Mostrando entradas con la etiqueta 11-S. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 11-S. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de agosto de 2008

Francia descubre que está en guerra

La muerte de diez soldados franceses en el lejano Afganistán le demuestra a Francia que está involucrada en una guerra donde han muerto miles de inocentes

Fausto Giudice
Tlaxcala

Traducido para Cubadebate, Rebelión y Tlaxcala por Manuel Talens


El pasado 20 de agosto, en plenas vacaciones, mientras que las buenas gentes de Francia se paseaban despreocupadas entre playas repletas y pantallas de televisión para seguir las proezas de los atletas en Beijing, haciendo lo posible por olvidar el estrés del inaplazable regreso a la rutina de “trabajar más y ganar menos”, la noticia estalló como un trueno en un cielo sereno: diez jóvenes y valerosos soldados franceses acababan de morir en el lejano Afganistán, en una emboscada tendida por los horribles talibán a 50 km de Kabul, lo cual elevó a veintidós la cifra de militares franceses muertos desde 2002, una minucia en relación con los cien británicos que han perdido la vida y menos aún si se compara con los miles de afganos asesinados. Y cuando digo afganos me refiero a hombres armados, hombres desarmados, mujeres, niños y ancianos.

Y, de improviso, las buenas gentes de Francia descubrieron que su ejército estaba implicado en la guerra de Afganistán. Han tenido que pasar seis años antes de que los franceses se den cuenta de que estaban físicamente comprometidos en una guerra.

¿Una guerra mundial? No. ¿Una guerra local? Tampoco. Se trata más bien de una “guerra entre dos mundos”. Dos mundos que se enfrentan en las montañas y las llanuras de Afganistán: a un lado, los buenos, la “coalición” que agrupa a 70.000 soldados de unos cuarenta países. Oficialmente no están allí para hacer la guerra sino la paz, para reconstruir el país y, en especial, para liberar a las mujeres, esas pobres afganas encerradas en sus velos como jaulas. Al otro lado, los “malos”, los barbudos, los “terroristas”, los talibán, al-Qaeda. De modo que esos soldados están allí también para luchar contra el terrorismo, eso que George Bush llama “la guerra mundial contra terror”. Excepto que, según parece, los “terroristas” afganos gozan del apoyo de una gran parte de la población.

Durante los seis años que han transcurrido desde el inicio del conflicto, a la opinión pública francesa no le ha importado nada esta guerra que oficialmente no lo es. Ni la izquierda blanda ni la extrema izquierda han organizado una sola manifestación. Nada, nada, nada. Silencio en la radio y consenso total. No ha sido distinto en España ni en Italia, donde la izquierda institucional retiró sus tropas de Iraq para mejor implicarse en Afganistán. Más agitación hubo en Alemania, en Dinamarca, en Suecia, en Noruega y en Canadá, aunque sin gran impacto sobre los acontecimientos: “Aquí estoy y aquí me quedo”, es la consigna de las fuerzas de coalición, bautizadas con las siglas ISAF.

De hecho, los aliados de USA, el invasor, se encargan del trabajo de apoyo logístico y civil, al “servicio” de los boys, que son quienes supuestamente hacen el trabajo sucio, es decir, los crímenes de la guerra y los bombardeos de la población civil con uranio empobrecido. Por su parte, los franceses y los europeos tratan de mantener sus manos limpias, cavan algunos pozos y ayudan a dar a luz a algunas mujeres.

Pero, ¿qué hacían los soldados franceses en ese berenjenal?, se pregunta de repente el ciudadano de a pie de la República Francesa. Un “trabajo indispensable”, le responde el presidente, mientras que su ministro Jean-Marie Bockel, secretario de Estado de Defensa, apela a la “unión nacional” y advierte que éste no es un buen momento para las críticas.

Porque parece que tanto la izquierda blanda como la extrema izquierda se han despertado de golpe: el Partido Comunista Francés y la Liga Comunista Revolucionaria exigen la retirada de las tropas, mientras que el Partido Socialista se contenta con decir que haría falta reexaminar “la misión de los soldados franceses en Afganistán”. Por su parte, el Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen es el más virulento en la denuncia de esta guerra que esconde su condición de guerra.

El 21 de agosto de 1968, hace exactamente cuarenta años, los tanques del Pacto de Varsovia entraron en Praga y pusieron fin a una primavera demasiado breve. Los jóvenes checos de entonces escribieron lo siguiente en las paredes de la ciudad, “Lenin, despierta, se han vuelto locos”, y cantaron para los soldados soviéticos una canción que acababan de componer, cuya letra decía: “Iván, vuelve a tu casa, Natacha te espera”.

Los resistentes afganos, a su vez, deberían escribir “Jaurès, despierta, se han vuelto locos” sobre los muros de los barracones franceses en Kabul.

Jean Jaurès fue el dirigente socialista francés que se atrevió a decir NO a la unión sagrada para la guerra en 1914 y lo pagó con su vida. Sí, Jean Jaurès, el mismo a quien el candidato a presidente Sarkozy citó en sus discursos preelectorales.

Y, también, los resistentes afganos podrían cantar esta canción a los soldados franceses: “Kevin, vuelve a tu casa, Jessica te espera” [1].

[1] Kevin y Jessica se encuentran entre los nombres más utilizados por las nuevas generaciones de franceses. [NdelT]

______________________
Fuente: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=5740&lg=fr

Sobre el autor (Fausto Giudice)

Manuel Talens es miembro de Cubadebate, Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.
Enlace a texto en Rebelión

viernes, 22 de agosto de 2008

El ántrax y la doble moral en la guerra contra el terror

A siete años de los aterradores ataques con ántrax ocurridos entre septiembre y octubre de 2001, se sabe que Sadam Hussein era inocente, y que el macabro espectáculo fue orquestado y dirigido desde el interior del ejército de los EEUU


Tom Engelhardt
Tom Dispatch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


¡Oh! ¡Qué espectáculo! – y no creáis que me refiero a esas ceremonias de apertura de Beijing, en las que una sincronización al estilo norcoreano parecía fusionarse con caras de smiley a la Walt Disney, o a la excitante caza de ocho medallas de Michael Phelp y al “bono” de un millón de dólares de Speedo, un tributo modernizado a la antigua tradición griega del amateurismo en acción. No, pienso en la guerra relámpago de cobertura mediática después de que el doctor Bruce Ivins, que trabajaba para el Instituto de Investigación Médica de Enfermedades Infecciosas del Ejército de EE.UU., en Fort Detrick, Maryland, se suicidase con Tylenol (paracetamol) el 29 de julio y el FBI lo acusara rápidamente de los ataques con ántrax de septiembre y octubre de 2001.

Los recordáis: el polvo que llegaba, de modo bastante inocuo, en sobres – acompañado de cartas sobrecogedoras fechadas de modo alarmante “”11-09-01” que decían: “¡Muera EE.UU.! ¡Muera Israel!”. ¡Alá es grande!” Cinco estadounidenses murieron por inhalación de ántrax y 17 fueron heridos. El Edificio Hart del Senado, y varias instalaciones postales, fueron cerrados durante meses para ser desinfectados, mientras compañías mediáticas que recibieron los sobres fueron sumidas en el caos.

Para una nación que ya estaba aterrorizada por los ataques del 11 de septiembre de 2001, el pensamiento de que un brutal dictador con armas de destrucción masiva (que incluso podría haber entregado el ántrax a terroristas) estuviera dispuesto a causarnos un daño aún mayor, ayudó indudablemente a allanar el camino para una invasión de Iraq. El presidente incluso llegó a afirmar que Sadam Husein tenía la capacidad de enviar vehículos aéreos sin tripulación para pulverizar armas biológicas o químicas sobre la costa este de EE.UU. (aviones teledirigidos que, como el programa nuclear de Sadam, terminaron por no existir).

Actualmente, es incluso difícil recordar con precisión lo aterradores que fueron esos ataques con ántrax. Según una búsqueda LexisNexis, entre el 4 de octubre y el 4 de diciembre de 2001 aparecieron 389 artículos en el New York Times con “ántrax” en el título. En el mismo período, 238 artículos semejantes aparecieron en el Washington Post. Es el equivalente noticioso de un interminable grito agudo de terror – y de esos ataques emergió un histérico mundo estadounidense que involucraba alertas naranja y duct tape, vacunas contra la viruela, y finalmente una guerra, no fuera a ser que el asunto, o cualquier cosa que se le pareciera aunque fuera remotamente, cayera en manos de terroristas.

Y sin embargo, a fines de 2001, había quedado en claro que, a pesar de las cartas acompañantes, el ántrax en esos sobres era de una variedad producida en el interior. No venía ni de los páramos de Afganistán ni de Bagdad, sino – casi seguro – de nuestros propios laboratorios de armas biológicas. En ese momento, los asesinatos con ántrax desaparecieron esencialmente... ¡zas! ... mientras que el 11-S sólo ganó fuerza como el evento singular de nuestros tiempos.

Esas muertes-por-ántrax dejaron de formar parte de la narrativa del gobierno de la Guerra Global contra el Terror que, claro está, apuntaba a fanáticos islámicos (y a montones de países de los que supuestamente les daban “refugio”), pero por cierto no contra científicos militares aquí en el interior. Con igual rapidez esos ataques fueron dados de baja de las primeras planas – de hecho, simplemente de todas las páginas – de los periódicos de la nación y de las pantallas de televisión.

A diferencia del 11-S, no hubo recuerdos ritualistas de los aniversarios de esos días en los años siguientes. No hubo víctimas, ni sobrevivientes, ni parientes de víctimas que subieran a los podios e hicieran doblar las campanas, o leyeran nombres, o presentaran encomios. No hubo un memorial de mil millones de dólares (ni siquiera de un millón) a los muertos de ántrax para que discutieran los sobrevivientes. Hubo poco más que silencio, mientras el FBI andaba a tientas por el espurio camino de un proceso de investigación concentrado sobre todo en un científico de armas biológicas de EE.UU., Steven J. Hatfill, quien también trabajaba en Fort Detrick, y que desgraciadamente era el hombre equivocado. (Bruce Ivins, misteriosamente, trabajó de cerca durante años con, y ayudó a, la investigación del FBI, hasta que el foco de la sospecha llegó a ser dirigido sobre su persona.)

Siguió siendo esencialmente el estado del caso hasta que, al terminar julio, Ivins cometió suicidio. Entonces, ¡qué manera de hacer su agosto! Los detalles, las preguntas, las dudas, la evidencia científica cuestionada, las listas de los tipos de drogas que le habían recetado, las citas sensacionales, el “nido de ratas” de un laboratorio contaminado con ántrax en el que trabajaba, ¡los extraños correos y cartas! “¡Quisiera poder controlar los pensamientos en mi mente!... Tengo a veces increíbles pensamientos paranoicos, ilusorios, y no hay nada que pueda hacer hasta que desaparecen, sea por sí mismos o con drogas.” ¡Caso resuelto! O no. ¡El “científico loco” de los laboratorios de guerra biológica del Ejército de EE.UU. en Fort Detrick terminó por ser atrapado! O no...

Era la historia soñada. Y los medios dominantes marcharon con ella, doctamente, seriamente, como si jamás la hubieran dejado de lado. Ahora, cuando se disipa la cobertura y la historia amenaza nuevamente con desaparecer en la oscuridad (a pesar de las dudas sobre el papel de Ivins en los ataques), pensé que valdría la pena mencionar unas pocas preguntas que se me ocurrieron al leer la reciente cobertura – no sobre la culpabilidad o inocencia de Ivins, sino sobre asuntos que forman una parte tan integral de nuestro paisaje estadounidense que normalmente a nadie se le llega a ocurrir preguntar al respecto.

Mis principales seis preguntas sobre el caso son:

1. ¿Por qué no se aplicó el modus operandi de la Guerra contra el Terror del gobierno de Bush al caso del ántrax?

