lunes, 9 de junio de 2008
Cómo fabricar una crisis alimentaria global
Cómo fabricar una crisis alimentaria global: Lecciones del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio
Walden Bello
La Jornada
El aumento global en los precios de los alimentos no es sólo la consecuencia de utilizar productos agrícolas para convertirlos en agrocombustibles, si no de las políticas del “libre mercado” promovidas por las instituciones financieras internacionales. Ahora las organizaciones campesinas están liderando la oposición a la industria agrícola capitalista.
Cuando cientos de miles de personas se manifestaron en México el año pasado contra un incremento del 60% en el precio de las tortillas, muchos analistas culparon a los biocombustibles. A causa de los subsidios del gobierno estadounidense, los granjeros de ese país dedicaban más hectáreas al maíz para etanol que para alimento, lo cual disparó los precios. Esta desviación del uso del maíz fue sin duda una causa del aumento de los precios, aunque probablemente la especulación de intermediarios con la demanda de los biocombustibles tuvo una mayor influencia. Sin embargo, a muchos se les escapó una pregunta interesante: ¿cómo es que los mexicanos, que viven en la tierra donde se domesticó el maíz, han llegado a depender del grano estadounidense?
La erosión de la agricultura mexicana
No puede entenderse la crisis alimentaria mexicana sin considerar que en los años anteriores a la crisis de la tortilla, la patria del maíz fue convertida en una economía importadora de ese grano por las políticas de “libre mercado” promovidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y Washington. El proceso comenzó con la crisis de la deuda de principios de la década de los 80s. México, uno de los dos mayores deudores del mundo en vías de desarrollo, fue obligado a suplicar dinero al Banco y al FMI para pagar el servicio de su deuda con los bancos comerciales internacionales. El precio de un rescate fue lo que un miembro del consejo ejecutivo del BM describió como “intervencionismo sin precedente”, diseñado para eliminar aranceles, reglamentaciones estatales e instituciones gubernamentales de apoyo, que la doctrina neoliberal identificaba como barreras a la eficiencia económica.
El pago de intereses se elevó del 19 por ciento del gasto federal total en 1982 al 57 por ciento en 1988, en tanto el gasto de capital se derrumbó del 19.3 al 4.4 por ciento. La reducción del gasto gubernamental se tradujo en el desmantelamiento del crédito estatal, de los insumos agrícolas subsidiados por el gobierno, los apoyos al precio, los consejos estatales de comercialización y los servicios de extensión.
Este golpe a la agricultura campesina fue seguido por uno aún mayor en 1994, cuando entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Aunque dicho tratado consideraba una prórroga de 15 años a la protección de productos agrícolas, entre ellos el maíz, pronto comenzó a fluir maíz estadounidense altamente subsidiado, lo cual redujo los precios a la mitad y hundió al sector maicero en una crisis crónica. En gran medida a causa de ese acuerdo, México se ha consolidado como importador neto de alimentos.
Con el cierre de la entidad gubernamental comercializadora de maíz, la distribución de importaciones maiceras de Estados Unidos y del grano nacional ha sido monopolizada por unas cuantas empresas trasnacionales, como Cargill. Eso les ha dado un tremendo poder para especular con las tendencias del mercado, de modo que pueden manipular y magnificar los movimientos de demanda de biocombustibles tantas veces como quieran. Al mismo tiempo, el control monopólico del comercio interior ha asegurado que un aumento en los precios internacionales del maíz no se traduzca en pagar precios significativamente más altos a los pequeños productores.
Cada vez resulta más difícil a los productores mexicanos de maíz eludir el destino de muchos otros pequeños productores en sectores como arroz, carne de res, pollo y cerdo, quienes se han venido abajo por las ventajas concedidas por el TLCAN a los productos subsidiados estadounidenses. Según un informe del Fondo Carnegie de 2003, las importaciones agrícolas de EEUU han dejado sin trabajo a 1.3 millones de campesinos, muchos de los cuales han emigrado al país del norte.
Las perspectivas no son buenas, pues el gobierno mexicano continúa en manos de neoliberales que desmantelan sistemáticamente el sistema de apoyo al campesinado, un legado clave de la Revolución Mejicana. Como dice el director ejecutivo de Food First, Eric Holt- Jiménez, “Llevará tiempo y esfuerzo para recuperar la capacidad de los pequeños agricultores y no parece que haya ningún deseo político para esto- sin olvidar el hecho que NAFTA debe ser renegociada”.
Creación de la crisis del arroz en Filipinas
Que la crisis global de alimentos se origina en la reestructuración de la agricultura por el libre mercado resulta más claro en el caso del arroz. A diferencia del maíz, menos del 10 por ciento de la producción mundial de arroz se comercializa. Además, en el arroz no ha habido desviación del consumo hacia los biocombustibles. Sin embargo, sólo en este año los precios se han triplicado, de 380 dólares por tonelada en enero a más de mil dólares en abril. Sin duda, la inflación deriva en parte de la especulación de los cárteles mayoristas en una época de existencias escasas. Sin embargo, el mayor misterio es por qué varios países consumidores de arroz que eran autosuficientes se han vuelto severamente dependientes de las importaciones.
Filipinas ofrece un triste ejemplo de cómo la reestructuración económica neoliberal transforma un país de ser exportador neto a importador neto de alimentos. Ahora es el mayor importador mundial de arroz. El esfuerzo de Manila por asegurarse provisiones a cualquier precio se ha convertido en primera página en los medios de comunicación, y las fotos de soldados que protegen la distribución del cereal en las comunidades pobres se han vuelto emblemáticas de la crisis global.
Los trazos generales de la historia de Filipinas son similares a los de México. El dictador Ferdinand Marcos fue culpable de muchos crímenes y malos manejos, entre ellos no llevar adelante la reforma agraria, pero no se le puede acusar de privar al sector agrícola de fondos gubernamentales. Para paliar el descontento de los campesinos, el régimen les otorgó fertilizantes y semillas subsidiadas, impulsó mecanismos de crédito y construyó infraestructura rural. Durante los 14 años de su dictadura, sólo en uno, 1973, se tuvo que importar arroz debido al extenso daño causado por los tifones. Cuando Marcos huyó del país, en 1986, había 900 mil toneladas métricas de arroz en los almacenes del gobierno.
Paradójicamente, durante los siguientes años de gobierno democrático se redujo la capacidad de inversión gubernamental. El BM y el FMI, actuando a favor de acreedores internacionales, presionaron al gobierno de Corazón Aquino para que diera prioridad al pago de la deuda externa, que ascendía a 26 mil millones de dólares. Aquino accedió, aunque los economistas de su país le advirtieron que sería “inútil buscar un programa de recuperación que sea consistente con el pago de la deuda fijada por nuestros acreedores”.
Entre 1986 y 1993, entre el 8 y el 10 por ciento del PIB salió de Filipinas cada año en pagos del servicio de la deuda. Los pagos de intereses en proporción al gasto gubernamental se elevaron del 7 por ciento en 1980 al 28 por ciento en 1994; los gastos de capital cayeron del 26 al 16 por ciento. En poco tiempo, el servicio de la deuda se volvió la prioridad del presupuesto nacional.
El gasto en agricultura cayó a menos de la mitad. El BM y sus acólitos locales no se preocupaban, porque un propósito del apretamiento del cinturón era dejar que el sector privado invirtiera en el campo. Pero la capacidad agrícola se erosionó con rapidez, los sistemas de riego se estancaron, y hacia finales de la década de los 90s sólo el 19 por ciento de la red de carreteras del país estaba pavimentada, contra el 82% en Tailandia y el 75% en Malasia. Las cosechas eran pobres en general; el rendimiento promedio de arroz era de 2.8 toneladas por hectárea, muy por debajo de las de China, Vietnam y Tailandia, donde los gobiernos promovían activamente la producción rural. La reforma agraria languideció en la era posterior a Marcos, despojada de fondos para servicios de apoyo, que habían sido la clave para las exitosas reformas de Taiwán y Corea del Sur.
Como en México, los campesinos filipinos padecieron la retirada a gran escala del Estado como proveedor de apoyo. Y el recorte en programas agrícolas fue seguido por la liberalización comercial; la entrada de Filipinas en la Organización Mundial de Comercio (OMC) tuvo igual efecto que la firma del TLCAN para México. La entrada en la OMC requería eliminar cuotas en las importaciones agrícolas excepto el arroz, y permitir que cierta cantidad de cada producto ingresara con bajos aranceles. Si bien se permitió al país mantener una cuota en importaciones de arroz, tuvo que admitir el equivalente entre el 1 y el 4 por ciento del consumo doméstico en los 10 años siguientes. De hecho, a causa del debilitamiento de la producción derivada de la falta de apoyo oficial, el gobierno importó mucho más que eso para compensar una posible escasez. Esas importaciones, que se elevaron de 263 mil toneladas en 1995 y a 2.1 millones en 1998, hundieron el precio del cereal, lo cual desalentó a los productores y mantuvo la producción a una tasa muy inferior a la de los dos principales proveedores del país, Tailandia y Vietnam.
Las consecuencias del ingreso de Filipinas en la OMC barrieron con el resto de la agricultura como un tifón. Ante la invasión de importaciones baratas de maíz, los campesinos redujeron la tierra dedicada a ese cultivo de 3.1 millones de hectáreas en 1993 a 2.5 millones en 2000. La importación masiva de partes de pollo casi acabó con esa industria, mientras que el aumento de importaciones desestabilizó las de aves de corral, cerdo y vegetales.
Los economistas del gobierno prometieron que las pérdidas en maíz y otros cultivos tradicionales serían más que compensadas por la nueva industria exportadora de cultivos “de alto valor agregado” como flores, espárragos y brócoli. Poco de eso se materializó. El empleo agrícola cayó de 11.2 millones en 1994 a 10.8 millones en 2001.
El doble golpe del ajuste impuesto por el FMI y la liberalización comercial impuesta por la OMC hizo que una economía agrícola en buena medida autosuficiente se volviera dependiente de las importaciones y marginó constantemente a los agricultores. Fue un proceso cuyo dolor fue descrito por un negociador del gobierno filipino durante una sesión de la OMC en Ginebra: “Nuestros pequeños productores agrícolas son masacrados por la brutal injusticia del entorno del comercio internacional”.
La gran transformación
La experiencia de México y Filipinas se reprodujo en un país tras otro, sujetos a los manejos del FMI y la OMC. Un estudio de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en 14 países descubrió que los niveles de importaciones agrícolas en 1995-98 excedieron los de 1990-94. No era sorprendente, puesto que uno de los principales objetivos del acuerdo agrícola de la OMC era abrir mercados en países en vías de desarrollo para que absorbieran la producción excedente del norte.
Los apóstoles del libre mercado y los defensores del dumping parecieran estar en extremos opuestos del espectro, pero las políticas que propugnan producen el mismo resultado: una agricultura capitalista industrial globalizada. Los países en desarrollo se integran en un sistema en el que la producción de carne y grano para exportación está dominada por grandes granjas industrializadas como las manejadas por la trasnacional tailandesa CP, en las que la tecnología es mejorada continuamente por avances en ingeniería genética de firmas como Monsanto. Y la eliminación de barreras tarifarias y no tarifarias facilita un supermercado agrícola global de consumidores de elite y clase media, atendidos por corporaciones comercializadoras de granos como Cargill y Archer Daniels Midland, y minoristas trasnacionales de alimentos como la británica Tesco y la francesa Carrefour.
No se trata sólo de la erosión de la autosuficiencia alimentaria nacional o de la seguridad alimentaria, sino de lo que la africanista Deborah Bryce-son, de Oxford, llama la “descampesinación”, es decir, la supresión de un modo de producción para hacer del campo un sitio más apropiado para la acumulación intensiva de capital. Esta transformación es traumática para cientos de millones de personas, pues la producción campesina no es sólo una actividad económica: es un modo de vida milenario, una cultura, lo cual es una razón de que en India los campesinos desplazados o marginados hayan recurrido al suicidio. Se calcula que unos 15 mil campesinos indios han acabado con su vida. El derrumbe de precios por la liberalización comercial y la pérdida de control sobre las semillas ante las empresas de biotecnología son parte de un problema integral, señala Vandana Shiva, activista por la justicia global: “En la globalización, el campesino o campesina pierde su identidad social, cultural y económica de productor. Ahora un campesino es ‘consumidor’ de semillas y químicos caros que venden las poderosas corporaciones trasnacionales por medio de poderosos latifundistas y prestamistas locales”.
Agricultura Africana: desde la complacencia al desafío
La descampesinación se encuentra en un estado avanzado en Latinoamérica y en Asia. Si el BM se sale con la suya, África seguirá el mismo camino. Cómo Bryceson y sus colegas afirman correctamente en un artículo reciente, The World Development Report 2008, con amplia información sobre la agricultura en África, es prácticamente un plan para la transformación de la agricultura continental en una agricultura a gran escala comercial. Pero como en muchos otros lugares, la gente esta pasando de un resentimiento a un completo desafío.
En el tiempo de la descolonización en los 60s, África era un exportador neto de alimentos. Hoy el continente importa el 25% de su comida; casi todos los países son importadores netos. El hambre y la falta de alimentos están al orden del día, con emergencias de alimentos durante los tres últimos años en el Cuerno de África, el Sahel, el sur y el África Central.
La agricultura en África está en una profunda crisis, las causas van desde las guerras a los gobiernos, la falta de tecnología agrícola y el aumento del sida. Como en México y Filipinas una gran parte de la explicación es el abandono de los controles de los gobiernos y los mecanismos de ayudas que bajo el ajuste estructural impuesto por el FMI y el BM como el precio a pagar para la asistencia en pagar la deuda externa.
Los ajustes estructurales trajeron un decline en la inversión, aumentaron el desempleo, reducción del gasto social, reducción del consumo y baja producción. El aumento de los precios de los fertilizantes y al mismo tiempo la reducción de los sistemas de créditos agrícolas lo único que hizo fue reducir el uso de fertilizantes, el tamaño de las cosechas y la reducción de la inversión. La realidad rehusó confrontarse a las expectativas doctrinales de que el estado allanaría el camino para que el mercado dinamizara la agricultura.
En lugar de ello, el sector privado que vio que la reducción en el gasto del estado crearía más riesgos, no cubrieron el desfase. País tras país, la salida del estado “lleno” en lugar de “vaciar” la inversión privada. Donde el sector privado sustituyó al público, según un informe de OXFAM “A menudo lo han hecho en unos términos muy desfavorables para los granjeros pobres, dejando a estos con más inseguridad alimentaria, y a los gobiernos a depender de unas ayudas internacionales poco predecibles.” El sector económico, normalmente a favor del sector privado, estuvo de acuerdo, admitiendo que “muchas de las empresas privadas que vinieron a reemplazar a los investigadores estatales resultaron ser monopolistas en busca de dinero.”
El apoyo que recibieron los gobiernos fue canalizado por el Banco Mundial para la exportación de los productos agrícolas para generar divisa extranjera, la que necesitan los estados para pagar su deuda. Pero como en la hambruna en Etiopia en los años 80, este llevo a que la mejor tierra agrícola se dedicase a la exportación forzando a mover las cosechas para la alimentación a tierras menos favorables, lo que aumento la inseguridad alimentaria, además las indicaciones del BM a varias economías para que se centraran en el mismo tipo de productos para la exportación a menudo llevo a una sobreproducción, lo que hizo que los precios bajasen en los mercados internacionales. Por ejemplo el éxito de Ghana en la expansión del cultivo de cacao llevo a una bajada del precio del 48% entre 1986 y 1989. En 2002-03 la caída en el precio del café contribuyó a otra emergencia de alimentos en Etiopia.
Como en México y Filipinas, los ajustes estructurales en África no fueron sólo sobre la falta de inversión sino de la des-inversión de los gobiernos. Hubo otra diferencia importante, en África el FMI y el BM administraron a pequeña escala, tomando decisiones sobre la velocidad en que los subsidios se terminaban, cuantos funcionarios debían ser despedidos e incluso en el caso de Malawi, que cantidad de reservas de grano se venderían y a quien debían ser vendidas. O sea que los procónsules residentes del BM y del FMI llegaron hasta las entrañas de cómo el estado manejaba la economía agrícola para quedarse con todo.
Mezclando el impacto negativo del ajuste con las injustas practicas de comercio de EEUU y de UE. La liberación permitió que la carne de vacuno subvencionada de la UE llevase a muchos ganaderos del Oeste y el Sur de África a la ruina. Con los subsidios legitimados por la OMC, el algodón procedente de EEUU inundó los mercados con unos precios de entre el 20 y el 55% del coste de producción, por lo que llevaron a la bancarrota a los productores africanos.
Según OXFAM el número de subsaharianos viviendo con menos de 1 dólar diario casi se dobló entre 1981 y 2001 alcanzando los 313 millones, un 46% de la población. El papel que jugó el ajuste estructural es innegable. Como admitió el principal economista del BM para África, “No pensamos que el coste humano de esos programas seria tan grande, y que las ganancias económicas tardasen tanto en llegar”.
Malawi es un ejemplo representativo de la tragedia africana propagada por el FMI y el BM. En 1999 el gobierno de Malawi inició un programa para dar a cada pequeño negocio familiar un paquete con fertilizantes y semillas gratuitamente. El resultado: excedente nacional de maíz. Lo que vino después es una historia que debe ser encumbrada como un estudio clásico de uno de los grandes errores de la economía neoliberal.
EL BM y otros donantes de ayuda forzaron la disminución y eventualmente el abandono del programa, diciendo que el subsidio distorsionaba los mercados. Sin los paquetes gratuitos, la producción cayó. Al mismo tiempo el FMI insistió al gobierno a que vendiera una gran parte de sus reservas de grano para permitir que la agencia de la reserva de alimentos pagase la deuda. El gobierno cumplió. Cuando la crisis alimentaria se convirtió en hambruna en 2001-02, las reservas eran prácticamente inexistentes. Unas 1.500 personas murieron. El FMI no se arrepintió, de hecho, suspendió los pagos de un programa de ajuste aludiendo que “el sector paraestatal continuaría siendo un riesgo para la exitosa implementación del presupuesto de 2002/03. Las intervenciones del gobierno en la agricultura y otros mercados alimentarios están socavando otras inversiones más productivas”.
Pero otra crisis alimentaria aún peor se gestó en 2005, el gobierno había tenido bastante con la estupidez del FMI y del BM. Un nuevo presidente reintrodujo el subsidio para los fertilizantes, permitiendo que 2 millones de familias lo comprasen a un tercio del precio de mercado y las semillas también con descuentos. El resultado: aumento espectacular de las cosechas durante dos años, un excedente de 1 millón de toneladas de maíz y el país se transformó en un exportador de maíz a todo el cono sur de África.
El desafío de Malawi al BM podría haber sido un acto de resistencia heroica pero inútil hace una década. El medioambiente hoy es diferente, desde que los ajustes estructurales han sido desacreditados en toda África. Incluso algunos gobiernos donantes y ONGs que lo apoyaban se han distanciado del Banco. Puede que la motivación es prevenir su perdida de influencia en el Continente por asociarse con unas políticas fracasadas y con unas instituciones impopulares cuando la ayuda de China está emergiendo como una alternativa a los programas de ayudas del BM, FMI y los gobiernos occidentales.
Soberanía Alimentaria: ¿el paradigma de una alternativa?
No es solamente el desafío de gobiernos como el de Malawi y la disidencia de sus aliados lo que esta socavando al FMI y al BM. Organizaciones campesinas de todo el mundo, cada vez más militantes en resistir la globalización de la agricultura industrial. De hecho, es por la presión de grupos de agricultores que los gobiernos del Sur han rechazado conceder mayor acceso a sus mercados agrícolas y demandando el fin de los subsidios agrícolas en los EEUU y en la UE, lo que llevo a la Ronda de Doha de la OMC al fracaso.
Los grupos de agricultores han creado redes internacionales; uno de los movimientos más dinámicos es Vía Campesina. Ellos no solo buscan “echar a la OMC de la agricultura”, oponerse al paradigma de una agricultura industrial capitalista; también proponen una soberanía alimentaria alternativa. Esto significa en primer lugar el derecho de los países a determinar su producción y su consumo de alimentos y la liberación de la agricultura de los regimenes de comercio global como la OMC. También significa la consolidación de la agricultura a pequeña escala con la protección del mercado interior de los productos importados baratos; precios remunerativos para agricultores y pescadores: abolición de todos los subsidios directos e indirectos a la exportación; y el fin de los subsidios domésticos que promuevan un tipo de agricultura insostenible. Vía Campesina también pide el final de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio (TRIPs) que permite a las corporaciones patentar las semillas; se oponen a la agro-tecnología basada en la ingeniería genética; y demanda una reforma del campo. Como contraste a un monocultivo integrado global, ofrecen la visión de una economía tradicional agrícola compuesta de diversas economías nacionales agrícolas comerciando entre ellas pero centradas principalmente en la producción domestica.
Una vez fueron considerados como una reliquia de la era pre-industrial, los campesinos están liderando la oposición a una agricultura industrial capitalista que los relegó a la papelera de la historia. Se han convertido en lo que Karl Marx describía como una “clase en si misma” con conciencia política contradiciendo sus predicciones sobre su fin. Con la crisis de alimentos global, se están posicionando en el primer plano y tienen aliados y gente que los apoya. Los campesinos rehúsan ir dócilmente a esa buena noche y combaten la descampesinación, los acontecimientos en el siglo XXI están mostrando que la panacea de una agricultura industrial capitalista es una pesadilla. Con las crisis medioambientales multiplicándose, las disfunciones sociales de la vida urbana-industrial apilándose y la agricultura industrializada creando una mayor inseguridad alimentaria, el movimiento de los agricultores cada vez está ganando relevancia no solo en los agricultores sino en todos los que se encuentran amenazados por las consecuencias catastróficas de la visión global del capital de una organización de la producción, la comunidad y la vida en si misma.
