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martes, 7 de julio de 2009

California

León Bendesky
La Jornada

El estado de California, en Estados Unidos, es, por el valor de su producción, la octava economía del mundo, con 1.7 billones de dólares (trillones según se mide allá). Está apenas por debajo de Italia y es más grande que España y Canadá, que le siguen. El PIB de México es del orden de 1.08 billones, según datos del Banco Mundial para 2008.

Da cuenta de 12 por ciento del producto interno bruto total generado en ese país, y tiene una población de 38.3 millones de habitantes, es decir, uno de cada ocho personas vive ahí.

California tiene hoy un déficit fiscal de 24 mil millones de dólares y no los puede pagar su deuda. Esta es otra manifestación de la crisis económica y financiera, y se agrega a las cargas fiscales y a los programas federales de estímulo que tiene que aplicar el gobierno de Obama.

La tasa de desempleo general de aquel país supera ya 9 por ciento, mientras en California alcanza 11.5 por ciento. Se prevé que en los siguientes dos años se perderá un millón adicional de empleos y que la tasa de desocupación llegará a 12.5 por ciento.

En 2008 cayó el ingreso personal en el estado por vez primera desde la década de 1930. Con ello se redujo también el ingreso público derivado de los impuestos en una tercera parte sólo entre enero y mayo de este año.

En California está el mayor mercado de autos del país, y hasta ahora se ha desplomado 40 por ciento respecto del año pasado, a lo que hay que añadir el problema de las deudas hipotecarias y la pérdida de valor de las propiedades inmuebles.

Hace más de 30 años entró en vigor una disposición fiscal conocida como Propuesta 13, que limitó fuertemente la capacidad de reacción presupuestaria en el estado. Se fijó un techo a los impuestos sobre las propiedades y se estableció una protección contra el revaluación de las mismas, incluso cuando aumentaba fuertemente su valor catastral. Así se dependía en mayor parte de los impuestos sobre la renta. Hoy, esa combinación es letal para el fisco estatal.

En el gobierno de Schwarzenegger la deuda pública se ha duplicado. La situación es más grave, ya que esa misma Propuesta 13 dificulta elevar los impuestos en caso de emergencias si no se cuenta con una mayoría de dos tercios en la Legislatura local, lo que complica aún más el entorno político prevaleciente. En noviembre de 2003, cuando tomó posesión del gobierno estatal, enfrentó también una fuerte crisis fiscal.

Agréguese a esto que ahora hay un movimiento en Estados Unidos de los propietarios de casas para reducir el pago de impuestos por inmuebles, precisamente en función de la pérdida de valor luego de la especulación con los bienes raíces.

Esta es ya una manifestación del problema distributivo y del conflicto entre la necesidad de captar recursos de los gobiernos locales y los déficits financieros que enfrentan.

Conforme a las leyes fiscales, los gobiernos estatales, a diferencia del federal, deben mantener presupuestos balanceados. Ante la caída de ingresos tendrán que aplicar fuertes recortes del gasto, que repercuten de manera muy desigual sobre la población, afectando especialmente a quienes reciben ayudas y dependen de los servicios públicos.

Esto redundará en una mayor caída de la demanda agregada restringiendo el estímulo necesario para salir de la recesión. Mientras se llega a un acuerdo político sobre el presupuesto, el gobierno emite pagarés para cumplir con la devolución de impuestos a comerciantes y contribuyentes en general y pagará una tasa de interés de 3.5 por ciento.

Los acreedores, incluyendo los bancos, no se podrán negar a aceptarlos. La deuda cubierta es del orden de 4.8 billones de dólares hasta agosto, y si no hay arreglo puede llegar a 53.3 billones.

La crisis fiscal de California puede ser el inicio de una tendencia similar en otros estados y significará una complicación adicional para el gobierno de Obama. Se sumará al salvamento de los bancos y otras instituciones financieras, de las empresas automotrices y de los deudores hipotecarios, igual que al mayor pago de seguro de desempleo.

El rescate de los gobiernos locales no estaba contemplado en el marco de la crisis, y la cuestión es que en este caso no hay opciones más que hacerlo. California no puede quebrar.

La repercusión general en términos fiscales sería enorme y también sobre el valor del dólar. Pero hay que tener en cuenta la situación financiera internacional, que establece una especie de disuasión similar a la que existió en la guerra fría en términos nucleares.