El 10 de agosto, William J. Broad y Scott Shane informaron sobre algunos de los costes humanos de la investigación del ántrax del FBI en un artículo en primera plana del New York Times con el título: “Para los sospechosos, el caso del ántrax tuvo grandes costes, numerosos inocentes en una amplia red del FBI.” Hicieron un excelente trabajo estableciendo que los que cayeron en serie bajo sospecha lo pasaron mal: “trabajos perdidos, visas anuladas, matrimonios rotos, amistades deshechas.” Según el Times (y otros), las carreras de varios fueron destruidas bajo la presión de la vigilancia del FBI; la mayoría fueron interrogados y vueltos a interrogar muchas veces usando “mano dura,” así como sometidos al detector de mentiras; algunos fueron seguidos y rastreados, sus casas allanadas, y sus lugares de trabajo, saqueados.

Bajo la presión del “interés” del FBI, el especialista en ántrax y “conocedor de la biodefensa” Perry Mikesell se convirtió evidentemente en alcohólico y tomó hasta morir. Steven Hatfill: el agente que lo seguía le pasó sobre un pie con un coche mientras su vida era puesta al revés y al derecho, y él, no el agente, recibió una contravención, agregan Broad y Shane. Y finalmente, claro está, el doctor Ivins, cada vez más angustiado y evidentemente cada vez menos equilibrado, se suicidó el día en el que su abogado se iba a encontrar con el FBI para discutir un posible acuerdo que lo hubiera llevado a la cárcel de por vida, pero habría excluido la pena de muerte.

A pesar de todo, por dura que haya sido la vida para Mikesell, Hatfill, Ivins, y muchos otros, tengo que hacer una observación que no se verá en ningún otro sitio en medios de información que han pasado dos semanas de travesuras con el caso: Para extraer una confesión, a ninguno de los sospechosos de estos últimos años, incluyendo a Ivins, le metieron un cigarrillo encendido en su oreja; a ninguno le pegaron, le escupieron, y lo hicieron desfilar desnudo; a ninguno lo golpearon hasta la muerte mientras estuvo preso sin ser acusado por un crimen; a ninguno lo mojaron con agua fría y lo dejaron desnudo en una cela en una noche helada; a ninguno le dieron choques eléctricos, lo encapucharon, le colocaron grilletes en dolorosas “posiciones de estrés,” o lo sodomizaron; a ninguno lo sometieron a música ruidosa, a luces centelleantes, o le negaron el sueño durante días interminables; a ninguno lo sofocaron hasta la muerte, o lo hicieron arrastrarse desnudo por el suelo de una cárcel con un collar de perro, o lo amenazaron con perros guardianes. A ninguno lo sometieron al waterboard [submarino].

No importa qué presión hayan aplicado a Ivins o Hatfill, ninguno de los dos fue secuestrado en la calle cerca de su casa y desnudado. No le pusieron pañales, le vendaron los ojos, lo encadenaron, lo drogaron, y lo “entregaron” a prisiones en otro país, posiblemente para ser sometido a choques eléctricos o para que torturadores de un régimen extranjero lo cortaran con escalpelos. Incluso aunque se creyó en algún momento, que cada uno de los sospechosos en los asesinatos del ántrax, era un terrorista que había cometido un crimen odioso con un arma de destrucción masiva, a ninguno lo declararon en algún momento “combatiente enemigo.” Ninguno fue jamás encarcelado sin acusaciones, o sin gran esperanza de un juicio o liberación, en “sitios negros,” secretos, en el extranjero, dirigidos por la CIA.

¿Por qué no?

2. ¿Por qué no enviaron a los militares de EE.UU.?

Parte del paradigma reinante en los años de Bush fue: el trabajo policial no basta cuando la patria es amenazada. La localización de terroristas que han matado, o podrían algún día matar a, estadounidenses es asunto de “guerra.” Los que han atacado a la patria estadounidense y asesinado a ciudadanos de EE.UU., serán, como lo dijo nuestro presidente, “cazados” por fuerzas de operaciones especiales y agentes de la CIA que han recibido el derecho de asesinar y traerlos “muertos o vivos.”

¿Por qué entonces, cuando actos de bio-terror asesino fueron cometidos en suelo estadounidense, no se llamó a los militares? ¿Por qué no enviaron “escuadrones de la muerte” de la CIA – la frase contundentemente descriptiva utilizada por Jane Mayer en su notable nuevo libro “The Dark Side” [El lado oscuro] – para asesinar a probables sospechosos? ¿Por qué no lanzaron aviones teledirigidos Predator sin tripulación, armados con misiles Hellfire, para que cruzaran los cielos de Maryland y eliminaran “con precisión” y “en forma quirúrgica” en sus casas (sin importar el “daño colateral”) a Ivins u otros sospechosos? ¿Por qué, en los hechos, no fueron simplemente arrasadas sus casas del modo rutinariamente empleado en Afganistán, Pakistán, Somalia, y otros sitios? (En los hechos, parece que al FBI le costó dos años después de sus primeras sospechas sobre Ivins para simplemente registrar su casa y aún más para terminar por quitarle su aprobación de seguridad de alto nivel.)

Una vez que fueron identificados laboratorios de armas de EE.UU. como fuentes del ántrax, ¿por qué no enviaron equipos de operaciones especiales para ocupar las instalaciones, clausurarlas, y llevar en avión a los allí encontrados, con grilletes y con los ojos vendados, a Guantánamo o a otros sitios más secretos?

¿Por qué, cuando el gobierno llegó a tales extremos para eliminar el financiamiento para terroristas en otros sitios, se aumentó significativamente el financiamiento para esos laboratorios?

¿Por qué, si los apresados o simplemente secuestrados, por el gobierno de Bush para descubrir luego que eran inocentes, fueron – después de su encarcelamiento secreto, abuso, y tortura – regularmente liberados sin disculpas, o reembolso (si eran liberados), el gobierno de EE.UU. pagó a Hatfill 4,6 millones de dólares para arreglar un litigio que había interpuesto como reacción ante su terrible experiencia?

¿Por qué si, según la “doctrina de uno por ciento” del vicepresidente, ninguna reacción era demasiado extrema si existía aunque fuera una minúscula probabilidad de un ataque catastrófico contra la “patria” estadounidense, no se emprendieron actos extremos contra un asesino (o asesinos) con armas de destrucción masiva suelto o sueltos, posiblemente en los suburbios de Maryland?

3. Una vez que se identificó que la amenaza del ántrax provenía de laboratorios militares de EE.UU. ¿por qué el gobierno, el FBI, y los medios asumieron que sólo un individuo era responsable?

Leed tanto como queráis de la cobertura de los asesinatos con ántrax y descubriréis que el FBI adoptó hace tiempo como regla general que el culpable fue un solo “científico loco”– y, lo que no es menos importante, que esa teoría también fue aceptada como un hecho fundamental por los medios de información. Durante años no se han considerado seriamente posibilidades alternativas.

Por ejemplo, se sabe que una serie de cartas con ántrax fueron enviadas desde un buzón en Princeton, Nueva Jersey, a unas horas de la casa de Ivins y del laboratorio de Fort Detrick en Frederick, Maryland. La pregunta que intrigó al FBI – y que ocupó vigorosamente a los medios – fue si, el día en cuestión, Ivins tuvo tiempo para llegar a Princeton y de vuelta, considerando lo que se sabe de su programa. El FBI sugiere que lo tuvo; los críticos sugieren otra cosa. Nadie, sin embargo, parece considerar la posibilidad de que el terrorista solitario de los asesinatos con ántrax podría haber tenido uno o más cómplices, lo que hubiera solucionado enormemente el “problema” del despacho de esas cartas.

¿Será que se supone que estadounidenses, a diferencia de extranjeros empecinados en ser terroristas, son individualistas incontenibles, solitarios suficientemente astutos como para realizar solos los complots? ¿No hay nadie que recuerde que el último gran acto de terrorismo estadounidense en EE.UU., el atentado contra el Edificio Federal Alfred P. Murrah en la ciudad de Oklahoma en 1995, fue un crimen de por lo menos dos “solitarios” estadounidenses”? (Los primeros informes en ese caso, también, culparon a terroristas árabes – en plural.)

Parece no haber habido ninguna “célula durmiente” de Al-Qaeda en este país, ¿pero cómo sabemos que no existe una “célula durmiente” de bio-asesinos estadounidenses oculta en algún sitio en la comunidad de los laboratorios militares de EE.UU.?

4. ¿Y esos laboratorios militares? ¿Por qué su historia sigue sin jugar poco o ningún papel en la historia de los ataques con ántrax?

Al leer las resmas de cobertura del suicidio de Ivins y del caso del FBI en su contra, encontré sólo una referencia al trabajo al que se ha dedicado su laboratorio en Fort Detrick durante la mayor parte de la era de la Guerra Fría. Es la siguiente frase del Washington Post: “Como domicilio de los Laboratorios de Guerra Biológica del Ejército, la instalación condujo un programa de máximo secreto de producción de armas biológicas ofensivas de 1943 a 1969.” Y sin embargo, no llegasteis a comprender este hecho, la verdadera importancia del caso del ántrax permanece en la sombra.

Como en el caso de la permanente historia de peligros nucleares sobre nuestro planeta, los terrores de nuestra era son mostrados casi invariablemente como procedentes de bandas de fanáticos, o de países como Irán de los que se dice que son dirigidos por estos últimos, en los páramos de nuestro planeta (algunos de los cuales están por pura casualidad en los centros energéticos del mismo planeta). Y sin embargo, si nos aterran suficientemente las armas incontroladas o proliferadas de destrucción masiva como para amenazar con, o iniciar, guerras por su causa, es importante que se comprenda que, desde 1945, esos peligros – y son peligros funestos – emergieron del corazón de las maquinarias militares-industriales de las dos superpotencias de la Guerra Fría: EE.UU. y la URSS.

Dicho de otro modo, los ataques conceptualmente más inquietantes de 2001 surgieron directamente del afán de la Guerra Fría de desarrollar armas biológicas ofensivas. Hasta 1969, los laboratorios de guerra biológica del Ejército en Fort Detrick se concentraron, en parte, en esa tarea. Pura y simplemente. Después que el presidente Richard Nixon cerró el programa de guerra biológica ofensiva en 1969, los científicos del Ejército pasaron a trabajar en “defensas” contra la misma. Como en el caso de defensas contra ataques nucleares, sin embargo, ese trabajo, por su naturaleza, es frecuentemente difícil de separar del trabajo ofensivo con semejantes armas. En otras palabras, mirando de una cierta manera, un enfoque del laboratorio de Fort Detrick, que provocó sospechas en los ataques con ántrax del invierno de 2001, ha estado colocando desde hace tiempo la guerra biológica en el menú global. En eso, evidentemente terminó por tener éxito.

Claro que en esto hay algo irónico. En la era posterior a la Guerra Fría, nuestras preocupaciones se concentraron casi por completo en los laboratorios y almacenes rusos deteriorados de la Guerra Fría para la guerra biológica, química, y nuclear, a menudo mal protegidos. Durante mucho tiempo se temió que semejantes pesadillas para nuestro mundo podrían provenir desde ellos. Pero en eso, al parecer, nos equivocamos. Los laboratorios agujereados eran los nuestros y – lo que es aún más aterrador – las posibilidades de filtraciones y abusos siguen expandiéndose exponencialmente.

5. ¿Fueron los ataques con ántrax los menos importantes de 2001?

Si se comparan las dos series de ataques de 2001 en términos de muerte y destrucción, el 11-S evidentemente deja atrás a los ataques con ántrax. Mirándolo de una cierta manera, sin embargo, los ataques del 11-S, aunque atrevidos, asesinos, espectaculares en la televisión, y de apariencia apocalíptica, no fueron conceptualmente nada nuevo. Fueron los ataques con ántrax los que apuntaron a un futuro nuevo y dantesco.

