La actual crisis económica y financiera internacional se inscribe en el marco de un largo ciclo de recesión, del cual el capitalismo no ha logrado salir, desde su inicio a mediados de los años setenta del siglo pasado. Sin esa inserción, es difícil la comprensión del carácter de esta crisis, de las consecuencias que puede producir y del escenario que debe surgir después de ella.
Emir Sader
Los ciclos y las crisis
El capitalismo vive, por la propia naturaleza de su proceso de reproducción, articulado por ciclos, cortos y largos. Estos conjugan los ciclos cortos, en una perspectiva expansiva, si la curva de las subidas y los descensos de las oscilaciones cortas apuntan para arriba; recesiva si apuntan para abajo, de acuerdo a la teoría del economista ruso Kondratieff, retomada teórica e históricamente por Ernst Mandel.
En la segunda post-guerra, el capitalismo vivió su "edad de oro", según Eric Hobsbawn, en que coincidieron virtuosamente la mayor expansión concomitante de las grandes economías capitalistas - los Estados Unidos, Alemania, Japón - , el llamado "campo socialista", dirigido por la Unión Soviética, y las economías periféricas, como México, Argentina, Brasil, con sus procesos de industrialización dependiente. La economía capitalista no dejó de presentar sus ciclos cortos de crisis, pero en cada nuevo ciclo se retomaba la expansión y empujaba la economía a niveles cada vez más altos.
Fue un largo ciclo expansivo comandado por las grandes corporaciones internacionales de carácter industrial y comercial, apoyadas por un sistema financiero en expansión y por grandes transformaciones en la producción agrícola. Un modelo hegemónico regulador - o keynesiano o de bienestar, como quieran llamarlo - incentivaba las inversiones productivas, tendía a fortalecer la demanda de consumo interno, promovía el fortalecimiento de los estados nacionales y la protección de sus economías.
Las crisis, como es típico en el capitalismo, expresaban procesos de superproducción o de subconsumo - como quieran llamarlos-, reflejando el desequilibrio estructural de ese sistema entre su - ya reconocida por Marx en el Manifiesto Comunista - enorme capacidad de expansión de las fuerzas productivas, pero que se confrontaba constantemente con su incapacidad para distribuir la renta en la misma medida de aquella expansión.
En su fase final, el largo ciclo expansivo de la segunda pos-guerra vio ese excedente, resultado acumulado del desfase entre producción y consumo convertido en capital financiero - los llamados eurodólares, que fue aprovechado por países como Brasil, para reciclar su modelo económico diversificando su dependencia externa y favoreciendo la reanudación de la expansión económica interna, incluso antes del final del largo ciclo expansivo. Este factor - el golpe militar fue en el ciclo expansivo - diferenció el escenario económico brasilero de los demás países de la región, donde las dictaduras coincidieron con la recesión, por haberse dado durante el largo ciclo recesivo del capitalismo internacional.
¿Qué características tuvo el final de ese ciclo y el comienzo del nuevo, de carácter recesivo? Habiendo triunfado el diagnóstico de que el estancamiento económico se debía al exceso de regulaciones, el nuevo modelo se centró en la desregulación, por lo que las privatizaciones, las aperturas para el mercado externo, las políticas de "flexibilización laboral" y de ajuste fiscal, fueron sus expresiones más claras.
Dos consecuencias importantes deben ser recordadas aquí, para comprender el carácter de la crisis actual y sus efectos en los países de América Latina. La primera de ellas, el gigantesco proceso de transferencia masiva de capital del sector productivo hacia el especulativo, que la desregulación promovió a escala nacional e internacional. Libre de trabas, el capital migró masivamente para el sector financiero y en particular para el sector especulativo, donde obtuvo muchos más beneficios, con mucha mayor liquidez y menos o ningún tributo para circular.
Se configuró así, la hegemonía del capital financiero bajo la forma de capital especulativo, haciendo que más del 90% de los movimientos económicos se dieran, no en la esfera de la producción o del comercio de bienes, sino en la compra y venta de papeles, en las Bolsas de Valores o de papeles de las deudas públicas de los gobiernos.
Se promovió la refinanciación de las economías, lo que significa, en primer lugar, la refinanciación de los Estados, cuyo primer y mayor compromiso pasa a ser el pago de las deudas, es decir, la reserva de recursos mediante el llamado "superávit primario" y la transferencia masiva y sistemática de los recursos del sector productivo para el capital financiero. Grandes grupos económicos con un banco o institución financiera a la cabeza, acostumbran a ganar más en inversiones financieras que en aquellas que dieron origen a las empresas que los componen. Gran cantidad de pequeñas y medianas empresas, entraron en procesos de endeudamiento, de los cuales no consiguieron salir. Otras, así como los consumidores, no se atrevieron a pedir préstamos, por el temor a endeudarse con altas tasas de interés.
El capital financiero pasó a ser la sangre que corre por las economías de los países, definiendo el metabolismo que las preside. Un capital que tiene en la volatilidad, en la extrema liquidez, un elemento esencial, inherente, que le permite moverse rápidamente para donde puede tener mayores ventajas y, al mismo tiempo le atribuye un gran poder de presión, frente a las economías débiles que dependen estructuralmente de él.
Las crisis en la fase neoliberal
De estas características resulta el carácter centralmente financiero de las crisis en el período neoliberal, como se evidenció en la crisis mexicana, asiática, rusa, brasilera y argentina, entre otras. El sector financiero canalizó para sí los excedentes de capital, producto del desfase estructural entre producción y consumo, agudizada en la fase actual del capitalismo, en que el aumento de la productividad y la creatividad tecnológica siguieron profundizándose al mismo tiempo que se dieron procesos de concentración de renta entre las clases sociales, entre países y regiones del mundo.
El poder devastador de estas crisis y el potencial de contagio se revelaron de la misma dimensión del tamaño de la apertura de las economías al mercado internacional y al peso que el capital financiero pasó a desempeñar en escala nacional y mundial. México siguió sufriendo los efectos de la crisis de 1994 durante muchos años. Lo mismo ocurrió con los países del sudeste asiático. En Brasil, la crisis de 1999 significó el pasaje a años de recesión, que sólo recientemente fueron superados. En Argentina la crisis tuvo consecuencias devastadoras desde el punto de vista económico, financiero, político y social.
Son crisis que se desatan a partir del eslabón más frágil, más sensible, del proceso de reproducción - el sector financiero -, pero que rápidamente se propagan por el resto de la economía, por el papel central que este sector pasó a tener y por los aspectos psicológicos en los que se basa. No por casualidad el segundo libro de Francis Fukuyama se llama "Confianza", para indicar cómo las expectativas, positivas o negativas, asumen fuerza material en el juego especulativo.
América Latina fue así, víctima privilegiada de estas crisis, que no por casualidad alcanzaron justamente a sus tres economías más fuertes, que habían sido exhibidas como modelos - la mexicana, brasilera y argentina. En los tres casos la crisis tomó la forma de ataque especulativo, de crisis financiera, que se extiende para el conjunto de la economía. Los capitales especulativos se valen del peso desestabilizador que tienen en la economía, para hacer valer esa posición, presionando con una salida brusca y masiva de capitales, acciones gubernamentales o simplemente el juego del mercado, lucrando enormemente con esas operaciones.
Las crisis anteriores tenían como escenarios países de la periferia, con efectos que intensificaron la tendencia al debilitamiento de los países globalizados y la intensificación de la concentración de la renta y del poder de los países globalizadores.
Incluso la crisis en Rusia podría ser caracterizada como la de una economía transformada en periférica, especialmente a mediados de la década de 1990. La excepción fue el ataque del megaespeculador George Soros a la libra esterlina inglesa, pero terminó siendo un caso puntual, lo que no modifica la norma general de las crisis en la periferia.
En su conjunto, como crisis neoliberales, provocaron demandas de medicina neoliberal: más apertura de las economías - como sucedió fuertemente en los países del sudeste asiático - mayores préstamos del FMI y las correspondientes Cartas de Intención, con un incremento de los ajustes fiscales. La economía mexicana recibió un préstamo gigante de los Estados Unidos en el momento de la crisis de 1994, inclusive porque coincidía con el momento en que se firmaba el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) y el surgimiento de la rebelión de los zapatistas en Chiapas. Como compromiso, México usó esos recursos para pagar los préstamos de los bancos norteamericanos y siguió profundizando el modelo neoliberal.
El gobierno brasilero de Fernando Enrique Cardoso, frente a la crisis de 1999, elevó la tasa de interés al 49% y firmó la tercera Carta de Intención con el FMI, cuyas consecuencias extendieron la recesión por varios años. En la Argentina, la crisis provocada por la explosión del modelo de paridad peso/dólar, produjo la mayor regresión económica y social que el país conoció en toda su historia. El gobierno de Fernando de la Rúa trató de mantener el modelo heredado de Carlos Menem y con esto cayó a los pocos meses de asumir su mandato presidencial.
La crisis actual y sus consecuencias
La anterior crisis de la economía norteamericana se dio en el año 2000, cuando se desvanecía la ilusión de que la "nueva economía" permitiría que el capitalismo no sufriese más sus crisis cíclicas, ya sea porque la informática le permitiría preverlas y así evitarlas, ya sea porque nuevas demandas como las de las computadoras, generarían, de la misma forma que en el caso de los automóviles, el lanzamiento anual de nuevos modelos, que extenderían cada vez más la demanda. En aquel momento, el papel de los mercados norteamericanos en el mundo, seguía siendo determinante, transfiriendo los efectos de su recesión para la economía mundial.
Esta vez la crisis norteamericana se produce en un escenario internacional que ha cambiado. La continua expansión de los países emergentes - entre ellos principalmente China e India, pero también los países de América Latina, que mantienen constante el ritmo de crecimiento, en particular Brasil y Argentina – amortigua la disminución de la demanda de los Estados Unidos y, por primera vez, la recesión de la economía norteamericana no tiene efectos directos y devastadores sobre la economía mundial.
Pero, como esta crisis se ve agravada con el aumento de los precios de los productos agrícolas y la continua crisis del petróleo, se constituye en verdad en una triple crisis: sus efectos son más profundos y extensos que una simple crisis cíclica de la economía norteamericana. Son afectadas no solo las exportaciones para los Estados Unidos, sino también los importadores de energía y productos agrícolas, que en mayor o menor proporción afecta a todos los países en el mundo.
Sin embargo, al igual que cualquier fenómeno de un sistema caracterizado por la extrema desigualdad de la riqueza y del poder entre regiones y países y dentro de cada país, los efectos de las crisis no se distribuyen por igual entre todos. Hay ganadores y perdedores, verdugos y víctimas.
Como la crisis está en pleno desarrollo, sus alcances no pueden ser evaluados en toda su plenitud, se dan pugnas para ver quien consigue sacar ventaja, quien trata de perder menos, por lo que aún no es posible evaluar con precisión los daños en toda su extensión y quien los asumirá. Es verdad que el mundo cambiará a partir de esta crisis, inclusive porque toca tres puntos nodales de las relaciones económicas y del poder actual: dinero, energía y alimentos. Sin embargo, las estructuras de poder, de producción y de distribución de la riqueza reinante, garantizan resultados muy diferentes para las distintas regiones y países como consecuencia de las crisis.
En la combinación del aumento de los precios del petróleo, de los productos agrícolas y la disminución de la demanda de los Estados Unidos y de Europa, los países más pobres, que son la gran mayoría del África, Asia y América Latina, perderán claramente, con fuertes presiones recesivas, déficit en la balanza comercial y el aumento del endeudamiento. Los países exportadores de petróleo y de productos agrícolas con alzas más significativas, tendrán sus situaciones atenuadas, pero las presiones inflacionarias no perdonan a ningún país, y con ellas, las políticas recesivas vuelven a imponerse.
En América Latina, los efectos son más pesados y directos para los países que siguen dependiendo en mayor medida del comercio con los Estados Unidos: México, América Central y el Caribe en primer lugar. En segundo lugar, los países con pautas exportadoras menos valorizadas o aquellos que hubiesen tenido su ciclo de expansión económica excesivamente centrado en las exportaciones, especialmente las economías más abiertas, entre ellas las que tienen tratados de libre comercio con los Estados Unidos, como Chile , Perú, además de los ya mencionados México, Costa Rica y otros países centroamericanos y caribeños. Deben ser relativamente menos afectados los países con pautas exportadoras más diversificadas – ya sea en los productos, ya sea en los mercados - como Brasil, en parte Argentina, y los que participan en los procesos de integración regional – ya sea en el Mercosur o en el Alba. Para estos, las crisis son una oportunidad especial para acelerar e intensificar los procesos de integración, del comercio, así como los planos financieros y energéticos.
Ya sea por la combinación de las crisis, ya sea porque afecta profundamente a los Estados Unidos, en el momento en que, por primera vez, su peso en la economía mundial disminuye, el mundo y América Latina en particular, tendrán fisonomías distintas, ya sea acelerando transformaciones que ya están en marcha, o dando inicio nuevas dinámicas, pasadas las crisis – cuya duración y profundidades, aún no pueden ser medidas con precisión.
Texto en Rebelión
sábado, 13 de septiembre de 2008
viernes, 12 de septiembre de 2008
Bolivia: ¿Civiles en contra de civiles?
Fernando Molina
desde La Paz
La noticia más preocupante de esta semana llena de malas noticias en Bolivia es que los peores episodios de violencia --el del miércoles 10 en Tarija que arrojó 70 heridos, y el de Cobija el jueves 11, con la muerte de ocho personas-- fueron enfrentamientos entre civiles. Esto altera significativamente la trayectoria del conflicto que vive el país desde el año 2000. Porque a lo largo de esta década casi de crisis política, los distintos grupos sociales que han salido a protestar a las calles y a bloquear caminos (por muchos motivos distintos, pero en el fondo uno solo: el control de los recursos naturales) se enfrentaban siempre contra el Estado, contra las fuerzas de seguridad. Ahora ya no es así. El cambio comenzó imperceptiblemente, hace varios meses, y esta semana ha quedado al descubierto.
El gobierno de Evo Morales, igual que todos los que lo precedieron durante este siglo, ha tenido que actuar jaqueado por las llamadas "minorías eficientes", es decir, por facciones de la sociedad que, a causa de su gran politización, han sido capaces de resistir denodadamente sus políticas. Lo mismo le pasaba a los presidentes Mesa, Sánchez de Lozada, Quiroga y Banzer, aunque los movimientos que luchaban contra ellos eran diferentes de los que ahora están en el centro de la actualidad. Eran justamente los contrarios.
Para ilustrar una vez más que el mundo da vueltas, resulta que en Bolivia quienes ayer encabezaban la revuelta contra los presidentes "neoliberales" --y que éstos solían adjetivar de "golpistas"-- son los mismos que ahora acusan a los dirigentes regionales rebeldes de tramar un golpe de Estado. Un caricaturista local expresó esta paradoja con un dibujo de Morales "tomando un poco de su propia medicina".
Lo que nos interesa aquí es saber si efectivamente se trata de la misma medicina. A primera vista semeja serlo, tiene la apariencia del purgante que los siempre indignados súbditos del Estado boliviano hacen tragar una y otra vez a sus gobernantes, la hiel de la insubordinación. (Como es sabido, el Estado en estas tierras, y ya desde la Colonia, "manda pero no obliga").
Sin embargo, en este último tiempo observamos una diferencia que no es menor. Los gobernantes actuales, enfrentados como hemos dicho a estos movimientos sociales de nuevo tipo, no han intentado sin embargo controlarlos por medio de la coerción estatal, como hicieron los anteriores, sino apelando a otro método muy distinto: la movilización de sus propias fuerzas.
Este solo hecho bastaría para caracterizar a este gobierno de populista. Morales carece de la idea del poder como Leviatán, no siente la necesidad de salvar a la sociedad de su desorden congénito, a diferencia por ejemplo de Sánchez de Lozada, que por esta idea sacó al ejército un sábado, y se acostó el domingo con la siniestra nueva de que la tropa había matado a casi 70 personas.
De modo que a la medicina que intenta suministrarle la oposición desde 2006, y que antes era su propia medicina, Morales ha contestado de forma homeopática: con la firme creencia de que el mejor antídoto es un poco más del mismo veneno.
Así es como columnas de comerciantes y artesanos, y sobre todo a los campesinos de los cuatro departamentos donde se concentra la oposición (pero en las ciudades, no en el campo) han sido movilizados constantemente. Campo contra ciudad, pobres contra ricos. ¿No es ésta la fórmula que siempre les ha dado resultado a los populistas?
Pero Morales ha exagerado la dosis. Una cosa es que a él no le interese el orden y otra que el orden no sea importante para la sociedad y para el ejercicio de la política. Finalmente el orden (nuevo) es el objetivo, aunque el camino sea la revolución. Sólo que nada de esto está en la mente del Presidente boliviano, como muestra su última e inopinada decisión de expulsar al embajador de Estados Unidos para mostrar que todo este lóo surge de una conspiración externa.
La verdad, sin embargo, es otra. Luego de casi tres años de azuzar desde la alta palestra de la Presidencia a unos grupos de bolivianos contra otros, Morales ha logrado remover el poso de resentimiento, odio racial y prepotencia, que estaba depositado en el sustrato de la cultura boliviana.
Y una buena parte de la oposición, íntimamente regocijada, se ha puesto a chapotear en este mismo lodo.
La responsabilidad material por los muertos y heridos de esta semana es de quienes les golpearon y dispararon, claro, pero la responsabilidad ética llega más lejos. Civiles en contra de civiles. Éste es el resultado directo de la prédica de la confrontación comenzada por Evo Morales y continuada por los dirigentes regionales. Facilitada por la indiferencia, la conveniencia o la estupidez de las naciones extranjeras. Celebrada por los bienpensantes del primer mundo. Animada por los medios de comunicación. Aplicada por las claques. Impulsada por millones de votos. Permitida por la sociedad entera.
Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Y el que busca, encuentra.
Enlace a texto en Infolatam
desde La Paz
La noticia más preocupante de esta semana llena de malas noticias en Bolivia es que los peores episodios de violencia --el del miércoles 10 en Tarija que arrojó 70 heridos, y el de Cobija el jueves 11, con la muerte de ocho personas-- fueron enfrentamientos entre civiles. Esto altera significativamente la trayectoria del conflicto que vive el país desde el año 2000. Porque a lo largo de esta década casi de crisis política, los distintos grupos sociales que han salido a protestar a las calles y a bloquear caminos (por muchos motivos distintos, pero en el fondo uno solo: el control de los recursos naturales) se enfrentaban siempre contra el Estado, contra las fuerzas de seguridad. Ahora ya no es así. El cambio comenzó imperceptiblemente, hace varios meses, y esta semana ha quedado al descubierto.
El gobierno de Evo Morales, igual que todos los que lo precedieron durante este siglo, ha tenido que actuar jaqueado por las llamadas "minorías eficientes", es decir, por facciones de la sociedad que, a causa de su gran politización, han sido capaces de resistir denodadamente sus políticas. Lo mismo le pasaba a los presidentes Mesa, Sánchez de Lozada, Quiroga y Banzer, aunque los movimientos que luchaban contra ellos eran diferentes de los que ahora están en el centro de la actualidad. Eran justamente los contrarios.
Para ilustrar una vez más que el mundo da vueltas, resulta que en Bolivia quienes ayer encabezaban la revuelta contra los presidentes "neoliberales" --y que éstos solían adjetivar de "golpistas"-- son los mismos que ahora acusan a los dirigentes regionales rebeldes de tramar un golpe de Estado. Un caricaturista local expresó esta paradoja con un dibujo de Morales "tomando un poco de su propia medicina".
Lo que nos interesa aquí es saber si efectivamente se trata de la misma medicina. A primera vista semeja serlo, tiene la apariencia del purgante que los siempre indignados súbditos del Estado boliviano hacen tragar una y otra vez a sus gobernantes, la hiel de la insubordinación. (Como es sabido, el Estado en estas tierras, y ya desde la Colonia, "manda pero no obliga").
Sin embargo, en este último tiempo observamos una diferencia que no es menor. Los gobernantes actuales, enfrentados como hemos dicho a estos movimientos sociales de nuevo tipo, no han intentado sin embargo controlarlos por medio de la coerción estatal, como hicieron los anteriores, sino apelando a otro método muy distinto: la movilización de sus propias fuerzas.
Este solo hecho bastaría para caracterizar a este gobierno de populista. Morales carece de la idea del poder como Leviatán, no siente la necesidad de salvar a la sociedad de su desorden congénito, a diferencia por ejemplo de Sánchez de Lozada, que por esta idea sacó al ejército un sábado, y se acostó el domingo con la siniestra nueva de que la tropa había matado a casi 70 personas.
De modo que a la medicina que intenta suministrarle la oposición desde 2006, y que antes era su propia medicina, Morales ha contestado de forma homeopática: con la firme creencia de que el mejor antídoto es un poco más del mismo veneno.
Así es como columnas de comerciantes y artesanos, y sobre todo a los campesinos de los cuatro departamentos donde se concentra la oposición (pero en las ciudades, no en el campo) han sido movilizados constantemente. Campo contra ciudad, pobres contra ricos. ¿No es ésta la fórmula que siempre les ha dado resultado a los populistas?
Pero Morales ha exagerado la dosis. Una cosa es que a él no le interese el orden y otra que el orden no sea importante para la sociedad y para el ejercicio de la política. Finalmente el orden (nuevo) es el objetivo, aunque el camino sea la revolución. Sólo que nada de esto está en la mente del Presidente boliviano, como muestra su última e inopinada decisión de expulsar al embajador de Estados Unidos para mostrar que todo este lóo surge de una conspiración externa.
La verdad, sin embargo, es otra. Luego de casi tres años de azuzar desde la alta palestra de la Presidencia a unos grupos de bolivianos contra otros, Morales ha logrado remover el poso de resentimiento, odio racial y prepotencia, que estaba depositado en el sustrato de la cultura boliviana.
Y una buena parte de la oposición, íntimamente regocijada, se ha puesto a chapotear en este mismo lodo.
La responsabilidad material por los muertos y heridos de esta semana es de quienes les golpearon y dispararon, claro, pero la responsabilidad ética llega más lejos. Civiles en contra de civiles. Éste es el resultado directo de la prédica de la confrontación comenzada por Evo Morales y continuada por los dirigentes regionales. Facilitada por la indiferencia, la conveniencia o la estupidez de las naciones extranjeras. Celebrada por los bienpensantes del primer mundo. Animada por los medios de comunicación. Aplicada por las claques. Impulsada por millones de votos. Permitida por la sociedad entera.
Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Y el que busca, encuentra.