Los bancos centrales del mundo no tienen mucho margen de maniobra más que colocar sus excedentes en dólares. Esto es bastante claro en el caso de China, el mayor acreedor del Tesoro. Salirse de las tenencias de dólares es precipitar una crisis fiscal más general y devaluar las tenencias en esa moneda.

El dólar sigue siendo el dinero mundial de referencia y se usará ese poder disuasivo tanto en materia financiera y económica como en términos políticos, cuando menos durante un buen tiempo. Si es necesario, la inflación será un mecanismo para liquidar parte de la deuda en términos reales en el mediano plazo. La crisis significa, pues, el rescate del dólar y la forma en que se restructuren la producción, las finanzas y el mercado laboral a escala mundial.

Enlace a Rebelion

martes, 23 de septiembre de 2008

El último negocio de Bush

Editorial de La Jornada
La Jornada


El pasado fin de semana el presidente estadunidense, George W. Bush, envió al Congreso una propuesta de “rescate” del sector financiero por 700 mil millones de dólares, adicionales a los 285 mil millones destinados por la Reserva Federal para el saneamiento de las empresas hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac. El dinero solicitado serviría para la adquisición discrecional y sin control, por parte del Departamento del Tesoro, de “activos dañados”, “deudas malas” y carteras vencidas, especialmente en el sector inmobiliario. Para expresarlo en términos llanos e inmediatos, la iniciativa de Bush consiste en que el Estado adquiera deudas privadas y las reparta entre el conjunto de la población en general, lo que representaría un quebranto per cápita de 2 mil dólares.

El descaro de esta solicitud ha sacudido a la clase política de Washington, ya que resulta evidente que, al amparo del “rescate” propuesto, desaparecerían cientos de miles de millones de dinero público en un pozo sin fondo de corrupción, favoritismos y complicidades, tal y como ocurrió hace una década en México, cuando la administración zedillista instrumentó el salvamento de la banca privada con cargo a los causantes en general. Para colmo, existe el precedente de la forma inescrupulosa en la que la Casa Blanca ha manejado las sumas multimillonarias destinadas a la guerra contra Irak, buena parte de las cuales han ido a parar a contratos dudosos o inexistentes en beneficio de corporaciones del primer círculo presidencial, particularmente Halliburton, de la que fue director general el vicepresidente Dick Cheney. En tales circunstancias, sobresalen las reacciones de rechazo a la iniciativa por parte del candidato presidencial demócrata, Barack Obama, y hasta del republicano, John McCain, urgido de distanciarse de las corruptelas, ineficiencias y torpezas del gobierno actual, encabezado por su correligionario.

Un tercer elemento que explicaría las reservas generadas por el plan comentado es la arrogancia y el despotismo con que fue presentado –sin una sola justificación, sin un programa, sin criterios para la aplicación de los fondos– en lo que constituye la expresión de una presidencia acostumbrada, desde septiembre de 2001, a actuar sin contrapesos, a atropellar los derechos básicos y a que el Legislativo y el Judicial le otorguen toda suerte de “poderes especiales” con el pretexto de “combatir el terrorismo”. Por lo demás, en los términos en que está planteada, la iniciativa de Bush permitiría a los grandes capitales salir indemnes de las consecuencias desastrosas de su propia voracidad, pero no ayudaría en nada a los ciudadanos que han perdido sus viviendas o que están a punto de perderlas, en el contexto de la crisis inmobiliaria que sacude al país vecino. En este aspecto, el “rescate” propuesto por la Casa Blanca también se parece a la operación Fobaproa-Ipab que diseñaron y aprobaron priístas y panistas en nuestro país.

Más allá de consideraciones éticas –que nunca han sido el fuerte del actual gobierno estadunidense–, electorales, políticas y sociales, es claro que, de aprobarse el “rescate” propuesto por el todavía presidente de Estados Unidos, el gasto público sufriría una reorientación radical para favorecer a los accionistas y ejecutivos de las grandes firmas financieras, se paralizarían incontables programas sociales y de creación de infraestructura y se multiplicarían, en consecuencia, los elementos recesivos para una economía de por sí afectada por la crisis hipotecaria y por los altos precios de los combustibles. Por ello, esta propuesta de saqueo del erario estadunidense dista mucho de tener asegurada su aprobación legislativa.

