domingo, 22 de marzo de 2009

Es urgente cambiar Europa

Juan Torres López
Rebelión

El titular de prensa lo dice todo: "La UE suspende por falta de ideas la cumbre sobre el empleo". No puede haber una expresión más evidente ni patética del agotamiento del modelo neoliberal que se está siguiendo para construir y gobernar Europa.

Y no es de extrañar que no tengan ideas. Llevan años dándole vueltas a lo mismo y sin éxito,: flexibilizar el mercado, bajar los salarios, favorecer a los capitales... y lo que han conseguido está a la vista. Hoy hay más pobres en Europa, más trabajadores precarios, menos crecimiento de la economía... pero, eso sí, muchos más beneficios acumulados por las empresas. Y, además, unos beneficios que no se dedican a generar más inversión productiva o a crear más empleo, como auguraban los defensores de las políticas neoliberales. Por el contrario, se han dedicado a la especulación y ahora padecemos, en consecuencia, la crisis más grande del último siglo, por lo menos. ¡El capitalismo especulativo se come al capitalismo!

Antes, cuando subían los precios, incluso en pequeña proporción, decían que había que moderar los salarios para que no siguieran subiendo. Ahora, cuando dicen que hay que evitar que sigan cayendo los precios porque eso provoca una deflación que hay que evitar, no solo no dicen de subir los salarios, como habría que hacer si su teoría de antes fuese cierta, sino que siguen diciendo que hay que moderarlos. No tienen vergüenza.

No es que no tengan ideas para crear empleo. Lo que sencillamente no tienen es voluntad de enfrentarse a los intereses de los poderosos que no necesitan el empleo para ganar dinero, ni quieren contribuir con sus impuestos para aportar recursos que permitan crearlo.

Se podría crear empleo en Europa desde mañana mismo: obligando a que el Banco Central Europeo financiara programas de gasto orientados a generar capital social en lugar de seguir dando dinero a bancos que son insolventes y que todo lo que reciben lo dedican (inútilmente pues el agujero es inconmensurable) a tratar de salvar sus balances. Realizando reformas fiscales que gravaran las actividades especulativas y los patrimonios y beneficios procedentes de ellas y con ambas fuentes de financiación generando un cambio de modelo productivo en Europa para favorecer la utilización de recursos endógenos y la actividad económica sostenible.

En Europa hay más de 60 millones de pobres, déficit muy grandes en salud, enseñanza, investigación e innovación, igualdad y conciliación, en gestión medioambiental y desarrollo de nuestras fuentes energéticas, en cooperación internacional, en desarrollo de agricultura ecológica, en integración cultural... y en todos esos campos la actividad podría ser fuente intensiva de cientos de miles de empleos. Claro que fomentar esa actividad requeriría apoyar a nuevas empresas, a nuevos intereses económicos y, sobre todo, ir cerrando el paso a las que ahora dominan los mercados europeos en torno a un modo de producir y distribuir los recursos despilfarrador e insostenible, pero muy rentable.

Y requeriría nuevos instrumentos de decisión que empoderarían a los ciudadanos, como se empoderarían también si disfrutaran de un salario y de un trabajo dignos, que es lo que en realidad quieren evitar.

Está claro. Hay que echar a esos dirigentes políticos que incluso reconocen que no tienen ideas y empezar a construir otra Europa.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla (España)

Vía Rebelión

Deslucido aniversario del euro

Laurent Jacque
Le Monde Diplomatique

¿La tormenta financiera que hace estragos en la economía internacional pone en tela de juicio la perennidad del euro? Sus abogados defensores están seguros de lo contrario. En diez años – argumentan– la zona euro se volvió un puerto de paz y de estabilidad que ofrece una moneda fuerte, si no estable, a la segunda economía mundial. Además, el 1 de febrero de 2009, Eslovaquia fue el decimosexto país en adherir a ella. Más aun, los Estados que habían pasado por alto el lanzamiento de la moneda única en 1999 (Dinamarca, Reino Unido y Suecia) estarían por reconsiderar su posición; la corona danesa incluso podría unirse próximamente al euro.

Fuertemente independiente de los poderes políticos, el Banco Central Europeo (BCE) –agregan los partidarios de la moneda única– supo controlar el crecimiento de la oferta de dinero llevando la inflación a cerca del 2%; las tasas de interés nominales se establecen en promedio en el 2,5% mientras que las tasas de interés reales están en el nivel más bajo desde los años 1960. Al eliminar los riesgos de cambio (1) y los costos de transacción, la abrogación de quince divisas nacionales galvanizó el comercio y la inversión en el interior de la zona euro, que constituye el tercio de su Producto Nacional Bruto (PNB).

Diez años después de su lanzamiento en 1999, la divisa europea alcanzó una tasa de cambio récord contra el dólar mientras que la caída precipitada de la libra esterlina y la bancarrota de Islandia consolida a sus países miembro. Por último, la zona euro se presentaría como una solución de recambio a la omnipotente zona dólar: el euro “fuerte” constituye más del cuarto de reservas de los Bancos Centrales y se afirma como la divisa preferida para extender los títulos obligatorios internacionales. Como lo resume con entusiasmo el presidente de la BCE Jean Claude Trichet, “contribuimos a crear día a día un nivel de prosperidad cada vez más elevado y jugamos así un papel importante en la unificación de Europa (2).”

Este panorama luminoso casi hace olvidar las numerosas zonas oscuras. La zona euro tuvo un primer decenio más bien trabajoso, marcado por un crecimiento anémico, una tasa de desocupación elevada, precisamente cuando el déficit presupuestario de varias de sus economías sobrepasó el techo del 3% del PNB fijado por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (3). El contraste con el Reino Unido, Suecia y Dinamarca –tres países situados fuera de la eurozona y que compartieron tasas de desocupación más bajas, tasas de crecimiento más elevadas y déficit limitados (incluso excedentes)– es sobrecogedor.

Hoy día, la moneda única apenas mantuvo a raya el malestar económico europeo debido principalmente a problemas estructurales contra los cuales nunca pretendió constituir una panacea. Sin embargo la esperanza de aceleración de la actividad y de la reducción de la desocupación casi no se cumplió y es imposible dejar de preguntarse: ¿el euro fue responsable, en parte, de las dificultades económicas de la década transcurrida y saldrá intacto de una crisis que según se anuncia va a ser salvaje?

El lanzamiento de la moneda única en 1999 descansaba sobre una voluntad política y no sobre la teoría económica de la Zona Monetaria Óptima (ZMO). Según esta teoría, un grupo de países o de regiones puede constituir una ZMO cuando sus economías están fuertemente imbricadas tanto respecto del intercambio de bienes y de servicios como de la movilidad de los factores de producción (trabajo y capital). Estados Unidos representa el ejemplo más logrado de una ZMO. ¿Y qué hay de la Unión Europea? Los intercambios comerciales que se desenvuelven allí representan alrededor del 15% del PNB de la zona euro, muy poco comparado con lo que sucede del otro lado del Atlántico. Si bien la movilidad del capital en el seno de la zona euro se incrementó mucho, la movilidad del trabajo sigue siendo muy limitada en relación con Estados Unidos (sin contar que sigue débil incluso en el interior de los Estados).

Ignorando estas cuestiones esenciales, el tratado de Maastricht creó una política monetaria única administrada por el BCE y privó así a los países de dos (de sus tres) instrumentos de gestión económica: de una política monetaria nacional independiente y de la flexibilidad del precio de su divisa. El tercer instrumento, la política presupuestaria, que sigue siendo de competencia nacional, se ve constreñida por el Pacto de Estabilidad. Este fija el déficit de cada país miembro en un 3% de su PNB como máximo. Además, la deuda nacional está limitada en principio al 60% del PNB con notables excepciones en la práctica, como las de Italia y Grecia donde ya alcanzó respectivamente el 104% y el 95% del PNB. En virtud de estas diferencias entre los Estados miembro, la autonomía de sus políticas económicas se torna una cuestión grave, en especial si uno de ellos en particular sufre un impacto que no afecta al resto de la zona euro.

Si esta fuera efectivamente una ZMO, el país en dificultades se ajustaría al resto de la zona euro vía 1) la movilidad de su mano de obra, 2) la flexibilidad de los salarios y de los precios y/o 3) una transferencia presupuestaria de reequilibrio desde Bruselas hacia el miembro perjudicado.

Ninguna de estas tres condiciones fue cumplida cuando se creó el euro, y pocas reformas estructurales destinadas a “suavizar” el mercado del empleo se pusieron en marcha desde entonces para crear una ZMO. La tercera condición –la más fácil de cumplir– hace necesaria cierta dosis de federalismo fiscal y la existencia de un poder económico centralizado que contrabalancearía la independencia del BCE. Estos objetivos son remotos pues replantean la soberanía de cada Estado. De hecho, la Unión –que no dispone sino de recursos limitados (un presupuesto con un techo de un 1,27% de su PNB, pero que en la práctica se estanca en el 1,23%)– no puede proceder a transferencias presupuestarias para amortiguar la conmoción que afecta a las economías nacionales.

Esto contrasta fuertemente con la situación de Estados Unidos donde el 60% del gasto público se realiza a nivel federal y donde la movilidad del trabajo y la flexibilidad de los salarios son muy superiores a las normas europeas. Aun la Alemania reunificada –que en 1991 fusiona el marco del Este con el del Oeste– no logró crear una ZMO para esta divisa: a pesar de una transferencia masiva de 200.000 millones de euros desde 1991, la tasa de desempleo en la parte oriental del país se mantiene a más del 20%.

En su primera década, el euro tuvo que afrontar al menos dos impactos tachados de “asimétricos” pues no alcanzan a los miembros de la misma manera: en principio, el dólar “caro” o sobrevaluado de 1999 a 2002 y, más recientemente, la disparada del precio del petróleo de 2005 a 2008. En el primer caso, los Estados, muy orientados hacia el comercio internacional (antes que hacia los otros países de la zona euro), sufrieron una inflación importada (costo elevado de las importaciones en razón de la carestía del dólar) mucho más rápida que los países cuyos intercambios están orientados en particular hacia la zona euro. Así, en el período 1999-2002, Irlanda vio cómo su tasa de inflación alcanzaba el 4,1% mientras que la de Alemania, más centrada en el comercio intraeuropeo que en el internacional, permanecía en un 1,2%.

De la misma manera, el precio cuadruplicado del barril no alcanzó el incremento y la inflación de los países de manera homotética: Francia por ejemplo –debido a su preferencia por la energía nuclear– no depende sino en un 35% del petróleo para su abastecimiento energético; por el contrario en Grecia, España e Italia ese porcentaje excede el 55%.

Por desgracia, la combinación de una política monetaria centralizada y una política presupuestaria descentralizada desembocan en diferenciales de inflación que conducen a disparidades del poder de compra del euro y de competitividad entre los Estados miembro. En el marco de un sistema de divisas “nacionales”, este efecto sería corregido con facilidad vía una apreciación o una depreciación “competitiva” de la moneda. Esto ya no es posible, pues, al paralizar las tasas de cambio como instrumento, la moneda única anula la independencia de las políticas monetarias nacionales.