Enlace a texto en Infolatam
miércoles, 10 de septiembre de 2008
Mientras la economía mundial se derrumba: La fortuna de los ricos duplica el PIB mundial
Los números y las estadísticas prueban cada vez más que en el sistema capitalista normatizado como "modelo único" a escala global, lo que resulta "crisis" y achicamiento del consumo para las mayorías es sinónimo de acumulación de riqueza para las minorías privilegiadas que detentan el control económico-financiero a escala global.
De esta manera, mientras el proceso inflacionario-recesivo desatado desde las economías centrales (EEUU y Europa) ya genera pobreza y devaluación acentuada del poder adquisitivo de las mayorías a escala planetaria, un selecto grupo de mega-empresas y multimillonarios multiplican a escala sideral su activos empresariales y sus fortunas personales.
Los "súper-ricos", ejecutivos y accionistas de los grupos capitalistas que se reparten el mundo como si fuera un pastel, los que aparecen habitualmente retratados en los ranking del jet set decadente, conforman el resultante final de un proceso de acumulación de riqueza en pocas manos a costa de la crisis mundial y del achicamiento progresivo de la participación de las mayorías en el proceso de reparto de la producción.
Mientras la economía mundial ya ingresó en un proceso inflacionario-recesivo que impacta en la suba de los alimentos y del costo de vida de amplias capas de la sociedad mundial (sobre todo de las más vulnerables y desprotegidas) bancos, empresas trasnacionales, (sobre todo petroleras) registran balances de ganancias descomunales superiores al presupuesto y al PIB de decenas de países de la periferia juntos.
En el año 2007, 500 multimillonarios sumaban una fortuna de casi tres billones de dólares, una cifra equivalente al presupuesto anual de EEUU, la mayor potencia imperialista del planeta, y a decenas de PIB (producción del pastel) anuales de países dependientes.
Si quiere saber cuantas tajadas del pastel de la producción mundial se robaron esos multimillonarios, divida el PIB mundial por el total de población mundial, luego de comprobar cuanto le tocaría a cada poblador mundial en un reparto equitativo del PIB, réstele a la fortuna de un súper-rico de la pirámide: Lo que le sobra (al multimillonario) de la parte que en realidad le tocaba, es el producido del robo capitalista.
Si se quiere saber cuanto se roban el conjunto (los multimillonarios) hay que hacer la misma operación agregando la cantidad de súper-millonarios existentes.
La prensa internacional (del sistema), sus periodistas y comentadores, difunden estas cifras, impresionantes y fantásticas, destilando una rara mezcla entre admiración y envidia por no estar en el lugar de los rankeados, a los que consideran personas tocadas por la "varita mágica" del éxito y el prestigio social.
Pese a la crisis económica-financiera mundial y la crisis social que genera la suba de precios de los alimentos y de la energía, las riquezas personales en todo el mundo crecieron un 5 por ciento a US$ 109,5 billones, según un informe sobre "riqueza mundial publicado por Boston Consulting Group (BCG).
Para ilustrar lo que afirmábamos al principio (el macro-robo capitalista) hay que señalar que la cifra acumulada, según el informe, de US$ 109,5 billones de riqueza acumulada en manos de los "millonarios" (con las súper-fortunas en la cima) se aproxima a casi dos veces el PIB mundial (la riqueza anual producida por todos los países) que ronda en los US$ 70 billones.
Pero, para dar una mejor idea de lo que significa, en términos de comparación, esta cifra de US$ 109,5 billones, hay que puntualizar que equivale a casi dos veces y media el PIB anual de EEUU y la Unión Europea, las dos potencias económicas centrales que concentran más del 60% de la producción mundial.
Esa masa increíble de dinero acumulada por una minoría de "población rica" (regida en el vértice de la pirámide por los súper-ricos) es lo que le falta a los más de mil millones de personas que "sobreviven" con un promedio de un dólar diario, según el Banco Mundial y otras instituciones del sistema, y más de tres mil millones que no alcanza a cubrir el parámetro de necesidades básicas, medidas por alimentación, vivienda y salud.
Más que ningún análisis estructural, esa cifra acumulada muestra el irracionalismo demencial (y caníbal de su propia especie) del sistema capitalista legitimado como "sistema único" al que ya nadie cuestiona ni analiza, salvo los medios alternativos y de contrainformación que solo existimos minoritariamente en la Internet.
Según el informe de Boston Consulting Group, más bajo de la pirámide de los "súper-ricos" el 1 por ciento de los hogares poseía un 35 por ciento de la riqueza mundial el año pasado.
El 0,001 por ciento más pudiente, los hogares que tienen al menos US$ 5 millones (unos 3,45 millones de euros) en activos, acumulaban US$ 21 billones de dólares (se trata de los sectores sociales de clase media rica, que obran a modo de "colchón" entre el vértice de los "multimillonarios" y la base mayoritaria de la pirámide del sistema capitalista compuesta por los sectores pobres o de menor capacidad de consumo).
El crecimiento más rápido -según el informe- se produjo entre sectorees sociales de las regiones en desarrollo, como China y los estados del Golfo Pérsico, y entre familias que "ya eran ricas". El mayor salto en 2007 se produjo en países emergentes de Asia y Latinoamérica (China y los países exportadores de materias primas y petróleo). El informe destaca que la riqueza también se concentra cada vez más entre los más ricos (el vértice de la pirámide). El número total de "hogares millonarios" creció un 11 por ciento, a 10,7 millones el año pasado, señala el informe.
En ese sentido, la riqueza creció con mayor fuerza en Asia, la cuenca del Pacífico -excluido Japón- y Latinoamérica, con un aumento del 14 por ciento. Esta franja representa el eje del centro exportador-importador de materias primas y manufactura del "modelo económico" vigente a escala global.
Además, la mayoría de las súper-fortunas provienen de "negocios" relacionados con la finanzas, el "espectáculo", el deporte, la "cultura", las grandes producciones de Hollywood, las grandes cadenas de diarios, radio y televisión, la moda y los cantantes "fashion", y en general todo lo que "divierte y entretiene" a los televidentes y espectadores de todo el mundo, mientras las mayorías del planeta se margina cada vez más del "circuito" laboral y comercial del sistema.
Esta concentración de riqueza en pocas manos que "nadie ve", expresada brutalmente en el ranking de multimillonarios de Forbes, o en el listado de ganancias y facturación de las trasnacionales y bancos capitalistas que controlan las acciones y los índices de Wall Street y de las principales plazas financieras mundiales , está ahí, al alcance de nuestras narices.
No es la resultante de la "brecha entre ricos y pobres" como sostienen los curas y los encuestadores, sino el emergente descarnado y real de la explotación del hombre por el hombre del sistema capitalista que ha tocado niveles de impunidad nunca vistos en la historia de humanidad.
El crecimiento desmesurado de las "fortunas personales" está determinada por la concentración del capital mundial en mega-grupos o mega-compañías, comerciales, industriales y financieras con facturaciones y ganancias superiores al PBI de decenas de naciones subdesarrolladas.
Los grupos controladores del "dinero sin fronteras" de la era de la globalización (los hacedores de las "fortunas personales"), no más de 200 empresas y bancos multinacionales, dictan y condicionan la política mundial y el comportamiento de gobiernos, ejércitos, o instituciones mundiales oficiales o privadas.
Son los amos invisibles del Planeta: los que manejan a los países y a presidentes por control remoto, como si fueran títeres de última generación.
Pero, y así como los "mega-ricos" que generan se agrupan en la punta de la pirámide de concentración de riqueza, las mega-empresas que controlan el mundo se concentran en Wall Street, la catedral financiera del sistema capitalista a escala global
El "récord" del índice Dow Jones (que reparte la mas formidable tajada de rentabilidad capitalista con la especulación financiera, aún en épocas de crisis como la que vivimos) lo integran un reducido número de empresas transnacionales de dimensiones gigantescas, mayores que Estados, que controlan la producción, el comercio y las finanzas mundiales.
La hegemonía de Wall Street sobre los "mercados mundiales", significa el dominio abrumador y las superganancias de un reducido número de empresas "cotizantes" de dimensiones gigantescas, mayores que Estados, sobre la producción, el comercio y las finanzas mundiales.
Eso, y no la "natural" brecha entre ricos y pobres es lo que determina la polea de crecimiento desmesurado de la "riqueza personal" de los multimillonarios diseminados por el mapa del capitalismo "globalizado".
Las comparaciones numéricas de las cifras de riqueza concentrada en pocas manos con la pobreza y la marginación humana extendida masivamente por todo el planeta, son infinitas, y ponen al descubierto, más que ninguna imagen o palabra, la verdadera naturaleza del sistema capitalista instalado como "única civilización" posible en el mundo.
Ya no se necesitan pensadores, ni filósofos, ni científicos ni expertos en nada para "ver" en acción la obra devastadora y genocida del capitalismo: Basta con consultar el ránking Forbes, o el activo patrimonial y el ránking ganancial de las trasnacionales en cualquier medio especializado.
Los medios del sistema (adoradores confesos del "éxito" de los multimillonarios) alteran la comprensión (la relación riqueza en pocas manos= pobreza en muchas manos) publicando los porcentuales y las cifras de riqueza sin asociarlos con el impacto social devastador que generan como contrapartida.
Y eso llevó a que (por ignorancia inducida por manipulación), el sistema capitalista se haya convertido en un "orden natural" incuestionable, como Dios.
De esta manera, mientras el proceso inflacionario-recesivo desatado desde las economías centrales (EEUU y Europa) ya genera pobreza y devaluación acentuada del poder adquisitivo de las mayorías a escala planetaria, un selecto grupo de mega-empresas y multimillonarios multiplican a escala sideral su activos empresariales y sus fortunas personales.
Los "súper-ricos", ejecutivos y accionistas de los grupos capitalistas que se reparten el mundo como si fuera un pastel, los que aparecen habitualmente retratados en los ranking del jet set decadente, conforman el resultante final de un proceso de acumulación de riqueza en pocas manos a costa de la crisis mundial y del achicamiento progresivo de la participación de las mayorías en el proceso de reparto de la producción.
Mientras la economía mundial ya ingresó en un proceso inflacionario-recesivo que impacta en la suba de los alimentos y del costo de vida de amplias capas de la sociedad mundial (sobre todo de las más vulnerables y desprotegidas) bancos, empresas trasnacionales, (sobre todo petroleras) registran balances de ganancias descomunales superiores al presupuesto y al PIB de decenas de países de la periferia juntos.
En el año 2007, 500 multimillonarios sumaban una fortuna de casi tres billones de dólares, una cifra equivalente al presupuesto anual de EEUU, la mayor potencia imperialista del planeta, y a decenas de PIB (producción del pastel) anuales de países dependientes.
Si quiere saber cuantas tajadas del pastel de la producción mundial se robaron esos multimillonarios, divida el PIB mundial por el total de población mundial, luego de comprobar cuanto le tocaría a cada poblador mundial en un reparto equitativo del PIB, réstele a la fortuna de un súper-rico de la pirámide: Lo que le sobra (al multimillonario) de la parte que en realidad le tocaba, es el producido del robo capitalista.
Si se quiere saber cuanto se roban el conjunto (los multimillonarios) hay que hacer la misma operación agregando la cantidad de súper-millonarios existentes.
La prensa internacional (del sistema), sus periodistas y comentadores, difunden estas cifras, impresionantes y fantásticas, destilando una rara mezcla entre admiración y envidia por no estar en el lugar de los rankeados, a los que consideran personas tocadas por la "varita mágica" del éxito y el prestigio social.
Pese a la crisis económica-financiera mundial y la crisis social que genera la suba de precios de los alimentos y de la energía, las riquezas personales en todo el mundo crecieron un 5 por ciento a US$ 109,5 billones, según un informe sobre "riqueza mundial publicado por Boston Consulting Group (BCG).
Para ilustrar lo que afirmábamos al principio (el macro-robo capitalista) hay que señalar que la cifra acumulada, según el informe, de US$ 109,5 billones de riqueza acumulada en manos de los "millonarios" (con las súper-fortunas en la cima) se aproxima a casi dos veces el PIB mundial (la riqueza anual producida por todos los países) que ronda en los US$ 70 billones.
Pero, para dar una mejor idea de lo que significa, en términos de comparación, esta cifra de US$ 109,5 billones, hay que puntualizar que equivale a casi dos veces y media el PIB anual de EEUU y la Unión Europea, las dos potencias económicas centrales que concentran más del 60% de la producción mundial.
Esa masa increíble de dinero acumulada por una minoría de "población rica" (regida en el vértice de la pirámide por los súper-ricos) es lo que le falta a los más de mil millones de personas que "sobreviven" con un promedio de un dólar diario, según el Banco Mundial y otras instituciones del sistema, y más de tres mil millones que no alcanza a cubrir el parámetro de necesidades básicas, medidas por alimentación, vivienda y salud.
Más que ningún análisis estructural, esa cifra acumulada muestra el irracionalismo demencial (y caníbal de su propia especie) del sistema capitalista legitimado como "sistema único" al que ya nadie cuestiona ni analiza, salvo los medios alternativos y de contrainformación que solo existimos minoritariamente en la Internet.
Según el informe de Boston Consulting Group, más bajo de la pirámide de los "súper-ricos" el 1 por ciento de los hogares poseía un 35 por ciento de la riqueza mundial el año pasado.
El 0,001 por ciento más pudiente, los hogares que tienen al menos US$ 5 millones (unos 3,45 millones de euros) en activos, acumulaban US$ 21 billones de dólares (se trata de los sectores sociales de clase media rica, que obran a modo de "colchón" entre el vértice de los "multimillonarios" y la base mayoritaria de la pirámide del sistema capitalista compuesta por los sectores pobres o de menor capacidad de consumo).
El crecimiento más rápido -según el informe- se produjo entre sectorees sociales de las regiones en desarrollo, como China y los estados del Golfo Pérsico, y entre familias que "ya eran ricas". El mayor salto en 2007 se produjo en países emergentes de Asia y Latinoamérica (China y los países exportadores de materias primas y petróleo). El informe destaca que la riqueza también se concentra cada vez más entre los más ricos (el vértice de la pirámide). El número total de "hogares millonarios" creció un 11 por ciento, a 10,7 millones el año pasado, señala el informe.
En ese sentido, la riqueza creció con mayor fuerza en Asia, la cuenca del Pacífico -excluido Japón- y Latinoamérica, con un aumento del 14 por ciento. Esta franja representa el eje del centro exportador-importador de materias primas y manufactura del "modelo económico" vigente a escala global.
Además, la mayoría de las súper-fortunas provienen de "negocios" relacionados con la finanzas, el "espectáculo", el deporte, la "cultura", las grandes producciones de Hollywood, las grandes cadenas de diarios, radio y televisión, la moda y los cantantes "fashion", y en general todo lo que "divierte y entretiene" a los televidentes y espectadores de todo el mundo, mientras las mayorías del planeta se margina cada vez más del "circuito" laboral y comercial del sistema.
Esta concentración de riqueza en pocas manos que "nadie ve", expresada brutalmente en el ranking de multimillonarios de Forbes, o en el listado de ganancias y facturación de las trasnacionales y bancos capitalistas que controlan las acciones y los índices de Wall Street y de las principales plazas financieras mundiales , está ahí, al alcance de nuestras narices.
No es la resultante de la "brecha entre ricos y pobres" como sostienen los curas y los encuestadores, sino el emergente descarnado y real de la explotación del hombre por el hombre del sistema capitalista que ha tocado niveles de impunidad nunca vistos en la historia de humanidad.
El crecimiento desmesurado de las "fortunas personales" está determinada por la concentración del capital mundial en mega-grupos o mega-compañías, comerciales, industriales y financieras con facturaciones y ganancias superiores al PBI de decenas de naciones subdesarrolladas.
Los grupos controladores del "dinero sin fronteras" de la era de la globalización (los hacedores de las "fortunas personales"), no más de 200 empresas y bancos multinacionales, dictan y condicionan la política mundial y el comportamiento de gobiernos, ejércitos, o instituciones mundiales oficiales o privadas.
Son los amos invisibles del Planeta: los que manejan a los países y a presidentes por control remoto, como si fueran títeres de última generación.
Pero, y así como los "mega-ricos" que generan se agrupan en la punta de la pirámide de concentración de riqueza, las mega-empresas que controlan el mundo se concentran en Wall Street, la catedral financiera del sistema capitalista a escala global
El "récord" del índice Dow Jones (que reparte la mas formidable tajada de rentabilidad capitalista con la especulación financiera, aún en épocas de crisis como la que vivimos) lo integran un reducido número de empresas transnacionales de dimensiones gigantescas, mayores que Estados, que controlan la producción, el comercio y las finanzas mundiales.
La hegemonía de Wall Street sobre los "mercados mundiales", significa el dominio abrumador y las superganancias de un reducido número de empresas "cotizantes" de dimensiones gigantescas, mayores que Estados, sobre la producción, el comercio y las finanzas mundiales.
Eso, y no la "natural" brecha entre ricos y pobres es lo que determina la polea de crecimiento desmesurado de la "riqueza personal" de los multimillonarios diseminados por el mapa del capitalismo "globalizado".
Las comparaciones numéricas de las cifras de riqueza concentrada en pocas manos con la pobreza y la marginación humana extendida masivamente por todo el planeta, son infinitas, y ponen al descubierto, más que ninguna imagen o palabra, la verdadera naturaleza del sistema capitalista instalado como "única civilización" posible en el mundo.
Ya no se necesitan pensadores, ni filósofos, ni científicos ni expertos en nada para "ver" en acción la obra devastadora y genocida del capitalismo: Basta con consultar el ránking Forbes, o el activo patrimonial y el ránking ganancial de las trasnacionales en cualquier medio especializado.
Los medios del sistema (adoradores confesos del "éxito" de los multimillonarios) alteran la comprensión (la relación riqueza en pocas manos= pobreza en muchas manos) publicando los porcentuales y las cifras de riqueza sin asociarlos con el impacto social devastador que generan como contrapartida.
Y eso llevó a que (por ignorancia inducida por manipulación), el sistema capitalista se haya convertido en un "orden natural" incuestionable, como Dios.
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lunes, 8 de septiembre de 2008
La pobreza en el mundo no es un desastre natural, sino fruto de la rapiña capitalista
Periódicamente, con motivo de reuniones o cumbres de organismos internacionales o países ricos, suena la voz de alarma respecto a la trágica situación de miseria de buena parte de los habitantes del planeta. El hambre, las enfermedades, los desastres ecológicos son calamidades con las que éstos han de convivir. Y esa situación, que dichos organismos y países una y otra vez se comprometen a afrontar, persiste como si fuese inevitable y, al escuchar a los líderes y a los responsables económicos mundiales, da la impresión de que hubiera surgido per se, o del mismo modo que se origina un huracán o una tromba de agua. Y no es casualidad que la retórica de aquéllos conduzca a asociarla con esos fenómenos naturales, habida cuenta de que a nadie se le le suele hacer responsable de ellos.
La brutal subida de los precios de los últimos años ha desembocado este año en el peligro de muerte por inanición de nada menos que cientos de millones de personas. Primero fueron el petróleo y los metales, y posteriormente los alimentos básicos. Los precios de productos como el trigo y el arroz se duplicaron en un año. En las explicaciones que sobre las causas de esa desmedida subida de precios ofrecen los «expertos» no acostumbran a dar datos falsos, pero sí a ocultar algunos, los más esclarecedores, y evitar que salgan a la luz responsabilidades.
La disminución de la producción de cereales en países abastecedores debido a irregularidades climáticas, el aumento del precio del petróleo y, por tanto, del transporte y, en consecuencia, de la propia mercancía o la cada vez mayor demanda de países asiáticos, especialmente China e India, son, efectivamente, causas del alza de los precios de los alimentos. Ahora bien, las grandes empresas del sector no están al margen de esa alza, toda vez que su apuesta fue encarecer los cereales y lograr que los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea subvencionasen la producción de agrocombustibles con el «noble» objetivo de garantizar el abastecimiento de energía de esos países. La consecuencia inmediata, más devastadora que el clima que limita la producción de cereales en Ucrania, fue la utilización de gran parte de productos alimenticios básicos en la industria de los agrocombustibles, con la consiguiente notable disminución de la oferta y la no menos notable subida de los precios. El propio Banco Mundial se hizo eco de esta lamentable constatación, si bien no llegó a publicar su informe, dejando constancia de sus buenos servicios, los que presta a su amo estadounidense.
Ésas son las prioridades del mundo desarrollado, capitalista, que crea multitud de asociaciones humanitarias para con su limosna justificar su inacción frente a las catástrofes humanas, que osa autodenominarse solidario mientras no tiene la más mínima voluntad de solucionar un enorme problema porque, en primer, lugar, éste le procura suculentos negocios, y cuyos gobiernos participan y subvencionan la rapiña con dinero público.
Pero hay más factores que intervienen en la subida de precios de los alimentos, igualmente relacionados con la falta de escrúpulos, como es la especulación, en este caso a costa de la única posesión, la vida, de una parte importante de la Humanidad. Especulación procedente del sector inmobiliario cuando comenzó la crisis de las hipotecas subprime. Y resulta inevitable la observación de que tanto en un sector como en el otro, en el inmobiliario como en el agrario, se especula con los derechos de las personas, derechos que se supone deberían estar garantizados, tal y como proclama la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Neoliberalismo o riqueza a costa de pobreza y muerte de muchos
Mientras, organismos como El Banco Mundial y el FMI ponen trabas al desarrollo de los países más empobrecidos, haciendo competir a pequeños productores contra multinacionales, limitando e incluso anulando la capacidad de autoabastecimiento, creándoles una dependencia absoluta de los mercados mundiales.
La pobreza, el hambre, las enfermedades de tantos y tantos seres humanos son una terrible realidad, más o menos lejana geográficamente, que de vez en cuando se cuela por la ventana del televisor o del periódico para perturbar la tranquilidad de los hogares donde la experiencia de hambre no va más allá de un ayuno ocasional por prescripción médica. Pero, en efecto, no son un desastre natural, sino algo peor, provocado, consentido y favorecido por gobiernos que consideran personas ilegales a quienes huyendo de tanta miseria cierran las puertas y crean leyes para castigar a quien tenga la osadía de intentar salvarse y salvar a los suyos.
Por supuesto que hay alternativa para evitar ese tipo de catástrofes humanitarias, y son las propias organizaciones campesinas quienes la propugnan. La soberanía alimentaria, que asegura la autosuficiencia, las evitaría, pero para ello es indispensable la producción de alimentos en sistemas de diversificación. Sin embargo, los organismos que dicen ayudar a los países empobrecidos, les imponen un sistema económico que facilita esa rapiña y sus trágicas consecuencias.
Ésa es la cara que el neoliberalismo intenta no mostrar, pero la más real.