Después de todo, el World Trade Center ya había sido atacado anteriormente, y una de sus torres casi fue derribada, por una bomba en una camioneta de alquiler conducida a un aparcamiento subterráneo por islamistas en 1993. Los aviones en los ataques de 2001 fueron, como ha escrito Mike Davis, simplemente coches bomba con alas, y los coches bomba tienen una dolorosa y larga historia. Incluso a pesar de que con sus objetivos – los simbólicos mega-edificios de un poder imperial cuyos ciudadanos preferían creer previamente que eran invulnerables – los secuestradores del 11-S ofrecieron una nueva realidad psicológica a los estadounidenses, su característica más impresionante e inquietante fueron posiblemente ellos mismos. Esos 19 hombres habían prometido cometer suicidio no por su país, como lo habían hecho miles de pilotos kamikaze japoneses a fines de la Segunda Guerra Mundial, o incluso por un país potencial como cientos de atacantes suicida tamiles en Sri Lanka, sino por una fantasía religiosa (tras la cual existen agravios no-religiosos). Por otra parte, los ataques del 11-S no fueron sino una versión mayor, más ambiciosa, por ejemplo, del ataque suicida en lancha contra el USS Cole en un puerto yemenita en el año 2000.

Por otra parte, los envíos postales con ántrax representaron algo nuevo. (El culto japonés Aum Shinrikyo había intentado fabricar y utilizar armas biológicas, incluyendo ántrax, en los años noventa, pero fracasó.) Si el ataque de al-Qaeda el 11-S sólo había simulado un ataque con un arma de destrucción masiva, en el caso del ántrax asesino, no se requería imaginación. Se había utilizado con éxito un arma real de destrucción masiva – ántrax altamente refinado – vuelta a utilizar posteriormente, y el o los asesinos seguían libres, no en los páramos afganos sino en algún sitio entre nosotros, sin evidencia de que se hubiera agotado el suministro de ántrax.

Y sin embargo, incluso si el gobierno de Bush, los dos candidatos presidenciales, todo Washington, y los medios, siguen concentrados en el terrorismo en las regiones fronterizas entre Afganistán y Pakistán, pocos piensan seriamente – exceptuando cuando tiene que ver con la culpabilidad individual – en el terror que emergió de las profundidades del complejo militar-industrial, de nuestros propios laboratorios de armas de la Guerra Fría. A eso no parece aplicarse ningún aspecto de la Guerra contra el Terror.

6. ¿Quién está ganando la Guerra Global contra el Terror?

La respuesta obvia es: los terroristas. Sólo la semana pasada, Mike McConnell, director nacional de inteligencia, lo dejó absolutamente claro cuando se trató de al-Qaeda. Testificó ante el Congreso que la organización “está ganando fuerza desde su refugio en Pakistán y mejora continuamente su capacidad de reclutar, entrenar y posicionar a agentes capaces de realizar ataques dentro de EE.UU.” De hecho, es bastante obvio ya hace bastante tiempo que la Guerra Global contra el Terror del gobierno de Bush ha tenido éxito sobre todo en la creación de cada vez más terroristas en cada vez más sitios. Y sin embargo, discutiblemente, el asesino o asesinos con ántrax han logrado mucho más hasta la fecha que al-Qaeda. Considerando el caso de un cierto modo, sea cual fuere el papel de Bruce Irvins, los asesinatos con ántrax resultaron ser un triunfo a escala natural del terrorismo.

Hace tiempo que existe una teoría de que quienquiera haya cometido las atrocidades del ántrax quería atraer atención (y probablemente medios financieros) para más investigación y desarrollo de “defensas” contra la bio-guerra de EE.UU. Si así fuera, entonces, ¡qué tremendo éxito! En los años desde que ocurrieron los ataques, esos laboratorios han sido inundados de financiamiento, cuya cantidad ha aumentado de manera impresionante. El 11 de septiembre de 2001, informa el Washington Post, “había solamente cinco laboratorios de ‘nivel de bio-seguridad 4’ – sitios equipados para estudiar agentes altamente letales como Ebola para los que no hay vacunas o tratamientos humanos – señaló el otoño pasado un informe de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental. Ahora hay quince en operación o en construcción, según el informe. Hay cientos más de nivel de bio-seguridad 3, que trabajan con agentes tales como Bacillus anthracis, que tiene una vacuna humana.”

Los pocos cientos de personas que trabajaban en el programa de bio-defensa de EE.UU. antes del 11-S han aumentado a posiblemente 14.000 científicos que tienen “aprobación para trabajar con ‘agentes biológicos seleccionados’ tales como Bacillus anthracis – muchos de ellos civiles que trabajan en universidades privadas” en las cuales, según expertos, “los reglamentos de seguridad son notablemente relajados.” Y no hay que olvidar el propio plan multimillonario del Ejército de “construir un complejo mayor de laboratorios como parte de un campus de bio-defensa inter-agencias propuesto en Fort Detrick." Estamos hablando del sitio en el que trabajaba el equipo de Ivins, evidentemente apodado, “Equipo Ántrax” y cuyos laboratorios son supuestamente “famosos por perder ántrax.” En los mismos años, según el New York Times, “casi 50.000 millones de dólares en dineros federales han sido gastados para construir nuevos laboratorios, desarrollar vacunas y almacenar drogas.” Parte de este dinero es sacado de fondos de salud pública básica que otrora aseguraban que grandes cantidades de personas no murieran de enfermedades medicables como ser tuberculosis, y fue redirigido al virus Ebola, ántrax, y otros patógenos exóticos.

En estos años, para no ser demasiado quisquilloso, el gobierno de Bush ha expandido exponencialmente nuestros laboratorios de guerra biológica, aumentando significativamente la probabilidad de que un nuevo “científico loco” tenga a su disposición mucha más oportunidad y material muchísimo más letal para su trabajo. Ha aumentado, en otras palabras, la probabilidad no sólo de que el terror llegue a “la patria,” sino que provenga de esa patria. Gracias a este gobierno, los terroristas ganaron esta vuelta y futuros terroristas cosecharán los frutos de esa victoria.

Bruce Ivins, no importa qué hayas hecho, o lo que te hicieron, descansa en paz. Tu laboratorio está en buenas manos. Y es probable que, casi siete años después de la llegada del primer sobre con ántrax, el mundo se parezca más a una máquina de terror que nunca antes.


[Nota sobre lecturas: Sorprendentemente, en diciembre de 2002, cuando este sitio comenzó a aparecer, el primer escritor invitado de TomDispatch, el experto en salud pública, David Rosner, trató el tema de la histeria por la viruela, señalando que la enfermedad fue salvada de la erradicación total del planeta por un acuerdo de EE.UU. y la URSS “de asegurar que el virus que causa la viruela fuera mantenido en almacenamiento esperando una nueva oportunidad para aterrorizar al mundo. Durante décadas, ambos países lo almacenaron, lo distribuyeron a varios laboratorios de investigación y aseguraron de otras maneras que esa victoria de la salud pública fuera convertida en una tragedia humana en potencia.” Agregó: “El temor a la viruela ha facilitado el juego de la estrategia general del gobierno de Bush de militarizar la salud pública.”

Más recientemente, Glenn Greenwald de Salon.com realizó un excelente trabajo sobre la historia del ántrax. En 2007, escribió un artículo impresionante: “La historia irresoluta de los falsos informes sobre el ántrax de Sadam de ABC News.” refiriéndose a informes críticamente malos de Brian Ross y ABC, y continuó después del suicidio de Ivins con un artículo: ("Periodistas, sus fuentes mentirosas, y la investigación del ántrax,”) que presenta más preguntas estremecedoras sobre el caso del ántrax que ninguno de los otros 16 artículos que he visto.

Finalmente, Elisa D. Harris, experta investigadora sénior en el Centro de Estudios Internacionales y de Seguridad en la Universidad de Maryland, publicó un buen y juicioso artículo de opinión en el New York Times, “Los asesinos en el laboratorio” (“Nuestros esfuerzos por combatir las armas biológicas nos están haciendo menos seguros”) que presenta de un modo impresionante la expansión de la investigación en armas biológicas de EE.UU. desde 2002.]


Fuente:

www.tomdispatch.com/post/174966/six_questions_about_the_anthrax_case


Tom Engelhardt dirige Tomdispatch.com del Nation Institute. Es cofundador del American Empire Project (http://www.americanempireproject.com/). Ha actualizado su libro The End of Victory Culture (University of Massachussetts Press) en una nueva edición. Editó el primer libro de lo mejor de Tomdispatch, The World According to Tomdispatch: America in the New Age of Empire, que incluye su trabajo (Verso) y que acaba de publicarse. El libro, una historia alternativa de los demenciales años de Bush, se centra en lo que no publican los medios dominantes.

Enlace a texto en Rebelión

jueves, 15 de mayo de 2008

La Conspiración tras el 11-S

El profesor estadounidense James Fetzer, pionero en las investigaciones acerca del 11/9 presenta su trabajo

Diferencias entre «Teorías Conspirativas» compulsivas y científicas en el 11-9

Presentamos el artículo del profesor James Fetzer, que forma parte del libro The 9/11 Conspiracy y quien es un investigador estadounidense que ha publicado mas de 20 libros en filosofía de las ciencias y en la fundamentación teórica de la ciencia computacional, inteligencia artificial y ciencias cognitivas. A pesar de la censura informativa masiva que reina en la mayor parte de Occidente, muchas personas, gracias a los medios alternativos, saben que el movimiento 911TRUTH tiene cientos de personas trabajando en investigación, presentaciones judiciales y divulgación de indicios, pruebas y hipótesis sobre lo sucedido realmente el 11-9.
________________________________________



James Fetzer sigue investigando acerca de los atentados del 11 de septiembre con su colectivo de científicos y cada vez sus análisis y trabajos ponen en tela de juicio la versión oficial de la administración Bush sobre estos acontecimientos.
________________________________________________

Introducción por Oscar Abudara Bini

Presentamos el artículo del profesor James Fetzer, que forma parte del libro THE 9/11 CONSPIRACY. El recién mencionado es prima facie un académico norteamericano: Distinguished McKnight University Professor Emeritus at the University of Minnesota, Duluth, ha publicado mas de 20 libros en filosofía de las ciencias y en la fundamentación teórica de la ciencia computacional, inteligencia artificial y ciencias cognitivas.
Es un ex Oficial de la Marina y editó tres libros sobre el asesinato del presidente John F. Kennedy. Pero, el trabajo, investigación y lucha de Fetzer ha cobrado gran realce al ser uno de los miembros fundadores del movimiento 911TRUTH (por la verdad de lo sucedido el 11-9).
A pesar de la censura masiva que reina en la mayor parte de Occidente, muchas personas, gracias a los medios alternativos, saben que el movimiento 911TRUTH tiene cientos de personas trabajando en investigación, presentaciones judiciales y divulgación de indicios, pruebas y hipótesis sobre lo sucedido realmente el 11-9.
En este grupo de investigadores-luchadores hay ex funcionarios de gobiernos, agentes de inteligencia, militares, pilotos de combate, periodistas, profesores universitarios, psiquiatras, familiares de víctimas, esto dentro de los EEUU.
Se está difundiendo también que órganos gubernamentales y funcionarios de gobiernos extranjeros están volcándose seria y públicamente a confiar más en la verdad de los científicos que en las “historietas conspirativas” promocionadas por Bush, Blair, Olmert, Aznar y otros gobernantes.
El parlamento venezolano, el presidente Hugo Chávez, el parlamento japonés, el ex presidente de Italia Francesco Cossiga, el ex ministro alemán Andreas von Bülow, el hombre fuerte de la diplomacia americana B. Brzezinski, ente otros, manifestaron públicamente que no solo creen que el 11-9 fue un trabajo “interno” de los gobiernos de Bush, Israel y otros, sino que puede volver a repetirse, tal como ha advertido recientemente Bush en una entrevista.

