Alfredo Jalife-Rahme
En el mismo sentido de Dennis Blair, director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, quien alertó de la probabilidad de una Gran Depresión y sus implicaciones geopolíticas, LEAP/E2020, centro de pensamiento europeo, advierte que en el último semestre de este año se iniciará la quinta fase de la crisis sistémica: la fase de la dislocación geopolítica global (GEAB, número 32, 16.2.09).
Recuerda su previo análisis en el que sostenía que la crisis sistémica global se desplegaría en cuatro principales fases estructurales: desencadenamiento, aceleración, impacto y decantación. Reconoce que ha surgido una nueva fase (la quinta, de dislocación geopolítica), debido a la incapacidad de los líderes globales de entender plenamente la visión de la crisis presente y que se ha vuelto obvia por la determinación en curar las consecuencias en lugar de las causas. Vaticina que la quinta fase advendrá en el cuarto trimestre de este año (es decir, a partir de septiembre), y que en su epílogo el mundo se parecerá más a Europa en 1913, en lugar de nuestro mundo en 2007.
Esta nueva fase será conformada por dos procesos principales que ocurrirán en dos secuencias paralelas.
Los dos procesos principales constan de: 1.- la desaparición de la base financiera en todo el mundo; es decir, la extinción del dólar debido a su impagable deuda; y 2.- la fragmentación de los intereses de los grandes jugadores y los bloques del sistema global.
Las dos secuencias paralelas constan de: 1.- la desintegración veloz de todo el sistema internacional vigente; y 2.- la dislocación estratégica de los grandes jugadores globales.
Se lamenta que la cuarta fase de decantación no haya dado lugar a la recuperación y culpa a los líderes globales de haber perdido la oportunidad de sacar las conclusiones adecuadas del colapso del sistema global prevaleciente desde la Segunda Guerra Mundial.
Los líderes globales no se encuentran a la altura de las circunstancias: Barack Obama, Nicolas Sarkozy o Gordon Brown pierden su tiempo coreando la dimensión histórica de la crisis, pero ocultan el hecho de que no entienden absolutamente nada de su naturaleza e intentan limpiar sus nombres del fracaso futuro de sus políticas. LEAP/E2020 es muy severo con los principales líderes del mundo occidental: prefieren persuadirse a sí mismos que el problema será resuelto como cualquier otro problema técnico normal, aunque un poco mas serio que el usual. Mientras cada uno persiste en jugar las viejas reglas obsoletas de décadas atrás, inconscientes del hecho de que el juego se ha extinguido bajo sus narices.
La reciente reunión de los ministros de finanzas del G-7 en Roma, más catatónica que nunca, parece conceder toda la razón al LEAP/E2020: en Estados Unidos, como en Europa, China y Japón, los líderes persisten en reaccionar como si el sistema global hubiese sido solamente víctima de alguna falla temporal. Pareciera que “solamente requieran cargas de combustible (liquidez) y otros ingredientes (disminución de las tasas de interés, recompra de los activos tóxicos, rescates de las industrias semiquebradas…) para que vuelva a arrancar”.
Su diagnóstico es de una enfermedad terminal, no de un catarrito blindado: el sistema global ha fenecido; se requiere construir uno nuevo en lugar de luchar en salvar lo que no puede ser más rescatado. Concuerda con nuestro análisis de que no se trata de una crisis vulgar, que puede ser solucionada con medidas anticíclicas, sino del fin del paradigma neoliberal (y, quizá, del mismo modelo capitalista).
Exhibe una gráfica sobre las penurias de la industria, en orden descendente en Japón, Estados Unidos, la eurozona, Gran Bretaña, China e India; es decir, de seis de los principales activadores de la globalización financiera y económica, que han contraído dramáticamente la demanda de nuevos pedidos (al último trimestre de 2008) en el sector manufacturero que ha ingresado a territorio negativo, como señal incontrovertible de que sus economías pudieran desacelerarse todavía más en los meses venideros (Índices de Compra de los Gerentes; MarketOracle/JP Morgan).