Noticia relacionada:
Damien Millet y Eric Toussaint
Repaso de las causas de la crisis alimentaria mundial
La brutal subida de los precios de los últimos años ha desembocado este año en el peligro de muerte por inanición de nada menos que cientos de millones de personas. Primero fueron el petróleo y los metales, y posteriormente los alimentos básicos. Los precios de productos como el trigo y el arroz se duplicaron en un año. En las explicaciones que sobre las causas de esa desmedida subida de precios ofrecen los «expertos» no acostumbran a dar datos falsos, pero sí a ocultar algunos, los más esclarecedores, y evitar que salgan a la luz responsabilidades.
La disminución de la producción de cereales en países abastecedores debido a irregularidades climáticas, el aumento del precio del petróleo y, por tanto, del transporte y, en consecuencia, de la propia mercancía o la cada vez mayor demanda de países asiáticos, especialmente China e India, son, efectivamente, causas del alza de los precios de los alimentos. Ahora bien, las grandes empresas del sector no están al margen de esa alza, toda vez que su apuesta fue encarecer los cereales y lograr que los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea subvencionasen la producción de agrocombustibles con el «noble» objetivo de garantizar el abastecimiento de energía de esos países. La consecuencia inmediata, más devastadora que el clima que limita la producción de cereales en Ucrania, fue la utilización de gran parte de productos alimenticios básicos en la industria de los agrocombustibles, con la consiguiente notable disminución de la oferta y la no menos notable subida de los precios. El propio Banco Mundial se hizo eco de esta lamentable constatación, si bien no llegó a publicar su informe, dejando constancia de sus buenos servicios, los que presta a su amo estadounidense.
Ésas son las prioridades del mundo desarrollado, capitalista, que crea multitud de asociaciones humanitarias para con su limosna justificar su inacción frente a las catástrofes humanas, que osa autodenominarse solidario mientras no tiene la más mínima voluntad de solucionar un enorme problema porque, en primer, lugar, éste le procura suculentos negocios, y cuyos gobiernos participan y subvencionan la rapiña con dinero público.
Pero hay más factores que intervienen en la subida de precios de los alimentos, igualmente relacionados con la falta de escrúpulos, como es la especulación, en este caso a costa de la única posesión, la vida, de una parte importante de la Humanidad. Especulación procedente del sector inmobiliario cuando comenzó la crisis de las hipotecas subprime. Y resulta inevitable la observación de que tanto en un sector como en el otro, en el inmobiliario como en el agrario, se especula con los derechos de las personas, derechos que se supone deberían estar garantizados, tal y como proclama la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Neoliberalismo o riqueza a costa de pobreza y muerte de muchos
Mientras, organismos como El Banco Mundial y el FMI ponen trabas al desarrollo de los países más empobrecidos, haciendo competir a pequeños productores contra multinacionales, limitando e incluso anulando la capacidad de autoabastecimiento, creándoles una dependencia absoluta de los mercados mundiales.
La pobreza, el hambre, las enfermedades de tantos y tantos seres humanos son una terrible realidad, más o menos lejana geográficamente, que de vez en cuando se cuela por la ventana del televisor o del periódico para perturbar la tranquilidad de los hogares donde la experiencia de hambre no va más allá de un ayuno ocasional por prescripción médica. Pero, en efecto, no son un desastre natural, sino algo peor, provocado, consentido y favorecido por gobiernos que consideran personas ilegales a quienes huyendo de tanta miseria cierran las puertas y crean leyes para castigar a quien tenga la osadía de intentar salvarse y salvar a los suyos.
Por supuesto que hay alternativa para evitar ese tipo de catástrofes humanitarias, y son las propias organizaciones campesinas quienes la propugnan. La soberanía alimentaria, que asegura la autosuficiencia, las evitaría, pero para ello es indispensable la producción de alimentos en sistemas de diversificación. Sin embargo, los organismos que dicen ayudar a los países empobrecidos, les imponen un sistema económico que facilita esa rapiña y sus trágicas consecuencias.
Ésa es la cara que el neoliberalismo intenta no mostrar, pero la más real.
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domingo, 7 de septiembre de 2008
El desplome. Sin producción, sin ideas nuevas, ¿en qué se basa nuestra economía?
Joseph Stiglitz
Hace más de 75 años, la confianza en la economía de mercado recibió un duro golpe cuando el mundo se hundió en la Gran Depresión. Adam Smith había dicho que el mercado conduce la a la eficiencia económica y el bienestar de la sociedad, como si hubiera una suerte de mano invisible. Era difícil creer que Smith tuviera razón cuando uno de cada cuatro americanos carecía de empleo. Algunos economistas mantuvieron su fe en la autorregulación de los mercados; decían que bastaba con tener paciencia, que a largo plazo operarían las fuerzas restauradoras del mercado y nos recuperaríamos. Pero la réplica de Keynes gobierna el día a día: a largo plazo estaremos todos muertos. No podemos esperar. Actualmente incluso los conservadores creen que el Estado debe intervenir para mantener la economía en el pleno empleo o cerca de él.
Aquellos que creen en los mercados libres acaban de recibir otro duro golpe: aún no nos hemos hundido en una recesión “oficial”, pero ha pasado más de medio año desde que se creaban algunos nuevos empleos y, significativamente, nuestra fuerza de trabajo sigue creciendo. Si la Gran Depresión minó la confianza en la macroeconomía (la capacidad de mantener el pleno empleo, la estabilidad de precios y el crecimiento sostenido), la que está siendo ahora destruida es la confianza en la microeconomía (la capacidad de mercados y empresas de asignar eficientemente trabajo y capital). Los recursos estaban mal asignados y los riesgos, tan gravemente mal administrados que el sector privado tuvo que ir corriendo al Estado en busca de ayuda, no fuera cosa que desapareciera el sistema entero. Aun con intervención federal, he calculado en más de un billón y medio el desajuste acumulativo entre lo que nuestra economía podría haber producido ―hemos invertido más en negocios reales que, por decir algo, en hipotecas para la gente a que no les alcanza el dinero para una casa― y lo que produciremos durante el período de disminución.
La culpa ha recaído justamente en los mercados financieros, porque es su responsabilidad asignar capital y administrar el riesgo, y su fracaso ha reavivado varias de las viejas preocupaciones de la izquierda política (y económica). Algunos veían desde hace tiempo con preocupación que el conjunto de la economía estadounidense, cuya vinculación a la producción decrece y cuya dependencia del sector servicios (servicios financieros incluidos) crece, fuera una casa de tarjetas. Al cabo, ¿no son los productos sólidos ―los alimentos que comemos, las casas en que vivimos, los coches y aviones que usamos para desplazarnos, el gas y el petróleo que nos proporcionan calor y energía― el “corazón” de la economía? Y, si ello es así, ¿no representan la parte mayor de nuestro producto nacional?
La respuesta es simplemente no. Vivimos en una economía del conocimiento, de la información y de la innovación. Porque de nuestras ideas podemos comer todo lo que podamos ―y más de lo que deberíamos― con sólo un 2% de la mano de obra empleada en la agricultura. Aun con sólo un 9% de nuestra mano de obra en la industria, seguimos como el mayor productor de bienes industriales. Es mejor trabajar inteligentemente que duro, y nuestras inversiones en educación y tecnología nos han permitido disfrutar de mayor calidad de vida ―y más larga― que nunca antes. El dominio de Norteamérica en tan variados campos de la alta tecnología es el testimonio del rendimiento real de esos gastos en soft. En efecto, pienso que haríamos bien si tuviéramos más recursos en esos sectores.
Pero el ver que nuestro éxito reciente se basa en una casa de tarjetas tiene más que una pizca de verdad. En los últimos años, los mercados financieros han creado un casino de ricos gigante, en que jugadores potentados pueden hacer apuestas de billones de dólares contra otros. Estoy entre quienes creen que debe permitirse a los adultos gran libertad en lo que hagan, mientras no perjudiquen a otros. Pero ahí está la fricción. Esos dilapidadores no se juegan solamente su propio dinero. También se juegan el de otra gente. Ponen en riesgo todo el sistema financiero, esto es, todo el sistema económico. Y ahora todos pagamos el precio.
Los mercados financieros han sido considerados como el cerebro de la economía. Se supone que asignan capital y administran el riesgo. Cuando hacen bien su trabajo, las economías prosperan. Cuando lo hacen mal, como estamos aprendiendo de nuevo, todo el mundo sufre. Los mercados financieros son ampliamente recompensados por su trabajo ―en años recientes han recibido más del 30% de los beneficios empresariales― y mantra habitual en economía fue que esas recompensas fueran proporcionales a su beneficio social. Esto es, los brujos financieros pueden irse con una gran cantidad de dinero, pero el resto de la sociedad está en mejor posición económica porque nuestro capital genera mucha más productividad que en sociedades con mercados financieros menos desarrollados ―y menos recompensados―. Parte de las recompensas que acumulan para los mercados financieros son para promover la innovación a través de empresas de capital de riesgo y similares.
Pero no todas las innovaciones aumentan el bienestar, ni siquiera cuando aumentan los beneficios. Por ejemplo, los beneficios del tabaco pueden haber aumentado cuando la industria tabaquera ha desarrollados productos más adictivos, pero difícilmente puede decirse que haya mejorado la posición de quienes murieron como resultado de ello ni la de sus familias ni la de los contribuyentes que tuvieron que cargar con la cuenta de los costos sanitarios aumentados. Compañías alimenticias que actualmente, aprendiendo de la experiencia del mismo libro de jugadas, desarrollan productos que conducen al comer compulsivo ―con la resultante epidemia de obesidad― pueden tener beneficios crecientes, pero no los obtiene el bienestar social. Microsoft fue ingenioso en sus estrategias para apalancar el poder monopólico que tenía mediante el control sistema operativo de los PC; aumentó sus beneficios, pero mediante la aniquilación de rivales como Netscape, eso tuvo un efecto escalofriante en innovación.
La tarea de desenmarañar todo lo que iba mal en nuestro sistema financiero es una dificultad, pero, en esencia, la última innovación del sistema financiero fue inventar estructuras de honorarios a menudo lejos de la transparencia y que le permite generar beneficios enormes, recompensas privadas no proporcionales a sus beneficios sociales. Las imperfecciones informativas (resultado de la no transparencia) condujeron a imperfecciones competitivas, lo que contribuye a explicar por qué el tope de beneficio habitual que la competencia conduce a cero parecía no obtenerse. Uno debería haber sospechado que algo iba mal cuando un banco tras otro obtenía tanto dinero año tras año. Uno debería haber sospechado que algo iba mal en el sistema económico cuando millones de americanos debían miles de millones a compañías de tarjetas de crédito y bancos en “cargos por atraso”, “penalizaciones” y multiplicidad de cargos, transformando una tasa de interés anual del 20% en una usurera tasa de interés efectivo del 100% o más para quienes se rezagaban en los pagos.
Acaso los peores problemas ―como los del mercado hipotecario subprime― sucedieran cuando las no transparentes estructuras de honorarios interactuaron con los incentivos para la adopción de riesgo excesivo en que los directores financieros lograron mantener altos rendimientos un año, incluso si esos rendimientos eran más que compensaciones por pérdidas durante el siguiente. Detrás de la crisis subprime había hipotecas diseñadas para promover la refinanciación de viviendas, un esquema piramidal que generaban miles de millones de dólares en honorarios para la compañía hipotecaria mientras los precios de la vivienda siguieran aumentando. Era inevitable que la burbuja reventara. Pero, para entonces, los beneficios que se han embolsado asegurarían de por vida a esos brujos financieros o, al menos, ésa era su esperanza.
Por decirlo de otra manera, habían asignado capital y riesgo en el sector financiero de una forma que alimentó la economía, que les habría dado generosos beneficios. Pero querían más y, así, establecieron estructuras de incentivos que promovían el juego. Si jugaban y ganaban, se podían ir con una parte de los beneficios. Si jugaban y perdían, los inversores soportarían las consecuencias. Era casi como si todo el sistema financiero se hubiera convertido en un casino gigante en que el sistema estaba amañado para garantizar la marcha del juego con enormes rendimientos a expensas de los jugadores. Pero en Las Vegas y Atlantic City el juego era casi de suma cero: los beneficios de los propietarios del casino eran aproximadamente iguales a las pérdidas de los jugadores. El sistema financiero-casino, por otra parte, es un juego de suma negativa. Ésos en Wall Street han podido marcharse con miles de millones, pero esos miles de millones han quedado diminutos por los costes que hemos tenido que pagar el resto de mortales. Algunos han perdido sus hogares y ahorros ―huelga decir nada de los sueños sobre su propio futuro y el de sus hijos―. Otros son inocentes que se resistieron a las falsas promesas de los corredores hipotecarios y de las compañías de tarjetas de crédito, pero ahora, cuando la economía flaquea, se encuentran fuera de sus empleos. Y los pobres son perjudicados en medida en que los ingresos estatales caen en picado, forzando recortes en los servicios públicos.
Los males actuales en el sistema financiero de América no son un accidente aislado, uno de esos acontecimientos raros y que sólo suceden una vez cada cien años. En efecto, ha habido más de un centenar de crisis a escala mundial en los últimos 30 años. Sólo en los Estados Unidos habíamos tenido la crisis de las sociedades de ahorro y préstamo en 1989, los problemas punto com/WorldCom/Enron de los primeros años de esta década y ahora la quiebra subprime que se ha metamorfoseado en un desplome de mayor envergadura. Además de esos problemas nacionales, había problemas regionales: crisis inmobiliarias alimentadas por préstamos excesivos en Tejas y el suroeste a mediados de los ochenta y en California y Nueva Inglaterra a principios de los noventa. En cada uno de estos ejemplos, los mercados financieros fallaron en lo que supuestamente hacen: asignar capital y administrar riesgo. A finales de los noventa, por ejemplo, se asignó tanto capital a la fibra óptica que, en el momento del crack, se calcula que el 97% de ella no había visto la luz.
Brevemente, el problema de la economía estadounidense no es que tenga asignados demasiados recursos a las áreas “soft” y demasiado pocos a las “hard”. No hace falta que asignemos demasiados recursos al sector financiero y le recompensemos demasiado generosamente, a pesar de que puedan exponerse robustos argumentos a tal efecto. El problema es que se dedica demasiado poco esfuerzo a administrar los riesgos reales importantes ―posibilitar a los americanos corrientes permanecer en sus hogares frente a las vicisitudes económicas―, mientras que se fue demasiado en la creación de productos financieros que aumentan el riesgo. Se ha gastado demasiada energía intentando hacer dinero fácil; se ha dedicado demasiado esfuerzo a aumentar beneficios mientras que no se ha dedicado el suficiente para aumentar la verdadera salud, si la salud viene de la producción o de ideas nuevas. Hemos aprendido una lección dolorosa, tanto en la década de los treinta como ahora: la mano invisible a menudo parece invisible porque no existe. En el mejor de los casos, es más que una pequeña parálisis. En el peor, la persecución del propio interés ―la codicia empresarial― puede conducir al tipo de apuro a que hoy se enfrenta el país.
Joseph Stiglitz es profesor en la Universidad de Columbia, ganador del Premio Nobel de Economía en 2001 y coautor de The Three Trillion dollar War.
Hace más de 75 años, la confianza en la economía de mercado recibió un duro golpe cuando el mundo se hundió en la Gran Depresión. Adam Smith había dicho que el mercado conduce la a la eficiencia económica y el bienestar de la sociedad, como si hubiera una suerte de mano invisible. Era difícil creer que Smith tuviera razón cuando uno de cada cuatro americanos carecía de empleo. Algunos economistas mantuvieron su fe en la autorregulación de los mercados; decían que bastaba con tener paciencia, que a largo plazo operarían las fuerzas restauradoras del mercado y nos recuperaríamos. Pero la réplica de Keynes gobierna el día a día: a largo plazo estaremos todos muertos. No podemos esperar. Actualmente incluso los conservadores creen que el Estado debe intervenir para mantener la economía en el pleno empleo o cerca de él.
Aquellos que creen en los mercados libres acaban de recibir otro duro golpe: aún no nos hemos hundido en una recesión “oficial”, pero ha pasado más de medio año desde que se creaban algunos nuevos empleos y, significativamente, nuestra fuerza de trabajo sigue creciendo. Si la Gran Depresión minó la confianza en la macroeconomía (la capacidad de mantener el pleno empleo, la estabilidad de precios y el crecimiento sostenido), la que está siendo ahora destruida es la confianza en la microeconomía (la capacidad de mercados y empresas de asignar eficientemente trabajo y capital). Los recursos estaban mal asignados y los riesgos, tan gravemente mal administrados que el sector privado tuvo que ir corriendo al Estado en busca de ayuda, no fuera cosa que desapareciera el sistema entero. Aun con intervención federal, he calculado en más de un billón y medio el desajuste acumulativo entre lo que nuestra economía podría haber producido ―hemos invertido más en negocios reales que, por decir algo, en hipotecas para la gente a que no les alcanza el dinero para una casa― y lo que produciremos durante el período de disminución.
La culpa ha recaído justamente en los mercados financieros, porque es su responsabilidad asignar capital y administrar el riesgo, y su fracaso ha reavivado varias de las viejas preocupaciones de la izquierda política (y económica). Algunos veían desde hace tiempo con preocupación que el conjunto de la economía estadounidense, cuya vinculación a la producción decrece y cuya dependencia del sector servicios (servicios financieros incluidos) crece, fuera una casa de tarjetas. Al cabo, ¿no son los productos sólidos ―los alimentos que comemos, las casas en que vivimos, los coches y aviones que usamos para desplazarnos, el gas y el petróleo que nos proporcionan calor y energía― el “corazón” de la economía? Y, si ello es así, ¿no representan la parte mayor de nuestro producto nacional?
La respuesta es simplemente no. Vivimos en una economía del conocimiento, de la información y de la innovación. Porque de nuestras ideas podemos comer todo lo que podamos ―y más de lo que deberíamos― con sólo un 2% de la mano de obra empleada en la agricultura. Aun con sólo un 9% de nuestra mano de obra en la industria, seguimos como el mayor productor de bienes industriales. Es mejor trabajar inteligentemente que duro, y nuestras inversiones en educación y tecnología nos han permitido disfrutar de mayor calidad de vida ―y más larga― que nunca antes. El dominio de Norteamérica en tan variados campos de la alta tecnología es el testimonio del rendimiento real de esos gastos en soft. En efecto, pienso que haríamos bien si tuviéramos más recursos en esos sectores.
Pero el ver que nuestro éxito reciente se basa en una casa de tarjetas tiene más que una pizca de verdad. En los últimos años, los mercados financieros han creado un casino de ricos gigante, en que jugadores potentados pueden hacer apuestas de billones de dólares contra otros. Estoy entre quienes creen que debe permitirse a los adultos gran libertad en lo que hagan, mientras no perjudiquen a otros. Pero ahí está la fricción. Esos dilapidadores no se juegan solamente su propio dinero. También se juegan el de otra gente. Ponen en riesgo todo el sistema financiero, esto es, todo el sistema económico. Y ahora todos pagamos el precio.
Los mercados financieros han sido considerados como el cerebro de la economía. Se supone que asignan capital y administran el riesgo. Cuando hacen bien su trabajo, las economías prosperan. Cuando lo hacen mal, como estamos aprendiendo de nuevo, todo el mundo sufre. Los mercados financieros son ampliamente recompensados por su trabajo ―en años recientes han recibido más del 30% de los beneficios empresariales― y mantra habitual en economía fue que esas recompensas fueran proporcionales a su beneficio social. Esto es, los brujos financieros pueden irse con una gran cantidad de dinero, pero el resto de la sociedad está en mejor posición económica porque nuestro capital genera mucha más productividad que en sociedades con mercados financieros menos desarrollados ―y menos recompensados―. Parte de las recompensas que acumulan para los mercados financieros son para promover la innovación a través de empresas de capital de riesgo y similares.
Pero no todas las innovaciones aumentan el bienestar, ni siquiera cuando aumentan los beneficios. Por ejemplo, los beneficios del tabaco pueden haber aumentado cuando la industria tabaquera ha desarrollados productos más adictivos, pero difícilmente puede decirse que haya mejorado la posición de quienes murieron como resultado de ello ni la de sus familias ni la de los contribuyentes que tuvieron que cargar con la cuenta de los costos sanitarios aumentados. Compañías alimenticias que actualmente, aprendiendo de la experiencia del mismo libro de jugadas, desarrollan productos que conducen al comer compulsivo ―con la resultante epidemia de obesidad― pueden tener beneficios crecientes, pero no los obtiene el bienestar social. Microsoft fue ingenioso en sus estrategias para apalancar el poder monopólico que tenía mediante el control sistema operativo de los PC; aumentó sus beneficios, pero mediante la aniquilación de rivales como Netscape, eso tuvo un efecto escalofriante en innovación.
La tarea de desenmarañar todo lo que iba mal en nuestro sistema financiero es una dificultad, pero, en esencia, la última innovación del sistema financiero fue inventar estructuras de honorarios a menudo lejos de la transparencia y que le permite generar beneficios enormes, recompensas privadas no proporcionales a sus beneficios sociales. Las imperfecciones informativas (resultado de la no transparencia) condujeron a imperfecciones competitivas, lo que contribuye a explicar por qué el tope de beneficio habitual que la competencia conduce a cero parecía no obtenerse. Uno debería haber sospechado que algo iba mal cuando un banco tras otro obtenía tanto dinero año tras año. Uno debería haber sospechado que algo iba mal en el sistema económico cuando millones de americanos debían miles de millones a compañías de tarjetas de crédito y bancos en “cargos por atraso”, “penalizaciones” y multiplicidad de cargos, transformando una tasa de interés anual del 20% en una usurera tasa de interés efectivo del 100% o más para quienes se rezagaban en los pagos.
Acaso los peores problemas ―como los del mercado hipotecario subprime― sucedieran cuando las no transparentes estructuras de honorarios interactuaron con los incentivos para la adopción de riesgo excesivo en que los directores financieros lograron mantener altos rendimientos un año, incluso si esos rendimientos eran más que compensaciones por pérdidas durante el siguiente. Detrás de la crisis subprime había hipotecas diseñadas para promover la refinanciación de viviendas, un esquema piramidal que generaban miles de millones de dólares en honorarios para la compañía hipotecaria mientras los precios de la vivienda siguieran aumentando. Era inevitable que la burbuja reventara. Pero, para entonces, los beneficios que se han embolsado asegurarían de por vida a esos brujos financieros o, al menos, ésa era su esperanza.