Aclaración

El profesor Fetzer, ha confirmado que antes de la mitad del año en curso (2008) visitará la República Argentina, para dar un ciclo de conferencias. Asimismo, tomará contacto con el grupo de investigadores, científicos, gente de la cultura y los pocos políticos argentinos que estudian el tema.
¿Qué representa el 11-9? Para la mayor parte de los debates contemporáneos, el 11-9 marca un evento fundante de nuevos paradigmas, no solo en el campo de la geopolítica, por ejemplo, invasiones a Afganistán e Irak, sino el riesgo cierto y cínicamente reconocido de una posible lll Guerra Mundial, iniciada contra Irán y con uso de armas atómicas.
Para los argentinos, españoles y británicos, el estudio del 11-9 representa un filón de enseñanzas, ya que los ataques terroristas cometidos en Lockerbie, Argentina, Madrid y Londres, tienen en el atentado de los EEUU, el exponente máximo del modus operandi. Para científicos, psicólogos, abogados, periodistas, artistas y hombres de gobiernos, la verdad “verdadera” del 11-9 es matriz para políticas y tomas de posición para una de las consecuencias que ya invadió a todo Occidente, nos referimos a la Ley Antiterrorista, que el gobierno de Bush impuso en EEUU, Europa y Latinoamérica.

Introducción: por James Fetzer

¿Usted es de los que le creyó ciegamente en las teorías compulsivas de Bush?
La frase “teoría conspirativa” alberga una ambigüedad, ya que las conspiraciones son generalizadas y las teorías acerca de ellas no necesariamente son meras especulaciones. La aplicación del razonamiento científico en la forma de inferencia hacia la mejor explicación, aplicada a la evidencia relevante, establece que la versión oficial de los hechos del 11/9 no puede sostenerse.

Las medidas objetivas de la evidencia utilizando probabilidades establecen que el WTC fue derribado a través del uso de la demolición controlada y que el Pentágono no fue impactado por un Boeing 757. Como estas hipótesis tienen altas probabilidades y las otras alternativas tienen probabilidades que van de cero a nulas (porque ni siquiera son físicamente posibles), asumiendo que suficiente evidencia se ha hecho disponible y “asentado”, estas conclusiones no solo proporcionan mejores explicaciones para los datos sino que están probadas más allá de la duda razonable.

«Teorías Conspirativas»

Tenemos que entender las conspiraciones. Las conspiraciones son tan norteamericanas como el pastel de manzana. Solo requieren que dos o más personas colaboren en actos para alcanzar fines ilegales. Cuando dos tipos asaltan una tienda, están envueltos en una conspiración. La mayoría de las conspiraciones en nuestro país son económicas, como Enron, WorldCom, y ahora Halliburton al explotar las oportunidades de obtener ganancias en Irak. La venta de información confidencial (insider trading) es un simple ejemplo, ya que los inversores y brokers colaboran para beneficiarse de la información privilegiada . Normalmente, sin embargo, los medios no lo describen como “conspiraciones”. Las dos conspiraciones más importantes de nuestra historia seguramente sean las de JFK y el 11/9.

Un aspecto fascinante del 11/9 es que la historia oficial (“conspirativa”) involucra la colaboración de alrededor de diecinueve personas para alcanzar fines ilegales y, consecuentemente, obviamente califica como “teoría conspirativa”. Cuando los críticos del gobierno ofrecen una versión alternativa que involucra a figuras clave del gobierno en el 11/9, eso también califica obviamente como “teoría conspirativa”. Pero lo que importa ahora es que estamos confrontados por versiones alternativas de lo que pasó el 11/9, y ambas califican como “teorías conspirativas”. En consecuencia no es racional descartar a una de ellas como “teoría conspirativa” a favor de la otra. La cuestión es ¿cuál de estas dos “teorías conspirativas” es más defendible?

Hay una cierta ingenuidad en combinar “conspiración” con “teoría”, porque la palabra “teoría” puede usarse en el sentido débil de especulación, conjetura o suposición, para denigrar una versión u otra por razones políticas o ideológicas sin reconocer que “teoría” también puede usarse en el sentido más fuerte de hipótesis empíricamente comprobable y explicativa. Considere la teoría de Newton de la gravitación o la teoría de Einstein sobre la relatividad como ejemplos. El truco psicológico es hablar como si todas las “teorías” fueran conjeturas, y ninguna de ellas debiera ser considerada seriamente. Sin embargo, varios casos diferentes pueden presentar varios problemas diferentes. La evidencia puede ser escasa, por ejemplo, o las alternativas pueden ser difíciles de imaginar.

Además, hay varias razones por las cuales personas distintas podrían arribar a conclusiones muy diferentes en un caso determinado. Estas incluyen que no estén considerando el mismo conjunto de explicaciones alternativas o que no estén empleando las mismas reglas de razonamiento. La objetividad de la ciencia deriva, no de trascender nuestras fragilidades humanas, sino de su inter-subjetividad. Científicos distintos confrontando las mismas alternativas, la misma evidencia, y las mismas reglas de razonamiento deberían arribar a todas y solo las mismas conclusiones sobre qué hipótesis son aceptables, cuáles son rechazables, y cuáles deberían mantenerse en suspenso . Y en la búsqueda de la verdad, el razonamiento científico debe basarse en toda la evidencia relevante disponible, condición llamada el requisito de evidencia total, o de lo contrario será falaz .

Razonamiento científico

El razonamiento científico caracteriza a un patrón sistemático de pensamiento que abarca cuatro etapas o pasos, a saber: desconcierto, especulación, adaptación y explicación . Algo ocurre que no cuadra confortablemente en nuestro conocimiento adquirido y expectativas, y así se convierte en una fuente de desconcierto. Las teorías alternativas que podrían explicar esa ocurrencia surgen para su consideración. La evidencia relevante disponible es traída para solventar esas hipótesis y se establecen sus medidas de apoyo probatorio, así como dónde podría obtenerse evidencia adicional sobre la base de la observación, medición y experimentación. El peso de la evidencia es evaluado, y la hipótesis con mayor soporte es la preferible. Cuando hay suficiente evidencia disponible, la hipótesis preferible también se vuelve aceptable en la manera tentativa y falible de la ciencia.

Entre las distinciones más importantes que es necesario hacer en el razonamiento sobre los escenarios alternativos de eventos históricos de los que aquí importan, están aquellas entre distintos tipos de necesidad, posibilidad e imposibilidad . Nuestro lenguaje impone algunas restricciones sobre lo posible como funciones de gramática y significado. En el inglés común, por ejemplo, un novato es un estudiante, necesariamente, porque ser un novato es ser un estudiante en el primero año de una carrera de cuatro años. De tal manera, es imposible ser un novato y no ser estudiante. La primera es una necesidad lógica, la segunda es una imposibilidad lógica. Dado que una conspiración requiere al menos dos conspiradores, si no hubiera al menos dos conspiradores, no es lógicamente posible que se trate de una conspiración; si los hay, entonces necesariamente lo es.

Sin embargo, más interesantes que las necesidades lógicas, posibilidades e imposibilidades, son las necesidades físicas, posibilidades e imposibilidades . Estas se determinan en relación a las leyes de la naturaleza, que al contrario de las leyes de la sociedad, no pueden violarse, no pueden alterarse, y no requieren implementación. Si el agua pura se congela a 32º F en presión atmosférica a nivel del mar, por ejemplo, entonces es físicamente necesario que una muestra de agua pura se congele cuando su temperatura sea inferior a los 32º F a esa presión.

Análogamente, bajo esas mismas condiciones, que una muestra de agua pura no se congele cuando su temperatura es inferior a los 32º F es físicamente imposible. Y cuando una muestra de agua pura no se congela a esa presión, se justifica inferir que entonces no está a una temperatura inferior a su punto de congelamiento de 32º F .

Las leyes de la naturaleza son el núcleo de la ciencia y proporcionan los principios sobre la base de los cuales la ocurrencia de eventos puede ser sistemáticamente explicada, predicha y retrodicha . Tienen pues un importante rol que jugar en el razonamiento sobre casos específicos en los que esos principios hacen la diferencia. En el razonamiento legal, por ejemplo, la frase “más allá de la duda razonable” significa un estándar de prueba que requiere la convicción subjetiva equivalente a “certeza moral” . En el contexto del razonamiento científico, el significado de esa misma frase está mejor capturado por el estándar objetivo de que una explicación está “más allá de la duda razonable” cuando ninguna alternativa es razonable. Nótese que la falsedad de las hipótesis que describen la ocurrencia de eventos que son físicamente imposibles está más allá de la duda razonable.

Probabilidades

Una medida apropiada del peso de la evidencia es proporcionada por las probabilidades, donde la probabilidad de una hipótesis h, dada la evidencia e, es determinada por la probabilidad de evidencia e, si esa hipótesis fuera verdad . Las hipótesis deberían ser testeadas en pares, h1 y h2, donde la relación entre las hipótesis y la evidencia puede considerarse como aquella existente entre posibles causas y efectos. Así, suponga que en un juego de azar Ud. es confrontado con una larga serie de resultados que hubieran sido altamente improbables si la moneda fuera simétrica (si el dado fuera justo o la baraja fuera normal). Si tal resultado fuera mucho más probable si la moneda estuviera torcida (si el dado estuviera cargado, si la baraja estuviera marcada), entonces la probabilidad de que la moneda esté torcida (el dado esté cargado, la baraja esté marcada) es mucho más alta que la probabilidad de que la moneda sea simétrica (dado justo, baraja normal).

Es posible un mejor entendimiento del razonamiento probabilístico al distinguir dos tipos de probabilidades como propiedades del mundo. La primera es la frecuencia relativa, que simplemente representa “qué tan seguido” ocurren cosas de una clase en relación a cosas de otra clase. Esto incluye promedios de variedades muy diferentes, como la nota promedio en un examen de filosofía de un curso de pensamiento crítico. La segunda es la propensión casual, que refleja “qué tan fuerte” es la tendencia para que ocurran resultados de un cierto tipo bajo condiciones específicas. Las frecuencias son provocadas por las propensiones, que pueden variar de un caso a otro. Cuando la clase tiene un promedio de 85 en el primer examen, no significa que todos los estudiantes sacaron 85 en el examen. Puede ser incluso que ningún estudiante haya obtenido ese puntaje. Pero el puntaje de cada uno de los estudiantes fue un efecto de su propensión al puntaje en ese examen.

Puede ser fácil confundir “cuán seguido” con “cuán fuerte” pero algunos ejemplos ayudan a comprender la diferencia. Navegar en canoa por el Río Brule en Wisconsin no es un pasatiempo peligroso, pero una mujer de 76 años murió el 15 de julio de 1993 cuando un árbol que había sido mordido por un castor cayó sobre ella. El árbol cayó y golpeó a la mujer en la cabeza mientras ella y su hija pasaban al lado de él . El árbol tenía aproximadamente 18 pulgadas de diámetro y entre 30 y 40 pies de altura y estaba a aproximadamente 10 o 20 pies sobre la orilla del río. Y mientras cientos y cientos de personas en canoas habían navegado por el Río Brule y escapado ilesos, esta mujer tuvo la mala suerte de morir en un “accidente bizarro”. Era improbable en términos de su frecuencia relativa de ocurrencia, pero sin embargo, dadas esas condiciones particulares, la propensión casual para que la muerte resultara como efecto de ese evento específico era grande.