En razón de esta imposibilidad de corregir los desvíos inflacionarios, el poder de compra del euro en varios países se erosiona en relación al promedio de la zona y en relación a Alemania. Por ejemplo, entre enero de 1999 y septiembre de 2008, sobre la base de costos salariales diferentes, el euro en Italia se sobrevaluó cerca de un 40% relacionado con el euro en Alemania, y España y Grecia no se encuentran muy lejos atrás.

Corregir estos desvíos acumulativos constituye una tarea difícil pues una baja de las remuneraciones parece políticamente explosiva. Sólo los beneficios de productividad pueden revertir la tendencia; Alemania y los Países Bajos lo lograron. No es pues sorprendente que muchas empresas hayan optado por resolver su “problema” desplazando sus actividades (o amenazando con hacerlo) hacia los países de Europa Central y Oriental.

Por último, para complicar más la situación, la dispersión del calendario electoral (presidenciales, legislativas y municipales) en la Unión exacerba el asincronismo de los ciclos económicos nacionales en la medida en que las elecciones están precedidas generalmente por una política presupuestaria expansionista.

Ahora que el mundo se hunde en una crisis profunda, encauzar la fuerte alza de la tasa de desocupación que podría sobrepasar rápidamente el umbral del 10% al 12% va a convertirse en el objetivo primordial. Es el caso de España donde, en el curso de los seis últimos meses, ya subió bruscamente al 13%.

Combatir la desocupación pasará inevitablemente por déficit fiscales masivos que abrirán brechas difíciles de colmar en el Pacto de Estabilidad y cuestionarán la estabilidad de la moneda única: los planes de recuperación hacen subir el techo del déficit al 3% y el de la deuda al 60% del PNB. Pondrán en tela de juicio la independencia del BCE. Pero, para algunas economías ya fuertemente debilitadas por las divergencias inflacionarias, eso no será suficiente y será muy tentador seguir el ejemplo de la reciente devaluación brutal de la libra esterlina. Entonces España, Grecia, Italia y Portugal (cuyas tasas de desocupación a menudo sobrepasaron el 10% en el transcurso de los diez últimos años) no podrán aceptar permanecer eternamente “subcompetitivos” por el hecho de la sobrevaloración de “su euro”.

Por más “traumatizante” que sea restaurar su moneda nacional, algunos países podrían decidir abandonar el euro para recuperar su competitividad económica. En el fondo, este escenario no es sino una vuelta a las grandes crisis de cambio de las épocas pasadas de Bretton Woods entre 1944 y 1971 y del Sistema Monetario Europeo (SME) entre 1979 y 1999 (4): es poco probable a corto plazo (aunque solo fuera porque la deuda nacional formulada en euros se volvería muy cara para financiar en una divisa restaurada de nuevo y devaluada por un país que habría dejado la zona recientemente). Sin embargo, cualquier deterioro del clima social ya frágil (como queda ilustrado por la violencia reciente de las manifestaciones populares en Grecia) (5), exacerbada por una aceleración brutal de la desocupación podría, en algunos países, acrecentar la tentación de esta solución extrema. ♦
REFERENCIAS

(1) Riesgos ligados a la variación de la tasa de cambio de las divisas. Antes de la unificación monetaria, algunos inversores especulaban regularmente con el franco francés, la lira italiana o la libra esterlina. En septiembre de 1992, George Soros atesoró plusvalías considerables apostando a la baja de la libra en momentos en que el Reino Unido se hundía en la crisis económica.

(2) Jean-Claude Trichet, entrevista acordada a Die Zeit, Hamburgo, 23-7-07.

(3) El Pacto de Estabilidad y Crecimiento retoma los criterios de convergencia fijados por el tratado de Maastricht; mantiene en especial el objetivo de la reducción del déficit público comprometido en vista de la adhesión a la Unión Económica y Monetaria (UEM).

(4) El Sistema Monetario Europeo (SME), creado en 1979, apuntaba a estabilizar la cotización de las divisas europeas. Cada moneda era comparada a una unidad de cuenta (el Escudo) cuyo valor era calculado sobre la base del valor de cada moneda miembro.

(5) Leer Valia Kaimaki, “El incendio griego”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, enero de 2009.

vía Rebelión

sábado, 21 de marzo de 2009

¿Guerra civil en Estados Unidos?

Nos estamos acostumbrando a toda suerte de rompimientos de tabúes. La prensa mundial se llena de discusiones acerca de si sería buena la idea de nacionalizar los bancos. Ni más ni menos que Alan Greenspan, discípulo del profeta superlibertario del capitalismo del mercado puro, Ayn Rand, dijo recientemente que deberíamos nacionalizar los bancos cada cien años, y que éste podría ser el momento. El senador republicano y conservador Lindsay Graham estuvo de acuerdo con él.

El keynesiano de izquierda Alan Blinder discutió los pros y los contras de esta idea. Y aunque piensa que los contras son un poco mayores que los pros, fue propenso a gastar energía intelectual pública en escribir acerca de ello en el New York Times.
Bueno, tras escuchar las propuestas de nacionalización por parte de archiconservadores notables, ahora oímos discusiones serias acerca de las posibilidades de una guerra civil en Estados Unidos. Zbigniew Brzezinski, apóstol de la ideología anticomunista y asesor en Seguridad Nacional del presidente Carter, apareció en un programa de televisión matutino de entrevistas, el 17 de febrero, donde le pidieron que discutiera algo que había mencionado previamente: la posibilidad de un conflicto de clase en Estados Unidos como secuela del colapso económico mundial.

Brzezinski dijo que el asunto le preocupaba por la perspectiva de que millones y millones de desempleados enfrentaran serias dificultades, gente que se ha vuelto consciente de que la extraordinaria riqueza transferida a unos cuantos individuos no tiene precedente en Estados Unidos.

Le recordó al público que, cuando ocurrió la crisis bancaria masiva en 1907, el gran financiero J. P. Morgan invitó a un grupo de acaudalados financieros a su casa, los encerró en su biblioteca y no los dejó salir hasta que pusieran dinero para un fondo que estabilizara los bancos. Brzezinski dijo: “¿Dónde está la clase adinerada de hoy? ¿Por qué no están haciendo algo si son la gente que ganó miles de millones?

Si no hacen algo sobre una base voluntaria, dijo Brzezinski, va a ocurrir un conflicto creciente entre las clases y si la gente está desempleada y realmente sufriendo, ¡puede incluso haber motines!

Casi simultáneamente, una agencia europea llamada LEAP-Europe que publica boletines europeos globales confidenciales para sus clientes –políticos, servidores públicos, hombres de negocios e inversionistas– dedicó su número de febrero a la dislocación geopolítica global. El informe no pinta un retrato agradable. Discutió la posibilidad de una guerra civil en Europa, en Estados Unidos y en Japón. Previó una estampida generalizada que puede conducir a choques, a semiguerras civiles.

Los expertos dan algunos consejos: “Si su país o región es una zona donde hay una disponibilidad masiva de armas, lo mejor que puede usted hacer es… abandonar la región, si eso es posible”. El único de estos países que concuerda con la descripción de disponibilidad masiva de armas es Estados Unidos. El director de LEAP-Europe, Franck Biancheri, apuntó que hay 200 millones de armas en circulación en Estados Unidos, y la violencia social ya es manifiesta a través de las pandillas. Los expertos que escribieron el informe aseguran que ya existe una emigración de estadunidenses hacia Europa, porque es ahí donde el peligro físico se mantendrá marginal.

Si Brzezinski confía en que emerja otro J. P. Morgan en Estados Unidos que haga entrar en razón a la clase adinerada, el informe de LEAP-Europe ve una última oportunidad en la sesión del 2 de abril del G-20 en Londres, siempre y cuando los participantes lleguen con un plan convincente y audaz.

Estos análisis no provienen de intelectuales de izquierda o de movimientos sociales radicales. Son la expresión abierta de los miedos de analistas serios que son parte del establishment existente en Estados Unidos y Europa. Los tabúes verbales se quiebran únicamente cuando tales personas están en verdad atemorizadas. El punto de romper tabúes es intentar una acción rápida que sea significativa –el equivalente a cuando J. P. Morgan encerró a los financieros en su casa, en 1907.

Era más fácil en 1907.


Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein

Furia popular contra ejecutivos y banqueros amenaza la conducción del rescate en EE.UU.

David Brooks

Nueva York.- Antes se pavoneaban por los restaurantes de lujo, mostraban sus mansiones, posaban para portadas de revistas; ahora, los ricos se quieren esconder, se quejan de una cacería de brujas en su contra y toman medidas de seguridad personal. La furia popular contra los banqueros y ejecutivos financieros provoca intensa preocupación entre algunos de los integrantes de la cúpula económica y política del país, e incluso amenaza la conducción del rescate financiero del gobierno de Barack Obama.

Algunos ejecutivos han contratado guardias privados, ya que se multiplican las amenazas contra quienes hace sólo unos meses eran considerados figuras distinguidas en la alta sociedad de sus comunidades, y ya no se ven en público, en foros o en televisión muchas de las caras de reconocidos representantes del sector financiero que antes no cesaban de ofrecer consejos al resto de los mortales.

El furor se desató al descubrirse que la gigantesca aseguradora AIG, en la cual el gobierno controla 80 por ciento de las acciones, estaba por repartir 165 millones de dólares en bonificaciones a ejecutivos en la unidad de la empresa, cuyas operaciones fueron en parte responsables en detonar y nutrir la peor crisis financiera desde la Gran Depresión.

El enfoque ha sido los 418 (algunos dicen 463) ejecutivos que recibieron bonificaciones, después de que el gobierno ha invertido 170 mil millones de dólares de fondos federales para sostener a la empresa, con el argumento de que su colapso implicaría un derrumbe de buena parte del sistema financiero dentro y fuera de Estados Unidos.

Muchos políticos sabían de las gratificaciones

Y ahora, no hay un solo político en Washington que no esté furioso por las bonificaciones, aunque muchos de ellos ya sabían, o deberían haber estado enterados, de las operaciones de AIG. De hecho, uno de los arquitectos del rescate de la empresa, el jefe de la Reserva Federal, Ben Bernanke, declaró el domingo que el asunto de los bonos me enfureció, y hasta causó que colgara el teléfono más de una vez. Pero meses antes, fue él mismo quien forjó los términos del rescate de AIG.

El caso ya ha quemado a varios políticos, como al influyente senador Christopher Dodd, quien el martes negó haber incluido una cláusula de escape en su legislación, que supuestamente era para imponer controles a la entrega de bonificaciones y otra remuneración a ejecutivos de empresas rescatas con fondos públicos, pero un día después reconoció que fue el autor de la misma, mientras que se señalaba que AIG había sido uno de sus más generosos contribuyentes a sus arcas electorales. Esto ha causado una minicrisis para el veterano político entre sus propias bases electorales.