Por decirlo de otra manera, habían asignado capital y riesgo en el sector financiero de una forma que alimentó la economía, que les habría dado generosos beneficios. Pero querían más y, así, establecieron estructuras de incentivos que promovían el juego. Si jugaban y ganaban, se podían ir con una parte de los beneficios. Si jugaban y perdían, los inversores soportarían las consecuencias. Era casi como si todo el sistema financiero se hubiera convertido en un casino gigante en que el sistema estaba amañado para garantizar la marcha del juego con enormes rendimientos a expensas de los jugadores. Pero en Las Vegas y Atlantic City el juego era casi de suma cero: los beneficios de los propietarios del casino eran aproximadamente iguales a las pérdidas de los jugadores. El sistema financiero-casino, por otra parte, es un juego de suma negativa. Ésos en Wall Street han podido marcharse con miles de millones, pero esos miles de millones han quedado diminutos por los costes que hemos tenido que pagar el resto de mortales. Algunos han perdido sus hogares y ahorros ―huelga decir nada de los sueños sobre su propio futuro y el de sus hijos―. Otros son inocentes que se resistieron a las falsas promesas de los corredores hipotecarios y de las compañías de tarjetas de crédito, pero ahora, cuando la economía flaquea, se encuentran fuera de sus empleos. Y los pobres son perjudicados en medida en que los ingresos estatales caen en picado, forzando recortes en los servicios públicos.
Los males actuales en el sistema financiero de América no son un accidente aislado, uno de esos acontecimientos raros y que sólo suceden una vez cada cien años. En efecto, ha habido más de un centenar de crisis a escala mundial en los últimos 30 años. Sólo en los Estados Unidos habíamos tenido la crisis de las sociedades de ahorro y préstamo en 1989, los problemas punto com/WorldCom/Enron de los primeros años de esta década y ahora la quiebra subprime que se ha metamorfoseado en un desplome de mayor envergadura. Además de esos problemas nacionales, había problemas regionales: crisis inmobiliarias alimentadas por préstamos excesivos en Tejas y el suroeste a mediados de los ochenta y en California y Nueva Inglaterra a principios de los noventa. En cada uno de estos ejemplos, los mercados financieros fallaron en lo que supuestamente hacen: asignar capital y administrar riesgo. A finales de los noventa, por ejemplo, se asignó tanto capital a la fibra óptica que, en el momento del crack, se calcula que el 97% de ella no había visto la luz.
Brevemente, el problema de la economía estadounidense no es que tenga asignados demasiados recursos a las áreas “soft” y demasiado pocos a las “hard”. No hace falta que asignemos demasiados recursos al sector financiero y le recompensemos demasiado generosamente, a pesar de que puedan exponerse robustos argumentos a tal efecto. El problema es que se dedica demasiado poco esfuerzo a administrar los riesgos reales importantes ―posibilitar a los americanos corrientes permanecer en sus hogares frente a las vicisitudes económicas―, mientras que se fue demasiado en la creación de productos financieros que aumentan el riesgo. Se ha gastado demasiada energía intentando hacer dinero fácil; se ha dedicado demasiado esfuerzo a aumentar beneficios mientras que no se ha dedicado el suficiente para aumentar la verdadera salud, si la salud viene de la producción o de ideas nuevas. Hemos aprendido una lección dolorosa, tanto en la década de los treinta como ahora: la mano invisible a menudo parece invisible porque no existe. En el mejor de los casos, es más que una pequeña parálisis. En el peor, la persecución del propio interés ―la codicia empresarial― puede conducir al tipo de apuro a que hoy se enfrenta el país.
Joseph Stiglitz es profesor en la Universidad de Columbia, ganador del Premio Nobel de Economía en 2001 y coautor de The Three Trillion dollar War.
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viernes, 5 de septiembre de 2008
Un año después de la publicación de La doctrina del shock
Naomi Klein
Hace exactamente un año, salí a una gira promocional para mi libro La doctrina del shock. Planeábamos que duraría tres meses, bastante tiempo según los estándares editoriales. Doce meses después, todavía continúa. Pero no es una gira promocional cualquiera. Por todas partes donde he ido –de Calgary, Alberta a Cochabamba, Bolivia– he escuchado más historias sobre como han utilizado las estrategias del shock para imponer políticas indeseables favorables a las corporaciones. También he participado en estimulantes debates y discusiones sobre como las crisis actuales – petróleo, alimentos, mercados financieros, mal tiempo – puede ser transformadas en oportunidades para el cambio progresista.
Y ha habido otro tipo de reacciones. La doctrina del shock es un ataque directo contra intelectuales e instituciones que han diseminado la ideología corporativa por el mundo. Al escribir el libro, estaba segura de que sería atacada. Sin embargo, durante ocho meses después de la publicación, hubo un silencio escalofriante de los ideólogos del “libre mercado.” Claro que aparecieron unas pocas reseñas desdeñosas en la prensa económica. Pero ni una palabra de los think-tanks de Washington que menciono en el libro. Nada del departamento de economía de la Universidad de Chicago. Incluso la revista The Economist, que solía atacarme jubilosamente y con gran regularidad, nunca mencionó el libro impreso. Una productora de televisión estadounidense, que estaba tratando de encontrar un oponente para que debatiera conmigo en vivo, me confesó que nunca había sido rechazada con tanta consecuencia. “Parecen pensar que si la ignoran, usted desaparecerá.”
Bueno, el silencio de la derecha ha sido ciertamente roto. En los últimos meses, han aparecido varios artículos e informes que pretenden desacreditar mi tesis. Los más destacados son: un “documento introductorio” publicado por The Cato Institute, ampliado a todo un libro en sueco (¡), y un largo ensayo en The New Republic por el editor sénior Jonathan Chait.
Varios lectores han escrito a este sitio pidiéndome que responda a esos ataques, aunque sea para ayudarles a defender mejor el libro. Primero me resistí (aferrada a mis vacaciones de verano...) pero aprecio los comentarios y varios puntos tienen que ser corregidos. Ya que los informes de Cato y de The New Republic – aunque pretenden provenir de puntos radicalmente diferentes en el espectro político – comparten algunas pronunciadas similitudes, he decidido encararlos en conjunto.
Perdonen, pero Milton Friedman apoyó la guerra
Tanto Jonathan Chait como The Cato Institute afirman que el difunto economista Milton Friedman fue un inquebrantable oponente a la invasión de Iraq. El trabajo de Cato dice sobre mi persona que: “Ella afirma que Friedman fue ‘neoconservador’ y por lo tanto estaba a favor de una política exterior agresiva de EE.UU., y argumenta que Iraq fue invadido para que pudieran implementarse políticos al estilo Chicago en ese país... pero en ninguna parte menciona los verdaderos puntos de vista de Friedman sobre la guerra. El propio Friedman dijo: “Me opuse desde el principio a que se fuera a Iraq. Pienso que fue un error, por el simple motivo de que no creo que EE.UU. debiera estar involucrado en una agresión.’ Y no fue sólo una guerra a la que se opuso. En 1995, describió su posición sobre política exterior como ‘anti-intervencionista.’”
De la misma manera, Chait me acusa de no conocer la diferencia entre libertarios y neoconservadores y me reprende por no mencionar ninguna vez –“ni una vez, en ninguna parte”– que Friedman “argumentó desde el comienzo contra la guerra de Iraq.” Al parecer la posición contra la guerra de Friedman debería ser “mórbidamente embarazosa” para mi persona.
No soy yo la que debe sentirse embarazada. A pesar de protestas posteriores, Milton Friedman apoyó abiertamente la guerra cuando estaba ocurriendo. En abril de 2003, Friedman dijo a la revista alemana Focus que “el presidente Bush sólo quería la guerra porque cualquier otra cosa habría amenazado la libertad y la prosperidad de EE.UU.” Al preguntársele sobre el aumento de las tensiones entre EE.UU. y Europa, Friedman respondió: “el fin justifica los medios. En cuanto nos hayamos librado de Sadam, las diferencias políticas también desaparecerán.” Claramente no fue una voz contraria a la intervención. Incluso en julio de 2006, cuando Friedman afirmó que se opuso a la guerra desde el comienzo, siguió siendo belicista. Ahora, con EE.UU. en Iraq, dijo Friedman a The Wall Street Journal, “me parece muy importante que lo convirtamos en un éxito.”
Sin embargo, nada de esto tiene nada que ver con mi libro. En “La doctrina del shock,” describo la invasión y la ocupación de Iraq como la culminación de la cruzada ideológica de Friedman, porque fue el principal intelectual de EE.UU. favorable a la privatización del Estado – no porque haya apoyado personalmente la guerra, lo que es irrelevante. Durante más de cinco años Iraq ha sido la vanguardia de este proyecto radical de privatización. Contratistas privados superan ahora la cantidad de soldados de EE.UU. y las corporaciones se han hecho cargo de funciones estatales tan cruciales como el interrogatorio de prisioneros.
Además, nunca dije que Friedman fuera “neoconservador” y discuto, extensivamente, lo difícil que es encontrar términos para describir el proyecto corporativo que sean aceptables para todos los lectores. En la página 17 (en todos los números de página me refiero a la edición en rústica de Picador [en inglés]) escribo:
En el intento de relatar la historia de la cruzada ideológica que ha culminado en la privatización radical de la guerra y del desastre, recurre un problema: la ideología cambia de forma, cambia permanentemente su nombre y permuta identidades. Friedman se calificó de ‘liberal,’ pero sus seguidores en EE.UU., que asociaban a los liberales con altos impuestos y hippies, tendieron a identificarse como ‘conservadores,’ ‘economistas clásicos,’ ‘partidarios del libre mercado’ y, más tarde, como creyentes en ‘reaganomía’ o ‘partidarios del laissez-faire.’ En la mayor parte del mundo, su ortodoxia es conocida como ‘neoliberalismo,’ pero a menudo es llamada ‘libre comercio’ o simplemente ‘globalización.’ Sólo desde mediados de los años noventa, el movimiento intelectual, dirigido por think-tanks derechistas con los que Friedman mantuvo largas asociaciones - Heritage Foundation, Cato Institute y el American Enterprise Institute – se llamó ‘neoconservador’, una visión del mundo que ha aprovechado toda la fuerza de la maquinaria militar de EE.UU. al servicio de una agenda corporativa.”
La importancia de que la etiqueta “neoconservadora” ganara vigencia a mediados de los años noventa es que entonces fue cuando los republicanos, bajo la dirección de Newt Gingrich y respaldados por los think-tanks que ya mencioné, barrieron con el Congreso prometiendo un “Contrato con EE.UU.” En ese momento, la etiqueta de “neoconservadores” no fue una referencia sobre todo para posiciones belicistas de política exterior sino para aquellas medidas económicas duras. A mediados de los años noventa, mucha de la gente más asociada actualmente con la etiqueta neoconservadora – David Frum y William Kristol y gran parte de los del Weekly Standard – se concentraban directamente en la exigencia de recortes y privatizaciones friedmanitas dentro de EE.UU. Frum, por ejemplo, se dio a conocer por primera vez en EE.UU. con “Dead Right,” su libro de 1994 en el que exhortaba al movimiento conservador a volver a sus raíces económicas de libre mercado. Después de que Bill Clinton abrazara gran parte de esa agenda económica, varios de los principales guerreros neoconservadores concentraron su enfoque en la dominación estadounidense de la escena mundial, un hecho que ha permitido que sus entusiastas intereses por las ideas económicas friedmanitas pasaran en gran parte desapercibidos.
Ignora el contenido, ataca al autor
Tanto el ensayo de Chait como el documento de Cato se caracterizan por una negativa obstinada a hacer frente a la evidencia citada en mi libro. Por ejemplo, Chait rechaza sin más mi sugerencia de que hubo intereses económicas detrás de la intervención de la OTAN en 1999 en Kosovo (aunque admite a regañadientes que nunca afirmo que la economía haya sido el único motivo). Escribo que hubo otros factores que motivaron la guerra, aparte de las flagrantes violaciones de los derechos humanos de Slobodan Milosevic. Baso esta información en el análisis posterior a la guerra suministrado por Strobe Talbott, Secretario Adjunto de Estado bajo el presidente Bill Clinton de EE.UU. y negociador jefe de EE.UU. durante la guerra de Kosovo. En un ensayo de 2005 (citado en la página 415), Talbot escribió:
“Mientras las naciones en toda la región trataban de reformar sus economías, mitigar las tensiones étnicas, y ampliar la sociedad civil, Belgrado parecía deleitarse en moverse continuamente en la dirección contraria. No es de extrañar que la OTAN y Yugoslavia hayan terminado en una confrontación. Fue la resistencia de Yugoslavia a las tendencias más amplias de la reforma política y económica – no el sufrimiento de los albanos kosovares – lo que explica mejor la guerra de la OTAN.”
En lugar de explicar cómo las palabras de un responsable estadounidense a alta nivel podían coincidir tan claramente con mi argumento, Chait prefiere ignorar por completo la cita de Talbott. Una y otra vez, deja a los lectores de The New Republic con la clara impresión de que “La doctrina del shock” es una obra de periodismo de opinión, en lugar de ser una tesis basada en la investigación y la información.
Cuando Chait y el Cato Institute reconocen que me baso en hechos, me acusan de manipularlos para ajustarlos a mi tesis. Es interesante ver que cuando Chait cita por primera vez mi trabajo, hace precisamente eso. Para explicar a sus lectores el tipo de extremista del que se ocupa, cita mi primer libro: “No Logo.” En él, supuestamente describo al mundo como un “Estado fascista en el que todos saludamos el logo y tenemos poca oportunidad para críticas porque nuestros periódicos, estaciones de televisión, servidores de Internet, calles y espacios comerciales, son todos controlados por intereses corporativos multinacionales.” Si hubiera dejado que la cita continuara sólo durante una frase más, sus lectores habrían sabido que paso a rechazar esa visión del mundo como una caricatura exagerada. Las frases siguientes dicen: “hay buen motivo para alarmarse. Pero una palabra de advertencia: podremos lograr ver un mundo-no-tan-feliz en el horizonte, pero eso no significa que ya estemos viviendo en la pesadilla de Huxley... En lugar de una fórmula hermética, [la censura corporativa] es una tendencia constante... pero repleta de excepciones.”
Es sólo la primera de innumerables ocasiones en las que Chait deforma mis palabras para ajustarlas a su tesis. Cuando fracasa la manipulación, simplemente toma mis temas y los presenta como suyos, sin atribuirlos. (Sé perfectamente, por ejemplo, que tanto marxistas como keynesianos han explotado crisis y desastres, motivo por el cual exploro el oportunismo de izquierda en las páginas 21-25, 65-70, 283, 316-317.)
Agarrándose a clavos ardiendo
El documento de Cato reconoce, a veces, que mi libro contiene hechos, pero me culpa de no suministrar fuentes para mis estadísticas. Es una acusación atrevida cuando se trata de un libro con 74 páginas de notas al final. El único ejemplo mencionado es la estadística “de que entre un 25% y un 60% de la población está descartada y se convierte en una clase inferior en países que liberalizan sus economías.” No coloqué una fuente para esta estadística porque es una amalgama de estadísticas que ya había citado y para las cuales ya había suministrado múltiples fuentes. Es una práctica normal: una vez que una estadística ha sido mencionada, puede ser repetida (por razones de brevedad) sin repetir la fuente. De modo que éstas son las estadísticas en la que se basa la amalgama de entre 25 y 60%, con sus fuentes, directamente de las notas finales de “La doctrina del shock”:
* El desempleo en Bolivia era entre un 25 y un 30% en 1987 (página 186. Fuente: Mike Reid, “Sitting Out the Bolivian Miracle,” Guardian (Londres), 9 de mayo de 1987.)
* 25% de los rusos vivían en una pobreza desesperada en 1996 (página 300. Fuente: Russian Economic Trends 5, no. 1 (1996): 56–57 citada en Bertram Silverman y Murray Yanowitch, New Rich, New Poor, New Russia: Winners and Losers on the Russian Road to Capitalism (Armonk, NY: M.E. Sharpe, 2000), 47.)
* El desempleo de sudafricanos negros se más que duplicó de un 23% en 1991 a un 48% en 2002 (página 272. Fuentes: “South Africa: The Statistics,” Le Monde Diplomatique, septiembre de 2006; Michael Wines y Sharon LaFraniere, “Decade of Democracy Fills Gaps in South Africa,” New York Times, 26 de abril de 2004.)
* El desempleo en Polonia fue de un 25% en algunas áreas en 1993 (página 241. Fuente: Mark Kramer, “Polish Workers and the Post-Communist Transition, 1989–93,” Europe-Asia Studies, junio de 1995)
* Un 40% de los trabajadores jóvenes estaban desempleados en Polonia en 2006
40% of young workers were unemployed in Poland in 2006 (página 241. Fuente: Andrew Curry, “The Case Against Poland’s New President,” New Republic, 17 de noviembre de 2005)
* Un 59% de los polacos había caído bajo la línea de pobreza en 2003 (páginas 241-242. Fuente: Przemyslaw Wielgosz, “25 Years of Solidarity,” agosto de 2005.)
En otro sitio, el documento de Cato afirma que: “Klein nunca suministra al lector algún dato [sobre Chile] durante un período más largo. Ella... nunca admite que Chile es la historia de éxito social y económico de Latinoamérica y que ha eliminado virtualmente la pobreza extrema.” De hecho, mi análisis económico de Chile cubre un trecho de 34 años y suministra hechos y datos que cuestionan directamente la afirmación de que el país sea una historia de éxito del libre mercado. El siguiente es un pasaje relevante (páginas 104-105):
“Lo único que protegió a Chile del colapso económico total a comienzos de los años ochenta fue que Pinochet nunca había privatizado a Codelco, la compañía minera del cobre estatal nacionalizada por Allende. Esa compañía por sí sola generó un 85% de los ingresos de exportación de Chile, lo que significó que cuando se reventó la burbuja financiera, el Estado todavía tenía una fuente continua de fondos... Al llegar 1988, cuando la economía se había estabilizado y crecía rápidamente, un 45% de la población había caído por debajo de la línea de pobreza. El 10% más rico de los chilenos, sin embargo, había visto un aumento de sus ingresos en un 83%. Incluso en 2007, Chile siguió siendo una de las sociedades más desiguales del mundo – de 123 países en los que Naciones Unidos rastrea la desigualdad, Chile estuvo en el lugar 116, convirtiéndolo en el octavo país por su desigualdad en la lista.”
Una masacre de hombres de paja
La mayor parte de los ataques contra “La doctrina del shock” involucra el amaño de afirmaciones, atribuyéndolas falsamente a mi persona, luego poniéndolas hábilmente por los suelos. Por ejemplo, Jonathan Chait abrevia mi punto sobre las posesiones de Donald Rumsfeld en el Complejo del Capitalismo del Desastre como sigue: “Donald Rumsfeld mantuvo sus acciones en Gilead Sciences, que tiene la patente para Tamiflu, incluso cuando actuó como secretario de defensa. ¿Comprendéis? Rumsfeld se beneficiaría de una pandemia de gripe. Pero seguramente no hay que ser admirador de Rumsfeld para dudar de que organizaría el estallido de un virus letal a fin de engordar su cartera bursátil.”
En realidad, esa es la intriga de la cinta “V for Vendetta” [“V de Vendetta” o “V de Venganza”]; no tiene absolutamente nada que ver con mi libro. Lo que yo menciono es cómo el Pentágono bajo la dirección de Rumsfeld, almacenó Tamiflu y Rumsfeld se habrá beneficiado al aumentar el valor de las acciones en un 807%. En las páginas 394-395 escribo:
“Durante los seis años en los que estuvo en el puesto, Rumsfeld tuvo que abandonar la sala cada vez que la discusión trataba la posibilidad del tratamiento de la gripe aviaria y de la compra de drogas relacionadas. Según la letra que delineaba el arreglo que le permitió conservar sus acciones, tenía que quedarse afuera de decisiones que ‘pudieran afectar directa y previsiblemente a Gilead.’ Sus colegas, sin embargo, velaron bien por sus intereses. En julio de 2005, el Pentágono compró Tamiflu por 58 millones de dólares, y el Departamento de Salud y Servicios Humanos anunció que compraría la droga por un monto de 1.000 millones de dólares unos pocos meses más.”
Hay muchos hombres de paja más que aparecen en el documento de The Cato Institute. La mayoría involucran la exageración del papel que atribuyo a Milton Friedman. Y no es de extrañar. Aparte del departamento de economía de la Universidad de Chicago, Cato es la institución más íntimamente alineada y asociada con las teorías radicales de Milton Friedman. Entre otros tributos, cada dos años, Cato otorga el Premio Milton Friedman para el Avance de la Libertad, con un valor de medio millón de dólares. (Este año fue destinado a un activista estudiantil venezolano de 23 años para impulsar su oposición al gobierno de Hugo Chávez). Como Friedman sigue sirviendo como santo patrono de Cato, tiene mucho que perder con la disminución de la reputación de Friedman, así como un interés directo en su exoneración de todos los crímenes, reales o imaginarios.
Unos pocos ejemplos más: El documento de Cato afirma que echo toda la culpa por las políticas económicas de Pinochet a Milton Friedman – luego “prueba” que su participación directa fue mínima. Una vez más, no hago una afirmación semejante. Dedico considerable espacio – aproximadamente 60 páginas – a describir el impacto de un programa del Departamento de Estado de EE.UU. que llevó a más de cien estudiantes chilenos a la Universidad de Chicago como parte de un esfuerzo deliberado por exportar ideas económicas de libre mercado a Chile. Es el programa que engendró a los infames “Chicago Boys” de Chile, varios de los cuales estuvieron activamente involucrados en la planificación del programa económico de la dictadura chilena, incluso antes de que tuviera lugar el golpe de 1973. Sorprendentemente, el documento de Cato no hace absolutamente ninguna mención de este programa académico en su esfuerzo por exonerar personalmente a Friedman. El autor no vio 60 páginas de mi libro, o prefirió ignorarlas deliberadamente.
El mayor desafío en la respuesta al documento de Cato es la medida de su deshonestidad. Consideremos este pasaje:
“Klein también culpa a Friedman y las ciencias económicas de Chicago por las actividades del Fondo Monetario Internacional durante la crisis financiera asiática y la confiscación por el gobierno de Sri Lanka de la tierra de familias de pescadores para construir hoteles de lujo después del tsunami. Pero el hecho es que Friedman pensó que el FMI no debía estar involucrado en Asia, y sostuvo que se debía prohibir a los gobiernos que expropiaran propiedades para entregarlas a urbanizadores privados. Por cierto, Klein podría argumentar que Friedman fue en cierto modo una fuente de inspiración para esas políticas, a pesar de que se oponía a ellas. Pero no lo hace. Pretende que estuvo de acuerdo con ellas, y que eso es lo que él y otros economistas de Chicago quisieron todo el tiempo.”