Cuando las mismas condiciones causalmente relevantes son sujetas a experimentos repetidamente, entonces las frecuencias relativas resultantes tienden a ser evidencia confiable de la fuerza de la propensión causal que las produjo. Pero cuando esas condiciones pueden variar, la frecuencia de la ocurrencia de un resultado podría no indicar la fuerza de esa tendencia en cualquier ensayo específico. Comúnmente asumimos que fumar disminuye la expectativa de vida, lo que usualmente es cierto. Pero un joven de 21 años fue confrontado por tres matones que le dispararon cuando él no les respondió lo suficientemente rápido. Hubiera muerto de no haber sido por un encendedor de metal que desvió la bala de calibre .25, y así sobrevivió . Una vez que se aprecia la diferencia, se advierten tres principios que relacionan las probabilidades de este tipo, a saber: las propensiones causan frecuencias; las frecuencias son evidencia de las propensiones; y las propensiones pueden explicar las frecuencias. Pero depende de la constancia de las condiciones relevantes de un ensayo a otro.




El Caso de JFK

Las teorías conspirativas deben ser analizadas usando los principios del razonamiento científico. En el caso de JFK, la dificultad no ha sido la escasez de evidencia sino sortear la superabundancia de “evidencia” física, médica, testimonial y fotográfica conflictiva e incluso contradictoria, para determinar cuál es auténtica y cuál no. Algo califica como evidencia en relación a una hipótesis solo cuando su presencia o ausencia o su verdad o falsedad hace la diferencia en cuanto a la verdad o falsedad de dicha hipótesis. Pero la “evidencia” puede ser plantada, falsificada o fabricada para proporcionar una base falsa para el razonamiento . Se ha probado aquí que eso es verdad. Una vez que la tarea de clasificar las cosas se ha llevado a cabo, se vuelve relativamente simple hacer las inferencias apropiadas sobre el carácter general del asesinato sobre la base de lo que hemos aprendido sobre el encubrimiento.

Estudios tempranos de Harold Weisberg, Mark Lane y Sylvia Meagher, por ejemplo, establecieron que el Reporte Warren (1964) no podía sostenerse sobre la base de la evidencia disponible entonces (Weisberg 1965, Lane 1966, Meagher 1967). Según la versión oficial, un asesino solitario hizo tres disparos desde el sexto piso del Edificio del Depósito de Libros de la Escuela de Texas, acertando dos disparos. Uno de esos disparos supuestamente habría entrado por la base del cuello del Presidente, lo atravesó sin dar con ninguna estructura ósea y salió justo sobre su corbata. Luego atravesó la espalda del Gobernador John Connally quien estaba sentado en frente de él, le destrozó una costilla, salió por su pecho y lo hirió en la muñeca derecha antes de desviarse hacia su muslo izquierdo. La bala que supuestamente siguió este trayecto fue luego “encontrada” en condiciones prácticamente prístinas.

La secuencia de eventos parece tan improbable que el proyectil que causó todo este daño ha sido llamado “la bala mágica” . El saco y la camisa que tenía puestos JFK tienen agujeros de alrededor de 5 y ½ pulgadas debajo del cuello. Un diagrama de la autopsia verificado por el médico personal del Presidente muestra una herida en la misma ubicación. Un segundo diagrama preparado por un observador del FBI muestra la herida en la espalda debajo de la herida de la garganta. El certificado de defunción emitido por el médico personal del Presidente también ubica la herida a nivel de la tercera vértebra torácica, alrededor de 5 y ½ pulgadas por debajo del cuello. Incluso las fotografías tomadas durante las dramatizaciones del tiroteo muestran manchas en los dobles del Presidente en esa ubicación.



Aunque el Reporte Warren trata de sugerir que la teoría de la “bala mágica” no es indispensable para sus conclusiones, se trata de una grosera tergiversación. Una autoridad de tal envergadura como el Dr. Michael Baden, que presidió el panel forense que revisó la evidencia médica cuando el caso fue reinvestigado por el House Select Committee on Assassinations (HSCA) en 1977-78, ha remarcado que si la teoría de la “bala mágica” es falsa, entonces debería haber habido al menos seis disparos desde tres direcciones diferentes . Un aspecto particularmente perturbador de esta situación es que toda la evidencia descripta aquí no solo estaba disponible para el HSCA en 1977-78 sino que había sido discutida extensamente en aquellos libros tempranos de Weisberg, Lane y Meagher (Weisberg, 1965; Lane, 1966; Meagher 1967). El gobierno simplemente ha ignorado sus descubrimientos.

Estudios científicos recientes

Desde el lanzamiento de la película de Oliver Stone “JFK” en 1991, investigaciones sobre la evidencia del asesinato (dirigidas por los individuos más calificados que han estudiado el caso) , revelaron que las radiografías de la autopsia han sido alteradas en múltiples formas, que otro cerebro fue usado como si fuera el de JFK durante su examen, y que la película casera tomada por un espectador llamado Abraham Zapruder no solo ha sido extensamente editada sino que en realidad fue recreada re-filmando cada uno de sus cuadros (Fetzer 1998; 2000; 2003) . La película fue rehecha usando técnicas de impresión óptica y efectos especiales, que permiten combinar cualquier fondo con cualquier primer plano para crear la impresión que uno desee, e incluyó la remoción de series de cuadros que hubieran deschavado el complot, como que el conductor arrimó la limosina hacia la izquierda y se detuvo después de que comenzaron los disparos.

Las alteraciones de la evidencia médica incluyen “emparchar” un defecto masivo en la parte posterior de la cabeza causado por un disparo desde el frente, en el caso de la radiografía craneal lateral, y añadir un trozo de metal de 6.5 mm en la radiografía anterior/posterior en un intento evidente de involucrar un arma de 6.5 mm en el asesinato, que han sido expuestas por medio de estudios de densidad óptica. David W. Mantik, M.D. y Ph.D., adaptando una simple técnica de la física, ha podido probar que las radiografías de la autopsia de JFK no son auténticas, sobe la base de mediciones objetivas y experimentos repetibles. Y por comparaciones aun más simples entre las descripciones de los profesionales y experimentados médicos del Hospital Parkland sobre el daño extenso del cerebro de JFK, Robert Livingston, M.D., autoridad mundial en el cerebro humano, ha concluido que los diagramas y fotografías de un cerebro que están guardados en los Archivos Nacionales deben ser de otro cerebro que no es el de John Fitzgerald Kennedy.

La evidencia de la recreación del video de Zapruder viene de distintas fuentes, incluyendo el hecho de que el cuadro 232 fue publicado en Life con características físicamente imposibles; del hecho de que se cometió un error al introducir el cartel de la Autopista Stemmons en la versión recreada; que la “mancha” y sangre fueron añadidas al cuadro 313; que el conductor vuelve su cabeza a una velocidad demasiado rápida para ser humanamente posible; que el giro a la izquierda del Gobernador ha sido cortado de la película; que Erwin Swartz, asociado de Abraham Zapruder declaró haber visto sangre y sesos que volaron hacia atrás y hacia la izquierda cuando vio el film original; que varios agentes del Servicio Secreto vieron sesos y sangre en el baúl de la limosina; que otras personas han visto otra versión más completa y distinta del film; y que Homer McMahon, experto del Centro Nacional de Interpretación Fotográfica, estudió otro film muy diferente esa misma noche.

Otra evidencia que ha estado disponible hace tiempo para estudiosos serios de la muerte de JFK incluye múltiples indicaciones de la complicidad del Servicio Secreto en tenderle la trampa para el ataque . No se sellaron las tapas de las alcantarillas; no se cubrieron las ventanas abiertas; las motocicletas estaban ubicadas en una formación no protectora; no había agentes en la limosina; se utilizó una ruta impropia, incluyendo un giro de más de 90º; los vehículos estaban en una secuencia impropia; la limosina bajó la velocidad hasta casi detenerse en Houston y Elm; la limosina efectivamente se detuvo luego de que empezaran los disparos; los agentes no respondieron; se limpiaron los sesos y la sangre de la limosina en Parkland antes de que el Presidente siquiera fuera declarado muerto; las radiografías y fotografías de la autopsia fueron tomadas desde la morgue; y la limosina fue enviada a la Compañía Ford Motor, desmantelada y completamente reconstruida el 25 de noviembre de 1963 .

Patrones de razonamiento

Los registros difundidos por el Comité de Revisión de Registros de Asesinatos (Assassination Records Review Board, ARRB) han mostrado que Gerald Ford (R-MI), miembro de la comisión, hizo que la descripción de la herida cambiara de “la parte más alta de su espalda” que ya era una exageración, a “la base de su nuca” para hacer la teoría de la “bala mágica” más plausible (Fetzer 1998, p. 177). Y Mantik ha probado ahora que ninguna bala podría haber tenido la trayectoria adjudicada a la “bala mágica” por la intervención de las vértebras cervicales (Fetzer 2000, págs. 3-4). De modo que las explicaciones inmensamente influyentes de la muerte de JFK que la toman por sentado como base – The Warren Report, The House Select Committee on Assassinations Report, y Case Closed de Gerald Posner – no solo son falsas sino que su falsedad es demostrable y ni siquiera son anatómicamente posibles.

La herida en su garganta y las heridas de Connally tienen que ser explicadas sobre la base de otros disparos y otros francotiradores. Ahora sabemos que JFK recibió cuatro disparos – en la garganta de frente; en la espalda desde atrás; y dos veces en la cabeza: en la parte posterior de la cabeza desde atrás y luego en la sien derecha desde adelante . Sabemos que Connally recibió al menos un disparo y que otro disparo no lo alcanzó pero hirió a un transeúnte. Resulta entonces que Michael Baden, M.D. tenía razón cuando observó que si la teoría de la “bala mágica” es falsa, entonces tendría que haber habido al menos seis disparos de por lo menos tres direcciones diferentes. La teoría siquiera es anatómicamente posible y, con al menos un disparo a Connally y otro errado, debió haber habido al menos seis disparos.

La imposibilidad anatómica, por supuesto, es un tipo de imposibilidad física, en la medida que los humanos son vertebrados con vértebras, incluyendo las cervicales. Las observaciones de los médicos de Parkland y Bethesda sobre las heridas fueron sagazmente ocultadas por Arlen Specter, actualmente Senador de Estados Unidos de Pennsylvania, y en aquel entonces asesor junior de la Comisión Warren. Specter no preguntó a los médicos qué habían observado o qué habían inferido de lo que habían observado, sino que planteó una pregunta hipotética: “Si asumimos que la bala entró por la base de la nuca, atravesó el cuello sin impactar ninguna estructura ósea, y salió justo por encima del nivel de la corbata” preguntó, “¿sería ello congruente con describir la herida de la nuca como herida de salida?”. En respuesta a esta pregunta trivial, los médicos respondieron obedientemente que sí lo sería, pero Malcolm Perry, M.D., quien había practicado una traqueotomía a través de la herida y la había descrito tres veces como herida de entrada durante una conferencia de prensa, añadió que no estaba en posición de afirmar o verificar las suposiciones que se le pedían hacer, lo cual por supuesto era cierto.

Los descubrimientos sobre las radiografías, el cerebro y el video de Zapruder también son poderosos. Lo que los hace tan significativos como evidencia es que ninguna de estas cosas podría haber sido hecha por Lee Harvey Oswald, el supuesto asesino, quien estaba encarcelado o ya muerto. Otras teorías pueden también descartarse por fundamentos similares. La Mafia, por ejemplo, no podría haber extendido su alcance hasta el Hospital Naval Bethesda para alterar las radiografías bajo control de los agentes del Servicio Secreto, oficiales médicos de la Marina de Estados Unidos, y el médico personal del presidente. Tampoco los cubanos pro o anti-Castro podrían haber sustituido un cerebro por otro. Ni la KGB, que probablemente tuviera la misma habilidad que Hollywood y la CIA para fabricar películas, podría haberse apropiado del video de Zapruder para alterarlo. Lo que genera la pregunta ¿quién tenía el poder de hacer estas cosas? Considerando lo que sabemos hoy, la respuesta ya no es difícil de discernir. Requirió el involucramiento de los más altos niveles del gobierno norteamericano.

