneda para pagar por la producción de bienes y servicios para su propio pueblo. Se podría haber evitado la inflación, porque la oferta se habría ajustado a la demanda; y el dinero habría servido a la economía local en lugar de ser absorbido por especuladores.
La verdadera amenaza de Weimar y cómo evitarla
¿Se puede decir, entonces, que EE.UU., haya escapado del peligro hiperinflacionario con su plan de “aligeramiento cuantitativo”? Tal vez sí, tal vez no. En la medida en la que el dinero recién creado sea utilizado para un verdadero desarrollo económico y crecimiento, no es probable que el financiamiento mediante señoreaje infle los precios, porque la oferta y la demanda crecerán juntas. La utilización del aligeramiento cuantitativo para financiar la infraestructura y otros proyectos productivos, como en el paquete de estímulo del presidente Obama, puede vigorizar la economía tal como se ha prometido, produciendo el tipo de abundancia de la que habla Benjamin Franklin en los primeros años florecientes de EE.UU.
Sin embargo, hay algo que sucede actualmente que tiene una similitud inquietante con lo que provocó la hiperinflación de 1923. Como en la Alemania de Weimar, la creación de moneda en EE.UU. es realizada por un banco central de propiedad privada, la Reserva Federal; y es hecha en gran parte para pagar apuestas especulativas en los libros de bancos privados, sin producir nada de valor para la economía. Como advirtió el inversionista en oro James Sinclair hace casi dos años:
Los 12.900 millones de dólares en fondos de rescate canalizados a través de AIG para pagar a Goldman Sachs por sus altamente especulativos “credit default swaps” es sólo un ilustre ejemplo, [10] En la medida en que el dinero creado por “aligeramiento cuantitativo” es absorbido por el agujero negro del pago de esas apuestas especulativas con derivados, podríamos ciertamente estar en el camino de Weimar y existe un serio motivo de alarma. Se nos ha llevado a creer que debemos afianzar a un monstruoso zombi bancario en Wall Street porque sin él no tendríamos un sistema de crédito, pero no es así. Existe otra alternativa viable, y puede ser nuestra única alternativa viable. Podemos derrotar a Wall Street en su propio juego, formando bancos de propiedad pública que emitan toda la fe y el crédito de EE.UU. no para el beneficio privado especulativo sino como un servicio público, para el beneficio de EE.UU. y de su gente. [11]
___________________________________________
Ellen Brown desarrolló su capacidad de investigación como abogada que trabajó en litigios civiles en Los Ángeles. En “Web of Debt,” su último libro, usa esa capacidad para un análisis de la Reserva Federal y el “trust del dinero.” Muestra cómo ese cartel privado ha usurpado el poder de crear dinero de la propia gente, y cómo la gente puede recuperarlo. Sus libros anteriores se concentraban en el cartel farmacéutico que recibe su poder del “trust del dinero.” Sus once libros incluyen “Forbidden Medicine,” “Nature’s Pharmacy” (escrito en conjunto con la doctora Lynne Walker), y “The Key to Ultimate Health” (escrito junto al doctor
Richard Hansen). Sus sitios en Internet son www.webofdebt.com y www.ellenbrown.com.
Notas
1. “Examiner Editorial: Get Ready for Obama’s Coming Hyperinflation,” San Francisco Examiner, April 29, 2009.
2. Martin Hutchinson, “Is It 1932 – or 1923?”, Money Morning (April 9, 2009).
3. See Monthly Average Graphs, x-rate.com.
4. Stephen Zarlenga, The Lost Science of Money (Valatie, New York: American Monetary Institute, 2002), pages 590-600; S. Zarlenga, “Germany’s 1923 Hyperinflation: A ‘Private’ Affair,” Barnes Review (July-August 1999).
5. Henry C. K. Liu, “Nazism and the German Economic Miracle,” Asia Times (May 24, 2005).
6. S. Zarlenga, op. cit.
7. Matt Koehl, “The Good Society?”, Rense (January 13, 2005).
8. “Bags of Bricks: Zimbabweans Get New Money – for What It’s Worth,” The Economist (August 24, 2006); Thomas Homes, “IMF Contributes to Zimbabwe’s Hyperinflation,” www.newzimbabwe.com (March 5, 2006).