Absolutamente todo en este pasaje es erróneo. Nunca dije que Friedman favoreció el rescate del FMI en Asia, todo lo contrario. En las páginas 335-336, informo que: “El propio Milton Friedman, que ya tenía alrededor de ochenta años, hizo una rara aparición en CNN para decir al presentador de noticias Lou Dobbs que se oponía a toda clase de rescate y que debía dejarse que el mercado se corrigiera por sí solo.” ¿De qué manera podía esto constituir una “pretensión” de que Friedman apoyaba el rescate?
También reconozco libremente el hecho de que Friedman se opuso por principio al FMI. Sin embargo, como en el caso del gobierno de Pinochet en los años setenta, también documento que el FMI, en los días del rescate, estaba repleto de Chicago Boys ideológicos – algo bien diferente de afirmar que el FMI recibía órdenes de Friedman. En la página 202, encaro directamente esta aparente contradicción:
“Filosóficamente, Milton Friedman no creía en el FMI o el Banco Mundial: eran ejemplos clásicos de la interferencia del gran gobierno en las delicadas señales del libre mercado. De modo que fue algo irónico que haya habido una cinta transportadora virtual que entregaba Chicago Boys a las gigantescas centrales de ambas instituciones en la Calle 19 en Washington D.C. donde ocuparon muchos de los puestos superiores.”
“La doctrina del shock” tiene sitio para este tipo de complejidad porque no es – a pesar de lo que afirma Cato – un libro sobre las acciones de un hombre. Trata de una multifacética tendencia ideológica que durante medio siglo ha servido con éxito los más poderosos intereses corporativos en la sociedad.
Además, nunca escribí, como afirma Cato en el mismo pasaje, que Friedman haya tenido nada que ver con “la confiscación por el gobierno de Sri Lanka de tierras de las familias de pescadores para construir hoteles de lujo después del tsunami.” Su nombre no aparece ni una sola vez en mi capítulo de 25 páginas sobre el tsunami. Una vez más, escribir que “pretendo” que Friedman propugne esas políticas es puro amaño. Además, todas esas invenciones e imposturas aparecen en un solo párrafo. El documento introductorio de Cato tiene 20 páginas y está formado por docenas y docenas de párrafos igualmente deshonestos. Someter a todos a este tipo de refutación requiere simplemente demasiado tiempo; mi refutación total es el libro en sí.
Buscad la fuente
Gracias a un fantástico equipo de investigadores, especialmente mi increíble asistente de investigación Debra Levy, “La doctrina del shock” ha resistido un año de intenso examen por los medios en docenas de países. No salió ileso, pero ha emergido en aún mejor forma de la que me atrevía a esperar. Cuando se descubren errores, los corregimos de inmediato en futuras ediciones y colocamos una corrección y una explicación en el sitio en la Red del libro. Hasta ahora se ha descubierto sólo un error importante, relacionado con los beneficios ganados por las acciones de Halliburton de Dick Cheney. Fue inmediatamente corregido. Los lectores de “La doctrina del shock” saben que ése no es más que uno de numerosos ejemplos que confirman el mismo hecho sobre los conflictos de interés en el gobierno de Bush; por cierto, dedico todo un capítulo al tópico. Y éste es el beneficio de una metodología que se basa no en anécdotas, sino en miles de hechos y cifras obtenidos de fuentes: las tesis no se basan o caen por uno u otro ejemplo aislado.
En cuanto a la acusación de mis críticos de que soy selectiva en mi uso de citas, es un peligro que corre todo escritor. Es también el motivo por el cual Debra y yo lanzamos la sección de “recursos” del sitio en la Red del libro. En esa página, los lectores pueden tener acceso a docenas de informes, cartas y estudios originales que componen parte del material de investigación crucial para el libro. Si alguien se preocupa de que esté exagerando el apoyo de Friedman al brutal régimen de Augusto Pinochet, que lea una carta que Friedman escribió a este último. Si alguien sospecha que esté presentando al capitalismo del desastre como más conspirativo de lo que es, que lea las actas de una reunión que tuvo lugar en la Heritage Foundation sólo dos semanas antes de que los diques se rompieran en Nueva Orleans. Presentan 32 “soluciones de libre mercado” para el Huracán Katrina y los altos precios del petróleo, muchas de las cuales han sido propugnadas por el gobierno de Bush.
La tesis de “La doctrina del shock” no nació por capricho sino de cuatro años de investigación. Debra y yo pusimos esos documentos en línea porque queremos que educadores, estudiantes y lectores en general vayan más allá de una versión reconocidamente subjetiva de la historia – como todas las historias – y vayan directamente a la fuente. Os invitamos a explorar esos documentos, que nos enviéis los que hemos olvidado, y que lleguéis a vuestras propias conclusiones.
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
http://www.naomiklein.org/articles/2008/09/response-attacks
Un excelente corto sobre “La doctrina del shock” de Jonás y Alfonso Cuarón, presentado en el Festival de Venecia 2007 y en el Festival de San Sebastián 2007, puede ser visto http://www.paidos.com/klein.asp
Enlace a texto en Rebelión
Hace exactamente un año, salí a una gira promocional para mi libro La doctrina del shock. Planeábamos que duraría tres meses, bastante tiempo según los estándares editoriales. Doce meses después, todavía continúa. Pero no es una gira promocional cualquiera. Por todas partes donde he ido –de Calgary, Alberta a Cochabamba, Bolivia– he escuchado más historias sobre como han utilizado las estrategias del shock para imponer políticas indeseables favorables a las corporaciones. También he participado en estimulantes debates y discusiones sobre como las crisis actuales – petróleo, alimentos, mercados financieros, mal tiempo – puede ser transformadas en oportunidades para el cambio progresista.
Y ha habido otro tipo de reacciones. La doctrina del shock es un ataque directo contra intelectuales e instituciones que han diseminado la ideología corporativa por el mundo. Al escribir el libro, estaba segura de que sería atacada. Sin embargo, durante ocho meses después de la publicación, hubo un silencio escalofriante de los ideólogos del “libre mercado.” Claro que aparecieron unas pocas reseñas desdeñosas en la prensa económica. Pero ni una palabra de los think-tanks de Washington que menciono en el libro. Nada del departamento de economía de la Universidad de Chicago. Incluso la revista The Economist, que solía atacarme jubilosamente y con gran regularidad, nunca mencionó el libro impreso. Una productora de televisión estadounidense, que estaba tratando de encontrar un oponente para que debatiera conmigo en vivo, me confesó que nunca había sido rechazada con tanta consecuencia. “Parecen pensar que si la ignoran, usted desaparecerá.”
Bueno, el silencio de la derecha ha sido ciertamente roto. En los últimos meses, han aparecido varios artículos e informes que pretenden desacreditar mi tesis. Los más destacados son: un “documento introductorio” publicado por The Cato Institute, ampliado a todo un libro en sueco (¡), y un largo ensayo en The New Republic por el editor sénior Jonathan Chait.
Varios lectores han escrito a este sitio pidiéndome que responda a esos ataques, aunque sea para ayudarles a defender mejor el libro. Primero me resistí (aferrada a mis vacaciones de verano...) pero aprecio los comentarios y varios puntos tienen que ser corregidos. Ya que los informes de Cato y de The New Republic – aunque pretenden provenir de puntos radicalmente diferentes en el espectro político – comparten algunas pronunciadas similitudes, he decidido encararlos en conjunto.
Perdonen, pero Milton Friedman apoyó la guerra
Tanto Jonathan Chait como The Cato Institute afirman que el difunto economista Milton Friedman fue un inquebrantable oponente a la invasión de Iraq. El trabajo de Cato dice sobre mi persona que: “Ella afirma que Friedman fue ‘neoconservador’ y por lo tanto estaba a favor de una política exterior agresiva de EE.UU., y argumenta que Iraq fue invadido para que pudieran implementarse políticos al estilo Chicago en ese país... pero en ninguna parte menciona los verdaderos puntos de vista de Friedman sobre la guerra. El propio Friedman dijo: “Me opuse desde el principio a que se fuera a Iraq. Pienso que fue un error, por el simple motivo de que no creo que EE.UU. debiera estar involucrado en una agresión.’ Y no fue sólo una guerra a la que se opuso. En 1995, describió su posición sobre política exterior como ‘anti-intervencionista.’”
De la misma manera, Chait me acusa de no conocer la diferencia entre libertarios y neoconservadores y me reprende por no mencionar ninguna vez –“ni una vez, en ninguna parte”– que Friedman “argumentó desde el comienzo contra la guerra de Iraq.” Al parecer la posición contra la guerra de Friedman debería ser “mórbidamente embarazosa” para mi persona.
No soy yo la que debe sentirse embarazada. A pesar de protestas posteriores, Milton Friedman apoyó abiertamente la guerra cuando estaba ocurriendo. En abril de 2003, Friedman dijo a la revista alemana Focus que “el presidente Bush sólo quería la guerra porque cualquier otra cosa habría amenazado la libertad y la prosperidad de EE.UU.” Al preguntársele sobre el aumento de las tensiones entre EE.UU. y Europa, Friedman respondió: “el fin justifica los medios. En cuanto nos hayamos librado de Sadam, las diferencias políticas también desaparecerán.” Claramente no fue una voz contraria a la intervención. Incluso en julio de 2006, cuando Friedman afirmó que se opuso a la guerra desde el comienzo, siguió siendo belicista. Ahora, con EE.UU. en Iraq, dijo Friedman a The Wall Street Journal, “me parece muy importante que lo convirtamos en un éxito.”
Sin embargo, nada de esto tiene nada que ver con mi libro. En “La doctrina del shock,” describo la invasión y la ocupación de Iraq como la culminación de la cruzada ideológica de Friedman, porque fue el principal intelectual de EE.UU. favorable a la privatización del Estado – no porque haya apoyado personalmente la guerra, lo que es irrelevante. Durante más de cinco años Iraq ha sido la vanguardia de este proyecto radical de privatización. Contratistas privados superan ahora la cantidad de soldados de EE.UU. y las corporaciones se han hecho cargo de funciones estatales tan cruciales como el interrogatorio de prisioneros.
Además, nunca dije que Friedman fuera “neoconservador” y discuto, extensivamente, lo difícil que es encontrar términos para describir el proyecto corporativo que sean aceptables para todos los lectores. En la página 17 (en todos los números de página me refiero a la edición en rústica de Picador [en inglés]) escribo:
En el intento de relatar la historia de la cruzada ideológica que ha culminado en la privatización radical de la guerra y del desastre, recurre un problema: la ideología cambia de forma, cambia permanentemente su nombre y permuta identidades. Friedman se calificó de ‘liberal,’ pero sus seguidores en EE.UU., que asociaban a los liberales con altos impuestos y hippies, tendieron a identificarse como ‘conservadores,’ ‘economistas clásicos,’ ‘partidarios del libre mercado’ y, más tarde, como creyentes en ‘reaganomía’ o ‘partidarios del laissez-faire.’ En la mayor parte del mundo, su ortodoxia es conocida como ‘neoliberalismo,’ pero a menudo es llamada ‘libre comercio’ o simplemente ‘globalización.’ Sólo desde mediados de los años noventa, el movimiento intelectual, dirigido por think-tanks derechistas con los que Friedman mantuvo largas asociaciones - Heritage Foundation, Cato Institute y el American Enterprise Institute – se llamó ‘neoconservador’, una visión del mundo que ha aprovechado toda la fuerza de la maquinaria militar de EE.UU. al servicio de una agenda corporativa.”
La importancia de que la etiqueta “neoconservadora” ganara vigencia a mediados de los años noventa es que entonces fue cuando los republicanos, bajo la dirección de Newt Gingrich y respaldados por los think-tanks que ya mencioné, barrieron con el Congreso prometiendo un “Contrato con EE.UU.” En ese momento, la etiqueta de “neoconservadores” no fue una referencia sobre todo para posiciones belicistas de política exterior sino para aquellas medidas económicas duras. A mediados de los años noventa, mucha de la gente más asociada actualmente con la etiqueta neoconservadora – David Frum y William Kristol y gran parte de los del Weekly Standard – se concentraban directamente en la exigencia de recortes y privatizaciones friedmanitas dentro de EE.UU. Frum, por ejemplo, se dio a conocer por primera vez en EE.UU. con “Dead Right,” su libro de 1994 en el que exhortaba al movimiento conservador a volver a sus raíces económicas de libre mercado. Después de que Bill Clinton abrazara gran parte de esa agenda económica, varios de los principales guerreros neoconservadores concentraron su enfoque en la dominación estadounidense de la escena mundial, un hecho que ha permitido que sus entusiastas intereses por las ideas económicas friedmanitas pasaran en gran parte desapercibidos.
Ignora el contenido, ataca al autor
Tanto el ensayo de Chait como el documento de Cato se caracterizan por una negativa obstinada a hacer frente a la evidencia citada en mi libro. Por ejemplo, Chait rechaza sin más mi sugerencia de que hubo intereses económicas detrás de la intervención de la OTAN en 1999 en Kosovo (aunque admite a regañadientes que nunca afirmo que la economía haya sido el único motivo). Escribo que hubo otros factores que motivaron la guerra, aparte de las flagrantes violaciones de los derechos humanos de Slobodan Milosevic. Baso esta información en el análisis posterior a la guerra suministrado por Strobe Talbott, Secretario Adjunto de Estado bajo el presidente Bill Clinton de EE.UU. y negociador jefe de EE.UU. durante la guerra de Kosovo. En un ensayo de 2005 (citado en la página 415), Talbot escribió:
“Mientras las naciones en toda la región trataban de reformar sus economías, mitigar las tensiones étnicas, y ampliar la sociedad civil, Belgrado parecía deleitarse en moverse continuamente en la dirección contraria. No es de extrañar que la OTAN y Yugoslavia hayan terminado en una confrontación. Fue la resistencia de Yugoslavia a las tendencias más amplias de la reforma política y económica – no el sufrimiento de los albanos kosovares – lo que explica mejor la guerra de la OTAN.”
En lugar de explicar cómo las palabras de un responsable estadounidense a alta nivel podían coincidir tan claramente con mi argumento, Chait prefiere ignorar por completo la cita de Talbott. Una y otra vez, deja a los lectores de The New Republic con la clara impresión de que “La doctrina del shock” es una obra de periodismo de opinión, en lugar de ser una tesis basada en la investigación y la información.
Cuando Chait y el Cato Institute reconocen que me baso en hechos, me acusan de manipularlos para ajustarlos a mi tesis. Es interesante ver que cuando Chait cita por primera vez mi trabajo, hace precisamente eso. Para explicar a sus lectores el tipo de extremista del que se ocupa, cita mi primer libro: “No Logo.” En él, supuestamente describo al mundo como un “Estado fascista en el que todos saludamos el logo y tenemos poca oportunidad para críticas porque nuestros periódicos, estaciones de televisión, servidores de Internet, calles y espacios comerciales, son todos controlados por intereses corporativos multinacionales.” Si hubiera dejado que la cita continuara sólo durante una frase más, sus lectores habrían sabido que paso a rechazar esa visión del mundo como una caricatura exagerada. Las frases siguientes dicen: “hay buen motivo para alarmarse. Pero una palabra de advertencia: podremos lograr ver un mundo-no-tan-feliz en el horizonte, pero eso no significa que ya estemos viviendo en la pesadilla de Huxley... En lugar de una fórmula hermética, [la censura corporativa] es una tendencia constante... pero repleta de excepciones.”
Es sólo la primera de innumerables ocasiones en las que Chait deforma mis palabras para ajustarlas a su tesis. Cuando fracasa la manipulación, simplemente toma mis temas y los presenta como suyos, sin atribuirlos. (Sé perfectamente, por ejemplo, que tanto marxistas como keynesianos han explotado crisis y desastres, motivo por el cual exploro el oportunismo de izquierda en las páginas 21-25, 65-70, 283, 316-317.)
Agarrándose a clavos ardiendo
El documento de Cato reconoce, a veces, que mi libro contiene hechos, pero me culpa de no suministrar fuentes para mis estadísticas. Es una acusación atrevida cuando se trata de un libro con 74 páginas de notas al final. El único ejemplo mencionado es la estadística “de que entre un 25% y un 60% de la población está descartada y se convierte en una clase inferior en países que liberalizan sus economías.” No coloqué una fuente para esta estadística porque es una amalgama de estadísticas que ya había citado y para las cuales ya había suministrado múltiples fuentes. Es una práctica normal: una vez que una estadística ha sido mencionada, puede ser repetida (por razones de brevedad) sin repetir la fuente. De modo que éstas son las estadísticas en la que se basa la amalgama de entre 25 y 60%, con sus fuentes, directamente de las notas finales de “La doctrina del shock”:
* El desempleo en Bolivia era entre un 25 y un 30% en 1987 (página 186. Fuente: Mike Reid, “Sitting Out the Bolivian Miracle,” Guardian (Londres), 9 de mayo de 1987.)
* 25% de los rusos vivían en una pobreza desesperada en 1996 (página 300. Fuente: Russian Economic Trends 5, no. 1 (1996): 56–57 citada en Bertram Silverman y Murray Yanowitch, New Rich, New Poor, New Russia: Winners and Losers on the Russian Road to Capitalism (Armonk, NY: M.E. Sharpe, 2000), 47.)
* El desempleo de sudafricanos negros se más que duplicó de un 23% en 1991 a un 48% en 2002 (página 272. Fuentes: “South Africa: The Statistics,” Le Monde Diplomatique, septiembre de 2006; Michael Wines y Sharon LaFraniere, “Decade of Democracy Fills Gaps in South Africa,” New York Times, 26 de abril de 2004.)
* El desempleo en Polonia fue de un 25% en algunas áreas en 1993 (página 241. Fuente: Mark Kramer, “Polish Workers and the Post-Communist Transition, 1989–93,” Europe-Asia Studies, junio de 1995)
* Un 40% de los trabajadores jóvenes estaban desempleados en Polonia en 2006
40% of young workers were unemployed in Poland in 2006 (página 241. Fuente: Andrew Curry, “The Case Against Poland’s New President,” New Republic, 17 de noviembre de 2005)
* Un 59% de los polacos había caído bajo la línea de pobreza en 2003 (páginas 241-242. Fuente: Przemyslaw Wielgosz, “25 Years of Solidarity,” agosto de 2005.)
En otro sitio, el documento de Cato afirma que: “Klein nunca suministra al lector algún dato [sobre Chile] durante un período más largo. Ella... nunca admite que Chile es la historia de éxito social y económico de Latinoamérica y que ha eliminado virtualmente la pobreza extrema.” De hecho, mi análisis económico de Chile cubre un trecho de 34 años y suministra hechos y datos que cuestionan directamente la afirmación de que el país sea una historia de éxito del libre mercado. El siguiente es un pasaje relevante (páginas 104-105):
“Lo único que protegió a Chile del colapso económico total a comienzos de los años ochenta fue que Pinochet nunca había privatizado a Codelco, la compañía minera del cobre estatal nacionalizada por Allende. Esa compañía por sí sola generó un 85% de los ingresos de exportación de Chile, lo que significó que cuando se reventó la burbuja financiera, el Estado todavía tenía una fuente continua de fondos... Al llegar 1988, cuando la economía se había estabilizado y crecía rápidamente, un 45% de la población había caído por debajo de la línea de pobreza. El 10% más rico de los chilenos, sin embargo, había visto un aumento de sus ingresos en un 83%. Incluso en 2007, Chile siguió siendo una de las sociedades más desiguales del mundo – de 123 países en los que Naciones Unidos rastrea la desigualdad, Chile estuvo en el lugar 116, convirtiéndolo en el octavo país por su desigualdad en la lista.”
Una masacre de hombres de paja
La mayor parte de los ataques contra “La doctrina del shock” involucra el amaño de afirmaciones, atribuyéndolas falsamente a mi persona, luego poniéndolas hábilmente por los suelos. Por ejemplo, Jonathan Chait abrevia mi punto sobre las posesiones de Donald Rumsfeld en el Complejo del Capitalismo del Desastre como sigue: “Donald Rumsfeld mantuvo sus acciones en Gilead Sciences, que tiene la patente para Tamiflu, incluso cuando actuó como secretario de defensa. ¿Comprendéis? Rumsfeld se beneficiaría de una pandemia de gripe. Pero seguramente no hay que ser admirador de Rumsfeld para dudar de que organizaría el estallido de un virus letal a fin de engordar su cartera bursátil.”
En realidad, esa es la intriga de la cinta “V for Vendetta” [“V de Vendetta” o “V de Venganza”]; no tiene absolutamente nada que ver con mi libro. Lo que yo menciono es cómo el Pentágono bajo la dirección de Rumsfeld, almacenó Tamiflu y Rumsfeld se habrá beneficiado al aumentar el valor de las acciones en un 807%. En las páginas 394-395 escribo:
“Durante los seis años en los que estuvo en el puesto, Rumsfeld tuvo que abandonar la sala cada vez que la discusión trataba la posibilidad del tratamiento de la gripe aviaria y de la compra de drogas relacionadas. Según la letra que delineaba el arreglo que le permitió conservar sus acciones, tenía que quedarse afuera de decisiones que ‘pudieran afectar directa y previsiblemente a Gilead.’ Sus colegas, sin embargo, velaron bien por sus intereses. En julio de 2005, el Pentágono compró Tamiflu por 58 millones de dólares, y el Departamento de Salud y Servicios Humanos anunció que compraría la droga por un monto de 1.000 millones de dólares unos pocos meses más.”
Hay muchos hombres de paja más que aparecen en el documento de The Cato Institute. La mayoría involucran la exageración del papel que atribuyo a Milton Friedman. Y no es de extrañar. Aparte del departamento de economía de la Universidad de Chicago, Cato es la institución más íntimamente alineada y asociada con las teorías radicales de Milton Friedman. Entre otros tributos, cada dos años, Cato otorga el Premio Milton Friedman para el Avance de la Libertad, con un valor de medio millón de dólares. (Este año fue destinado a un activista estudiantil venezolano de 23 años para impulsar su oposición al gobierno de Hugo Chávez). Como Friedman sigue sirviendo como santo patrono de Cato, tiene mucho que perder con la disminución de la reputación de Friedman, así como un interés directo en su exoneración de todos los crímenes, reales o imaginarios.
Unos pocos ejemplos más: El documento de Cato afirma que echo toda la culpa por las políticas económicas de Pinochet a Milton Friedman – luego “prueba” que su participación directa fue mínima. Una vez más, no hago una afirmación semejante. Dedico considerable espacio – aproximadamente 60 páginas – a describir el impacto de un programa del Departamento de Estado de EE.UU. que llevó a más de cien estudiantes chilenos a la Universidad de Chicago como parte de un esfuerzo deliberado por exportar ideas económicas de libre mercado a Chile. Es el programa que engendró a los infames “Chicago Boys” de Chile, varios de los cuales estuvieron activamente involucrados en la planificación del programa económico de la dictadura chilena, incluso antes de que tuviera lugar el golpe de 1973. Sorprendentemente, el documento de Cato no hace absolutamente ninguna mención de este programa académico en su esfuerzo por exonerar personalmente a Friedman. El autor no vio 60 páginas de mi libro, o prefirió ignorarlas deliberadamente.