En la medida que la teoría de la “bala mágica” describe la ocurrencia de eventos que son comprobablemente falsos además de físicamente imposibles, el hecho de que no puede ser verdadera está más allá de la duda razonable. Además, el descubrimiento de que las radiografías de la autopsia fueron alteradas, que el cerebro fue sustituido y que el video de Zapruder fue recreado, implican un encubrimiento muy meticuloso y cuidadosamente planeado en el que el supuesto asesino no podría haber estado involucrado. La identificación de más de una docena de indicios de la complicidad del Servicio Secreto significa que la evidencia se ha “asentado” . La probabilidad de evidencia de la hipótesis del asesino solitario siquiera alcanza a cero, ya que implica una secuencia físicamente imposible cuyo valor es nulo. La probabilidad de la evidencia en un escenario de conspiración es, en comparación, extremadamente alta dependiendo de la competencia y poder de aquellos que la llevaron a cabo. De hecho no hay responsable alternativo para la conspiración de gran escala en la muerte de nuestro trigésimo quinto presidente, lo que significa que ha sido establecida más allá de la duda razonable.

3 mil toneladas de acero y hormigón se emplearon en la construcción
del World Trade Center a fines de los años 60


El caso del 11/9

Ha llevado casi cuarenta años el establecer decisivamente el engaño sobre la base de evidencia objetiva científica. En el caso del 11/9, sin embargo, somos bastante más afortunados. Como resultado de las investigaciones de Nafeez Ahmed (2002), Thierry Meyssan (2002), Paul Thompson (2004), Michael Ruppert (2004), y David Ray Griffin (2004, 2005) entre otros, ya sabemos que la versión oficial del 11/9 no puede ser correcta. Esa versión afirma que diecinueve árabes, con escasas habilidades para pilotear aeronaves, secuestraron cuatro aviones y luego realizaron difíciles maniobras para impactarlos contra el World Trade Center y el Pentágono ; que el daño causado por los impactos combinado con el calor del combustible de jet que se quemó derribó al WTC1 y al WTC2; que el WTC7 fue el primer edificio en la historia en derrumbarse solo a causa del fuego; y que el Pentágono fue impactado por el Vuelo 77 de United, que era un Boeing 757 . El problema básico con esta “teoría conspirativa”, como en el caso de JFK, es que de ser cierto violaría leyes de la física y la ingeniería que no pueden ser transgredidas.

El extremadamente alto punto de fusión del acero estructural (alrededor de 2.800º F) está muy por encima del máximo (menos de 1.800º F) que podría haber producido el combustible de jet bajo condiciones óptimas. El Laboratorio Underwriters había certificado el acero usado en el World Trade Center por 2.000º F durante al menos 3-4 horas . Incluso las temperaturas máximas resultan aun menores si se tienen en cuenta factores como el aislamiento, los asbestos y la disponibilidad de oxígeno. Dado que el acero es un buen conductor, cualquier calor aplicado a una parte de la estructura se hubiera disipado hacia otras partes. El WTC1, la Torre Norte, fue impactada a las 8.46AM y colapsó a las 10.29AM, mientras que la Torre Sur fue impactada en segundo lugar a las 9.03AM y colapsó a las 9.59AM. Estuvieron expuestas a incendios por aproximadamente una hora y media y una hora respectivamente. En la medida que la mayor parte del combustible ardió en las gigantescas bolas de fuego que acompañaron los impactos iniciales, el hecho de que estas torres hayan colapsado por la acción de incendios a base de combustible que derritieron en acero no solo es improbable sino físicamente imposible.

La mayoría de los norteamericanos no se dan cuenta de que ningún edificio de estructura de acero de gran altura ha colapsado a causa del fuego en la historia de la ingeniería civil, ni antes ni después del 11/9. Si asumimos que esos incendios han ocurrido en una amplia variedad de edificios bajo un amplio rango de condiciones, esa evidencia sugiere que estos edificios no tienen una propensión a colapsar por efecto del fuego. Eso hace que una explicación alternativa, especialmente el uso de explosivos potentes en una demolición controlada, sea una hipótesis que debe ser tomada seriamente. En efecto, parece haber al menos diez rasgos del colapso de las Torres Gemelas que constituyen efectos esperables de las demoliciones controladas pero no de los incendios que siguen a los impactos de aeronaves.



Estos incluyen el hecho de que los edificios cayeron aproximadamente a velocidad de caída libre; que ambos colapsaron prácticamente derecho hacia abajo (y sobre sus propias “huellas”); que casi todo el hormigón se convirtió en polvo muy fino; que los colapsos fueron completos, sin dejar prácticamente columnas de soporte de acero en pie; que los registros fotográficos de su colapso muestran “olas de demolición” ocurriendo justo sobre los pisos que colapsaban; que la mayoría de las vigas y columnas cayeron en secciones de 30 a 40 pies de longitud; que los bomberos reportaron haber escuchado secuencias de explosiones mientras ocurrían; que se registraron eventos sísmicos coincidentes con impactos de aeronave y luego cuando los edificios colapsaron; y que los charcos de acero fundido se observaron en los subsuelos durante semanas.

9 segundos tardó el desplome de la Twin Towers. Una caída libre que confirma la tesis de la "Demolición Controlada"

La situación aquí es análoga a la que encontramos con múltiples indicios de complicidad del Servicio Secreto en tenderle una trampa a JFK para el ataque. Supóngase, como antes, que adoptamos un valor de una vez en diez por cada uno de estos rasgos que ocurre como consecuencia causal del impacto de una aeronave y un consecuente incendio. Sabemos que es un número fantásticamente alto ya que esto nunca ha ocurrido. Pero, en aras del argumento, vamos a asumirlo.

Si luego tratamos estos rasgos como si tuvieran propensiones que son independientes e iguales, que esos diez rasgos hubieran ocurrido en un solo evento de este tipo tendría una propensión igual a uno sobre uno seguido de diez ceros, es decir, 1/10.000.000.000, o sea ¡una chance en diez billones! Por supuesto, como hubo dos eventos así – considerando el WTC1 y el WTC2 – la probabilidad de que ambos hayan mostrado estos mismos diez rasgos en la misma ocasión es igual al producto de uno en diez billones por uno en diez billones, o sea 1 sobre 1 seguido de 20 ceros, o 1/100.000.000.000.000.000.000. Ese es un número muy pequeño. Y estos cálculos asumen valores que son excesivamente altos.

9/11: El Pentágono

El caso del Pentágono debería ser el más accesible para estudiar, ya que solo depende de observaciones y medidas, que son los elementos disponibles más básicos para cualquier investigación científica. En efecto, las fotografías tomadas antes del colapso de los pisos superiores del Pentágono proporcionan evidencia de que, lo que sea que haya impactado contra el Pentágono, no puede haber sido un Boeing 757 . El avión tenía 155 pies de largo, con un largo entre ala y ala de 125 pies y una altura de 36 pies con las ruedas retraídas.

El punto inicial de impacto (previo al colapso de los pisos superiores) fue a tan solo 10 pies de altura y de un ancho de 16-17 pies, el tamaño aproximado de las puertas dobles de una mansión. Se ha conducido un estudio meticuloso de ingeniería con cuidadosas mediciones que ofrece poderosa evidencia de que la historia oficial no puede ser correcta. El daño parece haber sido inflingido por una aeronave más pequeña, como un F-16, o por el impacto de un misil, como posibilidad alternativa. La cantidad de daño simplemente no coincide con lo que hubiera ocurrido si el edificio hubiera sido impactado por un avión de la masa y dimensiones de un Boeing 757.

Las variaciones no oficiales de la versión oficial incluyen que el Boeing 757 primero chocó contra el piso y luego rebotó hacia el edificio, que los motores del avión araron el césped antes de entrar al edificio, o que la punta del ala derecha lo chocó y lo hizo “rodar” contra el Pentágono . Ninguna de estas versiones es remotamente congruente con el suave, verde e intacto césped. Por ello es tanto más notable que el Secretario de Defensa haya mandado a resembrar el césped como si hubiera sido dañado en el ataque. Las fotografías tomadas inmediatamente después del ataque demuestran que no fue dañado en lo absoluto.

Cualquiera que solo haya visto el césped luego de su reconstrucción, sin embargo, se inclinaría más a aceptar la versión oficial. Y es más que interesante el hecho de que se hubiera causado mucho más daño con maniobras mucho menos exigentes si el avión se hubiera estrellado a través del techo del edificio en vez de contra un área recientemente reconstruida en la que solo había muy poco personal y registros – como si los “terroristas” hubieran querido infligir el mínimo daño.

El Boeing 757 que se "estrelló" con el Pentágono. Nótese la dimensión y las alas

Si un Boeing 757 se hubiera estrellado contra el Pentágono, hubiera dejado escombros masivos de las alas, el fuselaje, los motores, los asientos, el equipaje, los cuerpos, y la cola. Sin embargo, si se observan las fotografías tomadas poco después del impacto antes de que los pisos superiores cayeran, no se ve nada de lo mencionado: ni alas, ni motores, ni asientos, ni equipaje, ni cuerpos ni cola.

No hace falta recurrir a la ciencia astronómica – ni al cálculo de probabilidades – para reconocer que algo de semejante tamaño no podría caber a través de una abertura tan pequeña o no haber dejado restos en forma de alas destruidas, escombros esparcidos, etcétera. Una pieza de fuselaje que se alegó provenía del avión parece ser evidencia plantada, que fue movida y fotografiada en más de un lugar . Pero si en la escena no había escombros masivos del fuselaje, alas, motores, asientos, equipaje, cuerpos y cola, no puede haber sido la escena del choque de un 757. El argumento no puede ser más simple.

¿Dónde están los escombros del avión?
¿Por qué todos los postes de alumbrado se mantienen en pie?


El principio lógico involucrado se conoce como modus tollens, que establece que, si p entonces q, pero si no q, entonces no p. Si q debe ser verdadero cuando p es verdadero, pero q no es verdadero, entonces p tampoco es verdadero. Esta es una regla elemental del razonamiento deductivo, cuyo empleo es fundamental para las investigaciones científicas. Si uno quiere testear una hipótesis, tiene que deducir lo que debe ser verdadero si esa hipótesis es verdadera y tratar de determinar si esas consecuencias son verdaderas.
Si no lo son, entonces la hipótesis es falsa. Q.E.D. (quod erat demonstrandum). Si un Boeing 757 hubiera impactado contra el Pentágono, como alega el gobierno, hubiera dejado escombros de tipos y cantidades específicas. Las fotografías y mediciones muestran que no hay escombros de ese tipo y cantidades. En la medida en que esas fotografías sean auténticas y las mediciones correctas – lo que hace a la calidad de la evidencia para no q y parece ser bastante difícil de disputar – entonces ningún Boeing 757 se estrelló contra el Pentágono. Q.E.D.

¿Qué ocurrió realmente?

Los restos del único motor encontrado adentro ofrecen pistas sobre lo que realmente impactó contra el Pentágono. Los Boeing 757 tienen dos motores turboventiladores Pratt y Whitney, con rotores frontales de aproximadamente 42´ de diámetro y tramos traseros de alta presión de menos de 21´ de diámetro. La parte que se encontró tenía menos de 24´ de diámetro y resulta que no coincide con el motor turboventilador, sino con el montaje del eje frontal del compresor frontal del motor turbojet JT8D usado en los Jet Fighter A-3 Sky Warrior.

Como los misiles crucero tienen un diámetro de 20´, parecen ser demasiado pequeños para acomodar a este componente. De ello se desprende que el Pentágono no fue impactado por un Boeing 757 o un misil crucero, sino que en base a esta evidencia, probablemente haya sido impactado por un Sky Warrior A-3. La evidencia relevante disponible no se condice con la versión oficial del gobierno, que merece ser descartada. Su probabilidad en base a la evidencia es nula, mientras que la hipótesis alternativa del A-3 hace que la evidencia relevante sea altamente probable y tenga alta probabilidad como una explicación claramente preferible.