LEAP/E2020 esperaba una recuperación gradual después de la cuarta fase de decantación, pero, por desgracia, este brote de la quinta fase incendiará el proceso requerido de reconstrucción en forma abrupta: mediante una completa (¡sic!) dislocación del sistema vigente, con consecuencias particularmente trágicas (¡súper sic!) en el caso de varios grandes jugadores globales.
La única esperanza de que este escenario dantesco no ocurra radica en los próximos cuatro meses antes del verano de 2009. Asevera que la cumbre del G-20 el próximo abril en Gran Bretaña es probablemente la última oportunidad de reacomodar las fuerzas en juego; es decir, antes de que las bancarrotas de Gran Bretaña y Estados Unidos den inicio.
En caso del fracaso del G-20, perderán su capacidad de controlar los eventos, ya que muchos de sus países, así como en el resto del mundo, entrarán en la fase de dislocación geopolítica como un barco ebrio. Se recuerda que barco ebrio es el célebre poema del genial Rimbaud.
Más probablemente, el G-20 tendrá mayores dificultades incluso de reunirse, ya que la tendencia creciente es de que cada quien se salve por sí mismo.
A su juicio, la dislocación geopolítica afectará ineluctablemente a los cuatro principales actores geoestratégicos del planeta: Estados Unidos, Unión Europea, China y Rusia, por lo que la población en general y los jugadores sociopolíticos deben estar listos a enfrentar temibles (¡súper-sic!) tiempos durante los cuales amplios segmentos de nuestra sociedad serán modificados o desaparecerán temporalmente, o se extinguirán permanentemente. Se basa en un artículo tétrico de The New York Times (El desempleo representa una amenaza a la estabilidad mundial; 15.2.09). Esto le concede toda razón a los señalamientos de mi paisano Carlos Slim Helú frente a los pigmeos del calderonismo.
LEAP/E2020 insiste en que la ruptura del sistema monetario global ocasionará el colapso del dólar (y de los activos denominados en dólares), pero también inducirá, por contagio sicológico, una pérdida general de confianza en todas las divisas. ¿Es el momento inevitable del oro y la plata?
Concluye que los países más monolíticos y las entidades políticas más imperialistas son quienes sufrirán más de esta quinta fase de la crisis. Algunos estados experimentarán una dislocación estratégica que socavará su integridad territorial y su influencia mundial. ¿Se referirá al ya decadente Estados Unidos?
A consecuencia de ello, otros estados perderán súbitamente sus situaciones protegidas y serán arrojados al caos regional.
A ver qué pasa con el G-20.
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jueves, 19 de febrero de 2009
miércoles, 24 de septiembre de 2008
¿Recesión global, crash del dólar e incumplimiento de pagos en EEUU?
Una de las consecuencias en el reajuste geopolítico del tsunami financiero en curso ha sido el espectacular acercamiento estratégico de China con Japón (People’s Daily, 22/09/08), lo cual beneficiará al yen nipón en detrimento del dólar e intentará minimizar el daño las pletóricas reservas de divisas del Banco del Pueblo de China.
Por Alfredo Jalife-Rahme - La Jornada, México
Un autor anónimo que se presenta en China Daily (19/09/09) como “director del Centro de Estudios de Seguridad Económica de los Institutos Chinos de Relaciones Internacionales Contemporáneas” comenta que “desafortunadamente las medidas de emergencia de EU, la Unión Europea (UE) y Japón alivian temporalmente (sic) la tensión en los mercados financieros” y expone las “reservas agotadas (¡súper sic!) del Tesoro de EU”, así como el “efecto dominó” de las quiebras.
Stephen Roach, jefe en Asia de la atribulada Morgan Stanley, realiza la “anatomía de la pulverización”. Por cierto, Roach fue uno de los principales previsores de las graves fallas de la Reserva Federal en la fase terminal del hoy universalmente vilipendiado Alan Greenspan, pero luego se equivocó rotundamente al darle demasiado crédito a las medidas preventivas de Ben Shalon Bernanke.