En la medida en que una agudización de los problemas de la economía estadunidense tendrían repercusiones graves e indeseables en el resto del mundo y, particularmente, en nuestro país –por más que las más altas autoridades mexicanas se empeñen en minimizar de manera irresponsable la preocupante coyuntura–, cabe esperar que el sentido común prevalezca y que las acciones para reorganizar el sector financiero estadunidense, sin duda necesarias, resulten muy distintas a la propuesta que la Casa Blanca envió al Capitolio el sábado pasado y que parece, a la luz del historial de apropiación privada de dineros públicos que caracteriza a la actual administración, la tentativa de hacer un último gran negocio por la mafia empresarial que rodea al actual presidente.

martes, 16 de septiembre de 2008

Ajedrez geopolítico: el trasfondo de una miniguerra en el Cáucaso

Immanuel Wallerstein
La Jornada


En agosto el mundo fue testigo de una miniguerra en el Cáucaso, y su retórica fue apasionada aunque en gran medida irrelevante. La geopolítica es una gigantesca serie de juegos de ajedrez entre dos jugadores en que ambos buscan ventajas en su posición. En estos juegos, es crucial conocer las reglas actualizadas que gobiernan las jugadas. Los caballos no pueden moverse en diagonal.

De 1945 a 1989, el principal juego de ajedrez ocurrió entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Se le conoció como guerra fría y las reglas básicas fueron llamadas, metafóricamente, “Yalta”. La regla más importante tenía que ver con una línea que dividió Europa en dos zonas de influencia. Winston Churchill la llamó la “cortina de hierro” e iba de Stettin a Trieste. La regla era que sin importar qué tantos disturbios provocaran los peones en Europa, no debía haber enfrentamientos bélicos reales entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Al finalizar cada una de las instancias de disturbio, las piezas regresaban a su posición inicial en el juego. Estas reglas se cumplieron meticulosamente hasta el colapso de los comunismos en 1989, que estuvo marcado, muy notablemente, por la destrucción del Muro de Berlín.

Es perfectamente cierto, como todo el mundo lo observó en su momento, que las reglas de Yalta quedaron abrogadas en 1989 y que el juego entre Estados Unidos y la Rusia (de 1991) ha cambiado radicalmente. Desde entonces el principal problema es que Estados Unidos malentendió las nuevas reglas del juego. Se proclamó a sí mismo, y fue proclamado por otros, como la superpotencia única. En términos de las reglas de ajedrez, esto se interpretó como que Estados Unidos podía moverse por todo el tablero a su antojo y, en particular, que podía transferir los antiguos peones soviéticos a su esfera de influencia. En el régimen de Clinton, y más espectacularmente con George W. Bush, Estados Unidos procedió a jugar de este modo.

Había un problema con esto: Estados Unidos no era la única superpotencia; no era ya siquiera una superpotencia, para nada. El fin de la guerra fría significó que Estados Unidos fuera degradado: de ser una de las dos superpotencias pasó a ser un Estado fuerte en una verdadera distribución multilateral de poder real en el sistema interestatal. Muchos países grandes pudieron ahora jugar sus propios juegos de ajedrez sin consultar sus jugadas con alguna de las dos antiguas superpotencias. Y comenzaron a jugar así.

Dos importantes decisiones geopolíticas se tomaron en los años de Clinton. Primero, Estados Unidos pujó duro, y más o menos logró, incorporar como miembros de la OTAN a los antiguos satélites soviéticos. Estos países estaban ansiosos, ellos mismos, de entrar, aun cuando los países claves de Europa occidental –Alemania y Francia– estuvieran bastante renuentes de aceptar este curso de los acontecimientos. Consideraban la maniobra estadunidense como algo dirigido, al menos en parte, contra ellos, algo que buscaba limitar su recién adquirida libertad de acción geopolítica.

La segunda decisión clave de Estados Unidos fue convertirse en jugador activo en los realineamientos de límites al interior de la anterior República Federal de Yugoslavia. Esto culminó en la decisión de sancionar, y hacer cumplir con tropas, la secesión de facto que emprendió Kosovo de Serbia.

Aun con Yeltsin, Rusia no quedó contenta con estas dos acciones estadunidenses. Sin embargo, el desarreglo político y económico de Rusia en los años de Yeltsin fue de tal magnitud que lo único que pudo hacer fue quejarse, con bastante debilidad, debemos añadir.