Esta conjetura, sugerida por la evidencia, recibe apoyo adicional de otras fuentes. Por ejemplo, dos empleados de defensa civil reportaron que unos Sky Warriors A-3 fueron encubiertamente rediseñados con sistemas de control remoto y disparo de misiles en el Aeropuerto Municipal Ft. Collins-Loveland, un pequeño aeropuerto civil en Colorado, durante los meses previos al 11/9. De acuerdo a la información que proporcionaron, “distintos contratistas militares – trabajando independientemente a distintas horas – rediseñaron unos Douglas A-3 Sky Warriors con misiles actualizados, sistemas de control remoto para vehículos aéreos no tripulados Raytheon´s Global Hawk, nuevos motores y sistemas de control de disparo, transpondedores, y sistemas de navegación radio-radar – una reforma total – aparentemente para una operación más importante que su uso como simple plataforma de testeo de misiles para el contratista de defensa Hughes-Raytheon” . Estos reportes sustancian la alternativa.

Si un pequeño Jet Fighter se hubiera estrellado contra el Pentágono en vez de un Boeing 757, ello explicaría el pequeño punto de impacto, la falta de escombros externos masivos, y un agujero en el centro del edificio que la frágil trompa de un Boeing 757 no podría haber creado. También sugeriría por qué las partes del avión fueron retiradas por personal de servicio, ya que hubieran permitido la identificación de la aeronave y demostrado la falsedad de la versión oficial . Un pequeño fighter también se acomoda al reporte de Danielle O´Brien, una controladora de tráfico aéreo que dijo sobre la aeronave que se estrelló que “su velocidad, maniobrabilidad, la forma en que dobló, todos pensamos en el cuarto de radar – todos siendo experimentados controladores de tráfico aéreo – que era un avión militar”.

Nada se mueve o maniobra tanto como un avión militar, como un jet fighter, que un avión militar o jet fighter, lo que también explicaría cómo fue capaz de penetrar uno de los espacios aéreos más fuertemente defendidos del mundo – emitiendo una señal amiga en el transpondedor.
Otra línea argumental sugiere que la evidencia se ha “asentado”. Al confirmar que el motor encontrado en el Pentágono era efectivamente un JT8D, Jon Carlson ha planteado que el avión usado en el ataque habría sido un Boeing 737, que también lo usa . Eso contradice el uso de un 757, por supuesto, pero también sería vulnerable al argumento paralelo de la falta de escombros del tipo y cantidad adecuados. Ambos son incompatibles con el paisaje limpio y sin manchas, que debería haber sido enormemente alterado por la estela de turbulencia que hubiera generado cualquier avión de esas dimensiones a esa baja altura, un fenómeno que incluso se ha visto ser capaz de arrancar las tejas de los techos a altitudes ordinarias.

Esta y otras líneas argumentales establecen que, lo que sea que se estrelló contra el Pentágono, no puede haber sido un Boeing 757 (ni un 737). Puede que la controversia sobre este punto específico haya sido tan ardua por ofrecer una indicación tan clara y obvia de la complicidad del gobierno.

Preferibilidad versus aceptabilidad

Los eventos de Nueva York requieren un análisis ligeramente más sofisticado. Sabemos que la versión del gobierno apunta a una secuencia físicamente imposible de eventos de probabilidad nula. Entonces una probabilidad de cero es meramente una aproximación cercana a nula. Si los edificios fueron derribados con una demolición controlada, por contraste, entonces el acero no tendría que haberse derretido o debilitado significativamente por el calor, sino que hubiera sido volado por la colocación precisa de explosivos. Y la propensión de que el edificio hubiera colapsado a velocidad de caída libre y que hubiera habido suficiente energía para pulverizar el hormigón hubiera sido muy alta.

Dado que los edificios efectivamente cayeron a velocidad aproximada de caída libre y había suficiente energía para convertir el hormigón en polvo fino, el soporte de evidencia para esta alternativa es muy alto. Hubiera sido muy fácilmente confirmado por un estudio metalúrgico de lo que quedó de la estructura de acero, pero fue rápidamente retirada y enviada a China por una compañía extremadamente eficiente llamada “Controlled Demolition Inc.”.

La medida del soporte de la evidencia aquí puede ser capturada más precisamente por el uso de probabilidades. La probabilidad de una hipótesis (h1), la versión oficial, sobre la base de la evidencia disponible e, es igual a la probabilidad de e si esa hipótesis fuera verdadera. La probabilidad de la evidencia como efecto de la versión oficial de la causa, según hemos visto, es aproximadamente cero. La probabilidad de la alternativa, (h2), la hipótesis de la demolición, según la evidencia disponible e, por contraste, es extremadamente alta. Una hipótesis es preferible a otra cuando la probabilidad de esa hipótesis según la evidencia disponible es más alta que la probabilidad de su alternativa. En la medida que la probabilidad de (h1) según e es muy baja, mientras que la probabilidad de (h2) según e es muy alta, la hipótesis de la demolición (h2) es obviamente preferible a la alternativa (h1), basada en e.

Una hipótesis preferible no es aceptable hasta que hay suficiente evidencia disponible, lo que ocurre cuando la evidencia se “asienta” o apunta en la misma dirección. Cualquier preocupación en este sentido puede resolverse añadiendo que hubo vastos charcos de metal derretido en los subsuelos del WTC1 y WTC2 durante semanas tras el colapso . Esto sería inexplicable en (h1) pero altamente probable en (h2). Si más prueba fuera necesaria, sabemos que Larry Silverstein, quien arrendaba el WTC dijo que el WTC7 fue “tirado” lo que significa que fue demolido usando explosivos . Esto ocurrió horas después de que los otros edificios cayeran. Ningún avión chocó contra el WTC7 y su colapso fue perfectamente simétrico y también ocurrió prácticamente a velocidad de caída libre. El edificio no pudo haber sido “tirado” sin la previa colocación de explosivos. Los colapsos del WTC1 y WTC2 fueron muy similares y sugieren también la demolición controlada.

Un nuevo documental “Loose Change” incluye un registro fotográfico que ofrece una muy poderosa substanciación de la demolición controlada del WTC1 y WTC2 al proporcionar evidencia adicional de que se usaron explosivos para demolerlos. El video incluye reportes de testimonios oculares de bomberos y otros de los primeros en responder, que escucharon lo que reportan como sonidos de secuencias de explosiones en rápida secuencia (“¡Boom! ¡Boom! ¡Boom!”).
Muestra los efectos de explosiones masivas que ocurrieron a nivel del subsuelo justo antes de los impactos de las aeronaves, registradas a 0.9 y 0.7 en la escala de Richter, y eventos de magnitudes de 2.1 y 2.3 de 10 y 8 segundos de duración respectivamente, concurrentes con su colapso . Y también explora una extraña y notable serie de interrupciones “relacionadas con la seguridad” de las cámaras de seguridad y otros resguardos, que involucraron dejar vacíos varios grandes sectores del WTC1 y WTC2 por intervalos que hubieran permitido la colocación de explosivos. Este notable documental contradice dramáticamente la versión del gobierno.

Más allá de una duda razonable

Puede decirse que una conclusión ha sido establecida “más allá de una duda razonable” cuando ninguna conclusión alternativa es razonable. En este caso, la hipótesis (h2), demolición controlada, puede explicar la evidencia disponible con alta probabilidad y en consecuencia posee una correspondiente alta probabilidad . Pero la hipótesis (h1), la versión del gobierno, casi no puede explicar ninguna de las evidencias disponibles y tiene una probabilidad extremadamente baja. En efecto, hablando con propiedad, dado que incluso requiere violaciones de leyes de la física y la ingeniería, la probabilidad de (h1) es en realidad nula.

Cuando la evidencia sísmica, el metal fundido, y los testigos oculares – y especialmente el colapso del WTC7 que nunca fue impactado por ningún avión – se toman en consideración, la evidencia también parece haberse “asentado”. Así, un análisis científico de las alternativas sobre la base de la evidencia disponible demuestra que la versión del gobierno del colapso debido al calor de los incendios no puede ser sostenida y que la alternativa de una demolición controlada ha sido establecida objetivamente más allá de una duda razonable.

Esta conclusión recibe apoyo de otras direcciones, además, dado que el project manager que era responsable de supervisar la construcción de estos edificios ha observado que fueron construidos para soportar el impacto de los aviones comerciales más grandes que existían en aquel momento – los Boeing 707 – y que el diseño estructural era tan sofisticado que los choques de aviones hubieran sido análogos a atravesar lápices a través de mosquiteros . ¡No es que la posibilidad de que este tipo de eventos nunca haya sido considerada en la construcción de edificios de 110 pisos!
Esta observación refuerza la conclusión de que la versión del gobierno no solo es “menos defendible” que la alternativa. La probabilidad de la hipótesis de la demolición es muy alta, mientras que la probabilidad de la versión del gobierno es de hecho nula, que es un valor que es menos que cero. Esto significa que la historia oficial no puede ser verdad.

De ello se sigue que cuando estas “teorías” son sometidas a los tipos de evaluación sistemática apropiados para explicaciones alternativas empíricamente testeables, una de ellas resulta siendo abrumadoramente preferible a la otra. Dado que ambas son “teorías conspirativas” sin embargo, hemos descubierto que al menos algunas “teorías conspirativas” están sujetas a testeo empírico y que, basado en las medidas de probabilidad del soporte de evidencia, una de ellas es firmemente confirmada mientras que la otra es decisivamente descartada.

Efectivamente, hablando con rigor, la inconsistencia de la versión del gobierno con las leyes naturales la hace físicamente imposible, un buen ejemplo de la demostración de falsedad de una teoría sobre la base de su incompatibilidad con el conocimiento científico. De manera que algunas “teorías conspirativas” no solo están sujetas a testeo empírico sino que efectivamente se ha demostrado su falsedad a través de la evidencia disponible.

El hecho de que la “teoría conspirativa” del gobierno no puede ser sostenida necesita ser ampliamente difundido al pueblo norteamericano. No todas las “teorías” son meras conjeturas y muchas de ellas son empíricamente testeables. En este caso, consideraciones elementales han probado que una “teoría conspirativa” es falsa (de hecho, como hemos descubierto, es imposible que sea verdadera), mientras que la alternativa parece ser verdadera (sobre la base de medidas de probabilidad). Dado que la alternativa (h1) a (h2) es irrazonable y ninguna otra alternativa parece remotamente plausible, la hipótesis de la demolición (h2) ha sido establecida más allá de la duda razonable.

Eso, según creo, es algo que el pueblo norteamericano necesita entender. Con pequeña exageración, este gobierno tiene el hábito de mentirnos todo el tiempo. Nos ha mentido sobre recortes impositivos, la amenaza del calentamiento global, las razones para ir a la guerra en Irak, y docenas de otros asuntos fundamentales. Algunas mentiras son mayores que otras. Esta – sobre las causas y efectos del 11/9 – ¡cuenta como una monstruosidad!

¿Quién tenía el poder?

La observación de que la versión oficial del gobierno no puede ser sostenida y que la alternativa se ha establecido más allá de la duda razonable no equivale a una afirmación de omnisciencia. El razonamiento científico en la forma de inferencia hacia la mejor explicación aplicado a la evidencia relevante disponible produce el resultado de que, en el caso de JFK, la versión oficial de Lee Harvey Oswald como asesino solitario siquiera es físicamente posible, lo que significa que tiene una probabilidad nula. No puede ser verdad. Y en el caso del 11/9, los mismos principios aplicados a la evidencia relevante disponible arrojan el resultado de que la versión oficial de los eventos de ese día no son siquiera físicamente posibles, lo que significa que tienen probabilidad nula también. Estas conclusiones son descubrimientos objetivos que cualquiera alcanzaría usando las mismas reglas de razonamiento aplicado a la misma evidencia y considerando las mismas alternativas.