El mayor desafío en la respuesta al documento de Cato es la medida de su deshonestidad. Consideremos este pasaje:
“Klein también culpa a Friedman y las ciencias económicas de Chicago por las actividades del Fondo Monetario Internacional durante la crisis financiera asiática y la confiscación por el gobierno de Sri Lanka de la tierra de familias de pescadores para construir hoteles de lujo después del tsunami. Pero el hecho es que Friedman pensó que el FMI no debía estar involucrado en Asia, y sostuvo que se debía prohibir a los gobiernos que expropiaran propiedades para entregarlas a urbanizadores privados. Por cierto, Klein podría argumentar que Friedman fue en cierto modo una fuente de inspiración para esas políticas, a pesar de que se oponía a ellas. Pero no lo hace. Pretende que estuvo de acuerdo con ellas, y que eso es lo que él y otros economistas de Chicago quisieron todo el tiempo.”
Absolutamente todo en este pasaje es erróneo. Nunca dije que Friedman favoreció el rescate del FMI en Asia, todo lo contrario. En las páginas 335-336, informo que: “El propio Milton Friedman, que ya tenía alrededor de ochenta años, hizo una rara aparición en CNN para decir al presentador de noticias Lou Dobbs que se oponía a toda clase de rescate y que debía dejarse que el mercado se corrigiera por sí solo.” ¿De qué manera podía esto constituir una “pretensión” de que Friedman apoyaba el rescate?
También reconozco libremente el hecho de que Friedman se opuso por principio al FMI. Sin embargo, como en el caso del gobierno de Pinochet en los años setenta, también documento que el FMI, en los días del rescate, estaba repleto de Chicago Boys ideológicos – algo bien diferente de afirmar que el FMI recibía órdenes de Friedman. En la página 202, encaro directamente esta aparente contradicción:
“Filosóficamente, Milton Friedman no creía en el FMI o el Banco Mundial: eran ejemplos clásicos de la interferencia del gran gobierno en las delicadas señales del libre mercado. De modo que fue algo irónico que haya habido una cinta transportadora virtual que entregaba Chicago Boys a las gigantescas centrales de ambas instituciones en la Calle 19 en Washington D.C. donde ocuparon muchos de los puestos superiores.”
“La doctrina del shock” tiene sitio para este tipo de complejidad porque no es – a pesar de lo que afirma Cato – un libro sobre las acciones de un hombre. Trata de una multifacética tendencia ideológica que durante medio siglo ha servido con éxito los más poderosos intereses corporativos en la sociedad.
Además, nunca escribí, como afirma Cato en el mismo pasaje, que Friedman haya tenido nada que ver con “la confiscación por el gobierno de Sri Lanka de tierras de las familias de pescadores para construir hoteles de lujo después del tsunami.” Su nombre no aparece ni una sola vez en mi capítulo de 25 páginas sobre el tsunami. Una vez más, escribir que “pretendo” que Friedman propugne esas políticas es puro amaño. Además, todas esas invenciones e imposturas aparecen en un solo párrafo. El documento introductorio de Cato tiene 20 páginas y está formado por docenas y docenas de párrafos igualmente deshonestos. Someter a todos a este tipo de refutación requiere simplemente demasiado tiempo; mi refutación total es el libro en sí.
Buscad la fuente
Gracias a un fantástico equipo de investigadores, especialmente mi increíble asistente de investigación Debra Levy, “La doctrina del shock” ha resistido un año de intenso examen por los medios en docenas de países. No salió ileso, pero ha emergido en aún mejor forma de la que me atrevía a esperar. Cuando se descubren errores, los corregimos de inmediato en futuras ediciones y colocamos una corrección y una explicación en el sitio en la Red del libro. Hasta ahora se ha descubierto sólo un error importante, relacionado con los beneficios ganados por las acciones de Halliburton de Dick Cheney. Fue inmediatamente corregido. Los lectores de “La doctrina del shock” saben que ése no es más que uno de numerosos ejemplos que confirman el mismo hecho sobre los conflictos de interés en el gobierno de Bush; por cierto, dedico todo un capítulo al tópico. Y éste es el beneficio de una metodología que se basa no en anécdotas, sino en miles de hechos y cifras obtenidos de fuentes: las tesis no se basan o caen por uno u otro ejemplo aislado.
En cuanto a la acusación de mis críticos de que soy selectiva en mi uso de citas, es un peligro que corre todo escritor. Es también el motivo por el cual Debra y yo lanzamos la sección de “recursos” del sitio en la Red del libro. En esa página, los lectores pueden tener acceso a docenas de informes, cartas y estudios originales que componen parte del material de investigación crucial para el libro. Si alguien se preocupa de que esté exagerando el apoyo de Friedman al brutal régimen de Augusto Pinochet, que lea una carta que Friedman escribió a este último. Si alguien sospecha que esté presentando al capitalismo del desastre como más conspirativo de lo que es, que lea las actas de una reunión que tuvo lugar en la Heritage Foundation sólo dos semanas antes de que los diques se rompieran en Nueva Orleans. Presentan 32 “soluciones de libre mercado” para el Huracán Katrina y los altos precios del petróleo, muchas de las cuales han sido propugnadas por el gobierno de Bush.
La tesis de “La doctrina del shock” no nació por capricho sino de cuatro años de investigación. Debra y yo pusimos esos documentos en línea porque queremos que educadores, estudiantes y lectores en general vayan más allá de una versión reconocidamente subjetiva de la historia – como todas las historias – y vayan directamente a la fuente. Os invitamos a explorar esos documentos, que nos enviéis los que hemos olvidado, y que lleguéis a vuestras propias conclusiones.
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
http://www.naomiklein.org/articles/2008/09/response-attacks
Un excelente corto sobre “La doctrina del shock” de Jonás y Alfonso Cuarón, presentado en el Festival de Venecia 2007 y en el Festival de San Sebastián 2007, puede ser visto http://www.paidos.com/klein.asp
Enlace a texto en Rebelión
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La nacionalización del cobre durante el Gobierno de Allende y la desnacionalización actual
Orlando Caputo Leiva
1. Los recursos del cobre han sido utilizados para resolver parcialmente los conflictos y movimientos sociales en los últimos años. Sin esos recursos, la explosión y crisis social sería profunda. Esto demuestra la importancia de la nacionalización del cobre realizada por Salvador Allende. Sin embargo, a pesar de la importancia para Chile, jamás se menciona por parte de las autoridades de gobierno, de los dirigentes políticos y en los medios de comunicación que estos recursos están disponibles hoy gracias a la nacionalización del cobre.
2. La importancia actual se relaciona con la historia, ya que la nacionalización del cobre fue la medida más importante desde el punto de vista político, social y económico en el siglo pasado y por eso también constituyó la principal realización del gobierno del Presidente Salvador Allende y de la Unidad Popular.
3. El cobre chileno es tan importante para Chile que el Presidente Eduardo Frei Montalva lo denominó ‘La Viga Maestra’ y Salvador Allende el ‘Sueldo de Chile’. El cobre era, es y seguirá siendo la principal riqueza básica del país. Chile tiene solo el 0,5 % del territorio mundial, sin embargo, en Chile se localiza el 35% de las reservas mundiales de cobre. Ha sido la principal exportación chilena en gran parte del siglo pasado y ahora representa más del 60% de las exportaciones totales.
4. Chile actualmente produce el 36% de la producción mundial de cobre. La OPEP, -constituida por 11 de los principales países productores de petróleo- produce alrededor del 35% de la producción de petróleo. Arabia Saudita, principal productor de la OPEP produce en torno al 10% del petróleo a nivel mundial.
5. Tan importante es el cobre para Chile que las exportaciones chilenas de cobre son superiores a las exportaciones de petróleo de México y equivalen a más del 70% de las exportaciones de petróleo de Venezuela en 2006.
6. Allende le asignaba al cobre una importancia trascendente para Chile y su pueblo, de allí que la nacionalización del cobre estuvo en los cuatro programas de las candidaturas de Salvador Allende a la Presidencia de la República. En efecto, ya estuvo presente en su candidatura de 1952. Un año antes, se había presentado en el Senado el primer proyecto de nacionalización del cobre por los senadores Salvador Ocampo y Elías Lafferte.
7. En el gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970), se desarrollaron dos iniciativas orientadas a aumentar el control nacional sobre la principal riqueza del país: la “chilenización del cobre” y la “nacionalización pactada”. La primera debía durar 20 años, fracasó y a los cuatro años debió ser sustituida por la “nacionalización pactada” que sufrió igual suerte. Las empresas norteamericanas –Kennecott y Anaconda, que controlaban El Teniente, la primera, y la otra Chuquicamata, Salvador y Exótica, elevaron en forma significativa sus utilidades, Anaconda elevó sus utilidades casi en un 100%. Sin embargo, el aporte al Estado fue bastante menor al esperado. Esto se debió a que las empresas norteamericanas tenían a su cargo la administración de las minas y la explotación de los minerales. Además, controlaban las ventas.
8. Radomiro Tomic uno de los líderes de la DC reconoció el fracaso de estas fórmulas, e incorporó al programa de su candidatura presidencial de 1970, la nacionalización del cobre. Denunció que las compañías norteamericanas conscientes de que se avecinaba la nacionalización “se dedicaron a florear las minas”, es decir, a explotar selectivamente los minerales de alta pureza para obtener el máximo de utilidades en el escaso período de tiempo que les quedaba. Dejaron sin remover 20 millones de toneladas de material estéril lo cual recargó injustamente los costos post nacionalización, limitaron las inversiones al mínimo y las realizaron mediante préstamos de la banca norteamericana, de los cuales debió hacerse cargo finalmente el Estado chileno.
9. Según Allende, con la recuperación del cobre, Chile alcanzaría la independencia económica del país, superando la dependencia externa e interna por la propiedad extranjera en el principal recurso básico del país. Sólo con la independencia económica se puede lograr el ejercicio pleno de su Soberanía. La riqueza del cobre debía cimentar la nueva sociedad que se quería construir. No era posible, además, que siguiera una expoliación que duraba décadas: Allende denunció en su discurso de Naciones Unidas en diciembre de 1972: “con una inversión inicial de unos 30 millones de dólares, en 42 años las compañías habían retornado más de 4 mil millones de dólares de ganancias”.
10. Poco después del 4 de noviembre de 1970 –el primer día de su gobierno-, el presidente de la República designó representantes del nuevo gobierno en Codelco y en los directorios de las sociedades mixtas. Su misión fue la de controlar la marcha de las empresas de la Gran Minería del Cobre, evitar sabotajes, garantizar la estabilidad a los técnicos extranjeros y, sobre todo, conocer la real situación de los minerales. Había serios problemas en los planes de expansión y la explotación normal de los yacimientos corría peligro.
11. En diciembre de 1970, el Presidente de la República envió el proyecto de nacionalización del cobre al Congreso. El Ministro de Minería era Orlando Cantuarias, el Sub Secretario de Minería, Hernán Soto. Ellos junto al Vicepresidente de Codelco, Max Nolff, y al abnegado y versado trabajo del abogado Eduardo Novoa Monreal, prepararon el proyecto y participaron activamente en el trámite parlamentario.
12. El Mensaje de Salvador Allende, que acompañó al Proyecto de Nacionalización del Cobre, señala que por tratarse de la principal riqueza básica del país y porque la nacionalización del cobre daba paso a la ‘Segunda Independencia Nacional’, la Nacionalización del Cobre debería estar consagrada no en una simple ley, sino que en la Constitución Chilena o Carta Magna. Textualmente en el Mensaje se dice, entre otros aspectos, lo siguiente:
“Al presentar al Congreso Nacional esta reforma constitucional, estamos afirmando que no estamos dispuestos a tolerar más esta situación y que de ahora en adelante en nuestra propia Carta Fundamental, quedará establecida nuestra decisión de que las riquezas chilenas sean de los chilenos y para los chilenos, que basados en ella construirán una nueva vida y una nueva sociedad. Sabemos que todos los pueblos libres del mundo nos acompañarán en esta tarea”
Enfatizando y acentuando lo anterior, Allende agrega:
“No podrá escapar a la percepción de los señores parlamentarios las circunstancias de que sólo por muy justificados motivos debe haber optado el Gobierno por recurrir a la vía de la Reforma Constitucional para lograr la nacionalización del cobre. Efectivamente, poderosas razones de orden político y jurídico convencieron a la Unidad Popular de que esa era la vía necesaria y conveniente.
En primer lugar, la importancia que para la existencia libre, independiente y soberana del país tiene esta nacionalización, exige que ella sea solemnizada con la adopción de una decisión al más alto nivel jurídico concebible, aquel nivel en que es el propio soberano, el pueblo, actuando como Poder Constituyente, quien expresa su voluntad. Así, queremos enfatizar, poner de relieve, en los planos nacional e internacional, que tenemos clara conciencia de lo que la nacionalización significa, y sí el nacimiento de la independencia política está marcada por una Carta Fundamental, creemos indispensable que el nacimiento de Chile a la independencia económica sea también registrado en la Constitución”.
13 . Salvador Allende tuvo presente la Resolución de Naciones Unidas 1.803 (XVII): Soberanía Permanente sobre los Recursos Naturales (14 de diciembre de 1962).
Que entre otras resoluciones destacamos:
“El derecho de los pueblos y de las naciones, a la soberanía permanente sobre sus riquezas y recursos naturales debe ejercerse en interés del desarrollo nacional y del bienestar del pueblo del respectivo Estado”.
“La violación de los derechos soberanos de los pueblos y naciones sobre sus riquezas y recursos naturales es contraria al espíritu y a los principios de la cooperación internacional y a la perseveración de la paz.”
14 El11 de julio de 1971 se aprobó la reforma constitucional sobre la ‘Nacionalización del Cobre’ propuesta por Salvador Allende, por la unanimidad de los Diputados y Senadores reunidos en el Congreso Nacional en Pleno. El Presidente Salvador Allende, ese día en su Discurso al país declaró lo siguiente:
“ Hoy es el día de la dignidad nacional y de la solidaridad. Es el día de la dignidad, porque Chile rompe con el pasado; se yergue con fe de futuro y empieza el camino definitivo de su independencia económica, que significa su plena independencia política .
Por eso, nada más significativo el que haya escogido para hablarle a la patria como Presidente de ella, Rancagua, la Plaza de los Héroes. Aquí se sienten el ayer y el pasado, el heroísmo de los que lucharon y sacrificaron sus vidas para darnos sentido y contenido de pueblo. Aquí esta presente la imagen de O'Higgins y aquí podemos decirle al padre de la patria que somos sus legítimos herederos, y que fue el pueblo el que ganó esta batalla de la independencia y la dignidad nacional”
“ Es el día de la solidaridad, porque Chile ha sido castigado por la fuerza de la naturaleza. Hace poco, temporales, lluvias implacables, el frío y el peso de la nieve golpearon las casas, las industrias; destruyeron parte de las instalaciones, de los trabajos agrícolas. Y ahora hace pocas horas, minutos, por así decirlo, tres provincias: Valparaíso, Aconcagua, en el departamento de Petorca y Coquimbo, en Illapel, han sido sacudidas violentamente por un sismo que ha significado dolor, miseria y sufrimiento para cientos y miles de nuestros compatriotas. En este día, que debía haber sido de plena alegría, el pesar y la congoja viven sus horas largas en los hogares de miles y miles de chilenos”
“ Es por eso que este día, que es el día de la dignidad, tiene que ser el día de la solidaridad, y aquellas provincias y aquellos hombres y mujeres de Chile que fueron azotados por el viento, por la lluvia y por la nieve, tendrán que tener coraje como el resto de nuestros compañeros, como el resto de los ciudadanos, para levantarse y estar junto a las provincias azotadas por el terremoto. Así, Chile demostrará su entereza y la voluntad del pueblo”.
“Destaco lo extraordinario de este acto. Cómo se ha reunido el pueblo de Rancagua, cómo están aquí campesinos, empleados, profesionales, técnicos, mujeres y jóvenes. Cómo diviso desde esta tribuna los cascos de los mineros que traen, en la palabra de sus dirigentes, el compromiso ante la historia y su conciencia de ser ejemplares trabajadores para hacer producir más al cobre y entregarlo al servicio de la patria”.
15. Cinco días más tarde, fue publicada la nacionalización del cobre en el Diario Oficial y el Estado tomó inmediatamente el control total de los yacimientos y empresas nacionalizadas, nombrando a profesionales chilenos de la mismas empresas en los más altos cargos en los departamentos de las empresas: minas, concentrador, fundición, refinería, y diferentes profesionales y trabajadores de las mismas empresas en los directorios de ellas.
16. Comenzó una labor titánica. Se trataba de elevar la producción superando los escollos derivados de los incumplimientos de los planes de expansión, del “floreo” de las minas y del éxodo de los técnicos extranjeros, estimulados por las compañías norteamericanas. Dos informes técnicos –uno de Sofremines, una empresa francesa de alto nivel y otro de técnicos soviéticos confirmaron las denuncias: la situación de los minerales era preocupante, y era urgente adoptar medidas de emergencia. Así se hizo.
17. Las administraciones extranjeras promovían una amplia división y segmentación en el trabajo y en la vida en los campamentos entre los ejecutivos, los supervisores y los trabajadores. El entusiasmo que generaba la nacionalización del cobre permitió crear un nuevo clima sustentado en una creciente armonía entre ejecutivos, técnicos y trabajadores. Sin embargo, como toda transformación que involucra conductas humanas, no estuvo exenta de dificultades y desconfianzas. Poco a poco, se fueron superando y paulatinamente se implementaron mecanismos de participación de los trabajadores en la elaboración de los planes de producción con sorprendente éxito en Andina, Salvador y Chuquicamata. La motivación y el entusiasmo era tal que se organizaron trabajos voluntarios en las diferentes divisiones con participación de los trabajadores y de la comunidad.
18. El cobre produjo más que antes de la nacionalización. Al cumplirse un año de la misma, el gerente general de Chuquicamata, David Silberman, respondió en El Mercurio a críticas afirmando que los aumentos de producción eran insuficientes: “Se ha sostenido además que estas cifras (las de producción) deberían haber sido superiores porque se habrían efectuado grandes inversiones en los planes de expansión. Efectivamente, estos planes existieron y el país aun los está adeudando. Pero las cifras en que se habían señalado como sus metas no corresponden a la realidad física técnica. Hay evidencias de muchas fuentes externas y de los propios ingenieros de la empresa que señalan que las instalaciones para tratar el mineral sulfurado no son capaces de dar más que el promedio mensual normal obtenido en 1971, lo que está muy lejos de la meta anunciado hace años y justamente ahora estamos efectuando inversiones adicionales para el mejoramiento y expansión de estas nuevas instalaciones”.
Silberman añadía detalles técnicos y se extendía en el tema de las relaciones con los trabajadores en las cuales reconocía la existencia de retrasos y en la participación de los técnicos, cuya edad promedio era de 31 años. Terminaba orgullosamente afirmando lo siguiente: “La conclusión es una sola: cifras más, cifras menos, problemas más, problemas menos, los chilenos se la han podido. La nacionalización es un éxito, pese a quien pese”.
16. Las cifras muestran el aumento sostenido de la producción en la Gran Minería en esos años.
PRODUCCION DE COBRE
(Miles de toneladas métricas)
Año Producción total Gran Minería Pequeña y Mediana
1968 657 519 138
1969 688 540 148
1970 692 541 151
1971 708 571 137
1972 717 593 124
1973 735 615 120
Fuente: Codelco. Citado por Banco Mundial “Chile an Economy in Transition” Washington DC. USA, January 1980.
19. Se incentivó la investigación científica y tecnológica, en muchos aspectos, incluyendo ciencia básica y aplicada, en la institución estatal, Centro de Investigaciones Mineras y Metalúrgicas (CIMM). El CIMM apoyó la investigación en diversas universidades, e incluso, de profesionales militares. Se establecieron programas de apoyo para la producción en Chile de múltiples productos que se usan en la minería. Se establecieron convenios de abastecimiento de la Gran Minería con industriales y empresarios chilenos. En las diferentes Divisiones de las empresas nacionalizadas se iniciaron nuevos proyectos de ampliación.
20. Las condiciones en la vida cotidiana y en el trabajo en los campamentos mineros son difíciles e inhóspitos. Por lo anterior, la orientación del gobierno de Allende a las empresas fue la elaboración con participación de los trabajadores y de las comunidades desarrollar actividades culturales y de recreación. Al mismo tiempo que ampliar las actividades de educación, de atención de salud y de mejoraron las condiciones medioambientales.
21. Entretanto, la nacionalización siguió su curso mediante la determinación de las indemnizaciones que correspondió hacer al Contralor General de la República. Una vez determinada, correspondía al Presidente de la República ordenar deducir de las mismas las utilidades percibidas por las compañías más allá de las consideradas normales.
Todo esto de acuerdo a la norma constitucional aprobada por la unanimidad del Congreso. Como las utilidades excesivas eran muy elevadas, las deducciones fueron, por lo tanto, fortísimas. Kennecott y Anaconda no recibirían retribución del Estado de Chile. Sí, la recibiría en cambio, Cerro Corporation, dueña de Andina, la que estaba comenzando su etapa de producción.
Tanto la indemnización como las deducciones fueron apeladas por las compañías norteamericanas y por el Estado, ante el Tribunal Especial del Cobre integrado por un ministro de la Corte Suprema, un ministro del Tribunal Constitucional, y un ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, el Presidente del Banco Central y el Director del Servicio de Impuestos Internos. El Tribunal Especial del Cobre falló en contra de las compañías, por cuatro votos contra uno.
21. La preocupación por el cobre era prioritaria para Allende. En La Moneda se realizaron reuniones de evaluación de la nacionalización del cobre con los ejecutivos de Codelco y de las empresas con la presencia del propio Presidente y coordinadas por su asesor económico Jorge Arrate, quien posteriormente asumió la Vice Presidencia de Codelco como sucesor de Max Nolff.