El advenimiento en el poder de George W. Bush y Vladimir Putin fue más o menos simultáneo. Bush decidió impulsar la táctica de superpotencia única (Estados Unidos puede mover sus piezas como le plazca) mucho más que Clinton. En 2001, Bush se retiró de Tratado Antibalístico de Misiles firmado por Estados Unidos y Rusia en 1972. Luego anunció que Estados Unidos no ratificaría los dos nuevos tratados firmados en los años de Clinton: el Tratado de Prohibición Completa de 1996 y los cambios aprobados al tratado de desarme nuclear conocido como SALT II [segunda versión del tratado conocido como Strategic Arms Limitation Talks, diálogos para limitar las armas estratégicas]. Después Bush anunció que Estados Unidos avanzaría con sus sistema nacional de misiles defensivos [National Missile Defense].

Y por supuesto, Bush invadió Irak en 2003. Como parte de este conflicto, Estados Unidos buscó y obtuvo el derecho a establecer bases militares y a sobrevolar en las repúblicas de Asia central, que antes fueron parte de la Unión Soviética. Además, Estados Unidos promovió la construcción de ductos para transportar crudo y gas natural del Cáucaso y Asia central que evitaran pasar por Rusia. Finalmente, Estados Unidos entró en acuerdos con Polonia y la República Checa para establecer enclaves de misiles de defensa, ostensiblemente para protegerse de los misiles iraníes. Rusia, sin embargo, consideró que estos misiles estaban apuntados en su contra.

Putin decidió contestar el empuje con mucho más eficacia que Yeltsin. No obstante, como jugador prudente, maniobró primero para fortalecer su base propia –y le restauró una autoridad central efectiva y revigorizante a los militares rusos. En este punto, las mareas de la economía-mundo cambiaron y Rusia, repentinamente, se tornó en un controlador poderoso y rico no sólo en cuanto a la producción de petróleo sino del gas natural que tanto necesitan los países europeos.

De aquí en adelante Putin comenzó a actuar. Empezó a entablar relaciones con China para llegar a tratados. Mantuvo relaciones cercanas con Irán. Comenzó a empujar a Estados Unidos fuera de sus bases en Asia central. Y asumió una postura muy firme en cuanto a la extensión de la OTAN en dos zonas clave –Ucrania y Georgia.

La fractura de la Unión Soviética condujo a movimientos étnicos secesionistas en muchas de las antiguas repúblicas soviéticas, incluida Georgia. Cuando en 1990 Georgia intentó ponerle fin al estatus autonómico de sus zonas étnicas no georgianas, éstas se proclamaron estados independientes con gran celeridad. Nadie las reconoció pero Rusia les garantizó su autonomía de facto.

Los acicates recientes que condujeron a la actual miniguerra fueron dos. En febrero, Kosovo transformó su autonomía de facto en una independencia de jure. Esta maniobra fue apoyada y reconocida por Estados Unidos y muchos países de Europa occidental. En el momento, Rusia advirtió que la lógica de esta jugada se aplicaba de igual modo a las secesiones de facto de la antigua Unión Soviética. En Georgia, Rusia actuó de inmediato, por vez primera, para autorizar el establecimiento de relaciones directas con Osetia del Sur y Abjazia en respuesta directa a la independencia de Kosovo.

En abril de este año, Estados Unidos propuso en la reunión de la OTAN que se les diera la bienvenida a Georgia y Ucrania a un llamado plan de acción de membresía. Alemania, Francia y el Reino Unido se opusieron a esta acción, diciendo que esto provocaría a Rusia.

Para entonces, el presidente de Georgia, neoliberal y fuertemente pro estadunidense, Mijail Saakashvili, estaba desesperado. Se dio cuenta que la reafirmación de la autoridad de Georgia sobre Osetia del Sur (o Abjazia) se desvanecía para siempre. Así, aprovechó un momento de desatención ruso (Putin en las olimpiadas, Medvediev de vacaciones) para invadir Osetia del Sur. Por supuesto, el insignificante ejército de Osetia del Sur se colapsó por completo. Saakashvili confió en que eso le forzaría la mano a Estados Unidos (y de hecho a Alemania y Francia también).

Lo que ocurrió es que obtuvo la respuesta inmediata del ejército ruso que aplastó al pequeño ejército georgiano. Lo que obtuvo de George W. Bush fue retórica. Después de todo, ¿qué podía hacer Bush? Estados Unidos no es una superpotencia. Sus fuerzas armadas están trabadas en dos guerras en Medio Oriente, que va perdiendo. Y lo más importante de todo es que Estados Unidos necesita a Rusia mucho más de lo que Rusia necesita a Estados Unidos. El ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, apuntó en un editorial de opinión del Financial Times que Rusia es “socio de Occidente en Medio Oriente, en Irán y Corea del Norte”.