9. Jim Sinclair, “Fed Actions a Bandaid on a Gaping Economic Wound,” reprinted in Go for Gold, September 18, 2007.
10. Eliot Spitzer, “The Real AIG Scandal, Continued! The Transfer of $12.9 Billion from AIG to Goldman Looks Fishier and Fishier,” Slate (March 22, 2009).
11. See Ellen Brown, “Cash Starved States Need to Play the Banking Game,” webofdebt.com/articles (March 2, 2009).
http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=13673
Enlace a texto en Rebelion
Global Research/ webofdebt.com
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
“Fue horrible. ¡Horrible! Como si hubiera caído un relámpago. Nadie estaba preparado. Las estanterías de los negocios vacías. No se podía comprar nada con el papel moneda.” – Profesor de derecho de la Universidad Harvard, Friedrich Kessler, sobre la hiperinflación de Weimar (entrevista en 1993).
Algunos comentaristas preocupados predicen una masiva hiperinflación como la sufrida por la Alemania de Weimar en 1923, cuando una carretilla llena de papel moneda apenas alcanzaba para comprar un pedazo de pan. En un editorial del 29 de abril del San Francisco Examiner advirtió:
“Con un déficit sin precedente que se acerca a 2 billones de dólares, el presupuesto [del presidente para 2010] es una receta infalible para la hiperinflación. De modo que cada senador y representante que vote por ese monstruoso presupuesto de 3,6 billones de dólares estará aprobando un derroche de dinero que podría convertir a EE.UU. en la próxima República de Weimar.” [1]
En un boletín para inversionistas llamado Money Morning del 9 de abril, Martin Hutchinson, señaló inquietantes paralelos entre la actual política monetaria del gobierno y la de Alemania durante Weimar, cuando un 50% de los gastos del gobierno era financiado mediante señoreaje – simplemente imprimiendo dinero. [2] Sin embargo, hay algo críptico en sus datos. Indica que el gobierno británico ya financia una mayor parte de su presupuesto mediante señoreaje que la que la Alemania de Weimar financió en el clímax de su masiva hiperinflación; sin embargo la libra sigue sustentándose por sus propios medios, bajo circunstancias de las que se dice que causaron la destrucción total del marco alemán. Algo más debe haber sido responsable por el colapso del marco aparte de la impresión de papel moneda para enfrentar el presupuesto del gobierno, ¿pero qué? ¿nos enfrentamos al mismo riesgo actualmente? Lancemos una mirada más de cerca a los datos.
La historia se repite - ¿o no?
En su bien investigado artículo, Hutchinson señala que la Alemania de Weimar había estado padeciendo inflación desde comienzos de la Primera Guerra Mundial; pero que fue en el período de dos años entre 1921 y 1923 cuando ocurrió la verdadera “hiperinflación de Weimar.” Para cuando había terminado en noviembre de 1923, el marco valía sólo un billonésimo de su valor en 1914. Hutchinson sigue diciendo:
“La actual mezcla política refleja la de Alemania durante el período entre 1919 y 1923. El gobierno de Weimar no estaba dispuesto a elevar impuestos para financiar la reconstrucción de posguerra y los pagos de reparaciones de guerra, y por lo tanto incurrió en grandes déficits presupuestarios. Mantuvo los tipos de interés muy por debajo de la inflación, expandiendo rápidamente el suministro de dinero y aumentando en un 50% los gastos del gobierno mediante la impresión de dinero y viviendo de los beneficios de su emisión…
“El paralelo verdaderamente escalofriante es que EE.UU., Gran Bretaña y Japón se han dedicado a financiar sus déficits presupuestarios mediante señoreaje. En EE.UU., la Reserva Federal está comprando 300.000 millones de dólares en bonos del Tesoro durante un período de seis meses, o sea 600.000 millones por año, un 15% de los gastos federales de 4 billones de dólares. En Gran Bretaña, el Banco de Inglaterra (BOE) está comprando 75.000 millones de gilts (el equivalente británico de bonos del Tesoro de EE.UU.) durante tres meses. Es decir, 300.000 millones de libras por año, un 65% de los gastos gubernamentales británicos de 454.000 millones de libras. Por lo tanto, mientras EE.UU. se acerca a la política de la Alemania de Weimar (un 50% de los gastos) con bastante rapidez, ¡Gran Bretaña ya la ha sobrepasado!”