22. Más allá del camino judicial en Chile, las compañías emplearon otras armas. En complicidad con el gobierno del presidente Richard Nixon, Estados Unidos estableció el tema del cobre y la nacionalización como el obstáculo principal que impedía relaciones normales con Chile. Presionó a fondo. Provocó una disminución del precio del cobre en el mercado internacional. Hubo un bloqueo de hecho a la exportación de repuestos e insumos para la Minería chilena. Se cumplía la amenaza del embajador Korry que antes de que Allende fuera Presidente advertía que “ni un tornillo ni tuerca” llegaría a Chile si se nacionalizaba el cobre en condiciones no satisfactorias para las compañías. Los préstamos a Chile cayeron en picada casi hasta interrumpirse por completo. Las compañías recurrieron a los tribunales europeos para embargar el cobre producido por las empresas nacionalizadas que se exportara a países de Europa occidental. Sus demandas fueron rechazadas. A pesar del boicot en esos años la producción aumentó
23. Con el Golpe Militar la represión en las diferentes divisiones fue muy drástica. La Caravana de la Muerte concentró su atención en Potrerillos, en El Salvador y en Chuquicamata, asesinando a decenas de trabajadores y ejecutivos de las empresas. Mineras. Entre otros, asesinaron al Presidente de la División El Salvador, el ingeniero Ricardo García, quien era muy admirado por el propio Presidente Allende; al joven dirigente sindical de esta División, Benito Tapia. En Chuquicamata, asesinaron al Presidente de la empresa, el ingeniero David Silberman, quien por su gran capacidad había sido trasladado desde su puesto de alto ejecutivo de ENAMI a Chuquicamata la principal empresa nacionalizada del cobre. En Chuqui asesinaron al ingeniero Haroldo Cabrera; al abogado y periodista Carlos Berger.
24. En 1974, la dictadura indemnizó en cientos de millones de dólares a las empresas norteamericanas, para corresponder al compromiso y apoyo del gobierno estadounidense al derrocamiento de Allende y como prerrequisito para la recuperar la confianza de los inversionistas extranjeros.
25. Los cuantiosos recursos generados con la nacionalización del cobre, fueron un aporte significativo para la implementación del modelo económico de la dictadura. En una perspectiva más amplia, esos recursos ayudaron al crecimiento económico y a la denominada modernización de la economía chilena. Fortalecieron el desarrollo de las Fuerzas Armadas y la represión. El ‘Sueldo de Chile’ lo usó Pinochet, en tanto, las condiciones económicas y sociales de la gran mayoría de los chilenos empeoraron drásticamente. Los niveles regresivos de la distribución del ingreso se profundizaron y la pobreza de la población llegó a 45%.
26. En 1982 la Dictadura agregó la palabra ‘Plena’ a las Concesiones Mineras y definió las ‘Concesiones Plenas’ con las mismas características y mejores que la propiedad privada. Este engendro fue elaborado por José Piñera y ha posibilitado la desnacionalización inconstitucional del cobre, ya que la Constitución señala en forma categórica y reiterada que “el Estado tiene el dominio absoluto, exclusivo, inalienable e imprescriptible de todas las minas”.
27. Radomiro Tomic recorrió el país denunciando la Concesión Plena y señaló categóricamente que fue una “(…) legislación tramitada y aprobada en secreto”. “Basada en el presupuesto absoluta e irremediablemente erróneo de que “el progreso científico y tecnológico es reduciendo el cobre a metal sin valor, por lo cual Chile debe apresurarse a extraer y exportar la mayor cantidad posible en el menor tiempo posible: para lo cual es indispensable ofrecer las garantías y privilegios que sean necesarios al gran capital internacional””. Agregó que “(…) inexistente en ninguna otra legislación minera del mundo: ‘Concesión Plena’ a la cual se reviste de garantías y privilegios impresionantes (mayores y mejores derechos del titular de dominio privado. Según escribió el entonces Ministro de Minería José Piñera).
28. Radomiro Tomic agregó otras características de la ‘Concesión Plena’:
“Sin plazo de término; irrevocable; inmodificable; oponible al Estado; (…); y, en caso de expropiación,(…) “el pago previo del valor comercial del yacimiento mismo (!No sólo de las inversiones!), el valor presente de los flujos futuros”. “Hay más, la ‘Concesión Plena’, faculta al ‘Concesionario Pleno’ para hacer lo que quiera, con los socios que quiera, cuando quiera y cómo quiera con los derechos que ella le asegura sobre el mineral que recibe gratuitamente…” “... Puede venderla, arrendarla, aportarla, cederla, hipotecarla, trasmitirla en herencia, etcétera”. “Se ha llegado a estos extremos por estimar que “el cobre está condenado a ser un metal obsoleto””
29. Radomiro Tomic sentenció: “Quien Controla el Cobre Controla Chile”, concluye que: “Es evidente que el ‘Régimen de Concesión Plena’ es absolutamente inconciliable con toda política chilena del cobre” ; “De aquí en adelante no será el Estado Chileno sino intereses foráneos, en larga medida competidores de Chile en todas las fases del proceso minero e industrial del cobre, quienes tendrán el poder decisorio efectivo sobre producción y comercialización del cobre chileno en el mercado mundial”; “CODELCO quedará arrinconada”; “¿Cómo negar que quien controla el cobre controla a Chile?”
30. Las grandes mineras mundiales estimaron de alto riesgo invertir en Chile durante la Dictadura, siguiendo las recomendaciones le profesionales chilenos de la industria del cobre. Sus inversiones en nuevos yacimientos chilenos las realizaron en los años noventa, en los gobiernos de la Concertación. Desde 1974 a 2005, se realizaron grandes inversiones mineras por 19.976 millones de dólares, de los cuales 17.578 millones de dólares ser realizaron en el período 1990-2005. Es decir cerca del 90% de las inversiones extranjeras en minería, se realizaron durante los gobiernos de la Concertación.
31. El Estado chileno con la Nacionalización del Cobre producía el 94 % del cobre chileno en 1973 y Codelco producía el 100% de la Gran Minería del cobre.
Actualmente, el 70% es producido por las empresas privadas, particularmente por las grandes mineras mundiales que operan en Chile.
32. Desde Chile las grandes mineras mundiales generaron una sobreproducción mundial de cobre provocando una fuerte disminución de precios a partir de 1996, que se prolongó hasta 2003. Los precios por muchos años se situaron entre 70 y 80 centavos de dólar la libra. Actualmente, el promedio anual al 20 de junio de 2008 es de 367 centavos de dólar la libra. Por muchos años el incremento de la producción chilena fue mayor al incremento del consumo mundial. Los daños a Chile fueron enormes, en las exportaciones de cobre, a Codelco a ENAMI, al Estado chileno. Esta sobreproducción desde Chile es la causa principal que explica la recesión y bajísimo crecimiento de 1998 a 2003 y el incremento de la desocupación. La crisis asiática, que en esos países fue superada rápidamente, profundizó la sobreproducción de cobre creada desde Chile. Estados Unidos y Canadá que son grandes productores de cobre disminuyeron drásticamente la producción en dicho periodo y usaron el cobre barato chileno.
33. Desde Chile y en contra de Chile se fortalece a las grandes mineras mundiales que compiten con Codelco en el mercado mundial del cobre. Chile aumenta su participación en el mercado mundial del cobre de 17,7% en 1990 a 35,2% en 2006. Codelco disminuye su participación de 13,3% a 11% en tanto las empresas extranjeras aumentan su participación de 4,4% a 24,2% en el mismo periodo. Es decir, las empresas extranjeras captan todo el crecimiento de Chile, más la disminución de Codelco.
34. Con la desnacionalización se produce una involución desde refinados de cobre (100% cobre) a concentrados de cobre (30% de cobre y subproductos y 70% de tierra). En 2006, el 54% de la producción de la minería privada corresponde a concentrados de cobre. Esto eleva la participación de concentrados a nivel de la producción total de cobre del país, de 17% en 1990 a 42% en 2006. Del total de la producción de concentrados de cobre, Codelco solo produce el 12%, el 88% lo producen las mineras privadas.
35. Cuando los precios bajaron a cerca de 60 centavos, algunas mineras y Codelco acordaron disminuir la producción y posponer planes de expansión. Codelco, además formó un stock regulador y los precios empezaron a subir rápidamente, impulsados también por el incremento adicional de la demanda china. Los precios promedio anuales desde 1996 a 2003, disminuyeron tan drásticamente que llegaron sólo 82,3 centavos de dólar. Si se compara con los 167 centavos de 2005; los 305 centavos, de 2006; más de 320 de 2007; y el precio promedio anual a la fecha - 20 de junio de 2008-, de 368 centavos la libra, confirma los grandes daños creados por las mineras extranjeras a Chile. Los aportes de Codelco al Estado disminuyeron drásticamente, y por muchos años. Las situaciones n más agudo se presentaron en 1975 en que los aportes al Estado fueron de 1.735 millones de dólares y en 1999 disminuyó su aporte al Estado en 85%, es decir, aportó solo 269 millones de dólares.
36. Ahora con los aumentos de los precios del cobre, las mineras extranjeras son las más beneficiadas. Sus utilidades operacionales son más del doble de las de Codelco. En 2006, las utilidades operacionales basadas en las informaciones de las empresas y del Banco Central de Chile, las estimamos en 20 mil millones de dólares, que equivalen al 17% del PIB chileno, al 75% del presupuesto del Estado y son más de dos veces los presupuestos globales de los ministerios de salud y educación y son dos veces el PIB de Bolivia. Las ganancias son mayores a las remuneraciones globales anuales de 3.150 000 trabajadores asalariados - excluidos gerentes, profesionales y vendedores-, que en total suman 17.830 millones de dólares, con un salario promedio estimado de $250 mil mensuales.
37. Las ganancias de las mineras extranjeras en 2006, de 20 mil millones de dólares, son tan elevadas que equivalen al total de las inversiones extranjeras realizadas en el sector minero chileno, desde 1974 a 2005 que fueron de 19.976 millones de dólares, es decir, en un sólo año las empresas extranjeras han recuperado el total de la inversión realizada en 32 años. Más aún a las inversiones extranjeras brutas, debe restársele las amortizaciones y los retiros de capital que realizan estas empresas año a año, y que son enviadas al exterior. Según el Comité de Inversiones Extranjeras, estos envíos de amortizaciones y de capital, desde el sector minero chileno superan los 10.000 millones de dólares, cifra que se le debe restar a la inversión bruta, de tal manera que la inversión neta extranjera en la minería chilena en el país en el periodo 1974-2005, es de 9.819 millones de dólares.
De esta manera, aunque parece increíble, las ganancias de un solo año,-2006-, de 20.000 millones de dólares, duplican las inversiones extranjeras netas totales en el sector minero en el período de 32 años, desde 1974 hasta 2005.
38. Con la nacionalización del cobre, Chile demostró que no es necesario el capital extranjero. Chile por muchas décadas desarrolló carreras especiales de nivel superior, sobre todos los aspectos del sector minero. A su vez los trabajadores tienen una alta capacitación y experiencia. En Chile y en sus universidades, así como en las propias divisiones se han desarrollado tecnologías de punta de nivel mundial en diferentes aspectos significativos de la explotación minera.
39. A pesar de que Codelco sólo produce el 30%, los excedentes en los últimos años han sido cuantiosos. En 2006 fueron de 9.215 millones de dólares. La suma total en los últimos tres años, incluyendo 2008, alcanzarán más de 26 mil millones de dólares. La mayor parte de estos excedentes van al Estado chileno y a su vez la mayor parte de estos recursos están siendo invertidos en el extranjero, en vez de usarse para diversificar la economía nacional, incrementando fuertemente la ocupación y el empleo.
40. El resurgimiento y lucha de las organizaciones sindicales y de los diferentes movimientos sociales están cambiando cualitativamente el panorama social y político de Chile. Como respuesta a esta explosión social, el gobierno de Michelle Bachelet ha recurrido a una parte de los excedentes que genera Codelco para educación, salud, Transantiago, fondo de estabilización del petróleo y gas, - para resolver demandas de los transportistas-, deudores habitacionales, apoyo a los damnificados de Chaintén y de otros impactos de la naturaleza, en la agricultura de diferentes regiones. Todos esos recursos provienen de Codelco, gracias a la ‘Nacionalización del Cobre’ que realizó el Presidente Salvador Allende en 1971. Sin embargo, ninguna autoridad política lo menciona, incluyendo la Presidenta Bachelet
41. Dentro de los movimientos sociales en los últimos años, han jugado un papel de vangu ardia el movimiento estudiantil y la Confederación de Trabajadores del Cobre. El movimiento estudiantil vinculó la educación con el cobre a través de la consigna “La educación por el suelo y el cobre por el cielo” fue avanzando en su propuesta hasta plantear una educación pública de calidad y gratuita. La Ley Orgánica Constitucional de Educación, LOCE, impuesta el último día de la Dictadura debe ser derogada. Este año, 2008, el movimiento estudiantil secundario, universitario y los profesores, rechazan la Ley General de Educación, LGE, acordada por el gobierno de Michelle Bachelet con la derecha.
42. En el cobre chileno se ha producido todo lo contrario de lo que aspiraba Allende. Por un lado, la desnacionalización del cobre, que permite la apropiación de parte importante del ‘Sueldo de Chile’ por parte de las empresas extranjeras. Por otro lado, es en la industria del cobre donde en forma más profunda se ha desarrollado el subcontrato a través de las empresas contratistas y subcontratistas que generan trabajo precario, inestable, inseguro y con remuneraciones que son bastante menores a las remuneraciones de los trabajadores de planta. Esta aberrante situación condujo a la lucha de los trabajadores contratistas que después de algunos años constituyeron la Confederación de Trabajadores del Cobre, CTC, que agrupa a los trabajadores contratistas de Codelco y de las mineras privadas, que son la mayoría de los trabajadores del cobre. En su Congreso Constituyente en junio de 2007, en Machalí, tuvieron presente que sus reivindicaciones y las del pueblo chileno estaban íntimamente entrelazadas con la lucha por la renacionalización del cobre. Como la LOCE, dictada por Pinochet, que privatizó la educación en Chile, la Ley Orgánica Constitucional de Concesiones Mineras de Pinochet también debe ser derogada.
Nota: Este documento está basado en “La Nacionalización del Cobre Realizada por Salvador Allende y su Desnacionalización en Dictadura y en los Gobiernos de la Concertacion”, de Orlando Caputo y Graciela Galarce y del documento “La Nacionalización del Cobre”, anónimo, pero según nuestra información fue escrito por Hernán Soto, quien fuera Sub Secretario de Minería durante todo el gobierno de Allende. Ambos documentos están publicados en el libro “Salvador Allende. Presencia en la Ausencia”, Editores Miguel Lawner, Hernán Soto, Jacobo Schatán, LOM Ediciones/CENDA, Santiago. 2008
Orlando Caputo Leiva (Representante de Allende en el Comité Ejecutivo de CODELCO y Gerente General de CODELCO en ese gobierno)
Enlace a texto en Rebelión
1. Los recursos del cobre han sido utilizados para resolver parcialmente los conflictos y movimientos sociales en los últimos años. Sin esos recursos, la explosión y crisis social sería profunda. Esto demuestra la importancia de la nacionalización del cobre realizada por Salvador Allende. Sin embargo, a pesar de la importancia para Chile, jamás se menciona por parte de las autoridades de gobierno, de los dirigentes políticos y en los medios de comunicación que estos recursos están disponibles hoy gracias a la nacionalización del cobre.
2. La importancia actual se relaciona con la historia, ya que la nacionalización del cobre fue la medida más importante desde el punto de vista político, social y económico en el siglo pasado y por eso también constituyó la principal realización del gobierno del Presidente Salvador Allende y de la Unidad Popular.
3. El cobre chileno es tan importante para Chile que el Presidente Eduardo Frei Montalva lo denominó ‘La Viga Maestra’ y Salvador Allende el ‘Sueldo de Chile’. El cobre era, es y seguirá siendo la principal riqueza básica del país. Chile tiene solo el 0,5 % del territorio mundial, sin embargo, en Chile se localiza el 35% de las reservas mundiales de cobre. Ha sido la principal exportación chilena en gran parte del siglo pasado y ahora representa más del 60% de las exportaciones totales.
4. Chile actualmente produce el 36% de la producción mundial de cobre. La OPEP, -constituida por 11 de los principales países productores de petróleo- produce alrededor del 35% de la producción de petróleo. Arabia Saudita, principal productor de la OPEP produce en torno al 10% del petróleo a nivel mundial.
5. Tan importante es el cobre para Chile que las exportaciones chilenas de cobre son superiores a las exportaciones de petróleo de México y equivalen a más del 70% de las exportaciones de petróleo de Venezuela en 2006.
6. Allende le asignaba al cobre una importancia trascendente para Chile y su pueblo, de allí que la nacionalización del cobre estuvo en los cuatro programas de las candidaturas de Salvador Allende a la Presidencia de la República. En efecto, ya estuvo presente en su candidatura de 1952. Un año antes, se había presentado en el Senado el primer proyecto de nacionalización del cobre por los senadores Salvador Ocampo y Elías Lafferte.
7. En el gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970), se desarrollaron dos iniciativas orientadas a aumentar el control nacional sobre la principal riqueza del país: la “chilenización del cobre” y la “nacionalización pactada”. La primera debía durar 20 años, fracasó y a los cuatro años debió ser sustituida por la “nacionalización pactada” que sufrió igual suerte. Las empresas norteamericanas –Kennecott y Anaconda, que controlaban El Teniente, la primera, y la otra Chuquicamata, Salvador y Exótica, elevaron en forma significativa sus utilidades, Anaconda elevó sus utilidades casi en un 100%. Sin embargo, el aporte al Estado fue bastante menor al esperado. Esto se debió a que las empresas norteamericanas tenían a su cargo la administración de las minas y la explotación de los minerales. Además, controlaban las ventas.
8. Radomiro Tomic uno de los líderes de la DC reconoció el fracaso de estas fórmulas, e incorporó al programa de su candidatura presidencial de 1970, la nacionalización del cobre. Denunció que las compañías norteamericanas conscientes de que se avecinaba la nacionalización “se dedicaron a florear las minas”, es decir, a explotar selectivamente los minerales de alta pureza para obtener el máximo de utilidades en el escaso período de tiempo que les quedaba. Dejaron sin remover 20 millones de toneladas de material estéril lo cual recargó injustamente los costos post nacionalización, limitaron las inversiones al mínimo y las realizaron mediante préstamos de la banca norteamericana, de los cuales debió hacerse cargo finalmente el Estado chileno.
9. Según Allende, con la recuperación del cobre, Chile alcanzaría la independencia económica del país, superando la dependencia externa e interna por la propiedad extranjera en el principal recurso básico del país. Sólo con la independencia económica se puede lograr el ejercicio pleno de su Soberanía. La riqueza del cobre debía cimentar la nueva sociedad que se quería construir. No era posible, además, que siguiera una expoliación que duraba décadas: Allende denunció en su discurso de Naciones Unidas en diciembre de 1972: “con una inversión inicial de unos 30 millones de dólares, en 42 años las compañías habían retornado más de 4 mil millones de dólares de ganancias”.
10. Poco después del 4 de noviembre de 1970 –el primer día de su gobierno-, el presidente de la República designó representantes del nuevo gobierno en Codelco y en los directorios de las sociedades mixtas. Su misión fue la de controlar la marcha de las empresas de la Gran Minería del Cobre, evitar sabotajes, garantizar la estabilidad a los técnicos extranjeros y, sobre todo, conocer la real situación de los minerales. Había serios problemas en los planes de expansión y la explotación normal de los yacimientos corría peligro.
11. En diciembre de 1970, el Presidente de la República envió el proyecto de nacionalización del cobre al Congreso. El Ministro de Minería era Orlando Cantuarias, el Sub Secretario de Minería, Hernán Soto. Ellos junto al Vicepresidente de Codelco, Max Nolff, y al abnegado y versado trabajo del abogado Eduardo Novoa Monreal, prepararon el proyecto y participaron activamente en el trámite parlamentario.
12. El Mensaje de Salvador Allende, que acompañó al Proyecto de Nacionalización del Cobre, señala que por tratarse de la principal riqueza básica del país y porque la nacionalización del cobre daba paso a la ‘Segunda Independencia Nacional’, la Nacionalización del Cobre debería estar consagrada no en una simple ley, sino que en la Constitución Chilena o Carta Magna. Textualmente en el Mensaje se dice, entre otros aspectos, lo siguiente:
“Al presentar al Congreso Nacional esta reforma constitucional, estamos afirmando que no estamos dispuestos a tolerar más esta situación y que de ahora en adelante en nuestra propia Carta Fundamental, quedará establecida nuestra decisión de que las riquezas chilenas sean de los chilenos y para los chilenos, que basados en ella construirán una nueva vida y una nueva sociedad. Sabemos que todos los pueblos libres del mundo nos acompañarán en esta tarea”
Enfatizando y acentuando lo anterior, Allende agrega:
“No podrá escapar a la percepción de los señores parlamentarios las circunstancias de que sólo por muy justificados motivos debe haber optado el Gobierno por recurrir a la vía de la Reforma Constitucional para lograr la nacionalización del cobre. Efectivamente, poderosas razones de orden político y jurídico convencieron a la Unidad Popular de que esa era la vía necesaria y conveniente.
En primer lugar, la importancia que para la existencia libre, independiente y soberana del país tiene esta nacionalización, exige que ella sea solemnizada con la adopción de una decisión al más alto nivel jurídico concebible, aquel nivel en que es el propio soberano, el pueblo, actuando como Poder Constituyente, quien expresa su voluntad. Así, queremos enfatizar, poner de relieve, en los planos nacional e internacional, que tenemos clara conciencia de lo que la nacionalización significa, y sí el nacimiento de la independencia política está marcada por una Carta Fundamental, creemos indispensable que el nacimiento de Chile a la independencia económica sea también registrado en la Constitución”.
13 . Salvador Allende tuvo presente la Resolución de Naciones Unidas 1.803 (XVII): Soberanía Permanente sobre los Recursos Naturales (14 de diciembre de 1962).
Que entre otras resoluciones destacamos:
“El derecho de los pueblos y de las naciones, a la soberanía permanente sobre sus riquezas y recursos naturales debe ejercerse en interés del desarrollo nacional y del bienestar del pueblo del respectivo Estado”.
“La violación de los derechos soberanos de los pueblos y naciones sobre sus riquezas y recursos naturales es contraria al espíritu y a los principios de la cooperación internacional y a la perseveración de la paz.”
14 El11 de julio de 1971 se aprobó la reforma constitucional sobre la ‘Nacionalización del Cobre’ propuesta por Salvador Allende, por la unanimidad de los Diputados y Senadores reunidos en el Congreso Nacional en Pleno. El Presidente Salvador Allende, ese día en su Discurso al país declaró lo siguiente:
“ Hoy es el día de la dignidad nacional y de la solidaridad. Es el día de la dignidad, porque Chile rompe con el pasado; se yergue con fe de futuro y empieza el camino definitivo de su independencia económica, que significa su plena independencia política .