________________________________________
Este artículo aparece publicado en la edición de 2 junio 2008 de The Nation (Nueva York)
Walden Bello, miembro del Transnational Institute, es presidente de Freedom from Debt Coalition, profesor de sociología en la Universidad de Filipinas en Diliman y analista senior en Focus on the Global South.
Versión integra del articulo original y publicado en versión reducida en
www.jornada.unam.mx
http://www.tni.org/detail_page.phtml?〈=sp&page=bello_globalfoodcrisis&lang_help=sp
Artículo completo:
Enlace al texto original
Traducción: Jorge Anaya para La Jornada versión reducida y Félix Nieto para Globalízate versión integra.
Etiquetas:
Crisis Alimentaria,
Neoliberalismo,
Walden Bello
viernes, 6 de junio de 2008
Bush quiere mantener control iraquí en forma indefinida

Plan secreto para mantener a Iraq bajo el control de USA
Bush quiere 50 bases militares, el control del espacio aéreo iraquí e inmunidad legal para todos los soldados y contratistas usamericanos.
Patrick Cockburn
The Independent
Traducción de Chelo Ramos
Un acuerdo secreto que se está negociando en Bagdad podría perpetuar la ocupación militar de Iraq de forma indefinida, sin importar cuál sea el resultado de las elecciones presidenciales de USA en noviembre. Al parecer, los términos de este acuerdo inminente, detalles del cual llegaron a conocimiento de The Independent, tendrán un efecto político explosivo en Iraq. Funcionarios iraquíes temen que el acuerdo, conforme al cual militares de USA podrían ocupar bases de manera permanente, realizar operaciones militares, arrestar iraquíes y disfrutar de inmunidad a la ley iraquí, desestabilizará la posición de Iraq en Oriente Próximo y sentará las bases para que el conflicto de su país no tenga fin.
Además, este acuerdo también amenaza con provocar una crisis política en USA. El presidente Bush desea que se apruebe a finales del mes próximo para poder así declarar una victoria militar y reivindicar su invasión de 2003. Pero al perpetuar la presencia de USA en Iraq, este acuerdo a largo plazo impedirá que el precandidato demócrata a la presidencia, Barack Obama, cumpla su promesa de retirar los soldados usamericanos de Iraq si resulta elegido presidente en noviembre. Se dice que la fecha del acuerdo también dará empuje al candidato republicano, John McCain, quien ha afirmado que USA está a punto de obtener una victoria en Iraq –una victoria que, según él, impediría Obama al retirar a los militares en forma prematura-.
Actualmente USA tiene 151.000 efectivos en Iraq; incluso después de la retirada que han proyectado realizar el mes próximo, quedarían más de 142.000 efectivos, es decir 10.000 más que cuando comenzaron a aumentar la cantidad de soldados en enero de 2007. Al parecer, según los términos del nuevo tratado USA retendrá el uso a largo plazo de más de 50 bases militares en Iraq. Los negociadores de USA también exigen inmunidad a la ley iraquí tanto para los militares como para los contratistas de ese país, y libertad total para realizar detenciones y actividades militares en Iraq sin consultar con el gobierno de Bagdad.
La naturaleza exacta de las exigencias de USA se ha mantenido en secreto hasta ahora, por lo que seguramente las filtraciones producirán reacciones negativas en Iraq. “Esto es una violación terrible de nuestra soberanía”, dijo un político iraquí, quien agregó que si se firma, este acuerdo de seguridad deslegitimará al gobierno de Bagdad que será considerado un peón de USA.
USA ha negado repetidamente que desee bases permanentes en Iraq, pero una fuente iraquí declaró: “Esto no es más que un subterfugio táctico”. Washington también desea controlar el espacio aéreo iraquí por debajo de los 29.000 pies (8,8 kilómetros) y asegurarse el derecho de proseguir su “guerra contra el terrorismo” en Iraq, lo que le daría autoridad para detener a cualquier persona y lanzar campañas militares sin consultar a nadie.
El presidente Bush está decidido a obligar al gobierno iraquí a firmar la llamada “alianza estratégica”, sin ninguna modificación, a finales del mes próximo. Pero ya los iraquíes y muchos árabes la condenan como parte de los esfuerzos continuados de USA por dominar la región. Ali Akbar Hashemi Rafsanjani, el poderoso y generalmente moderado líder iraní, dijo ayer que un acuerdo de esta naturaleza constituirá “una ocupación permanente”, y añadió “Lo que busca este acuerdo en el fondo es convertir a los iraquíes en esclavos de los usamericanos.” Se cree que el primer ministro iraquí, Nouri al-Maliki, se opone a los términos del nuevo pacto, pero considera que su gobierno de coalición no podrá permanecer en el poder sin el apoyo de USA. El acuerdo también podría exacerbar la guerra encubierta que libran Irán y USA por establecer cuál de los dos debe tener más influencia sobre Iraq.
Aunque los ministros iraquíes han dicho que rechazarán todos los acuerdos que limiten la soberanía nacional, observadores políticos en Bagdad sospechan que al final lo firmarán y que con esta postura desafiante sólo quieren demostrar sus credenciales como defensores de la independencia de Iraq. El único iraquí con autoridad para detener el acuerdo es el líder espiritual de la mayoría shi’i, el gran ayatolá Ali al-Sistani, que en 2003 obligó a USA a aceptar un referendo sobre la nueva constitución iraquí y la elección del parlamento. Pero, al parecer, considera que la pérdida del apoyo de USA debilitaría mucho a los shi’íes iraquíes que obtuvieron la mayoría en las elecciones parlamentarias de 2005.
USA se niega rotundamente a someter el nuevo acuerdo de seguridad a referendo, pues sospecha que los iraquíes no lo aprobarían. El influyente clérigo shi’i, Muqtada al-Sadr, ha pedido a sus seguidores que manifiesten todos los viernes en contra del acuerdo ya que pone en peligro la independencia de Iraq.
El gobierno iraquí desea retrasar la firma del acuerdo, pero el despacho del vicepresidente de USA, Dick Cheney, ha hecho lo posible por forzarlo a firmar. El embajador de USA en Bagdad, Ryan Crocker, ha pasado semanas intentado asegurar el acuerdo.
Es muy poco probable que la mayoría de los iraquíes acepte la firma de un acuerdo de seguridad y de un convenio paralelo que sirva de base legal para mantener efectivos militares de USA en Iraq. Pero los kurdos, que constituyen una quinta parte de la población, seguramente estarán de acuerdo en mantener la presencia usamericana, como lo estarán los líderes políticos sunníes que desean que las fuerzas de USA debiliten el poder de los shi’íes. La comunidad árabe sunní, que ha apoyado la guerra de guerrillas contra la ocupación de USA, seguramente se dividirá en este caso.
________________________________________________________
Chelo Ramos es miembro de Cubadebate , Rebelión y Tlaxcala , la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.
Enlace a texto original en The Independent
Bush mintió y manipuló información a su antojo
El Senado de EEUU hace público el último informe sobre la campaña de propaganda anterior a la guerra de Irak.
La Casa Blanca manipuló la inteligencia para justificar la invasión
Anatomía de un engaño
Adrián Fontes
Público
Han tardado cuatro años, pero al final el Senado de EEUU ha difundido el último informe público que desvela el alcance de la manipulación previa a la invasión de Irak.
El Comité de Inteligencia del Senado demostró que las autoridades norteamericanas justificaron la guerra, frente a sus ciudadanos y al mundo, echando mano de informaciones de inteligencia nada fiables o simplemente exagerándolas para hacerla coincidir con sus necesidades.
El presidente del Comité, el demócrata John Rockfeller, no se anduvo con rodeos al presentar sus conclusiones: “Una cosa es depender de información de inteligencia incorrecta y otra presentar una imagen a los estadounidenses sabiendo que es equivocada”, afirmó.
Los parlamentarios llevaron a cabo un trabajo escrupuloso. Compararon los principales discursos del presidente y de los miembros de su Gobierno con la información de los servicios de inteligencia que tenían entonces en sus manos.
Sin base
La conclusión es inapelable: “Antes de involucrar al país en la guerra, este país debía dar a los norteamericanos una imagen precisa al 100%”, explicó Rockfeller. “Lamentablemente, nuestro Comité concluyó que el Gobierno dijo varias cosas que no tenían ningún apoyo de inteligencia”, añadió. En otras palabras, Bush y los suyos mintieron, aunque el informe y los políticos se cuiden de utilizar esa palabra que constituye una grave acusación en Estados Unidos.
El vicepresidente Dick Cheney, por ejemplo, denunció varias veces la existencia de una relación entre Al Qaeda e Irak. El 8 de septiembre de 2002, en plena conmemoración del primer año de los atentados del 11 de septiembre, aseguró que un alto miembro del Gobierno de Sadam Husein se había reunido en Praga con Mohamed Atta, uno de los autores de los ataques. Rotunda conclusión de la comisión: “No hemos podido confirmar esa reunión”. Años de investigación inútil revelan que probablemente no existió.
Engañados
Sus miembros denunciaron “los esfuerzos implacables del presidente y sus consejeros por utilizar la guerra contra Al Qaeda como justificación para derrocar a Sadam Husein”. “Describir a los estadounidenses que ambos estaban asociados engañó a la nación”, aseguraron.
La acusación sobre la existencia de un programa nuclear iraquí también quedó en evidencia: “Las declaraciones de la Administración de Bush no comunicaba las discrepancias sustanciales que existían entonces en la inteligencia”.
Para confirmar muchas de los engaños ya conocidos, la comisión necesitó más de cuatro años y un cambio de mayoría en el Congreso tras las elecciones de 2006. En 2004, cuando los republicanos controlaban ambas cámaras, un primer informe se había centrado en los errores de los servicios de inteligencia.
Ahora se trataba de examinar el uso que los políticos hicieron de esos datos: “Esta Administración distorsionó la información de inteligencia para ir a la guerra”, acusó la senadora demócrata Dianne Feinstein, miembro del Comité.
El portavoz republicano en la comisión, Christopher Bond, se negó a aprobar el informe. Rockfeller recordó que su colega presentó 170 enmiendas al documento. La mitad fueron aceptadas. Aún así, se negó a dar su aprobación a un informe que cae en mal momento: en plena campaña electoral. El candidato republicano a la Casa Blanca John McCain apoyó la guerra y sigue justificando la presencia militar en Irak .
Barack no estaba aún en el Senado cuando los congresistas autorizaron en 2002 la invasión. Lamentablemente para la derrotada Hillary Clinton, que sí apoyó la moción, el documento sale tarde. Durante la campaña, dijo que había dado su aval a la guerra por haber sido engañada por Bush. Como lo fueron todos los norteamericanos.
Enlace a texto en Rebelión
La Casa Blanca manipuló la inteligencia para justificar la invasión
Anatomía de un engaño
Adrián Fontes
Público
Han tardado cuatro años, pero al final el Senado de EEUU ha difundido el último informe público que desvela el alcance de la manipulación previa a la invasión de Irak.
El Comité de Inteligencia del Senado demostró que las autoridades norteamericanas justificaron la guerra, frente a sus ciudadanos y al mundo, echando mano de informaciones de inteligencia nada fiables o simplemente exagerándolas para hacerla coincidir con sus necesidades.
El presidente del Comité, el demócrata John Rockfeller, no se anduvo con rodeos al presentar sus conclusiones: “Una cosa es depender de información de inteligencia incorrecta y otra presentar una imagen a los estadounidenses sabiendo que es equivocada”, afirmó.
Los parlamentarios llevaron a cabo un trabajo escrupuloso. Compararon los principales discursos del presidente y de los miembros de su Gobierno con la información de los servicios de inteligencia que tenían entonces en sus manos.
Sin base
La conclusión es inapelable: “Antes de involucrar al país en la guerra, este país debía dar a los norteamericanos una imagen precisa al 100%”, explicó Rockfeller. “Lamentablemente, nuestro Comité concluyó que el Gobierno dijo varias cosas que no tenían ningún apoyo de inteligencia”, añadió. En otras palabras, Bush y los suyos mintieron, aunque el informe y los políticos se cuiden de utilizar esa palabra que constituye una grave acusación en Estados Unidos.
El vicepresidente Dick Cheney, por ejemplo, denunció varias veces la existencia de una relación entre Al Qaeda e Irak. El 8 de septiembre de 2002, en plena conmemoración del primer año de los atentados del 11 de septiembre, aseguró que un alto miembro del Gobierno de Sadam Husein se había reunido en Praga con Mohamed Atta, uno de los autores de los ataques. Rotunda conclusión de la comisión: “No hemos podido confirmar esa reunión”. Años de investigación inútil revelan que probablemente no existió.
Engañados
Sus miembros denunciaron “los esfuerzos implacables del presidente y sus consejeros por utilizar la guerra contra Al Qaeda como justificación para derrocar a Sadam Husein”. “Describir a los estadounidenses que ambos estaban asociados engañó a la nación”, aseguraron.
La acusación sobre la existencia de un programa nuclear iraquí también quedó en evidencia: “Las declaraciones de la Administración de Bush no comunicaba las discrepancias sustanciales que existían entonces en la inteligencia”.
Para confirmar muchas de los engaños ya conocidos, la comisión necesitó más de cuatro años y un cambio de mayoría en el Congreso tras las elecciones de 2006. En 2004, cuando los republicanos controlaban ambas cámaras, un primer informe se había centrado en los errores de los servicios de inteligencia.
Ahora se trataba de examinar el uso que los políticos hicieron de esos datos: “Esta Administración distorsionó la información de inteligencia para ir a la guerra”, acusó la senadora demócrata Dianne Feinstein, miembro del Comité.
El portavoz republicano en la comisión, Christopher Bond, se negó a aprobar el informe. Rockfeller recordó que su colega presentó 170 enmiendas al documento. La mitad fueron aceptadas. Aún así, se negó a dar su aprobación a un informe que cae en mal momento: en plena campaña electoral. El candidato republicano a la Casa Blanca John McCain apoyó la guerra y sigue justificando la presencia militar en Irak .
Barack no estaba aún en el Senado cuando los congresistas autorizaron en 2002 la invasión. Lamentablemente para la derrotada Hillary Clinton, que sí apoyó la moción, el documento sale tarde. Durante la campaña, dijo que había dado su aval a la guerra por haber sido engañada por Bush. Como lo fueron todos los norteamericanos.
Enlace a texto en Rebelión
martes, 3 de junio de 2008

Los ricos se hacen más hambrientos
Amartya Sen
La crisis alimentaria que amenaza las vidas de millones de personas, ¿aminorará su ritmo o crecerá con el paso del tiempo? La respuesta puede ser las dos cosas. El reciente incremento de los precios alimentarios ha estado en gran parte causado por problemas temporales como la sequía de Australia, Ucrania y otros países. Aunque la necesidad de las grandes operaciones de rescate es urgente, la aguda crisis actual acabará finalmente. Pero hay un problema básico subyacente que se intensificará a menos que lo reconozcamos y tratemos de remediarlo.
Se trata de un cuento de dos pueblos. En una versión de la historia, un país con muchos pobres experimenta súbitamente una rápida expansión económica, pero solamente la mitad de la gente comparte la nueva prosperidad. Los nuevos favorecidos gastan buena parte de sus acrecidos ingresos en comida, y a no ser que la oferta crezca muy rápidamente, los precios se dispararán. El resto de los pobres se enfrenta ahora a unos precios más altos de los alimentos, pero sin disponer de una renta mayor, y comienza a morir de hambre. Tragedias como ésta ocurren reiteradamente en el mundo.
Un cruel ejemplo es la hambruna de Bengala de 1943, en la fase final del gobierno británico en la India. Los pobres que vivían en las ciudades experimentaron una rápida subida de ingresos, sobre todo en Calcuta, en donde los descomunales gastos dimanantes de la guerra contra Japón generaron un boom que cuadruplicó los precios de los alimentos. Los pobres del campo tuvieron que hacer frente a estas vertiginosas subidas de precios con menguadísimos incrementos de ingresos.
La disparatada política del gobierno agrandó el hiato. Los gobernantes británicos estaban resueltos a prevenir el descontento urbano durante la guerra, de modo que el gobierno compró comida en las aldeas para venderla, muy subsidiada, en las ciudades, una maniobra que, de rechazo, contribuyó a incrementar todavía más los precios de los alimentos en el campo. Los aldeanos con salarios bajos murieron de hambre. Dos o tres millones de personas sucumbieron a la hambruna y a sus secuelas.
Gran parte de los debates actuales se centran pertinentemente en el hiato que separa a ricos y a pobres en la economía global, pero los pobres del mundo están también divididos entre los que están experimentando un gran crecimiento y los que no. La rápida expansión económica en países como China, India y Vietnam tiende a aumentar bruscamente la demanda de alimentos. Ello es, por supuesto, excelente cosa en sí misma, y si estos países lograran reducir el hiato en su crecimiento interno, incluso los peor situados podrían comer mucho mejor.
Ello es, empero, que el propio crecimiento ejerce presión sobre los mercados mundiales de alimentos, a veces mediante un aumento de las importaciones, pero también mediante las restricciones o prohibiciones a la exportación concebidas para moderar el aumento de los precios nacionales de los alimentos, tal como ha sucedido recientemente en países como India, China, Vietnam y Argentina. Los pobres son quienes se han visto particularmente golpeados, señaladamente en África.
Pero existe también una versión de alta tecnología del cuento de los dos pueblos. Cosechas agrícolas como las de maíz y de semillas de soja pueden ser empleadas para fabricar el combustible biológico etanol como substituto de la gasolina. De manera que los estómagos de los hambrientos deben competir con los depósitos de combustible.
La disparatada política gubernamental juega un papel aquí también. En 2005, el Congreso de los EEUU empezó a promover un uso extendido de etanol como combustible. Esta ley, combinada con un subsidio para esos usos, ha creado un floreciente mercado del grano en los EEUU, pero ha desviado también recursos agrícolas de los alimentos a los combustibles. Esto hace más difícil la competencia a los estómagos hambrientos.
El uso de etanol apenas sirve para prevenir el calentamiento global y el deterioro ambiental, y reformas políticas lúcidas podrían llevarse a cabo urgentemente si la política estadounidense lo permitiese. El uso del etanol podría ser restringido más que subsidiado o reforzado.
El problema mundial de los alimentos no está causado por una tendencia a la baja en la producción global, o por la baja producción alimentaria por persona (esto se afirma a menudo sin pruebas). Es el resultado de una demanda acelerada. Sin embargo, un problema inducido por la demanda también exige una rápida expansión de la producción de alimentos, la cual puede darse mediante una mayor cooperación global.
Aunque el crecimiento de la población sólo representa una pequeña parte del crecimiento de la demanda de alimentos, puede contribuir al calentamiento global, y un cambio climático a largo plazo puede amenazar a la agricultura. Felizmente, el crecimiento de la población es ya lento, y hay pruebas abrumadoras de que la capacitación de las mujeres (incluida la expansión de la escolarización de las niñas) puede reducirlo rápidamente todavía más.
Un reto más importante es el de encontrar políticas efectivas para tratar las consecuencias de la expansión extremamente asimétrica de la economía mundial. Las reformas económicas a escala nacional son urgentemente necesarias en muchos países de lento crecimiento, pero también hay gran necesidad de mayor cooperación y ayuda mundial. La primera tarea que tenemos por delante es comprender la naturaleza del problema.
Amartya Sen, Premio Nobel de Economía en 1998, es profesor de Economía y de Filosofía en la universidad de Harvard. Su último libro es Identity and Violence: The Illusion of Destiny.
Traducción para www.sinpermiso.info: Daniel Raventós
The New York Times, 28 mayo 2008
Enlace a Sin Permiso
Etiquetas:
Amartya Sen,
Crisis Alimentaria,
Economía Mundial
Ruben Dri, sobre la crisis del campo argentino
Ricos transformados en piqueteros
Por Rubén Dri *
Página 12
La devastación del país que produjo la implementación a rajatabla del neoliberalismo conservador en la década del ’90 dio nacimiento a los millones de trabajadores que quedaron en el aire, “desocupados”, echados fuera de los márgenes de la “civilización”, abandonados a su mala suerte. Desde la indigencia, desde el olvido y la marginación tuvieron que hacer uso de su imaginación creadora e inventar métodos para hacerse “visibles”. Surgen, entonces, entre otros métodos como el “escrache”, inventado por H.I.J.O.S., y la “ronda”, creada por las Madres de Plaza de Mayo, los “cortes de ruta”. Los realizan los “piqueteros”. Los periodistas e intelectuales que llevan la voz cantante en nuestra sociedad inmediatamente comenzaron a clamar por el abuso que significaban dichos cortes. Lesionaban el derecho de circular libremente asegurado por nuestra Constitución. Se clamaba por la represión, pues eran como una mancha negra y apestosa en nuestra sociedad de los buenos. En muchísimas ocasiones la reclamada represión se produjo, dejando en los cuerpos de los piqueteros la marca del orden. El encarcelamiento estuvo a la orden del día y, en diversos casos, el asesinato vil, como en los conocidos casos de Kosteki y Santillán.