Y es el punto en el cual los datos se embrollan. Si Gran Bretaña ya cubre un mayor porcentaje de su déficit presupuestario mediante señoreaje de lo que hizo Alemania en el clímax de su hiperinflación, ¿por qué la libra vale ahora aproximadamente lo mismo en los mercados de cambios de divisas como hace nueve años, bajo circunstancias de las que se dice impulsaron al marco a un billonésimo de su valor anterior en el mismo período, y la mayor parte en sólo dos años? Mientras tanto, el dólar de EE.UU. se ha efectivamente fortalecido en relación a otras divisas desde que se iniciara la política el año pasado de masivo “aligeramiento cuantitativo” (el eufemismo actual para señoreaje). [3] Ahora son los bancos centrales los que imprimen, en lugar de los gobiernos, pero el efecto sobre el suministro del dinero debiera ser el mismo que en los antiguos proyectos de impresión de dinero por los gobiernos. La deuda gubernamental comprada por los bancos centrales nunca es pagada efectivamente, sino que simplemente es continuamente refinanciada de año en año; y una vez que el nuevo dinero está en el suministro de dinero, se queda allí diluyendo el valor de la moneda. ¿Por qué entonces no han colapsado nuestras monedas a un billonésimo de su antiguo valor, como sucedió en la Alemania de Weimar? Por cierto, si fuera un simple asunto de oferta y demanda, un gobierno tendría que imprimir un billón de veces su anterior suministro de dinero para bajar su moneda en un factor de un billón; y ni siquiera se acusa al gobierno alemán de haberlo hecho. Algo más tuvo que haber ocurrido en la República de Weimar, ¿pero qué fue?
Schacht revela el secreto
Escritos posteriores de Hjalmar Schacht, comisionado monetario de la República de Weimar, arrojan luz sobre este misterio. Los hechos son explorados ampliamente en “The Lost Science of Money” de Stephen Zarlenga, quien escribe que en el libro de Schacht “The Magic of Money,” él “reveló, escribiendo en alemán, con algunas admisiones verdaderamente notables que destrozan la “sabiduría aceptada” que la comunidad financiera ha promulgado sobre la hiperinflación alemana. “Lo que realmente impulsó la inflación de tiempos de guerra hacia una hiperinflación, dijo Schacht, fue la especulación por inversionistas extranjeros, quienes apostaron a la disminución del valor del marco vendiéndolo al descubierto.
La venta al descubierto es una técnica utilizada por inversionistas para tratar de beneficiarse del precio descendiente de un activo. Involucra pedir prestado el activo y venderlo, en el entendimiento de que el activo tendrá que ser vuelto a comprar más adelante y devuelto al dueño original. El especulador apuesta a que el precio habrá caído mientras tanto y que se podrá embolsar la diferencia. La venta al descubierto del marco alemán fue posibilitada porque los bancos privados pusieron a disposición cantidades masivas de dinero para prestarlo, marcos que fueron creados a pedido y prestados a los inversionistas, resultando en un interés lucrativo para los bancos.
Primero, la especulación fue alimentada por el Reichsbank (el banco central alemán) que había sido recientemente privatizado. Pero cuando el Reichsbank ya no pudo satisfacer la voraz demanda de marcos, se permitió que otros bancos privados los crearan de la nada y también los prestaran con intereses. [4]
Una historia con un giro irónico
Si se ha de creer a Schacht, no sólo el gobierno no causó la hiperinflación, sino el gobierno fue el que logró controlar la situación. El Reichsbank fue colocado bajo una estricta regulación, y se adoptaron rápidas medidas correctivas para eliminar la especulación extranjera eliminando el fácil acceso a préstamos de dinero creado por los bancos.