Por eso, nada más significativo el que haya escogido para hablarle a la patria como Presidente de ella, Rancagua, la Plaza de los Héroes. Aquí se sienten el ayer y el pasado, el heroísmo de los que lucharon y sacrificaron sus vidas para darnos sentido y contenido de pueblo. Aquí esta presente la imagen de O'Higgins y aquí podemos decirle al padre de la patria que somos sus legítimos herederos, y que fue el pueblo el que ganó esta batalla de la independencia y la dignidad nacional”
“ Es el día de la solidaridad, porque Chile ha sido castigado por la fuerza de la naturaleza. Hace poco, temporales, lluvias implacables, el frío y el peso de la nieve golpearon las casas, las industrias; destruyeron parte de las instalaciones, de los trabajos agrícolas. Y ahora hace pocas horas, minutos, por así decirlo, tres provincias: Valparaíso, Aconcagua, en el departamento de Petorca y Coquimbo, en Illapel, han sido sacudidas violentamente por un sismo que ha significado dolor, miseria y sufrimiento para cientos y miles de nuestros compatriotas. En este día, que debía haber sido de plena alegría, el pesar y la congoja viven sus horas largas en los hogares de miles y miles de chilenos”
“ Es por eso que este día, que es el día de la dignidad, tiene que ser el día de la solidaridad, y aquellas provincias y aquellos hombres y mujeres de Chile que fueron azotados por el viento, por la lluvia y por la nieve, tendrán que tener coraje como el resto de nuestros compañeros, como el resto de los ciudadanos, para levantarse y estar junto a las provincias azotadas por el terremoto. Así, Chile demostrará su entereza y la voluntad del pueblo”.
“Destaco lo extraordinario de este acto. Cómo se ha reunido el pueblo de Rancagua, cómo están aquí campesinos, empleados, profesionales, técnicos, mujeres y jóvenes. Cómo diviso desde esta tribuna los cascos de los mineros que traen, en la palabra de sus dirigentes, el compromiso ante la historia y su conciencia de ser ejemplares trabajadores para hacer producir más al cobre y entregarlo al servicio de la patria”.
15. Cinco días más tarde, fue publicada la nacionalización del cobre en el Diario Oficial y el Estado tomó inmediatamente el control total de los yacimientos y empresas nacionalizadas, nombrando a profesionales chilenos de la mismas empresas en los más altos cargos en los departamentos de las empresas: minas, concentrador, fundición, refinería, y diferentes profesionales y trabajadores de las mismas empresas en los directorios de ellas.
16. Comenzó una labor titánica. Se trataba de elevar la producción superando los escollos derivados de los incumplimientos de los planes de expansión, del “floreo” de las minas y del éxodo de los técnicos extranjeros, estimulados por las compañías norteamericanas. Dos informes técnicos –uno de Sofremines, una empresa francesa de alto nivel y otro de técnicos soviéticos confirmaron las denuncias: la situación de los minerales era preocupante, y era urgente adoptar medidas de emergencia. Así se hizo.
17. Las administraciones extranjeras promovían una amplia división y segmentación en el trabajo y en la vida en los campamentos entre los ejecutivos, los supervisores y los trabajadores. El entusiasmo que generaba la nacionalización del cobre permitió crear un nuevo clima sustentado en una creciente armonía entre ejecutivos, técnicos y trabajadores. Sin embargo, como toda transformación que involucra conductas humanas, no estuvo exenta de dificultades y desconfianzas. Poco a poco, se fueron superando y paulatinamente se implementaron mecanismos de participación de los trabajadores en la elaboración de los planes de producción con sorprendente éxito en Andina, Salvador y Chuquicamata. La motivación y el entusiasmo era tal que se organizaron trabajos voluntarios en las diferentes divisiones con participación de los trabajadores y de la comunidad.
18. El cobre produjo más que antes de la nacionalización. Al cumplirse un año de la misma, el gerente general de Chuquicamata, David Silberman, respondió en El Mercurio a críticas afirmando que los aumentos de producción eran insuficientes: “Se ha sostenido además que estas cifras (las de producción) deberían haber sido superiores porque se habrían efectuado grandes inversiones en los planes de expansión. Efectivamente, estos planes existieron y el país aun los está adeudando. Pero las cifras en que se habían señalado como sus metas no corresponden a la realidad física técnica. Hay evidencias de muchas fuentes externas y de los propios ingenieros de la empresa que señalan que las instalaciones para tratar el mineral sulfurado no son capaces de dar más que el promedio mensual normal obtenido en 1971, lo que está muy lejos de la meta anunciado hace años y justamente ahora estamos efectuando inversiones adicionales para el mejoramiento y expansión de estas nuevas instalaciones”.
Silberman añadía detalles técnicos y se extendía en el tema de las relaciones con los trabajadores en las cuales reconocía la existencia de retrasos y en la participación de los técnicos, cuya edad promedio era de 31 años. Terminaba orgullosamente afirmando lo siguiente: “La conclusión es una sola: cifras más, cifras menos, problemas más, problemas menos, los chilenos se la han podido. La nacionalización es un éxito, pese a quien pese”.
16. Las cifras muestran el aumento sostenido de la producción en la Gran Minería en esos años.
PRODUCCION DE COBRE
(Miles de toneladas métricas)
Año Producción total Gran Minería Pequeña y Mediana
1968 657 519 138
1969 688 540 148
1970 692 541 151
1971 708 571 137
1972 717 593 124
1973 735 615 120
Fuente: Codelco. Citado por Banco Mundial “Chile an Economy in Transition” Washington DC. USA, January 1980.
19. Se incentivó la investigación científica y tecnológica, en muchos aspectos, incluyendo ciencia básica y aplicada, en la institución estatal, Centro de Investigaciones Mineras y Metalúrgicas (CIMM). El CIMM apoyó la investigación en diversas universidades, e incluso, de profesionales militares. Se establecieron programas de apoyo para la producción en Chile de múltiples productos que se usan en la minería. Se establecieron convenios de abastecimiento de la Gran Minería con industriales y empresarios chilenos. En las diferentes Divisiones de las empresas nacionalizadas se iniciaron nuevos proyectos de ampliación.
20. Las condiciones en la vida cotidiana y en el trabajo en los campamentos mineros son difíciles e inhóspitos. Por lo anterior, la orientación del gobierno de Allende a las empresas fue la elaboración con participación de los trabajadores y de las comunidades desarrollar actividades culturales y de recreación. Al mismo tiempo que ampliar las actividades de educación, de atención de salud y de mejoraron las condiciones medioambientales.
21. Entretanto, la nacionalización siguió su curso mediante la determinación de las indemnizaciones que correspondió hacer al Contralor General de la República. Una vez determinada, correspondía al Presidente de la República ordenar deducir de las mismas las utilidades percibidas por las compañías más allá de las consideradas normales.
Todo esto de acuerdo a la norma constitucional aprobada por la unanimidad del Congreso. Como las utilidades excesivas eran muy elevadas, las deducciones fueron, por lo tanto, fortísimas. Kennecott y Anaconda no recibirían retribución del Estado de Chile. Sí, la recibiría en cambio, Cerro Corporation, dueña de Andina, la que estaba comenzando su etapa de producción.
Tanto la indemnización como las deducciones fueron apeladas por las compañías norteamericanas y por el Estado, ante el Tribunal Especial del Cobre integrado por un ministro de la Corte Suprema, un ministro del Tribunal Constitucional, y un ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, el Presidente del Banco Central y el Director del Servicio de Impuestos Internos. El Tribunal Especial del Cobre falló en contra de las compañías, por cuatro votos contra uno.
21. La preocupación por el cobre era prioritaria para Allende. En La Moneda se realizaron reuniones de evaluación de la nacionalización del cobre con los ejecutivos de Codelco y de las empresas con la presencia del propio Presidente y coordinadas por su asesor económico Jorge Arrate, quien posteriormente asumió la Vice Presidencia de Codelco como sucesor de Max Nolff.
22. Más allá del camino judicial en Chile, las compañías emplearon otras armas. En complicidad con el gobierno del presidente Richard Nixon, Estados Unidos estableció el tema del cobre y la nacionalización como el obstáculo principal que impedía relaciones normales con Chile. Presionó a fondo. Provocó una disminución del precio del cobre en el mercado internacional. Hubo un bloqueo de hecho a la exportación de repuestos e insumos para la Minería chilena. Se cumplía la amenaza del embajador Korry que antes de que Allende fuera Presidente advertía que “ni un tornillo ni tuerca” llegaría a Chile si se nacionalizaba el cobre en condiciones no satisfactorias para las compañías. Los préstamos a Chile cayeron en picada casi hasta interrumpirse por completo. Las compañías recurrieron a los tribunales europeos para embargar el cobre producido por las empresas nacionalizadas que se exportara a países de Europa occidental. Sus demandas fueron rechazadas. A pesar del boicot en esos años la producción aumentó
23. Con el Golpe Militar la represión en las diferentes divisiones fue muy drástica. La Caravana de la Muerte concentró su atención en Potrerillos, en El Salvador y en Chuquicamata, asesinando a decenas de trabajadores y ejecutivos de las empresas. Mineras. Entre otros, asesinaron al Presidente de la División El Salvador, el ingeniero Ricardo García, quien era muy admirado por el propio Presidente Allende; al joven dirigente sindical de esta División, Benito Tapia. En Chuquicamata, asesinaron al Presidente de la empresa, el ingeniero David Silberman, quien por su gran capacidad había sido trasladado desde su puesto de alto ejecutivo de ENAMI a Chuquicamata la principal empresa nacionalizada del cobre. En Chuqui asesinaron al ingeniero Haroldo Cabrera; al abogado y periodista Carlos Berger.
24. En 1974, la dictadura indemnizó en cientos de millones de dólares a las empresas norteamericanas, para corresponder al compromiso y apoyo del gobierno estadounidense al derrocamiento de Allende y como prerrequisito para la recuperar la confianza de los inversionistas extranjeros.
25. Los cuantiosos recursos generados con la nacionalización del cobre, fueron un aporte significativo para la implementación del modelo económico de la dictadura. En una perspectiva más amplia, esos recursos ayudaron al crecimiento económico y a la denominada modernización de la economía chilena. Fortalecieron el desarrollo de las Fuerzas Armadas y la represión. El ‘Sueldo de Chile’ lo usó Pinochet, en tanto, las condiciones económicas y sociales de la gran mayoría de los chilenos empeoraron drásticamente. Los niveles regresivos de la distribución del ingreso se profundizaron y la pobreza de la población llegó a 45%.
26. En 1982 la Dictadura agregó la palabra ‘Plena’ a las Concesiones Mineras y definió las ‘Concesiones Plenas’ con las mismas características y mejores que la propiedad privada. Este engendro fue elaborado por José Piñera y ha posibilitado la desnacionalización inconstitucional del cobre, ya que la Constitución señala en forma categórica y reiterada que “el Estado tiene el dominio absoluto, exclusivo, inalienable e imprescriptible de todas las minas”.
27. Radomiro Tomic recorrió el país denunciando la Concesión Plena y señaló categóricamente que fue una “(…) legislación tramitada y aprobada en secreto”. “Basada en el presupuesto absoluta e irremediablemente erróneo de que “el progreso científico y tecnológico es reduciendo el cobre a metal sin valor, por lo cual Chile debe apresurarse a extraer y exportar la mayor cantidad posible en el menor tiempo posible: para lo cual es indispensable ofrecer las garantías y privilegios que sean necesarios al gran capital internacional””. Agregó que “(…) inexistente en ninguna otra legislación minera del mundo: ‘Concesión Plena’ a la cual se reviste de garantías y privilegios impresionantes (mayores y mejores derechos del titular de dominio privado. Según escribió el entonces Ministro de Minería José Piñera).
28. Radomiro Tomic agregó otras características de la ‘Concesión Plena’:
“Sin plazo de término; irrevocable; inmodificable; oponible al Estado; (…); y, en caso de expropiación,(…) “el pago previo del valor comercial del yacimiento mismo (!No sólo de las inversiones!), el valor presente de los flujos futuros”. “Hay más, la ‘Concesión Plena’, faculta al ‘Concesionario Pleno’ para hacer lo que quiera, con los socios que quiera, cuando quiera y cómo quiera con los derechos que ella le asegura sobre el mineral que recibe gratuitamente…” “... Puede venderla, arrendarla, aportarla, cederla, hipotecarla, trasmitirla en herencia, etcétera”. “Se ha llegado a estos extremos por estimar que “el cobre está condenado a ser un metal obsoleto””
29. Radomiro Tomic sentenció: “Quien Controla el Cobre Controla Chile”, concluye que: “Es evidente que el ‘Régimen de Concesión Plena’ es absolutamente inconciliable con toda política chilena del cobre” ; “De aquí en adelante no será el Estado Chileno sino intereses foráneos, en larga medida competidores de Chile en todas las fases del proceso minero e industrial del cobre, quienes tendrán el poder decisorio efectivo sobre producción y comercialización del cobre chileno en el mercado mundial”; “CODELCO quedará arrinconada”; “¿Cómo negar que quien controla el cobre controla a Chile?”
30. Las grandes mineras mundiales estimaron de alto riesgo invertir en Chile durante la Dictadura, siguiendo las recomendaciones le profesionales chilenos de la industria del cobre. Sus inversiones en nuevos yacimientos chilenos las realizaron en los años noventa, en los gobiernos de la Concertación. Desde 1974 a 2005, se realizaron grandes inversiones mineras por 19.976 millones de dólares, de los cuales 17.578 millones de dólares ser realizaron en el período 1990-2005. Es decir cerca del 90% de las inversiones extranjeras en minería, se realizaron durante los gobiernos de la Concertación.
31. El Estado chileno con la Nacionalización del Cobre producía el 94 % del cobre chileno en 1973 y Codelco producía el 100% de la Gran Minería del cobre.
Actualmente, el 70% es producido por las empresas privadas, particularmente por las grandes mineras mundiales que operan en Chile.
32. Desde Chile las grandes mineras mundiales generaron una sobreproducción mundial de cobre provocando una fuerte disminución de precios a partir de 1996, que se prolongó hasta 2003. Los precios por muchos años se situaron entre 70 y 80 centavos de dólar la libra. Actualmente, el promedio anual al 20 de junio de 2008 es de 367 centavos de dólar la libra. Por muchos años el incremento de la producción chilena fue mayor al incremento del consumo mundial. Los daños a Chile fueron enormes, en las exportaciones de cobre, a Codelco a ENAMI, al Estado chileno. Esta sobreproducción desde Chile es la causa principal que explica la recesión y bajísimo crecimiento de 1998 a 2003 y el incremento de la desocupación. La crisis asiática, que en esos países fue superada rápidamente, profundizó la sobreproducción de cobre creada desde Chile. Estados Unidos y Canadá que son grandes productores de cobre disminuyeron drásticamente la producción en dicho periodo y usaron el cobre barato chileno.
33. Desde Chile y en contra de Chile se fortalece a las grandes mineras mundiales que compiten con Codelco en el mercado mundial del cobre. Chile aumenta su participación en el mercado mundial del cobre de 17,7% en 1990 a 35,2% en 2006. Codelco disminuye su participación de 13,3% a 11% en tanto las empresas extranjeras aumentan su participación de 4,4% a 24,2% en el mismo periodo. Es decir, las empresas extranjeras captan todo el crecimiento de Chile, más la disminución de Codelco.
34. Con la desnacionalización se produce una involución desde refinados de cobre (100% cobre) a concentrados de cobre (30% de cobre y subproductos y 70% de tierra). En 2006, el 54% de la producción de la minería privada corresponde a concentrados de cobre. Esto eleva la participación de concentrados a nivel de la producción total de cobre del país, de 17% en 1990 a 42% en 2006. Del total de la producción de concentrados de cobre, Codelco solo produce el 12%, el 88% lo producen las mineras privadas.
35. Cuando los precios bajaron a cerca de 60 centavos, algunas mineras y Codelco acordaron disminuir la producción y posponer planes de expansión. Codelco, además formó un stock regulador y los precios empezaron a subir rápidamente, impulsados también por el incremento adicional de la demanda china. Los precios promedio anuales desde 1996 a 2003, disminuyeron tan drásticamente que llegaron sólo 82,3 centavos de dólar. Si se compara con los 167 centavos de 2005; los 305 centavos, de 2006; más de 320 de 2007; y el precio promedio anual a la fecha - 20 de junio de 2008-, de 368 centavos la libra, confirma los grandes daños creados por las mineras extranjeras a Chile. Los aportes de Codelco al Estado disminuyeron drásticamente, y por muchos años. Las situaciones n más agudo se presentaron en 1975 en que los aportes al Estado fueron de 1.735 millones de dólares y en 1999 disminuyó su aporte al Estado en 85%, es decir, aportó solo 269 millones de dólares.
36. Ahora con los aumentos de los precios del cobre, las mineras extranjeras son las más beneficiadas. Sus utilidades operacionales son más del doble de las de Codelco. En 2006, las utilidades operacionales basadas en las informaciones de las empresas y del Banco Central de Chile, las estimamos en 20 mil millones de dólares, que equivalen al 17% del PIB chileno, al 75% del presupuesto del Estado y son más de dos veces los presupuestos globales de los ministerios de salud y educación y son dos veces el PIB de Bolivia. Las ganancias son mayores a las remuneraciones globales anuales de 3.150 000 trabajadores asalariados - excluidos gerentes, profesionales y vendedores-, que en total suman 17.830 millones de dólares, con un salario promedio estimado de $250 mil mensuales.
37. Las ganancias de las mineras extranjeras en 2006, de 20 mil millones de dólares, son tan elevadas que equivalen al total de las inversiones extranjeras realizadas en el sector minero chileno, desde 1974 a 2005 que fueron de 19.976 millones de dólares, es decir, en un sólo año las empresas extranjeras han recuperado el total de la inversión realizada en 32 años. Más aún a las inversiones extranjeras brutas, debe restársele las amortizaciones y los retiros de capital que realizan estas empresas año a año, y que son enviadas al exterior. Según el Comité de Inversiones Extranjeras, estos envíos de amortizaciones y de capital, desde el sector minero chileno superan los 10.000 millones de dólares, cifra que se le debe restar a la inversión bruta, de tal manera que la inversión neta extranjera en la minería chilena en el país en el periodo 1974-2005, es de 9.819 millones de dólares.
De esta manera, aunque parece increíble, las ganancias de un solo año,-2006-, de 20.000 millones de dólares, duplican las inversiones extranjeras netas totales en el sector minero en el período de 32 años, desde 1974 hasta 2005.
38. Con la nacionalización del cobre, Chile demostró que no es necesario el capital extranjero. Chile por muchas décadas desarrolló carreras especiales de nivel superior, sobre todos los aspectos del sector minero. A su vez los trabajadores tienen una alta capacitación y experiencia. En Chile y en sus universidades, así como en las propias divisiones se han desarrollado tecnologías de punta de nivel mundial en diferentes aspectos significativos de la explotación minera.
39. A pesar de que Codelco sólo produce el 30%, los excedentes en los últimos años han sido cuantiosos. En 2006 fueron de 9.215 millones de dólares. La suma total en los últimos tres años, incluyendo 2008, alcanzarán más de 26 mil millones de dólares. La mayor parte de estos excedentes van al Estado chileno y a su vez la mayor parte de estos recursos están siendo invertidos en el extranjero, en vez de usarse para diversificar la economía nacional, incrementando fuertemente la ocupación y el empleo.
40. El resurgimiento y lucha de las organizaciones sindicales y de los diferentes movimientos sociales están cambiando cualitativamente el panorama social y político de Chile. Como respuesta a esta explosión social, el gobierno de Michelle Bachelet ha recurrido a una parte de los excedentes que genera Codelco para educación, salud, Transantiago, fondo de estabilización del petróleo y gas, - para resolver demandas de los transportistas-, deudores habitacionales, apoyo a los damnificados de Chaintén y de otros impactos de la naturaleza, en la agricultura de diferentes regiones. Todos esos recursos provienen de Codelco, gracias a la ‘Nacionalización del Cobre’ que realizó el Presidente Salvador Allende en 1971. Sin embargo, ninguna autoridad política lo menciona, incluyendo la Presidenta Bachelet
41. Dentro de los movimientos sociales en los últimos años, han jugado un papel de vangu ardia el movimiento estudiantil y la Confederación de Trabajadores del Cobre. El movimiento estudiantil vinculó la educación con el cobre a través de la consigna “La educación por el suelo y el cobre por el cielo” fue avanzando en su propuesta hasta plantear una educación pública de calidad y gratuita. La Ley Orgánica Constitucional de Educación, LOCE, impuesta el último día de la Dictadura debe ser derogada. Este año, 2008, el movimiento estudiantil secundario, universitario y los profesores, rechazan la Ley General de Educación, LGE, acordada por el gobierno de Michelle Bachelet con la derecha.
42. En el cobre chileno se ha producido todo lo contrario de lo que aspiraba Allende. Por un lado, la desnacionalización del cobre, que permite la apropiación de parte importante del ‘Sueldo de Chile’ por parte de las empresas extranjeras. Por otro lado, es en la industria del cobre donde en forma más profunda se ha desarrollado el subcontrato a través de las empresas contratistas y subcontratistas que generan trabajo precario, inestable, inseguro y con remuneraciones que son bastante menores a las remuneraciones de los trabajadores de planta. Esta aberrante situación condujo a la lucha de los trabajadores contratistas que después de algunos años constituyeron la Confederación de Trabajadores del Cobre, CTC, que agrupa a los trabajadores contratistas de Codelco y de las mineras privadas, que son la mayoría de los trabajadores del cobre. En su Congreso Constituyente en junio de 2007, en Machalí, tuvieron presente que sus reivindicaciones y las del pueblo chileno estaban íntimamente entrelazadas con la lucha por la renacionalización del cobre. Como la LOCE, dictada por Pinochet, que privatizó la educación en Chile, la Ley Orgánica Constitucional de Concesiones Mineras de Pinochet también debe ser derogada.
Nota: Este documento está basado en “La Nacionalización del Cobre Realizada por Salvador Allende y su Desnacionalización en Dictadura y en los Gobiernos de la Concertacion”, de Orlando Caputo y Graciela Galarce y del documento “La Nacionalización del Cobre”, anónimo, pero según nuestra información fue escrito por Hernán Soto, quien fuera Sub Secretario de Minería durante todo el gobierno de Allende. Ambos documentos están publicados en el libro “Salvador Allende. Presencia en la Ausencia”, Editores Miguel Lawner, Hernán Soto, Jacobo Schatán, LOM Ediciones/CENDA, Santiago. 2008
Orlando Caputo Leiva (Representante de Allende en el Comité Ejecutivo de CODELCO y Gerente General de CODELCO en ese gobierno)
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