Pasó el tiempo. Ya no nos encontramos en 2001, su pueblada y la multitud de desocupados cortando rutas. Estamos en el 2008. Los cortes de ruta ahora los realizan, incredibile dictu, la Sociedad Rural, sí, la misma que nos dio de regalo a Martínez de Hoz, las Confederaciones Rurales, Coninagro y la Federación Agraria. Ya no son los pobres, o sea, los “negros”, sino los ricos, los “blancos”; no son los “desocupados”, sino los que “ocupan” a otros. Los cortes de ruta no son los mismos, mutaron, cambiaron de piel, se metamorfosearon, en una palabra, son totalmente “diferentes”. Los cortes de ruta de los negros siempre eran por unas horas, por un día al máximo, para retornar en otra ocasión. Mariano Grondona, distinguido pope de la “prensa libre”, dictaba cátedra sobre el conflicto de derechos, el de lograr lo mínimo para sobrevivir con el de transitar libremente con los coches último modelo. Las manifestaciones debían hacerse en lugares que no molestasen el libre transitar de los honestos ciudadanos.
Ahora es distinto. En primer lugar, los cortes duran indefinidamente. En segundo lugar, producen desabastecimiento. En tercer lugar, se producen sobre rutas internacionales. En cuarto lugar, la Gendarmería no sólo no reprime a los “ilustres piqueteros”, sino que los cuida. Ninguno ha recibido un solo rasguño. En quinto lugar, la prensa que tanto se escandalizaba de los cortes de los desocupados, ahora, ante el corte de los ricos, se deshace por darle cobertura, tanto que al decir de Hugo Presman: “Cualquiera que llegue por estos días a la Argentina tendrá la sensación de que gobierna una junta de cuatro civiles, con el primer ministro Alfredo De Angeli, que pasan por todas las radios y la mayor parte de los canales. El Gobierno pierde en los medios por goleada”. Parece que la pregonada “calidad institucional” se protege cortando las rutas.
Los discursos desaforados, ampliamente difundidos por los medios de comunicación “independientes”, parecen expresar una verdadera cruzada nacional en defensa de la patria sometida por una familia que se adueñó del gobierno y quiere ver a todos de rodillas: “Sólo ante Dios nos vamos a arrodillar y nunca frente a ningún tirano”. De lo cual no podemos menos que decir que al frente del país hay un tirano y efectivamente, la inefable Carrió nos aclaró que estamos gobernados por un “tiranuelo”.
El vocero del lockout patronal no se anda con chiquitas. “Nos van a tener que matar de pie antes de vernos de rodillas” y “si mandan a los gendarmes, manden también las ambulancias”. Imaginemos que esto hubiese sido dicho por piqueteros desocupados. ¡Qué alarma no hubiese sonado en los grandes medios, es decir, en la prensa “independiente”! ¡Eso es incitación a la violencia! Dicho en cambio por el vocero de los patrones del campo suena como un himno a la alegría.
La épica que aparece en los encendidos discursos no sólo del citado vocero, sino también de los otros ilustres representantes de los dueños de la tierra, nada tiene que ver con la patria, sino con el popular y nunca bien ponderado “bolsillo”. No quieren compartir absolutamente nada de las fabulosas ganancias que hoy acumulan. En otras palabras, no quieren pagar impuestos. La épica tiene que ver con el bolsillo, pero debido a que el Gobierno en esto no ha dado el brazo a torcer, se ha trasladado al “poder”. Ya es descaradamente una lucha por el poder.
Ante esa lucha menester es definirse. El Gobierno ha cometido muchos errores y, tal vez, horrores. Tenemos muchos reclamos que hacerle en lo referente a un verdadero proyecto nacional y popular, que exige necesariamente la recuperación de toda la riqueza nacional que se ha entregado en la infausta década del ’90. Pero independientemente de ello, la política de las retenciones es correcta y, en esto, el Estado no puede ceder, pese a las amenazas como las de Eduardo Buzzi, el que preside la Federación Agraria, a la que pertenece el gran De Angeli: “Que truene el escarmiento si no se cambia en el tema de las retenciones [...] Hay un solo camino, ganar o ganar”.
La lucha no es del Gobierno contra el campo o viceversa. Simplemente es el levantamiento de los patrones del agro que acumulan fabulosas ganancias que hoy desafían al Estado, diciéndole que en sus negocios éste no debe meterse y, si lo hace, harán tronar el escarmiento. Frente a esto tenemos que ser claros. El Estado debe meterse, debe cobrar la renta, debe intervenir en el mercado para ponerles límites a los grandes consorcios que lo controlan a su gusto y paladar.
* Filósofo y teólogo, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).
Enlace a publicación en Página 12
Por Rubén Dri *
Página 12
La devastación del país que produjo la implementación a rajatabla del neoliberalismo conservador en la década del ’90 dio nacimiento a los millones de trabajadores que quedaron en el aire, “desocupados”, echados fuera de los márgenes de la “civilización”, abandonados a su mala suerte. Desde la indigencia, desde el olvido y la marginación tuvieron que hacer uso de su imaginación creadora e inventar métodos para hacerse “visibles”. Surgen, entonces, entre otros métodos como el “escrache”, inventado por H.I.J.O.S., y la “ronda”, creada por las Madres de Plaza de Mayo, los “cortes de ruta”. Los realizan los “piqueteros”. Los periodistas e intelectuales que llevan la voz cantante en nuestra sociedad inmediatamente comenzaron a clamar por el abuso que significaban dichos cortes. Lesionaban el derecho de circular libremente asegurado por nuestra Constitución. Se clamaba por la represión, pues eran como una mancha negra y apestosa en nuestra sociedad de los buenos. En muchísimas ocasiones la reclamada represión se produjo, dejando en los cuerpos de los piqueteros la marca del orden. El encarcelamiento estuvo a la orden del día y, en diversos casos, el asesinato vil, como en los conocidos casos de Kosteki y Santillán.
Pasó el tiempo. Ya no nos encontramos en 2001, su pueblada y la multitud de desocupados cortando rutas. Estamos en el 2008. Los cortes de ruta ahora los realizan, incredibile dictu, la Sociedad Rural, sí, la misma que nos dio de regalo a Martínez de Hoz, las Confederaciones Rurales, Coninagro y la Federación Agraria. Ya no son los pobres, o sea, los “negros”, sino los ricos, los “blancos”; no son los “desocupados”, sino los que “ocupan” a otros. Los cortes de ruta no son los mismos, mutaron, cambiaron de piel, se metamorfosearon, en una palabra, son totalmente “diferentes”. Los cortes de ruta de los negros siempre eran por unas horas, por un día al máximo, para retornar en otra ocasión. Mariano Grondona, distinguido pope de la “prensa libre”, dictaba cátedra sobre el conflicto de derechos, el de lograr lo mínimo para sobrevivir con el de transitar libremente con los coches último modelo. Las manifestaciones debían hacerse en lugares que no molestasen el libre transitar de los honestos ciudadanos.
Ahora es distinto. En primer lugar, los cortes duran indefinidamente. En segundo lugar, producen desabastecimiento. En tercer lugar, se producen sobre rutas internacionales. En cuarto lugar, la Gendarmería no sólo no reprime a los “ilustres piqueteros”, sino que los cuida. Ninguno ha recibido un solo rasguño. En quinto lugar, la prensa que tanto se escandalizaba de los cortes de los desocupados, ahora, ante el corte de los ricos, se deshace por darle cobertura, tanto que al decir de Hugo Presman: “Cualquiera que llegue por estos días a la Argentina tendrá la sensación de que gobierna una junta de cuatro civiles, con el primer ministro Alfredo De Angeli, que pasan por todas las radios y la mayor parte de los canales. El Gobierno pierde en los medios por goleada”. Parece que la pregonada “calidad institucional” se protege cortando las rutas.
Los discursos desaforados, ampliamente difundidos por los medios de comunicación “independientes”, parecen expresar una verdadera cruzada nacional en defensa de la patria sometida por una familia que se adueñó del gobierno y quiere ver a todos de rodillas: “Sólo ante Dios nos vamos a arrodillar y nunca frente a ningún tirano”. De lo cual no podemos menos que decir que al frente del país hay un tirano y efectivamente, la inefable Carrió nos aclaró que estamos gobernados por un “tiranuelo”.
El vocero del lockout patronal no se anda con chiquitas. “Nos van a tener que matar de pie antes de vernos de rodillas” y “si mandan a los gendarmes, manden también las ambulancias”. Imaginemos que esto hubiese sido dicho por piqueteros desocupados. ¡Qué alarma no hubiese sonado en los grandes medios, es decir, en la prensa “independiente”! ¡Eso es incitación a la violencia! Dicho en cambio por el vocero de los patrones del campo suena como un himno a la alegría.
La épica que aparece en los encendidos discursos no sólo del citado vocero, sino también de los otros ilustres representantes de los dueños de la tierra, nada tiene que ver con la patria, sino con el popular y nunca bien ponderado “bolsillo”. No quieren compartir absolutamente nada de las fabulosas ganancias que hoy acumulan. En otras palabras, no quieren pagar impuestos. La épica tiene que ver con el bolsillo, pero debido a que el Gobierno en esto no ha dado el brazo a torcer, se ha trasladado al “poder”. Ya es descaradamente una lucha por el poder.
Ante esa lucha menester es definirse. El Gobierno ha cometido muchos errores y, tal vez, horrores. Tenemos muchos reclamos que hacerle en lo referente a un verdadero proyecto nacional y popular, que exige necesariamente la recuperación de toda la riqueza nacional que se ha entregado en la infausta década del ’90. Pero independientemente de ello, la política de las retenciones es correcta y, en esto, el Estado no puede ceder, pese a las amenazas como las de Eduardo Buzzi, el que preside la Federación Agraria, a la que pertenece el gran De Angeli: “Que truene el escarmiento si no se cambia en el tema de las retenciones [...] Hay un solo camino, ganar o ganar”.
La lucha no es del Gobierno contra el campo o viceversa. Simplemente es el levantamiento de los patrones del agro que acumulan fabulosas ganancias que hoy desafían al Estado, diciéndole que en sus negocios éste no debe meterse y, si lo hace, harán tronar el escarmiento. Frente a esto tenemos que ser claros. El Estado debe meterse, debe cobrar la renta, debe intervenir en el mercado para ponerles límites a los grandes consorcios que lo controlan a su gusto y paladar.
* Filósofo y teólogo, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).
Enlace a publicación en Página 12
lunes, 2 de junio de 2008
Robespierre, en la trinchera de la lucha de clases

Al rescate de Maximilien Robespierre
Antonio Salvador
Rebelión
Debemos cumplir una misión urgente, y realizarla con esmero y cuidado. Un comando de fuerzas especiales de la izquierda anticapitalista española, compuesto por nuestros mejores militantes, debe partir de inmediato hacia Francia, para encontrar la sepultura perdida de Maximilien Robespierre, rescatando sus restos mortales. Acabaremos así con uno de los misterios de la Revolución Francesa, desvelando el destino final del que fue el más grande de sus líderes.
La primera parada de la expedición será el cementerio de Errancis, donde los termidorianos enterraron al Incorruptible, cubriéndole con cal viva. El equipo de arqueólogos de la Federación Estatal de Foros por la Memoria tendrá que trabajar duro, inspeccionar el camposanto de cabo a rabo, buscando cualquier mínimo rastro de Robespierre. Y si aparece de paso Louis Antoine de Saint-Just, su principal lugarteniente, mataremos dos pájaros de un certero disparo.
Si fracasamos en el intento y no descubrimos nada, no hay porqué preocuparse. El cuerpo de Robespierre no es indispensable para que el operativo finalice exitosamente. Lo que sí necesitamos son los ideales robiesperristas, aquel torrente de pensamientos que hicieron temblar el mundo. Ahora estas ideas nos ayudaran a rehacer nuestra constelación de causas perdidas, que se han ido resquebrajando a medida que triunfaba el neoliberalismo.
El PSOE, nacido marxista y reeducado sociademócrata, es el partido del orden y del capital, el partido de la gran banca y de la oligarquía. Enzarzado el PP en una lucha a cara de perro, de pronóstico reservado, el PSOE es la garantía de que el statu quo no se modificará en detrimento de la clase empresarial. El PSOE es el enemigo a batir, por mucho que se empeñe la progresía en mostrarnos los horrores del PP. La reconstrucción de la izquierda alternativa y transformadora se hará contra el PSOE y contra el Gobierno ZP.
Para recuperarnos del coma profundo que sufrimos, necesitamos tanto la teoría económica de Marx como la propuesta demócrata radical de Robespierre. El socialismo del futuro será robespierrista o no será, será democrático o sólo será un sucedáneo, una chuchería con la que endulzar la mediocridad imperante. El hilo rojo que une a Karl Marx y a Maximilien Robespierre, del que ya han hablado otros antes que yo, forjará la madeja del anticapitalismo revolucionario, en este nuevo siglo.
Estamos en la última década del siglo XVIII. La joven República Francesa, atacada e invadida por las más poderosas naciones del orbe (la misma situación se repetiría 130 años después con la naciente Unión Soviética), vacilaba entre los realistas, los girondinos y los jacobinos, estableciendo para siempre los conceptos de derecha, centro e izquierda. Marat, Danton, La Fayette, Robespierre, Saint-Just, Bonaparte, ocupaban la arena pública, debatiendo en la Convención o en la Asamblea Nacional, publicando panfletos insurreccionales o dirigiendo los ejércitos franceses hacia la victoria. Sobre todos ellos, brillaba Robespierre.
Maximilien Robespiere, tribuno de la plebe, abogado de los humildes, defensor del pueblo campesino y trabajador, miembro del ala izquierda del club de los jacobinos, figura maldita para monárquicos y burgueses, idolatrado por los sans culottes, magnífico orador, parlamentario agresivo, hombre de salud escasa, con razón la masa le llamó Incorruptible. Denostado durante siglos, vilipendiado y olvidado, descatalogado por la ortodoxia soviética, víctima de una campaña de desprestigio demasiado larga y cruel, consiguió combinar los aspectos más positivos del liberalismo con lo que él mismo calificó de economía política popular.
La economía política popular que propugnaba Robespierre defendía la prevalencia del poder político sobre el poder económico, defendiendo el control ciudadano de la economía. Se oponía así a la libertad total del mercado, base fundamental del liberalismo clásico, precisando que nunca el derecho a la propiedad privada podría situarse por encima del derecho a una existencia digna. Ni el derrocamiento de la Monarquía Borbón ni la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano eran suficientes, sólo etapas importantes de una carrera de fondo hacia la libertad y hacia la felicidad, que todavía recorremos.
Ante aquellos que pretendían negar el derecho al voto a judíos y a comediantes, Robespierre afirmaba "Devolvámoslos a la felicidad, a la patria, a la virtud, devolviéndoles la dignidad de hombres y de ciudadanos libres; soñemos que jamás puede ser política, que se pueda llama así, el condenar al envilecimiento y a la opresión a una multitud de hombres que viven entre nosotros". El de Arrás atacaba los prejuicios antijudíos, propios de entonces, exigiendo la igualdad legal para cualquier ciudadano.
Robespierre se oponía a a la proposición de ley marcial, que trataban de aprobar los reaccionarios con el fin de sofocar militarmente los numerosos motines populares que estallaban en Francia. Justificaba el derecho del pueblo a la insurrección si el Estado violaba las libertades, argumentando que "El pueblo volverá a ponerse por sí mismo bajo el yugo de las leyes cuando éstas no sean otra cosa que protección y provecho".
"Todos los hombres nacidos y domiciliados en Francia son miembros de la sociedad política que se llama la nación francesa, es decir, ciudadanos franceses. Lo son por la naturaleza de las cosas y por los principios primeros del derecho de las gentes. Los derechos unidos a este título no dependen ni de la fortuna que cada uno de ellos posee, ni de la cantidad del impuesto a la que está sometido, porque no es el impuesto lo que nos hace ciudadanos; la cualidad de ciudadanos obliga solamente a contribuir a los gastos comunes del estado, según sus facultades". Con estas palabras combatía Robespierre el sufragio censitario, que privaba del derecho al voto a la inmensa mayoría de los franceses.
El diputado jacobino siempre se enfrentó al esclavismo, porque lo consideraba incompatible con la propia Revolución: "Desde el momento en que, en uno de vuestros decretos, hayáis pronunciado la palabra esclavo, habréis pronunciado vuestro propio deshonor y el derrocamiento de vuestra constitución".
"Cuanto más pobre se es, más necesidad se tiene de la autoridad protectora; así, lejos de disminuir esta facultad, para la causa de los ciudadanos más pobres, es por el contrario a estos ciudadanos a quienes el legislador debe garantizarla de la manera más auténtica y extensa". Este pequeño apunte deja bien claro en que trinchera de la lucha de clases estaba Maximilien Robespierre .
Frente a los que promovían la guerra de conquista para, supuestamente, extender los principios revolucionarios por Europa, Robespierre replicaba "La idea más extravagante que puede nacer en la cabeza de un político es creer que es suficiente que un pueblo entre a mano armada en un pueblo extranjero para hacerle adoptar sus leyes y su constitución. Nadie quiere a los misioneros armados. Y el primer consejo que dan la naturaleza y la prudencia es rechazarlos como enemigos". Anticipaba de este modo el fracaso del socialismo real, impuesto por el Ejército Rojo a los países del Este tras el aniquilamiento del Tercer Reich. Incluso, se adelantaba al error tremendo del Che Guevara, lo que le acabó costando la vida en las selvas de Bolivia.
En otra de sus fantásticas alocuciones, respondía a los que le acusaban de tomar medidas ilegales para actuar contra los enemigos de la revolución, alegando que "Todas aquellas cosas eran ilegales, tan ilegales como la revolución, como la caída del trono y de la Bastilla, tan ilegales como la propia libertad" .
"La libertad del comercio es necesaria hasta el límite en que la codicia homicida empieza a abusar de ella"; "Ningún hombre tiene el derecho a amontonar el trigo al lado de su semejante que muere de hambre"; "La primera ley social es pues la que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios de existir"; "Todo cuanto resulte indispensable para conservarla (la vida) es propiedad común de la sociedad entera"; "Toda especulación mercantil que hago a expensas de la vida de mi semejante no es tráfico, es bandidaje y fratricidio". La prosa contundente del Incorruptible deja bien claro que el ser humano es más importante que el mercado, que nadie debe hacerse rico a costa de que otros se mueran de hambre. Anticapitalismo del bueno, parece escrito para describir la globalización.
También atacaba la pena de muerte: "Quiero probaros dos proposiciones principales: la primera, que la pena de muerte es esencialmente injusta; la segunda, que no es la más represiva de todas las penas, y que contribuye mucho más a multiplicar los crímenes que a prevenirlos". Precisamente, la acusación que lanzó la reacción contra Robespierre, y que aún se escucha, es que fue un tirano sanguinario, acérrimo partidario de la pena de muerte. Otra mentira más. Sólo fue partidario de ella en contadas ocasiones. Cierto es que votó a favor de la ejecución del rey, medida extrema que contribuyó a descabezar la conspiración contrarrevolucionaria. En la época del Terror, con Francia asaetada por los ejércitos absolutistas, justificó el uso de la pena de muerte para preservar la integridad de la república, seriamente amenazada.
"Dar al gobierno la fuerza necesaria para que los ciudadanos respeten siempre los derechos de los ciudadanos, y hacer de manera que el gobierno nunca pueda violarlos". Estas debían ser las funciones del Poder Legislativo según Robespierre. "Los males de la sociedad no provienen jamás del pueblo sino del gobierno"; "El interés del pueblo es el bien público. El interés del hombre con poder es el bien privado". Como pueden apreciar, Robespierre era rousseauniano, demasiado ingenuo, demasiado honesto para este mundo de canallas.
El discurso sobre los Principios del Gobierno Revolucionario es fundamental en la trayectoria de Maximilien Robespierre: "La teoría del gobierno revolucionario es tan nueva como la revolución que la ha traído. No hay que buscarla en los libros de los escritores políticos, que no han visto en absoluto esta Revolución, ni en las leyes de los tiranos que contentos con abusar de su poder, se ocupan poco de buscar la legitimidad; esta palabra no es para la aristocracia más que un asunto de terror; para los tiranos, un escándalo; para mucha gente un enigma. El principio del gobierno constitucional es conservar la República; la del gobierno revolucionario es fundarla... El gobierno constitucional se ocupa principalmente de la libertad civil; y el gobierno revolucionario de la libertad pública. Bajo el régimen constitucional es suficiente con proteger a los individuos de los abusos del poder público; bajo el régimen revolucionario, el propio poder público está obligado a defenderse contra todas las facciones que le ataquen. El gobierno revolucionario debe a los buenos ciudadanos toda la protección nacional; a los enemigos del pueblo no les debe sino la muerte".
La reacción obligó a la Revolución a actuar rigurosamente, aplicando la pena de muerte a opositores y a conspiradores. Robespierre ejerció como contrapeso, dentro del Comité de Salud Pública del que era miembro, entre las posturas más extremistas y las más moderadas. Era un hombre, nada más y nada menos que una persona, por lo que su quehacer político no fue perfecto, cometió errores en algunas ocasiones, aunque siempre tuvo al pueblo en su corazón.
"La esencia de la república o de la democracia es la igualdad, se concluye de ello que el amor a la patria abarca necesariamente el amor a la igualdad. Es verdad también que este sentimiento sublime supone la prioridad del interés público sobre todos los intereses particulares". La igualdad, la bendita igualdad, el horizonte de nuestras batallas, fue también el propósito final de aquel francés enfermizo y enjuto, que un día sembró de inquietud el alma podrida de los poderosos.