Y en cuanto a Europa occidental, Rusia controla esencialmente su abasto de gas. No es casual que fuera el presidente Sarkozy, de Francia, no Condoleezza Rice, quien negoció la tregua entre Georgia y Rusia. La tregua contiene dos concesiones esenciales por parte de Georgia. Georgia se compromete a no utilizar ningún tipo de fuerza contra Osetia del Sur, y el acuerdo no contiene ninguna referencia a la integridad territorial georgiana.

Así que Rusia emerge mucho más fuerte que antes. Saakashvili apostó todo lo que tenía y ahora está en bancarrota política. Y como irónica nota al pie, Georgia, uno de los últimos aliados de Estados Unidos en su coalición en Irak, retiró sus 2 mil efectivos militares de Irak. Estas tropas jugaban un papel crucial en las áreas chiítas y ahora tendrán que ser remplazadas por tropas estadunidenses, que tendrán que retirarse de otras áreas.

Si uno juega ajedrez geopolítico, es mejor conocer las reglas, o se pierde mucho por las maniobras del contrincante.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

Texto en Rebelión

lunes, 16 de junio de 2008

Los Plátanos en extinción

El plátano, parábola de nuestro tiempo

Johann Hari
The Independent / La Jornada

Las prácticas depredadoras de corporaciones bananeras llevan al fruto hacia su extinción. Durante cien años, un puñado de corporaciones recibieron una fruta espléndida y se les permitió hacer lo que quisieran con ella. ¿Qué ocurrió? Para exprimirle hasta la última gota de ganancia, destruyeron democracias, quemaron selvas y acabaron matando la fruta misma.

Debajo de los encabezados que hablan de carestía de alimentos y gobiernos tambaleantes, existe un hecho casi inadvertido: los plátanos mueren. Este alimento, más consumido incluso que el arroz o las papas, tiene su propia forma de cáncer. Se trata de un hongo conocido como enfermedad de Panamá, que da a la fruta un color rojo ladrillo y la vuelve incomible.

No hay cura. Todos los frutos perecen conforme se propaga, lo cual ocurre de prisa. Pronto –entre 10 y 30 años– la fruta amarilla y cremosa que conocemos no será más.

La historia del ascenso y caída de este alimento puede verse como una extraña parábola sobre las corporaciones que cada vez dominan más al mundo y adónde nos están llevando.

El plátano parece un espléndido producto de la naturaleza, pero eso es una dulce ilusión. En su forma actual, su creación fue bastante deliberada. Hasta hace 150 años existía gran variedad de plátanos en las selvas del mundo, los cuales se consumían siempre en las zonas cercanas. Algunos eran dulces; otros, amargos. Los había verdes, morados o amarillos.

Un consorcio llamado United Fruit sacó de la selva un tipo en particular –conocido como Gros Michael– y decidió producirlo en masa en enormes plantaciones, y distribuirlo por el mundo en barcos frigoríficos. El plátano se estandarizó en un modelo amigable: amarillo, cremoso y cómodo de llevar en la lonchera.

Hubo allí una chispa de genio empresarial, pero United Fruit ideó un cruel modelo de negocio para llevarlo a cabo. Como explica el escritor Dan Koeppel en su brillante historia Banana: the fate of the fruit that changed the world (Plátano: el destino de la fruta que cambió al mundo) funcionó así: encuentra un país débil. Asegúrate de que el gobierno sirva a tus intereses. Si no lo hace, derrócalo y remplázalo por uno que sí. Quema sus selvas y construye plantaciones de plátano. Haz que los nativos dependan de ti. Aplasta cualquier brote de sindicalismo. Y luego, ¡lástima!, hay que ver morir los plantíos de plátano por una enfermedad que se disgrega por el mundo. Si eso ocurre, arrójales toneladas de químicos, a ver si sirve de algo. Si no, pásate al país de al lado y vuelve a comenzar.

Parece una exageración hasta que uno estudia lo que pasó. En 1911 el magnate platanero Samuel Zemuray decidió convertir a Honduras en su plantación privada. Reunió algunos gángsters internacionales, como Guy Ametralladora Maloney; montó un ejército privado e invadió la nación, instalando a un amigo de presidente.