Todo político ahora declara que no tuvo nada que ver con autorizar o endosar este tipo de pagos no sólo en AIG, sino a otras empresas, como la gigantesca Merrill Lynch, donde se otorgaron unos 2.5 mil millones en bonificaciones a ejecutivos justo durante el periodo en que estaba culminando su propia crisis. Pero cada día los medios revelan que más y más políticos estaban enterados de la situación.

Para intentar defenderse ante la reacción pública, la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley que impone un impuesto de 90 por ciento a bonificaciones de ejecutivos de cualquier empresa que haya recibido más de 5 mil millones en fondos de rescate del gobierno.

Barney Frank, presidente del Comité de Finanzas de la Cámara, opinó que el gobierno debería ejercer sus derechos como dueño y anular estas bonificaciones. Solicitó los nombres de todos los empleados que las han recibido, pero el ejecutivo en jefe de AIG, Edward Liddy, dijo que le preocupaba divulgarlos. Ofreció ejemplos de múltiples amenazas anónimas que han circulado contra la integridad física de los ejecutivos y sus familias. Frank no aceptó el argumento, y aunque denunció las amenazas, dijo que muchos reciben esos beneficios.

Ayer, el alcalde de Nueva York, el multimillonario Michael Bloomberg –dueño del medio especializado en el mundo de las finanzas, Bloomberg News, otro que falló en reportar o advertir de las manipulaciones, acciones irresponsables, estafas y más que llevaron a detonar esta crisis–, declaró que se opone a revelar los nombres de ejecutivos que han recibido bonificaciones, ya que eso es asunto del sector privado, no del gobierno. El problema con el argumento es que estas megaempresas y sus ejecutivos tienen un nuevo dueño: el público.

El New York Times reportó hoy que hay guardias de seguridad frente a las casas de varios ejecutivos de AIG en Connecticut y que los empleados en las oficinas de Nueva York fueron aconsejados por la empresa de no salir con identificación visible o prendas con el logo de la empresa. En Merrill Lynch, algunos empleados han preguntado si se les ofrecerá apoyo para pagar servicios de seguridad privada.

“Yo no quiero suprimir el enojo… estoy enojado”, afirmó el presidente Barack Obama esta semana, después de días de enfrentar una ola de ira popular por las bonificaciones multimillonarias otorgadas a ejecutivos de firmas que han sido rescatadas por el gobierno federal. Pero cada vez es mas difícil para Obama argumentar no estoy protegiendo a los bancos, estoy protegiendo al pueblo.

Aunque en términos relativos las bonificaciones representan un monto microscópico frente a los miles de millones de los rescates financieros, se han convertido en un símbolo de la avaricia de los ejecutivos ricos y de la sospecha de que mientras todos los demás sufren las consecuencias, ellos reciben miles, millones, en fondos públicos. Esto ha llegado a tal nivel que empieza a amenazar el apoyo público a las propuestas de Obama para proceder con sus esfuerzos de rescate del sector financiero.

El pueblo estadunidense ya se hartó, advirtió el representante Paul Kanjorski, presidente del subcomité de la cámara baja, donde esta semana se presentó Edward Liddy. Dijo que el pueblo y sus representantes políticos,estarán menos dispuestos a continuar apoyando los rescates si hay más ejemplos de ejecutivos beneficiados con fondos públicos.

Liddy, quien hace seis meses fue instalado por el gobierno en el puesto para administrar el desastre empresarial, reconoció que “nos reunimos aquí en momentos de amplia ira pública. Yo comparto esa ira… He visto la buena cara del capitalismo… Ahora he visto el lado triste”, afirmó el veterano ejecutivo, quien había estado jubilado después de larga carrera frente a otra gigantesca aseguradora.

Mientras tanto, Liddy reconoció que si AIG logra sobrevivir y tener una segunda vida, no lo podrá hacer con el mismo nombre, ya que está muy dañada por esta crisis. El cómico Jon Stewart recomendó un nuevo nombre: Herpes.

viernes, 20 de marzo de 2009

La silenciada causa de la crisis

Vicenç Navarro
Público

Estamos en una crisis económica y financiera profunda que puede abocar rápidamente a una depresión mundial semejante a la que ocurrió en los años treinta del siglo XX. De ahí que sea importante ver si las dos crisis mundiales tienen causas comunes y si hay similitudes o diferencias entre ellas. Comencemos por las diferencias, y la más importante es que la situación existente en los países desarrollados es hoy muy distinta a la de los años treinta. Existen ahora sistemas de protección social (como los seguros de desempleo) que no existían entonces.

Ahora bien, también hay semejanzas y una de ellas, la más importante y que ha pasado desapercibida en los medios de información españoles, es la enorme polarización en la distribución de las rentas que existió en los años que precedieron a la Gran Depresión del siglo XX, y que existe ahora. En la gran mayoría de países de la OCDE hemos visto desde los años ochenta un gran crecimiento de las rentas del capital a costa de una disminución de las rentas del trabajo, alcanzándose una concentración sin precedentes de las rentas en los sectores más pudientes de las sociedades avanzadas, con una disminución del porcentaje de la masa salarial sobre la renta nacional (y ello a pesar de que el número de trabajadores ha aumentado). Esta situación es resultado de la llamada revolución neoliberal (iniciada por el presidente Reagan en EEUU, y por la señora Thatcher en Europa) y sus políticas públicas liberales regresivas (bajadas de impuestos de las rentas superiores, aumento de la regresividad fiscal, desregulación de los mercados de trabajo y descenso de la cobertura de derechos sociales y laborales, entre otras) que han acentuado las enormes desigualdades de renta en la mayoría de aquellos países, alcanzando niveles sin precedentes desde la Gran Depresión. Y ello ha ocurrido en ambos lados del Atlántico, acentuándose todavía más en los últimos años. En EEUU las rentas del capital ascendieron como nunca antes había ocurrido mientras que las rentas del trabajo descendieron de un 68% en 1992 a un 62% de la renta nacional en 2005.

En la Unión Europea pasó algo semejante. Las rentas del trabajo han sufrido un enorme bajón, pasando de representar en los países de la eurozona (que son los que llevaron a cabo aquellas políticas neoliberales con mayor contundencia, estimulados por la Comisión Europea y por el Banco Central Europeo) el 70% de la renta nacional en el año 1992 al 62% en el año 2005. En España las rentas del trabajo pasaron de representar el 72% de la renta nacional total al 61% en el mismo periodo. En otras palabras, el periodo neoliberal fue un periodo de gran exuberancia para el mundo empresarial (y muy en especial para el mundo financiero) que vio en la UE-15 crecer sus beneficios durante el periodo 1999-2005 un 33%; en la eurozona subió un 36% y en España un 73%, más del doble que el promedio de la UE-15. Los costes laborales, sin embargo, crecieron sólo un 18% en la UE-15 y en España sólo un 3,7%, una quinta parte del promedio de la UE-15. Una consecuencia de la polarización de las rentas y del descenso de las rentas del trabajo, ha sido la disminución de la capacidad adquisitiva de la clase trabajadora y de la demanda con el consiguiente endeudamiento de las clases populares.

En EEUU la familia promedio que debía 40.000 dólares en 1980 pasó a deber 130.000 dólares en 2007. Una situación semejante ocurrió en la UE. Este endeudamiento creció enormemente hasta que se hizo insostenible. Por otra parte, las exuberantes rentas del capital se invirtieron en actividades especulativas, y muy en especial (en EEUU, España y Gran Bretaña) en la vivienda, desarrollando una burbuja que al explotar (debido a la enorme especulación y excesiva construcción) creó el colapso del crédito, pues la vivienda es el aval más utilizado por las clases populares para conseguir crédito. Contribuyendo a ello es la existencia de un sistema financiero altamente contaminado con productos tóxicos que nadie sabe cuántos ni dónde están, convirtiéndose en lo que se ha definido como bombas financieras de destrucción masiva.

Mientras que las semejanzas en el origen de la crisis a ambos lados del Atlántico son muy notables, las respuestas son muy diferentes. En EEUU las fuerzas progresistas están respondiendo con medidas similares, aunque menos intensas, que las que desarrolló Franklin D. Roosevelt en el New Deal. Un aumento muy notable del gasto público en inversiones y servicios públicos (como sanidad y otros servicios), financiando tal gasto con un incremento en los impuestos de los sectores más pudientes de la población (que se beneficiaron enormemente de las políticas liberales) y permitiendo un crecimiento del déficit federal hasta alcanzar un 12% del PIB. También un reforzamiento de los sindicatos para aumentar los salarios, un elemento clave de la recuperación de la demanda, tal como hizo Franklin D. Roosevelt con la Ley Wagner que estableció los sindicatos y que la Administración Obama (presionada por las clases populares y por los sindicatos) está expandiendo para facilitar el incremento de los salarios y de la demanda.

En la Unión Europea, sin embargo, bajo un dominio conservador liberal (excepto en España), la respuesta ha sido enormemente insuficiente. El estímulo económico ha sido mucho menor que el aprobado por el Congreso estadounidense; el Pacto de Estabilidad continúa penalizando a aquellos estados que tienen un déficit de más del 3% del PIB, y los gobiernos están proponiendo que los trabajadores congelen sus demandas salariales como manera de salir de la crisis. Todas ellas medidas contrarias a las necesarias en estos momentos en que debieran revertirse las políticas regresivas que causaron la polarización social, responsable de la crisis de entonces y la de ahora.

Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Políticas Públicas en The Johns Hopkins University

vía Rebelión

jueves, 19 de marzo de 2009

Los ricos también lloran

Alberto Montero Soler
Rebelión

Estoy de lo más apenado. La revista Forbes acaba de publicar su listado anual de las personas más ricas del mundo y acabo de enterarme, no ya de que no me encuentre entre ellas, que eso ya lo sabía, sino de que los ricos también están pasando lo suyo con esta crisis.

De entrada, este año la lista es más corta que los anteriores: tan sólo hay en el mundo 793 milmillonarios (el equivalente en español del billonario inglés, esto es, la persona que posee más de mil millones de, en este caso, dólares) cuando hace un año había 1125, es decir, este año contamos en el mundo con un 30% menos de ricos. Y no es porque todos ellos hayan muerto –de hecho, sólo lo han hecho 18 (para quien tenga dudas, los ricos también mueren y eso es una de las pocas cosas en la que se parecen al resto de mortales)- sino porque mientras que 355 milmillonarios han dejado de serlo sólo han alcanzado esa cifra mágica 41 aspirantes de años anteriores.

Además, es la primera vez desde el año 2003 que la lista de milmillonarios no crece sino que mengua. Como también es la primera vez que, desde ese año, disminuye la riqueza acumulada por estas personas.