Desde su radar inigualable, tanto en Asia como en su atribulado banco (del que acaba de adquirir 20 por ciento el grupo financiero japonés Mitsubishi UFJ), aborda la próxima secuencia financiera y sus repercusiones económicas. Afirma que el crecimiento del PIB global, que promedió 5 por ciento de 2004 hasta 2007, se encamina a 3,5 por ciento que juzga “alejado del desastre”.
Aquí exhibe su primera contradicción cuando considera que el sistema financiero de EU “se encuentra fuera de control”. ¿Cómo puede un sistema descontrolado e incontrolable encontrarse “alejado del desastre”? No estamos incitando al desastre, pero es pertinente tener en el radar mental tal escenario indeseable, aunque sea como remota posibilidad.
Lo interesante de la secuencia de Stephen Roach, desde su perspectiva indomable sobre la vigencia de la globalización, es que marca el piso de los sucesos por venir en “tres fases distintas del proceso de ajuste”, en la interacción “entre los mercados financieros y la economía real”.
Su primera fase desmenuza la crisis crediticia: considera que el proceso de deglución de la mala deuda anda avanzado en 65 por ciento, lo que nos parece demasiado hiperoptimista, cuando lo peor está por ocurrir. Es probable que el sesgo de su análisis financiero provenga de su cargo.
Su segunda fase diagnostica la economía estadounidense: aduce correctamente que el “evento mayúsculo es la capitulación (sic) de los consumidores de EU”, sobrendeudados y cortos de ingresos, que habían llevado el frenesí consumista a 72 por ciento de su PIB. Considera que los ajustes en la economía de EU van apenas en 20 por ciento.
La tercera fase versa sobre la economía global y sus vínculos con EU: la manufactura de China y Japón ha empezado a reducir sus embarcaciones a EU, cuyas reverberaciones han golpeado a la UE. Recuerda que las exportaciones asiáticas, 45 por ciento del PIB regional en 2007, redundaron en su acelerado crecimiento que se volvió dependiente de la demanda externa en la que el consumidor de EU era el rey. Después de dos años de un crecimiento a 12 por ciento del PIB, China se desaceleró a 10.1 por ciento en el segundo trimestre de este año, mientras se han debilitado las economías de Japón y Europa que “representan colectivamente 30 por ciento del total de las exportaciones de China”.
Vaticina para el año entrante otra caída del PIB chino a 8 por ciento. Como se nota, Stephen Roach es más realista en economía que en finanzas y la caída de 4 por ciento del PIB chino en un lapso de dos años afectará notablemente la demanda del mercado de las materias primas (aunque no necesariamente su cotización, debido al desplome del dólar).
Juzga que la economía de Japón es todavía “más precaria”, ya que su economía se ha estancado a 2 por ciento en los años recientes, lo que hace probable una recaída en recesión. Se desprende que China exhibe un “inmenso colchón”, pese a todo.
Stephen Roach no pierde su entusiasmo por la globalización a la que señala como la causal del auge global, en particular el asiático de 2002 a la mitad de 2007. Nada más que ahora la “conectividad” está golpeando en la cabeza asiática.
Llama la atención el común denominador de la disminución de 2 por ciento del crecimiento global que Roach aplica indistintamente en los cuatro principales motores de la economía mundial (EU, UE, China y Japón) y ni siquiera se toma la molestia de escudriñar a los otros tres gigantes del BRIC, es decir, a Brasil, Rusia e India, ya no se diga a la despreciada Latinoamérica, a la que, por cierto, la Cepal vaticina un crecimiento de 6 por ciento, con la notable excepción de la mediocridad del “México calderonista” en plena degradación. ¿Y qué tal si el PIB global, al contrario del diagnóstico sesgado de Stephen Roach, disminuye mucho más, abajo del umbral de 3 por ciento que el Fondo Monetario Internacional define como “recesión global”, cuando el tsunami financiero apenas se encuentra en su fase preliminar?
Mientras el locuaz Jaques Attali, ex director del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, augura una guerra inevitable como reajuste geopolítico a las turbulencia financieras globales, existen otros analistas a quienes por lo menos habría que tomarse la molestia de escuchar, por más sombrías que fuesen sus conclusiones.