Más interesante es una secuela poco conocida de esta historia. Lo que permitió que Alemania volviera a ponerse sobre sus pies en los años treinta fue precisamente lo que los comentaristas actuales culpan de haberla derrumbado en los años veinte – el dinero emitido por señoreaje por el gobierno. El economista Henry C. K. Liu llama esta forma de financiamiento “crédito soberano.” Escribe sobre la notable transformación de Alemania:
“Los nazis llegaron al poder en Alemania en 1933, en tiempos en los que la economía se encontraba en un colapso total, con ruinosas obligaciones de reparaciones de guerra y cero perspectivas de inversión extranjera o crédito. Sin embargo, mediante una política monetaria independiente de crédito soberano y un programa de obras públicas de pleno empleo, el Tercer Reich pudo convertir en cuatro años una Alemania en bancarrota, privada de colonias en ultramar que pudiera explotar, en la economía más fuerte de Europa, incluso antes de comenzar con los gastos en armamento.” [5]
Aunque Hitler evidentemente merece el oprobio acumulado sobre su persona por sus atrocidades posteriores, fue enormemente popular con su propio pueblo, por lo menos por un cierto tiempo. Fue obviamente porque rescató a Alemania de la angustia de una depresión mundial – y lo hizo con un plan de obras públicas pagado con dinero generado por el propio gobierno. Primero asignaron proyectos para ser financiados, incluyendo el control de inundaciones, la reparación de edificios públicos y residencias privas, la construcción de edificios nuevos, carreteras, puentes, canales e instalaciones portuarias. El coste proyectado de los diversos programas fue fijado en 1.000 millones de unidades de la moneda nacional. Mil millones de letras de cambio no-inflacionarias llamadas Certificados del Tesoro de Trabajo fueron luego emitidas contra ese coste. Millones de personas fueron puestas a trabajar en esos proyectos, y los trabajadores fueron pagados con Certificados del Tesoro. Los trabajadores luego gastaron los certificados en bienes y servicios, creando más puestos de trabajo para más gente. Esos certificados en realidad no eran libres de deuda pero fueron emitidos como bonos, y el gobierno pagó intereses por ellos a los poseedores. Pero los certificados circularon como dinero y eran renovables indefinidamente, convirtiéndolos en una moneda de facto; y evitaron la necesidad de pedir prestado a prestamistas internacionales o de pagar deudas internacionales. [6] Los Certificados del Tesoro no eran negociables en los mercados de divisas extranjeras, por lo tanto estaban fuera del alcance de los especuladores en divisas. No podían ser vendidos al descubierto porque no había nadie a quien venderlos, de modo que conservaron su valor.
Dentro de dos años se solucionó el problema del desempleo de Alemania y el país volvió a ponerse de pie. Tenía una moneda sólida, estable, y ninguna inflación, en días en los que millones de personas en EE.UU. y en otros países occidentales todavía carecían de trabajo y vivían de la asistencia social. Alemania incluso logró restaurar su comercio exterior, a pesar de que se le negaba créditos en el extranjero y que enfrentaba un boicot económico en el exterior. Lo hizo utilizando un sistema de trueque: equipamientos y materias primas eran intercambiados directamente con otros países, soslayando a los bancos internacionales. Este sistema de trueque directo ocurrió sin deuda y sin déficits comerciales. Aunque el experimento económico alemán duró poco, dejó algunos monumentos duraderos de su éxito, incluyendo las famosas Autobahnen [autopistas] las primeras amplias súper carreteras. [7]
Las lecciones de la historia: no son siempre lo que parecen ser
El plan alemán para escapar a su agobiadora deuda y revigorizar una economía débil fue brillante, pero en realidad no fue originario de los alemanes. La noción de que un gobierno pudiera financiarse imprimiendo y entregando recibos de papel por bienes y servicios recibidos fue inventada primero por colonos estadounidenses.