Cojamos picos y palas, pongámonos el mono de trabajo, cavemos una y otra vez, destripando la tierra donde dicen que arrojaron el cadáver de Maximilien. Quizás encontremos su cabeza, la cabeza del sabio, del orador, del guerrero de la Revolución. Si tenemos la suerte de lograrlo, no permitamos que nadie le eleve a la categoría de dios, le ponga velas y le rece avemarías, porque entonces seríamos traidores, traidores a Robespierre y traidores a la causa de la humanidad.
"La verdad es mi único refugio frente al crimen; no quiero ni elogios ni partidarios: mi defensa está en mi conciencia". Así sea, compañero.
* La totalidad de las citas de Maximilien Robespierre, mencionadas en este artículo, provienen de la recopilación de discursos del revolucionario jacobino, "Por la felicidad y por la libertad", publicada en El Viejo Topo, en 2005.
Enlace al texto original en Rebelion
Etiquetas:
Marxismo Contemporáneo,
Robespierre
sábado, 31 de mayo de 2008
La larga marcha del topo neoliberal y la ideología del reformismo postmoderno
La larga marcha del topo neoliberal y la ideología del reformismo postmoderno
Por Ugo Mattei (*) - Il Manifesto
Es difícil encontrar en la jerga política italiana contemporánea un término más difundido que el de “reformismo”. Es más, es difícil encontrar una ideología política más responsable de la catástrofe electoral de las fuerzas democráticas de este país, simbolizada por la pancarta con la inscripción “Veltroni santo, ya!”, expuesta por los fascistas que hoy se señorean en el Campidoglio.
Es indiscutible que el uso reciente dado por la izquierda al término “reformismo” debe constituir el punto de partida de cualquier análisis sobre su completa derrota. La necesidad de “emprender reformas” fue invocada en campaña electoral tanto por los líderes políticos de derechas como de izquierdas, hasta el punto de convertirse en el mínimo común denominador de la política italiana contemporánea: la reforma electoral, la reforma escolar, la reforma sanitaria, la reforma universitaria, la reforma profesional, la reforma del mercado de trabajo. ¿Qué se esconde tras esta extendida ideología? Es bastante obvio que el término reformista transmite un tranquilo mensaje de moderación. Al mismo tiempo , sin embargo, esconde una feroz determinación securitaria. El reformista, a diferencia del revolucionario, no destruye, no trastoca, no revoluciona el status quo. Siempre está del lado de la autoridad constituida que garantiza seguridad a su propiedad. No está satisfecho con algunos aspectos del sistema y, aunque suscribe su lógica de fondo, procura mejorarlo, repensarlo, favorecer su desarrollo, transformarlo de manera tal vez radical, pero armónica, progresiva y siempre compatible con los fundamentos del orden propietario consolidado.
La expresión “reformismo” pone el énfasis en el proceso de transformación más que en su contenido, y admite la necesidad de rediseñar algunos aspectos del sistema institucional para obtener crecimiento y desarrollo. Este es el declarado mensaje bipartidista de la mayoría y de la oposición que compiten de acuerdo a las reglas electorales de una “democracia liberal occidental moderna”. Se trata de un tranquilo mensaje subliminal, que coloca a la expresión “reformismo” bajo una luz benévola, al tiempo que estigmatiza como extremista y veleidosa a cualquier voz alternativa.
De Bentham a Carlo Rosselli
En la era del reformismo bipartidista, la antigua oposición entre conservador y reformista se esfuma, ya que el primero queda irremisiblemente condenado a la “inevitable” y “natural” aceleración histórica y tecnológica de la era postmoderna. Por razones en buena medida análogas pero especulares, se esfuma también la contraposición entre revolucionario y reformista. En efecto, aunque el término reformista fue acuñado por Jeremy Bentham en 1811, quien lo situó en el centro de la reflexión política del movimiento obrero a mediados del siglo XIX, fue Eduard Bernstein el primero en poner en cuestión la inminencia de la revolución proletaria, sosteniendo la necesidad de alianzas estratégicas con los partidos burgueses. El reformismo socialista, teorizado en Francia por Alexandre Millerand en un famoso libro de título homónimo, conquistó a algunos de los más prestigiosos dirigentes del Partido Socialista Italiano a inicios del corto siglo XX. Cabe recordar, por ejemplo, a Turati, Treves, Bissolati, Bonomi, Carlo Roselli, Matteotti y Gaetano Salvemini, la mayoría expulsados en el congreso de Livorno de 1912 y tachados, precisamente, de revisionistas, un término que para entonces ya estaba contaminado de connotaciones negativas. Por supuesto, esta corriente reformista, que tuvo un peso notable en la Segunda Internacional (1889-1914) compartía el proyecto de igualdad y justicia social del movimiento socialista, pero se distinguía por el método legalista y gradualista, más que revolucionario, con el que el objetivo final debía alcanzarse. La idea de reformismo, en otras palabras, estaba imbricada en un vasto proyecto internacionalista, redistributivo y de emancipación de las clases sociales más necesitadas, una aspiración completamente perdida en la actual concepción bipartidista.
El terremoto reaganiano
En materia de política económica, el término reformista se manifiesta en las grandes transformaciones del modelo liberal propugnadas por los defensores del Estado de bienestar, en particular en su versión keynesiana. Esta concepción fue barrida, tras la crisis del petróleo de los años 70’, por la “revolución” reaganiana y tatcheriana que contribuiría al hundimiento, en pocos años, de la experiencia del socialismo realmente existente. Es precisamente en el marco de las transformaciones del contexto político-cultural global donde nace la actual ideología del reformismo, una teoría animada no por un proyecto básico de justicia social sino, por el contrario, orientada principalmente a la reconstrucción de un sistema capitalista lo más eficiente posible.
En este ámbito, el ordenamiento jurídico, lejos de postularse como un instrumento de limitación de los impulsos posesivos individuales, se propone estimular su despliegue sin cortapisas. El argumento de fondo es que estos impulsos, guiados por una mano invisible en un proceso puramente privado, acabarán por favorecer, al menos de forma indirecta, también a los sujetos más débiles, en virtud del “derrame hacia abajo” (el llamado trickle down effect) de los beneficios de un crecimiento económico sostenido.
El proyecto reaganiano y tatcheriano no intentó remozar aspecto alguno del modelo contra el que se rebelaba. Por el contrario, contemplado con perspectiva global, trastocó con violencia “revolucionaria” todo su contenido político y cívico. Lo que se derrumba con la caída del Muro de Berlín, haciendo retroceder en casi dos siglos el significado del reformismo, son precisamente los presupuestos de la constitución económica de un modelo mixto (público y privado) que el estado del bienestar había producido y constitucionalizado a partir de la experiencia de la República de Weimar y luego, en Italia, con la constitución de 1948 y el gran compromiso entre Togliatti, Dossetti y Eunadi. Desde el punto de vista del contenido, en el nuevo orden global en el que el crecimiento económico se considera prioritario, con independencia de toda preocupación distributiva, el reformista sólo se propone mitigar los aspectos más extremos e inhumanos del modelo dominante. De esta manera, el término adquiere una acepción no muy distinta a la que permite presentar como reformistas a reyes “ilustrados” como María Teresa de Austria, Leopoldo de Toscana, Federico II de Prusia, Carlos III de Nápoles o Catalina II de Rusia. Una visión profundamente anclada en la desigualdad sustancial de los derechos de propiedad, que hace suyo un modelo autoritario, clasista, etnocéntrico, pero que se preocupa, sin embargo, por su “rostro humano” (el plan para África de Tony Blair o la Fundación de Bill y Melinda Blair son, en este sentido, emblemáticos)
Este reformismo de la “tercera vía”, que a partir de los trabajos de Anthony Giddens pretende expugnar el frente intelectual y político que, al menos en Europa, separaba la izquierda de la derecha, encuentra en Tony Blair y Bill Clinton a los dos héroes epónimos capaces de naturalizar y encajar en el bipartidismo las recetas neoliberales confeccionadas una década atrás en interés de los actores fuertes de los mercados financieros globales (instituciones financieras internacionales, bancos, compañías de seguro, fondos de inversión). Dos héroes que no están solos en Occidente. Que en Alemania tienen a Schroeder, quien con la ayuda del Fondo Monetario Internacional, marginó a Oskar Lafontaine. Y que en Italia tienen a Massimo D’Alema (primer ministro post-comunista ansioso por participar en las guerras globales) y a Romano Prodi, ambos dispuestos a hacer pasar el reformismo neoliberal como pensamiento de “izquierdas” y a abrir paso así a una gran convergencia bipartidista. La creación de una ideología reformista que actúe como instrumento del abandono de la distribución en beneficio de la producción y de la acumulación concentrada de riqueza, permite abrazar sin traumas este modelo de desarrollo totalmente “mercantilista” (acompañado por la retórica de la competencia pero basado, en la práctica, en el oligopolio). Un modelo que entre nosotros ha sido celebrado con entusiasmo por el Partido Democrático, justo cuando la derecha social neocorporativista, curiosamente, comenzaba a revisarlo, a través de la impresionante pirueta de Giulio Tremonti, campeón de las privatizaciones y las finanzas creativas (La paura e la speranza, Mondadori, 2008, ha sido un best-seller de campaña electoral, capaz de vender, simultáneamente, anti-mercantilismo, securitarismo y xenofobia).
También en la izquierda, las periódicas y dramáticas convulsiones productivas –la crisis de los mercados asiáticos de 1997, la crisis de las suprime y recesión actual-, pero sobre todo el progresivo ahondamiento de la brecha entre ricos y pobres que de manera estructural condena a África y a otros países subalternos al hambre y la sed, deberían conducir a un honesto replanteamiento de los términos de la cuestión “reformista”. El economista austriaco Joseph Shumpeter escribió una vez que así como los frenos permiten a un vehículo avanzar rápido y sin accidentes, lo mismo ocurre con el modelo económico capitalista. Esta idea fue retomada por Michel Albert en su célebre ensayo sobre los dos capitalismos (el anglosajón y el renano) y ha sido desarrollada en la literatura jurídica y económica más sensata, aunque minoritaria. No obstante, ha obtenido escaso eco en las discusiones sobre política económica italiana. Entre nosotros el reformismo se mide con el metro de las liberalizadoras medidas “sábana” del ex ministro de Prodi, Pierluigi Bersani, y hace suya la cruzada contra los “límites de todo tipo” a la libre empresa (los lacci e lacciuoli de los que hablaba Guido Carlo, un maestro de la derecha clásica). Las reformas orientadas a la liberalización desacreditan así, de manera sistemática, los controles jurídico públicos (los lacciuoli, precisamente) al dirigirse a taxistas, farmacéuticos y, sobre todo, a trabajadores autónomos (en defensa de este punto se han mostrado particularmente activos los profesores Giavazzi y Alesina) y dependientes, ensañándose, en nombre de la flexibilidad, con las garantías obtenidas por los trabajadores a lo largo de las luchas sindicales de los años 60’ y 70’ (el nombre que cabe citar aquí es el de Pietro Ichino).
El asalto de los mercados financieros
Este reformismo neoliberal, evidentemente, otorga licencia económica, política y cultural al actual centro del capitalismo internacional, los Estados Unidos, que a pesar de atravesar una profunda crisis, han colonizado el imaginario postmoderno de Europa y de otros países periféricos y semi-periféricos, para utilizar la geoeconomía elaborada por Immanuel Wallerstein. El llamado capitalismo estadounidense, tras haber determinado el fin del socialismo real en la Unión Soviética, ha lanzado un durísimo ataque contra el capitalismo social europeo, desacreditándolo como un burocrático conjunto de “lacci e lacciuoli” que impiden su despegue hacia el empíreo paraíso de los mercados financieros (pero que acaso impidan también su caída en las cumbres de los fondos suprime). Son estas, en realidad, las cuestiones que se ocultan tras la atractiva y tranquilizadora bandera del reformismo postmoderno. Una religión del crecimiento y del desarrollo sostenida incluso culturalmente por los oligopolios globales. Una radical subversión de la idea reformista que, nacida de un pensamiento emancipatorio socialista e internacionalista, no podía sino colocar la igualdad, la justicia social y la redistribución de riquezas por medio del derecho, en el primer lugar de las preocupaciones de una política que aspiraba a ser una política civilizatoria y que estaba dispuesta a hacerse cargo de las impostergables demandas del resto del planeta. El actual reformismo eurocéntrico, más bien provinciano, no es sino una ideología de resistencia del Occidente opulento que defiende de forma desesperada (con tonos más o menos insoportables) los frutos de su pluricentenaria depredación. Que se trata de una política suicida lo ha experimentado ya el Partido Democrático. La demografía y nuestros hermanos hambrientos nos mostrarán pronto que si no se revierte este rumbo lo único que queda es la catástrofe anunciada.
(*) Ugo Mattei (Turín, 1961) es catedrático de derecho internacional y comparado en la Facultad de Derecho (Hastings College of Law), de la University of California, y de derecho civil en la Facultad de Jurisprudencia de la Università degli Studi de Turín. Civilista europeo de vivísimo ingenio –del temple de sus dos grandes maestros, Rodolfo Sacco y Rudolf Schlesinger—, rojo impenitente, trabajador infatigable, académico de libro, common lawyer a la anglosajona y abogado de todo género de causas, cruza el Océano Atlántico al menos dos veces al año para impartir sus clases, un semestre en San Francisco y otro en Turín. La editorial italiana Il Mulino acaba de publicar su libro: Invertire la rotta. Idee per una riforma della proprietà pubblica [Invertir el rumbo. Ideas para una reforma de la propiedad pública], coescrito con Edoardo Reviglio e Stefano Rodotà.
Traducción para Sin Permiso de Gerardo Pisarello
El reformismo se ha convertido en palabra clave de una nueva ideología que predica el evangelio del crecimiento económico mientras el populismo recita el mantra de la seguridad y de un renovado proteccionismo de base supranacional de las comunidades locales. El ejemplo más significativo de mitigación de los efectos del libre mercado en el mundo son los proyectos de la Fundación de Melinda y Bill Gates. O la propuesta de una tercera vía que supere la distinción entre izquierda y derecha.
Por Ugo Mattei (*) - Il Manifesto
Es difícil encontrar en la jerga política italiana contemporánea un término más difundido que el de “reformismo”. Es más, es difícil encontrar una ideología política más responsable de la catástrofe electoral de las fuerzas democráticas de este país, simbolizada por la pancarta con la inscripción “Veltroni santo, ya!”, expuesta por los fascistas que hoy se señorean en el Campidoglio.
Es indiscutible que el uso reciente dado por la izquierda al término “reformismo” debe constituir el punto de partida de cualquier análisis sobre su completa derrota. La necesidad de “emprender reformas” fue invocada en campaña electoral tanto por los líderes políticos de derechas como de izquierdas, hasta el punto de convertirse en el mínimo común denominador de la política italiana contemporánea: la reforma electoral, la reforma escolar, la reforma sanitaria, la reforma universitaria, la reforma profesional, la reforma del mercado de trabajo. ¿Qué se esconde tras esta extendida ideología? Es bastante obvio que el término reformista transmite un tranquilo mensaje de moderación. Al mismo tiempo , sin embargo, esconde una feroz determinación securitaria. El reformista, a diferencia del revolucionario, no destruye, no trastoca, no revoluciona el status quo. Siempre está del lado de la autoridad constituida que garantiza seguridad a su propiedad. No está satisfecho con algunos aspectos del sistema y, aunque suscribe su lógica de fondo, procura mejorarlo, repensarlo, favorecer su desarrollo, transformarlo de manera tal vez radical, pero armónica, progresiva y siempre compatible con los fundamentos del orden propietario consolidado.
La expresión “reformismo” pone el énfasis en el proceso de transformación más que en su contenido, y admite la necesidad de rediseñar algunos aspectos del sistema institucional para obtener crecimiento y desarrollo. Este es el declarado mensaje bipartidista de la mayoría y de la oposición que compiten de acuerdo a las reglas electorales de una “democracia liberal occidental moderna”. Se trata de un tranquilo mensaje subliminal, que coloca a la expresión “reformismo” bajo una luz benévola, al tiempo que estigmatiza como extremista y veleidosa a cualquier voz alternativa.
De Bentham a Carlo Rosselli
En la era del reformismo bipartidista, la antigua oposición entre conservador y reformista se esfuma, ya que el primero queda irremisiblemente condenado a la “inevitable” y “natural” aceleración histórica y tecnológica de la era postmoderna. Por razones en buena medida análogas pero especulares, se esfuma también la contraposición entre revolucionario y reformista. En efecto, aunque el término reformista fue acuñado por Jeremy Bentham en 1811, quien lo situó en el centro de la reflexión política del movimiento obrero a mediados del siglo XIX, fue Eduard Bernstein el primero en poner en cuestión la inminencia de la revolución proletaria, sosteniendo la necesidad de alianzas estratégicas con los partidos burgueses. El reformismo socialista, teorizado en Francia por Alexandre Millerand en un famoso libro de título homónimo, conquistó a algunos de los más prestigiosos dirigentes del Partido Socialista Italiano a inicios del corto siglo XX. Cabe recordar, por ejemplo, a Turati, Treves, Bissolati, Bonomi, Carlo Roselli, Matteotti y Gaetano Salvemini, la mayoría expulsados en el congreso de Livorno de 1912 y tachados, precisamente, de revisionistas, un término que para entonces ya estaba contaminado de connotaciones negativas. Por supuesto, esta corriente reformista, que tuvo un peso notable en la Segunda Internacional (1889-1914) compartía el proyecto de igualdad y justicia social del movimiento socialista, pero se distinguía por el método legalista y gradualista, más que revolucionario, con el que el objetivo final debía alcanzarse. La idea de reformismo, en otras palabras, estaba imbricada en un vasto proyecto internacionalista, redistributivo y de emancipación de las clases sociales más necesitadas, una aspiración completamente perdida en la actual concepción bipartidista.
El terremoto reaganiano
En materia de política económica, el término reformista se manifiesta en las grandes transformaciones del modelo liberal propugnadas por los defensores del Estado de bienestar, en particular en su versión keynesiana. Esta concepción fue barrida, tras la crisis del petróleo de los años 70’, por la “revolución” reaganiana y tatcheriana que contribuiría al hundimiento, en pocos años, de la experiencia del socialismo realmente existente. Es precisamente en el marco de las transformaciones del contexto político-cultural global donde nace la actual ideología del reformismo, una teoría animada no por un proyecto básico de justicia social sino, por el contrario, orientada principalmente a la reconstrucción de un sistema capitalista lo más eficiente posible.
En este ámbito, el ordenamiento jurídico, lejos de postularse como un instrumento de limitación de los impulsos posesivos individuales, se propone estimular su despliegue sin cortapisas. El argumento de fondo es que estos impulsos, guiados por una mano invisible en un proceso puramente privado, acabarán por favorecer, al menos de forma indirecta, también a los sujetos más débiles, en virtud del “derrame hacia abajo” (el llamado trickle down effect) de los beneficios de un crecimiento económico sostenido.
El proyecto reaganiano y tatcheriano no intentó remozar aspecto alguno del modelo contra el que se rebelaba. Por el contrario, contemplado con perspectiva global, trastocó con violencia “revolucionaria” todo su contenido político y cívico. Lo que se derrumba con la caída del Muro de Berlín, haciendo retroceder en casi dos siglos el significado del reformismo, son precisamente los presupuestos de la constitución económica de un modelo mixto (público y privado) que el estado del bienestar había producido y constitucionalizado a partir de la experiencia de la República de Weimar y luego, en Italia, con la constitución de 1948 y el gran compromiso entre Togliatti, Dossetti y Eunadi. Desde el punto de vista del contenido, en el nuevo orden global en el que el crecimiento económico se considera prioritario, con independencia de toda preocupación distributiva, el reformista sólo se propone mitigar los aspectos más extremos e inhumanos del modelo dominante. De esta manera, el término adquiere una acepción no muy distinta a la que permite presentar como reformistas a reyes “ilustrados” como María Teresa de Austria, Leopoldo de Toscana, Federico II de Prusia, Carlos III de Nápoles o Catalina II de Rusia. Una visión profundamente anclada en la desigualdad sustancial de los derechos de propiedad, que hace suyo un modelo autoritario, clasista, etnocéntrico, pero que se preocupa, sin embargo, por su “rostro humano” (el plan para África de Tony Blair o la Fundación de Bill y Melinda Blair son, en este sentido, emblemáticos)
Este reformismo de la “tercera vía”, que a partir de los trabajos de Anthony Giddens pretende expugnar el frente intelectual y político que, al menos en Europa, separaba la izquierda de la derecha, encuentra en Tony Blair y Bill Clinton a los dos héroes epónimos capaces de naturalizar y encajar en el bipartidismo las recetas neoliberales confeccionadas una década atrás en interés de los actores fuertes de los mercados financieros globales (instituciones financieras internacionales, bancos, compañías de seguro, fondos de inversión). Dos héroes que no están solos en Occidente. Que en Alemania tienen a Schroeder, quien con la ayuda del Fondo Monetario Internacional, marginó a Oskar Lafontaine. Y que en Italia tienen a Massimo D’Alema (primer ministro post-comunista ansioso por participar en las guerras globales) y a Romano Prodi, ambos dispuestos a hacer pasar el reformismo neoliberal como pensamiento de “izquierdas” y a abrir paso así a una gran convergencia bipartidista. La creación de una ideología reformista que actúe como instrumento del abandono de la distribución en beneficio de la producción y de la acumulación concentrada de riqueza, permite abrazar sin traumas este modelo de desarrollo totalmente “mercantilista” (acompañado por la retórica de la competencia pero basado, en la práctica, en el oligopolio). Un modelo que entre nosotros ha sido celebrado con entusiasmo por el Partido Democrático, justo cuando la derecha social neocorporativista, curiosamente, comenzaba a revisarlo, a través de la impresionante pirueta de Giulio Tremonti, campeón de las privatizaciones y las finanzas creativas (La paura e la speranza, Mondadori, 2008, ha sido un best-seller de campaña electoral, capaz de vender, simultáneamente, anti-mercantilismo, securitarismo y xenofobia).