John Taylor, presidente de la empresa neoyorquina International Foreign Exchange Concepts, la mayor firma de hedge-funds (fondos de cobertura de riesgos) de divisas del mundo, pronostica que el rescate colosal del gobierno bushiano “aplastará la cotización del dólar” (Yvette Essen, The Daily Telegraph, 21/09/08), escenario al que se adhiere Tim Bond, de Barclays Capital, quien vislumbra el “riesgo de una mayor inflación” (The Times, 21/09/08).
Después de exponer la transferencia de riqueza al BRIC y a las petromonarquías (nota: la tesis de Bajo la Lupa), Roger Cohen aborda el “despellejamiento (sic) de EU” y reporta una charla con el representante Barney Frank, jefe del Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, quien confiesa que EU cesó de ser “el poder mundial dominante” (IHT, 21/09/08). ¡Como si no lo supiéramos!
Liam Halligan, jefe de los economistas de la londinense Prosperity Capital Management, considera que la inundación de liquidez por el gobierno bushiano no ha tenido efecto en las “tasas interbancarias de largo plazo que han permanecido neciamente (sic) altas”, lo que en su conjunto puede desembocar en el “incumplimiento de pagos” (¡súper sic!) de EU, lo que ha cesado de ser un escenario “impensable” (The Daily Telegraph, 21/09/08). ¿Quién va a rescatar ahora a la Reserva Federal y a la Secretaría del Tesoro de EU?.
Vía IAR Noticias
Por Alfredo Jalife-Rahme - La Jornada, México
Un autor anónimo que se presenta en China Daily (19/09/09) como “director del Centro de Estudios de Seguridad Económica de los Institutos Chinos de Relaciones Internacionales Contemporáneas” comenta que “desafortunadamente las medidas de emergencia de EU, la Unión Europea (UE) y Japón alivian temporalmente (sic) la tensión en los mercados financieros” y expone las “reservas agotadas (¡súper sic!) del Tesoro de EU”, así como el “efecto dominó” de las quiebras.
Stephen Roach, jefe en Asia de la atribulada Morgan Stanley, realiza la “anatomía de la pulverización”. Por cierto, Roach fue uno de los principales previsores de las graves fallas de la Reserva Federal en la fase terminal del hoy universalmente vilipendiado Alan Greenspan, pero luego se equivocó rotundamente al darle demasiado crédito a las medidas preventivas de Ben Shalon Bernanke.
Desde su radar inigualable, tanto en Asia como en su atribulado banco (del que acaba de adquirir 20 por ciento el grupo financiero japonés Mitsubishi UFJ), aborda la próxima secuencia financiera y sus repercusiones económicas. Afirma que el crecimiento del PIB global, que promedió 5 por ciento de 2004 hasta 2007, se encamina a 3,5 por ciento que juzga “alejado del desastre”.
Aquí exhibe su primera contradicción cuando considera que el sistema financiero de EU “se encuentra fuera de control”. ¿Cómo puede un sistema descontrolado e incontrolable encontrarse “alejado del desastre”? No estamos incitando al desastre, pero es pertinente tener en el radar mental tal escenario indeseable, aunque sea como remota posibilidad.
Lo interesante de la secuencia de Stephen Roach, desde su perspectiva indomable sobre la vigencia de la globalización, es que marca el piso de los sucesos por venir en “tres fases distintas del proceso de ajuste”, en la interacción “entre los mercados financieros y la economía real”.
Su primera fase desmenuza la crisis crediticia: considera que el proceso de deglución de la mala deuda anda avanzado en 65 por ciento, lo que nos parece demasiado hiperoptimista, cuando lo peor está por ocurrir. Es probable que el sesgo de su análisis financiero provenga de su cargo.
Su segunda fase diagnostica la economía estadounidense: aduce correctamente que el “evento mayúsculo es la capitulación (sic) de los consumidores de EU”, sobrendeudados y cortos de ingresos, que habían llevado el frenesí consumista a 72 por ciento de su PIB. Considera que los ajustes en la economía de EU van apenas en 20 por ciento.