Benjamin Franklin atribuyó el notable crecimiento y abundancia en las colonias, en circunstancias en las que trabajadores ingleses sufrían las condiciones empobrecidas de la Revolución Industrial, al sistema particular de los colonos de dinero emitido por el gobierno. En el Siglo XIX, el senador Clay, lo llamó el “sistema estadounidense” distinguiéndolo del “sistema británico” de billetes emitidos privadamente. Después de la Revolución Estadounidense, el sistema estadounidense fue reemplazado en EE.UU. por dinero creado por los banqueros, pero el dinero emitido por el gobierno fue resucitado durante la Guerra Civil, cuando Abraham Lincoln financió su gobierno con billetes de EE.UU. o “dólares” emitidos por el Tesoro.
La dramática diferencia en los resultados de los dos experimentos con la impresión de moneda de Alemania fue un resultado directo de la manera como se utilizó el dinero. La inflación de precios resulta cuando la “oferta” (dinero) aumenta más que la “demanda” (bienes y servicios), aumentando los precios; y en el experimento de los años treinta, el dinero nuevo fue creado para financiar la productividad, de modo que la oferta y la demanda crecieron juntas y los precios se mantuvieron estables. Hitler dijo: “Por cada marco emitido, requeríamos el equivalente de un marco en trabajo hecho, o de bienes producidos.” En el desastre hiperinflacionario de 1923, por otra parte, se imprimió dinero sólo para pagar a especuladores, haciendo que la demanda subiera repentinamente, mientras la oferta seguía fija. El resultado fue no sólo inflación, sino hiperinflación, ya que la especulación se descontroló, provocando una manía rampante estilo burbuja y pánico.
Lo mismo sucedió en Zimbabue, un dramático ejemplo contemporáneo de inflación descontrolada. La crisis comenzó en 2001, cuando Zimbabue incumplió el pago de sus préstamos y el FMI se negó a hacer los ajustes usuales, incluyendo el refinanciamiento y la renuncia a la deuda. Aparentemente, la intención del FMI fue castigar al país por decisiones políticas que desaprobaba, incluyendo medidas de reforma agraria que involucraba la recuperación de tierras de acaudalados terratenientes. El crédito de Zimbabue fue arruinado y no pudo obtener préstamos en otros sitios, de modo que el gobierno recurrió a emitir su propia moneda nacional y a utilizar el dinero para comprar dólares de EE.UU. en los mercados extranjeros de divisas. Esos dólares fueron entonces utilizados para pagar al FMI y recuperar la calificación crediticia. [8] Según una declaración del banco central de Zimbabue, la hiperinflación fue causada por especuladores que manipularon el mercado de divisas extranjeras, cobrando tasas exorbitantes por dólares de EE.UU., causando una drástica devaluación de la moneda de Zimbabue.
El verdadero error del gobierno, sin embargo, puede haber sido que haya hecho el juego del FMI. En lugar de utilizar su moneda nacional para comprar moneda de curso forzoso para pagar a prestamistas extranjeros, podría haber seguido el ejemplo de Abraham Lincoln y de los colonos estadounidenses y emitido su propia moneda para pagar por la producción de bienes y servicios para su propio pueblo. Se podría haber evitado la inflación, porque la oferta se habría ajustado a la demanda; y el dinero habría servido a la economía local en lugar de ser absorbido por especuladores.
La verdadera amenaza de Weimar y cómo evitarla
¿Se puede decir, entonces, que EE.UU., haya escapado del peligro hiperinflacionario con su plan de “aligeramiento cuantitativo”? Tal vez sí, tal vez no. En la medida en la que el dinero recién creado sea utilizado para un verdadero desarrollo económico y crecimiento, no es probable que el financiamiento mediante señoreaje infle los precios, porque la oferta y la demanda crecerán juntas. La utilización del aligeramiento cuantitativo para financiar la infraestructura y otros proyectos productivos, como en el paquete de estímulo del presidente Obama, puede vigorizar la economía tal como se ha prometido, produciendo el tipo de abundancia de la que habla Benjamin Franklin en los primeros años florecientes de EE.UU.