También en la izquierda, las periódicas y dramáticas convulsiones productivas –la crisis de los mercados asiáticos de 1997, la crisis de las suprime y recesión actual-, pero sobre todo el progresivo ahondamiento de la brecha entre ricos y pobres que de manera estructural condena a África y a otros países subalternos al hambre y la sed, deberían conducir a un honesto replanteamiento de los términos de la cuestión “reformista”. El economista austriaco Joseph Shumpeter escribió una vez que así como los frenos permiten a un vehículo avanzar rápido y sin accidentes, lo mismo ocurre con el modelo económico capitalista. Esta idea fue retomada por Michel Albert en su célebre ensayo sobre los dos capitalismos (el anglosajón y el renano) y ha sido desarrollada en la literatura jurídica y económica más sensata, aunque minoritaria. No obstante, ha obtenido escaso eco en las discusiones sobre política económica italiana. Entre nosotros el reformismo se mide con el metro de las liberalizadoras medidas “sábana” del ex ministro de Prodi, Pierluigi Bersani, y hace suya la cruzada contra los “límites de todo tipo” a la libre empresa (los lacci e lacciuoli de los que hablaba Guido Carlo, un maestro de la derecha clásica). Las reformas orientadas a la liberalización desacreditan así, de manera sistemática, los controles jurídico públicos (los lacciuoli, precisamente) al dirigirse a taxistas, farmacéuticos y, sobre todo, a trabajadores autónomos (en defensa de este punto se han mostrado particularmente activos los profesores Giavazzi y Alesina) y dependientes, ensañándose, en nombre de la flexibilidad, con las garantías obtenidas por los trabajadores a lo largo de las luchas sindicales de los años 60’ y 70’ (el nombre que cabe citar aquí es el de Pietro Ichino).
El asalto de los mercados financieros
Este reformismo neoliberal, evidentemente, otorga licencia económica, política y cultural al actual centro del capitalismo internacional, los Estados Unidos, que a pesar de atravesar una profunda crisis, han colonizado el imaginario postmoderno de Europa y de otros países periféricos y semi-periféricos, para utilizar la geoeconomía elaborada por Immanuel Wallerstein. El llamado capitalismo estadounidense, tras haber determinado el fin del socialismo real en la Unión Soviética, ha lanzado un durísimo ataque contra el capitalismo social europeo, desacreditándolo como un burocrático conjunto de “lacci e lacciuoli” que impiden su despegue hacia el empíreo paraíso de los mercados financieros (pero que acaso impidan también su caída en las cumbres de los fondos suprime). Son estas, en realidad, las cuestiones que se ocultan tras la atractiva y tranquilizadora bandera del reformismo postmoderno. Una religión del crecimiento y del desarrollo sostenida incluso culturalmente por los oligopolios globales. Una radical subversión de la idea reformista que, nacida de un pensamiento emancipatorio socialista e internacionalista, no podía sino colocar la igualdad, la justicia social y la redistribución de riquezas por medio del derecho, en el primer lugar de las preocupaciones de una política que aspiraba a ser una política civilizatoria y que estaba dispuesta a hacerse cargo de las impostergables demandas del resto del planeta. El actual reformismo eurocéntrico, más bien provinciano, no es sino una ideología de resistencia del Occidente opulento que defiende de forma desesperada (con tonos más o menos insoportables) los frutos de su pluricentenaria depredación. Que se trata de una política suicida lo ha experimentado ya el Partido Democrático. La demografía y nuestros hermanos hambrientos nos mostrarán pronto que si no se revierte este rumbo lo único que queda es la catástrofe anunciada.
******
(*) Ugo Mattei (Turín, 1961) es catedrático de derecho internacional y comparado en la Facultad de Derecho (Hastings College of Law), de la University of California, y de derecho civil en la Facultad de Jurisprudencia de la Università degli Studi de Turín. Civilista europeo de vivísimo ingenio –del temple de sus dos grandes maestros, Rodolfo Sacco y Rudolf Schlesinger—, rojo impenitente, trabajador infatigable, académico de libro, common lawyer a la anglosajona y abogado de todo género de causas, cruza el Océano Atlántico al menos dos veces al año para impartir sus clases, un semestre en San Francisco y otro en Turín. La editorial italiana Il Mulino acaba de publicar su libro: Invertire la rotta. Idee per una riforma della proprietà pubblica [Invertir el rumbo. Ideas para una reforma de la propiedad pública], coescrito con Edoardo Reviglio e Stefano Rodotà.
Traducción para Sin Permiso de Gerardo Pisarello
viernes, 30 de mayo de 2008
Atrincherado, arraigado, e inamovible
La expansión del Pentágono será el legado perdurable de Bush
Frida Berrigan
Tom Dispatch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Introducción del editor de Tom Dispatch:
El Pentágono se hace cargo
Hay palabras que pueden ser clavadas sobre los años de Bush como un ramillete marchito: “No sabemos para qué gastamos el dinero.” Es una cita de Mary Ugone, la vice-inspectora general para auditoría del Departamento de Defensa, respecto a los masivos pagos del Pentágono hechos durante la ocupación y la guerra en Iraq para los que no existe una documentación (o es groseramente inadecuada). De hecho, según el inspector general del Departamento de Defensa, “el Pentágono no puede dar cuenta de casi 15.000 millones de dólares en bienes y servicios que van desde camiones, agua embotellada y colchones, a granadas impulsadas por cohetes y ametralladoras, que fueron compradas a contratistas en el esfuerzo de reconstrucción de Iraq.” Una auditoría interna de 8.000 millones de dólares que el Pentágono pagó a contratistas privados estadounidenses e iraquíes estableció que “casi ninguna transacción cumplió con leyes o regulaciones federales para impedir el fraude, en algunos casos careciendo incluso de facturas básicas que expliquen como se gastó el dinero.”
Es, hay que admitir, calderilla para el Pentágono en la era de Bush. E incluso cuando se intenta una “reforma”, la medicina es a menudo peor que la enfermedad. Por ejemplo, críticos en el Congreso, entre otros, han acusado al contratista privado KBR, basado en Houston, anteriormente una división de Halliburton, de derroche y mala administración y de explotación de sus vínculos políticos con el vicepresidente Dick Cheney” en el cumplimiento de enormes contratos para apoyar a las tropas de EE.UU. en Iraq. Ahora, el Pentágono planea reparar sus faltas dividiendo el último contrato por alimentos, albergues, y servicios básicos en Iraq entre KBR y otros dos grandes contratistas, Fluor Corporation y DynCorp International. Según el New York Times: “En realidad, el nuevo convenio de tres compañías podría resultar en gastos más elevados para el contribuyente estadounidense y en una supervisión débil por las fuerzas armadas.”
Estos detalles reveladores surgieron la semana pasada de las profundidades subterráneas del Pentágono hinchado de la era Bush. Como indica Frida Berrigan en uno de los artículos más importantes que Tomdispatch haya publicado, la masiva expansión del Pentágono en casi todos los frentes durante los dos períodos de George W. Bush puede ser la mayor historia relatada sobre nuestros días. Podría, en los hechos, ser la historia estadounidense más importante del nuevo siglo, y aunque muchas de sus partes disímiles pueden ser encontradas en los periódicos, los medios dominantes no han ofrecido todavía una visión significativa del Pentágono en nuestros tiempos. Esto dice mucho sobre lo que no se encara en nuestro mundo. Cómo, por ejemplo, es posible que haya una campaña electoral presidencial que dura años, en la que el tamaño del Pentágono nunca aparece como tema (a menos que los candidatos se afanen por una expansión del tamaño de las tropas de EE.UU.)
Como parte de su continua consideración del legado que Bush está dejando al pueblo de EE.UU. Tomdispatch lanza hoy una exploración en tres partes del papel del Pentágono en los años de Bush. (Las otras dos partes aparecerán en los próximos meses.) La serie está en las capaces manos de Frida Berrigan y Bill Hartung, expertos militares en la Iniciativa de Armas y Seguridad de la New America Foundation. No hay que perdérsela. Tom
Atrincherado, arraigado, e inamovible
La expansión del Pentágono será el legado perdurable de Bush
Frida Berrigan
Una industria artesanal hecha y derecha ya se dedica a los que esperan ansiosamente el fin del gobierno de Bush, ofreciendo la venta de calendarios, imanes, y camisetas, así como contadores y gráficas para descargas a blogs y sitios en la Red. Pero cuando termine el conteo regresivo y George W. Bush desocupe el Despacho Oval, dejará un legado que habrá que enfrentar. Ciertamente, lega a su sucesor un mundo desfigurado por la guerra y desbaratado por las privaciones, pero tal vez su legado más perdurable está ahora profundamente empotrado en la política del área de Washington – un Pentágono tan metastaseado que es casi irreconocible.
El masivo crecimiento del Pentágono durante estos últimos siete años no será deshecho fácilmente, no importa quién se ponga el manto presidencial el 19 de enero de 2009. “El Pentágono” es ahora mucho más que un edificio de cinco lados al otro lado del Potomac desde Washington o incluso la sede del Departamento de Defensa. De muchas maneras, desafía toda descripción o designación.
¿Quién llega a recordar, hoy en día, el debate al terminar la Guerra Fría sobre el papel que correspondería al poder militar de EE.UU. en un mundo “unipolar”? ¿Estaba tan bien establecida la supremacía de EE.UU., preguntaban entonces los eruditos, que Washington podía basarse en un poder económico y cultural más blando, y que el poder militar fuera sólo un respaldo (y un “dividendo de paz” interior por añadidura)? ¿O debía colocarse EE.UU. las seis pistolas de un alguacil global y patrullar el mundo como fuente de “intervenciones humanitarias”? ¿O había llegado el momento de declarar audazmente que somos la única superpotencia del mundo y esgrimir unas fuerzas armadas de alta tecnología sin igual, desanimar activamente de llegar a pensar en una rivalidad futura a cualquier otra potencia o bloque de poder?
Los ataques del 11 de septiembre de 2001 terminaron decisivamente con ese debate. El gobierno de Bush declaró rápidamente la guerra total en todos los frentes – contra pueblos, ideologías y, sobre todo, el “terrorismo” (una táctica de los débiles). En ese mismo mes de septiembre, responsables del gobierno filtraron orgullosamente la información de que estaban listos para “apuntar” a hasta 60 otras naciones y a los movimientos terroristas dentro de ellas.
La “huella” del Pentágono debía ser implantada firmemente: base militar tras base militar en todo el planeta, con énfasis especial en sus centros energéticos. Altos funcionarios del gobierno comenzaron a preparar al Pentágono para que fuera a cualquier parte e hiciera lo que quisiera, mientras reescribían, desgarraban, o ignoraban cualesquiera leyes, nacionales o internacionales, que constituyeran un obstáculo. En 2002, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld articuló oficialmente una nueva postura militar de EE.UU. que, era poco menos que revolucionaria en su concepción. Se llamaba – en típica abreviatura del Pentágono – una Estrategia de Defensa 1-4-2-1- (reemplazando el plan no demasiado modesto del gobierno de Clinton de prepararse para librar simultáneamente dos grandes guerras – en Oriente Próximo y el Noreste de Asia.)
Teóricamente, esta estrategia significaba que el Pentágono debía prepararse para defender a EE.UU., mientras creaba fuerzas capaces de disuadir la agresión y la coerción en cuatro “regiones críticas” (Europa, el Noreste de Asia, el Este de Asia, y Oriente Próximo). Sería capaz de derrotar simultáneamente la agresión en dos de estas regiones y “ganar decisivamente” en uno de esos conflictos “en un momento y un sitio elegido por nosotros.” De ahí 1-4-2-1.
Y eso fue sólo el comienzo. Ya habíamos, para entonces, entrado a la nueva era del Mega-Pentágono. Casi seis años después, la escala de la expansión de esa institución aún no ha sido completamente comprendida, así que consideremos sólo siete de las principales maneras mediante las cuales el Pentágono ha vivido la expansión – y un salto – más allá de su misión original, eclipsando a otras instituciones de gobierno al hacerlo.
1. El Pentágono revienta-presupuestos: El presupuesto base del Pentágono – que ya ascendía a alarmantes 300.000 millones de dólares cuando George W. Bush se hizo cargo de la presidencia – se ha casi duplicado mientras él ha estado parqueado tras el inmenso escritorio del Despacho Oval. Para el año fiscal 2009, el presupuesto regular del Pentágono totalizará aproximadamente 541.000 millones de dólares (incluyendo el trabajo en ojivas nucleares y reactores navales en el Departamento de Energía).
El gobierno de Bush ha presidido sobre uno de los mayores fortalecimientos militares en la historia de EE.UU. Y eso es antes de que lleguemos a contar los “gastos en guerras.” Si tenemos en cuenta los costes directos de las guerras en Iraq y Afganistán, así como la Guerra Global contra el Terror, los gastos de “defensa” han sido esencialmente triplicados.
Desde febrero de 2008, según la Oficina de Presupuestos del Congreso, los legisladores han asignado 752.000 millones de dólares para la guerra y ocupación de Iraq, las continuas operaciones militares en Afganistán, y otras actividades asociadas con la Guerra Global contra el Terror. El Pentágono estima que necesitará otros 170.000 millones para el año fiscal 2009, lo que significa que, con 922.000 millones de dólares, los gastos directos para las guerras desde 2001 serían cercanos a la marca de los tres billones de dólares.
Como ha señalado el columnista del New York Times, Bob Herbert, si una pila de billetes de unos 15 centímetros de alto tiene un valor de 1 millón de dólares; entonces, una pila de 1.000 millones tendría la altura del Monumento a Washington, y una pila de 1 billón de dólares tendría una altura de 153 kilómetros. Nótese que ninguno de estos fondos para librar guerras es siquiera contado como parte del presupuesto militar anual, sino que son proporcionados por el Congreso en la forma de “suplementos de emergencia” varias veces al año.
Si se agrega la guerra al presupuesto base del Pentágono, EE.UU. gasta ahora casi tanto en asuntos militares como el conjunto del resto del mundo. Los gastos militares también dejan a la sombra todas las otras partes del presupuesto federal, al representar 58 centavos de cada dólar gastado por el gobierno federal en “programas discrecionales” (los que el Congreso aumenta o reduce sobre una base anual).
El presupuesto total del Pentágono representa más que los gastos combinados en educación, protección medioambiental, justicia, prestaciones para veteranos, ayuda habitacional, transporte, formación profesional, agricultura, energía, y desarrollo económico de EE.UU. No es sorprendente, por lo tanto que, ya que cobra cada vez más dinero, el Pentágono está tomando (o se apodera de) cada vez más funciones y roles.
2. El Pentágono como diplomático: El gobierno de Bush ha exhibido una y otra vez su desdén por la discusión y el compromiso, por tratados y acuerdos, y una admiración igualmente profunda por lo que puede ganar mediante la amenaza y la fuerza. No es sorprendente, por lo tanto, que la agenda de política exterior de la Casa Blanca haya sido dirigida cada vez más a través de los militares. Con un presupuesto militar que es más de 30 veces superior a la suma en conjunto de todas las operaciones del Departamento de Estado y de toda la ayuda no militar al extranjero, el Pentágono ha penetrado en dos bastiones tradicionales del Departamento de Estado – la diplomacia y el desarrollo – duplicando o reemplazando gran parte de su trabajo, a menudo a través de un reenfoque de la diplomacia de Washington hacia relaciones de militar a militar, en lugar de diplomático a diplomático.
Desde fines del Siglo XVIII, el embajador de EE.UU. en cualquier país ha sido considerado como representante personal del presidente, responsable de asegurar que se cumplan los objetivos de política exterior. Como explicó un embajador: “La regla es: si estás en el país, trabajas para el embajador. Si no trabajas para el embajador, no recibes permiso para ese país.”
En la era de Bush, el Pentágono ha trastocado este modelo. Según el informe del Congreso de 2006, por el senador Richard Lugar (republicano de Indiana): “Las embajadas como puestos de comando en la campaña contra el terror”, el personal civil en muchas embajadas se sienten ahora ocupados por, excedidos en número por, y subordinados a personal militar. Se ven como un equipo de segunda cuando se trata de tomar decisiones. Incluso el Secretario de Defensa Robert Gates es consciente del problema, al señalar, como lo hizo en noviembre pasado, que hay “sólo unos 6.600 agentes profesionales del Servicio Exterior – menos que el personal de un grupo de ataque de portaaviones.” Pero, típicamente, agregó que, aunque el Departamento de Estado pueda necesitar más recursos: “No me entiendan mal, pediré aún más dinero para Defensa el próximo año.” Otro embajador lamentó que sus homólogos extranjeros “sigan el dinero” y desarrollen relaciones con personal militar de EE.UU. en lugar de cultivar contactos con sus homólogos en el Departamento de Estado.
El Pentágono expresa invariablemente su imperialismo burocrático en términos de “cooperación entre-agencias.” Por ejemplo, el año pasado el Comando Sur de EE.UU. (Southcom) publicó la Estrategia de Comando 2016, un documento que identificó la pobreza, el crimen, y la corrupción como los problemas clave de “seguridad” en Latinoamérica. Sugirió que Southcom, un comando de seguridad, debería, en los hechos, ser el “actor central para abordar... problemas regionales” que concernían previamente a agencias civiles. Luego se promocionó como el futuro centro de un “comando de seguridad conjunto entre agencias... en apoyo de la seguridad, la estabilidad y la prosperidad en la región.”
Como lo describiera vívidamente el jefe de Southcom, comandante James Stavridis, el comando gusta ahora de verse como un “gran cubo de Velcro en el que se pueden enganchar esas otras agencias para que podamos hacer colectivamente lo que sea necesario en esta región.”
El Pentágono ha seguido en general este modelo en todo el globo desde 2001. Pero ¿qué significa “cooperación” cuando una entidad eclipsa a todas las otras en personal, recursos, y acceso a los que toman las decisiones, mientras controla cada vez más la definición misma de las “amenazas” que hay que encarar?
3. El Pentágono como traficante de armas. En los años de Bush, el Pentágono ha aumentado agresivamente su papel como el principal traficante de armas del planeta, incrementando sus ventas de armas en todos los sitios en los que puede hacerlo – sembrando así el futuro de guerras y conflictos.
En 2006 (el último año para el que se dispone de datos completos), solo EE.UU. representó más de la mitad del comercio mundial de armas, con ventas por 14.000 millones de dólares. Vale la pena destacar un acuerdo por 5.000 millones de dólares de F-16 para Pakistán y un acuerdo por 5.800 millones de dólares para volver a equipar completamente a la fuerza de seguridad interior de Arabia Saudí. Las ventas de armas de EE.UU. para 2006 llegaran a aproximadamente el doble del nivel de cualquier año anterior del gobierno de Bush.
El segundo traficante de armas por su tamaño, Rusia, registró entregas por unos comparativamente despreciables 5.800 millones de dólares, sólo algo más de un tercio de los totales en armas de EE.UU. El aliado Gran Bretaña fue tercero con 3.300 millones – y esos tres países concentran un colosal 85% de los armamentos vendidos ese año, más de un 70% del cual fue destinado al mundo en desarrollo.
Por grandioso que sea en la venta de armas, el Pentágono se distingue por su lentitud al informar sobre sus ventas. Las notificaciones de ventas de armas publicadas por la Agencia de Cooperación en Defensa y Seguridad (DSCA) del Pentágono, sin embargo, ofrecen un camino rudimentario para tomar el pulso del Departamento de Defensa; y, aunque no todos los acuerdos sobre los que se informa han sido finalizados, ese pulso evidentemente se acelera. Hasta mayo de 2008, la DSCA ya había publicado más de 9.100 millones de dólares en notificaciones de ventas de armas, incluyendo equipos de bombas inteligentes para Arabia Saudí, misiles TOW para Kuwait, aviones F-16 para Rumania, y helicópteros Chinook para Canadá.
Para mantener su ventaja en el mercado, el Pentágono nunca detiene sus campañas a alta presión para vender armas en el exterior. Por eso, a pesar de un hombro quebrado, el Secretario de Defensa Gates fue volando en febrero a vender sistemas de armas a países como India e Indonesia, mercados crecientes que son cruciales para los traficantes de armas del Pentágono.
4. El Pentágono como analista de inteligencia y espía: En el área de la “inteligencia”, la expansión del Pentágono – los roles de apropiación de información y análisis – ha sido rápida, torpe, y catastrófica.
El rastreo de la usurpación de inteligencia por el Pentágono no es tarea fácil. Para comenzar, hay docenas de agencias y oficinas del Pentágono que ahora recolectan y analizan información utilizando, desde "humint" (inteligencia humana) a escuchas y satélites. La tarea se hace sólo más difícil por el secreto que rodea las operaciones de inteligencia de EE.UU. y los “presupuestos ocultos” en los que desaparece tanto dinero para la inteligencia.
Pero los resultados finales son suficientemente claros. La absorción de la inteligencia por el Pentágono ha significado menos analistas de inteligencia que hablan árabe, farsi, o pashto y más circos viajeros como esos generales de cuatro estrellas y almirantes de tres galones que articulan temas de conversación aprobados por el gobierno en las noticias por cable y en los programas de entrevistas del domingo por la mañana.