Así, nos encontramos con que los ricos no sólo son menos numerosos sino que también son un poco más pobres: se ha reducido tanto el valor neto de su riqueza colectiva, que ha disminuidos en 2 billones de dólares, como el valor medio de su riqueza neta, que se sitúa ahora en torno a los 3 mil millones de dólares tras experimentar una caída del 23%.

Algo tiene que ir muy mal en el capitalismo para que los pobres sean cada vez más pobres y los ricos cada vez menos numerosos y menos ricos tanto en conjunto como individualmente.

Pero, además, la crisis ha vuelto a poner algunas cosas en su sitio: India, tras el colapso de su mercado bursátil y la devaluación de la rupia, ha tenido que ceder su puesto como primer país asiático en número de milmillonarios a China. Moscú, que era la ciudad que hace un año concentraba el mayor número de ricos del mundo, superando sobradamente a Nueva York (74 frente a 71), ha visto como su condición de capital de los milmillonarios le volvía a ser arrebatada por la ciudad de los rascacielos (55 frente a 27). Y, sobre todo, los Estados Unidos vuelven a convertirse en el país del mundo que mayor número de milmillonarios y más riqueza de éstos acumula: el 44% de la riqueza y el 45% de los milmillonarios residen en aquel país.

Además, la crisis financiera ha hecho desaparecer de la lista a muchos de los directivos de los grandes fondos de inversión y bancos que habían acaparado, ya sabemos que por esa excelente gestión de la riqueza ajena, fortunas astronómicas y que ahora, tras haber hundido a miles de personas en la ruina sienten en su orgullo, porque su patrimonio aunque mermado sigue siendo ingente, el peso de la crisis.

En definitiva, que los ricos también lo están pasando mal, como usted y como yo… bueno, igual no tan mal. ¿No es como para que a uno se le parta el alma?

Alberto Montero Soler (amontero@uma.es) es profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga (España). Puedes leer otros textos suyos en su blog La otra economía.

Vía Rebelión

miércoles, 18 de marzo de 2009

Quienes manejan las finanzas mundiales quieren que creamos que esta crisis es como un “tsunami” imprevisible y sin culpables

La Crisis económica global, algunas pistas para comenzar a entenderla

Jorge Aldao
Webislam

La crisis económica global no es, únicamente, una crisis más grave que la de 1929 sino que, en apariencia, es una crisis del sistema productivo capitalista mundial o, lo que es lo mismo, una crisis de la civilización occidental -o judeo cristiana- portadora de una escala de valores que permitió y alentó el desarrollo de formas de producción cuyo objetivo no es satisfacer necesidades humanas, sino producir ganancias a como dé lugar.

La actual crisis económica mundial se está profundizando día a día y muchos pretenden solucionarla con parches, pese a que ya se hace evidente que no es una simple recesión, sino que será una franca depresión que durará mucho tiempo.

Pero, antes de entrar en el tema de la crisis económica, conviene aclarar que no sólo será una crisis económica, producto de décadas de ambición desmedida, de avaricia, de egoísmo y despreocupación social, sino que terminará siendo una crisis laboral, alimentaria, ecológica, energética, cultural y, en definitiva, una crisis social de proporciones planetarias.

Las hipotecas “NINJA” de Estados Unidos como detonante de la crisis global

Algún analista, con sentido del humor, definió como “hipotecas NINJA” a las hipotecas de alto riesgo, técnicamente conocidas como “SUBPRIME”, concedidas a personas que, en inglés, eran No Income, No Job or Assets (sin ingresos, sin trabajo ni propiedades) o, en otras palabras, “hipotecas para pobres”.

Estas hipotecas fueron puestas en marcha (y luego imitadas en muchos países) por las instituciones financieras de Estados Unidos por dos razones básicas:

La primera razón fue compensar la disminución de ganancias provocada por las tasas de interés -excepcionalmente bajas- impuestas al sistema financiero mundial a raíz de los atentados de las Torres Gemelas. Con esa disminución en el costo del dinero, la Reserva Federal de Estados Unidos buscaba propiciar el consumo y reactivar una economía deprimida por la desconfianza después de esos atentados.

La segunda razón fue el pinchazo de la burbuja tecnológica, ocurrida a principios del siglo XXI, lo que llevó a los inversores institucionales y al ahorro familiar a trasladar su dinero hacia los bienes raíces.

El sistema funcionó bien mientras las tasas de interés se mantuvieron bajas y el costo de las viviendas crecía sin cesar.

Sin embargo, a partir de 2004, la Reserva Federal USAmericana comenzó a subir los tipos de interés -con la “excusa formal” de que se quería controlar la inflación- llevándolos del 1% al 5,25% en sólo dos años.

El alza de los intereses, el consiguiente aumento de los pagos mensuales y las dificultades de los deudores hipotecarios fueron soslayados, al principio, ofreciendo a los “Ninjas hipotecarios” una segunda hipoteca para refinanciar la primera, asegurándoles que el constante aumento en el valor de la vivienda seguiría haciendo ventajosa la operación.

Sin embargo, el desempleo crecía en Estados Unidos debido a la deslocalización de empresas que, progresivamente, habían trasladado sus fábricas a Asia, despidiendo a sus empleados y obreros norteamericanos.

Esto hizo que esos desempleados no pudieran afrontar sus deudas y el tinglado se vino abajo cuando el número de morosos y de ejecuciones hipotecarias comenzó a deprimir el costo de la vivienda en USA.

Así, cuando decenas de miles de “Ninjas” advirtieron que había bajado el valor de su casa, mientras el monto de sus cuotas no se reducía, decidieron pasarse al bando de los morosos, abandonando la vivienda y llevándose todo lo que había en ella (muebles y electrodomésticos) para que no fueran embargados.

Por tal razón, los bancos que habían prestado dinero a “Ninjas” comenzaron a no poder devolver el dinero a sus depositantes y la desconfianza en el sistema bancario y financiero se disparó cuando los bancos comenzaron a vender esas viviendas ejecutadas judicialmente.

Porque, en ese momento, se descubrió que con esas subastas no podían recuperar el dinero tomado de sus depositantes y prestado en “Hipotecas Ninja”.

El asunto es, por supuesto, mucho más complejo ya que la mayoría de los banqueros son, como es sabido, codiciosos.

Los bancos ya habían ganado mucho dinero con las primeras “Hipotecas Ninja”, pero querían seguir ganando dinero, ofreciendo más hipotecas.

El problema consistía en que ya habían prestado todo el dinero de sus depositantes y las normas les impedían vender las hipotecas -buenas o malas- que tenían en sus carteras, porque las hipotecas eran activos no negociables.

Entonces, esos banqueros codiciosos, con la complicidad de los gobiernos -que desregularon la normativa bancaria en casi todo el mundo- y de las “Calificadoras de Riesgo”, inventaron lo que ellos llamaron “sofisticados instrumentos financieros” como la Titulización y los Derivados.

Por medio de la Titulización los banqueros “empaquetaban” “Hipotecas Ninja” mezclándolas con hipotecas de buena calidad en un título negociable y las vendían cono “Derivados de Crédito” o CDO (Collateralized Debt Obligations - obligaciones con garantía colateral) que, teóricamente, eran de buena calidad.

He dicho, “con la complicidad de los gobiernos” porque estos “Derivados” se podían vender sin límite y, así, los bancos podían hacerse con fondos frescos de inmediato.

Pero esa venta sin límite equivalía a que los bancos, al titulizar hipotecas y vender esas titulizaciones podían -y efectivamente lo hicieron- deshacerse de todos los activos basura de las hipotecas Ninja, embaucando a inversores ignorantes o descuidados.

Y he dicho “con la complicidad de las calificadoras de riesgo” -entre las que cabe citar a Standard&Poors, Moody's Investors Service y Fitch Ratings (las tres principales calificadoras de Wall Street)- porque fueron ellas las que concedieron excelentes calificaciones a esos paquetes de “Hipotecas Titulizadas”, llenas de “Hipotecas Ninja”.

Esas buenas calificaciones indujeron a ingenuos o ignorantes administradores de inversiones de todo el mundo a adquirir esos paquetes “contaminados”.

Además, los gobiernos autorizaron a los bancos a que los activos titulizados no estuvieran respaldados por un capital mínimo (encajes bancarios).

De tal manera, los bancos pudieron transformar en “Derivados” todas sus hipotecas sin necesidad de proteger el dinero de sus depositantes manteniendo en sus depósitos “dinero de verdad” (estamos hablando de dinero del bolsillo de los banqueros o dinero fresco depositado por nuevos ahorristas).

Esto les permitió a estas instituciones prestar fondos sin límite alguno con lo que, en realidad, estaban emitiendo moneda o, en buen romance, “falsificando dinero”.

Inicialmente, las hipotecas, buenas y malas, se revendieron dentro de Estados Unidos a las ya tristemente conocidas FANNIE MAE y FREDDIE MAC (N. de A. 1), que hoy están técnicamente en quiebra por tener sus carteras llenas de “Hipotecas Ninja” incobrables y que tuvieron que ser rescatadas por el gobierno de Bush, mediante una masiva aportación de capital. En estos días, el gobierno de Obama estudia renacionalizarlas porque, en sus activos, se encuentra la mitad de todo el mercado hipotecario de Estados Unidos.

Pero, con la “Titulización” y los “Derivados”, las “Hipotecas Ninja” comenzaron a circular por todo el mundo, vendiéndose, sobre todo, en los países industrializados como Alemania, Japón, Francia, Inglaterra, Italia y España así como en los principales mercados bursátiles.

De esa manera, esos activos envenenados fueron desparramados globalmente y adquiridos, no sólo por inversionistas de riesgo (Hedge Funds), sino por fondos de pensión y, aún, por gobiernos estatales y municipales.

Por tal razón, la seguridad futura de los ancianos que dependen de esas inversiones y los salarios de los empleados de esos gobiernos están seriamente comprometidos en todo el mundo.

En este contexto y aunque se originó muchos años antes, la crisis de las “Hipotecas Subprime” estalló en agosto de 2007 y se considera el detonante de la crisis financiera y económica mundial de 2008.

Hasta este momento, esta crisis ha provocado numerosas quiebras y fusiones financieras y bancarias, así como nacionalizaciones e intervenciones de los Bancos Centrales de las principales economías desarrolladas. También ha provocado una debacle en el campo bursátil, todo lo cual ha dado origen a una recesión que afecta a todas las economías y, en especial a las más industrializadas. .

Y, ante la previsible quiebra de las más importantes entidades financieras y bancarias, así como de las aseguradoras, la mayoría de los gobiernos de las economías desarrolladas dispusieron transferir cientos de miles de millones de dólares -de manera prácticamente incondicional- a dichas instituciones responsables de la crisis.

De este modo, esos gobiernos les han permitido a los banqueros mantener sus ganancias, mientras que las pérdidas están siendo absorbidas por los Estados, es decir, por toda la población, con lo que se socializan las pérdidas mientras se mantienen privatizadas las ganancias.