Sin embargo, hay algo que sucede actualmente que tiene una similitud inquietante con lo que provocó la hiperinflación de 1923. Como en la Alemania de Weimar, la creación de moneda en EE.UU. es realizada por un banco central de propiedad privada, la Reserva Federal; y es hecha en gran parte para pagar apuestas especulativas en los libros de bancos privados, sin producir nada de valor para la economía. Como advirtió el inversionista en oro James Sinclair hace casi dos años:
“El verdadero problema es una trepidante montaña de 20 billones de dólares de crédito en el mercado extrabursátil y en derivados hipotecarios. Hay que pensar seriamente en el estudio del caso de la República de Weimar porque cada día parece más y más como una repetición de la causa y el efecto…” [9]
Los 12.900 millones de dólares en fondos de rescate canalizados a través de AIG para pagar a Goldman Sachs por sus altamente especulativos “credit default swaps” es sólo un ilustre ejemplo, [10] En la medida en que el dinero creado por “aligeramiento cuantitativo” es absorbido por el agujero negro del pago de esas apuestas especulativas con derivados, podríamos ciertamente estar en el camino de Weimar y existe un serio motivo de alarma. Se nos ha llevado a creer que debemos afianzar a un monstruoso zombi bancario en Wall Street porque sin él no tendríamos un sistema de crédito, pero no es así. Existe otra alternativa viable, y puede ser nuestra única alternativa viable. Podemos derrotar a Wall Street en su propio juego, formando bancos de propiedad pública que emitan toda la fe y el crédito de EE.UU. no para el beneficio privado especulativo sino como un servicio público, para el beneficio de EE.UU. y de su gente. [11]
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Ellen Brown desarrolló su capacidad de investigación como abogada que trabajó en litigios civiles en Los Ángeles. En “Web of Debt,” su último libro, usa esa capacidad para un análisis de la Reserva Federal y el “trust del dinero.” Muestra cómo ese cartel privado ha usurpado el poder de crear dinero de la propia gente, y cómo la gente puede recuperarlo. Sus libros anteriores se concentraban en el cartel farmacéutico que recibe su poder del “trust del dinero.” Sus once libros incluyen “Forbidden Medicine,” “Nature’s Pharmacy” (escrito en conjunto con la doctora Lynne Walker), y “The Key to Ultimate Health” (escrito junto al doctor
Richard Hansen). Sus sitios en Internet son www.webofdebt.com y www.ellenbrown.com.
Notas
1. “Examiner Editorial: Get Ready for Obama’s Coming Hyperinflation,” San Francisco Examiner, April 29, 2009.
2. Martin Hutchinson, “Is It 1932 – or 1923?”, Money Morning (April 9, 2009).
3. See Monthly Average Graphs, x-rate.com.
4. Stephen Zarlenga, The Lost Science of Money (Valatie, New York: American Monetary Institute, 2002), pages 590-600; S. Zarlenga, “Germany’s 1923 Hyperinflation: A ‘Private’ Affair,” Barnes Review (July-August 1999).
5. Henry C. K. Liu, “Nazism and the German Economic Miracle,” Asia Times (May 24, 2005).
6. S. Zarlenga, op. cit.
7. Matt Koehl, “The Good Society?”, Rense (January 13, 2005).
8. “Bags of Bricks: Zimbabweans Get New Money – for What It’s Worth,” The Economist (August 24, 2006); Thomas Homes, “IMF Contributes to Zimbabwe’s Hyperinflation,” www.newzimbabwe.com (March 5, 2006).
9. Jim Sinclair, “Fed Actions a Bandaid on a Gaping Economic Wound,” reprinted in Go for Gold, September 18, 2007.
10. Eliot Spitzer, “The Real AIG Scandal, Continued! The Transfer of $12.9 Billion from AIG to Goldman Looks Fishier and Fishier,” Slate (March 22, 2009).
11. See Ellen Brown, “Cash Starved States Need to Play the Banking Game,” webofdebt.com/articles (March 2, 2009).
http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=13673
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