Los presupuestos de inteligencia son secretos, de modo que lo que sabemos al respecto no es exhaustivo – pero los vistazos que han conseguido los analistas sugieren que los gastos totales de inteligencia fueron aproximadamente 26.000 millones de dólares hace una década. Después del 11-S, el Congreso invirtió un montón de dinero adicional en la inteligencia de modo que al llegar 2003, el presupuesto total de inteligencia ya había subido a más de 40.000 millones de dólares.
En 2004, la Comisión del 11-S subrayó las fallas de la inteligencia de la Agencia Central de Inteligencia y de otros en la sopa de letras de la Comunidad de Inteligencia de EE.UU. encargada de recolectar y analizar información sobre amenazas para el país. El Congreso entonces aprobó la ley de “reforma” de la inteligencia, estableciendo la Oficina del Director de Inteligencia Nacional, destinada a dirigir las operaciones de inteligencia. Sin embargo el Directorado Nacional de Inteligencia nunca ocupó ese papel gracias a una dura resistencia de los legisladores favorables a los militares, y el Pentágono mantuvo el control de tres agencias clave de recolección – la Agencia Nacional de Seguridad, la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial y la Agencia Nacional de Reconocimiento.
Como resultado, según Tim Shorrock, periodista de investigación y autor de “Spies for Hire: The Secret World of Intelligence Outsourcing,” el Pentágono controla ahora más de un 80% de los gastos de inteligencia de EE.UU., que calculó en unos 60.000 millones de dólares en 2007. Como observó Mel Goodman, ex funcionario de la CIA y ahora analista en el Centro de Política Internacional: “El Pentágono ha sido el gran vencedor burocrático en todo esto.”
Es un vencedor tan grande que el director de la CIA, Michael Hayden, ahora controla sólo el presupuesto para la propia CIA – unos 4 o 5.000 millones de dólares al año y ya ni siquiera entrega al presidente su ración diaria de inteligencia.
La sombra de la inteligencia del Pentágono se impone mucho más allá de los pasillos de las burocracias de Washington. También se extiende más allá de las montañas de Afganistán. Después que EE.UU. invadió ese país en 2001, el secretario de defensa Rumsfeld admitió que, a menos que el Pentágono controlara la recolección de información y tomara la delantera en la realización de operaciones clandestinas, seguiría dependiendo de – y por lo tanto subordinado a – la Agencia Central de Inteligencia con su control de la inteligencia “en el terreno”.
En uno de los que ahora son conocidos como sus nefarios memorandos, tildados ahora de “copos de nieve” por un personal que los veía caer regularmente desde lo alto, afirmó que, si la Guerra contra el Terror se extendía lejos hacia el futuro, no quería continuar con la “dependencia casi total de la CIA” del Pentágono. Y así, Rumsfeld, estableció una organización directamente competidora, la Unidad de Apoyo Estratégico del Pentágono, que colocó los componentes de recolección de inteligencia de las Fuerzas Especiales de EE.UU. bajo un solo techo que dependía directamente de su persona. (Mucha gente en la comunidad de la inteligencia consideró que la oficina era ilegítima, pero Rumsfeld iba volando alto y no pudieron hacer nada.)
Como escribiera en enero de 2005 Seymour Hersh, quien repetidamente hizo públicas historias en el New Yorker sobre las fechorías del Pentágono en la Guerra Global contra el Terror, el gobierno de Bush ya había “consolidado el control sobre los análisis estratégicos y las operaciones clandestinas de las comunidades militares y de inteligencia en un grado sin igual desde el inicio del Estado nacional de seguridad posterior a la Segunda Guerra Mundial.”
En su apuro por invadir Iraq, los civiles que dirigían el Pentágono también fusionaron la maquinaria de propaganda del gobierno con la inteligencia militar. En 2002, el subsecretario de Defensa, Douglas Feith, estableció la Oficina de Planes Especiales (OSP) en el Pentágono para suministrar “información actuable” a los responsables políticos de la Casa Blanca. Utilizando informes existentes de inteligencia “purgados” de modificadores como “probablemente” o “podría,” o a veces simplemente amañados, la oficina logró convertir en hechos escenarios del peor de los casos sobre presuntos programas de Sadam Husein para desarrollar armas de destrucción masiva, y luego, mediante filtraciones, utilizar a los medios noticiosos para validarlos.
El ex director de la CIA, Robert Gates, quien se hizo cargo del Pentágono cuando Donald Rumsfeld renunció en noviembre de 2006, se ha mostrado crítico de la “dominación” del Pentágono en la inteligencia y de la “decadencia del papel central de la CIA.” También ha indicado su intención de reducir la larga sombra de inteligencia del Pentágono; pero, incluso si lo dice en serio, tendrá trabajo para rato. Mientras tanto, el Pentágono sigue produciendo abundante “inteligencia” sospechosa, para decirlo cortésmente, proveniente de confesiones de sospechosos de terrorismo inducidas por la tortura y obras que revelan los orígenes iraníes de sofisticados artefactos explosivos hallados en Iraq.
5. El Pentágono como administrador de desastres interiores: Cuando los que deciden en Washington comienzan a ver al Pentágono como la solución de los problemas del mundo, suceden cosas extrañas. De hecho, en los años de Bush, el Pentágono se ha convertido en el primer socorrista oficial de último recurso en caso de casi cualquier desastre – desde tornados, huracanes, e inundaciones a disturbios civiles, potenciales estallidos de enfermedades, o posibles ataques biológicos o químicos. En 2002, en una señal reveladora de la expansión de los objetivos de la misión original del Pentágono, el presidente Bush estableció el primer comando militar interior desde la guerra civil: el Comando del Norte de EE.UU. (Northcom). Su misión: la “preparación para, la prevención de, la disuasión de, la defensa contra y la reacción ante, amenazas y agresión dirigidas contra el territorio, la soberanía, la población interior, y la infraestructura de EE.UU.; así como la gestión de crisis, la dirección de repercusiones, y otro apoyo civil interior.”
Si suena algo difícil, así lo es.
En los últimos seis años, Northcom ha sido notablemente infructuoso en todo, pero ha expandido su alcance teórico. Al comando le asignaron inicialmente 1.300 personas del Departamento de Defensa, pero desde entonces ha crecido hasta ser una fuerza de más de 15.000. Incluso las críticas sólo parecen fortalecer su papel en el interior. Por ejemplo, un informe de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental [GAO] de abril de 2008 estableció que Northcom no se había comunicado efectivamente con dirigentes estatales y locales o con unidades de la Guardia Nacional sobre sus planes recientemente desarrollados para la reacción ante desastres y actos de terrorismo. ¿El resultado? Northcom dice que entrenará para otoño de este año a su primera unidad de tamaño de brigada de personal militar para ayudar a las autoridades locales a fin de reaccionar ante incidentes químicos, biológicos, o nucleares. Hay que marcarlo en los calendarios.
Más que ninguna otra cosa, Northcom ha suministrado al Pentágono la apertura que necesitaba para entrar vigorosamente a las áreas de desastre interior previamente atendidas por autoridades civiles nacionales, estatales y locales.
Por ejemplo, el director adjunto de Northcom, brigadier general Robert Felderman,
se enorgullece de que el comando es ahora el “sincronizador global – el coordinador global – para la gripe de todos los comandos combatientes” de EE.UU. De la misma manera, Northcom ahora patrocina conferencias anuales de preparación para huracanes y asegura a todo el que quiera escuchar que está “preparado para participar plenamente en forma activa” en futuras situaciones similares a Katrina “a fin de salvar vidas, reducir el sufrimiento y proteger la infraestructura.”
Desde luego, el Pentágono es actualmente la parte del gobierno que devora los fondos que de otra manera podrían ser gastados para reforzar obras públicas que datan de la era de la Depresión de EE.UU., que aseguran que el Pentágono tenga suficientes problemas ante los cuales tenga que reaccionar en el futuro.
La Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles, por ejemplo, estima que se necesitan urgentemente 1,6 billones de dólares para convertir la infraestructura de la nación en algo que puede ser protegido, o sea 320.000 millones de dólares por año en los próximos cinco años. Al evaluar los actuales sistemas de suministro de agua, carreteras, puentes, y represas en todo el país, los ingenieros dieron a la infraestructura una serie de notas C y D.
Mientras tanto, los militares vienen marchando. Katrina, por ejemplo, tocó tierra el 29 de agosto de 2005. El presidente Bush ordenó el despliegue de tropas a Nueva Orleans el 2 de septiembre para coordinar la entrega de alimentos y agua y servir como disuasivo contra saqueos y violencia. Menos de un mes después, el presidente Bush solicitó al Congreso que transfiriera la responsabilidad para futuros desastres de los gobiernos estatales y del Departamento de Seguridad Interior al Pentágono.
El mes siguiente, el presidente Bush volvió a ofrecer a los militares como su solución – esta vez ante temores globales sobre brotes del virus de la gripe aviaria. Sugirió que, para imponer una cuarentena: “Una opción es el uso de los militares que son capaces de planificar y actuar.”
Numerosos militares han mostrado frialdad ante tales sugerencias porque ya se hunden bajo el peso de su expansión y de dos guerras debilitantes, igual que el Congreso, preocupado de mantener los derechos de los Estados y el control civil. Ofrecer a los militares como la solución para los desastres naturales interiores y brotes de gripe significa no prestar suficiente atención presupuestaria a otros primeros socorristas. Es poco probable, sin embargo, que Northcom, que ahora viaja en el tren del dinero, sea relegado tranquilamente al olvido en los años por venir.
6. El Pentágono como proveedor de cuidados humanitarios en el exterior: La Agencia para la Ayuda Internacional de EE.UU. [USAID] y el Departamento de Estado han sido tradicionalmente los encargados de reaccionar ante desastres en el exterior; pero, desde las costas devastadas por el tsunami de Indonesia a Myanmar después del reciente ciclón, la catástrofe natural se ha convertido en otra oportunidad presidencial para “enviar a los marines” (por así decir). El Pentágono ha iniciado crecientemente la planificación humanitaria, obteniendo una parte cada vez mayor de las misiones humanitarias de EE.UU.
De Kenia a Afganistán, de las Filipinas a Perú, los militares de EE.UU. son también los que construyen regularmente escuelas y clínicas dentales, reparan carreteras y apuntalan puentes, atienden a niños enfermos y reparten dinero en efectivo y alimentos muy necesitados, todas las cuales fueron otrora responsabilidades civiles.
El Centro para Desarrollo Global establece que el cupo del Pentágono de “ayuda oficial al desarrollo” – pensad en “ganar corazones y mentes” o de “construcción de la nación” – ha aumentado de un 6% a un 22% entre 2002 y 2005. El Pentágono está usurpando rápidamente la actividad de desarrollo de la comunidad de las ONG y de agencias civiles, colocando una cara sonriente a operaciones militares en Iraq, Afganistán y otros sitios.
A pesar de las limitaciones obvias de la conversión de una fuerza entrenada para matar y destruir en un cuadro de cuidadores, el proyecto mili-humanitario del Pentágono recibió un gran estímulo del dinero que fue incautado de los cofres secretos de Sadam Husein. Una parte fue repartida a comandantes locales estadounidenses para que encararan necesidades iraquíes inmediatas y para cerrar tratos en los meses después de la caída de Bagdad en abril de 2003. Lo que fue inicialmente un programa con fines específicos tiene ahora un nombre oficial – el Programa de Reacción de Emergencia de Comandantes (CERP) – y una línea en el presupuesto del Pentágono.
Ante el Comité Presupuestario de la Cámara, el verano pasado, Gordon England, Secretario Adjunto de Defensa, dijo a miembros del Congreso que el CERP era una “iniciativa particularmente efectiva,” y explicó que el programa suministra “fondos limitados pero inmediatamente disponibles” a comandantes militares que pueden gastarlos “para marcar una diferencia concreta en la vida diaria de la gente.” Esto, afirmó, es ahora una “parte clave del enfoque de contrainsurgencia más amplio.” Agregó que sirve el propósito de “complementar iniciativas de seguridad” y que tiene tanto éxito que muchos comandantes lo consideran “el arma más poderosa en su arsenal.”
En realidad, el Pentágono no hace muy bien el trabajo humanitario. En Afganistán, por ejemplo, paquetes de alimentos lanzados por aviones de EE.UU. tenían el mismo color que las municiones de racimo lanzadas también por aviones de EE.UU.; mientras escuelas y clínicas construidas por fuerzas de EE.UU. se convirtieron a menudo en objetivos incluso antes de poder ser utilizadas. En Iraq, resultó que el dinero repartido al grupo sectario de la semana del Pentágono para pozos y generadores era gastado con la misma facilidad para comprar explosivos y AK-47.
7. El Pentágono como virrey global y rey de los cielos: En los años de Bush, el Pentágono terminó dividiendo el globo en “comandos” militares, que son funcionalmente virreinatos. Es verdad que incluso antes del 11-S era difícil imaginar un sitio en el globo en el que no estuvieran los militares de EE.UU., pero hasta hace poco, el continente africano podría haber sido ese sitio.
Junto con la creación de Northcom, sin embargo, el establecimiento del Comando África de EE.UU. (Africom) en 2008, llenó oficialmente el último sitio vacío del Pentágono en el mapa. Un documento militar clave, la Estrategia Nacional de Seguridad de 2006 para EE.UU. mencionó la acción, afirmando que “África posee creciente importancia geoestratégica y es una alta prioridad para este gobierno.” (Pensad en: petróleo y otras materias primas esenciales.)
Mientras tanto, el financiamiento para África bajo el mayor programa de ayuda militar de EE.UU., el Financiamiento Militar Exterior, fue duplicado de 10 a 20 millones de dólares entre 2000 y 2006, y la cantidad de naciones destinatarias aumentó de dos a catorce. El financiamiento para entrenamiento militar aumentó en un 35% en ese mismo período (aumentando de 8,1 millones de dólares a 11 millones). Actualmente, los militares de 47 naciones africanas reciben entrenamiento estadounidense.
En términos de planificación del Pentágono, Africom unifica por primera vez el continente. (Sólo Egipto permanece bajo la tutela del Comando Central de EE.UU.) Según el presidente Bush, esto debería “realzar nuestros esfuerzos por llevar la paz y la seguridad al pueblo de África y promover nuestros objetivos comunes de desarrollo, salud, educación, democracia, y crecimiento económico en África.”
Theresa Whelan, subsecretaria de defensa para asuntos africanos, sigue insistiendo en que Africom no ha sido formado ni para facilitar las guerra (“involucrarse cinéticamente en África”), ni para asignar una porción de las materias primas del continente al estilo del colonialismo del Siglo XIX. “Esto no tiene que ver,” dice, “con una pelea por el continente.” Pero hay una cosa sobre la cual no puede caber duda: Tiene que ver con aumentar el alcance global del Pentágono.
Mientras tanto, por si la Tierra no fuera suficiente, el control de los cielos sigue siendo una posibilidad. En agosto de 2006, sobre la base de documentos anteriores como la Visión para 2020 del Comando Espacial de EE.UU., de 1998. (Que proponía una política de “dominio de espectro completo”), el gobierno de Bush desveló su "política espacial nacional.” Propugnaba el establecimiento, defensa, y extensión del control de EE.UU. sobre recursos espaciales y argumentaba a favor de derechos “ilimitados” en el espacio. El documento también afirmó que “la libertad de acción en el espacio es tan importante para EE.UU. como el poder aéreo y el poder marítimo.”
Como dice el documento: “En el nuevo siglo, los que utilicen efectivamente el espacio gozarán de más prosperidad y seguridad y tendrán una ventaja sustancial sobre los que no lo hacen.” (Los dirigentes de China, Rusia, y otros Estados importante indudablemente oyeron la resonante bofetada del desafío.) Por el momento, la retórica y los planes del gobierno de Bush superan los recursos dedicados a la tecnología de armas espaciales, pero en el presupuesto recientemente anunciado, el presidente asignó casi mil millones de dólares a programas de armas basadas en el espacio.
De todas las fronteras de expansión, tal vez ninguna es más impresionante que las escapadas del Pentágono hacia el futuro. ¿Ofrece el Departamento de Transporte una Visión para 2030? ¿Desarrolla planes la Agencia de Protección del Medio Ambiente para los próximos cincuenta años? ¿Tiene el Departamento de Salud y Servicios Humanos un equipo de profesionales en Power-Point que preparen gráficos dinámicos sobre cómo serán en 2050 los servicios para los adultos mayores?
Esas agencias proyectan presupuestos sólo muy cercanos al próximo decenio. Sólo el Pentágono proyecta el poder y la posibilidad para décadas futuras, colonizando la imaginación con montones de diferentes escenarios según los cuales, continuará controlando cada año cientos de miles de millones de dólares del contribuyente.
Complex [Complejo] 2030, Vision 2020, UAV Roadmap [Mapa de ruta para vehículos aéreos no tripulados] 2030, los Sistemas Futuros de Combate del Ejército – los nombres, que parecen interminables, lo dicen todo.
A medida que el reloj cuenta los minutos hasta el 4 de noviembre de 2008, mucha gente está invirtiendo esperanzas (así como dinero y tiempo) en la posibilidad de un cambio en 1600 Avenida Pennsylvania [Casa Blanca]. Pero en lo que tiene que ver con el Pentágono, no hay que contar demasiado con un cambio, no importa quien vaya a ser el nuevo presidente. A fin de cuentas, después de siete años, cuatro meses, y unos pocos días de presidencia de Bush, el Pentágono está profundamente atrincherado en Washington y sigue expandiendo agresivamente. Le ha tomado el gusto a un poder sin rival y a un acceso inigualable al tesoro de EE.UU. Es una institución que ha escapado al equilibrio de poderes de la nación.
____________________________________
Frida Berrigan es Asociada Principal de Programas de la Iniciativa Armas y Seguridad de la New America Foundation. Es columnista de Foreign Policy in Focus y editora colaboradora de la revista In These Times. Es autora de informes sobre el tráfico de armas y derechos humanos, la política de armas nucleares de EE.UU., y la política interior de defensa de misiles de EE.UU. y la política de armas espaciales. Para contactos, escriba a: berrigan@newamerica.net.
Copyright 2008 Frida Berrigan
Enlace al texto original
Frida Berrigan
Tom Dispatch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Introducción del editor de Tom Dispatch:
El Pentágono se hace cargo
Hay palabras que pueden ser clavadas sobre los años de Bush como un ramillete marchito: “No sabemos para qué gastamos el dinero.” Es una cita de Mary Ugone, la vice-inspectora general para auditoría del Departamento de Defensa, respecto a los masivos pagos del Pentágono hechos durante la ocupación y la guerra en Iraq para los que no existe una documentación (o es groseramente inadecuada). De hecho, según el inspector general del Departamento de Defensa, “el Pentágono no puede dar cuenta de casi 15.000 millones de dólares en bienes y servicios que van desde camiones, agua embotellada y colchones, a granadas impulsadas por cohetes y ametralladoras, que fueron compradas a contratistas en el esfuerzo de reconstrucción de Iraq.” Una auditoría interna de 8.000 millones de dólares que el Pentágono pagó a contratistas privados estadounidenses e iraquíes estableció que “casi ninguna transacción cumplió con leyes o regulaciones federales para impedir el fraude, en algunos casos careciendo incluso de facturas básicas que expliquen como se gastó el dinero.”
Es, hay que admitir, calderilla para el Pentágono en la era de Bush. E incluso cuando se intenta una “reforma”, la medicina es a menudo peor que la enfermedad. Por ejemplo, críticos en el Congreso, entre otros, han acusado al contratista privado KBR, basado en Houston, anteriormente una división de Halliburton, de derroche y mala administración y de explotación de sus vínculos políticos con el vicepresidente Dick Cheney” en el cumplimiento de enormes contratos para apoyar a las tropas de EE.UU. en Iraq. Ahora, el Pentágono planea reparar sus faltas dividiendo el último contrato por alimentos, albergues, y servicios básicos en Iraq entre KBR y otros dos grandes contratistas, Fluor Corporation y DynCorp International. Según el New York Times: “En realidad, el nuevo convenio de tres compañías podría resultar en gastos más elevados para el contribuyente estadounidense y en una supervisión débil por las fuerzas armadas.”
Estos detalles reveladores surgieron la semana pasada de las profundidades subterráneas del Pentágono hinchado de la era Bush. Como indica Frida Berrigan en uno de los artículos más importantes que Tomdispatch haya publicado, la masiva expansión del Pentágono en casi todos los frentes durante los dos períodos de George W. Bush puede ser la mayor historia relatada sobre nuestros días. Podría, en los hechos, ser la historia estadounidense más importante del nuevo siglo, y aunque muchas de sus partes disímiles pueden ser encontradas en los periódicos, los medios dominantes no han ofrecido todavía una visión significativa del Pentágono en nuestros tiempos. Esto dice mucho sobre lo que no se encara en nuestro mundo. Cómo, por ejemplo, es posible que haya una campaña electoral presidencial que dura años, en la que el tamaño del Pentágono nunca aparece como tema (a menos que los candidatos se afanen por una expansión del tamaño de las tropas de EE.UU.)
Como parte de su continua consideración del legado que Bush está dejando al pueblo de EE.UU. Tomdispatch lanza hoy una exploración en tres partes del papel del Pentágono en los años de Bush. (Las otras dos partes aparecerán en los próximos meses.) La serie está en las capaces manos de Frida Berrigan y Bill Hartung, expertos militares en la Iniciativa de Armas y Seguridad de la New America Foundation. No hay que perdérsela. Tom
Atrincherado, arraigado, e inamovible
La expansión del Pentágono será el legado perdurable de Bush
Frida Berrigan
Una industria artesanal hecha y derecha ya se dedica a los que esperan ansiosamente el fin del gobierno de Bush, ofreciendo la venta de calendarios, imanes, y camisetas, así como contadores y gráficas para descargas a blogs y sitios en la Red. Pero cuando termine el conteo regresivo y George W. Bush desocupe el Despacho Oval, dejará un legado que habrá que enfrentar. Ciertamente, lega a su sucesor un mundo desfigurado por la guerra y desbaratado por las privaciones, pero tal vez su legado más perdurable está ahora profundamente empotrado en la política del área de Washington – un Pentágono tan metastaseado que es casi irreconocible.