Adicionalmente a lo señalado, esta conducta de los gobiernos alentará nuevas y peores conductas irresponsables por parte de los directivos de las sociedades financieras y bancarias que, ahora, saben que ser irresponsable no supone castigo alguno sino, por el contrario, el premio de ser salvado de la quiebra para la mayoría de ellos.

Otra acción del sistema capitalista responsable de esta crisis, fue buscar y encontrar unos cuantos chivos expiatorios a los que cargar con el mochuelo para, de esa manera, distraer la atención del mundo sobre lo que, realmente, está ocurriendo en los entretelones del poder político, financiero y militar mundial.

El escándalo Madoff en Estados Unidos

Así fue como estalló el escándalo Madoff en los Estados Unidos.

Bernard Madoff, el administrador de BMIS (Bernard L. Madoff Investment Securities), aprovechó las ventajas de la normativa gubernamental para inversionistas - sometida a escasas regulaciones- para montar una estafa que supondrá unas pérdidas para sus clientes del orden de los 50.000 millones de dólares.

Madoff puso en marcha un sistema fraudulento por el que pagaba elevados dividendos a sus inversores.

Sin embargo, esos dividendos no provenían de ingresos genuinos por la gestión acertada del dinero que se le confiaba.

Madoff aprovechaba la ingenuidad de muchos de sus inversores que, avariciosos, no retiraban sus inexistentes ganancias y, en cambio, recomendaban a sus amigos invertir en BMIS con lo que, al disponer de un flujo constante de dinero fresco, podía hacer frente a eventuales y pequeñas devoluciones de dinero a sus ahorristas.

Este sistema de estafa piramidal (conocido como el Método Ponzi, por un famoso estafador ítalo norteamericano que lo perfeccionó en los Estados Unidos) le permitió a Madoff seguir contando con la confianza de sus inversores y, aún, le sobró para llevar una vida fastuosa mientras hacía desaparecer en paraísos fiscales el resto del dinero recibido. Aunque hay fundadas sospechas de que una parte sustancial de ese dinero estafado fue derivado al Estado de Israel para auxiliar las crónicamente deficitarias finanzas de ese país que necesitan, constantemente, los aportes de dinero de judíos sionistas del todo el mundo como lo es Madoff y, también, para apoyar a políticos israelíes amigos pero, fundamentalmente, para lavar ese dinero, hoy perdido para quienes confiaron en la honestidad del financista.

La estafa Madoff ha supuesto pérdidas a inversores de todo el mundo ya que numerosas entidades bancarias de importancia en la mayoría de los países desarrollados y emergentes confiaron en Madoff, por lo que ahora deben soportar elevadas pérdidas.

Uno de ellos es el BBVA que afronta complicaciones por un monto estimado de 300 millones de Euros, lo que ha llevado a sus directivos a deshacerse de todas sus operaciones con Hedge Funds.

De parecida manera, el Banco Santander habría invertido en Madoff unos 2.330 millones de euros, la Union Bancaire Privee (UBP) 1000 millones de francos suizos, el BNP Paribas 350 millones de Euros y el estadounidense Fairfield Greenwich Group, el más afectado por haber colocado la mitad de sus activos, 7.500 millones de dólares, en los fondos de Madoff.

Madoff pudo llevar a cabo una estafa tan cuantiosa debido a la voracidad y comodidad de millones de inversores que querían ganar dinero sin trabajar, es decir, sin producir bienes o servicios reales que satisficieran necesidades de las personas que los consumían y que, al mismo tiempo, dieran empleo a los obreros y empleados necesarios para la producción de esos bienes y servicios.

Tampoco son ajenas a dicha estafa la lenidad, negligencia, imprudencia o, directamente, la actitud fraudulenta de las entidades bancarias que administraban el dinero de sus clientes invirtiéndolo en el BMIS de Madoff.

Y, en la base de todo, Madoff pudo concretar un estafa de 50.000 millones de dólares porque el neoliberalismo, impuesto en casi todo el planeta luego de la caída de la Unión Soviética, exigió la anulación de la mayoría de las regulaciones del Estado sobre la actividad bancaria y financiera.

Pero no debemos dejarnos engañar por la caída en desgracia de Bernie Madoff -y de otros financistas como él- ya que hay cientos de miles de millones de dólares en todo el mundo que están en situación muy parecida a la de los dineros estafados por Madoff.

Una estafa similar en España

Aunque en menor escala, tenemos en España un equivalente del caso Madoff con lo ocurrido con Afinsa Bienes Tangibles S.A. y Forum Filatélico S.A.

En el año 2006 la policía española allanó sus oficinas bajo la acusación de haber levantado un esquema piramidal tipo Ponzi, con 340.000 inversores españoles (casi el 1% de la población total del país ibérico) lo que representaría uno de los mayores fraudes en la historia de España. Contra ambas entidades se han presentado, por parte de la Fiscalía Anticorrupción, dos querellas por los presuntos delitos de estafa, falsedad documental, blanqueo de capitales, insolvencia punible, administración desleal y fraude contra la Hacienda Pública.

Mientras el asunto funcionó, los ahorristas depositaban dinero a manos llenas -como con Madoff- y a los pocos que querían hacer retiros se les pagaba con el dinero recién ingresado.

El negociado se destapó cuando la aseguradora Lloyds rechazó otorgar una póliza por 1.200 millones de Euros a favor de los sellos de Afinsa por considerar que no valían lo que la empresa declaraba.

La burbuja inmobiliaria

Pero las pérdidas de los inversores españoles estafados con los sellos postales son moneditas si se comparan con las pérdidas (que recién ahora comienzan a advertirse) de los que invirtieron en el mercado inmobiliario español, convencidos de que la “burbuja inmobiliaria” era un negocio seguro.

Esta “burbuja” comenzó allá por 1998 y creció sin inconvenientes gracias al dinero barato conseguido en el exterior de España y ofrecido irresponsablemente por la banca española, alentando a familias y a empresas constructoras a endeudarse en una actitud que, en ese momento y con ese bajo costo del dinero, parecía razonable (N. de A. 2).

A esto se sumó que, en pocos años, llegaron a España 4 millones de inmigrantes y de extranjeros comunitarios, generando una espectacular demanda de vivienda

Como en Estados Unidos, ese boom inmobiliario -financiado a tasas bajas- llevó a un incremento inflacionario de los valores de las viviendas españolas (que estuvo en el orden promedio del 10% anual y en algún momento llegó al 30% anual), lo que alentó a los ahorristas a invertir en el mercado inmobiliario, sin comprender que se estaba generando una cantidad inmensa de viviendas, muchas de ellas de lujo y fuera del alcance de las necesidades de la mayoría de esos recién llegados.

Además, un número importante de esas viviendas no fueron construidas para ser habitadas sino sólo como especulación y a la espera de que su precio subiera lo suficiente para revenderlas con una ganancia apreciable.

Finalmente, cuando la crisis de las hipotecas en Estados Unidos comenzó a mostrarse en toda su crudeza y el costo del dinero tomado por bancos españoles en el exterior comenzó a subir, subió también el costo de los pagos que debían hacerse por esas viviendas y una significativa cantidad de propietarios o especuladores españoles comenzaron a desprenderse de ellas, al precio que fuera, para salir de deudas

Muchos, especialmente quienes gobernaban, se habían engolosinado con los rápidos resultados del boom inmobiliario que, además, movilizaba a muchos otros sectores de la economía, sin percatarse de que la vivienda es un bien no perecedero y que los cientos de miles de viviendas deshabitadas y los también cientos de miles de viviendas sin vender tardarán muchísimos años en degradarse y desaparecer, por lo que ya se pueden despedir los españoles de la vivienda como motor del desarrollo de su país.

A ello se sumarán las pérdidas por los inflados costes de la construcción en tiempos de bonanza que, de ahora en adelante, deberán enfrentar un exceso de oferta y una demanda disminuida por la crisis económica, lo que se traducirá en ventas a pérdida. (N. de A. 3)

Adicionalmente, el aumento en los montos de las cuotas hipotecarias supondrá porcentajes cada vez más grandes de unos ingresos familiares españoles estancados o mermados por la ausencia de horas extras. Por tal razón, otros gastos del consumo familiar -como comida y vestido- deberán reducirse y el desastre de la burbuja inmobiliaria afectará indirectamente a otros sectores vitales de la economía de España..

En el sustrato de todo esto se encuentra el sistema capitalista de la sociedad occidental que, por su propia e ineluctable dinámica, llevó al mundo a lo que se llama una crisis de sobreproducción.

Es decir, que los empresarios (y quienes tienen ahorros y con esos ahorros financian a los empresarios) no producen lo que el mundo realmente necesita, sino que se dedican a producir bienes y servicios en su mayoría innecesarios, para seguir ganando más y más dinero (N. de A. 4)

Para ello y gracias a la publicidad, han convertido a toda esa producción superflua en cosas aparentemente imprescindibles para unos pocos cientos de millones de consumidores.

Mientras que miles de millones de seres humanos padecen hambre y necesidades porque los recursos del planeta se dedican a producir esos bienes y servicios prescindibles.

Y, al mismo tiempo, se han dilapidado en pocas décadas recursos naturales como los hidrocarburos (que la naturaleza tardó millones de años en transformar) para la producción y el disfrute de esos bienes y servicios superfluos, creando, además, problemas gravísimos como el calentamiento global y sus consecuencias en la meteorología del planeta que provocan sequías en zonas fértiles, inundaciones incontrolables e incendios forestales inmanejables como los de California y Australia

Como escribió Jorge Beinstein, la crisis no fue producto de “… una red de especuladores autistas lanzados a una suerte de autodesarrollo suicida sino la expresión radicalmente irracional de una civilización en decadencia (tanto a nivel productivo como político, cultural, ambiental, energético, etc).

Desde hace más de cuatro décadas el capitalismo global con eje en los países centrales soporta una crisis crónica de sobreproducción, acumulando sobrecapacidad productiva ante una demanda global que crecía pero cada vez menos.

La droga financiera fue su tabla de salvación mejorando beneficios e impulsando el consumo en los países ricos, aunque a largo plazo envenenó por completo al sistema.”

También señala Beinstein: “…Existe un proceso que (….) se ha desarrollado en el capitalismo al igual que en civilizaciones anteriores a la modernidad: se trata de la hipertrofia parasitaria, del predominio aplastante de formas sociales parasitarias que depredan a las fuerzas productivas hasta un punto tal en que el conjunto del sistema queda paralizado, no puede reproducirse más y finalmente muere ahogado en su propia podredumbre. A lo largo del siglo XX el capitalismo impulsó estructuras parasitarias como el militarismo y sobre todo las deformaciones financieras que marcaron su cultura, su desarrollo tecnológico, sus sistemas de poder. Las tres últimas décadas presenciaron la aceleración de proceso adornado con el discurso de la reconversión neoliberal, del reinado absoluto del mercado. Tal vez su punto más alto fue alcanzado durante el último lustro del siglo XX, en plena expansión de las burbujas bursátiles y cuando el poder militar de estados unidos aparentaba ser imbatible”.