La tercera fase versa sobre la economía global y sus vínculos con EU: la manufactura de China y Japón ha empezado a reducir sus embarcaciones a EU, cuyas reverberaciones han golpeado a la UE. Recuerda que las exportaciones asiáticas, 45 por ciento del PIB regional en 2007, redundaron en su acelerado crecimiento que se volvió dependiente de la demanda externa en la que el consumidor de EU era el rey. Después de dos años de un crecimiento a 12 por ciento del PIB, China se desaceleró a 10.1 por ciento en el segundo trimestre de este año, mientras se han debilitado las economías de Japón y Europa que “representan colectivamente 30 por ciento del total de las exportaciones de China”.
Vaticina para el año entrante otra caída del PIB chino a 8 por ciento. Como se nota, Stephen Roach es más realista en economía que en finanzas y la caída de 4 por ciento del PIB chino en un lapso de dos años afectará notablemente la demanda del mercado de las materias primas (aunque no necesariamente su cotización, debido al desplome del dólar).
Juzga que la economía de Japón es todavía “más precaria”, ya que su economía se ha estancado a 2 por ciento en los años recientes, lo que hace probable una recaída en recesión. Se desprende que China exhibe un “inmenso colchón”, pese a todo.
Stephen Roach no pierde su entusiasmo por la globalización a la que señala como la causal del auge global, en particular el asiático de 2002 a la mitad de 2007. Nada más que ahora la “conectividad” está golpeando en la cabeza asiática.
Llama la atención el común denominador de la disminución de 2 por ciento del crecimiento global que Roach aplica indistintamente en los cuatro principales motores de la economía mundial (EU, UE, China y Japón) y ni siquiera se toma la molestia de escudriñar a los otros tres gigantes del BRIC, es decir, a Brasil, Rusia e India, ya no se diga a la despreciada Latinoamérica, a la que, por cierto, la Cepal vaticina un crecimiento de 6 por ciento, con la notable excepción de la mediocridad del “México calderonista” en plena degradación. ¿Y qué tal si el PIB global, al contrario del diagnóstico sesgado de Stephen Roach, disminuye mucho más, abajo del umbral de 3 por ciento que el Fondo Monetario Internacional define como “recesión global”, cuando el tsunami financiero apenas se encuentra en su fase preliminar?
Mientras el locuaz Jaques Attali, ex director del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, augura una guerra inevitable como reajuste geopolítico a las turbulencia financieras globales, existen otros analistas a quienes por lo menos habría que tomarse la molestia de escuchar, por más sombrías que fuesen sus conclusiones.
John Taylor, presidente de la empresa neoyorquina International Foreign Exchange Concepts, la mayor firma de hedge-funds (fondos de cobertura de riesgos) de divisas del mundo, pronostica que el rescate colosal del gobierno bushiano “aplastará la cotización del dólar” (Yvette Essen, The Daily Telegraph, 21/09/08), escenario al que se adhiere Tim Bond, de Barclays Capital, quien vislumbra el “riesgo de una mayor inflación” (The Times, 21/09/08).
Después de exponer la transferencia de riqueza al BRIC y a las petromonarquías (nota: la tesis de Bajo la Lupa), Roger Cohen aborda el “despellejamiento (sic) de EU” y reporta una charla con el representante Barney Frank, jefe del Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, quien confiesa que EU cesó de ser “el poder mundial dominante” (IHT, 21/09/08). ¡Como si no lo supiéramos!
Liam Halligan, jefe de los economistas de la londinense Prosperity Capital Management, considera que la inundación de liquidez por el gobierno bushiano no ha tenido efecto en las “tasas interbancarias de largo plazo que han permanecido neciamente (sic) altas”, lo que en su conjunto puede desembocar en el “incumplimiento de pagos” (¡súper sic!) de EU, lo que ha cesado de ser un escenario “impensable” (The Daily Telegraph, 21/09/08). ¿Quién va a rescatar ahora a la Reserva Federal y a la Secretaría del Tesoro de EU?.
Vía IAR Noticias
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