El masivo crecimiento del Pentágono durante estos últimos siete años no será deshecho fácilmente, no importa quién se ponga el manto presidencial el 19 de enero de 2009. “El Pentágono” es ahora mucho más que un edificio de cinco lados al otro lado del Potomac desde Washington o incluso la sede del Departamento de Defensa. De muchas maneras, desafía toda descripción o designación.
¿Quién llega a recordar, hoy en día, el debate al terminar la Guerra Fría sobre el papel que correspondería al poder militar de EE.UU. en un mundo “unipolar”? ¿Estaba tan bien establecida la supremacía de EE.UU., preguntaban entonces los eruditos, que Washington podía basarse en un poder económico y cultural más blando, y que el poder militar fuera sólo un respaldo (y un “dividendo de paz” interior por añadidura)? ¿O debía colocarse EE.UU. las seis pistolas de un alguacil global y patrullar el mundo como fuente de “intervenciones humanitarias”? ¿O había llegado el momento de declarar audazmente que somos la única superpotencia del mundo y esgrimir unas fuerzas armadas de alta tecnología sin igual, desanimar activamente de llegar a pensar en una rivalidad futura a cualquier otra potencia o bloque de poder?
Los ataques del 11 de septiembre de 2001 terminaron decisivamente con ese debate. El gobierno de Bush declaró rápidamente la guerra total en todos los frentes – contra pueblos, ideologías y, sobre todo, el “terrorismo” (una táctica de los débiles). En ese mismo mes de septiembre, responsables del gobierno filtraron orgullosamente la información de que estaban listos para “apuntar” a hasta 60 otras naciones y a los movimientos terroristas dentro de ellas.
La “huella” del Pentágono debía ser implantada firmemente: base militar tras base militar en todo el planeta, con énfasis especial en sus centros energéticos. Altos funcionarios del gobierno comenzaron a preparar al Pentágono para que fuera a cualquier parte e hiciera lo que quisiera, mientras reescribían, desgarraban, o ignoraban cualesquiera leyes, nacionales o internacionales, que constituyeran un obstáculo. En 2002, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld articuló oficialmente una nueva postura militar de EE.UU. que, era poco menos que revolucionaria en su concepción. Se llamaba – en típica abreviatura del Pentágono – una Estrategia de Defensa 1-4-2-1- (reemplazando el plan no demasiado modesto del gobierno de Clinton de prepararse para librar simultáneamente dos grandes guerras – en Oriente Próximo y el Noreste de Asia.)
Teóricamente, esta estrategia significaba que el Pentágono debía prepararse para defender a EE.UU., mientras creaba fuerzas capaces de disuadir la agresión y la coerción en cuatro “regiones críticas” (Europa, el Noreste de Asia, el Este de Asia, y Oriente Próximo). Sería capaz de derrotar simultáneamente la agresión en dos de estas regiones y “ganar decisivamente” en uno de esos conflictos “en un momento y un sitio elegido por nosotros.” De ahí 1-4-2-1.
Y eso fue sólo el comienzo. Ya habíamos, para entonces, entrado a la nueva era del Mega-Pentágono. Casi seis años después, la escala de la expansión de esa institución aún no ha sido completamente comprendida, así que consideremos sólo siete de las principales maneras mediante las cuales el Pentágono ha vivido la expansión – y un salto – más allá de su misión original, eclipsando a otras instituciones de gobierno al hacerlo.
1. El Pentágono revienta-presupuestos: El presupuesto base del Pentágono – que ya ascendía a alarmantes 300.000 millones de dólares cuando George W. Bush se hizo cargo de la presidencia – se ha casi duplicado mientras él ha estado parqueado tras el inmenso escritorio del Despacho Oval. Para el año fiscal 2009, el presupuesto regular del Pentágono totalizará aproximadamente 541.000 millones de dólares (incluyendo el trabajo en ojivas nucleares y reactores navales en el Departamento de Energía).
El gobierno de Bush ha presidido sobre uno de los mayores fortalecimientos militares en la historia de EE.UU. Y eso es antes de que lleguemos a contar los “gastos en guerras.” Si tenemos en cuenta los costes directos de las guerras en Iraq y Afganistán, así como la Guerra Global contra el Terror, los gastos de “defensa” han sido esencialmente triplicados.
Desde febrero de 2008, según la Oficina de Presupuestos del Congreso, los legisladores han asignado 752.000 millones de dólares para la guerra y ocupación de Iraq, las continuas operaciones militares en Afganistán, y otras actividades asociadas con la Guerra Global contra el Terror. El Pentágono estima que necesitará otros 170.000 millones para el año fiscal 2009, lo que significa que, con 922.000 millones de dólares, los gastos directos para las guerras desde 2001 serían cercanos a la marca de los tres billones de dólares.
Como ha señalado el columnista del New York Times, Bob Herbert, si una pila de billetes de unos 15 centímetros de alto tiene un valor de 1 millón de dólares; entonces, una pila de 1.000 millones tendría la altura del Monumento a Washington, y una pila de 1 billón de dólares tendría una altura de 153 kilómetros. Nótese que ninguno de estos fondos para librar guerras es siquiera contado como parte del presupuesto militar anual, sino que son proporcionados por el Congreso en la forma de “suplementos de emergencia” varias veces al año.
Si se agrega la guerra al presupuesto base del Pentágono, EE.UU. gasta ahora casi tanto en asuntos militares como el conjunto del resto del mundo. Los gastos militares también dejan a la sombra todas las otras partes del presupuesto federal, al representar 58 centavos de cada dólar gastado por el gobierno federal en “programas discrecionales” (los que el Congreso aumenta o reduce sobre una base anual).
El presupuesto total del Pentágono representa más que los gastos combinados en educación, protección medioambiental, justicia, prestaciones para veteranos, ayuda habitacional, transporte, formación profesional, agricultura, energía, y desarrollo económico de EE.UU. No es sorprendente, por lo tanto que, ya que cobra cada vez más dinero, el Pentágono está tomando (o se apodera de) cada vez más funciones y roles.
2. El Pentágono como diplomático: El gobierno de Bush ha exhibido una y otra vez su desdén por la discusión y el compromiso, por tratados y acuerdos, y una admiración igualmente profunda por lo que puede ganar mediante la amenaza y la fuerza. No es sorprendente, por lo tanto, que la agenda de política exterior de la Casa Blanca haya sido dirigida cada vez más a través de los militares. Con un presupuesto militar que es más de 30 veces superior a la suma en conjunto de todas las operaciones del Departamento de Estado y de toda la ayuda no militar al extranjero, el Pentágono ha penetrado en dos bastiones tradicionales del Departamento de Estado – la diplomacia y el desarrollo – duplicando o reemplazando gran parte de su trabajo, a menudo a través de un reenfoque de la diplomacia de Washington hacia relaciones de militar a militar, en lugar de diplomático a diplomático.
Desde fines del Siglo XVIII, el embajador de EE.UU. en cualquier país ha sido considerado como representante personal del presidente, responsable de asegurar que se cumplan los objetivos de política exterior. Como explicó un embajador: “La regla es: si estás en el país, trabajas para el embajador. Si no trabajas para el embajador, no recibes permiso para ese país.”
En la era de Bush, el Pentágono ha trastocado este modelo. Según el informe del Congreso de 2006, por el senador Richard Lugar (republicano de Indiana): “Las embajadas como puestos de comando en la campaña contra el terror”, el personal civil en muchas embajadas se sienten ahora ocupados por, excedidos en número por, y subordinados a personal militar. Se ven como un equipo de segunda cuando se trata de tomar decisiones. Incluso el Secretario de Defensa Robert Gates es consciente del problema, al señalar, como lo hizo en noviembre pasado, que hay “sólo unos 6.600 agentes profesionales del Servicio Exterior – menos que el personal de un grupo de ataque de portaaviones.” Pero, típicamente, agregó que, aunque el Departamento de Estado pueda necesitar más recursos: “No me entiendan mal, pediré aún más dinero para Defensa el próximo año.” Otro embajador lamentó que sus homólogos extranjeros “sigan el dinero” y desarrollen relaciones con personal militar de EE.UU. en lugar de cultivar contactos con sus homólogos en el Departamento de Estado.
El Pentágono expresa invariablemente su imperialismo burocrático en términos de “cooperación entre-agencias.” Por ejemplo, el año pasado el Comando Sur de EE.UU. (Southcom) publicó la Estrategia de Comando 2016, un documento que identificó la pobreza, el crimen, y la corrupción como los problemas clave de “seguridad” en Latinoamérica. Sugirió que Southcom, un comando de seguridad, debería, en los hechos, ser el “actor central para abordar... problemas regionales” que concernían previamente a agencias civiles. Luego se promocionó como el futuro centro de un “comando de seguridad conjunto entre agencias... en apoyo de la seguridad, la estabilidad y la prosperidad en la región.”
Como lo describiera vívidamente el jefe de Southcom, comandante James Stavridis, el comando gusta ahora de verse como un “gran cubo de Velcro en el que se pueden enganchar esas otras agencias para que podamos hacer colectivamente lo que sea necesario en esta región.”
El Pentágono ha seguido en general este modelo en todo el globo desde 2001. Pero ¿qué significa “cooperación” cuando una entidad eclipsa a todas las otras en personal, recursos, y acceso a los que toman las decisiones, mientras controla cada vez más la definición misma de las “amenazas” que hay que encarar?
3. El Pentágono como traficante de armas. En los años de Bush, el Pentágono ha aumentado agresivamente su papel como el principal traficante de armas del planeta, incrementando sus ventas de armas en todos los sitios en los que puede hacerlo – sembrando así el futuro de guerras y conflictos.
En 2006 (el último año para el que se dispone de datos completos), solo EE.UU. representó más de la mitad del comercio mundial de armas, con ventas por 14.000 millones de dólares. Vale la pena destacar un acuerdo por 5.000 millones de dólares de F-16 para Pakistán y un acuerdo por 5.800 millones de dólares para volver a equipar completamente a la fuerza de seguridad interior de Arabia Saudí. Las ventas de armas de EE.UU. para 2006 llegaran a aproximadamente el doble del nivel de cualquier año anterior del gobierno de Bush.
El segundo traficante de armas por su tamaño, Rusia, registró entregas por unos comparativamente despreciables 5.800 millones de dólares, sólo algo más de un tercio de los totales en armas de EE.UU. El aliado Gran Bretaña fue tercero con 3.300 millones – y esos tres países concentran un colosal 85% de los armamentos vendidos ese año, más de un 70% del cual fue destinado al mundo en desarrollo.
Por grandioso que sea en la venta de armas, el Pentágono se distingue por su lentitud al informar sobre sus ventas. Las notificaciones de ventas de armas publicadas por la Agencia de Cooperación en Defensa y Seguridad (DSCA) del Pentágono, sin embargo, ofrecen un camino rudimentario para tomar el pulso del Departamento de Defensa; y, aunque no todos los acuerdos sobre los que se informa han sido finalizados, ese pulso evidentemente se acelera. Hasta mayo de 2008, la DSCA ya había publicado más de 9.100 millones de dólares en notificaciones de ventas de armas, incluyendo equipos de bombas inteligentes para Arabia Saudí, misiles TOW para Kuwait, aviones F-16 para Rumania, y helicópteros Chinook para Canadá.
Para mantener su ventaja en el mercado, el Pentágono nunca detiene sus campañas a alta presión para vender armas en el exterior. Por eso, a pesar de un hombro quebrado, el Secretario de Defensa Gates fue volando en febrero a vender sistemas de armas a países como India e Indonesia, mercados crecientes que son cruciales para los traficantes de armas del Pentágono.
4. El Pentágono como analista de inteligencia y espía: En el área de la “inteligencia”, la expansión del Pentágono – los roles de apropiación de información y análisis – ha sido rápida, torpe, y catastrófica.
El rastreo de la usurpación de inteligencia por el Pentágono no es tarea fácil. Para comenzar, hay docenas de agencias y oficinas del Pentágono que ahora recolectan y analizan información utilizando, desde "humint" (inteligencia humana) a escuchas y satélites. La tarea se hace sólo más difícil por el secreto que rodea las operaciones de inteligencia de EE.UU. y los “presupuestos ocultos” en los que desaparece tanto dinero para la inteligencia.
Pero los resultados finales son suficientemente claros. La absorción de la inteligencia por el Pentágono ha significado menos analistas de inteligencia que hablan árabe, farsi, o pashto y más circos viajeros como esos generales de cuatro estrellas y almirantes de tres galones que articulan temas de conversación aprobados por el gobierno en las noticias por cable y en los programas de entrevistas del domingo por la mañana.
Los presupuestos de inteligencia son secretos, de modo que lo que sabemos al respecto no es exhaustivo – pero los vistazos que han conseguido los analistas sugieren que los gastos totales de inteligencia fueron aproximadamente 26.000 millones de dólares hace una década. Después del 11-S, el Congreso invirtió un montón de dinero adicional en la inteligencia de modo que al llegar 2003, el presupuesto total de inteligencia ya había subido a más de 40.000 millones de dólares.
En 2004, la Comisión del 11-S subrayó las fallas de la inteligencia de la Agencia Central de Inteligencia y de otros en la sopa de letras de la Comunidad de Inteligencia de EE.UU. encargada de recolectar y analizar información sobre amenazas para el país. El Congreso entonces aprobó la ley de “reforma” de la inteligencia, estableciendo la Oficina del Director de Inteligencia Nacional, destinada a dirigir las operaciones de inteligencia. Sin embargo el Directorado Nacional de Inteligencia nunca ocupó ese papel gracias a una dura resistencia de los legisladores favorables a los militares, y el Pentágono mantuvo el control de tres agencias clave de recolección – la Agencia Nacional de Seguridad, la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial y la Agencia Nacional de Reconocimiento.
Como resultado, según Tim Shorrock, periodista de investigación y autor de “Spies for Hire: The Secret World of Intelligence Outsourcing,” el Pentágono controla ahora más de un 80% de los gastos de inteligencia de EE.UU., que calculó en unos 60.000 millones de dólares en 2007. Como observó Mel Goodman, ex funcionario de la CIA y ahora analista en el Centro de Política Internacional: “El Pentágono ha sido el gran vencedor burocrático en todo esto.”
Es un vencedor tan grande que el director de la CIA, Michael Hayden, ahora controla sólo el presupuesto para la propia CIA – unos 4 o 5.000 millones de dólares al año y ya ni siquiera entrega al presidente su ración diaria de inteligencia.
La sombra de la inteligencia del Pentágono se impone mucho más allá de los pasillos de las burocracias de Washington. También se extiende más allá de las montañas de Afganistán. Después que EE.UU. invadió ese país en 2001, el secretario de defensa Rumsfeld admitió que, a menos que el Pentágono controlara la recolección de información y tomara la delantera en la realización de operaciones clandestinas, seguiría dependiendo de – y por lo tanto subordinado a – la Agencia Central de Inteligencia con su control de la inteligencia “en el terreno”.
En uno de los que ahora son conocidos como sus nefarios memorandos, tildados ahora de “copos de nieve” por un personal que los veía caer regularmente desde lo alto, afirmó que, si la Guerra contra el Terror se extendía lejos hacia el futuro, no quería continuar con la “dependencia casi total de la CIA” del Pentágono. Y así, Rumsfeld, estableció una organización directamente competidora, la Unidad de Apoyo Estratégico del Pentágono, que colocó los componentes de recolección de inteligencia de las Fuerzas Especiales de EE.UU. bajo un solo techo que dependía directamente de su persona. (Mucha gente en la comunidad de la inteligencia consideró que la oficina era ilegítima, pero Rumsfeld iba volando alto y no pudieron hacer nada.)
Como escribiera en enero de 2005 Seymour Hersh, quien repetidamente hizo públicas historias en el New Yorker sobre las fechorías del Pentágono en la Guerra Global contra el Terror, el gobierno de Bush ya había “consolidado el control sobre los análisis estratégicos y las operaciones clandestinas de las comunidades militares y de inteligencia en un grado sin igual desde el inicio del Estado nacional de seguridad posterior a la Segunda Guerra Mundial.”
En su apuro por invadir Iraq, los civiles que dirigían el Pentágono también fusionaron la maquinaria de propaganda del gobierno con la inteligencia militar. En 2002, el subsecretario de Defensa, Douglas Feith, estableció la Oficina de Planes Especiales (OSP) en el Pentágono para suministrar “información actuable” a los responsables políticos de la Casa Blanca. Utilizando informes existentes de inteligencia “purgados” de modificadores como “probablemente” o “podría,” o a veces simplemente amañados, la oficina logró convertir en hechos escenarios del peor de los casos sobre presuntos programas de Sadam Husein para desarrollar armas de destrucción masiva, y luego, mediante filtraciones, utilizar a los medios noticiosos para validarlos.
El ex director de la CIA, Robert Gates, quien se hizo cargo del Pentágono cuando Donald Rumsfeld renunció en noviembre de 2006, se ha mostrado crítico de la “dominación” del Pentágono en la inteligencia y de la “decadencia del papel central de la CIA.” También ha indicado su intención de reducir la larga sombra de inteligencia del Pentágono; pero, incluso si lo dice en serio, tendrá trabajo para rato. Mientras tanto, el Pentágono sigue produciendo abundante “inteligencia” sospechosa, para decirlo cortésmente, proveniente de confesiones de sospechosos de terrorismo inducidas por la tortura y obras que revelan los orígenes iraníes de sofisticados artefactos explosivos hallados en Iraq.
5. El Pentágono como administrador de desastres interiores: Cuando los que deciden en Washington comienzan a ver al Pentágono como la solución de los problemas del mundo, suceden cosas extrañas. De hecho, en los años de Bush, el Pentágono se ha convertido en el primer socorrista oficial de último recurso en caso de casi cualquier desastre – desde tornados, huracanes, e inundaciones a disturbios civiles, potenciales estallidos de enfermedades, o posibles ataques biológicos o químicos. En 2002, en una señal reveladora de la expansión de los objetivos de la misión original del Pentágono, el presidente Bush estableció el primer comando militar interior desde la guerra civil: el Comando del Norte de EE.UU. (Northcom). Su misión: la “preparación para, la prevención de, la disuasión de, la defensa contra y la reacción ante, amenazas y agresión dirigidas contra el territorio, la soberanía, la población interior, y la infraestructura de EE.UU.; así como la gestión de crisis, la dirección de repercusiones, y otro apoyo civil interior.”
Si suena algo difícil, así lo es.
En los últimos seis años, Northcom ha sido notablemente infructuoso en todo, pero ha expandido su alcance teórico. Al comando le asignaron inicialmente 1.300 personas del Departamento de Defensa, pero desde entonces ha crecido hasta ser una fuerza de más de 15.000. Incluso las críticas sólo parecen fortalecer su papel en el interior. Por ejemplo, un informe de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental [GAO] de abril de 2008 estableció que Northcom no se había comunicado efectivamente con dirigentes estatales y locales o con unidades de la Guardia Nacional sobre sus planes recientemente desarrollados para la reacción ante desastres y actos de terrorismo. ¿El resultado? Northcom dice que entrenará para otoño de este año a su primera unidad de tamaño de brigada de personal militar para ayudar a las autoridades locales a fin de reaccionar ante incidentes químicos, biológicos, o nucleares. Hay que marcarlo en los calendarios.
Más que ninguna otra cosa, Northcom ha suministrado al Pentágono la apertura que necesitaba para entrar vigorosamente a las áreas de desastre interior previamente atendidas por autoridades civiles nacionales, estatales y locales.
Por ejemplo, el director adjunto de Northcom, brigadier general Robert Felderman,
se enorgullece de que el comando es ahora el “sincronizador global – el coordinador global – para la gripe de todos los comandos combatientes” de EE.UU. De la misma manera, Northcom ahora patrocina conferencias anuales de preparación para huracanes y asegura a todo el que quiera escuchar que está “preparado para participar plenamente en forma activa” en futuras situaciones similares a Katrina “a fin de salvar vidas, reducir el sufrimiento y proteger la infraestructura.”
Desde luego, el Pentágono es actualmente la parte del gobierno que devora los fondos que de otra manera podrían ser gastados para reforzar obras públicas que datan de la era de la Depresión de EE.UU., que aseguran que el Pentágono tenga suficientes problemas ante los cuales tenga que reaccionar en el futuro.
La Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles, por ejemplo, estima que se necesitan urgentemente 1,6 billones de dólares para convertir la infraestructura de la nación en algo que puede ser protegido, o sea 320.000 millones de dólares por año en los próximos cinco años. Al evaluar los actuales sistemas de suministro de agua, carreteras, puentes, y represas en todo el país, los ingenieros dieron a la infraestructura una serie de notas C y D.
Mientras tanto, los militares vienen marchando. Katrina, por ejemplo, tocó tierra el 29 de agosto de 2005. El presidente Bush ordenó el despliegue de tropas a Nueva Orleans el 2 de septiembre para coordinar la entrega de alimentos y agua y servir como disuasivo contra saqueos y violencia. Menos de un mes después, el presidente Bush solicitó al Congreso que transfiriera la responsabilidad para futuros desastres de los gobiernos estatales y del Departamento de Seguridad Interior al Pentágono.