Las verdaderos y ocultas causas de esta crisis

Ya se ha dicho que en todo el desarrollo de esta crisis, la mayoría de los gobiernos han desembolsado sumas gigantescas para mantener a salvo a un sistema financiero y bancario que es el verdadero causante de esta coyuntura por sus conductas especulativas que, en muchos casos, fueron directamente fraudulentas.

Y esas monstruosas inyecciones de dinero en el sistema bancario han llevado a muchos a preguntarse las razones de esos costosísimos desembolsos que se financiaron con emisión de deuda pública o con emisión lisa y llana de papel moneda.

Porque hoy se ha hecho evidente que, pese a las tremendas sumas entregadas, la crisis sigue profundizándose y el crédito -interbancario y a las empresas- brilla por su ausencia con lo que, previsiblemente, el desempleo aumentará y el consumo seguirá bajando.

Y la pregunta es: ¿Si los bancos reciben dinero del estado, por qué no lo prestan?

Una respuesta a esto, “políticamente correcta”, la dio un economista que comparaba al sistema bancario mundial con un viajero sediento en medio del desierto que, desfalleciente, llega a unos pozos de agua fresca y cristalina pero encuentra un aviso que dice: “Cuidado, uno de estos pozos tiene envenenada el agua”.

Es comprensible que, pese a la sed, el viajero se abstenga de beber de ninguno de esos pozos y espere que llegue otro viajero más sediento y se arriesgue.

Así, todos los bancos que “estarían deseosos” de prestar los fondos recibidos, se abstendrían de hacerlo y preferirían reducir su personal y cerrar filiales antes que arriesgarse a prestar dinero a empresas u otros bancos cuyos activos pudieran estar envenenados con valores basura.

Pero, además de esa atendible excusa, hay otra razón de fondo por la que los gobiernos de los países industrializados les entregan dinero a los bancos, pero estos no convierten ese dinero en préstamos a las empresas y a los consumidores lo que dinamizaría la economía, saliendo así de esta crisis.

El indicio más claro de esta oculta y verdadera razón para el extraño comportamiento del sistema financiero mundial lo podemos ver en lo que le ocurre a la General Motors de Estados Unidos, empresa emblemática de la industria norteamericana de la que, cuando yo era niño, se afirmaba que “lo que es bueno para General Motors, es bueno para Estados Unidos”.

General Motors está teniendo enormes dificultades para obtener asistencia gubernamental por una cifra que no llega a los 30.000 millones de dólares, mientras que los bancos, las financieras y las aseguradoras han recibido ya aportes por cientos de miles de millones de dólares.

La razón de la reticencia gubernamental -que responde dócilmente a lo que le ordena Wall Street- la encontramos en el hecho de que esta crisis está siendo profundizada a propósito por el sistema financiero mundial para apoderarse, por muy poco dinero, de todas las empresas existentes en todo el mundo, una vez que entren en quiebra y sus acciones no valgan más que unos pocos centavos.

Para expresar todo este proceso de manera sintética:

1. El sistema financiero global impuso tasas bajísimas de interés desde la Reserva Federal de Estados Unidos provocando, primero, la creación de la “Burbuja Inmobiliaria” estadounidense y, después, una “burbuja” equivalente a nivel mundial, con lo que todas las actividades financieras se expandieron y los bancos y las financieras ganaron fortunas en esas operaciones
2. Una vez creada y desarrollada la Burbuja Inmobiliaria, la misma Reserva Federal subió el tipo de interés del 1% al 5,25% en menos de dos años, con lo que llevó el sistema al borde del colapso.
3. Al aproximarse a la quiebra el sistema bancario e industrial de todo el mundo, aquellos que controlan el mundo de las finanzas y los bancos centrales le ordenaron a los gobiernos que presten a sus banqueros amigos cifras fabulosas y volvieron a recortar los tipos de interés (nuevamente, están en el 1% aproximadamente) con lo que tener inmovilizados esos fondos no les cuesta demasiado. Sin embargo, a los bancos que no eran amigos los adquirieron (el Bearn Sterns) o los dejaron ir a la quiebra (el Lehman Brothers y otros 25 bancos más -hasta ahora- en Estados Unidos, que están siendo investigados por el FBI como le ocurrió a Madoff, ya que fueron elegidos como “chivos emisarios”)
4. Y así como hay una extrema facilidad para salvar a los banqueros amigos en todo el mundo, hay una extrema dificultad para salvar a las industrias y empresas productoras de servicios y se calcula que las quiebras empresarias mundiales de este año superaran todos los records establecidos (N. de A. 5)
5. Porque a los “amos del mundo” -el Grupo Bilderberg- (N.de A. 6) no les interesa resolver esta crisis ni disminuir el sufrimiento de todos aquellos que se quedarán sin trabajo. Su único objetivo es apropiarse de toda la riqueza existente en el planeta.

Por ello, si los gobiernos, en lugar de premiar a los bancos y a las financieras responsables de esta crisis con un auxilio de cientos de miles de millones de dólares, hubiera otorgado una reducida porción de esas fantásticas sumas directamente a los consumidores y a las empresas que producen bienes y servicios tangibles, la crisis se hubiera revertido ya que ese dinero se hubiera convertido, de inmediato, en la compra de esos bienes y servicios, con lo que el desempleo y sus consecuencias, la reducción del consumo, ya no serían una amenaza.

El desempleo

La hipertrofia parasitaria del complejo financiero industrial militar, de la que hablaba Beinstein, tiene una consecuencia que ya se está haciendo visible en todo el mundo: El desempleo y sus consecuencias sociales.

Las principales economías del mundo: Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, España están entrando en recesión y, con ellas, arrastran al resto del mundo, lo que se advierte por los problemas que afrontan países como Islandia, Irlanda, Letonia, Estonia y Ucrania.

Los consumidores de todos los países industrializados han perdido confianza en el futuro y han reducido el consumo y, con ello, las industrias nacionales y la producción de servicios han tenido pérdidas apreciables.

De tal manera, sus directivos han comenzado con las suspensiones, las jubilaciones anticipadas, los despidos y, después, los cierres de fábricas y empresas de servicios cuando ya nada puede hacerse ante la cesación de pagos.

Al mismo tiempo, los países industrializados reducen las importaciones de las fábricas deslocalizadas en países del este de Europa y en Asia., así como las importaciones de materia prima de los países emergentes.

Por tal motivo, China -la gran fábrica del planeta- ha visto reducir la demanda de su producción y se estima que más de 20 millones de campesinos, que se habían trasladado a las ciudades para tener una vida más decente en el sector fabril, se encuentran sin empleo.

Por su parte la OIT considera que, a nivel mundial, el desempleo en el 2009 podría trepar a los 52 millones de nuevos parados, siendo las mujeres trabajadoras las que llevarán la peor parte, no solo como desempleadas, sino como empleadas en la economía sumergida y que los trabajadores pobres, con un ingreso inferior a 2 Euros diarios, serán casi la mitad de la población activa del planeta, por lo que el consumo disminuirá aún más, agravando la crisis actual.

En España, informaciones confiables señalan que la cifra de parados sobrepasa los 3,3 millones de personas y que en el 2009 se prevé que caerán en el paro más de 800.000 trabajadores, con lo que el número de parados de ese país llegará a superar los 4 millones.

Este cuadro de situación agravará aún más la situación económica de España por el descenso en el consumo y, al mismo tiempo, agudizará los conflictos con los inmigrantes, ya que los parados percibirán a esos inmigrantes como una amenaza a sus posibilidades de recuperar algún tipo de trabajo.

Al mismo tiempo, se volverán a plantear en todo el mundo medidas proteccionistas en lo económico y medidas aduaneras, arancelarias y para arancelarias, todo lo cual complicará más aun el panorama general de la economía global.

Pero, sobre todo, se multiplicarán las protestas sociales y los disturbios en todo el mundo por la ira del hombre de a pie ante la incapacidad de los gobiernos para protegerlos de la rapacidad de quienes siguen beneficiándose con apoyos estatales mientras el mundo se desploma.

Notas del autor

Nota 1: FANNIE MAE (Federal National Mortgage Association), fundada en 1938 y FREDDIE MAC (Federal Home Loan Mortgage Corporation), fundada en 1970, como bancos hipotecarios semipúblicos, tenían como misión encontrar dinero para la construcción de viviendas en Estados Unidos, el que luego era proporcionado a los bancos locales y regionales de ese país.

Ambas instituciones hipotecarias eran teóricamente privadas (en su inicio Fannie Mae había sido estatal y Fredie Mac fue fundada por el Gobierno Estadounidense para quitarle el monopolio del crédito hipotecario a la primera) pero en realidad se encontraban en un limbo jurídico llamado “Government-Sponsored Entities” (Entidades de Patrocinio Público) por el que tenían las ventajas estatales de algunas desgravaciones impositivas y de la implícita garantía del Estado en caso de quiebra y. asimismo, las ventajas de ofrecer a sus directivos y accionistas las ganancias de una empresa privada.

Tras su caída, se ha comprobado que, más que la calificación de Entidades de Patrocinio Público, por las conductas de sus directivos y sus consecuencias sobre los bolsillos de los contribuyentes norteamericanos, habría que calificarlas como Entidades de Latrocinio Público.

Nota 2 . Por ejemplo en Noviembre del 2004 la Pagina Web Noticias de Vivienda informaba: “Hace diez días el subgobernador del Banco de España expresaba su preocupación por el hecho de que algunas entidades financieras estaban siendo poco rigurosas en la financiación de vivienda, concediendo préstamos por un valor superior al 80% de la tasación.

Por esta razón llama la atención la noticia de hoy sobre que "la red de franquicias Best House, especializada en servicios inmobiliarios, ofrece hipotecas sin avales a 35 años y por hasta el 120% de valor de tasación del inmueble a financiar, se informó hoy ".

Sigue la noticia: "Best House ha alcanzado un acuerdo con BNP PARIBAS Y EL Grupo Santander para ofrecer la financiación, que no requerirá aval gracias a que la inmobiliaria cuenta con un seguro de General Electric, que se hace cargo de las pérdidas si ocurren. La franquicia permite además a sus clientes disponer de cinco años de carencia en sus préstamos, en los que sólo devolverán intereses y no capital".

Y hoy vemos que el Santander, pese al “seguro de General Electric”, tuvo que establecer un “corralito” (al mejor estilo de la Argentina del 2001) y que deberá devolver el dinero a sus inversores inmobiliarios españoles en una larga serie de cuotas anuales.