El término “república bananera” se inventó para describir las dictaduras serviles que se crearon para favorecer a las empresas del plátano. A principios de la década de 1950, el pueblo guatemalteco eligió a un profesor de ciencia llamado Jacobo Arbenz, porque prometió redistribuir parte de los fincas bananeras entre los millones de campesinos sin tierra.

El presidente estadunidense Eisenhower y la CIA (encabezada por un ex empleado de United Fruit) giraron instrucciones de matar a esos “comunistas”, haciendo notar que “martillo, hacha, pinzas, desarmador, atizador de fuego o cuchillo de cocina” eran buenos métodos para ese fin. Luego la tiranía con la que los remplazaron asesinó a más de 200 mil personas.

Pero, ¿en qué forma se relaciona esto con la enfermedad que hoy diezma los platanares del mundo? Las pruebas indican que, aun cuando vendan algo tan inocuo como los plátanos, las corporaciones se estructuran para hacer una sola cosa: maximizar las ganancias de sus accionistas. Si no hay normas que las contengan, harán lo que sea por maximizar las ganancias a corto plazo, lo cual conducirá a conductas como destruir el medio ambiente que explotan.

No mucho después que la enfermedad de Panamá comenzó a matar plátanos, a principios del siglo XX, científicos de United Fruit advirtieron al consorcio que cometía dos errores. Uno era construir un gigantesco monocultivo: si todos los plátanos eran de la misma especie, una enfermedad que entrara en la cadena en cualquier lugar del planeta se propagaría con rapidez. ¿La solución? Diversificar las variedades que se producían.

Las normas de cuarentena de la empresa también eran una calamidad. Hasta las personas encargadas de prevenir la infección entraban en plantíos sanos con suelo infectado adherido a sus botas. Pero las soluciones a los dos problemas costaban dinero, y United Fruit no quería pagar. Optó por maximizar ganancias hoy, suponiendo que podría abandonar el negocio del plátano si las cosas salían mal.

Así pues, para la década de 1960 el Gros Michel, que United Fruit había empacado como el único plátano auténtico, estaba muerto. La compañía buscó un remplazo inmune al hongo y al fin dio con el Cavendish**. Era más pequeño, menos cremoso y muy fácil de magullar, pero no había de otra.

Pero, como en una secuela de película de horror, el asesino volvió. En la década de 1980, el Cavendish enfermó también. Ahora está muriendo; su inmunidad era un mito. En muchas partes de África la cosecha ha caído 60 por ciento. Existe consenso entre los científicos de que el hongo acabará infectando todos los plátanos de esa variedad en el mundo. Tal vez habría alguna especie que pueda adaptarse como Plátano 3.0, pero son tan diferentes que parecen una fruta del todo diferente y mucho menos apetitosa. El contendiente más probable es el Goldfinger, que es más rígido y agrio: se le conoce como “la banana ácida”.

Gracias a la mala conducta corporativa y a los límites físicos, parece que estamos en un callejón sin salida. La única esperanza parecería ser un plátano genéticamente modificado para resistir la enfermedad de Panamá. Pero es una posibilidad remota, y encontraría mucha resistencia: ¿a quién le gustaría un banana split hecho con un plátano que contuviera genes de pescado?

¿Hay una parábola de nuestro tiempo en este licuado de plátano, sangre y hongos? Durante cien años, un puñado de corporaciones recibieron una fruta espléndida y se les permitió hacer lo que quisieran con ella. ¿Qué ocurrió? Para exprimirle hasta la última gota de ganancia, destruyeron democracias, quemaron selvas y acabaron matando la fruta misma.

Pero, ¿acaso hemos aprendido? Por todo el mundo, políticos como George Bush y David Cameron nos dicen que regular las corporaciones es “una amenaza” que hay que “combatir”; incluso sostienen que debemos dejar en sus manos el clima del mundo. Para mí, sería una locura.***

www.ecoportal.net

- Traducción: Jorge Anaya

Referencias:

* Periodista galardonado, colaborador de The Independent y una veintena de periódicos y revistas de GB, EU, Francia, Canadá y otros países. Amnistía Internacional lo nombró Periodista del Año 2007 por sus reportajes sobre el Congo.

** Conocido en México como tabasco.

*** Juego de palabras intraducible con la expresión “that’s bananas.” (N. del T.)

Enlace a texto en Rebelión