El mes siguiente, el presidente Bush volvió a ofrecer a los militares como su solución – esta vez ante temores globales sobre brotes del virus de la gripe aviaria. Sugirió que, para imponer una cuarentena: “Una opción es el uso de los militares que son capaces de planificar y actuar.”
Numerosos militares han mostrado frialdad ante tales sugerencias porque ya se hunden bajo el peso de su expansión y de dos guerras debilitantes, igual que el Congreso, preocupado de mantener los derechos de los Estados y el control civil. Ofrecer a los militares como la solución para los desastres naturales interiores y brotes de gripe significa no prestar suficiente atención presupuestaria a otros primeros socorristas. Es poco probable, sin embargo, que Northcom, que ahora viaja en el tren del dinero, sea relegado tranquilamente al olvido en los años por venir.
6. El Pentágono como proveedor de cuidados humanitarios en el exterior: La Agencia para la Ayuda Internacional de EE.UU. [USAID] y el Departamento de Estado han sido tradicionalmente los encargados de reaccionar ante desastres en el exterior; pero, desde las costas devastadas por el tsunami de Indonesia a Myanmar después del reciente ciclón, la catástrofe natural se ha convertido en otra oportunidad presidencial para “enviar a los marines” (por así decir). El Pentágono ha iniciado crecientemente la planificación humanitaria, obteniendo una parte cada vez mayor de las misiones humanitarias de EE.UU.
De Kenia a Afganistán, de las Filipinas a Perú, los militares de EE.UU. son también los que construyen regularmente escuelas y clínicas dentales, reparan carreteras y apuntalan puentes, atienden a niños enfermos y reparten dinero en efectivo y alimentos muy necesitados, todas las cuales fueron otrora responsabilidades civiles.
El Centro para Desarrollo Global establece que el cupo del Pentágono de “ayuda oficial al desarrollo” – pensad en “ganar corazones y mentes” o de “construcción de la nación” – ha aumentado de un 6% a un 22% entre 2002 y 2005. El Pentágono está usurpando rápidamente la actividad de desarrollo de la comunidad de las ONG y de agencias civiles, colocando una cara sonriente a operaciones militares en Iraq, Afganistán y otros sitios.
A pesar de las limitaciones obvias de la conversión de una fuerza entrenada para matar y destruir en un cuadro de cuidadores, el proyecto mili-humanitario del Pentágono recibió un gran estímulo del dinero que fue incautado de los cofres secretos de Sadam Husein. Una parte fue repartida a comandantes locales estadounidenses para que encararan necesidades iraquíes inmediatas y para cerrar tratos en los meses después de la caída de Bagdad en abril de 2003. Lo que fue inicialmente un programa con fines específicos tiene ahora un nombre oficial – el Programa de Reacción de Emergencia de Comandantes (CERP) – y una línea en el presupuesto del Pentágono.
Ante el Comité Presupuestario de la Cámara, el verano pasado, Gordon England, Secretario Adjunto de Defensa, dijo a miembros del Congreso que el CERP era una “iniciativa particularmente efectiva,” y explicó que el programa suministra “fondos limitados pero inmediatamente disponibles” a comandantes militares que pueden gastarlos “para marcar una diferencia concreta en la vida diaria de la gente.” Esto, afirmó, es ahora una “parte clave del enfoque de contrainsurgencia más amplio.” Agregó que sirve el propósito de “complementar iniciativas de seguridad” y que tiene tanto éxito que muchos comandantes lo consideran “el arma más poderosa en su arsenal.”
En realidad, el Pentágono no hace muy bien el trabajo humanitario. En Afganistán, por ejemplo, paquetes de alimentos lanzados por aviones de EE.UU. tenían el mismo color que las municiones de racimo lanzadas también por aviones de EE.UU.; mientras escuelas y clínicas construidas por fuerzas de EE.UU. se convirtieron a menudo en objetivos incluso antes de poder ser utilizadas. En Iraq, resultó que el dinero repartido al grupo sectario de la semana del Pentágono para pozos y generadores era gastado con la misma facilidad para comprar explosivos y AK-47.
7. El Pentágono como virrey global y rey de los cielos: En los años de Bush, el Pentágono terminó dividiendo el globo en “comandos” militares, que son funcionalmente virreinatos. Es verdad que incluso antes del 11-S era difícil imaginar un sitio en el globo en el que no estuvieran los militares de EE.UU., pero hasta hace poco, el continente africano podría haber sido ese sitio.
Junto con la creación de Northcom, sin embargo, el establecimiento del Comando África de EE.UU. (Africom) en 2008, llenó oficialmente el último sitio vacío del Pentágono en el mapa. Un documento militar clave, la Estrategia Nacional de Seguridad de 2006 para EE.UU. mencionó la acción, afirmando que “África posee creciente importancia geoestratégica y es una alta prioridad para este gobierno.” (Pensad en: petróleo y otras materias primas esenciales.)
Mientras tanto, el financiamiento para África bajo el mayor programa de ayuda militar de EE.UU., el Financiamiento Militar Exterior, fue duplicado de 10 a 20 millones de dólares entre 2000 y 2006, y la cantidad de naciones destinatarias aumentó de dos a catorce. El financiamiento para entrenamiento militar aumentó en un 35% en ese mismo período (aumentando de 8,1 millones de dólares a 11 millones). Actualmente, los militares de 47 naciones africanas reciben entrenamiento estadounidense.
En términos de planificación del Pentágono, Africom unifica por primera vez el continente. (Sólo Egipto permanece bajo la tutela del Comando Central de EE.UU.) Según el presidente Bush, esto debería “realzar nuestros esfuerzos por llevar la paz y la seguridad al pueblo de África y promover nuestros objetivos comunes de desarrollo, salud, educación, democracia, y crecimiento económico en África.”
Theresa Whelan, subsecretaria de defensa para asuntos africanos, sigue insistiendo en que Africom no ha sido formado ni para facilitar las guerra (“involucrarse cinéticamente en África”), ni para asignar una porción de las materias primas del continente al estilo del colonialismo del Siglo XIX. “Esto no tiene que ver,” dice, “con una pelea por el continente.” Pero hay una cosa sobre la cual no puede caber duda: Tiene que ver con aumentar el alcance global del Pentágono.
Mientras tanto, por si la Tierra no fuera suficiente, el control de los cielos sigue siendo una posibilidad. En agosto de 2006, sobre la base de documentos anteriores como la Visión para 2020 del Comando Espacial de EE.UU., de 1998. (Que proponía una política de “dominio de espectro completo”), el gobierno de Bush desveló su "política espacial nacional.” Propugnaba el establecimiento, defensa, y extensión del control de EE.UU. sobre recursos espaciales y argumentaba a favor de derechos “ilimitados” en el espacio. El documento también afirmó que “la libertad de acción en el espacio es tan importante para EE.UU. como el poder aéreo y el poder marítimo.”
Como dice el documento: “En el nuevo siglo, los que utilicen efectivamente el espacio gozarán de más prosperidad y seguridad y tendrán una ventaja sustancial sobre los que no lo hacen.” (Los dirigentes de China, Rusia, y otros Estados importante indudablemente oyeron la resonante bofetada del desafío.) Por el momento, la retórica y los planes del gobierno de Bush superan los recursos dedicados a la tecnología de armas espaciales, pero en el presupuesto recientemente anunciado, el presidente asignó casi mil millones de dólares a programas de armas basadas en el espacio.
De todas las fronteras de expansión, tal vez ninguna es más impresionante que las escapadas del Pentágono hacia el futuro. ¿Ofrece el Departamento de Transporte una Visión para 2030? ¿Desarrolla planes la Agencia de Protección del Medio Ambiente para los próximos cincuenta años? ¿Tiene el Departamento de Salud y Servicios Humanos un equipo de profesionales en Power-Point que preparen gráficos dinámicos sobre cómo serán en 2050 los servicios para los adultos mayores?
Esas agencias proyectan presupuestos sólo muy cercanos al próximo decenio. Sólo el Pentágono proyecta el poder y la posibilidad para décadas futuras, colonizando la imaginación con montones de diferentes escenarios según los cuales, continuará controlando cada año cientos de miles de millones de dólares del contribuyente.
Complex [Complejo] 2030, Vision 2020, UAV Roadmap [Mapa de ruta para vehículos aéreos no tripulados] 2030, los Sistemas Futuros de Combate del Ejército – los nombres, que parecen interminables, lo dicen todo.
A medida que el reloj cuenta los minutos hasta el 4 de noviembre de 2008, mucha gente está invirtiendo esperanzas (así como dinero y tiempo) en la posibilidad de un cambio en 1600 Avenida Pennsylvania [Casa Blanca]. Pero en lo que tiene que ver con el Pentágono, no hay que contar demasiado con un cambio, no importa quien vaya a ser el nuevo presidente. A fin de cuentas, después de siete años, cuatro meses, y unos pocos días de presidencia de Bush, el Pentágono está profundamente atrincherado en Washington y sigue expandiendo agresivamente. Le ha tomado el gusto a un poder sin rival y a un acceso inigualable al tesoro de EE.UU. Es una institución que ha escapado al equilibrio de poderes de la nación.
____________________________________
Frida Berrigan es Asociada Principal de Programas de la Iniciativa Armas y Seguridad de la New America Foundation. Es columnista de Foreign Policy in Focus y editora colaboradora de la revista In These Times. Es autora de informes sobre el tráfico de armas y derechos humanos, la política de armas nucleares de EE.UU., y la política interior de defensa de misiles de EE.UU. y la política de armas espaciales. Para contactos, escriba a: berrigan@newamerica.net.
Copyright 2008 Frida Berrigan
Enlace al texto original
Etiquetas:
Frida Berrigan,
Pentágono,
Tom Dispatch
jueves, 29 de mayo de 2008
Entrevista al escritor Eduardo Galeano
"¿Cómo se explica que importe más alimentar a los autos que a la gente?"
Roberto Montoya
El Mundo
Tras cuatro años sin acudir a la cita con sus lectores, el comprometido intelectual uruguayo consigue en las 350 páginas del nuevo libro que presentó ayer en Madrid, 'Espejos', presentar una historia casi universal a través de 600 relatos
«Vistos desde el aire todos los humanos somos enanos; desde abajo gigantes. Por eso es necesario verse desde la horizontalidad, desde la igualdad, respetando la diversidad, que es lo más rico que tenemos».
Eduardo Hughes Galeano (Montevideo, Uruguay, 1940), conocido universalmente como Eduardo Galeano, que hoy presenta en Casa de América de Madrid, a las 19.30 horrs. Espejos, una historia casi universal (Editorial Siglo XXI), reconoce que el cáncer contra el que tuvo que combatir hasta hace poco, le impidió seguir con sus obligaciones rutinarias, pero le dejó mucho tiempo para hilar las 600 pequeñas historias que desarrolla en su nuevo libro.
Es un hilo misterioso como el que tantas veces ha utilizado este comprometido intelectual a través de su cuarentena de libros para dar unidad, armonía y coherencia a historias aparentemente tan disímiles como hablar en una misma obra de Aristóteles, George W. Bush, Barck Obama, Mahoma, el Quijote, Mark Twain, el medioambiente, mujer, la inmigración, el libre mercado y mil cosas más. Temas profundos contados sencillamente y con un omnipresente toque de ironía y humor. «'No te tomes en serio aquello de lo que no te puedas reir', me aconsejó una vez un amigo brasileño», dice sonriendo, claro, este narrador incansable. Cuando publicó en 1971 una de sus obras más emblemáticas, Las venas abiertas de América Latina, en esa región del mundo comenzaba una oleada de golpes de Estado y sangrientas dictaduras militares. «En nombre de la libertad de mercado limitaron la libertad de la gente. El mercado libre significó para Milton Friedman un Premio Nobel, y para países como Chile, un Pinochet».
«Eran dictaduras nacidas para castrar», dice, «para aniquilar a lo más 'peligroso' de una generación entera, a la voluntad de cambio. Tenían miedo a que esa energía de cambio pudiera traducirse en peligro real para sus intereses».
Galeano es optimista sobre la nueva situación en América Latina. «En los últimos años por suerte surgieron gobiernos con voluntad de cambio, están empezando a hacer cosas, es muy diverso el panorama político latinoamericano, porque Latinoamérica es un reino de la diversidad, y eso es lo mejor que tiene. Ojalá logre reunirse y unirse esa energía de cambio para generar la posibilidad de defendernos mejor.
Eduardo Galeano es crítico con algunas actitudes de gobiernos europeos ante esos procesos. «Subrayo lo de la diversidad porque en Europa no se termina de entender. No siempre es fácil ver y entender esa diversidad desde afuera. Y más difícil es verla con los ojos de las naciones que han sido dominantes durante el periodo colonial y que de alguna manera lo siguen siendo. Desprecian lo que ignoran, desconocen cuál es la verdadera realidad de países sobre los cuales se sienten todavía con derecho a emitir sentencia, a decir esto es bueno, esto es malo, esto es democrático, esto no es democrático».
«Cuando se dicen cosas como que Bolivia es un país ingobernable, o incomprensible, en realidad quieren decir que es un país invisible para sus ojos, ojos envueltos en telarañas coloniales, que les impiden ver». Este eterno joven rebelde, capaz como pocos de aglutinar estos días alrededor de su libro a 1.500 personas, mayoritariamente jóvenes, en sus presentaciones en Galicia y Cataluña, dice que con Espejos «quiere mostrar la diversidad del mundo, que es una diversidad negada por la mirada del poder, porque la mirada del poder es mutiladora del arcoiris terrestre. Este tiene muchísimos más colores que los que le reconocen».
«¿Qué autoridad tienen países que ni se han autocriticado de haberse enriquecido en el pasado con la esclavitud?», pregunta Galeano. «Se intenta ocultar que la venta de carne humana duró tres siglos; fue el negocio más próspero de las coronas europeas». Y en su libro Galeano relaciona ese pasado con la intolerancia actual, intolerancia ante el otro, ante el homosexual, ante el inmigrante, intolerancia ante aquel de color de piel distinta. «¿Y si Adán y Eva eran negros?, planteo en el libro. Porque los humanitos venimos todos de Africa, en eso no hay divergencia de los expertos. Somos todos africanos emigrados, y el que se ocupó del reparto de los colores fue el Sol, y fue blanqueando a los que se alejaban del lugar de origen, que era Africa».
Eduardo Galeano reconoce que se ha avanzado en los derechos de la mujer en el mundo, «o en parte del mundo, de forma muy desigual, pero no porque los machos se los hayamos regalado sino porque ellas lo han conquistado en un proceso muy duro». Pero advierte: «Todavía son vistas por la ideología dominante como objetos de propiedad masculina. La forma más repugnante de la propiedad privada es la propiedad de las personas, como ver a la mujer como propiedad del hombre».
El escritor uruguayo pone también la lupa en «el reino del petróleo» y el auge de los biocombustibles. «Para EEUU, fue un error de Dios poner el petróleo bajo las arenas de Medio Oriente, en vez de ponerlas donde debía». «El petróleo sigue siendo el producto rey. ¿La prensa europea le dedicaría tanta importancia a Chávez, como un Satán siempre disponible, si Venezuela en vez de petróleo exportara lechuga?». Y otro tanto dice de Irán: «Ahora va a resultar que las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki las tiró Irán, y no, las tiró nada menos que un Gobierno demócrata de EEUU.
Galeano concluye: «El mundo gira alrededor de su majestad el auto. «¿Cómo se explica que importe más alimentar a los autos que a la gente? Si el petróleo es insuficiente o muy caro, vamos a darle de comer soja, maíz, azúcar. ¿Cuál es el miembro más importante de la familia?: Sin duda el que duerme en el garaje».
Roberto Montoya
El Mundo
Tras cuatro años sin acudir a la cita con sus lectores, el comprometido intelectual uruguayo consigue en las 350 páginas del nuevo libro que presentó ayer en Madrid, 'Espejos', presentar una historia casi universal a través de 600 relatos
«Vistos desde el aire todos los humanos somos enanos; desde abajo gigantes. Por eso es necesario verse desde la horizontalidad, desde la igualdad, respetando la diversidad, que es lo más rico que tenemos».
Eduardo Hughes Galeano (Montevideo, Uruguay, 1940), conocido universalmente como Eduardo Galeano, que hoy presenta en Casa de América de Madrid, a las 19.30 horrs. Espejos, una historia casi universal (Editorial Siglo XXI), reconoce que el cáncer contra el que tuvo que combatir hasta hace poco, le impidió seguir con sus obligaciones rutinarias, pero le dejó mucho tiempo para hilar las 600 pequeñas historias que desarrolla en su nuevo libro.
Es un hilo misterioso como el que tantas veces ha utilizado este comprometido intelectual a través de su cuarentena de libros para dar unidad, armonía y coherencia a historias aparentemente tan disímiles como hablar en una misma obra de Aristóteles, George W. Bush, Barck Obama, Mahoma, el Quijote, Mark Twain, el medioambiente, mujer, la inmigración, el libre mercado y mil cosas más. Temas profundos contados sencillamente y con un omnipresente toque de ironía y humor. «'No te tomes en serio aquello de lo que no te puedas reir', me aconsejó una vez un amigo brasileño», dice sonriendo, claro, este narrador incansable. Cuando publicó en 1971 una de sus obras más emblemáticas, Las venas abiertas de América Latina, en esa región del mundo comenzaba una oleada de golpes de Estado y sangrientas dictaduras militares. «En nombre de la libertad de mercado limitaron la libertad de la gente. El mercado libre significó para Milton Friedman un Premio Nobel, y para países como Chile, un Pinochet».
«Eran dictaduras nacidas para castrar», dice, «para aniquilar a lo más 'peligroso' de una generación entera, a la voluntad de cambio. Tenían miedo a que esa energía de cambio pudiera traducirse en peligro real para sus intereses».
Galeano es optimista sobre la nueva situación en América Latina. «En los últimos años por suerte surgieron gobiernos con voluntad de cambio, están empezando a hacer cosas, es muy diverso el panorama político latinoamericano, porque Latinoamérica es un reino de la diversidad, y eso es lo mejor que tiene. Ojalá logre reunirse y unirse esa energía de cambio para generar la posibilidad de defendernos mejor.
Eduardo Galeano es crítico con algunas actitudes de gobiernos europeos ante esos procesos. «Subrayo lo de la diversidad porque en Europa no se termina de entender. No siempre es fácil ver y entender esa diversidad desde afuera. Y más difícil es verla con los ojos de las naciones que han sido dominantes durante el periodo colonial y que de alguna manera lo siguen siendo. Desprecian lo que ignoran, desconocen cuál es la verdadera realidad de países sobre los cuales se sienten todavía con derecho a emitir sentencia, a decir esto es bueno, esto es malo, esto es democrático, esto no es democrático».
«Cuando se dicen cosas como que Bolivia es un país ingobernable, o incomprensible, en realidad quieren decir que es un país invisible para sus ojos, ojos envueltos en telarañas coloniales, que les impiden ver». Este eterno joven rebelde, capaz como pocos de aglutinar estos días alrededor de su libro a 1.500 personas, mayoritariamente jóvenes, en sus presentaciones en Galicia y Cataluña, dice que con Espejos «quiere mostrar la diversidad del mundo, que es una diversidad negada por la mirada del poder, porque la mirada del poder es mutiladora del arcoiris terrestre. Este tiene muchísimos más colores que los que le reconocen».
«¿Qué autoridad tienen países que ni se han autocriticado de haberse enriquecido en el pasado con la esclavitud?», pregunta Galeano. «Se intenta ocultar que la venta de carne humana duró tres siglos; fue el negocio más próspero de las coronas europeas». Y en su libro Galeano relaciona ese pasado con la intolerancia actual, intolerancia ante el otro, ante el homosexual, ante el inmigrante, intolerancia ante aquel de color de piel distinta. «¿Y si Adán y Eva eran negros?, planteo en el libro. Porque los humanitos venimos todos de Africa, en eso no hay divergencia de los expertos. Somos todos africanos emigrados, y el que se ocupó del reparto de los colores fue el Sol, y fue blanqueando a los que se alejaban del lugar de origen, que era Africa».
Eduardo Galeano reconoce que se ha avanzado en los derechos de la mujer en el mundo, «o en parte del mundo, de forma muy desigual, pero no porque los machos se los hayamos regalado sino porque ellas lo han conquistado en un proceso muy duro». Pero advierte: «Todavía son vistas por la ideología dominante como objetos de propiedad masculina. La forma más repugnante de la propiedad privada es la propiedad de las personas, como ver a la mujer como propiedad del hombre».
El escritor uruguayo pone también la lupa en «el reino del petróleo» y el auge de los biocombustibles. «Para EEUU, fue un error de Dios poner el petróleo bajo las arenas de Medio Oriente, en vez de ponerlas donde debía». «El petróleo sigue siendo el producto rey. ¿La prensa europea le dedicaría tanta importancia a Chávez, como un Satán siempre disponible, si Venezuela en vez de petróleo exportara lechuga?». Y otro tanto dice de Irán: «Ahora va a resultar que las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki las tiró Irán, y no, las tiró nada menos que un Gobierno demócrata de EEUU.
Galeano concluye: «El mundo gira alrededor de su majestad el auto. «¿Cómo se explica que importe más alimentar a los autos que a la gente? Si el petróleo es insuficiente o muy caro, vamos a darle de comer soja, maíz, azúcar. ¿Cuál es el miembro más importante de la familia?: Sin duda el que duerme en el garaje».
Suscribirse a:
Entradas (Atom)