Nota 3: La venta de propiedades a pérdida se ha tornado tan grave que muchas Cajas de Ahorro españolas se han unido para la creación de una sociedad que gestionará el creciente número de activos inmobiliarios recuperados de clientes que se han declarado insolventes por la crisis financiera. La sociedad, que se denomina Ahorro Corporación Soluciones Inmobiliarias (ACSI), cuenta ya con activos procedentes de 23 cajas por un valor global de 3.000 millones. Están invitadas a participar todas las cajas menos La Caixa y Caja Madrid. En Ahorro Corporación se estima que podrían venderse, a través de las oficinas de las cajas, "con descuentos del 25% sobre mercado".

Nota 4: La página WEB “elmundo.es” señalaba que la relatora especial de Naciones Unidas (ONU) por el derecho a la vivienda, Raquel Rotnik afirmó que “las políticas públicas (…) han priorizado la atracción de capitales internacionales y se han olvidado de regular el mercado de la vivienda (…) En vez de políticas de vivienda, se han dado políticas de capital financiero para los bancos”, añadiendo que "VIVIR HA DEJADO DE SER UN DERECHO BÁSICO Y SE HA CONVERTIDO EN UNA INVERSIÓN FINANCIERA, EN UN BIEN DE CONSUMO", lamentó Rotnik. Esto ha hecho que grupos sociales con pocas posibilidades "se hayan visto obligados a adquirir una casa por encima de sus posibilidades" y el mercado financiero haya creado productos financieros como las hipotecas 'subprime' en Estados Unidos, "casi impuestos a la gente".

La relatora criticó las decisiones de los Estados porque "han dejado la responsabilidad de proveer la vivienda al mercado. El Estado sólo se ha preocupado de crear un marco financiero, lo que ha provocado un gran agujero entre ingresos y precios de las viviendas”, precisó.

Nota 5: Los analistas calculan que las quiebras de empresas en España crecerán 20 por ciento este año, llegando a las 3.500, con lo que superarán el record del año 2008 con casi 2500 quiebras empresariales.

En Europa las quiebras aumentarán un 15 % este año, centrándose la mayor cantidad de en empresas fallidas en el Reino Unido..

Mientras que en Estados Unidos se estima un incremento en las quiebras del 50% en el 2009 que superará en 5 puntos el 45% verificado el año pasado.

Nota 6: El Grupo Bilderberg llamado así por el lujoso hotel de los Países Bajos donde se realizó la primera conferencia en el año 1954, es un selecto grupo de los principales dirigentes de las finanzas, de la industria, de las comunicaciones y de la política mundial occidental, que configura un verdadero gobierno supranacional en la sombra. Las decisiones que toman sus miembros determinan el rumbo de la civilización occidental y las consecuencias de ese rumbo en todo el mundo.

http://www.webislam.com/?idt=12469

Vía Rebelión

martes, 17 de marzo de 2009

Alicia Bárcena (Cepal): Esta crisis va a tocar todos los ámbitos de la vida

Roberto González Amador

México.- Después de un lustro de crecimiento económico, para América Latina viene una época de vacas flacas y la gente debe prepararse. La crisis financiera y económica impuso una pausa a un periodo en que comenzaban a disminuir los niveles de pobreza, desigualdad y desempleo. La crisis va a tocar todos los ámbitos de nuestra vida, va a ser más profunda de lo que se había pensado, aseguró Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Desde ahora ya hay algunas lecciones que deben tomarse, respecto de las políticas aplicadas en las últimas décadas en la región. Sin duda hay que revisar los marcos regulatorios y los mecanismos de supervisión financiera. Es importante revisar el papel del Estado, del mercado y de la sociedad, planteó en entrevista con La Jornada.

La actual crisis financiera y económica es la mayor a escala planetaria desde la segunda Guerra Mundial, como consideró la semana pasada el Fondo Monetario Internacional (FMI). En diciembre pasado, la Cepal publicó un documento en el que sostuvo:

El año 2008, en que el crecimiento de América Latina y el Caribe se proyecta en 4.6 por ciento, será el sexto año consecutivo de expansión en la región, pero al mismo tiempo marca el final de un periodo con escasos precedentes en su historia económica. Entre 2003 y 2008 la región creció a una tasa media cercana a 5 por ciento anual, que implica un crecimiento del PIB por habitante superior a 3 por ciento anual. Este crecimiento estuvo acompañado por una mejora de los indicadores del mercado de trabajo y una disminución de la pobreza en la región.

La mexicana Alicia Bárcena, quien dirige desde el primero de julio pasado la Cepal, el organismo regional de Naciones Unidas con sede en Chile, realiza una visita de tres días a la capital de México.

–¿Cuáles son los efectos inmediatos de la crisis en la región y cuáles los de mediano plazo?

–La región venía saliendo de una época de bonanza económica. Llevaba seis años consecutivos de crecimiento y había logrado disminuir los niveles de pobreza prácticamente 10 puntos porcentuales, de 44 a 34 de la población; también se había reducido la desigualdad en algunos países y abatido el desempleo en forma importante. La crisis toma a la región de América Latina mejor preparada, pero no inmune.

La forma en que ha afectado la crisis es a través de una caída en la demanda mundial de los productos latinoamericanos, una caída fuerte en el turismo y en la disminución de las remesas. Quizá uno de los impactos más grandes va a ser sin duda en el empleo.

–¿A mediano y largo plazos cómo considera que va a afectar a la región esta crisis?

–Obviamente va a afectar en muchos ámbitos. Uno de los que más preocupa es el del empleo. Ya ha habido una caída de la actividad industrial del sector secundario en países como Brasil y México, lo mismo pasa con la industria automotriz. No solamente va a impactar a la banca, sino a la economía, el ingreso, el consumo.

Hay que prepararse porque en realidad es una crisis que va a ser más profunda de lo que se hubiera pensado inicialmente.

Para la secretaria ejecutiva de la Cepal, la principal respuesta a la crisis tiene que provenir sin duda de los países desarrollados. Lo que hace falta es una coordinación muy fuerte de parte de los países desarrollados en relación con sus paquetes de estímulo fiscal, por ejemplo. El impulso a la demanda global tiene que provenir fundamentalmente de los países desarrollados, consideró.
Dijo que en la región ha habido países que han reaccionado con bastante rapidez y fuerza, aunque unos tienen más margen de maniobra que otros para crear planes de estímulo fiscal. Cita entre las naciones que han puesto en marcha medidas para tratar de contrarrestar el ciclo recesivo a México, Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Perú.

–Mencionó usted que la crisis tendrá consecuencias sobre la pobreza, la desigualdad y el empleo.

–Hay que tomar en cuenta que la parte social siempre tarda más en recuperarse que la parte económica.

En los años 80 del siglo pasado, durante la llamada década pérdida para la región, cuando el crecimiento fue prácticamente cero, la parte económica tardó 10 años en recuperarse, pero remontar a los niveles de pobreza que había antes de esa década demoró 20 años. Por ello muchas de las respuestas a la actual crisis tienen que ver con proteger a las poblaciones más vulnerables y tratar de que no haya retrocesos en materia de equidad. Esto es más fácil decirlo que hacerlo, porque uno de los temas que se va a ver comprometido sin duda es el empleo. Proteger el empleo es hoy el gran dilema.

–¿La crisis económica puede derivar en crisis social?

–La sociedad está muy consciente de que viene una época de vacas flacas y habrá que prepararse anímicamente para disminuir los niveles de consumo. Hay elementos que pueden ayudar, como la creación de nuevas categorías de empleo, o la cercanía con Estados Unidos.

Otro aspecto en que vale la pena concentrar esfuerzos es en reforzar el comercio intrarregional. El tema central es cómo logramos focalizar los esfuerzos de todos para generar empleo.

–Desde la perspectiva de la Cepal ¿qué ideas o qué políticas cuestiona esta crisis?

–Sin duda hay que revisar los marcos regulatorios y los mecanismos de supervisión. Es importante revisar el papel del Estado, el del mercado, el de la sociedad y de la ciudadanía.

“Estamos en un momento muy importante, es un cambio civilizatorio; esta crisis no solamente va a impactar a la banca o las finanzas o la actividad comercial y económica. Va a tocar todos los ámbitos de nuestra vida, nos va a hacer repensar nuestros estilos de vida e inclusive nos va a llevar a revisar cómo se están desarrollando y conviviendo las sociedades.
“Sin duda un ámbito en el que hay que hacer mucho más es en el de los diálogos políticos y públicos. Hace falta extender el diálogo y armar nuevos pactos entre los empresarios y los trabajadores, entre las autoridades y la ciudadanía.

Ésta es una oportunidad donde la sociedad va a tener que recrearse a sí misma, porque tampoco es una solución pensar que ya llegó la crisis y hay que esperar a que termine. Hay que buscar soluciones innovadoras, creación de nuevas categorías de empleo a través de la innovación científica y técnica. Hay espacios para innovar en el ámbito social, económico, productivo, inclusive en el ámbito ambiental. Es hora de cambiar y se puede y debe hacer.

lunes, 16 de marzo de 2009

El capitalismo ha fracasado: acepten los hechos

Saul Landau

Cuando la Unión Soviética y su socialismo de estado se derrumbó, los promotores del capitalismo se frotaron las manos de gozo. Pero diez años después, al inicio de la era Bush, ENRON, una corporación súper gigantesca, fue sorprendida cuando amañaba su contabilidad para ocultar el verdadero estado de sus operaciones. Estafó a sus accionistas y robó a los contribuyentes de California al planear una escasez de energía en horarios pico y luego aumentar los precios.

Para hacer su tejemaneje, ENRON se confabuló con una importante firma contable, Arthur Anderson. WorldCom and Adelphia tuvieron versiones similares de este tejemaneje corporativo --lo que fue un adelanto de los posteriores horrores bancarios y de seguros.

Las monstruosas compañías robaron miles de millones. Algunos de los ladrones fueron a prisión. Hasta ese momento, para los republicanos habían sido modelos a imitar, e incluso para algunos demócratas. Que los negocios, y no el gobierno, debieran dirigir la economía se convirtió en mantra de la década de 1980, 1990 y los primeros ocho años del siglo 21. Los negocios realmente dirigían la economía --hacia el fracaso. Los hombres --y un par de mujeres-- que dirigían las escandalosas compañías provenían de una cultura en la que el robo a gran escala se disfrazaba de buenas prácticas comerciales. Bernie Madoff y sus imitadores son solo ejemplos extremos. Crear una fachada. Esa es la premisa de la que se deriva el gran robo corporativo. Vestirse bien (y caro), alquilar una oficina de alto precio y prometer dinero fácil. El público (los tontos) acudirá(n) como moscas a la miel.

Cuando se derrumba el edificio de naipes --la economía norteamericana entre muchas otras economías-- unos pocos de los ladrones (súper avariciosos) más evidentes serán atrapados e incluso irán a prisión. Los banqueros conservadores y los magnates de Wall Street resultaron ser radicales temerarios que jugaron duro y perdieron el dinero de otra gente. El resto del país está pagando un terrible precio.