Las conclusiones en ciencia son siempre tentativas y falibles, lo que significa que el descubrimiento de nueva evidencia o nuevas alternativas podría requerir la reconsideración de la situación deductiva. Podría sugerirse, por ejemplo, que la Torre Sur cayó primero porque fue impactada en un piso más bajo y en un costado del edificio, donde la falta de simetría hizo que cayera. Pero eso ignora las capacidades de redistribución de carga de las torres, que hubieran impedido ese resultado. También se ha dicho que el acero solo tenía que debilitarse, no derretirse. Pero el calor generado por los incendios de combustible nunca alcanzó temperaturas que hubieran debilitado el acero y, si hubiera sido así, los edificios hubieran tambaleado asimétricamente, no colapsado completamente de una vez, como de hecho ocurrió.

Los dos edificios cayeron abruptamente, completamente, y simétricamente sobre sus cimientos, lo cual es explicable en la hipótesis de demolición controlada pero no en la versión oficial. Consideraciones similares aplican al impacto en el Pentágono. Aún si las alas se hubieran desprendido, un Boeing 757 – ¡que pesaba 100 toneladas! – no puede haber penetrado el edificio a través de esa diminuta abertura sin haber dejado escombros masivos. Ambas “explicaciones” del gobierno violan leyes de la naturaleza. No pueden ser verdad.

Ello plantea la pregunta, ¿quién tenía el poder para hacer que estas cosas ocurrieran y encubrirlo? Una vez que la evidencia se ha organizado y evaluado apropiadamente, la respuesta ya no es muy difícil de encontrar. Como el asesinato de JFK, los eventos del 11/9 requirieron el involucramiento de los más altos niveles del gobierno norteamericano. Esta conclusión, además, es confirmada por la conducta de nuestros más altos funcionarios electos, quienes tomaron medidas extraordinarias para prevenir cualquier investigación formal del 11/9 y, cuando se vieron forzados a ello por la tremenda presión política, especialmente de los sobrevivientes de las víctimas de estos delitos, hicieron todo lo que pudieron para subvertirlos. Estas son buenas razones para considerar al Reporte de la Comisión del 11/9 (2004) como el sucesor histórico y equivalente funcional del Reporte Warren (1964) .

En consecuencia creo que a aquellos que nos importa la verdad y la restauración de un gobierno responsable en los Estados Unidos tenemos la obligación de hacer uso de todos los medios posibles desde la radio e Internet hasta los periódicos y la televisión cuando sea posible. El pueblo norteamericano puede actuar sabiamente solo cuando conoce la verdad. Entonces, mientras se dice que la verdad “nos hace libres”, la verdad solo importa cuando el pueblo norteamericano puede descubrir lo que es verdad. Los obstáculos puestos por los medios masivos dominados por el gobierno, incluyendo el uso de “reporteros” secuaces y “lanzamientos de información” prefabricados, solo hace las cosas tanto más difíciles. Como pregunta John Dean en Worse than Watergate (2004), si alguna vez hubo una administración más proclive a engañar al pueblo norteamericano en nuestra historia ¿cuál podría ser?

Conspiraciones omnipresentes

Además, debemos superar la inhibición de hablar abiertamente sobre conspiraciones. El hecho de que Estados Unidos esté actualmente involucrado en una conspiración para controlar el petróleo del mundo en relación con Afganistán, Irak, Irán y Venezuela no es una sorpresa . Lea Confessions of an Economic Hitman (2004) de John Perkins, o The Pentagon´s New Map (2004) de Robert Barnett para ver extensiones modernas de las actitudes predominantes del pasado reciente elaborado por Peter Dale Scott en Deep Politics and the Death of JFK (1993). Pero no todas las conspiraciones son de carácter global y muchas son más limitadas en su alcance, como el esfuerzo para impedir que una periodista italiana regrese a Italia de su cautividad en Irak, lo que parece haber sido deliberadamente planeado para contener información sobre crímenes de guerra cometidos por fuerzas norteamericanas en Falluja.

Si alguien duda de la presencia ubicua de las conspiraciones, que mire cualquier periódico de sustancia y evalúe las historias que se reportan en él. Durante una aparición en Black Op Radio, por ejemplo, repasé un solo ejemplar del New York Times (miércoles 18 de marzo de 2005) que elegí como apropiado para un estudio de caso. Se tratan múltiples conspiraciones, incluyendo el escándalo WorldCom, atrocidades en Irak y Afganistán (incluyendo el asesinato de al menos 26 prisioneros), el asesinato de Refik Hariri en el Líbano, el uso de noticias falsificadas por parte de nuestro propio gobierno, una demanda de la SEC contra Qwest por fraude, las 125 cuentas bancarias de Augusto Pinochet, y más y más .

Los esfuerzos para promover la idea de que las “teorías conspirativas” nunca deben ser tomadas seriamente continúan sin disminuir. Un reciente ejemplo de mi conocimiento aparece en el ejemplar de diciembre de 2004 de Scientific American Mind (diciembre 2004), su ejemplar “premier”. El ejemplar contiene un artículo, “Secret Powers Everywhere” cuyo autor se identifica como Thomas Gruter de la Universidad de Munster en Alemania. El argumento es que, mientras “la mayoría de los individuos que disfrutan de las teorías conspirativas son cuerdos” tienden a “bordear en el delirio”. Este es un artículo muy poco científico para una publicación que, como su emparentada Scientific American, se enfoca en la ciencia. Hemos descubierto que las conspiraciones son ubicuas y susceptibles de investigación científica. Este artículo parece entonces ser tan solo el último de una continua serie de ataques propagandísticos a nuestra racionalidad.

Sin embargo debería darse por obvio que ninguna “teoría conspirativa” debería ser aceptada o rechazada sin investigación. Cada caso de una posible conspiración debe ser evaluado independientemente en base a los principios de la lógica y la evidencia relevante disponible. Las conspiraciones florecen y el tiempo es escaso. Carecemos de los recursos para confrontar a todas. Pero necesitamos la inteligencia y el valor para promover la verdad en asuntos de la más alta importancia para nuestro país y el mundo entero. Debemos hacer todo lo posible para descubrir y publicar la verdad y exponer las técnicas tan hábilmente desplegadas para engañarnos. La historia no puede ser entendida - ¡siquiera remotamente! – sin comprender la prevalencia de las conspiraciones. Y la historia norteamericana no es la excepción.

[Gráfico]
Según la versión oficial, el Vuelo Nº 77 pasó rozando el suelo a más de 500 millas por hora antes de impactar contra el Pentágono a nivel de la planta baja. Esto hubiera sido aerodinámicamente imposible, porque a tal velocidad un contenedor de gas comprimido debajo del fuselaje hubiera impedido que el avión bajara a más de 60 pies del suelo.

Referencias bibliográficas

Ahmed, N. M. 2002: The War on Freedom: How and Why America was Attacked, September 11th 2001 (Joshua Tree: Tree of Life Publications, 2002).
Barnett, T. P. M. 2004: The Pentagon´s New Map: War and Peace in the Twenty-first Century (New York: Putnam, 2004).
Dean, J. 2004: Worse than Watergate: The Secret Presidency of George W. Bush (New York: Little, Brown, 2004).
Fetzer, J. H. 1981: Scientific Knowledge: Causation, Explanation and Corroboration (Dordrecht: Reidel, 1981).
Fetzer, J. H. 1981: Philosophy of Science (New York, Paragon House, 1990)
Fetzer, J. H. 2002: “Propensities and Frequencies: Inference to the Best Explanation” Synthese 132/1-2 (Julio agosto 2002), p. 27-61.
Fetzer J. H. ed. 1998: Assassination Science: Experts Speak Out on the Death of JFK (Chicago, Catfeet Press/ Open Court, 1998).
Fetzer, J. H., ed. 2000: Murder in Dealey Plaza: What We Know Now that We Didn´t Know Then (Chicago, Catfeet Press/ Open Court, 2000).
Fetzer, J. H., ed. 2003: The Great Zapruder Film Hoax: Deceit and Deception in the Death of JFK (Chicago, Catfeet Press/ Open Court, 2003).
Fetzer, J. H. y R. F. Almeder 1993: Glossary of Epistemology/Philosophy of Science (New York: Paragon House, 1993).
Galanor, S. 1998: Cover-Up (New York: Kestrel, 1998)
Griffin, D. R., 2004: The New Pearl Harbor (Northampton, Olive Branch Press, 2004).
Griffin, D. R., 2005: The 9/11 Commission Report: Omissions and Distortions (Northampton: Olive Branch Press, 2005).
Griffin, D. R., 2006: Christian Faith and the Truth Behind 9/11 (Lexington, Westminster John Knox, 2006).
Groden, R. y H. Livingstone, 1989: High Treason: The Assassination of President Kennedy and the New Evidence of Conspiracy (Boothywyn: The Conservatory Press, 1989).
Hacking, I., 1965: Logic of Statistical Inference (Cambridge: Cambridge University Press, 1965).
Hufschmid, E., 2002: Painful Questions: An Analysis of the September 11th Attack (Goleta: Endpoint Software, 2002).
Lane, M. (1966), Rush to Judgment (New York: Holt, Rinehart, Winston, 1966).
Lifton, D. 1980: Best Evidence: Disguise and Deception in the Assassination of John F. Kennedy (New York, Macmillan, 1980).
Livingstone, H. 1992: High Treason 2: The Great Cover-Up (New York, Carroll Graf, 1992).
Marrs, J. 1989: Crossfire: The Plot that Killed Kennedy (New York, Carroll Graf, 1989).
Meagher, S. 1967: Accessories after the Fact (Indianapolis:Bobbs-Merrill, 1967).
Meyssan, T. 2002a: Pentagate (London: Carnot, 2002).
Meyssan, T. 2002b: 9/11: The Big Lie (London, Carnot, 2002). ("La temible impostura", hay versión española que se consigue en Argentina)
Model, P. y R. Groden, 1976: JFK: The Case for Conspiracy (New York: Manor 1976).
Palamara, V. 1995: Survivor´s Guilt: The Secret Service and the Failure to Protect the President (Self-published: Xerox, 1995).
Perkins, J. 2004: Confessions of an Economic Hitman (San Francisco: Berrett-Koehler, 2004).
Posner, G. 1993: Case Closed: Lee Harvey Oswald and the Assassination of JFK (New York: Random House, 1993).
Robbins, J. S., 2002: “9/11 Denial” The National Review On-Line (9 de abril de 2002), http://nationalreview.com/robbins/robbins040902.asp
Ruppert, M. 2004: Crossing the Rubicon: The Decline of the American Empire at the End of the Age of Oil (Garbiola Island: New Society, 2004).
Scott, P. D., 1993: Deep Politics and the Death of JFK (Berkeley: University of California Press, 1993).
Thompson, J. 1967: Six Seconds in Dallas (New York, Bernard Geis, 1967).
Thompson, P. 2004: The Terror Timeline: Year by Year, Day by Day, Minute by Minute (New York, Regan, 2004).
Twyman, N. 1998: Bloody Treason: On Solving History´s Greatest Murder Mystery: The Assassination of John F. Kennedy (Rancho Santa Fe: Laurel Publishing, 1997).
Warren, E. et al. 1964: Report of the President´s Commission on the Assassination of President John F. Kennedy (New York: St. Martin´s Press, 1964).
Weisberg, H. 1965: Whitewash: The Report on the Warren Report (New York: Dell, 1965).
Wrone, D. 2003: The Zapruder Film: Reframing JFK´s Assassination (Lawrence: University Press of Kansas, 2003).
Zelikow, P. et al. 2004: The 9/11 Commission Report: Final Report of the National Commission on Terrorist Attacks Upon the United States (New York, Norton, 2004).


© 2007 James H. Fetzer

Acceso al artículo en Red Voltaire