Los escándalos debieran enseñarnos una lección en un momento de --¿me atreveré a decirlo?-- depresión económica. Mientras se conduce por Oakland, California, uno no tiene que explicar cómo los gigantescos bancos engañaron a los pobres para que adquirieran hipotecas de viviendas que no podían pagar. Yo me pregunto, si uno suma los salarios, regalías y opciones de acciones de los antiguos amos del universo, incluyendo el dinero que gastaron en vacaciones, fiestas, amantes y yates, y de alguna manera eso se pudiera rematerializar, se pudiera usar ese dinero para reparar y modernizar algunos de los edificios públicos y privados en el camino.

Vayan a Newark, New Jersey; Wilmington, Delaware; o Pontiac, Michigan --o decenas de otras ciudades por todo el país cuyos gobiernos no han invertido en sus pobres o en reparaciones de infraestructura durante décadas. El capitalismo ha fracasado --¡otra vez! Todavía sacude la mente de los servidores públicos --perdonen la palabra. Al alcalde y al consejo de la ciudad de Oakland ahora se les hace la boca agua ante la oportunidad de construir nuevas estaciones de policía y un edificio municipal --no para reparar escuelas o construir clínicas.

“¿Para qué necesitan esos nuevos edificios?”, preguntó un viejo residente del Área de la Bahía. “Pueden seguir sin hacer nada en los pésimos edificios que ocupan ahora. ¿Y qué carajo hace el gobierno con todo el dinero que recibe de los impuestos? Seguramente no pueden gastarlo todo en guerras y despilfarro”.

“¿Por qué no alquilan el espacio que Toyota acaba de dejar vacante? (Toyota Alameda se mudó a una sede mayor en Oakland y un mes más tarde colapsó. No estaban vendiendo autos. El lugar es tan grande como para albergar una nueva estación de policía, al alcalde y a todo su personal impotente”.

En el condado de Contra Costa, donde reside un millón de personas, 40 000 familias han solicitado “solo unos 350 vales asequibles de viviendas”. (Vivien Lou Chen, Bloomberg, 26 de febrero.)

Como cosa de rutina, la gente hace fila para obtener alimentos gratuitos en las ciudades de Antioch, Pittsburg y Oakley. Pero a las iglesias de la localidad no les alcanza para satisfacer el número creciente de personas necesitadas. En Antioch, un Centro de Estrés Familiar ocupa ahora el lugar donde anteriormente prosperaba un banco: una ilustración simbólica del estado de la economía. En Watsonville, al sur de Santa Cruz, descubrieron que muchos mexicanos tuvieron que regresar a su país porque no podían encontrar trabajo.

Las agencias californianas ya no pueden satisfacer a las hordas de personas que fueron de clase media y que ahora necesitan de los “servicios sociales”. Los que tenían un empleo relacionado con la cobertura médica, ahora buscan ayuda de los débiles servicios públicos de salud.

La página 1 de The New York Times del 1 de marzo presentaba la manera en que personas que habían perdido empleos ejecutivos de alto salario habían aceptado empleos de baja categoría que pagan $12 dólares la hora. Las bajas aumentan y mientras, las agencias gubernamentales con pocos fondos --federales, estatales y locales-- no pueden enfrentar la presión, debido a sus decrecientes fondos y personal.

El antaño fabuloso libre mercado trajo la prosperidad al Valle de la Silicona en California, durante la cual los “urbanistas” compraron fértiles tierras de cultivo y las convirtieron en casas en serie para gente que trabaja en San Francisco y otros centros de alta tecnología. La carencia de alimentos es hoy una amenaza en todo el mundo, mientras buenas tierras cultivables se convirtieron en conjuntos de casas individuales. Muchas personas en el área fueron despedidas o presenciaron como el valor de su casa disminuía o la perdían. Los ingresos del estado por impuestos se encogieron y los presupuestos de los servicios públicos disminuyeron en el momento en que más necesarios eran.

Un trabajador de la construcción en el condado de San Bernardino me dijo que no trabajaba desde noviembre. Él pavimentaba entradas para autos (su especialidad) en casas nuevas. “Acabo de conseguir empleo llenando estantes por $8,50 la hora (una disminución de $41,40 la hora) porque necesitaba tener algún ingreso. ¡Es tremendo!”

Me dijo que una casa de cuatro dormitorios que él había ayudado a terminar cerca de Riverside se había vendido por $495,000 en 2006. “Hoy vi la casa en venta por $90,000. No sé si alguien la comprará.”

Uno de sus familiares paga poco más de $200 mensuales por su hipoteca, pero un pago global que se vence en mayo aumentará los pagos a más de $1 000. “Lo acaban de pasar a un empleo de tiempo parcial y perdió algunos de sus beneficios. No va a poder pagar la hipoteca y además comprar alimentos”.

Un agente de bienes raíces que trabaja propiedades en Contra Costa se quejó de que los precios de casas en un año han disminuido en casi 60 por ciento. Según MDA Dataquick en San Diego (un recurso para estudiantes de negocios que estudian los bienes raíces), entre octubre y enero de 2009, se presentaron en la localidad más de 3 100 noticias de falta de pago, la primera etapa de la ejecución hipotecaria.

Los carteles de “Casa Propiedad de un Banco” en áreas del Valle Central de California son ahora tan comunes como los “Golden Arches” (de McDonald’s). Los centros comerciales están significativamente menos poblados, a no ser por las cadenas de mercados y de farmacias. Las otras tiendas tienen pocos clientes. TJ Maxx, Old Navy, See’s Candy y hasta Radio Shack se ven vacios de compradores.

Lo que está sucediendo en California refleja también al resto del país. El Departamento de Agricultura reportó que en noviembre del pasado año había declarado a más de 31 millones de personas como elegibles para recibir sellos para alimentos --casi 15 por ciento más que el año anterior.

Para principios de febrero, unos 5 millones recibían el cheque de seguro de desempleo. La tasa oficial de desempleados en el condado de Contra Costa, 9,3 por ciento, es más alta que el promedio norteamericano de 8,1 por ciento. Pero falta lo peor. En el Área de la Bahía, como en gran parte del país, los empleadores han eliminado puestos de trabajo, han reducido empleos de tiempo completo a tiempo parcial y han dado licencias.

¿Qué sucede a las personas cuando pierden su empleo y reciben la notificación de ejecución de hipoteca? Solicitan seguro de desempleo y se estresan. Algunas pierden su auto, lo que limita la oportunidad de encontrar trabajo. Aumentan las tensiones familiares --divorcio, separación y peores cosas. Este análisis de la descomposición del sistema debiera convertirse en parte de las clases de “ética de los negocios”.

El comportamiento de la gran clase que posee propiedades permanece constante. Los casa tenientes continúan buscando oportunidades para sacar más a sus arrendatarios, los empleadores a sus empleados. El propietario de un complejo de apartamentos en Alameda exigió que los arrendatarios comenzaran a pagar por el agua y la recogida de basura. Los arrendatarios expresaron su desacuerdo amenazando con mudarse.

El socialismo fracasó en la Unión Soviética y en Europa del Este. La naturaleza amenaza ahora, junto con el caos económico creado por el capitalismo fracasado. Pero en vez de enfrentar los hechos, la clase política todavía se escandaliza ante la mención de la palabra “nacionalización”. La negativa a enfrentar los nefastos hechos económicos provocará la estupidez o la inacción. El Presidente no puede darse el lujo de meter la cabeza en la arena en el caso de la economía o el cuidado de salud. Sin embargo, Obama aparentemente teme tan siquiera mencionar la idea de un sistema nacional de servicios de salud. Sin un plan nacional, las compañías corporativas de seguros continuarán perdiendo recursos valiosos y chipando la sangre a los pobres.

¿No es hora de que los pobres --llamados anteriormente la clase media-- que lo llevaron a la Casa Blanca comiencen a organizarse para obligarlo a promover sus intereses: la supervivencia?


Saul Landau es cineasta y miembro del Instituto de Estudios para Política. Sus DVDs pueden obtenerse por medio de roundworldproductions@gmail.com.

viernes, 13 de marzo de 2009

Los industrializados a la cabeza de la debacle mundial

Gabriela Guerra

Estados Unidos, Europa y Japón, las principales égidas de poder en el orbe, son ahora también el centro de los resultados negativos en medio de la crisis global de los mercados. La depresión nace en el sistema neoliberal e interdependiente de sus economías, sobre todo en la estadounidense, donde estalló la burbuja financiera a mediados de 2007.

Estados Unidos vive, según los especialistas, uno de los escenarios más temidos, una combinación de crisis financiera y recesiva, que luego propaga al resto de las principales potencias.

El resultado de hoy es un proceso de continuas quiebras empresariales generalizadas, con despidos masivos, advierte un artículo reciente del periódico digital Rebelión.

Según este trabajo, intitulado “Se agudiza la quiebra industrial y financiera en EEUU y Europa”, se suman a las principales consecuencias la caída del consumo, los primeros signos de deflación y las bajas salariales negociadas para evitar más despidos.

The Wall Street Jornal advierte que si los mercados de créditos continúan paralizados, el impacto sobre empresas y consumidores se ampliará, reduciendo el acceso al préstamo, el gasto y la inversión y por tanto aumentando los desahucios laborales.

Por solo poner un ejemplo, la automotriz General Motors, uno de los grandes de Detroit, informó que como estrategia para revertir su depauperada situación, 47 mil personas irán a la calle para reducir gastos, pero si hubiera quiebra los desempleados serían muchos más.

En Europa, una cadena de anuncios de cierres de empresas que ya elevan el número de desocupados hasta 17,4 millones conforma el actual escenario.

La Comisión Europea asegura que en 2009 se perderán 5,5 millones de empleos en la Zona Euro y la desocupación escalará al 10 por ciento en 2010.

Japón, por otra parte, a la cabeza de las malas noticias en Asia, registró en el último trimestre de 2008 la mayor contracción desde 1974, de 3,3 por ciento, lo que lo ubica en su peor crisis en siete años.

También el déficit comercial de la segunda economía del globo tuvo valores récords de nueve mil 900 millones de dólares, cuando las exportaciones, fundamentales en ese país, se hundieron en enero hasta menos 13,9 por ciento.

Además, el indicador clave del estado actual de los mercados nipones perdió 2,6 puntos con respecto al mes anterior, hasta los 89,6 puntos.

Según el analista político estadounidense, Mike White, en su artículo, “Europa del Este a punto de estallar”, la economía mundial se está desacelerando al ritmo más rápido jamás registrado.

Consideraciones recientes del Banco Mundial indican que el agujero monetario en los países en desarrollo suma entre 270 mil y 700 mil millones de dólares al año, a causa de la disminución de los flujos de capital.

Para el eminente profesor Edmund Phelps, premio Nobel de Economía 2006, la actual coyuntura requerirá no menos de 10 años si se pretende avizorar una salida más o menos clara.